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	<title>Vivienda | Ezagutu Barakaldo</title>
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		<title>Altos Hornos y vivienda obrera</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Oct 2025 06:54:29 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/11/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/11/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?w=600 600w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/11/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?resize=300%2C225 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="1359" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/altos-hornos-y-vivienda-obrera/casas-del-buen-pastor/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/11/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?fit=600%2C450" data-orig-size="600,450" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="Casas del Buen Pastor" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/11/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?fit=600%2C450" /></div>La polí­tica paternalista desarrollada por los empresarios europeos no era desconocida por los fundadores de la empresa. En sus numerosas y habituales estancias europeas para adquirir conocimientos tecnológicos, asimilaron también tácticas empresariales, como la organización del trabajo y la creación de poblados obreros. En este aspecto, los Krupp en Essen, socios alemanes de los Ybarra, [&#8230;]]]></description>
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<p>Como resultado, <em>Altos Hornos de Vizcaya </em>supo desplegar un amplio programa paternalista, abarcando una extensa gama de intervenciones en diferentes esferas. En el terreno de la enseñanza construyó y sostuvo varias escuelas: una de párvulos para niños y niñas, otra de primera instrucción y otras más de artes y oficios. Su inserción en la economí­a familiar vino dada con el desarrollo de una caja de ahorros, dos sociedades cooperativas y bonificaciones extraordinarias en años crí­ticos en forma de carbón para uso doméstico y subvenciones al aumento del precio del pan. La asistencia médica a sus obre ros se garantizó con dos hospitales y personal sanitario. En el plano espiritual erigió una capilla. Recurrió también al auxilio de numerosas familias en épocas delicadas, como por ejemplo en la enfermedad y la vejez, con la constitución de una sociedad de socorros y una caja de pensiones. Continuaba, de esta forma, la polí­tica emprendida por <em>Altos Hornos de Bilbao</em> y la <em>Vizcaya</em>, asegurándose, igualmente, el mantenimiento del orden social con el establecimiento cercano de la Guardia Civil al que contribuí­a económicamente.</p>
<p>Esta amplia red de instituciones benéficas completada con unos salarios comparativamente superiores a los del resto de trabajadores de la comarca y la estabilidad en el empleo convirtieron a <em>Altos Hornos de Vizcaya </em>en la gran empresa en la que todos los obreros de la zona deseaban trabajar. No resulta difí­cil, por tanto, suponer la dura competencia por entrar en la Compañí­a y la generación de un sentimiento de fidelidad hacia ella. Sin embargo, habí­a que asegurarse la disposición de una oferta de trabajadores holgada y evitar al máximo el riesgo de movilizaciones obreras. En este sentido, la fijación de la población trabajadora en el espacio próximo a la fábrica podí­a resultar trascendental, a la vez que beneficioso económicamente al tratarse de una inversión basada en un constante déficit de viviendas obreras. No en vano, el mayor constructor de Barakaldo fue Cristóbal Murrieta, socio de <em>Nuestra Señora del Carmen </em>y perfecto conocedor del mercado inmobiliario en áreas industriales tras su prolongada estancia en Londres .</p>
<p>En 1867 la Sociedad Ybarra y Cí­a., promotora de <em>Nuestra Señora del Carmen , </em>poseí­a 28 viviendas en el barrio baracaldés de Beurco y se habí­a preocupado por alojar a 74 obreros en viviendas propiedad de Cristóbal Murrieta. Unos años más tarde serí­a <em>Altos Hornos de Bilbao </em>quien promocionase la edificación de viviendas modestas, atrayendo a constructores &nbsp;e inversores. Juan Ybarra, Gabriel Mª Ybarra y Cosme de Zubiria, arrendaron o vendieron sus terrenos próximos a la empresa con la expresa condición de que en ellos se levantaran viviendas para obreros. Se erigieron, así­, a finales de la década de los 70 y principios de los 80 del siglo pasado las «Casas de Uria» en Pormetxeta y las «De la Bomba» en Ramón y Cajal.</p>
<p>De igual forma, hasta 1890 existieron acuerdos entre la Compañí­a y algunos propietarios para alquilar sus viviendas y recaudar la correspondiente renta. <em>Altos Hornos de Bilbao </em>retení­a el importe de los alquileres de los jornales de sus trabajadores asegurando, al mismo tiempo, a estos últimos un alojamiento y a los propietarios la rentabilidad de sus inversiones.</p>
<p>Más aún, en momentos crí­ticos este control empresarial le permití­a mostrarse como el guardián de los intereses obreros, tal y como ocurrió en 1888 cuando el mayor propietario de Barakaldo, Francisco de Arana y Lupardo, intentó, sin éxito, aumentar los alquileres. La Sociedad amenazó con dejar de percibir los arrendamientos, por lo que dicha iniciativa no prosperó. No obstante, la intervención de <em>Altos Hornos de Bilbao </em>no se quedarí­a ahí­, puesto que en 1891 pasarí­a a arrendar directamente una serie de viviendas a este propietario.</p>
<p>P e ro todas estas actuaciones habí­an sido colaterales. La empresa no habí­a intervenido directamente en la construcción de viviendas obreras, aunque <em>Altos Hornos de Bilbao </em>habí­a edificado en Barakaldo, en los años 80, casas de elevada calidad arquitectónica para su personal más cualificado1 6. Con la intención de que pudieran atender en cualquier momento y con gran rapidez las contrariedades que pudiesen producirse en la fábrica se habí­an levantado en sus inmediaciones unos alojamientos que contrastaban con el resto de viviendas del lugar.</p>
<p>Finalmente, en 1913 <em>Altos Hornos de Vizcaya </em>poní­a en marcha un nuevo proyecto: la construcción de un barrio obrero. Para su desarrollo fue necesaria la elaboración de un informe previo que señaló como fórmula más beneficiosa «<em>(&#8230;) la intervención de una sociedad independiente de la de los Altos Hornos, que al efecto se puede constituir, para evitar de este modo los inconvenientes diversos que en determinados casos como huelgas pudieran suscitarse</em>«. De esta manera, el 29 de diciembre de 1914 se constituí­a en Barakaldo ante notario la <em>Sociedad de Casas Baratas de Baracaldo y Sestao S. A.</em>, con un capital social de 125.000 pesetas representado por 1.250 acciones de 100 pesetas, cada una de valor nominal.</p>
<p>Con el objetivo de «<em>(&#8230;) procurar el bienestar material y moral de su personal, (&#8230;)</em>«, la mayor parte de sus acciones fue suscrita por la empresa.</p>
<p>El proyecto preveí­a la construcción de 46 casas doble con 92 viviendas, estableciéndose un gasto de 5.000 pesetas por vivienda y 25.000 pesetas más en la urbanización y saneamiento de la zona. La iniciativa despertó recelos entre los propietarios de la localidad que hicieron llegar hasta la Dirección de la empresa una airada queja solicitando se desistiese en el empeño de construir el barrio obrero, o en su defecto, se redujeran sus dimensiones «<em>(&#8230;) a fin de no causar perjuicio a la edificación existente en Baracaldo.</em>« En cuanto a sí­ recibieron, o no, el apoyo de las instituciones, es conveniente señalar que la Sociedad en ningún momento recurrió a los auxilios estatales de la Ley de Casas Baratas, pese a que si obtuvo la aprobación de sus estatutos y de sus terrenos, así­ como la calificación condicional de sus viviendas en 1921 cuando ya las tení­a erigidas.</p>
<p>Encargada la proyección de estos alojamientos por <em>Altos Hornos de Vizcaya </em>a Manuel Mª de Smith, fueron realizados en dos fases. En la primera de ellas (1916) se proyectaron trece inmuebles a lo largo de un solar en «L», entre las calles Francisco Gómez y Elexpuru. Se trató de unas construcciones de dos o tres alturas y planta baja, adosadas, con jardines del a n t e ros decorativos y patios zagueros de uso doméstico. La segunda fase (1918) recogió el legado de la anterior, respetando su repertorio formal, aunque perdió ese espí­ritu de ciudad jardí­n inglesa que las primeras dejaban entrever. Las catorce nuevas casas, erigidas en las calles Francisco Gómez, Elexpuru, Elejalde y un camino particular, respondí­an a una tipologí­a de vivienda de triple altura, siguiendo la alineación marcada por aquella primera fase.</p>
<p>Igualmente, parece ser que existieron posteriormente tentativas para ampliar esta promoción a otras dos manzanas más y una segunda hilera de casas, aunque finalmente no progresaron.</p>
<p>Según M. Paliza Monduate no era la primera vez que Manuel Mª Smith seguí­a los preceptos de la Ciudad Jardí­n de E. Howard, aunque sí­ la primera que los aplicaba en un proyecto destinado a obreros y empleados. Antes, habí­a diseñado las casas de alquiler de Lucas Urquijo en Peñota (Santurtzi) y los chalets de Ondategui (Getxo), enfocadas las primeras a la clase media acomodada y los segundos, nunca realizados, a miembros de la clase alta. En ambos proyectos se adoptaba un estilo similar a las urbanizaciones inglesas rodeadas de jardí­n delantero y zaguero, rezumando sanidad e higiene, apacibilidad, confort y conjunción armónica entre lo natural y lo arquitectónico.</p>
<p>Concretamente, en esta ocasión se repetí­a el mismo esquema, aunque readaptándola a la condición socioeconómica de sus ocupantes. El estilo elegido fue el Old English y sirvió para albergar construcciones unifamiliares, dobles y triples, todas ellas con sala, comedor, cocina, water closed y tres dormitorios. Del mismo modo, sintonizando con las corrientes de la época y los deseos de la empresa, Manuel Mª Smith defendió siempre la vivienda unifamiliar frente a los bloques de vecindad, porque favorecí­a el correcto desarrollo de la institución familiar. Aunque esto no quiere decir que nunca los proyectase, llegando incluso a edificar en 1928 uno para sí­ mismo en la Avenida de Neguri en Getxo.</p>
<p>El deseo aleccionador de la Sociedad quedó patente desde el primer momento, incluso en el diseño interior y exterior de las viviendas. El pequeño jardí­n o huerto delantero, delimitado por una simple cerca, sí­mbolo indiscutible del derecho de propiedad, aparecí­a como el espejo en el que desde la calle poder observar la vida en armoní­a de la familia obrera. En el interior, la cuidadosa distribución y disgregación de sus dependencias se encargaron de transmitir los valores de la época. En todos los alojamientos se separaron los dormitorios, por sexo y edad, pero no se les dio autonomí­a. En las viviendas unifamiliares se diferenció entre las estancias de carácter diurno (recibidor, cocina, sala y retrete), proyectadas en la planta baja, y los dormitorios, de carácter privado, en el piso principal.</p>
<p>En estos inmuebles se trató de garantizar al máximo la correcta iluminación y ventilación desde el exterior, a la vez que se adoptaron gran parte de las innovaciones tecnológicas producidas a lo largo de todo el siglo XIX: progresos en los sistemas de calefacción, ventilación, alumbrado, vidrierí­a,&#8230; Todo un conjunto de avances que re d u n d a ron en pro de un mejor equipamiento y un mayor confort que el resto de viviendas obreras de la localidad no poseí­an.</p>
<p>En este aspecto, la introducción del water closed en la vivienda fue tal vez uno de sus logros más sobresaliente. Por esa época, el re t rete comenzaba a disponerse en el interior de los alojamientos, aunque lo más frecuente fue encontrarlo en los patios, corrales o pasillos de los inmuebles modestos. Buscaban los constructores la mayor rentabilidad, aprovechando al lí­mite el espacio o restando dimensión a las viviendas. Razón por lo cual, la instalación de retretes comunitarios reducí­a el capital desembolsado en este tipo de inversiones.</p>
<p>Inclusive la situación topográfica de estas viviendas fue cuidadosamente estudiada. Relativamente alejadas de la fábrica y sus efectos negativos (contaminación ambiental y acústica, conflictos sociales, alcoholismo, prostitución, criminalidad,&#8230;), se dispusieron lo suficientemente cercanas para que sus ocupantes pudieran desplazarse a pie hasta su puesto de trabajo en una época marcada por la carestí­a de los medios de transporte y la exigí¼idad de los salarios.</p>
<p>El control ejercido por <em>Altos Hornos de Vizcaya </em>quedó también materializado con la introducción en el Consejo de Administración de la Sociedad de Casas Baratas de Baracaldo y Sestao de varios delegados: Gregorio Prados Urquijo (sustituido en 1918 por Juan Marí­a de Goyarrola y Aldecoa); Alfonso Churruca y Calbetón; Casimiro de Basaldua e Ibieta; Domingo de Sagastagoitia y Aboitiz; y Martí­n Fernández de Villaran y Fernández Cormenzana (sustituido en 1917 por Lorenzo Vivanco y Ortiz). De esta forma, la empresa penetró en la organización de la Sociedad y en la construcción de sus viviendas, interviniendo en todos y cada uno de pasos bajo la disculpa de la financiación y la dirección altruista y desinteresada.</p>
<p>Pero, ¿qué se escondí­a detrás de esa tutela magnánima y humanitaria? <em>Altos Hornos de Vizcaya</em>, al igual que otros muchos patrones, pretendí­a combatir con estas viviendas, como ya se ha señalado, la inestabilidad residencial y laboral, la escasez de viviendas, el descontento social, el desorden sexual y moral, el elevado í­ndice de mortalidad y enfermedades, la i m p revisión y el gasto desordenado en vicios como la taberna, el alcohol, la prostitución,&#8230;</p>
<p>Además, con esta inversión, se conseguí­a sembrar diferencias entre sus operarios. Entendidos como parte de ese «salario indirecto» estos alojamientos sirvieron para segregar a la población trabajadora en función de su disfrute.</p>
<p>Ciertamente, con estos inmuebles la Compañí­a lograba de forma indirecta garantizar los tres objetivos del paternalismo señalados por J. Sierra ílvarez. En primer lugar, aseguraba el reclutamiento de mano de obra, fijándola en las cercaní­as de la fábrica. En segundo lugar, el hogar, después de la fábrica, se convertí­a en un espacio pedagógico que facilitaba el aleccionamiento de todo un conjunto de valores burgueses, redundando en pro de un adiestramiento productivo de sus obre ros. Y por último, se le apartaba de la autoorganización, al llevar la Compañí­a el peso de la organización de la Sociedad y la edificación de las viviendas.</p>
<p>Con todo esto se conseguí­a un doble objetivo: producir al «obrero modelo» y al «hombre nuevo». De hecho, en ningún momento se pretendió con ellas atender las necesidades de alojamiento de toda la población trabajadora, que en 1920 alcanzaba en Barakaldo y Sestao, conjuntamente, la cifra de 3.5002 9. Más bien al contrario, sirvieron para quebrar la solidaridad obrera y garantizar la lealtad de un grupo de operarios.</p>
<p>Incluso la forma en que fueron entregadas a esos obre ros, en alquiler, resultó una clara manipulación, pese a que <em>Altos Hornos de Vizcaya </em>intentaba disimularlo, señalando que la «<em>(&#8230;) intención primera de esta Sociedad, fué la de que los arrendatarios pudieran llegar á constituirse en propietarios de las viviendas arrendadas, pero los abusos que la experiencia demuestra á que esto ha dado lugar, por las condiciones que de ordinario los nuevos propietarios suelen señalar para los arriendos ó subarriendos, la han movido á la determinación de conservar, en todo momento, la propiedad de las casas, como medio más eficaz de mantener fiscalización directa, haciendo que el arrendamiento responda en un todo á la finalidad de la Ley y el Reglamento de Casas baratas, persigue».</em></p>
<p>El alquiler, mes a mes, hizo crecer en el interior de cada uno de sus ocupantes una dependencia y un sentimiento de lealtad hacia la empresa. Se transformó en una práctica eficaz para combatir la creciente autonomí­a de las masas obreras, cada vez más influidas por las nuevas teorí­as sociales y apartadas de los valores tradicionales y religiosos.</p>
<p>Domingo Hernández, Mª del Mar</p>
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		<title>Población y vivienda en el tránsito del siglo XIX al XX</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Sep 2025 06:11:59 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2010/01/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2010/01/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?w=600 600w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2010/01/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?resize=300%2C225 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="1460" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/poblacion-y-vivienda-en-el-transito-del-siglo-xix-al-xx/casas-del-buen-pastor-2/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2010/01/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?fit=600%2C450" data-orig-size="600,450" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="Casas del Buen Pastor" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2010/01/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?fit=600%2C450" /></div>Con la ayuda de los padrones municipales se ha podido constatar como en Baracaldo hace ahora poco más de un siglo apenas si habí­a sido sembrado el germen de la industrialización en la localidad. En aquellos tiempos, era sólo una extensa aldea rural de hábitat disperso, integrada por una serie de barrios y caserí­os con [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2010/01/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2010/01/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?w=600 600w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2010/01/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?resize=300%2C225 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="1460" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/poblacion-y-vivienda-en-el-transito-del-siglo-xix-al-xx/casas-del-buen-pastor-2/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2010/01/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?fit=600%2C450" data-orig-size="600,450" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="Casas del Buen Pastor" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2010/01/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?fit=600%2C450" /></div><p><a href="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2010/01/Casas-del-Buen-Pastor.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="" data-rl_caption=""><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="1460" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/poblacion-y-vivienda-en-el-transito-del-siglo-xix-al-xx/casas-del-buen-pastor-2/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2010/01/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?fit=600%2C450" data-orig-size="600,450" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="Casas del Buen Pastor" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2010/01/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?fit=600%2C450" class="alignright size-medium wp-image-1460" title="" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2010/01/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?resize=300%2C225" alt="" width="300" height="225" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2010/01/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?resize=300%2C225 300w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2010/01/Casas-del-Buen-Pastor.jpg?w=600 600w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a>Con la ayuda de los padrones municipales se ha podido constatar como en Baracaldo hace ahora poco más de un siglo apenas si habí­a sido sembrado el germen de la industrialización en la localidad. En aquellos tiempos, era sólo una extensa aldea rural de hábitat disperso, integrada por una serie de barrios y caserí­os con mayor o menor relación entre ellos. Fue a lo largo de las dos últimas décadas del siglo XIX cuando el proceso industrial provocó intensos cambios en ese antiguo hábitat agrí­cola-ganadero. La afluencia de gentes buscando trabajo originó el nacimiento de una ciudad «moderna» con nuevos viales de trazado irregular y alojamientos abarrotados.</p>
<p>Aunque esta explosión demográfica y urbana no fue homogénea, sino localizada en torno a tres puntos muy concretos de la geografí­a baracaldesa en los que se habí­an establecido un conjunto de factorí­as. Me estoy refiriendo a los barrios de Luchana, Burceña y, especialmente, El Desierto. Parajes sobre los que se estructuró un desarrollo urbano basado, por un lado, en la parcelación anárquica del espacio rural preexistente (caminos carretiles o peatiles) y, por otro, en el antojo de los propietarios dispuestos a construir en sus tierras. No obstante, pese a estas concentraciones gran parte de Baracaldo conservaba todaví­a su tradicional imagen rural tal y como lo demuestra el estudio del padrón de habitantes de 1894, aunque era ya muy patente la dualización del asentamiento humano en Baracaldo.</p>
<p>Por un lado, el tradicional hábitat rural de carácter diseminado e integrado por: los barrios de Alonsotegui, Beurco, Bruceña, lrauregui, Landaburu, Larrea, Luchana, el Regato, Retuerto y San Vicente (que entonces albergaba en sus terrenos la iglesia parroquial, el cementerio municipal y el edificio consistorial); las pequeñas agrupaciones de caserí­os en torno a Zaballa y Lasesarre vinculados entre sí­ por caminos vecinales; y las edificaciones dispersas de tipo unifamiliar en el resto del territorio municipal.</p>
<p>Con cifras que en el peor de los casos apenas alcanzó los 13 habitantes por inmueble, la media del área rural se situó en 9,08 personas por edificio. Retuerto era el barrio con mayor número de habitantes (el 21,87% de los rurales) e inmuebles (el 21,15% de los rurales), debido a la cercaní­a de los yacimientos y cargaderos mineros, así­ como a su marcado carácter de nudo ferroviario. Aunque continuó siendo un paraje dominado por las huertas y los viñedos de chacolí­.</p>
<p>Sin embargo, fueron Luchana y Landaburu los enclaves rurales con una ocupación más densa de sus inmuebles. Concretamente, Luchana constituí­a un caso especial pese a sus 12,31 personas por edificio. Por esas fechas mantení­a todaví­a su carácter agrí­cola-ganadero, pero empezaron a notarse los efectos de la industrialización y del importante tránsito ferroviario. Emplazado a 1 Km del Desierto y fuera de su área de influencia, este barrio vio surgir en sus muelles cargaderos de mineral y en sus terrenos viviendas que albergaron a familias ligadas a actividades mineras y marineras. Este fue el caso de los alojamientos levantados a principios de la década de los 90 por la compañí­a minera, <em>Orconera /ron Ore, </em>para sus más altos cargos. Aunque esta no fue la única forma en que se hizo patente la presencia de las sociedades mineras en su esfuerzo por acercarse a la Rí­a, puerta de salida a Europa. Desde muy pronto los terrenos de Luchana se vieron surcados por ví­as de ferrocarril procedentes de Somorrostro <em>(Orconera Iron Ore, </em>en 1877) y del Regato <em>(Luchana Minning, </em>en 1887), acompañándose de la correspondiente instalación de depósitos y almacenes.</p>
<p>En general, se puede afirmar que el predominio de las construcciones rurales, así­ como el amplio desarrollo territorial de esta zona, confirmaron el predominio por aquel entonces del Baracaldo rural con grandes extensiones de terreno sólo interrumpidas por el trazado de los diferentes ferrocarriles mineros. Un Baracaldo que coexistió con aquel otro urbano e industrial, de escasa amplitud, al que incluso ganó en población. Y es que el área rural concentró a más de la mitad de los habitantes del municipio, siendo el tí­pico caserí­o la forma de asentamiento más extendida.</p>
<p>Mientras tanto, el Baracaldo industrial y urbanizado se circunscribió al barrio del Desierto en torno a las instalaciones de <em>Altos Hornos de Bilbao, </em>presentando una mayor diversificación interna. En él podí­a distinguirse:</p>
<p>a)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Un <span style="text-decoration: underline;">área central o principal,</span> donde se ubicaron los inmuebles más notables de la anteiglesia. Coincidí­a con la calle El Carmen (o carretera de Bilbao a Portugalete) y presentó bajos valores de concentración humana (14,78 hab./inm.), habiendo sido, la zona elegida por <em>Altos Hornos de Bilbao </em>para instalar sus oficinas generales. Pero también, el vial a partir de cual se articuló la urbanización de la zona del Desierto, sin llegar, eso sí­, a producirse el grado de concentración que dicho eje de circulación alcanzó a su paso por Sestao.</p>
<p>b)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Después, un <span style="text-decoration: underline;">área de asentamiento obrero,</span> integrada por casas de vecindad de tres o cuatro plantas altas, dedicadas a la habitación de trabajadores, muchas de las cuales han llegado hasta nuestros dí­as, En ella se distinguieron tres zonas bien diferentes:</p>
<p>1)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En primer lugar, la calle Réqueta, junto a la Rí­a, con 33,22 habitantes por inmueble, y en sus proximidades La Bomba con 7,08 habitantes por inmueble, muy lejos todaví­a de los valores que llegarí­a a alcanzar unos años más tarde.</p>
<p>2)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En segundo lugar, un conjunto de viales dispuestos, mayoritariamente, de forma perpendicular al ferrocarril de Bilbao a Portugalete, con altas cifras de aglomeración de gentes. Arana (65,82 hab./inm.), Arrandi (32,60 hab./inm.), Las Escuelas (167 hab./inm.), Ibarra (43,43 hablinm.), Pormecheta (31,71 hab./inm,), Portu (55 hablinm.) y Rageta, actual calle San Juan, (40,88 hab./inm.) integró una zona caracterizada por la degradación del medio ambiente, en la que se agolpó una media de 62,35 habitantes por inmueble. En este subgrupo eran especialmente significativas las condiciones de vida de la calle Arana. Vial de titularidad particular hasta 1928, cuyos inmuebles erigidos por <em>Francisco </em><em>Arana y Lupardo y Cia. </em>en 1887 tuvieron, por desgracia, dos años después la particularidad, de «alojar» en sus 166 viviendas, nada más y nada menos, que 1.300 personas según fuentes indirectas.</p>
<p>3)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; En tercer lugar, un par de calles, La Estación (50,80 hab/inm.) y Murrieta (20,56 hab./inm.), organizado de forma paralela a las ví­as del ferrocarril de Bilbao a Portugalete y con grandes contrastes entre ellas. Los inmuebles de la primera soportaron una alta saturación y eran de carácter modesto, mientras que en los de la segunda se vivió una situación más desahogada, coincidiendo con los chalets levantados por <em>Altos Hornos de Bilbao </em>para sus empleados más cualificados, los ingenieros.</p>
<p>c)&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Por último, un <span style="text-decoration: underline;">área de transición o intermedia entre el mundo urbano-industrial y el espacio rural, </span>compuesta por los barrios de Lasesarre (15,42 hab./inm,) y Zaballa (18,68 hab./inm.). En estos enclaves convivieron construcciones rurales de planta baja con o sin piso alto e inmuebles de carácter urbano, con mayor altura, y por tanto, mayor número de individuos por edificio.</p>
<p>Vistas así­ las cosas, puede comprobarse como en 1894 se asentó en esa área de asentamiento obrero el 38,44% de la población baracaldesa, en el 15,30% de los inmuebles del municipio. Esto es, junto a la lí­nea de ferrocarril de Bilbao a Portugalete y a la carretera de Bilbao a Portugalete, principales ejes de comunicaciones de Baracaldo, se aglutinaron en 123 edificios de los 804 de la localidad, 4.182 personas. Este último valor aumenta todaví­a más, si se incluyen los datos aportados por el área central (calle El Carmen), aunque al mismo tiempo conlleva una reducción de la densidad de población.</p>
<p>Con todo lo cual, puede confirmarse como en menos de 1 Km, en torno al barrio del Desierto, se conglomeró, amén de actividades industriales, portuarias y ferroviarias, 4.773 individuos en 163 edificios (de un total de 5.369 habitantes y 197 inmuebles), es decir, 29,28 hab./inm.. Todo ello en un área caracterizada por una caótica articulación urbana, en la que los intentos del Ayuntamiento por ordenar y regular su crecimiento espacial tuvieron escasa o nula repercusión. Pretensiones municipales siempre frustradas que no pudieron hacer efectivo el acuerdo en 1889 con uno de los mayores propietarios de la localidad, Mariano Murieta, para urbanizar una parte del Desierto o que fueron incapaces de llevar a la práctica el Plan Parcelario redactado por Casto Zavala un año después.</p>
<p>Mientras tanto, en el resto de la localidad predominaron los asentimientos rurales de baja densidad, dejándose arrastrar por la pujanza del Desierto. Barrio que arrebató al de San Vicente la capitalidad de la anteiglesia en 1897, pese a las protestas de un importante sector poblacional que vio lastimados sus intereses. En su mayorí­a propietarios rurales que descontentos con la polí­tica consistorial denunciaron mediante pasquines y hojas voladeras el trato privilegiado realizado por las autoridades locales hacia la zona del Desierto. Un área relativamente nueva, ocupada hasta hací­a poco por terrenos inundables, hacia la que se dirigieron, según ellos, las mayores inversiones municipales, relegando al olvido otras zonas que históricamente habí­an constituido la anteiglesia.</p>
<p>En 1910 esa dualización era todaví­a más palpable, el Baracaldo rural habí­a perdido posiciones con respecto al área urbana. Aunque mantení­a una concentración demográfica medio-baja, 9,45 personas por edificio, habí­a visto como la calle denominada Castillo (actual calle Marí­a Auxiliadora) y el barrio de Larrea entró en el área de influencia del Desierto, manifestando comportamientos similares a los mostrados por los espacios industriales circundantes. La proximidad de las fábricas, sin lugar a dudas, provocó ese deslizamiento.</p>
<p>Al mismo tiempo, el barrio de Luchana experimentó idéntico comportamiento. Se englobó en el área de transición entre lo rural y lo industrial, al instalarse en sus contornos un importante número de talleres, fábricas <em>(Nuestra Señora del Rosario, Sociedad General de Industria y Comercio,&#8230;) </em>y cargaderos de mineral, transformándose en el barrio más poblado con 1.536 habitantes. Además, el importante desarrollo del tránsito ferroviario resultó también determinante, multiplicándose el número de depósitos y almacenes. Luchana no era sólo una estación más del ferrocarril que enlazaba Bilbao con Portugalete (inaugurado en 1884) o el destino de los ferrocarriles mineros de la <em>Orconera Iron Ore </em>y la <em>Luchana Minning, </em>sino también la cabecera de la <em>Compañí­a del Ferrocarril Hullero de la Robla a Valmaseda </em>(1898) que procedente de León transportaba el tan necesario carbón para la industria de la comarca.</p>
<p>Además, aunque Retuerto mantení­a su primací­a en el entorno rural, barrios como los del Regato y Burceña, por este orden, adquirieron un protagonismo inusitado. La explicación vino dada, en el primer caso, por la cercaní­a de las explotaciones mineras y en el segundo por la instalación en el barrio de Burceña a partir de 1900 de las <em>Cocheras del Tranví­a </em>y la <em>Central Eléctrica </em>(1907), junto a las ya existentes fábricas de cerámica, aguardientes, salazones, explosivos y jabones. Por su parte, lrauregui y San Vicente experimentaron un crecimiento modesto, mientras que Landaburu y Alonsotegui retrocedieron, aumentando su calidad de vida.</p>
<p>Por lo que se refiere, al Baracaldo industrial puede comprobarse como aquellas tres áreas, antes señaladas, mantení­an su identidad, definiéndose incluso más con el paso del tiempo. En primer lugar, a esa <span style="text-decoration: underline;">área principal,</span> calle El Carmen (32,54 hab./inm.), a la que se suma la Plaza de Vilallonga (66 hab/inm.), sufrió un importante ascenso del volumen de población asentada en sus inmuebles, disminuyendo un tanto la categorí­a socio-económica de sus habitantes.</p>
<p>En el <span style="text-decoration: underline;">área de asentamiento obrero</span> se observa como las calles de Las Escuelas y Arana mantení­an, con diferencia, los valores más elevados, 129 hab/inm. y 100,64 hab./inm., respectivamente, seguidos a mucha distancia de la calle San Juan con 53,61 hab./inm,. Respecto al aumento de la concentración demográfica en toda la población, es preciso señalar que tres de las cuatro calles con mayor incremento se encontraban en esta área. El agravamiento más importante se produjo en la calle Arana, eje central en aquella época, de la vida social. Después, aparecí­an La Bomba, (27 hab./inm.) que habí­a dejado de ser aquel paraje con escaso volumen de habitantes e inmuebles. Por el contrario, la calle de La Estación perdió relevancia, al desaparecer este topónimo del padrón municipal. Mientras, las calles Las Escuelas, especialmente, Portu, San Juan y Réqueta experimentaron una mejora en sus condiciones de vida, al disminuir el número de personas por edificio, y el barrio de Larrea y la calle del Castillo, antes rurales, pasaron a englobarse dentro de esta zona, como ya se ha señalado.</p>
<p>En lí­neas generales puede afirmarse que esta zona de asentamiento obrero continuó en 1910 concentrando el grueso de la población baracaldesa, 37,63%, que se alojó en el 15,93% de los edificios. Su importancia habí­a disminuido un tanto, con la consolidación de nuevas áreas como Luchana o Los Fueros, que se beneficiaron de la saturación del Desierto y del desplazamiento de la centralidad del municipio hacia la zona de Rageta, cuyas escuelas (1859) albergaron también el ayuntamiento. No obstante, si se añadiese al área de asentamiento obrero las cifras del área central, se obtendrí­a que en 1910 el 43,93% de los habitantes del municipio se alojaron en el 18,77% de las viviendas baracaldesas en torno al barrio del Desierto.</p>
<p>En cuanto al <span style="text-decoration: underline;">área de transición o intermedia entre lo urbano y lo rural,</span> integrada en 1894 por Zaballa y Lasesarre, conviene destacar que a ella se habí­an adherido: nuevas calles que entonces comenzaban a perfilarse, Autonomí­a y Los Fueros; y barrios en los que se hicieron tangibles las secuelas de la industrialización, Luchana, especialmente, y Róntegui.</p>
<p>Diez años después, en 1920 era ya claro y evidente que la preponderancia del Baracaldo rural habí­a sido diezmada por la fuerza del Baracaldo urbano. De hecho, aunque <span style="text-decoration: underline;">barrios</span> como Beurco, lraurregui, Landaburu y calles como Guruceta y Tellerí­a en Cruces, se mantuvieron <span style="text-decoration: underline;">ligados al pasado rural,</span> otros como Alonsótegui, Burceña, El Regato, Retuerto y San Vicente se consolidaron como <span style="text-decoration: underline;">áreas mixtas,</span> en las que la tradición agrí­cola-ganadera se vio sumamente amenazada ante el imparable avance del espacio industrial y urbano. Sin lugar a dudas, la proximidad de las explotaciones mineras en el caso del Regato y Retuerto, la cercaní­a de San Vicente a la zona del Desierto, así­ como la instalación de nuevas factorí­as o el afianzamiento de las ya existentes en los alrededores de Burceña y Alonsótegui (traslado de la <em>Rica </em><em>Hermanos, </em>1916-18, desde Arbuyo<sup>201</sup>) conllevaron la mezcolanza de lo urbano y lo rural.</p>
<p>Sin embargo, el fenómeno más relevante acaecido entre 1910 y 1920 fue el vigoroso crecimiento demográfico de todo el área rural, que hasta el momento habí­a sufrido una evolución modesta. Todos los barrios del Baracaldo rural incrementaron sustancialmente su población, especialmente, Beurco, Burceña y Alonsótegui.</p>
<p>Paralelamente, la construcción de viviendas aumentó, aunque no lo hizo en la misma proporción que los efectivos demográficos, siendo Alonsotegui y Burceña, nuevamente, los enclaves que habí­a incrementado en mayor cuantí­a su parque inmobiliario. Un crecimiento ligado a la instalación de varios establecimientos industriales, como <em>S.A. Echevarrí­a, </em>en Burceña y el afianzamiento de <em>Santa Agueda de </em><em>Castrejana, </em>en las proximidades de Alonsotegui.</p>
<p>Mª del Mar Domingo Hernández</p>
<p>Así­, mientras en toda la zona rural se pudo vislumbrar en 1920 un incremento general de la saturación demográfica, en el Baracaldo urbano e industrial se produjo una unificación de valores. Esto es, esa diferenciación zonal observada en los primeros momentos de la industrialización habí­a desaparecido. En esa área central (antes integrada por la calle El Carmen y la plaza Vilallonga) se habí­an degradado las condiciones de vida, alcanzando cifras de concentración poblacional similares al área de asentamiento obrero (49,79 hab./inm. y 45,83 hab./inm., respectivamente). Por su parte, el área de transición habí­a pasado también a formar parte del área de asentamiento obrero, a la vez que amplió su extensión territorial con la formación de nuevas calles como Antonio Miranda, Eléxpuru, Francisco Gómez, Juan I. de Gorostiza y Matadero.</p>
<p>Entre tanto, el barrio de Luchana incrementó con intensidad sus efectivos demográficos, seguido de calles como El Carmen, Pormecheta y Requeta. En cuanto a la saturación de sus edificios, se debe comentar que Las Escuelas (136 hab./inm.) y Arana (119,09 hab./inm.), continuó siendo los viales con peores condiciones de vida de todo el municipio, seguidas a cierta distancia por San Juan (72,53 hablinm.), Requeta (58,54 hablinm.) y Portu (58,46 hab./inm.). Justamente, varios de estos viales, Requeta, San Juan y Arana, fueron los que vieron disminuir entre 1910 y 1920 en mayor grado la calidad de vida en sus inmuebles.</p>
<p>1930 significó un punto y aparte en la valoración de la concentración poblacional en el término municipal baracaldés. Ese año se produjo una multiplicación del número de calles en el padrón municipal de Baracaldo, desapareciendo algunos topónimos hasta entonces claves. Dos factores explican este fenómeno, por un lado la expansión urbana sufrida por el municipio; por otro, la explosión demográfica anterior<sup>202</sup>. Además, la necesidad de dar nombre a los antiguos y nuevos viales de los diferentes barrios contribuyó a incrementar el callejero, complicando su análisis. Igualmente, en esta fecha puede entreverse como la casi totalidad de las calles pertenecen a la zona urbana, desapareciendo del callejero nombres como Luchana, Regato, lrauregui, Alonsotegui,&#8230; topónimos que de ninguna manera fueron eliminados, puesto que han llegado hasta la actualidad.</p>
<p>Aún así­, el estudio de la concentración demográfica en 1930 permite advertir la nueva configuración de un conjunto de viales con cifras reducidas. Estas fueron el resultado de las construcciones realizadas gracias a las Leyes de Casas Baratas. De este modo, calles como Alfonso Churruca, Caja de Ahorros Vizcaí­na, Carteros, Enrique Retuerto, Familiar, Floreal, Gregorio Pardos Urquijo, Hogar Propio, Orden, Porvenir, Progreso, la Providencia, Salvador Crespo y Tribu Moderna sobresalieron por sus excelentes condiciones de vida y el reducido número de habitantes de sus viviendas.</p>
<p>Fue también en los años precedentes cuando se perfilaron, ya de forma ní­tida, las dos grandes zonas industriales de la localidad, separadas por el monte de Róntegui. De un lado, el Desierto-Rageta con Beurco, Landaburu y San Vicente; de otro, Luchana, Vitoricha, Burceña, Llano y Cruces<sup>203</sup>. Al mismo tiempo, la Plaza de los Fueros, quedó consagrada en el nuevo entramado urbano con su pieza principal más aún con la apertura del tramo final de la calle Portu y la definición de la plaza Auzolan (1925-1928) y la calle Ramón Sábalo (1929-1932); así­ como con la prolongación de la calle Arana hasta el vial San Juan y la propia plaza de los Fueros; y la organización de la plaza Alfonso XII (Bide Onera) en 1929.</p>
<p>Recapitulando: Baracaldo en el tránsito del siglo XIX al XX sufrió una profunda mutación sin precedente alguno. En poco más de treinta y cinco años, los que discurren entre 1894 y 1930, más que duplicó su población, pero no incrementó en igual proporción su parque inmobiliario, que sufrió una evolución mucho más lánguida. Precisamente, el gran salto poblacional se dio entre 1894 y 1910 sin ir acompañado de un movimiento semejante en la construcción de viviendas. Como consecuencia, la masificación del municipio aumentó en más de tres puntos y medio (ver Cuadro 1.6). Y es que entre 1894 y 1900 la localidad baracaldesa alcanzó la cifra de 13.912 habitantes y 947 inmuebles, un incremento de más de 3.000 personas, que debieron conformarse con sólo 143 edificios más.</p>
<p>La década siguiente, 1910-1920, se mantuvo la tónica iniciada en la precedente, extendiéndose por el casco urbano como una mancha de aceite la ya más que evidente saturación demográfica. Fuerte aumento poblacional y contención en la edificación de viviendas, aunque en esta ocasión el crecimiento del parque inmobiliario fue mayor. Un hecho que no pudo evitar el incremento del aglomeración de gentes en casi tres puntos en un espacio de tiempo mucho menor. Sin embargo, los años comprendidos entre 1920 y 1930 vinieron marcados por un descenso de la población baracaldesa y un ligero aumento de las construcciones. Como consecuencia, la sobreocupación de las construcciones decreció tenuemente, mejorando este importante indicador de las condiciones de vida en el municipio.</p>
<p>Además, la industrialización trajo consigo el nacimiento y afianzamiento de varias áreas obreras masificadas en torno a las instalaciones fabriles del Desierto, principalmente, Luchana y Burceña. Igualmente, se postergó al olvido a aquella anteiglesia rural, disminuyendo la importancia de la economí­a tradicional, así­ como sus hábitos y costumbres. Todo esto en un ambiente caracterizado por la uniformidad de su población, mayoritariamente obrera.</p>
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		<title>Lekubarri, un barrio obrero</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 17 Oct 2024 06:52:54 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="200" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/06/luchana-2.jpg?fit=300%2C200" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/06/luchana-2.jpg?w=600 600w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/06/luchana-2.jpg?resize=300%2C200 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="1109" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/lekubarri-un-barrio-obrero/luchana-2/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/06/luchana-2.jpg?fit=600%2C399" data-orig-size="600,399" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="luchana-2" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/06/luchana-2.jpg?fit=600%2C399" /></div><p>&nbsp;<a href="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/06/luchana-2.jpg" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="" data-rl_caption=""><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="1109" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/lekubarri-un-barrio-obrero/luchana-2/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/06/luchana-2.jpg?fit=600%2C399" data-orig-size="600,399" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="luchana-2" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/06/luchana-2.jpg?fit=600%2C399" class="alignright size-medium wp-image-1109" title="" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/06/luchana-2.jpg?resize=300%2C199" alt="luchana-2" width="300" height="199"></a>Las investigaciones sobre la vivienda económica en el Paí­s Vasco se han centrado exclusivamen­te en la realizada bajo la modalidad de sociedades cooperativas, olvidándose de las iniciativas parti­culares, como la que es objeto de este artí­culo.</p>
<p>En la década de los veinte el problema de la vivienda adquiere una importancia primordial. La falta de viviendas debida «en parte a la paralización de las empresas constructoras, obligaba al nuevo proletariado en formación -que ven lógicamente mermadas sus posibilidades adquisitivas de viviendas ante los costos de estas, el estancamiento de los salarios y el paro galopante- a hacinarse en las grandes poblaciones dando lugar a graves perjuicios para la higiene y la salubridad públicas, al mismo tiempo que se iba conformando un nuevo y horrible paisaje urbano».</p>
<p>La Dictadura primoriverista, con el objetivo de resolver el problema de la escasez de viviendas baratas, aprobó en 1924 una Ley para el fomento de la construcción de viviendas económicas por los propietarios. Esta ley concedí­a a los propietarios beneficios, subvenciones y ventajas fiscales.</p>
<p>En la década de los veinte proliferan en Baracaldo, una multiplicidad de iniciativas auspiciadas por diferentes organismos como son las Cooperativas lucrativas y no lucrativas, el Banco de Ahorro y de la Construcción, Propiedades Urbanas S.A., cuyo objetivo común era paliar el grave déficit de vivien­das de la anteiglesia fabril. El ayuntamiento de Baracaldo realizó en 1924 una estimación según la cual eran necesarias 1800 viviendas para que cada familia tuviera un domicilio particular digno.</p>
<p>La formación del barrio de Lekubarri en Vitoricha-Luchana (Barakaldo) entre 1924-1931 por <em>Propiedades Urbanas S.A. </em>es una de las más importantes y excepcionales operaciones urbaní­sticas de la década de los veinte en Bizkaia. La importancia y excepcionalidad de la actuación de <em>Propiedades Urbanas </em>radica en que logró ordenar un verdadero ensanche, conforme a un plano de urbaniza­ción y parcelación.</p>
<p><em>Propiedades Urbanas S.A. fue </em>creada por los hermanos Calvo, agentes de la propiedad urbana de Bilbao, que estaban dedicados a la compra-venta de casas y terrenos al contado y a plazos, a la gestión de préstamos del <em>Banco Hipotecario de España, </em>a la venta de seguros de incendios marí­timos, accidentes y vida, y a la colocación de capitales en fincas urbanas. También formaba parte de la constructora, Hermenegildo José Murga, en calidad de arquitecto y presidente de la misma.</p>
<p>Esta sociedad compró terrenos en Barakaldo, Basauri, Sestao, Bilbao, etc., con el objeto de parcelarlos en lotes, bien para ser vendidos, encargándose del proyecto edificatorio, o bien para destinarlos a la construcción de viviendas que luego vendí­an.</p>
<p>El origen del barrio de Lekubarri se remonta a 1923, año en el que los hermanos Calvo solicita­ron al ayuntamiento autorización para construir en Vitoricha-Luchana un barrio pintoresco de 121 viviendas unifamiliares dotado con los servicios de Biblioteca, Baño, Gimnasio y Escuela.</p>
<p>El barrio concebido como una ciudad jardí­n satélite en la periferia de ocupar una extensión de casi dos hectáreas, teniendo como lindes al norte la calle-carretera a Landaburu (hoy calle Buen Pastor), al sur el ferrocarril de la Orconera y terrenos propiedad de los señores Elizondo y Zaldumbide, al este el camino a Andikollano (hoy simplemente Andikollano) y al Oesta el camino a Llano (hoy calle Errotabarria). Los hermanos Calvo decidieron ubicar el nuevo barrio en esos terrenos de Vitoricha-Luchana por su privilegiada ubicación junto a la carretera Bilbao a Santurce y ser más baratos que en el centro urbano.</p>
<p>Los promotores se comprometí­an a realizar el proyecto siempre que el Ayuntamiento les conce­diese las ventajas contempladas en la Ley de Casas Baratas de 1923. Eran éstas: la urbanización v_ el saneamiento de los terrenos, la subvención del 10% sobre el valor total de la obra y el inicio del expediente necesario para obtener otra nueva subvención, ahora del 25%, de la Diputación. El Consistorio recibirí­a a cambio los terrenos señalados para el emplazamiento de las escuelas, la plaza central y las calles que se abrirí­an en aquel entorno.</p>
<p>La Corporación municipal, reunida en pleno el 12 de marzo de 1923, rechazó el ofrecimiento, en tanto no obtuviesen la calificación de «casas baratas».</p>
<p>El proyecto no se pudo llevar a la práctica dada la premura de tiempo ya que el plazo para tal calificación finalizaba el ocho de julio, pero también por las circunstancias polí­ticas inestables del momento, que hací­an desaconsejable la realización de cualquier proyecto de envergadura.</p>
<p>Los promotores, fracasado el intento de 1923, optaron por financiar ellos mismos la formación del nuevo barrio mediante los siguientes recursos:</p>
<p>a) la venta de lotes de terreno para edificar.</p>
<p>b) la venta de los edificios construidos por ellos mismos.</p>
<p>c) las bonificaciones otorgadas por la Ley de 1924 (solo solicitadas en dos casos).</p>
<p>Hermenegildo José Murga, arquitecto de la sociedad, elaboró un nuevo plano de parcelación para así­ ajustarse al Plan de Urbanización, reforma y extensión de Barakaldo, aprobado en 19-Y). Este nuevo plano ampliaba la superficie destinada a calles y reducí­a la edificable.</p>
<p>Murga ordenó siete manzanas rectangulares irregulares, salvo dos, ya que el terreno estaba limitado por sendos caminos de perfil sinuoso, las actuales calles de Errotabarria y Andikollano. Estas manzanas se abren a dos calles longitudinales de 165,5 m. y 211,1 m., Arriotxe y Bazigorta <em>v </em>a otros dos viales transversales de 64 y 65,8 m., Lekubarri y Elorriaga. Las calles tanto longitudinales cono transversales tienen un ancho de diez metros, reservándose cinco para las aceras. El terreno destinado a calles vení­a a suponer una cuarta parte de la superficie total. Las siete manzanas <em>se </em>parcelaron en 74 lotes sin fijarse una superficie determinada para patios, porque seguí­a latente la idea de construir una ciudad jardí­n, lo cual no fue posible.</p>
<p><em>Propiedades Urbanas S.A. </em>vendió entre 1924 y 1931 -uno por excepción en 1935-, cincuenta <em>v </em>dos de los setenta y cuatro lotes, levantándose treinta y cuatro casas de vecindad y diez chalets lo que supuso un total de doscientas tres viviendas (ciento ochenta y tres en casas de vecindad y veinte en chalets). Esto constituye un notabilí­simo esfuerzo constructivo ya que en siete años se vino a cubrir aproximadamente el 10% de la demanda de vivienda que tení­a Barakaldo en 1924.</p>
<p>Los edificios de dos, tres o cuatro alturas, son muy sencillos y pobres, sin apenas elementos d­ecorativos y con unas superficies que oscilan entre los 50 y 75 m2 construidos, por estar destinado<sup>,</sup> a las clases populares. Las viviendas están dotadas con WC, (baño excepcionalmente), cocina, uno, dos o tres dormitorios (en contadí­simos casos) y comedor (sólo en algunos de ellos).</p>
<p>El estilo dominante en todo el conjunto es el regionalismo neovasco más cuidado y culto en las viviendas unifamiliares y más elemental en las casas de vecindad, haciéndose más pobre a partir 1930, en relación al desarrollo de la corriente racionalista. Los proyectos fueron realizados por los siguientes arquitectos: el ya citado Hermenegildo José Murga, que diseñó la mayorí­a de ellos, Ismael Gorostiza y Luis Arana. Podemos destacar como ejemplos más sobresalientes las casas de vecindad números 74 y 1 de las calles Buen Pastor y Arriotxe y los chalets números 64, 56 y 4 de las calles Errotabarria y Buen Pastor.</p>
<p>En fin, Lekubarri constituye un buen ejemplo de barrio obrero de iniciativa privada no por su arquitectura sino por el equilibrio y armoní­a de su trama urbana, resultado del buen trazado y del ajuste de la edificación al mismo. Estos valores se han ido perdiendo poco a poco por la construcción moderna de grandes bloques en los solares vací­os, densificando así­ mucho, todo el barrio. Tampoco hay que olvidar la contaminación provocada por las industrias que circundan aquel paraje.</p>
<p>Por todo lo cual serí­a muy conveniente que se declarase al barrio como Area de Rehabilitación Integrada (A.R.L), para así­ sacar a esta zona de su progresiva degradación y abandono.</p>
<p>Gorka Pérez de la Peña Oleaga</p>
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