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	<title>El Regato | Ezagutu Barakaldo</title>
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		<title>San Roque el «curandero» (Leyenda)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Mar 2026 06:15:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[El Regato]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/06/el-regato-san-roque-2.jpg?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/06/el-regato-san-roque-2.jpg?w=400 400w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/06/el-regato-san-roque-2.jpg?resize=300%2C225 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="1103" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/san-roque-el-curandero-leyenda/el-regato-san-roque-2/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/06/el-regato-san-roque-2.jpg?fit=400%2C300" data-orig-size="400,300" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="el-regato-san-roque-2" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/06/el-regato-san-roque-2.jpg?fit=400%2C300" /></div>Cuentan que hace muchí­simos años hubo una peste de tiña que afectó con mucha más intensidad a nuestros hermanos del Concejo de Sestao. Las hierbas y pócimas de los curanderos no conseguí­an paliar los sufrimientos, fue entonces cuando se acordaron de los santos y, entre éstos, eligieron a San Roque por ser el Patrón de [&#8230;]]]></description>
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<p>Al cura no le pareció nada mal el acuerdo tomado y pronto y bien mandado tomó referencias y buscó por todos los altares, así­ como por todos los recovecos de la iglesia y sacristí­a, una imagen del santo milagrero. Claro, no apareció porque no la tení­an. Después de mucho buscar y revolver, el cura no pudo por menos que exclamar:</p>
<p>-«¡Estos mis feligreses sólo se acuerdan de Santa Bárbara cuando truena!».</p>
<p>En vista de cómo estaban las cosas, alguien insinuó la compra de una imagen del santo, pero como la economí­a no era muy boyante, tomaron la unánime decisión de pedirla prestada -por unos dí­as- a los de Portugalete.</p>
<p>-¡Pues no está mal la idea! -dijeron todos a coro- y ni cortos ni perezosos se encaminaron hacia la Villa marinera, con la creencia de que aquello era sólo llegar y coger.</p>
<p>Como la distancia era corta, pronto llegaron a la Campa de San Roque y tras preguntar por el responsable de la ermita le comunica­ron el deseo de que les cedieran el Santo.</p>
<p>Pero los feligreses «jarrilleros» muy amantes de su Santo Patrón, dijeron que no hací­an concesiones porque no se fiaban de nadie y que se marcharan cuanto antes para que no les contagiaran.</p>
<p>Ante la tajante negativa de los «villanos», la comitiva se puso de regreso a Sestao. Durante el camino, alguien tuvo la feliz idea de acordarse de que en el barrio barakaldés de El Regato se veneraba también a San Roque y, que a falta de uno, bueno era el otro.</p>
<p>&#8211; Creo que esta vez no fracasaremos, -dijo el cura- pues tengo mucha amistad con el cura de El Regato.</p>
<p>&#8211; Pues vamos allá ahora mismo -apremió el maestro. Esto hay que hacerlo cuanto antes.</p>
<p>-¡Bien dicho! -dijeron a coro todos los acompañantes.</p>
<p>Pronto llegaron a Barakaldo y seguidamente cruzaron la Vega de Ansio para tomar el camino que les llevarí­a hasta la barranca de El Regato, para así­ dialogar con el representante religioso de la ermita.</p>
<p>El rechoncho curilla «regatero», sabedor de la epidemia que asola­ba a Sestao, no dudó ni un momento en decirles:</p>
<p>&#8211; «¡Ahí­ lo tenéis!, ponedlo encima de esas andas y que se produz­ca el milagro».</p>
<p>Contentos se vieron los pedigí¼eños y pronto estuvieron de regre­so, cosa que ya realizaron con muchas prisas sin dar ni las gracias. -«¡Bueno, colega!, -le dijo el cura de Barakaldo al de Sestao- mal está que no me deis ni las gracias, pero por lo menos escuchad las condiciones que pongo para la devolución de San «Roketxu», que no son otras, que deberá estar aquí­ para el próximo domingo a la hora de la celebración de la Santa Misa.</p>
<p>&#8211; ¡No faltarí­a más! ¡Eso está hecho! -parecieron decir todos a co­ro.</p>
<p>-«¡Pues ya veremos!, que no me fí­o mucho de vosotros». Transcurrieron los dí­as y tanto San Roque como su perro seguí­an ausentes, así­ que la celebración religiosa se celebró con la ausencia del Santo Patrón.</p>
<p>Los feligreses no daban crédito a lo que sus ojos veí­an y fue enton­ces cuando el sacerdote les comunicó lo sucedido:</p>
<p>-Queridos hermanos, San Roque, nuestro Patrón, hoy nos ha fa­llado y no está presente -como veis- entre nosotros. Hace unos dí­as fue solicitada su presencia «por los hermanos cristianos de Sestao» para curar la tiña de su enfermos y parece ser que no le ha dado tiempo para sanar a todos. Pero yo os prometo que pronto volverá nuestro «Roquetxu» y lo hará inmensamente feliz al encontrarse nue­vamente entre nosotros.</p>
<p>Habí­a pasado ya un mes largo, es decir, una larga cuarentena, y los de Sestao parecí­an estar ya curados. El Santo habí­a cumplido su santa misión, pero no volví­a. ¡Estaba bien claro! Le habí­an tomado tanto cariño al Santo -que los del Concejo- en agradecimiento, decidieron que se quedara en Sestao para siempre.</p>
<p>No les hizo ninguna gracia a los feligreses de la ermita barakaldesa la satisfacción dada por los «tiñosos». Y dicen, que los vecinos de la barranca de El Regato tuvieron que ir a Sestao provistos de estacas, para traerse al Santo por las buenas o por las malas. Hubo sus más y sus menos, pero al final -y en andas portadas a hombros- retorna­ron con el Santo Patrón «milagrero», haciendo votos de que jamás volverí­an a dejarlo salir de su ermita.</p>
<p>Dicen, y esto nunca lo sabremos, que cuando regresaban, a la altura de la Fuente de Amézaga -en Retuerto- el perro del Santo hizo un significativo movimiento con el rabo, como queriendo demostrar su júbilo por el regreso. No faltó tampoco quien aseveró que el Santo le hizo un leve guiño de ojo a su inseparable y fiel perro. Cuenta la leyenda sobre San Roketxu de El Regato que un recio aldeano del lugar con cara de malas pulgas, exclamó: «Estos tiñosos de Sestao, por poco se quedan con nuestro santo». De hecho, y no es nuevo para nadie, cuando surge el dicho de «Tiñoso», el destinatario siempre es uno de Sestao. Afortunadamente este mote no encierra maldad y todo termina con su correspondiente contestación de «Sar­noso», que recí­procamente les endosan a los de Barakaldo.</p>
<p>Nunca se puso en duda el milagro que realizó nuestro Santo, pero su verdadero y asombroso «Don» fue el unir a dos pueblos a los que sólo separa el cauce de un rí­o. Hay todaví­a algo en lo que sin embargo no están de acuerdo: los barakaldeses aseguran que el verdadero nombre del rí­o es el Castaños mientras que los sestaoarras dicen que es el Ballonti. De todas maneras, tengo que decir que ambos son sólo dos afluentes de un rí­o común: el Rí­o Galindo.</p>
<p>Carlos Ibáñez</p>
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		<title>La Bolera de El Regato</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 04 Oct 2025 06:56:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Geografí­a]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[El Regato]]></category>
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					<description><![CDATA[<div><img width="300" height="128" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/10/1193927170_f.jpg?fit=300%2C128" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/10/1193927170_f.jpg?w=498 498w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/10/1193927170_f.jpg?resize=300%2C128 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="2364" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/la-bolera-de-el-regato/1193927170_f/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/10/1193927170_f.jpg?fit=498%2C212" data-orig-size="498,212" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="1193927170_f" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/10/1193927170_f.jpg?fit=498%2C212" /></div>Históricamente, el juego de bolos ha sido uno de los más extendidos en toda Bizkaia. En la documentación antigua es frecuente encontrar referencias a esta práctica deportiva que adquirí­a curiosas variantes relacionadas con áreas geográficas y culturales. Así­, encontramos modalidades populares como el pasabolo, el remonte y el cachete, entre otras. Esta última, el CACHETE, [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="128" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/10/1193927170_f.jpg?fit=300%2C128" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" srcset="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/10/1193927170_f.jpg?w=498 498w, https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/10/1193927170_f.jpg?resize=300%2C128 300w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" data-attachment-id="2364" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/la-bolera-de-el-regato/1193927170_f/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/10/1193927170_f.jpg?fit=498%2C212" data-orig-size="498,212" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="1193927170_f" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/10/1193927170_f.jpg?fit=498%2C212" /></div><p>Históricamente, el juego de bolos ha sido uno de los más extendidos en toda <strong>Bizkaia</strong>. En la documentación antigua es frecuente encontrar referencias a esta práctica deportiva que adquirí­a curiosas variantes relacionadas con áreas geográficas y culturales. Así­, encontramos modalidades populares como el <em>pasabolo</em>, el <em>remonte</em> y el <em>cachete</em>, entre otras. Esta última, el CACHETE, es la más caracterí­stica de <strong>Enkarterri</strong>, especialmente en la zona de <strong>Ezkerraldea</strong>.</p>
<p>El juego de bolos a <em>cachete</em> se practica en un espacio en forma de sector circular, de casi 180 grados de &nbsp;amplitud, y consiste en lanzar con fuerza una bola de unos 4 kilos para que golpee unos bolos redondos que se sitúan sobre un bloque de madera, que recuerda a las piedras utilizadas en el arrastre de bueyes, para que salgan despedidos sobre el césped y avancen hasta sobrepasar dos lí­neas curvas de referencia, dispuestas en forma de corona circular.</p>
<p>La noticia que sigue trata de este antiquí­simo deporte y de los problemas surgidos en el barrio del <strong>Regato</strong>, en <strong>Barakaldo</strong>, cuando los vecinos y vecinas vieron peligrar su pasabolos por la construcción de una casa.</p>
<p>A destacar el papel de las mujeres en la protesta, encabezando manifestaciones y movilizaciones, de la misma manera que las <em>barakaldarras</em> habí­an actuado en la <strong>huelga general</strong> de 1905, la primera llevada a cabo por mujeres, en la que, haciendo gala de un enorme coraje dejaron en ridí­culo y vergí¼enza al inhumano general <strong>Soler</strong>, que llegó a ordenar a sus tropas que cargasen contra ellas.</p>
<p>«<strong>¿QUí‰ OCURRE EN EL REGATO?</strong></p>
<p>En el Gobierno civil se nos facilitó anteayer una nota telefónica en la que la Guardia civil participaba al señor gobernador el que varias mujeres, armadas de picos, habí­an destruido la parte del camino que se acababa de arreglar.</p>
<p>Nosotros ajustándonos a esas noticias hicimos un suelto que ayer publicamos en nuestro periódico, al que titulamos «las braví­as».</p>
<p><strong>UNA VISITA.</strong></p>
<p>Ayer noche recibimos en esta Redacción la visita de una numerosa Comisión de vecinos del pueblo del <strong>Regato</strong>.</p>
<p>Dicha Comisión habí­a leí­do las notas publicadas por los diarios locales y estima conveniente hacer manifestaciones para que la verdad quedase en su lugar y no sufra detrimento el buen nombre de los vecinos de aquel pací­fico vecindario.</p>
<p><strong>LO QUE OCURRIí“.</strong></p>
<p>Expuesto el objeto de la visita, los comisionados hicieron detallada historia de lo ocurrido, sin omitir detalle alguno.</p>
<p>La efervescencia que se notaba entre los vecinos tení­a su razón de ser.</p>
<p>En el barrio del <strong>Regato</strong>, término Municipal del Ayuntamiento de <strong>Barakaldo</strong>, existe, colindante a la carretera, un trozo de campa en el que desde tiempo inmemorial existe un pasabolos, lugar destinado a un juego tí­pico y antiquí­simo que se practica en las <strong>Encartaciones</strong> y muy particularmente en los barrios de <strong>Barakaldo</strong>.</p>
<p>De tan antiguo existe este lugar de honesto esparcimiento y recreo, que muchos de los que ayer nos visitaron contaban casi un ciento de años y recuerdan desde su niñez la existencia de este pasabolos.</p>
<p><strong>BUSCANDO LOS PIES AL GATO.</strong></p>
<p>Me parece que alguien tiene interés en que ese pasabolos desaparezca.</p>
<p>Hay que tener en cuenta que en el <strong>Regato</strong> no hay otro sitio para divertirse, y, además, que es tradicional y costumbre el uso de ese juego.</p>
<p>Resulta que D. <strong>Román Mezo</strong>, un señor a quien las buenas tradiciones deben importarle un bledo y el recreo de sus convecinos un m.to, erigiéndose en potestad, promete abrir camino para una casa que está construyendo en dicho punto, utilizando el pasabolos.</p>
<p>Como tal determinación era injusta, el pueblo protestó ante la Alcaldí­a, en poder de la que existen varios pliegos llenos de firmas.</p>
<p><strong>NO HAY POLíTICA.</strong></p>
<p>Y no se nos diga, al tomar la defensa del vecindario del regato, que aquí­ se dilucida alguna cuestión polí­tica; nada de eso.</p>
<p>El pueblo, todo el pueblo del regato, clama contra una arbitrariedad, y nosotros hemos de ayudarles y defenderles, máxime tratándose de una lucha en la que se ventila la existencia o desaparición de aquel barrio de uno de los juegos más caracterí­sticos de nuestro pueblo.</p>
<p><strong>EL HECHO</strong></p>
<p>Aprobada por el Ayuntamiento la cesión del terreno para paso, haciendo desaparecer el pasabolos, cuando hubieron comenzado la labor y se percató el vecindario del atropello que, a su sentir, se cometí­a, se personaron, a las siete de la mañana del dí­a 4, en el lugar de que se trata, todas las vecinas del barrio, y dispuestas a mantener firme lo que ellas creí­an tradicional, comenzaron a separar los escombros que sobre el pasabolos habí­an arrojado para verificar el paso.</p>
<p>Cuando se hallaban en esta faena llegó la Guardia civil y amenazó a las vecinas promoviéndose el escándalo consiguiente.</p>
<p>Seguidamente de este hecho, el vecindario volvió a reunirse, acordando enviar al alcalde las firmas de todos&nbsp; los vecinos, cosa que lo hicieron en la mañana de ayer.</p>
<p><strong>LO QUE RESULTA</strong></p>
<p>De todo lo manifestado resulta que las mujeres del<strong> Regato</strong> no rompieron lo que en la carretera les habí­an arreglado, como decí­a el parte de la Guardia civil, puesto que el lugar que nos ocupa no es carretera y dista de ésta unos veinte metros.</p>
<p>Que el Ayuntamiento de <strong>Barakaldo</strong>, por favorecer a un particular, ha sublevado a un pací­fico barrio y está expuesto a un verdadero conflicto con sus administrados.</p>
<p>Que el pasabolos y el lugar donde está enclavado existe en el regato desde tiempo inmemorial, hasta el extremo de que ningún vecino de<strong> Barakaldo</strong> podrá decir cuándo se colocó en aquel lugar el pasabolos.</p>
<p><strong>LO QUE DEBE HACERSE</strong></p>
<p>El Ayuntamiento de <strong>Barakaldo</strong>, atendiendo al ruego de los administrados, debe dejarles libre el disfrute de sus tí­picos juegos, más teniendo en cuenta que este es el deseo de todos sus vecinos.</p>
<p>Suspender las obras hasta que el Ayuntamiento rectifique su lí­nea de conducta, revocando el acuerdo.</p>
<p>En el <strong>Regato</strong> los ánimos están muy excitados y no serí­a difí­cil pasara alguna cosa que en todos es obligación impedir que ocurra.</p>
<p>El Ayuntamiento de <strong>Barakaldo</strong> mejor que nadie conoce a sus administrados pací­ficos cuando no se les hiere; pero cuando se les ataca en la razón, entonces&#8230; volvemos a repetir, el Ayuntamiento de <strong>Barakaldo</strong> mejor que nadie los conoce.»</p>
<p>Diario <strong>EUZKADI</strong>, julio de 1913.</p>
<p>Por la transcripción.</p>
<p>Goio Bañales.</p>
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		<title>Leyenda de Peñas Blancas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ezagutu Barakaldo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 09 Jan 2025 06:47:40 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<div><img width="300" height="225" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/05/foto5_m_b.gif?fit=300%2C225" class="attachment-medium size-medium wp-post-image" alt="" style="margin-bottom: 15px;" decoding="async" loading="lazy" data-attachment-id="1031" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/leyenda-de-penas-blancas/foto5_m_b/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/05/foto5_m_b.gif?fit=555%2C416" data-orig-size="555,416" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="foto5_m_b" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/05/foto5_m_b.gif?fit=555%2C416" /></div><p><a href="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/05/foto5_m_b.gif" data-rel="lightbox-image-0" data-rl_title="" data-rl_caption=""><img data-recalc-dims="1" loading="lazy" decoding="async" data-attachment-id="1031" data-permalink="http://ezagutubarakaldo.net/leyenda-de-penas-blancas/foto5_m_b/" data-orig-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/05/foto5_m_b.gif?fit=555%2C416" data-orig-size="555,416" data-comments-opened="1" data-image-meta="{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}" data-image-title="foto5_m_b" data-image-description="" data-image-caption="" data-large-file="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/05/foto5_m_b.gif?fit=555%2C416" class="alignright size-medium wp-image-1031" title="" src="https://i0.wp.com/ezagutubarakaldo.net/wp-content/uploads/2009/05/foto5_m_b.gif?resize=300%2C224" alt="foto5_m_b" width="300" height="224"></a>Esta leyenda se remonta a los lejanos años de 1700, siendo su escenario uno de los más bellos lugares de la anteiglesia barakaldesa.</p>
<p>Las laderas, que desde Peñas Blancas se deslizan por la barranca de El Regato, hacen soñar a las cristalinas aguas en sus cantarines arroyos. Tras un suave deslizar afluyen al Castaños y Oiola, y éstos a su vez resbalan para formar el rí­o Galindo, ya cercano en su desembocadura al rí­o Nervión.</p>
<p>Los ricos pastos de las laderas eran triscados por las blancas ovejas que, con su balar, contrastaban con el mugir de los numerosos terneros. Los cencerros hací­an el contrapunto sonoro de lo que pretendí­a ser una melodí­a, tan sólo escuchada por los pocos aldeanos que moraban en tan hermoso lugar. No lejos de los pastizales limitaban los bosques, donde los milenarios castaños y robles daban cobijo a las más lindas avecillas canoras, así­ como también a las más variadas «plumí­feras» de la nocturnidad. Era abundante la fauna e incluso, según aseveraron los nativos, abundaban unos seres vivientes de sucios harapos, cuyos largos y greñosos pelos escondí­an las coloradas y breñosas narices de unas malignas mujeres llamadas brujas.</p>
<p>&#8211; Pues sí­, es verdad que entre los bortales se esconden las brujas. Hace años que vamos notando las cosas más raras que ocurren en Peñas Blancas. Vemos grandes hogueras nocturnas y luego no somos capaces de encontrar los restos de madera calcinada, parece cosas de brujas &#8211; comentaba una anciano del lugar de Tellitu.</p>
<p>&#8211; Ya ves Josetxu que los fenómenos de la naturaleza son más frecuentes en verano y más cuando el calor aprieta. Creo que tenemos que ser cautelosos, ya que de lo contrario el señor cura nos puede perjudicar. Yo no dudo de que hay brujas, pero &#8230;pero&#8230; -decí­a resignado Patxi, un octogenario aldeano de Aranguren.</p>
<p>&#8211; Tenemos que tomar alguna determinación -decí­a el vejete de Tellitu- a la vez que, sin disimular, hurgaba con sus uñas por debajo de su mugrienta boina.</p>
<p>&#8211; Algo malo nos puede pasar si no nos guardamos de esas pécoras danzantes y, algo peor, si se enteran de nuestras creencias. Por eso creo que será mejor callar y andar. Hay veces que me acuerdo del pastor de Samundi, que el pobre contó sus andanzas al confesor y nunca se supo si fue cosa del Diablo o del clero, pero lo cierto es que nadie ha sabido dar razón de su paradero -comentó en voz baja el buenazo de Patxi.</p>
<p>Pasó algún tiempo en el que el barrio de El Regato no notó ninguna alteración «brujeril» y si algo ocurrí­a no tení­a trascendencia, quizá por el temor a las interpretaciones que hubiera lugar.</p>
<p>Cierta soleada mañana del mes de agosto, los nativos del barrio se dieron cita junto a la ermita de San Roketxu. Todos eran aldeanos «regateros» que se reuní­an para festejar el dí­a de su Santo Patrón. Entre cordiales saludos, abrazos, apretones de manos y algunos besos entre los más í­ntimos, fue transcurriendo el tiempo hasta la llegada del señor cura, cuya ridí­cula figura se acrecentaba aún más al apearse del pequeño burro que le transportaba.</p>
<p>&#8211; Buenos dí­as don Baudilio -exclamaron casi aún tiempo los presentes -¿Qué tal está usted, señor cura? -preguntaban a la vez que besaban la mano del mofletudo cura, mientras que «boquiabiertos» niños miraban al portador del bonete y sotana, como diciendo: «¿Quién será este bicho raro?»</p>
<p>-¡Saludad al señor cura! -dijo a los niños una aldeana de Burzako.</p>
<p>-Buenos dí­as tenga usted, señor cura -acertaron a decir la escasa decena de pequeños romeros.</p>
<p>&#8211; Estos chiquillos tienen maneras de ser inteligentes, por eso espero que no los malogréis con todas esas cosas que se rumorean en San Vicente. No es bueno creer en brujas porque además de ser un gran pecado mortal, atentáis contra la fe. Vosotros tenéis que creer, pero en lo que yo os diga, de lo contrario algún dí­a puede que seáis pasto de las llamas del infierno. -amenazó el patizambo curilla.</p>
<p>&#8211; Mire usted, señor Baudilio, en San Vicente se ignoran muchas cosas de las que ocurren en El Regato -dijo valientemente Patxi.</p>
<p>-Ya lo creo que sí­. No es lo mismo predicar que dar maí­z y difí­cilmente no podrá cambiar de opinión, cuando todos sabemos lo que está pasando. Hay muchos aquelarres de lamias en las cercaní­as, pero ocurre que usted opina como Santo Tomás: ¡Ver para creer!, y para ver hay que estar aquí­ &#8211; después de estas palabras se ruborizó el rostro de Arantza, la esposa de Patxi.</p>
<p>&#8211; Bueno, oigamos la santa misa y después ya charlaremos largo y tendido, y conste que todos estos chismes los pondré en conocimiento de los superiores &#8211; sentenció el cura.</p>
<p>Mucho tiempo duró el oficio religioso, debido a que don Baudilio se explayó en su arenga para con los asistentes al rito, a la vez que les estimulaba con la fe y la oración, sin darse cuenta que los bostezos hací­an aparición entre los mí­seros a la vez que algunos chiquillos pedí­an a sus madres con señas que querí­an hacer sus necesidades. Pero el cura, erre que erre, seguí­a dando la turrada y más, a sabiendas, de que en este lugar sagrado, nadie le llevarí­a la contraria.</p>
<p>Salí­an ya de la ermita para dirigirse a la pequeña llanada en el lugar de Euskauritza, cuando Txomin, el de Urkullu, con todo respeto y buenas palabras le dijo al cura:</p>
<p>&#8211; Don Baudilio, usted ha pretendido embaucarnos con sus palabras desde el púlpito, pero lo único que ha hecho es amenazarnos, y nos ha dejado a boqueras. Y tocante a las brujas haberlas «haylas», y no muy lejos de aquí­, ahí­ arriba en Tellitu. Puede hallar la verdad de cuanto le estoy diciendo.</p>
<p>&#8211; ¡Hijos mí­os! Veo que no nos entendemos y así­ no iremos a ninguna parte. Estoy pensando que sois todos unos herejes a la vez que posesos.</p>
<p>&#8211; ¡Mire usted, señor cura! &#8211; insinuó Manuel -. Hace unos meses que estuvimos en el Ayuntamiento y el señor Alcalde nada nos solucionó aparte de decirnos que estas cosas eran sagradas y por lo tanto pertenecientes a la iglesia, y ahora resulta que nosotros somos los únicos culpables de cuanto ocurre en este barrio.</p>
<p>&#8211; Luego&#8230; ¿ a quién tenemos que reclamar? -preguntó Perico, un viejo pastor, cuyas ovejas, según aseguró, hací­a dos años que apenas si daban leche y mal engendraban crí­as debido a los sustos que le producí­an al ganado los aquelarres, cuyas llamaradas originaban espantadas dentro de su redil.</p>
<p>&#8211; No solamente creo, sino que estoy completamente seguro de que terminareis por ir todos de cabeza al infierno -aseguró don Baudilio -. ¿Pero cómo es posible creer en semejantes tonterí­as? Yo quiero realidades y no bobadas, así­ que ya sabéis, portaros como Dios manda. ¡Ah, otra cosa!. Quiero deciros que por seis monedas de dos céntimos que habéis depositado en mi bonete, no estoy dispuesto a molestar a mi borrico en traerme hasta aquí­. ¡Sois unos miserables! El templo está ruinoso y con doce céntimos no se puede hacer el milagro de retejar la ermita, así­ que será mejor que os preocupéis de repararla en vez de decir tonterí­as.</p>
<p>&#8211; ¡Amén! -acertó a decir uno de los chiquillos, a la vez que se escucharon algunas risas.</p>
<p>-¡Caramba con el niño! No le he visto rezar en la ermita y ahora sin más ni más acaba la oración -dijo con muy mala gaita el curilla.</p>
<p>&#8211; Señor cura -insistió el viejo pastor- usted tiene que darnos alguna solución sobre el origen de esas improvisadas fogatas que aparecen en la noche. De no ser así­ será mejor ir al infierno de una vez a tener que vivir en él constantemente en la tierra. Y le juro, que ya sólo me falta dialogar con Satanás.</p>
<p>&#8211; ¡Qué dices, miserable pecador! Debes de tener más respeto con la autoridad eclesiástica. Te aseguro que comunicaré al Señor Obispo tus herejí­as, así­ como tu ultraje al clero -amenazó una vez más el cura.</p>
<p>&#8211; No sea terco don Baudilio, y escuche y después juzgue si tenemos o no razón y proceda en consecuencia. Sepa que no aseguramos que haya brujas o no, pero sí­ le certificamos que aquí­ están pasando verdaderas brujerí­as.</p>
<p>-Manu, cuéntale al padre lo que ocurre -animó Patxi al viejo pastor, a la vez que insistí­a en que se lo dijera todo.</p>
<p>&#8211; Suelta culebras y sapos por esa deslenguada boca y que Dios me perdone por escucharte. Consideraré que estoy confesando, pero difí­cilmente te podré dar la absolución -amenazó una vez más.</p>
<p>&#8211; No pido perdón y sí­ orejas que me escuchen -dijo de muy mal talante Manu el pastor.</p>
<p>&#8211; Pues cuenta&#8230; cuenta tus faltas miserable pecador -apremió el ya desencajado confesor.</p>
<p>&#8211; La pasada noche de San Juan fui atrapado por unas lamias que me retuvieron hasta el amanecer. Yo bien consideré que pudieran ser mozas de Galdames que se habí­an anticipado a las fiestas de San Pedro, pero no fue así­ ya que no llegué a conocer a ninguna. Las habí­a viejas y feas sin que faltaran jóvenes con buenas carnes. No tuve mayores problemas, pero me ortigaron mis í­ntimas partes.</p>
<p>&#8211; Hijo mí­o, no veo ningún motivo que te haga indigno. Estas cosas no ocurren siempre, pero ello no quiere decir que fueran brujas -asentó el cura enfrascado en la improvisada confesión.</p>
<p>&#8211; Hay muchas cosas y mucho más importantes y éstas se centran en mi estado de salud, por eso deseo que me escuche con atención, ya que le considero una autoridad de la iglesia y no deseo tener cuentas con la Inquisición.</p>
<p>&#8211; Manu, creo que te has pasado con tus apreciaciones, y para este tu gran pecado no hay penitencia y sí­ un castigo ejemplar &#8211; sentenció don Baudilio.</p>
<p>&#8211; Siga escuchando señor cura. Pocos dí­as después de la ortigada que me dieron las sospechosas mozas y cuando más plácido dormí­a en mi cama, sentí­ un fuerte ruido en la cuadra. Bajé rápidamente las escaleras con el candil en la mano, y pude ver a los indefensos corderillos pisoteados por sus propias madres, ansiosas por escapar del ruido ensordecedor que allí­ se producí­a. Cuando pisé la paja del suelo el ruido cesó y en ese momento un enorme perrazo negro comenzó a lamerme los pies. Poco después desaparecí­a cabizbajo. Se da la circunstancia de que yo no tengo perro en mi casa y ninguno de los que hay en el contorno se le parecí­a ni en el color ni en el tamaño.</p>
<p>Entonces el cura se atrevió a dar su consejo «milagrero» al pastor, con el fin de apaciguarle en su alterado estado de ánimo.</p>
<p>&#8211; Eso es cosa de San Roque que se ha valido de su perro para que tanto tú como el rebaño estéis resguardados del acechador Satán, que sólo desea que pierdas la fe en Dios.</p>
<p>&#8211; No me satisfacen sus opiniones, señor cura, -respondió el apesadumbrado pastor­ pues por más que lo pienso no acabo de saber qué es lo que ocurre, ya que desde que sucedieron los citados hechos no consigo conciliar el sueño en la cama y sólo, en cuclillas, consigo dormir en las escaleras donde el desconocido perro lamiera mis pies &#8211; aseguró Manu.</p>
<p>&#8211; Ni puedo ni quiero escuchar más majaderí­as, así­ que me marcho &#8211; dijo el cura a la vez que tomaba el ramal del burro.</p>
<p>&#8211; Querido amigo Manuel -medió Juliantxu- bueno será que por un dí­a olvides los hechos y vivamos la fiesta en paz. Por lo pronto, el cura ya ha tomado el camino de vuelta a su casa en San Vicente, para contarle todos los chismes al párroco. Por cierto que se ha marchado muy enfadado y la verdad es que hací­a muy buena pareja con su pollino.</p>
<p>&#8211; Es lo mejor que ha podido ocurrir, así­ se pierde la chuletada. Creo que recordarás el año pasado con que ansí­a comí­a el jodido cura que por poco nos deja a dieta &#8211; comentó Antonio, el de Gorostiza.</p>
<p>&#8211; Suerte que tienes Antón, pues comiendo le dejas atrás a cualquiera &#8211; dijo con cierta ironí­a un viejillo del grupo.</p>
<p>Caí­a ya la tarde cuando los romeros decidieron retirarse a sus caserí­os para recoger y atender al ganado. Todos coincidieron que era lo más correcto ya que el txakolí­ habí­a hecho mella en algunos. Las más interesadas en marcharse eran las mujeres que, sin disimulo, tiraban de la blusa de sus maridos.</p>
<p>La encañada de El Regato siguió viviendo un tiempo sin sobresaltos hasta que cierta noche se formó en el éter un extraño fenómeno de rayos y truenos -sin agua ni granizo- que iluminó el bello paisaje regateño. El resplandor era tan grande que los aldeanos temieron un nuevo aquelarre y la verdad es que si no lo era, lo parecí­a debido a que Tellitu era una gran hoguera. La fatal noche dejó un amanecer de suave brisa que acariciaba las cenizas del caserí­o de Manu, el pastor. El fuego habí­a arrasado la vida de un hombre, así­ como todos sus enseres.</p>
<p>&#8211; Pobre Manuel -decí­a Antón- las brujas quisieron que toda su bondad fuera pasto del fuego y lo han conseguido.</p>
<p>Las ruinas del viejo caserón pudieron verse durante muchos años, y sus calcinadas piedras fueron el recuerdo de lo que fue la pira funeraria del viejo pastor barakaldés. Sobre las brujas no se volvió a hacer comentarios. Pero las mentes de muchos barakaldeses siguen pensando que, junto a las laderas del monte Apuko, siguen merodeando estos desgreñados seres. Y de las brujas, qué vamos a decir&#8230; todo es cuestión de creer o no creer en ellas.</p>
<p>Carlos Ibáñez</p>
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