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	<title>Ezagutu Barakaldo &#187; Caserío</title>
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		<title>Romerías en Barakaldo</title>
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		<pubDate>Sat, 16 May 2009 07:53:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Raro será el pueblo que no celebre sus Fiestas Patronales, y Bara­kaldo no podía ser una excepción. La Virgen del Carmen y San Vicente son sus Patrones. Pero Barakaldo es un pueblo compuesto por lugares que reciben el nombre de barrios y éstos también tienen su correspondiente Santo Patrón. Y es precisamente de ellos de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/05/el-carmen-3.jpg" class="floatbox" rev="group:1045 caption:`el-carmen-3`"><img class="alignright size-medium wp-image-1047" title="el-carmen-3" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/05/el-carmen-3-300x224.jpg" alt="el-carmen-3" width="300" height="224" /></a>Raro será el pueblo que no celebre sus Fiestas Patronales, y Bara­kaldo no podía ser una excepción. La Virgen del Carmen y San Vicente son sus Patrones.</p>
<p>Pero Barakaldo es un pueblo compuesto por lugares que reciben el nombre de barrios y éstos también tienen su correspondiente Santo Patrón. Y es precisamente de ellos de quienes quiero contar su tradición y origen.</p>
<p><strong>1.- Romería de San Vicente (22 de Enero)</strong></p>
<p>La Romería de San Vicente bien pudiera ser la más antigua de todas cuantas se celebran en Barakaldo, por lo que debemos suponer que data del año 1340, fecha de la construcción de la iglesia. San Vicente Mártir fue nombrado oficialmente Patrón de Barakaldo el año 1643, por lo que tam­bién cabe suponer que fuera a partir de este año cuando se fijaron las bases de la futura romería.</p>
<p>Debemos pensar que estas fiestas serían de buen comer y, después, de bailar al son del txistu o la dulzaina, actos que se sucedían después de la Santa Misa, a los que se invitaba a los parientes de otros barrios.</p>
<p>No estará de más recordar cierto hecho ocurrido entre dos aldeanos. Cierto día, durante las fiestas de El Regato, un nativo se escondía para no invitar a un pariente de San Vicente, quien tuvo que regresar a comer a su casa. Pasaron los meses y llegó la romería de &#8220;Sanvi&#8221; y, claro, el &#8220;regatero&#8221; se acercó al pariente muy solícito y dicharachero diciendo: &#8220;Oye, Patxi, en San Roque no te vi&#8221;. Ni corto ni perezoso, el aldeano de San Vicente le contestó: &#8220;Yo a ti sí&#8221;.</p>
<p>Las fiestas de San Vicente, allá por los años de 1940, eran muy locales y, aparte de lo que amasaban los nativos en sus propias casas, el festejo consistía en bailar al son de las notas que lanzaban las Bandas Municipales de Música y los Txistularis. Después, sobre las 9 de la noche se bajaban en<strong> </strong>biribilketa hasta Karranzairu. Bueno será decir que no se ponían txoznas, barracas ni tiovivios.</p>
<p>Puede que extrañe tanta tristeza en unas fiestas, pero entonces estaba prohibido cantar y pobre de aquel que infringiera la norma, porque podía recibir algún porrazo de los &#8220;chineles&#8221; e incluso ser multado.</p>
<p><strong>2.- Romería de Santa Águeda (5 de febrero)</strong></p>
<p>La ermita de Santa Águeda se asienta en un mediano altozano desde el que se domina el río Cadagua a su paso entre el barrio barakaldés y bilbaíno de Castrejana. El llamado &#8220;Puente del Diablo&#8221; salva ambas orillas.</p>
<p>Se supone que la ermita de la Santa italiana fue levantada sobre cimientos de una anterior y se la recuerda, desde siempre, como una casa albergue u hospedería para atender a los peregrinos romeros en su camino a Santiago. De hecho, es la única ermita que queda en pie dentro del territorio barakaldés. Aun cuando la fiesta de la Santa es el día 5 de febrero y acuden muchos romeros a la ermita ese día, es el domingo posterior cuando la gente acude en mayor número al lugar para oír allí la Santa Misa. Allí se dan cita las gentes de la Anteiglesia, así como de los barrios lindantes de Zorroza y Castrejana, atraídos por la notas del txistu que desde el amanecer ya se escucha en lo alto, donde se asienta la ermita de la Virgen y Mártir.</p>
<p>Esta festividad es, sin duda, lo mejor que nos ha quedado y la<sub> </sub>juventud se recrea con sus canciones y bailes sin que falte el ácido txakoli. La bajada del monte es siempre alegre y, en sus manos, los mozos y mozas llevan rosquillas ensartadas en ramos de laurel, así como ramas de algodonosas bolitas amarillas de los desgajados mimoseros que nos anuncian la  próxima primavera.</p>
<p><strong>3.- Romerías de Cruces (Segundo día de Pascua)</strong></p>
<p>Las romerías de Cruces se celebraban el segundo día de Pascua de Resurrección y Pascua de Pentecostés. Siempre coinciden en lunes y se repiten al domingo siguiente (no son de fecha fija).</p>
<p>Estas romerías fueron unas de las más famosas de Vizcaya y en ellas se daban cita las gentes de la zona minera, así como de otros lugares, in­cluyendo el mismo Bilbao. Las &#8220;modistillas&#8221; y &#8220;claveteras&#8221;, chicas guapas que, sin quererlo, eran la chispa que encendía las grandes peleas entre los hombres, que con cachabas y navajas pretendían ser admirados por las mo­zas romeras. Los mineros arandinos y gallegos fueron siempre los mayores protagonistas de aquellas batallas campales que a veces se organizaban.</p>
<p>Los bailes eran amenizados, antaño, por pianillos manubrios o por ciegos que, tras estrujar el fuelle de sus viejos acordeones, pasaban el pla­tillo o la boina para recoger la limosna, unas monedas de cobre que les ayudaban a subsistir.</p>
<p>Contaban los más antiguos de la localidad que entre el Hospital de Basurto y la Guardia Civil se repartían a los enfurecidos romeros y aún quedaban otros que daban con sus huesos en &#8220;chirona&#8221; bajo la tutela de los &#8220;chineles&#8221; de Recaredo.</p>
<p>Con el paso de los años la romería de Cruces pasó a ser una de tan­tas. Los bailes al son de la Banda de Música y txistularis, y las gentes pasa­ron a ser más pacíficas o quizá más temerosas ante las consecuencias. Es tos bailes, posteriores a los años de 1940 sólo fueron unas reuniones de chiquillos alegres que desconocían las secuelas que dejó la postguerra civil española.</p>
<p>Más tarde, esta romería fue tomando formas de negocio y los barra­queros proliferaron con sus variadas casetas de tiro o rifas, autos de cho­que y tiovivos de caballitos, así como algunas churrerías, que con sus potentes altavoces llamaban a los clientes, abuelitos cariñosos que se dejaban seducir por sus pequeños retoños viéndoles gozar en los Babbys de caballi­tos.</p>
<p><strong>4.- Romería de San Isidro Labrador (15 de Mayo)</strong></p>
<p>Esta antigua romería de Retuerto fue organizada por la Hermandad de Labradores y Ganaderos del barrio barakaldés. Los actos religiosos se ce­lebraban en la iglesia de San Ignacio. Los festejos populares, así como el bailoteo, se hacían en Bengolea.</p>
<p>Con estos detalles el lector podrá hacerse idea de la influencia que tuvo San Isidro en el entorno rural barakaldés.</p>
<p><strong>5.- Romería de San Juan (24 de Junio)</strong></p>
<p>Sin duda alguna el origen de esta romería del barrio barakaldés de Zaballa tiene tanta antigüedad como el mismo barrio. Debemos suponer que en él se organizaban fiestas en la intimidad, ya que en el año 1700 apenas si había en el barrio media docena de caseríos. Las celebraciones pudieron ser a base de una buena comida, regada con buen txakolí, y en ellas participa­ban parientes y amigos de otros barrios, tal como era costumbre en aque­llos tiempos.</p>
<p>No se tiene ninguna referencia de si hubo alguna ermita en el lugar, pero sí de que la calle de San Juan, así como la de San Antonio, están si­tuadas en el término de lo que fue la Heredad de Rágeta, también conocida por &#8220;la casa quemada&#8221; de Rágeta, que perteneció al Convento de Merceda­rios de Burceña.</p>
<p>Cabe suponer que cuando Raimundo Loizaga construyó varias casas en esta zona, allá por el año 1880, se acordara de ponerle el nombre de ca­lle San Juan, en honor al Santo, hecho que aconteció el año 1897. En ese mismo año se rotularon algunas calles que, hasta entonces, sólo se cono­cían por la numeración de los caseríos.</p>
<p>Zaballa fue el barrio más privilegiado, ya que en él se construyó el nuevo Ayuntamiento el año 1891, así como una hermosa plaza con su quiosco para la música. Por si esto fuera poco también tenía un frontón. Ésta fue la razón de que estas fiestas fueran bulliciosas. Allí se daban las mejores atracciones, las churrerías, los puestos de tiro con ballestas, los tiovivos y hasta una tómbola.</p>
<p>La tradición de estas fiestas comenzó a perderse a raíz de la Guerra Civil y desapareció cuando el entonces Alcalde, Sr. Llaneza, mandó cons­truir una iglesia bajo la advocación de San José, cuando lo más lógico hu­biera sido dedicársela a San Juan.</p>
<p><strong>6.- Romería del Carmen (16 de Julio)</strong></p>
<p>La Romería del Carmen no es la más antigua, pero sí la más popular por ser la Patrona de Barakaldo.</p>
<p>No sabemos cuándo tuvo su origen esta popular romería, pero debemos suponer que data de 1854, fecha en que los hermanos Ibarra instalaron en el barrio del Desierto una fábrica a la que llamaron &#8220;Fábrica de Nuestra Señora de El Carmen&#8221; que, con el paso de los años, se convertiría en Altos Hornos de Vizcaya.</p>
<p>Polémica fue esta romería, pues los sestaoarras alegaron que tenían preferencia, ya que con anterioridad celebraban esta fiesta en la llamada Campa del Carmen o de San Francisco, en el lugar denominado La Punta de San Nicolás, donde los Carmelitas se instalaron el año 1719 y, cómo no, también tuvieron su iglesia dedicada a la Virgen del Carmelo.</p>
<p>Poco a poco la romería de Sestao fue perdiendo popularidad debido a que Barakaldo era un lugar más cómodo para todos aquellos que llegaban de la Zona Minera y pueblos adyacentes. Ésta fue la razón de que los sestaotarras terminaran por no celebrarla.</p>
<p>Lo más importante en las romerías de antaño era el baile. Cuando caía la tarde se formaban corrillos sentados en la hierba y, en familia, se meren­daban buenas y suculentas cazuelas de caracoles o de bacalao. El vino se servía en botas y éstas corrían de mano en mano para libar el &#8220;tintorro&#8221;, refrescando así los resecos gaznates que se desgañitaban cantando al son de la guitarra. Después se bailaba al son de los &#8220;pianillos de manubrio&#8221; o bien de acordeones. No faltaban las barcas de madera que funcionaban a empu­jones, ni las casetas donde, pagando unas monedas de cobre, se podía ver a &#8220;La mujer barbuda&#8221;, &#8220;El crucificado Taimu&#8221; o algún otro espectáculo, co­mo aquel que se anunciaba: &#8220;Sólo para hombres&#8221;, y en su interior única­mente había unos picos y palas.</p>
<p>Tras la Guerra Civil Española las fiestas barakaldesas de Nuestra Se­ñora del Carmen siguieron siendo familiares, pero con un estilo más abierto y señorial. Las tómbolas eran el mayor acontecimiento debido a los sorteos de cazuelas y pucheros, así como el de un jamón, pieza preciada en aquellos tiempos. No faltaba el circo, tiovivos de cadenas y caballitos, así como algunos toboganes. También pudimos ver cina, barracas, novilladas, regatas de botes, cucaña y suelta de patos en el río Galindo.lo</p>
<p>Solían celebrarse verbenas, pero éstas sólo duraban hasta las 12 (le noche. El último día, como broche final, se celebraba una biribilketa desde la campa del Carmen hasta la Plaza de Abajo (Plaza de Desierto) y, tras Ia quema de una traca, la gente se iba a dormir. Pobre de aquel que pretendiera hacer la fiesta por su cuenta: terminaba en la perrera.</p>
<p><strong>7.- Romería de San Ignacio (31 de Julio)</strong></p>
<p>No se recuerda de cuándo data la devoción del barrio barakaldés de Retuerto por San Ignacio de Loyola, pero sí es cierto que hubo una vieja ermita en el barrio (aún puede verse parte de un muro) que fue restaurada el año 1885. Esta iglesia, que amenazaba ruina, fue derribada a raíz de cons­truirse la actual parroquia del Sagrado Corazón de Jesús.</p>
<p>La Santa Misa era el comienzo de las fiestas y el bailoteo al son de las Bandas de Música y Txistularis. El baile se celebraba en Bengolea, donde los romeros podían saciar su sed en la milenaria fuente de Amézaga.</p>
<p>Esta fiesta barakaldesa, al principio, fue una más en el costumbrismo del pueblo. La suculenta comida familiar se hacía con la invitación a todos los parientes de otros barrios.</p>
<p><strong>8.- Romería de San Roque (16 de Agosto)</strong></p>
<p>La festividad de San Roque, en El Regato, siempre estuvo conside­rada como la romería más familiar, debido a que antaño era costumbre desplazarse hasta este bello rincón barakaldés para celebrar la romería campestre. Los medios para llegar solían ser unos carros tirados por tracción animal, enjaezados con ramas verdes, en los que se portaban los baldes metálicos con comida. Los chiquillos disfrutaban de lo lindo. Los más humildes romeros hacían su transporte bien en carros con pequeñas ruedas de rodamientos metálicos a los que había que empujar o bien iban con bol­sas de mano. El caso era llegar para coger sitio junto a las laderas del monte, al borde del pequeño cauce del río Castaños.</p>
<p>El barrio barakaldés de El Regato celebra una de las más antiguas rome­rías populares y familiares de la Anteiglesia. Los alegres regateros acostum­bran a festejar a San Roque, San Roquillo y al perrillo, tres días de fiesta y jolgorio.</p>
<p>La antigüedad de estas fiestas data de siglos atrás, cuando la ermita del Santo tuvo su enclave en la subida a Tellitu, precisamente allí donde se asienta el chalet de Jesús Baró.</p>
<p>En El Regato, después de que los creyentes oían la Santa Misa, se comía y bebía para luego cantar y bailar al son de las guitarras y, si alguno se &#8220;cocía&#8221;, no le faltaba lugar donde dormir la &#8220;mona&#8221;. Al anochecer, con cánticos, las gentes regresaban a sus hogares.</p>
<p>Estas fiestas tan íntimas y familiares se fueron perdiendo tras la Guerra Civil Española. Puede que algunos se pregunten el por qué y nada más fácil de contestar, veamos: los que peinamos canas y que por desgracia fuimos fruto de la posguerra, conocimos el hambre y los racionamientos, en estas condiciones, la procesión iba por dentro. Si sirve de ejemplo, les diré que el pan se puso a la venta libre el año 1953, luego ¿quién podía pensar en ir de &#8220;jamada&#8221; a la romería?</p>
<p>En los años posteriores, San Roque volvió a tomar auge e incluso volvieron las &#8220;comilonas&#8221;, pero algo había cambiado y la juventud buscaba más los bailables de Portugalete.</p>
<p>El Regato y San Roque siguen siendo una buena y popular romería pero de distinta forma y manera. El Regato, ahora, es un lugar de <sub>.</sub>juerga continua, ya que allí se dan cita la mayoría de despedidas, comuniones bodas y bautizos. ¡Así es la vida!, y San Roque sigue estando en EL Regato, para que los &#8220;castas&#8221; barakaldeses puedan seguir celebrando a San Roque, &#8220;Sanrroquillo&#8221; y al &#8220;perrillo&#8221;.</p>
<p><strong>9.- Romería de San Bartolomé (24 de Agosto)</strong></p>
<p>La ermita de San Bartolomé estuvo situada en la falda de la colina que desde San Vicente se desliza hasta la ribera del río Galindo. Se ha dicho que la antigüedad de esta ermita era tanta o mayor que la primitiva de San Vicente, anterior a la actual parroquia.</p>
<p>Dicen y cuentan que en este bello paraje salpicado de caseríos sitos en la falda que se desliza hasta la vega de Zuloko, se asentó la ermita del<strong> </strong>santo y que bajo los frondosos robles y castaños de la cañada de Errekatxu se celebraba la simpática romería.</p>
<p>La ermita y lo poco que quedaba de sus centenarias paredes fueron derribadas en el año 1900. La imagen del santo pasó a la parroquia de San Vicente, finiquitando así la popular romería de San Bartolomé.</p>
<p><strong>10.- Romería de Burceña (8 de septiembre)</strong></p>
<p>La romería festeja la Natividad de Nuestra Señora y, según parece, se remonta al año 1384, estando unida al Convento de los Padres Mercedarios. Sobre aquellas antiquísimas costumbres no es fácil hacer un relato, por eso nos trasladaremos a los años de 1940, cuando la ermita -hoy Parroquia- presidía las fiestas que se celebraban en la pequeña y mal empedrada plazoleta.</p>
<p>La Banda Municipal de Música y Txistularis amenizaba los festejos a cuyos sones danzaban las jóvenes parejas, mientras que los chiquillos mariposeaban por los pocos puestos de chicherías que se instalaban, y los mayores. Mientras tanto, oteaban desde la carretera añorando aquellos tiempos pasados del barrio.</p>
<p><strong>11.- Romería del Rosario (Segundo domingo de Octubre)</strong></p>
<p>Sobre las fiestas de Barakaldo siempre se dijo que comenzaban con San Vicnete y terminaban con el Rosario. De esta romería nadie podrá decir que cayó en el olvido, ya que el callejero barakaldés la recoge como calle del Rosario y su recorrido no resulta tan alegre ni romero, ya que finaliza a la puerta del Cementerio.</p>
<p><strong>12.- Romería de Aranguren (8 de Diciembre)</strong></p>
<p>Hace muchos años, hubo una ermita dedicada a la Inmaculada Concepción en el desaparecido barrio de Aranguren. Actualmente este barrio, así como la fuente de Iguliz, reposan bajo las aguas del pantano de Gorostiza.</p>
<p>El poeta Antonio de Trueba nos cuenta en una de sus más bellas leyendas cómo cierto banderizo juró ante &#8220;La Cruz más Santa&#8221; de la ermita de la Inmaculada junto a la Casa Torre.</p>
<p>Sobre esta romería barakaldesa poco o nada puedo contarles, salvo  que llegué a conocer tal y como era la ermita, situada junto al serpeante camino que llegaba a El Regato.</p>
<p>Una vez más debemos suponer que esta romería sería, poco más o menos como las demás: la Santa Misa y después la danza y la buena comida.</p>
<p>Carlos Ibáñez</p>
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		<title>Barakaldo (patrimonio industrial)</title>
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		<pubDate>Mon, 11 May 2009 23:56:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[1.- Ferrocarril del Regato El Ferrocarril partía de la desparecida Torre de Lutxana y tras cruzar el barrio, entraba por Retuerto en el valle del Regato. Desde Retuerto la caja del ferrocarril es perfectamente reconocible, con tramos en terraplén en Mengolea y Mesperuza. Después está parcialmente aprovechada por la carretera que hubo de construirse en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/05/el-carmen.jpg" class="floatbox" rev="group:1033 caption:`el-carmen`"><img class="alignright size-medium wp-image-1034" title="el-carmen" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/05/el-carmen-300x215.jpg" alt="el-carmen" width="300" height="215" /></a>1.- Ferrocarril del Regato</strong></p>
<p>El Ferrocarril partía de la desparecida Torre de Lutxana y tras cruzar el barrio, entraba por Retuerto en el valle del Regato.</p>
<p>Desde Retuerto la caja del ferrocarril es perfectamente reconocible, con tramos en terraplén en Mengolea y Mesperuza. Después está parcialmente aprovechada por la carretera que hubo de construirse en 1944 al quedar inundada la antigua con la construcción del embalse de Sefanitro.</p>
<p>Cerca de la estación de El Regato, cuyo edificio ha desaparecido recientemente, existen ruinas de puertos-cargaderos.</p>
<p>La prolongación de la línea hasta los montes del Cuadro presentó bastantes dificultades, puesto que había de salvar una distancia de 3.100 m. con una diferencia de nivel de 251 m. Esto obligó a establecer un plano inclinado entre la estación del Regato y la mina Juliana con dos secciones  diferenciadas que suman un total de 892m.. Parte del plano está ocupado en la actualidad por la carretera que da acceso al pantano de Oiola, tramo junto al que se encuentran dos cargaderos de caliza. Desde la cabeza del plano superior -fácil­mente reconocible- en Arnabal, partía el segundo tramo del ferrocarril que con una distan­cia de 2.745 m. llegaba hasta las minas Lejana. Manuelas y Pickuy en término de Ortuella. En esta zona se encuentran restos de planos, lavaderos, un horno de calcinación y balsas de decantación.</p>
<p><strong>2.- Cargadero y ferrocarril de Orconera </strong></p>
<p>Los cinco cargaderos de Orconera en Lutxana fueron inaugurados en 1877.</p>
<p>Eran estructuras palafíticas construidas con vigas y pilares de madera creosotada uni­dos en haces con pernos y cartelas metálicas. Se anclaban en estribos de sillares v en el fondo de la Ría. Disponían de dos pisos; el primero a 2,4 ó 5 m. según pleamar ó bajamar contaba con plataforma de madera inferior destinada al amarre de los buques al cargadero; el segundo nivel se situaba a una altura entre 8,6 y 11,2 m. sobre el nivel del mar y disponía de entarimado de madera que soportaba dos grupos de raíles sobre los que se desplazaban los vagones que descargaban directamente en las bodegas del barco.</p>
<p>En 1884 se realizan modificaciones en los cargaderos. Se prolongó el nivel superior mediante una plataforma móvil que girando alrededor de un eje horizontal se levantaba o bajaba como un puente levadizo valiéndose de una cadena enrollada en una polea de transmisión manual. La plataforma se bajaba para descargar los vagones, vertiendo éstos su contenido verticalmente dentro del barco mediante una tolva prolongada en un tubo teles­cópico, que podía acomodar su longitud a la altura de la marea v al nivel del mineral en la bodega. Cuando la carga finalizaba, la plataforma se levantaba para facilitar las maniobras del barco.</p>
<p>En los años veinte se llevaron a cabo nuevas modificaciones: dos de los cargaderos centrales se sustituyeron por uno nuevo dejando más separación entre ellos y permitiendo el acceso de buques con mayor eslora. A finales de la década se monta un cargadero de  estructura metálica.</p>
<p>Solamente uno de estos cargaderos existe actualmente. Aunque ha perdido la plataforma móvil, conserva el resto en bastante buen estado, incluidas sus poleas. Recientemente ha sido solicitada su incoacción de Bien de Interés Cultural.</p>
<p>Además del cargadero, en el mismo barrio de Lutxana se encuentran los antiguos talleres de reparación del ferrocarril, hoy día rehabilitados como Museo de la Técnica de Euskadi, así como cinco casas construidas en 1892 para los ingenieros de Orconera  que formaban parte de un extenso complejo con edificios de administración, zona deportiva, cine, &#8230; A la misma compañía perteneció la locomotora de vapor Espinal que se halla expuesta en la Escuela de Minas de Barakaldo, fue construida en 1887 por la empresa que Robert Stephenson tenía en Newcastle (Inglaterra).</p>
<p>La caja del ferrocarril circunvala en altura los barrios de Retuerto y Careaga en término de Barakaldo y los de Ugarte, Durañona y Zaballa en el Valle de Trápaga. En las inmediaciones de la estación intermedia, en el lugar conocido como Orconera (Ortuella) se reconocen restos de planos inclinados -el de la mina Carmen-, lavadero, depósitos e instalaciones más modernas, producto de la última época de explotación. En esta zona existen también algunas viviendas, restos de lo que fue el poblado minero de la compañía y una gran balsa de decantación.</p>
<p><strong>3.- Cargadero de Franco Belga (Réqueta)</strong></p>
<p>En 1886 se inauguraron los tres cargaderos de la Compañía <em>Franco Belga de las Minas </em>de Somorrostro. Originalmente los cargaderos disponían de una plataforma por donde se desplazaban las vagonetas antes y después de bascular sobre los barcos.</p>
<p>En 1914 se elaboró un proyecto más eficaz que se llevará a cabo diez años después. Consistía en un depósito con una capacidad de 70.000 Tn. y dividido en dos zonas con dos túneles por los que transcurrían sendas cintas transportadoras hasta trasbordadores localiza dos en los cargaderos 1 y 2. El depósito estaba alimentado por un tranvía aéreo que recogía el mineral previamente descargado por el ferrocarril sobre 4 tolvas.</p>
<p>En la actualidad sólo se conserva uno de los cargaderos, dos de las cuatro torretas de celosía de hormigón que soportaban la viga del tranvía sobre el depósito, así como parte de las tolvas.</p>
<p>El cargadero está formado por dos dados de hormigón y estructura arriostrada de madera y metálica que soporta cinta transportadora sin fin a 8 m. de altura y está conectada mediante otra cinta perpendicular a la base de una torreta de hormigón situada al pie del cargadero.</p>
<p>Al igual que el cargadero de <em>Orconera, </em>ha sido solicitada la incoacción de Bien de v:rw Cultural.</p>
<p>El trazado del ferrocarril de <em>Franco Belga </em>que abastecía a los cargaderos, atraviesa el casco urbano de Barakaldo constituyendo una barrera urbanística a la que ha debido supeditar eI plano urbano del municipio. Actualmente se están llevando a cabo obras para su remodelación como espacio de ocio público.</p>
<p><strong>4.- Oficinas</strong><strong> (A.H.V.)</strong></p>
<p>Edificio construido en 1911 dentro de un proyecto de ampliación de las primeras oficinas de la empresa, ya desaparecidas. A éstas se les añadió una altura y se construyó este edificio de nueva planta al cual se trasladaron el Salón de Juntas del Consejo de Administra­ción y otras dependencias del alto personal. Resultó un conjunto integrado por una decora­ción de gusto seccesionista. Fue obra de Manuel María Smith e Ibarra como también lo sería adosado de 7 pisos y planta de mariposa construido en 1946 que acoge actualmente las oficinas de A.H.V.</p>
<p><strong>5.- Naves del Blooming (A.H.V.)</strong></p>
<p>Formaron parte de un conjunto mucho más amplio, instalado en 1926 que integraba además una batería con cuatro convertidores <em>Bessemer.</em></p>
<p>Alojaron originalmente hornos de caldeo, un tren <em>Blooming </em>de la casa <em>Davv Brothers y </em>trenes de laminación de perfiles estructurales y carriles de la casa <em>Thyssen. </em>En los años cincuenta, dentro del plan general de remodelación de A.H.V., se incorporó un nuevo tren continuo y hornos de cámara en sustitución de los viejos hornos de caldeo. Trenes, hornos y convertidores<em> </em>fueron desmantelados en los años sesenta quedando los edificios como almacén de redondo y chatarra.</p>
<p>Desde un punto de vista arquitectónico, las naves representan el modelo más caracte­rístico de la sidero-metalurgia vizcaína. Construcciones diseñadas por los propios ingenieros de la empresa, con estructura descubierta de hierro laminado-roblonado que reticulan los entrepaños cerrados con ladrillo visto.</p>
<p>Arquitectura nada pretenciosa que no busca rendimiento de imagen en cuanto a la utilización de recursos ornamentales se refiere, evidentemente funcional, pensada como envoltorio de un espacio diáfano y neutro capaz de dar respuesta a necesidades diversas del proceso productivo.</p>
<p>Lamentablemente, mientras se escriben estas ideas se esta produciendo el derribo de las naves sin haberse tenido en cuenta las posibilidades técnicas de reutilización que sin duda posee el edilicio, ni su valor representativo como modelo arquitectónico característico de nuestro paisaje urbano: ubicado además en un lugar tan emblemático donde se instaló la<em> </em>primitiva fábrica de Nuestra Sra. del Carmen y los primeros hornos altos.</p>
<p><strong>6.- Edificio del grupo Ilgner (A.H.V.)</strong></p>
<p>Nve situada junto a las anteriores, de las que está separada por la carretera Bilbao-Santurtzi<em> </em>Se construyó en los mismos años para instalar la subcentral eléctrica que debía dar servicio a los trenes de laminación <em>Davy y Thyssen</em> suministrando y regulando sus necesidades de consumo eléctrico. Para ello dispuso de un grupo Ilgner de la casa Siemens-Schukert y otro grupo Ward Leonard.<em> </em></p>
<p>La nave es de estructura de hormigón con pilares de gran altura que verticalizan sus fachadas; estas se rematan con un frontón a dos aguas que confieren al edificio un aspecto de gran monumentalidad.</p>
<p>Su interior es de una gran riqueza decorativa, poco habitual en las construcciones de la siderurgia, con un zócalo de baldosa cerámica y terrazo con diferentes motivos.</p>
<p><strong>7.- El horno alto n° 5 de la Sociedad Echevarría (Santa Águeda)</strong></p>
<p>En estos momentos es el último alto horno de la antigua Sociedad Echevarría que aún queda por desguazar. Fue construido en 1949 con perfiles calculados para una producción máxima de 60 Tn. diarias de lingote de hierro.</p>
<p>El horno, ya sin uso, posee unas características que lo singularizan como el más idóneo para su utilización museográfica; sus dimensiones, pese a ser colosales, lo hacen uno de los más pequeños que existen actualmente en Europa. Sin embargo, las iniciativas encaminadas a conservar esta pieza ya arqueológica por parte de la administración vasca se han malogra­do, por lo que su achatarramiento parece próximo.</p>
<p>Aparte del perfil adoptado, el horno dispone de 4 toberas distribuidas uniformemente, para el soplado con el viento caliente, procedente de las estufas Cowper y soplantes también instalados en esta misma década.</p>
<p>Para el sostenimiento del horno se construyó una estructura metálica apoyada en ocho columnas de celosía metálica roblonada.</p>
<p>El cierre del tragante se realizaba por el sistema de cono y tapa hasta donde llegaba un montacargas trasladado por plano inclinado, todo ello accionado eléctricamente por mando a distancia.</p>
<p>Para evitar presiones excesivas del soplado y como seguridad contra explosiones, se instalaron, asimismo, dos válvulas de seguridad o «cascabeles».</p>
<p>Todos los materiales utilizados en la construcción fueron de procedencia nacional a del material refractario del crisol que hubo de importarse de Alemania.</p>
<p>En los años cincuenta se instaló el sistema de depuración húmeda de gases así como el electrofiltro para depurar los gases del horno y se cambiaron las viejas baterías de coque nuevas. La última remodelación de los hornos se llevó a cabo en 1976 dejando de funcionar en 1987.</p>
<p><strong>8.- Las naves de almacenamiento de fosfatos de ERCROS (Lutxana)</strong></p>
<p>Las naves de fosfatos de <em>Fesa-Ercros </em>están consideradas como el ejemplo más sofisticado y grandioso de estructura de madera -cerchas y soportes de todo el Estado. Hasta 1991 existían en Cáceres otras naves de usos y características similares, propiedad de la misma empresa.</p>
<p>Las de Lutxana se construyeron entre 1909 y 1912, época en que los nuevos materiales de construcción -hierro y hormigón- se estaban implantando definitivamente en la arquitectura industrial. Constituyen por tanto un extraordinario ejemplo de continuidad y permanencia de la arquitectura de madera, material considerado por su poco peso que le hacía adecuado para terrenos poco firmes y por ser casi insensible a la acción de los ácidos y sales. La fábrica, que originalmente perteneció a la <em>Sociedad General de Industria y Comercio</em>, se empezó a montar en 1907 aunque la Sociedad había sido creada en 1903 con partici­pación de la <em>Sociedad Española de la Dinamita </em>que ya disponía de otra fábrica de abonos en Elorrieta. En esta primera época, la empresa se dedicó a la fabricación de abonos minera­les y superfosfatos marca <em>Geinco. </em>En 1913 se instaló la planta de producción de ácido sulfúrico, ocasionando graves problemas de deterioro ambiental que fueron respondidos por los vecinos con protestas en la vía pública reclamando la desaparición de dicha planta por temor a los gases hiponítricos que desprendía. El Ayuntamiento, no obstante, accedió a dar el visto bueno a dicha instalación «siempre y cuando fueran retenidos los gases y se procura­se reducir al mínimo, en cantidad y tiempo la imprescindible fuga de los mismos».</p>
<p>En 1927 la Sociedad es absorbida por la <em>Unión Española de Explosivos Rio Tinto S.A.</em> ampliando la gama pro­ductiva con nuevos tipos de fertilizantes. A finales de los años ochenta entra en <em>Fertilizantes Españoles</em>, perteneciente al grupo <em>ERCROS, </em>razón social bajo la cual se cierra la fábrica de manera definitiva en 1992.</p>
<p>Las naves de almacenamiento y maduración de fosfatos se ubican junto al cauce del Cadagua y un muelle propio donde atracaban los barcos con fosfatos provenientes del Sahara Occidental (Bucra), Sinaí, Tampa&#8230;</p>
<p>La materia prima recién llegada se almacenaba en las naves más próximas al muelle, en espera de su tratamiento con ácido sulfúrico. El resto se reservaba a la maduración del producto resultante o superfosfatos.</p>
<p>El edificio que ocupa más de 10.000 m2 esta dividido en diez naves, ocho de las cuales se construyeron entre 1909 y 1912 y las otras dos en 1932. Las naves, de 13 m. de luz y 80 de largo, están separadas por hileras de 16 pilares de madera de pino-tea <sup> </sup>que soportan complejas cerchas del mismo material mediante capiteles-zapata y llamativas tornapuntas que unen directamente los pilares con los pares de las cerchas.</p>
<p>Cada nave dispone de diversos pasillos aéreos por los que circulaban vagonetas manuales que transportaban el abono en el interior del edificio.</p>
<p>Las uniones y encepados entre los pasillos y los tirantes, sobre los que van apoyados, conforman un entramado de madera de llamativa celosía.</p>
<p>Tanto su sistema constructivo como el espacio escénico creado en su interior por pilares y cerchas confieren a la nave un indudable valor a lo que hay que añadir la calidad de la pino-tea utilizada, la cual se encuentra en un perfecto estado de conservación pese a los años transcurridos.</p>
<p>Proyectos de reconversión e implantación de nuevas industrias en esta zona, ponen en peligro el futuro del edificio.</p>
<p><strong>9.- La Central Térmica de Burceña</strong></p>
<p>La primera central de Burceña fue construida en 1907 en virtud de un contrato entre la <em>Sociedad Hidroeléctrica Ibérica y la Sociedad de Tranvías y Electricidad de Bilbao</em>. Sus<em> </em>ocho primeras calderas acuotubulares daban servicio a 3 turbinas con una potencia total de 8.000 KVA.</p>
<p>Veinte años después, la Hidroeléctrica <em>Ibérica </em>queda como única propietaria y lleva a cabo una ampliación de la Central instalando 3 nuevas calderas <em>Babcock &amp; Wilcox </em>v una turbina <em>Brown Boveri </em>de 12.500 KVA en un nuevo edificio que combinaba soportes metálicos y de hormigón, con una imagen externa de macizos v huecos. Para su construcción se siguió el proyecto de Federico de Ugalde, arquitecto que había realizado en 1907 la fábrica de harinas de <em>Molinos Vascos </em>en Zorroza, un admirable edificio industrial situado a escasos metros de la Central y por fortuna aún en pie.</p>
<p>Durante los años treinta, la Compañía pensó ampliar la potencia instalada con la incorporación de un nuevo grupo. La ampliación no se pudo realizar hasta pasada la Guerra Civil. Durante los años 40, tras la creación de <em>Iberduero </em>se lleva por fin a cabo la remodelación construyéndose un edificio de nueva planta que albergará al grupo instalado en 1927 y otro nuevo de 16.000 KVA con tres calderas de 35 Tn/h de vapor; una vez concluido se derribaron los viejos edificios hasta entonces existentes.</p>
<p>El nuevo edificio se proyectó con dos naves formando una L, una para las calderas y la otra para las turbinas. En ambas la estructura de hormigón armado soporta una cubrición con cerchas metálicas y tejado a dos aguas camuflado exteriormente por frontones rectos. Los vanos de proyección vertical y los volúmenes geométricos conceden al edificio una monumentalidad y racionalidad dignas de la mejor arquitectura industrial, representativa y funcional al mismo tiempo.</p>
<p>Actualmente no tiene ninguna función productiva, habiéndose desmantelado los dos grupos allí instalados. Únicamente perdura, aunque inactivo, el grupo 3 montado en 1957 por General Electric en un edificio adosado al interior.</p>
<p><strong>10.- Viaducto del ferrocarril sobre el Cadagua (Burceña)</strong></p>
<p>Para salvar los ríos Cadagua y Galindo, Pablo de Alzola diseñó sendos puentes metáli­cos. El puente de Burceña sobre el Cadagua, que todavía se conserva aunque fuera de uso, consta de un doble cajón con vigas de 65 m. de longitud y 5,40 de altura y apoyada sobre estribos de sillar.</p>
<p>Las vigas son de cabeza curva, poco frecuentes en los ferrocarriles españoles, y cons­truidas con hierros laminados arriostrados que forman una malla muy tupida. Esto, además de unas medidas poco proporcionadas son la causa de la falta de esbeltez del puente, reconocida por Alzola pero justificada con razones de ahorro económico que sin duda debieron pesar en el ingeniero si tenemos en cuenta que él mismo era socio y copropietario del ferrocarril Bilbao-Portugalete.</p>
<p>El paso del Cadagua entre Zorroza y Burceña fue durante todo el siglo XIX lugar de aportaciones novedosas en la construcción de puentes. Ya en 1823 se había levantado un puente colgante de cadenas, primero de su modalidad en España: disponía de un solo tramo de 68 m. de luz y fue obra del arquitecto Antonio de Goicoechea. Tras su hundimiento en 1869 por causa del desbordamiento del río, siete años después sería sustituido por el primer puente metálico realizado en Bizkaia. Fue proyectado por Adolfo Ybarreta y construido por la compañía francesa de Le Creusot. Como el de Alzola utilizaba una viga Warren, sistema de origen americano, pero de malla más diáfana y aspecto menos reforzado, ambos puentes, separados por escasos metros compartieron el mismo escenario hasta que el de Ybarreta fue volado durante la Guerra Civil.</p>
<p><strong>11.- La estación de Lutxana</strong></p>
<p>Aunque fue construida como estación término del Ferrocarril de La Robla, pronto acabaría por dar servicio a la línea de Portugalete.</p>
<p>Con sus 340 km. que unían León y Lutxana, el Ferrocarril de La Robla ha sido la línea más larga de las de vía estrecha en todo el Estado.</p>
<p>También conocido como «el Hullero», nació para acercar el carbón leonés a laindus­tria bilbaina, si bien su vocación minera convivió con su faceta de tren de viajeros.</p>
<p>En 1894 se inauguró el tramo entre La Robla y Balmaseda. En 1900 se decidió mejorar el servicio y se montó una nueva vía entre Balmaseda y Lutxana, donde podría enlazar con A.H.V. y los muelles de la Ría sin la servidumbre que suponía utilizar la vía del Santander­ desde Valmaseda. El nuevo enlace entró en servicio el 15 de diciembre de 1902, al mismo tiempo que la nueva estación a la que se dotó de todos los elementos necesarios para el establecimiento del tráfico combinado con la vía ancha de Bilbao-Portugalete. Pocos años después, ambas líneas pasaron a compartir el mismo edificio, situación que subsiste en la actualidad.</p>
<p>El edificio-estación se construyo con dos alturas como casi todos los del ramal Balmaseda-Lutxana. Sin embargo, por las características ya apuntadas de estación terminal y enla­ce y sus mayores dimensiones perimetrales se puede considerar como estación de primera clase dentro de las tres categorías que dividió sus estaciones el ferrocarril de la Robla. En 1931 se reformó el vestíbulo y se habilitaron viviendas para el personal.</p>
<p>La conservación del edificio parece asegurada por su utilización como estación de RENFE<em>. </em>Tristemente no ocurre lo mismo con la línea de La Robla, clausurada definitivamente hace escasas fechas después de prestar servicio durante casi cien años.</p>
<p><strong>12.- Presa del Pantano Viejo (El Regato)</strong></p>
<p>Finalizada en 1897, significó una gran innovación, no solo por su tipología estructural, sino especialmente por utilizar hormigón. Con esta aportación técnica, la presa de El Regato se incorporaba a la nueva vanguardia constructiva del siglo XX, dominada por el uso de este material.</p>
<p>A finales del siglo XIX durante los meses estivales las industrias de la margen izquierda tenían problemas de abastecimiento de agua. La utilización de aljibes flotantes, carros y el empleo de agua de mar en los generadores de vapor no impedía que con demasiada frecuen­cia se suspendieran las labores por falta de agua dulce.</p>
<p>En 1885 José de Echevarría y Rotaeche se planteó la necesidad de construir dos presas en los arroyos de Castaños y Oiola para satisfacer las crecientes demandas tanto de la población como de las industrias. La oposición del Ayuntamiento de Barakaldo y de <em>Luchana</em> <em>Mining Companv </em>redujo la iniciativa a una sola presa en Castaños, rebajando además la altura propuesta por Echevarría de 30 m. y a cambio de la cesión al municipio de 12 litros de agua por segundo.</p>
<p>En 1898 se cedió la utilización de las aguas a la fábrica de La Iberia de Sestao y finalmente, pocos años después, la recién creada <em>Altos Hornos de Vizcaya</em> se hacía con la propiedad del embalse destinando sus aguas a la refrigeración de los hornos altos y conser­vando los compromisos adquiridos con el Ayuntamiento.</p>
<p>Pasada la Guerra Civil (1945), A.H.V. y su empresa filial <em>Sefanitro </em>levantaron una nueva presa -la de Gorostiza- aguas abajo del río Castaños.</p>
<p>La presa es de arco-gravedad, cuya planta, una amplia curva entre los estribos, es de 74 m. de longitud. Su anchura es de 15 m. en la base y 2,50 en la coronación, con 20 m. de altura máxima.</p>
<p>La característica constructiva más relevante la constituye el hecho de ser la primera presa construida en España totalmente con hormigón sin revestimiento alguno. El cemento <em>Portland </em>hubo de importarse de Bélgica y los áridos se extrajeron de una cantera caliza excavada en el mismo vaso del embalse. El hormigonado se realizó por tongadas sucesivas, impermeabilizandose posteriormente el paramento de aguas arriba mediante capas asfálti­cas.</p>
<p>Tiene un curioso sistema de evacuación de excedentes que consiste en un aliviadero natural al que llega el agua por una acanaladura realizada en la coronación.</p>
<p>En la actualidad, cercano va el centenario de su construcción, el estado general de conservación es bueno; no obstante, el muro de la presa presenta problemas de filtraciones, entre tongada y tongada. Por otra parte, la capacidad del embalse (0,16 hm3) se ve sensiblemente disminuida debido al aterramiento del vaso.</p>
<p>Desde una perspectiva medioambiental, el «pantano viejo» constituye un ecosistema interesante vegetación y fauna, siendo además una zona idónea para actividades  de esparcimiento.</p>
<p><strong>13.- Matadero Municipal</strong></p>
<p>El Reglamente de Policía e Higiene de 1886 obligaba a todos los municipios de la Margen Izquierda al sacrificio de reses para el consumo público en recintos cerrados y  bajo la vigilancia de un inspector.</p>
<p>Siguiendo dichas ordenanzas, en aquellos años se construyó en La Punta un matadero, que con el aumento demográfico y las consiguientes necesidades alimenticias del municipio acabaría por ser insuficiente a principios de siglo. Esto impulsó la construcción de un nuevo matadero cuyo emplazamiento fue resuelto de modo muy discutido, aceptandose finalmente los terrenos de Zaballa propiedad de los Sres. Loizaga y Vildosola entre varias ofertas presentadas.</p>
<p>El lugar, demasiado céntrico y mal comunicado terminaría por ser absorbido por el plano urbano de Barakaldo. Tampoco era la ubicación más idónea desde el punto de vista higiénico.</p>
<p>El edificio, obra del arquitecto municipal Alfredo Acebal, fue inaugurado en 1918. Se siguió muy de cerca, tanto en el aspecto arquitectónico como en las instalaciones mecánicas, el modelo del matadero de Mataró (Barcelona) que construido pocos años antes gozaba de un gran prestigio y se había convertido en lugar de referencia para la construcción de mataderos modernos en toda España. De hecho, sus propietarios -Casa <em>Metzger- </em>fueron encargados de proyectar todas las vías aéreas para la conducción de canales y los medios de elevación, sanidad y control aplicados en el matadero de Barakaldo.</p>
<p>Las instalaciones que funcionaron ininterrumpidamente hasta 1985, se componían de un edificio central dedicado a la matanza de ganado y varios edificios, ya desaparecidos, que alojaban tripería y establos.</p>
<p>El edificio central, cuya rehabilitación parece inmediata gracias al proyecto de instalación de una Escuela de Idiomas, dispone de tres naves y una casa de doble altura con sus ejes longitudinales encontrados en un patio central de cubierta acristalada. Las naves presentan una planta basilical con dos hileras centrales de columnillas de fundición sobre las que se apoya un linternón corrido. Los muros de ladrillo están abiertos por amplios vanos -tripartitos adintelados &#8211; que garantizan una adecuada iluminación y oreo en las zonas de matanza.</p>
<p>Exteriormente, el edifico muestra una interesante ornamentación, utilizando el ladrillo visto para resaltar verticalmente los elementos estructurales.</p>
<p>Mientras, frisos, cornisas y frontoncillos escalonados decorados con motivos geométricos circundan perimetralmente el conjunto.</p>
<p>El funcionalismo de las naves, propia de la arquitectura industrial, se enmascara con la riqueza léxica del ladrillo conjugando al mismo tiempo la sinceridad del racionalismo constructivo y la necesidad de promocionar de forma atractiva la imagen del edificio.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>14.- Plaza del mercado</strong></p>
<p>En los años veinte, el crecimiento de Barakaldo hacia la parte alta del municipio, decidió al Ayuntamiento a edificar una nueva plaza del mercado n el centro del casco urbano, junto a la Plaza de los Fueros, toda vez que el viejo mercado del Desierto no solucionaba ya las necesidades que los nuevos barrios iban adquiriendo.</p>
<p>El edificio fue proyectado por Ismael de Gorostiza e inaugurado en 1931.</p>
<p>Su estructura de hormigón permitía una mejor iluminación y ventilación de sus tres pisos: la planta baja, originalmente destinada a almacenes y cámaras frigoríficas: la primera planta que alojaba los puestos de hortalizas en el centro y de carne  y pescado en puestos alineados en su perímetro; y el segundo piso que se reduce a un halcón en voladizo sobre la planta central para facilitar su iluminación cenital.</p>
<p>Exteriormente, las fachadas destacan por su cromatismo, resultado de la combinación de ladrillo, azulejo y reflejos metálicos.</p>
<p><strong>15.- Cooperativa Bide Onera</strong></p>
<p>La Cooperativa Vasca Bide Onera se creó en 1920 por iniciativa de 250 socios fundado­res y como alternativa a la Cooperativa de Altos Hornos de Vizcaya. Un año después se abrió el primer establecimiento en un caserío situ en Landaburu y en 1927 se construye un edificio de cinco pisos proyectado por lsmael de Gorostiza donde se instalará finalmente la cooperativa de  Consumo.</p>
<p>Hasta la Guerra Civil existió una cierta conexión entre la entidad y el Sindicato Solidaridad de Obreros Vascos; con la toma de los nacionales y la posterior depuración de empleados, pasó a denominarse <em>Cooperativa de Consumo La Cruz</em>.</p>
<p>El edificio de estilo neovasco presenta una planta arqueada sobre la que destacan dos hiladas de miradores exentos poliédricos redondeando las esquinas.</p>
<p>En 1966 se inauguró un nuevo edificio de seis plantas adosado en su fachada trasera. Recientemente ha sido remodelado todo el conjunto respetando íntegramente la fachada exterior del edificio de 1927.</p>
<p><strong>16.- La vivienda obrera. Las Casas Baratas.</strong></p>
<p><strong><em>Casas de Orconera (Lutxana)</em></strong><strong><em> </em></strong></p>
<p>En el barrio de Lutxana aún existen cinco de las casas que la <em>Compañía </em><em>Orconera </em>construyera a finales del XIX. Formaban parte de un conjunto residencial más amplio, que comprendía además un extenso parque con un palacete central e instalaciones deportivas hoy desaparecidos. Este espacio ha sido reconvertido recientemente por el Ayuntamiento de Barakaldo en Parque de Orconera.<em> </em></p>
<p>Las casas se empezaron a construir en 1891 -las dos primeras- de acuerdo con los planos de Manuel de Otaduy, por encargo de William Gill, director gerente de la Compañía <em>Orconera, </em>para dar alojamiento a los altos cargos de la empresa. Recuerda el modelo de ciudad-jardín inglés.</p>
<p>Las casas de <em>Orconera </em>constituyen un antecedente del modelo de barriada obrera que se va a desarrollar en los años veinte con la promulgación de la Ley de Casas Baratas y de las que existen numerosos ejemplos en Barakaldo.</p>
<p><strong><em>Casas de AHV (San Vicente)</em></strong></p>
<p>Encargadas por <em>A.H.V</em>. a Manuel María Smith en 1916. Se construyeron en dos fases, en la primera se levantó un conjunto de doce casas, estilo Old English, que combinada viviendas unifamiliares, dobles y triples en un solar en forma de L. El proyecto original, que pretendía la construcción de doce tipos de casas diferentes, hubo de ser simplificado, pese a ello, las condiciones sanitarias y el confort eran muy superiores a otros proyectos similares realizados en esta época.</p>
<p>En 1918 se llevó a cabo la segunda fase, con once casas de tres alturas formando una manzana alineada con las anteriores; aunque el programa de las viviendas era el mismo, se alejaba totalmente del modelo de ciudad jardín inglesa con un resultado mucho más monótono.</p>
<p>Se construyeron para ser ofrecidas en alquiler a los trabajadores de la empresa. Difiere, por tanto, del planteamiento de las Cooperativas Obreras de Casas Baratas.</p>
<p><strong><em>La Familiar (Beurko)</em></strong></p>
<p>Se construyó entre 1923 y 1925 por iniciativa de 80 socios, en su mayoría obreros de AHV. Los arquitectos fueron Manuel Camarón y Santos Zunzunegui.</p>
<p>El coste total de la obra fue de 780.615 pts. a pagar por los propietarios de la siguiente manera: 54 casas de dos fachadas a 9.288 pts/casa, 24 casas de tres fachadas a 10.190 pts/casa y dos de planta baja a 7.932 pts/casa.</p>
<p>Las casas forman siete hileras de casas adosadas perpendicularmente a la antigua vía de Franco-Belga. Una de las hileras queda cortada por un edificio exento y transversal que originalmente fue el centro cívico del barrio. El 60% de la superficie total es superficie abierta no construida.</p>
<p><strong><em>La Tribu Moderna (Bagaza)</em></strong></p>
<p>En 1923 se crea la <em>Sociedad de Casas Baratas La Tribu Moderna</em>; con 50 socios trabajadores de AHV que en régimen de cooperativa y mediante el trabajo personal tienen como objetivo construir 50 casas. Aprovecharon las escorias producidas en los hornos altos para la cimentación y tuvieron que hacer aportaciones de 98.320 pts. en metálico y 51.238 horas de trabajo personal para pagar el coste total del barrio de 520.917 pts.</p>
<p>La obra se terminó en 1925 y se llevó a cabo según el proyecto de Ismael Gorostiza.</p>
<p>Las cincuenta viviendas están unidas y alineadas de 4 en 4 perpendicularmente a la vía de Franco-Belga (inicialmente se planteó el alineamiento paralelo a la vía, luego se desestimó por la mala orientación de las casas respecto a los vientos predominantes). La relación entre superficie construida y el total del terreno es de un 35% y 65% respectivamente.</p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em>El Hogar Futuro (Andicollano)</em></strong></p>
<p>El proyecto se lleva a cabo por encargo de la <em>Sociedad Cooperativa El Hogar Futuro</em> formada por trabajadores de AHV que compran 3.296 m2 en 1923, año en que dan comienzo las obras. La sociedad consiguió un préstamo de 205.000 pts. teniendo que realizar una aportación total de 100.902 pts. y 12.466 horas de trabajo personal. Se construyeron 31 viviendas adosadas según los planos de Ismael Gorostiza.</p>
<p>Inicialmente cada casa tenía 4m hasta el muro que daba acceso a la calle principal y un terreno de 36 m2 en la trasera. Las casas se alinean escalonadamente a la derecha de la carretera que une los barrios de Lutxana y Cruces. En la actualidad sólo quedas 12 de las viviendas originales habiendo desaparecido la hilera que se alineaba en la otra orilla de la carretera por causa de su ensanche.</p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em>La Esperanza (Arteagabeitia)</em></strong></p>
<p>En 1925 se forma la sociedad cooperativa constituida por trabajadores de <em>AHV</em> que aportan dinero y trabajo personal. El precio de las casas osciló entre 11.470 pts. y 12.943 según se tratase de casa adosada o aislada.</p>
<p>Las obras se realizaron conforme al proyecto de Santos Zunzunegui. Se construyeron 32 viviendas que fueron inauguradas en 1927. La superficie construida se organiza en tres filas de casas; dos de ellas agrupadas mediante patios formando manzanas.</p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em>El Porvenir (Arteagabeita)</em></strong></p>
<p>La <em>Sociedad El Porvenir</em> se constituyó en 1924, siendo sus miembros trabajadores de AHV que aportaron 60.947 pts. y 50.194 horas de trabajo. El coste total del proyecto fue de 405.756 y tuvieron un crédito de la Diputación de 154.671 pts.</p>
<p>Se edificaron 35 casas según los planos de Ismael Gorostiza. Las casas se agrupan en dos hileras separadas por una calle de diez metros reservando la trasera para huerto.</p>
<p><strong><em> </em></strong></p>
<p><strong><em>Baterías de coque (Arteagabeitia)</em></strong></p>
<p>La sociedad fue constituida por un grupo de 30 obreros que trabajaban en los hornos de coque de <em>AHV</em> y se agruparon bajo la base de contribuir con cuotas semanales para constituir un pequeño capital inicial para la compra del terreno y primeros gastos, estando dispuestos a poner su esfuerzo personal en la construcción de las casas, en las horas libres compatibles con su cargo y obligaciones. El coste total del barrio fue de 305.432 pts.</p>
<p>Las obras se realizaron según planos de Ismael Gorostiza y se acabaron en 1924. El barrio se ubica junto al grupo de El Porvenir con el que <span style="text-decoration: underline;">g</span>uarda alineamiento.</p>
<p><strong><em>La Felicidad (Zaballa)</em></strong></p>
<p>El proyecto y realización de las obras es de 1931 con un coste de 566.340 pts. Como en la mayoría de la Casas Baratas de Barakaldo, el arquitecto encargado fue Ismael Gorosti­za</p>
<p>El grupo tiene forma de U  aceptando la línea de la calle en la cual se ubica. En total son seis casas dobles de cuatro alturas, es decir 48 viviendas</p>
<p><strong><em>La Providencia (Santa Teresa)</em></strong></p>
<p>Se construyeron en 1927 por iniciativa de la <em>Sociedad </em><em>La Providencia de España</em> y planos de Ismael Gorostiza. Las obras se llevaron a cabo en dos fases hasta completar un total de 22 casas alineadas en dos hileras separadas por una calle de 7 m. de ancho. Hoy día sólo quedan en pie la mitad de las viviendas, a las que se han adosado edificios de mayor altura.</p>
<p>José Eugenio Villar</p>
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		<title>Leyenda de Peñas Blancas</title>
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		<pubDate>Mon, 11 May 2009 20:47:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Esta leyenda se remonta a los lejanos años de 1700, siendo su escenario uno de los más bellos lugares de la anteiglesia barakaldesa. Las laderas, que desde Peñas Blancas se deslizan por la barranca de El Regato, hacen soñar a las cristalinas aguas en sus cantarines arroyos. Tras un suave deslizar afluyen al Castaños y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/05/foto5_m_b.gif" class="floatbox" rev="group:1030 caption:`foto5_m_b`"><img class="alignright size-medium wp-image-1031" title="foto5_m_b" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/05/foto5_m_b-300x224.gif" alt="foto5_m_b" width="300" height="224" /></a>Esta leyenda se remonta a los lejanos años de 1700, siendo su escenario uno de los más bellos lugares de la anteiglesia barakaldesa.</p>
<p>Las laderas, que desde Peñas Blancas se deslizan por la barranca de El Regato, hacen soñar a las cristalinas aguas en sus cantarines arroyos. Tras un suave deslizar afluyen al Castaños y Oiola, y éstos a su vez resbalan para formar el río Galindo, ya cercano en su desembocadura al río Nervión.</p>
<p>Los ricos pastos de las laderas eran triscados por las blancas ovejas que, con su balar, contrastaban con el mugir de los numerosos terneros. Los cencerros hacían el contrapunto sonoro de lo que pretendía ser una melodía, tan sólo escuchada por los pocos aldeanos que moraban en tan hermoso lugar. No lejos de los pastizales limitaban los bosques, donde los milenarios castaños y robles daban cobijo a las más lindas avecillas canoras, así como también a las más variadas &#8220;plumíferas&#8221; de la nocturnidad. Era abundante la fauna e incluso, según aseveraron los nativos, abundaban unos seres vivientes de sucios harapos, cuyos largos y greñosos pelos escondían las coloradas y breñosas narices de unas malignas mujeres llamadas brujas.</p>
<p>- Pues sí, es verdad que entre los bortales se esconden las brujas. Hace años que vamos notando las cosas más raras que ocurren en Peñas Blancas. Vemos grandes hogueras nocturnas y luego no somos capaces de encontrar los restos de madera calcinada, parece cosas de brujas &#8211; comentaba una anciano del lugar de Tellitu.</p>
<p>- Ya ves Josetxu que los fenómenos de la naturaleza son más frecuentes en verano y más cuando el calor aprieta. Creo que tenemos que ser cautelosos, ya que de lo contrario el señor cura nos puede perjudicar. Yo no dudo de que hay brujas, pero &#8230;pero&#8230; -decía resignado Patxi, un octogenario aldeano de Aranguren.</p>
<p>- Tenemos que tomar alguna determinación -decía el vejete de Tellitu- a la vez que, sin disimular, hurgaba con sus uñas por debajo de su mugrienta boina.</p>
<p>- Algo malo nos puede pasar si no nos guardamos de esas pécoras danzantes y, algo peor, si se enteran de nuestras creencias. Por eso creo que será mejor callar y andar. Hay veces que me acuerdo del pastor de Samundi, que el pobre contó sus andanzas al confesor y nunca se supo si fue cosa del Diablo o del clero, pero lo cierto es que nadie ha sabido dar razón de su paradero -comentó en voz baja el buenazo de Patxi.</p>
<p>Pasó algún tiempo en el que el barrio de El Regato no notó ninguna alteración &#8220;brujeril&#8221; y si algo ocurría no tenía trascendencia, quizá por el temor a las interpretaciones que hubiera lugar.</p>
<p>Cierta soleada mañana del mes de agosto, los nativos del barrio se dieron cita junto a la ermita de San Roketxu. Todos eran aldeanos &#8220;regateros&#8221; que se reunían para festejar el día de su Santo Patrón. Entre cordiales saludos, abrazos, apretones de manos y algunos besos entre los más íntimos, fue transcurriendo el tiempo hasta la llegada del señor cura, cuya ridícula figura se acrecentaba aún más al apearse del pequeño burro que le transportaba.</p>
<p>- Buenos días don Baudilio -exclamaron casi aún tiempo los presentes -¿Qué tal está usted, señor cura? -preguntaban a la vez que besaban la mano del mofletudo cura, mientras que &#8220;boquiabiertos&#8221; niños miraban al portador del bonete y sotana, como diciendo: &#8220;¿Quién será este bicho raro?&#8221;</p>
<p>-¡Saludad al señor cura! -dijo a los niños una aldeana de Burzako.</p>
<p>-Buenos días tenga usted, señor cura -acertaron a decir la escasa decena de pequeños romeros.</p>
<p>- Estos chiquillos tienen maneras de ser inteligentes, por eso espero que no los malogréis con todas esas cosas que se rumorean en San Vicente. No es bueno creer en brujas porque además de ser un gran pecado mortal, atentáis contra la fe. Vosotros tenéis que creer, pero en lo que yo os diga, de lo contrario algún día puede que seáis pasto de las llamas del infierno. -amenazó el patizambo curilla.</p>
<p>- Mire usted, señor Baudilio, en San Vicente se ignoran muchas cosas de las que ocurren en El Regato -dijo valientemente Patxi.</p>
<p>-Ya lo creo que sí. No es lo mismo predicar que dar maíz y difícilmente no podrá cambiar de opinión, cuando todos sabemos lo que está pasando. Hay muchos aquelarres de lamias en las cercanías, pero ocurre que usted opina como Santo Tomás: ¡Ver para creer!, y para ver hay que estar aquí &#8211; después de estas palabras se ruborizó el rostro de Arantza, la esposa de Patxi.</p>
<p>- Bueno, oigamos la santa misa y después ya charlaremos largo y tendido, y conste que todos estos chismes los pondré en conocimiento de los superiores &#8211; sentenció el cura.</p>
<p>Mucho tiempo duró el oficio religioso, debido a que don Baudilio se explayó en su arenga para con los asistentes al rito, a la vez que les estimulaba con la fe y la oración, sin darse cuenta que los bostezos hacían aparición entre los míseros a la vez que algunos chiquillos pedían a sus madres con señas que querían hacer sus necesidades. Pero el cura, erre que erre, seguía dando la turrada y más, a sabiendas, de que en este lugar sagrado, nadie le llevaría la contraria.</p>
<p>Salían ya de la ermita para dirigirse a la pequeña llanada en el lugar de Euskauritza, cuando Txomin, el de Urkullu, con todo respeto y buenas palabras le dijo al cura:</p>
<p>- Don Baudilio, usted ha pretendido embaucarnos con sus palabras desde el púlpito, pero lo único que ha hecho es amenazarnos, y nos ha dejado a boqueras. Y tocante a las brujas haberlas &#8220;haylas&#8221;, y no muy lejos de aquí, ahí arriba en Tellitu. Puede hallar la verdad de cuanto le estoy diciendo.</p>
<p>- ¡Hijos míos! Veo que no nos entendemos y así no iremos a ninguna parte. Estoy pensando que sois todos unos herejes a la vez que posesos.</p>
<p>- ¡Mire usted, señor cura! &#8211; insinuó Manuel -. Hace unos meses que estuvimos en el Ayuntamiento y el señor Alcalde nada nos solucionó aparte de decirnos que estas cosas eran sagradas y por lo tanto pertenecientes a la iglesia, y ahora resulta que nosotros somos los únicos culpables de cuanto ocurre en este barrio.</p>
<p>- Luego&#8230; ¿ a quién tenemos que reclamar? -preguntó Perico, un viejo pastor, cuyas ovejas, según aseguró, hacía dos años que apenas si daban leche y mal engendraban crías debido a los sustos que le producían al ganado los aquelarres, cuyas llamaradas originaban espantadas dentro de su redil.</p>
<p>- No solamente creo, sino que estoy completamente seguro de que terminareis por ir todos de cabeza al infierno -aseguró don Baudilio -. ¿Pero cómo es posible creer en semejantes tonterías? Yo quiero realidades y no bobadas, así que ya sabéis, portaros como Dios manda. ¡Ah, otra cosa!. Quiero deciros que por seis monedas de dos céntimos que habéis depositado en mi bonete, no estoy dispuesto a molestar a mi borrico en traerme hasta aquí. ¡Sois unos miserables! El templo está ruinoso y con doce céntimos no se puede hacer el milagro de retejar la ermita, así que será mejor que os preocupéis de repararla en vez de decir tonterías.</p>
<p>- ¡Amén! -acertó a decir uno de los chiquillos, a la vez que se escucharon algunas risas.</p>
<p>-¡Caramba con el niño! No le he visto rezar en la ermita y ahora sin más ni más acaba la oración -dijo con muy mala gaita el curilla.</p>
<p>- Señor cura -insistió el viejo pastor- usted tiene que darnos alguna solución sobre el origen de esas improvisadas fogatas que aparecen en la noche. De no ser así será mejor ir al infierno de una vez a tener que vivir en él constantemente en la tierra. Y le juro, que ya sólo me falta dialogar con Satanás.</p>
<p>- ¡Qué dices, miserable pecador! Debes de tener más respeto con la autoridad eclesiástica. Te aseguro que comunicaré al Señor Obispo tus herejías, así como tu ultraje al clero -amenazó una vez más el cura.</p>
<p>- No sea terco don Baudilio, y escuche y después juzgue si tenemos o no razón y proceda en consecuencia. Sepa que no aseguramos que haya brujas o no, pero sí le certificamos que aquí están pasando verdaderas brujerías.</p>
<p>-Manu, cuéntale al padre lo que ocurre -animó Patxi al viejo pastor, a la vez que insistía en que se lo dijera todo.</p>
<p>- Suelta culebras y sapos por esa deslenguada boca y que Dios me perdone por escucharte. Consideraré que estoy confesando, pero difícilmente te podré dar la absolución -amenazó una vez más.</p>
<p>- No pido perdón y sí orejas que me escuchen -dijo de muy mal talante Manu el pastor.</p>
<p>- Pues cuenta&#8230; cuenta tus faltas miserable pecador -apremió el ya desencajado confesor.</p>
<p>- La pasada noche de San Juan fui atrapado por unas lamias que me retuvieron hasta el amanecer. Yo bien consideré que pudieran ser mozas de Galdames que se habían anticipado a las fiestas de San Pedro, pero no fue así ya que no llegué a conocer a ninguna. Las había viejas y feas sin que faltaran jóvenes con buenas carnes. No tuve mayores problemas, pero me ortigaron mis íntimas partes.</p>
<p>- Hijo mío, no veo ningún motivo que te haga indigno. Estas cosas no ocurren siempre, pero ello no quiere decir que fueran brujas -asentó el cura enfrascado en la improvisada confesión.</p>
<p>- Hay muchas cosas y mucho más importantes y éstas se centran en mi estado de salud, por eso deseo que me escuche con atención, ya que le considero una autoridad de la iglesia y no deseo tener cuentas con la Inquisición.</p>
<p>- Manu, creo que te has pasado con tus apreciaciones, y para este tu gran pecado no hay penitencia y sí un castigo ejemplar &#8211; sentenció don Baudilio.</p>
<p>- Siga escuchando señor cura. Pocos días después de la ortigada que me dieron las sospechosas mozas y cuando más plácido dormía en mi cama, sentí un fuerte ruido en la cuadra. Bajé rápidamente las escaleras con el candil en la mano, y pude ver a los indefensos corderillos pisoteados por sus propias madres, ansiosas por escapar del ruido ensordecedor que allí se producía. Cuando pisé la paja del suelo el ruido cesó y en ese momento un enorme perrazo negro comenzó a lamerme los pies. Poco después desaparecía cabizbajo. Se da la circunstancia de que yo no tengo perro en mi casa y ninguno de los que hay en el contorno se le parecía ni en el color ni en el tamaño.</p>
<p>Entonces el cura se atrevió a dar su consejo &#8220;milagrero&#8221; al pastor, con el fin de apaciguarle en su alterado estado de ánimo.</p>
<p>- Eso es cosa de San Roque que se ha valido de su perro para que tanto tú como el rebaño estéis resguardados del acechador Satán, que sólo desea que pierdas la fe en Dios.</p>
<p>- No me satisfacen sus opiniones, señor cura, -respondió el apesadumbrado pastor­ pues por más que lo pienso no acabo de saber qué es lo que ocurre, ya que desde que sucedieron los citados hechos no consigo conciliar el sueño en la cama y sólo, en cuclillas, consigo dormir en las escaleras donde el desconocido perro lamiera mis pies &#8211; aseguró Manu.</p>
<p>- Ni puedo ni quiero escuchar más majaderías, así que me marcho &#8211; dijo el cura a la vez que tomaba el ramal del burro.</p>
<p>- Querido amigo Manuel -medió Juliantxu- bueno será que por un día olvides los hechos y vivamos la fiesta en paz. Por lo pronto, el cura ya ha tomado el camino de vuelta a su casa en San Vicente, para contarle todos los chismes al párroco. Por cierto que se ha marchado muy enfadado y la verdad es que hacía muy buena pareja con su pollino.</p>
<p>- Es lo mejor que ha podido ocurrir, así se pierde la chuletada. Creo que recordarás el año pasado con que ansía comía el jodido cura que por poco nos deja a dieta &#8211; comentó Antonio, el de Gorostiza.</p>
<p>- Suerte que tienes Antón, pues comiendo le dejas atrás a cualquiera &#8211; dijo con cierta ironía un viejillo del grupo.</p>
<p>Caía ya la tarde cuando los romeros decidieron retirarse a sus caseríos para recoger y atender al ganado. Todos coincidieron que era lo más correcto ya que el txakolí había hecho mella en algunos. Las más interesadas en marcharse eran las mujeres que, sin disimulo, tiraban de la blusa de sus maridos.</p>
<p>La encañada de El Regato siguió viviendo un tiempo sin sobresaltos hasta que cierta noche se formó en el éter un extraño fenómeno de rayos y truenos -sin agua ni granizo- que iluminó el bello paisaje regateño. El resplandor era tan grande que los aldeanos temieron un nuevo aquelarre y la verdad es que si no lo era, lo parecía debido a que Tellitu era una gran hoguera. La fatal noche dejó un amanecer de suave brisa que acariciaba las cenizas del caserío de Manu, el pastor. El fuego había arrasado la vida de un hombre, así como todos sus enseres.</p>
<p>- Pobre Manuel -decía Antón- las brujas quisieron que toda su bondad fuera pasto del fuego y lo han conseguido.</p>
<p>Las ruinas del viejo caserón pudieron verse durante muchos años, y sus calcinadas piedras fueron el recuerdo de lo que fue la pira funeraria del viejo pastor barakaldés. Sobre las brujas no se volvió a hacer comentarios. Pero las mentes de muchos barakaldeses siguen pensando que, junto a las laderas del monte Apuko, siguen merodeando estos desgreñados seres. Y de las brujas, qué vamos a decir&#8230; todo es cuestión de creer o no creer en ellas.</p>
<p>Carlos Ibáñez</p>
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		<title>Barakaldo hacia 1845</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Apr 2009 14:40:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Anteiglesia en la Provincia de Vizcaya (2 leguas a Bilbao), diócesis de Calahorra, partido judicial de Valmaseda y ayuntamiento de su nombre. Situada en un llano rodeado por los ríos Ibaizabal o Nerva, Cadagua y Riotuerto. Su clima es húmedo pero bastante sano. Compuesta de unas 363 casas dispersas, formando grupos y caseríos aislados con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/04/beurko-2.jpg" class="floatbox" rev="group:992 caption:`beurko-2`"><img class="alignright size-medium wp-image-994" title="beurko-2" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/04/beurko-2-300x195.jpg" alt="beurko-2" width="300" height="195" /></a>Anteiglesia en la Provincia de Vizcaya (2 leguas a Bilbao), diócesis de Calahorra, partido judicial de Valmaseda y ayuntamiento de su nombre. Situada en un llano rodeado por los ríos Ibaizabal o Nerva, Cadagua y Riotuerto. Su clima es húmedo pero bastante sano.</p>
<p>Compuesta de unas 363 casas dispersas, formando grupos y caseríos aislados con nombres especiales conforme a la situación que ocupan. Tiene una escuela para niños y niñas, muy concurrida. La Iglesia parroquial (San Vicente) está servida por dos beneficiados de ración entera que ejercen las funciones de párroco y otros dos medios racioneros, todos perpetuos y de patronato particular en que tenían participación el Marqués de Valmediano y los Srs. Castaños, Salazar y Mazarredo y Echevarri, cuyos herederos lo vienen ejerciendo ; la casa Castaños percibía dos sextas partes del diezmo y una sexta cada uno de los otros partícipes, habiendo sacado antes del acervo común 40 ducados para la fábrica ; había un convento de mercedarios calzados que fundaron en 1284 Fernán Pérez, conde de Ayala, y su hijo Pero López, y aun existen muy deterioradas, sus seis ermitas, la de San Antolín, en Iraurequi, que fue parroquia desde el principio del siglo XVI hasta 1732 ; San Roque, La Concepción, San Bartolomé, Santa Lucía y Santa Águeda, distribuidas entre los caseríos que hemos indicado.</p>
<p>El término confina por el Norte con la anteiglesia de Erandio y el Valle de Somorrostro, interpuesto el brazo de mar donde desagua el Nerva; por el Este con el indicado río; por el Sur con Güeñes y Abando y por el Oeste con Galdames.</p>
<p>El terreno de mediana calidad en la parte cultivable, especialmente el destinado a huerta y arboleda frutal ; los caminos locales, así como los que se dirigen a Portugalete, Bilbao y Valmaseda se encuentran en buen estado.</p>
<p>El Correo lo recibe por la capital de provincia y en la estafeta de Portugalete.</p>
<p>Produce cereales, legumbres, buenas hortalizas y fruta ; cría algún ganado ; tiene varios molinos harineros y su principal industria es la ferrera, si bien no existen hoy con la brillantez que antes sus antiguas ferrerías. Concurren estos naturales con sus frutos y hortalizas al abasto de Bilbao y Portugalete, en cuyos puntos se proveen de los artículos de primera necesidad.</p>
<p>Población: conforme a los datos oficiales 367 vecinos (1585 almas). Bajo el régimen foral se gobernaba esta anteiglesia por dos fieles regidores de elección anual y sus apoderados disfrutaban el 33 voto y asiento en las Juntas Generales de Guernica.</p>
<h5>Pascual Madoz</h5>
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		<title>De Pueblo Industrial a Urbe Industrial</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Apr 2009 14:33:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Singular importancia adquiere la primera reglamentación del ordenamiento urbano (1889). Un año después, Casto de Zavala elabora el primer plano de la anteiglesia aunque no contempla todo el espacio y deja fuera de la ordenación diversos edificios  existentes. Este plano fue rectificado por Santos Zunzunegui (1907) e Ismael de Gorostiza (1917). Este último abarca todo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong></p>
<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/04/baraka03.jpg" class="floatbox" rev="group:989 caption:`baraka03`"><img class="alignright size-medium wp-image-990" title="baraka03" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/04/baraka03-300x225.jpg" alt="baraka03" width="300" height="225" /></a>Singular importancia adquiere la primera reglamentación del ordenamiento urbano (1889). Un año después, <strong>Casto de Zavala</strong> elabora el primer plano de la anteiglesia aunque no contempla todo el espacio y deja fuera de la ordenación diversos edificios  existentes. Este plano fue rectificado por <strong>Santos Zunzunegui</strong> (1907) e <strong>Ismael de Gorostiza</strong> (1917). Este último abarca todo el término jurisdiccional de la anteiglesia.</p>
<p><strong>A partir de 1920</strong> prolifera la construcción de <strong>casas baratas</strong> para obreros aunque aún se conserva un número elevado de <strong>caseríos</strong> (250 en 1920 y 135 en 1937) que nos muestra la progresiva transformación no sólo de la actividad económica sino, también urbanística. En estas fechas se dispara el número de edificaciones con viviendas masivas y en altura. Se configurá, así, el esqueleto básico del entramado de Barakaldo con un único recinto urbano (a excepción de algunos núcleos dispersos)  que engloba los diversos barrios.</p>
<p>En los <strong>años inmediatos a la Guerra Civil</strong> cobran un auge espectacular las obras públicas: plazas de San Vicente, Retuerto, Bide Onera y Herriko Plaza; edificios como el Banco de Vizcaya, Caja de Ahorros Municipal de Bilbao; nuevas avenidas como la calle Nafarroa (que une el Paseo de los Fueros y la calle Elcano), la Libertad (unión de las plazas Bide Onera y Santa Teresa), Zuberoa (Arrandi con Fueros), Aldapa (Herriko Plaza con Murrieta)&#8230;; parque de Antonio Trueba&#8230;</p>
<p>En la <strong>década de los cuarenta</strong> será el propio Ayuntamiento quien promueva la construcción de viviendas (Bagaza, Beurko, Zuazo, San Vicente, Larrea y Cruces). Serán los <strong>años cincuenta</strong> los del boom constructivo en el que se involucran, además del Ayuntamiento, las empresas y los particulares. Por ello se amplía el área urbanizable y se consolidan nuevos barrios (Llano, Cruces, Arteagabeitia, Retuerto y Beteluri). Todo ello produjo abundantes irregularidades urbanísticas.</p>
<h5 style="text-align: right;">Mitxel Olabuenaga</h5>
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		<title>El Diablo de la Cueva de Pozalagua (Leyenda)</title>
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		<pubDate>Sat, 25 Apr 2009 08:31:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En el extremo occidental de Bizkaia, lindando con Cantabria y Burgos, se asienta un bello lugar tan antiguo como la creación del universo. Este lugar no es otro que Carranza o Valle de Carranza. Por concesiones políticas fue incluido dentro de Las Encartaciones de Bizkaia. Su destino y costumbres se rigieron por acuerdos tomados en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/04/el-regat0-81.jpg" class="floatbox" rev="group:943 caption:`el-regat0-81`"><img class="alignright size-medium wp-image-944" title="el-regat0-81" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/04/el-regat0-81-300x204.jpg" alt="el-regat0-81" width="300" height="204" /></a>En el extremo occidental de Bizkaia, lindando con Cantabria y Burgos, se asienta un bello lugar tan antiguo como la creación del universo. Este lugar no es otro que Carranza o Valle de Carranza. Por concesiones políticas fue incluido dentro de Las Encartaciones de Bizkaia. Su destino y costumbres se rigieron por acuerdos tomados en la Casa de Juntas de Abellaneda, sita en el Concejo de Sopuerta.</p>
<p>Muy pocos pueblos habrá que puedan verse libres de creencias religiosas ancestrales. Maleficios, brujerías, hechizos&#8230; fueron algunos de los ritos contra los que nada pudo la Inquisición pese a las persecuciones y torturas. Carranza no pudo ser una excepción, y los sencillos moradores del Valle demostraron ser buenos encartados no ignorando que la brujería era algo en lo que sin querer, creían.</p>
<p>Esta leyenda se remonta a los albores del siglo XVII cuando un joven zagal, Cipriano Ranero el Cipri, decidió encerrar su vacada antes de la hora acostumbrada. Era la noche de San Juan y no quería perderse las hogueras tan tradicionales en el valle que</p>
<p>le vio nacer. Cipri se consideraba un buen carranzano de Aldeacueba. De aspecto viril y manos delicadas, su juventud no pasaba desapercibida entre las muchachas de la aldea. El atuendo peletero añadía si cabe un mayor encanto a su esbelto cuerpo. De su cuello pendía una tosca cruz de madera legada por su abuelo materno pocos días antes de morir.</p>
<p>Anochecía cuando el joven abandonó el establo del caserío de sus tíos. Por primera vez le permitían acudir a las fiestas, aunque antes tuvo que ordeñar la media docena de lustrosas y pintadas vacas lecheras.</p>
<p>- No vengas tarde y diviértete mucho -le aconsejó cariñosamente su tía mientras quitaba de su cabello unas briznas de hierba.</p>
<p>- No os preocupéis. Regresaré tan pronto como haya comido el talo y el chorizo asado en el rescoldo de la hoguera, y eso será antes de que canten los gallos -dijo muy feliz el muchacho.</p>
<p>- No te fíes mucho de esas bobaliconas que parecen satinas y son como la cizaña &#8211; recalcó tía Manuela.</p>
<p>- Guapas sí que son las condenadas pero, escucha hijo, presiento que algo malo se está cociendo por estos campos desde que la mandrágora germina en los caminos -dijo el tío entrecerrando los ojos.</p>
<p>- No tengáis preocupación alguna por mí. No tengo miedo ni a las brujas ni al Diablo. Voy protegido con la cruz de madera que el abuelo me legó y es mi amuleto de la buena suerte -dijo el muchacho mientras besaba la tosca cruz.</p>
<p>Con andar lento y seguro Cipri se fue perdiendo en la oscuridad del basto camino que debía de llevarle hasta el poblado más cercano, uno de los tantos que componen las feligresías del Valle de Carranza. Buena intención sí que tenía el mozo, pero el Diablo 0 el destino lo confundieron. Una monumental lengua de fuego conmovió la noche. A modo de artificio se dejó ver sanguinolenta en lo alto de la colina, lugar que le era muy familiar por su cotidiano pastoreo. Con mucho sigilo Cipri se escondió detrás de unos tupidos madroños. Desde allí podría mirar sin ser visto. Sintió entonces como la sangre se le helaba en las venas, ya que ante sus ojos aparecía desnuda toda la crueldad de la ceremonia brujeril. Aquello no podía ser más macabro. Tras el cegador humo de azufre apareció el propio Demonio que, con nerviosos ademanes, parecía dirigir aquella orquesta infernal marcando tiempos en la horrible danza. Pronto se oyeron unos tenues gemidos a los que se unieron los desgarradores gritos de una madre, que veía impotente como su pequeño retoño iba a ser sacrificado por un pecado que nunca cometió. Junto a ella, rodeada de arpías que gesticulaban estrambóticamente, había una vieja semidesnuda arropada con trapos negros cuyos brazos y piernas parecían las cepas de un emparrado. La mujer empuñaba con manos férreas un estilete de piedra afilado con el que pretendía degollar al pequeño para derramar, más tarde, su sangre en el sucio cuenco de barro cocido que le sería ofrecido al mismísimo Satanás.</p>
<p>Cipri no podía dar crédito a lo que sus ojos veían, pero pronto se rindió ante la evidencia. Nunca supo el porqué de su sudor y ni de las lágrimas que cegaban sus pupilas. Quizá fuera miedo, quizá rabia&#8230; Comprendió que tenía que tomar una decisión antes de que fuera demasiado tarde. Antes de salir al encuentro de aquellas bestias quiso encomendarse a su cruz de madera. Con manos temblorosas la acercó a sus labios y durante unos instantes rezó:</p>
<p>- Oh Dios, ten misericordia de esta pobre criatura. No permitas que el Diablo se la lleve.</p>
<p>Apenas si acabó de decir la plegaria cuando sonó una gran explosión. El suelo se hundió formando un cráter del que salieron destellos de fuego que producía un humo negrísimo, mientras que por todo el valle se escuchaban pavorosos alaridos que gritaban:</p>
<p>- ¡Traición, esto ha sido una traición!</p>
<p>Nunca supo Cipri cuánto tiempo transcurrió desde que ocurriera aquel extraño acontecimiento. Cuando recobró el conocimiento ya había amanecido. Por un momento pensó que todo había sido un sueño, pero sorprendido pudo ver cómo bajo sus pies se extendía un precipicio cuyo fondo se hundía en las entrañas profundas y ya silenciosas de la tierra.</p>
<p>El sol estaba en lo alto cuando el muchacho decidió volver al caserío de sus tíos. Le parecía un sueño todo lo sucedido aquella extraña noche de San Juan.</p>
<p>- Sí -pensó-. Me habré quedado dormido, pero aquel barranco&#8230;, aquella cueva&#8230; Muchas veces he pastoreado en esta ladera y nunca lo había visto&#8230; Qué extraño&#8230; ¡El techo de la montaña está hundido!</p>
<p>Preocupado por lo sucedido, Cipri apresuró su paso. Mojó sus sienes en el pequeño y cantarín arroyo que se deslizaba silenciosamente a su lado, como si éste pudiera llevar algo de cordura al absurdo temor que le recorría el cuerpo. El agua cristalina le devolvió el reflejo de un niño asustado y cuál no sería su sorpresa al ver un brillo dorado que, pendiendo de su cuello, le cegaba los ojos. Sí, no podía dar crédito a lo que veía, pero ahora lo palpaban sus manos. Era frío y cálido al mismo tiempo, parecía tener vida&#8230; Era su cruz, su vieja cruz de madera, que aún colgaba del viejo y raído cordel. Escondiendo su torso entre la suave lana de su chaleco continuó su camino. Tan entusiasmado iba que apenas si se dio cuenta de que se hallaba junto a la entrada del caserío familiar y que casi chocaba con su tía. La mujer, preocupada por su tardanza, parecía estar esperándole en el quicio de la puerta</p>
<p>- Cipri, hijo mío, ¿dónde has estado estos días? -dijo intentando frotar sus manos-. Nos tienes a todos pendientes ¿Qué ha sucedido?</p>
<p>- Hola tía&#8230; ¿por qué me dices eso de &#8220;tantos días&#8221;? Pero si fue anoche cuando me marché para ver las hogueras&#8230;</p>
<p>- Hijo, te hemos buscado en vano durante tres días por todos los rincones cuando nos dijeron que no habías llegado al pueblo. Temimos por tu vida ¿Sabes que también han desaparecido la joven Amaia y su hijo de pocos días? No sabrás&#8230; -balbuceó nerviosa la pobre mujer.</p>
<p>- Mira tía, eres muy buena pero no sé si podrás entender todo lo que te voy a contar. Será mejor que venga también el tío para que así conozcáis todo lo que me ha sucedido -dijo con obstinación Cipri.</p>
<p>Apenas pronunciadas estas últimas palabras, tía y sobrino vieron como se acercaba sigilosamente el tío Ramón desde el establo. A modo de bienvenida el viejo dio un codazo cómplice al joven, diciéndole:</p>
<p>- Vaya, ya has llegado, granuja. ¿Cómo te ha ido con las mozas&#8230;? Has estado a la altura, ¿no?</p>
<p>- Sí tío, ya he llegado, o mejor dicho nunca me he marchado de este lugar. Necesito que me escuchéis. Hay muchas cosas raras que quiero contaros. Me gustaría que creyerais en mi palabra&#8230; y es tan difícil&#8230;</p>
<p>- Sí, hijo, cuenta todas tus andanzas para salir de todas estas dudas -dijo el tío Ramón extrañado ante la seriedad del muchacho.</p>
<p>El joven relató los hechos sin dejar ningún lugar a la duda. Habló del fatídico aquelarre entre las brujas y el Demonio, así como del sacrificio del hijo de Amaia.</p>
<p>Contó, con gesto crispado, cómo fueron tragados todos ellos por un profundo socavón que de pronto se abrió en el prado. Por último los tíos vieron la evidencia del milagro en las propias manos de Cipri: la cruz de oro.</p>
<p>- No es fácil contaros todo esto, ni justificar esta ausencia de tres días durante los cuales yo&#8230; no he existido. No es nada fácil&#8230; -dijo con voz quebrada-. Pero si no tenéis confianza en mí, me iré para siempre. Yo vi al Demonio y&#8230;</p>
<p>Apenas si terminó de pronunciar el nombre del Ángel Negro, cuando una nube oscura dejó mudos y sordos a tíos y sobrino.</p>
<p>- Como veis, ya no podéis dudar de mis palabras. Si deseamos el bien familiar tendremos que guardar silencio. En caso contrario nadie me creerá y los inquisidores querrán saber tanto como yo sé&#8230; y nunca podré certificar unos hechos de los que sólo Dios es conocedor.</p>
<p>Había tanta verdad en sus palabras y tanta desolación en sus ojos que la pareja calló.</p>
<p>- Ya es tarde hijo mío. Vamos entra y te prepararé la cena. Debes de estar cansado&#8230;-dijo la mujer besándole la mejilla.</p>
<p>Pasaron algunos años y Cipriano Ranero, ya maduro en edad y conocimiento, tuvo que tomar la determinación de abandonar su querido valle carranzano para no ser punto de miradas y de referencias de curiosos.</p>
<p>Por todo el valle se decía, y cuentan que algunos también lo oían, que en las noches de luna llena se escuchaban voces lastimeras en lo alto de la colina. Cuánto pudo haber de realidad nunca se supo, pero hubo quienes señalaban el lugar exacto donde el suelo se abrió tragándose al propio Demonio.</p>
<p>Poco a poco los lugareños fueron olvidando el suceso y muy pocos se acordaban ya de las brujas y del Diablo&#8230; o de la hermosa joven rubia y su querubín. Otro tanto ocurrió con el zagal que exorcizara al maligno, cuyo nombre ya nadie se atrevió a mencionar. Se le recordó como &#8220;El pastor de la Cruz de Oro&#8221;, tal y como lo mentaban en las leyendas que, en las noches de San Juan, contaban las viejas.</p>
<p>Pasaron más años hasta que cierto día del año 1957, por voladura de un barreno, quedó al descubierto un santuario de excentrísimas estalactitas abiertas en forma de flores en el antiguo valle del aquelarre. Las gentes decían que tanto la cueva como el hallazgo eran cosa del Diablo. Consejas de las viejas, dicen algunos&#8230; Sin embargo allí está, como mudo testimonio, la Cueva de Pozalagua en el vizcaíno Valle de Carranza cuya belleza sólo Dios nuestro Señor es capaz de crear.</p>
<h5 style="text-align: right;">Escrito por Carlos Ibáñez</h5>
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		<title>La Torre de Beurko (Leyenda)</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Apr 2009 20:10:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[&#8220;Según contaron nuestros mayores, hace ya muchos años existió una Casa-Torre en el barrio de Beurko, en cuya fachada pudo verse un escudo heráldico. Parece ser que estuvo situado en el barrio de Bagaza, al que por deformación los más antiguos llamaron Gabasa. Este lugar estaba cercano al campo de Lasesarre, junto al río Galindo. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/04/beurko-antiguo-1.jpg" class="floatbox" rev="group:692 caption:`beurko-antiguo-1`"><img class="alignright size-medium wp-image-729" title="beurko-antiguo-1" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/04/beurko-antiguo-1-300x178.jpg" alt="beurko-antiguo-1" width="300" height="178" /></a>&#8220;Según contaron nuestros mayores, hace ya muchos años existió una Casa-Torre en el barrio de Beurko, en cuya fachada pudo verse un escudo heráldico. Parece ser que estuvo situado en el barrio de Bagaza, al que por deformación los más antiguos llamaron Gabasa. Este lugar estaba cercano al campo de Lasesarre, junto al río Galindo.</p>
<p>No más de media docena de caseríos se desperdigaban por la zona &#8220;gabasarra&#8221; cuya dedicación cotidiana era la labranza y el pastoreo e incluso la pesca, pues rico en peces era el río Castaños y mucho y más variado era el río Galindo, cuando la contaminación era un mal desconocido.</p>
<p>La convivencia en el lugar era tranquila y pocas veces podían verse personas ajenas a no ser familiares allegados de otros barrios o pueblos cercanos. Pero estos acontecimientos solían celebrarse con motivo de las fiestas o ceremonias religiosas, como eran bodas y bautizos. Los fallecimientos también resultaban ser una fiesta, ya que era tradicional que los parientes y amigos del difunto fueran invitados a comer, formando corro frente a las mesas, en las que se depositaban grandes perolas de guisado o asados, bien de oveja o de ternero.</p>
<p>Esta costumbre de dar de comer a los asistentes a los oficios funerarios era costeada por los familiares y fue muy generaliza, aunque con el paso de los años, cayó en desuso.</p>
<p>En la Casa-torre de Beurko residían los señores del mismo apellido, lo que hace suponer que era la familia más poderosa del contorno que formaba el barrio. La convivencia era buena pero existía la diferencia de linaje entre los aldeanos y el señor de la Torre, que solía ser el dueño de la mayoría de las tierras que circundaban la propiedad, razón por la que no era frecuente el enlace matrimonial de la alcurnia con los plebeyos y por lo que estos casamientos siempre iban unidos a los de las otras Casas, como eran los Larrea, Salazar, Ayala, Retuerto y otros apellidos de abolengo.</p>
<p>Ocurrió cierto día en que por el fallecimiento del abuelo y señor de Beurko, se dio cita casi todo el contorno de las Encartaciones, para honrar al difunto. Los actos religiosos tuvieron lugar en la iglesia de San Vicente y seguidamente a su enterramiento, junto a los muros de la Parroquia.</p>
<p>Después el séquito se trasladó a la Torre para la degustación de las viandas, acostumbradas en estos casos. El acto consistía en obsequiar a los amigos y parientes más allegados a degustar copiosas comidas que se prolongaban hasta dar buena cuenta de todo el ganado sacrificado y conste que esto era un  halago para los familiares del muerto.</p>
<p>Una vez de haber formulado el pésame a los hijos, entre los que se encontraba el Mayorazgo, dueño y señor de la Torre, se fueron dispersando todos los comensales. No así un joven rubio que se quedó merodeando junto a la casa solariega de los Beurko.</p>
<p>- ¿Qué haces tú por aquí?, preguntó el Mayorazgo, don Gonzalo de Beurko.</p>
<p>- Pues ya ve usted. Llegué ayer acompañando a mi tío y creo que se ha marchado y me ha abandonado.</p>
<p>- ¿De dónde eres? ¿Cuántos años tienes?</p>
<p>- Resido con mis tíos en Abellaneda, en Sopuerta, y tengo 16 años cumplidos.</p>
<p>- Bueno y ahora qué pretendes hacer, pues sin trabajar no es fácil subsistir, aseveró don Gonzalo.</p>
<p>- Eso ya me lo sé, por eso espero que alguno de este lugar me diga dónde y qué es lo que debo hacer, ya que no pienso volver con mis tíos. Ellos no tienen ningún afecto a mi persona y estoy harto de tantos desprecios. Es más, yo diría que me trajeron aquí con la intención de dejarme sólo en este pueblo, contestó apesadumbrado el joven.</p>
<p>- Creo que quizá puedas quedarte con nosotros, pero recuerda que tendrás que ganarte el pan que comes. En caso contrario ya sabes por donde has venido. Ya me dirás cómo te llamas, para saber a quién premio o castigo.</p>
<p>- Mi nombre es Santiago Murrieta y tengo muchas ganas de triunfar en la vida.</p>
<p>- ¡Bien chaval, bien!. Te desenvuelves con buen desparpajo, pero recuérdalo una vez más, tú estás aquí para trabajar. De momento búscate un lugbar en la cuadra para dormir. Paja hay de sobra por lo que no te será incómoda la estancia. Aquí es costumbre madrugar, así que ya sabes, espero no tener que despertarte.</p>
<p>- No se preocupe usted. Soy muy responsable de mis actos y no le defraudaré, y si no, al tiempo, respondió el rubiales.</p>
<p>Amaneció el día y el joven Santiago ya estaba en pie a la espera de que el señor de Beurko le diera las órdenes para realizar su trabajo, que no fueron otras que llevar media docena de vacas al campo, así como una buena punta de ganado cabrío, teniendo muy en cuenta de que éstas no rumiaran los árboles frutales. Estando el sol en lo alto, el estómago del joven empezó a protestar, saciando su apetito con talo y un trozo de carne. Sin perder de vista al ganado, se encontraba el improvisado pastor, cuando, apenas sin darse cuenta, se le acercó una desgarbada y guapa muchacha, en cuyas manos portaba una vara de avellano.</p>
<p>- Por lo que veo debes ser el nuevo criado de mi padre ¿verdad?, preguntó la quinceañera moza baracaldesa.</p>
<p>- Así que tú eres la hija de don Gonzalo, contestó Santiago.</p>
<p>- Me ha mandado mi padre para decirte que vayas a comer y que vuelvas pronto. Yo tengo que ayudarle a mi amatxu en casa y no quiero que me riña.</p>
<p>- Te prometo que vengo volando para no hacerte esperar. Pero antes, dime por favor cómo te llamas, aunque por la pinta tienes que llamarte María, dijo el zagal alegremente.</p>
<p>- Pues la verdad es que en casa me llaman Maruja, repuso sonriendo la ruborizada chiquilla.</p>
<p>- Bueno, no te hago perder más tiempo. ¡Hasta luego, Maruja!. Se despidió a la vez que ponía en marcha sus largas piernas.</p>
<p>- ¡Agur!, acertó a decir la vergonzosa muchacha.</p>
<p>Fueron pasando los días, meses e incluso los años y el joven Murrieta cumplía fielmente las obligaciones que le imponía el casero, sin que en ningún momento levantara la voz de protesta, pese a que los trabajos más duros siempre recaían sobre el apuesto mozo encartado.</p>
<p>Las relaciones amorosas entre Santi y Maruja se fueron haciendo más íntimas, e incluso se hicieron promesas de amor eterno. Un amor que estaba destinado al fracaso debido a las diferencias económicas de ambos muchachos.</p>
<p>A Edelmira, la joven esposa de don Gonzalo Beurko, no le pasó desaparcibida la íntima amistad que los dos jóvenes se profesaban, y no dudó en ponerlo en conocimiento de su marido.</p>
<p>- Querido Gonzalo, sólo piensas en trabajar y no te das cuenta de la ya más que amistad que tiene tu hija con el pastor. Creo que cuanto más tiempo trascurra, peor será el arreglo, insinuó la señora de la Torre.</p>
<p>- ¿No me dirás que se entienden los chicos?, preguntó el padre muy molesto.</p>
<p>- Yo diría que hay algo entre ellos. Les veo muy encariñados y yo no soy partidaria de que esto ocurra, así que haber cómo te las arreglas y solucionas la cuestión.</p>
<p>- Siendo así y si tú me lo pides, desde este momento puede marcharse de esta casa. Primero es nuestro honor ante las pretensiones de ese cazadotes, sentendió el Mayorazgo.</p>
<p>- No se trata de que le despidas, es muy trabajador y eso nos interesa, pero puedes prohibirle que ronde a nuestra hija. Lo que podemos hacer es internar a Maruja en algún convento y con el tiempo se irán olvidando, dijo la casera.</p>
<p>Pronto cambiaron las cosas para los jóvenes enamorados y mientras uno cargaba con los peores y más duros trabajos, la permanecía encerrada en casa, con lo que el diálogo entre ambos se hizo imposible.</p>
<p>Edelmira, que siempre vio con buenos ojos al joven de Abellaneda, se volvió más cariñosa con el chico y, muy cínicamente, responsabilizó a su marido de todo cuanto estaba ocurriendo. Sin quitarle la vista de encima se atrevió a acariciar el rostro del mozo encartado, a la vez que procuraba atraerlo hacia su pecho para consolarle o sabe Dios si no sería para consolarse a sí misma. Para Santiago no pasó desapercibido este consuelo que parecía tan maternal, y notó que algo se estaba gestando en el corazón apasionado de mujer y madre, celosa de su hija enamorada. Con un fino ademán retiró el nervioso cuerpo de la señora a la vez que decía: madre ya tuve una y mi verdadero amor se lo tengo a su hija de usted, por ello creo que es mejor que no nos confundamos para evitar así males mayores. Usted ya tiene a su marido y yo puedo salir muy perjudicado con sus pretensiones, balbució el barbilampiño joven.</p>
<p>Nunca pudo pensar el mal talante que gastaba aquella señora, que el destino le negó para ser su mujer. La histérica Adelaida lanzó un griterío y pronto apareció el señor de la Casa-torre. El espectáculo montado por la desalmada mujer se prestó a la creencia, por parte de su marido, de que el joven había pretendido abusar de ella. Los recios puños de don Gonzalo pronto hicieron mella en el rostro de Santiago Murrieta.</p>
<p>Jadeante y maltrecho tuvo que abandonar la Torre, sin poder siquiera coger sus míseras pertenencias. Sin dinero y con su reputación mancillada lloró lo indecible.</p>
<p>La maquinación urdida por Edelvira también consiguió engañar a la desconsolada Maruja, que dentro de su histerismo y perdiendo todo encanto femenino, soltó toda clase de maldiciones sobre el joven.</p>
<p>El desconsolado Santiago procuró por todos los medios de encontrarse con Maruja, sosa que consiguió. En mala hora intentó darle satisfacciones a la moza, pues ésta le abofeteó y sus duras palabras le desolaron. Con  la cabeza agachada tomó el camino del río Galindo y, allí, en la ermita de San Bartolomé, rezó y juró ante el Santo: ¡prometo y juro que volveré algún día!. Estas fueron sus melancólicas palabras, a las que puso broche al santiguarse. Poco después tomó un camino incierto, alejándose lo más rápidamente de Baracaldo.</p>
<p>Fueron pasando los años, quizás más de seis lustros, cuando cierto día apareció por el barrio beurkotarra un señor de fino porte y exquisitos modales, cuyas blancas sienes contrastaban con su traje negro de elegante corte. Nadie le conocía, pero él distinguía a todos cuando, en su lento caminar se dirigía a la ermita del santo, a quien juró volver. Sí, era Santiago Murrieta. Llegaba inmensamente rico ya que en todo ese tiempo había trabajado como minero, naviero y, posteriormente, banquero. La vida le había sonreído y quiso ser propietario de toda aquella tierra donde vivió y trabajó con ilusión, quimera truncada por la coquetería de una mala mujer. Acompañado de su secretario y cochero, fueron con el carruaje de caballos dando rodeos por los caminos junto a los prados, a la vez que señalaba los lugares preferidos para ser comprados. No faltaron las miradas de aquellos que pudieron haber sido su propia familia, pero pese a su insistente mirada, no pudieron relacionar al elegante forastero con aquel joven al que menospreciaron y maltrataron de palabra y obra. No obstante, algo quedó presente en la mente de la ya madura Maruja así como en la de sus ancianos padres. Era la fría sonrisa de una venganza que no pretendía, pero sí le agradaba.</p>
<p>El barrio baracaldés de Beurko no había tenido grandes trasformaciones y seguía poco más o menos tal y como lo dejó a su marcha. Cierto era que la Casa-torre estaba más deteriorada debido, sin duda, a los desperfectos de las pleamares, cuyas aguas llegaron a anegar las cuadras, con la pérdida total del ganado, cuyo propietario se vio muy menguado de recursos económicos, teniendo necesidad de vender una gran parte de sus propiedades, entre las que se dijo, incluyó la Casa-torre.</p>
<p>Habían pasado un par de meses cuando por el lugar hicieron su aparición el presunto comprador y su secretario, quienes ofertaron muy por bajo de su valor real. Los propietarios de la Torre de Beurko, allí presentes, una vez aceptado el trato de compra y venta quisieron saber quién sería el nuevo propietario, a lo que, con voz grave y cierta ironía, les respondió: el nuevo propietario soy yo, Santiago Murrieta, aquel joven al que ustedes difamaron y maltrataron hace ya muchos años. He vuelto para recordarles toda la perversidad que tuvieron conmigo. Les recuerdo que deben abandonar la propiedad lo antes posible y no les maldigo porque soy hombre de bien. Con el pecado que cometieron ya tienen bastante.</p>
<p>Fue algo más que penitencia el vivir de los Beurko, fue un verdadero calvario del que se culparon mutuamente, llegado a ser la risión, no sólo del barrio, sino de todo el pueblo baracaldés&#8221;.</p>
<h5 style="text-align: right;">Escrito por Carlos Ibáñez</h5>
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		<title>La cruz más santa (Leyenda)</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Apr 2009 20:01:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/04/tramo-medio-9.jpg" class="floatbox" rev="group:688 caption:`tramo-medio-9`"><img class="alignright size-medium wp-image-761" title="tramo-medio-9" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/04/tramo-medio-9-300x201.jpg" alt="tramo-medio-9" width="300" height="201" /></a>&#8220;Alboreaba el siglo decimoquinto de la era cristiana a cuyas efemérides pertenecen las gloriosas de la invención de la imprenta, del descubrimiento de América, de la conquista de Granada y de la terminación de los bandos de Oñaz y Gamboa que por espacio de más de dos centurias habían desolado la región vasco-cántabra.</p>
<p>Estos funestos bandos estaban más enconados que nunca al alborear aquel dichoso siglo, y particularmente lo estaban en los valles occidentales de Vizcaya conocidos desde tiempo inmemorial con el nombre de Encartaciones, conmemorativo de la carta o pacto que mediaba entre ellos y el resto de Vizcaya.</p>
<p>Aunque por regla general los linajes estaban afiliados en uno u otro bando, algunos había que no lo estaban en ninguno, por cuya circunstancia se llamaba <em>hombres comunes a </em>los no abanderizados. Los hombres comunes eran respetados por los banderizos, pero esto no obstaba para que el vulgo los considerase como poco celosos dc su honra y pobremente dotados de lo que en aquel tiempo se consideraba como la mayor virtud, que era el valor para combatir con una espada, una lanza o una ballesta en la mano.</p>
<p>Entre los pocos hombres comunes de las Encartaciones se contaban los del linaje de Aranguren de Baracaldo, rama desprendida hacía siglos del glorioso árbol de Susúnaga que florecía desde tiempo inmemorial en la misma república y trasplantada al apacible vallecito de Mendi­erreca vegetaba allí con extraordinaria lozanía y óptimo fruto.</p>
<p><em> </em></p>
<p>Señor de aquella casa era<em> </em>entonces Martín Sánchez de Aranguren, que siguiendo la tradición de sus antepasados, buscaba la gloria por caminos muy distintos de aquellos por donde la buscaban los caballeros principales de su tiempo, aquellos caminos eran los de la paz y el trabajo bendecidos de Dios, aunque odiados de la generalidad de los hombres.</p>
<p>En esto seguía la costumbre iniciada por uno de sus predecesores que, queriendo reedificar y ampliar la casa primitiva del linaje, edificada, corno casi todas las casas fuertes del país, en una colina desde donde sus moradores podían ofender y defenderse, dijo:</p>
<p><em> </em></p>
<p>- La<em> </em>paz sea siempre en mi casa y en la de los que de mí vengan y un ramo de diva sea la única ballesta y el único muro que veden a los malos entrar a dañar en ella.</p>
<p>Y en efecto, en una hermosa aunque estrecha pradera, que se extendía entre la colina y a río, levantó nueva<em> </em>morada y a su puerta plantó un olivo que le sobrevivió muchos siglos.</p>
<p>Las únicas memorias que quedan de la casa y del olivo<em> </em>son las que voy a enumerar.</p>
<p>En Aranguren hay escondida entre los nogales y los castaños una modesta casa<em> </em>de moderna construcción en cuya fachada se lee:</p>
<p>Sobre el antiguo solar<em> </em>de la torre de Aranguren</p>
<p>Año 1848.</p>
<p>Y en Memerea hay un olivo que la tradición dice proceder dc otro muy viejo que había hace dos siglos a la puerta de la torre de Aranguren.</p>
<p>La torre de Aranguren era un edificio de piedra sillar, cuadrado y alto, que carecía de las saeteras y el muro exterior que tenían casi todas las torres solariegas, en cuya construcción las miras de defensa militar habían predominado sobre las dc comodidad doméstica.</p>
<p>Esta comodidad era la que principalmente se había buscado en la construcción de la torre de Aranguren. Edificada entre el río y la base de la colina de darte que la dominaba; no ofrecía capacidad correspondiente a la riqueza y la industria de sus señores, pero este defecto se había subsanado con diferentes edificios secundarios que arrancando de su espalda, se escalonaban en las estribaciones de la colina, hasta el primer término de la planicie de ésta, puestos todos ellos en comunicación interior con la torre.</p>
<p>Estos edificios estaban destinados a habitación dc criados, establos de ganado, lagar y cubera, lonja para el hierro y almacenes de granos y otros frutos de la industria agrícola y pecuaria cuyo ejercicio había valido a los señores de Aranguren el nombre de <em>ganaadres </em>con que se designaba a los que curaban más de especulaciones industriales que de guerras de bandería.</p>
<p>La torre tenía dos pisos altos destinados a habitaciones espaciosas y alegres y no reducidas y tristes como las de las torres fuertes donde todo se daba a la guerra y poco más que nada a la paz; como que en sus muros, en vez de estrechas y sesgadas saeteras y ventanillas gemelas, daban, paso al aire y la luz <em>y </em>los perfumes campestres anchas ventanas y aun puertas que comunicaban en el piso principal con un corredor o voladizo exterior que circuía a la torre, entoldado de parras que trepaban a él desde los <em>cuatro </em>ángulos del edificio.</p>
<p>Y por último, frontero a éste había un oratorio o ermita consagrada a la Madre de Dios, y cuyo altar se vela desde la torre, porque constituía la fachada principal de aquel pequeño, pero lindo templo, un enverjado de hierro, procedente de las ferrerías de los señores del solar de Aranguren</p>
<p>De la torre no queda más que el recuerdo consignado en la fachada de la casa Levantada en su solar, y sin duda con sus materiales, en 1848; pero del oratorio queda un lienzo de pared Lateral que sirve de cerradura a un huertecillo lleno de frutales.</p>
<p>De los pacíficos señores que habitaron la torre, quedan, desde desde Amézaga a Tellitu, puntos extremos de aquel lindo, estrecho y amenísimo valle, cuyo caserío está interpolado de huertos fértiles de regalados frutos<em>, </em>memorias singulares que ha conservado de generación en generación el honrado, gallardo e inteligente pueblo que<em> </em>allí habita.</p>
<p>A estas memorias pertenece la narración<em> </em>que allí se designa con el nombre de <em>La Cruz  más</em> <em>Santa.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>III</p>
<p>Era una hermosa mañana del mes de agosto, y <em>oñacinos y</em> <em>gamboinos </em>estaban a punto de venir a las manos en la llanura que precede a Mendi-erreca, llanura que entonces estaba poblada de arboledas, y no, corno ahora, convertida en fértiles tierras labrantías.</p>
<p>Los oñacinos cubrían las estribaciones del Argalario adonde habían trepado por Aguirre y Susúnaga,  y los gamboinos las lomas opuestas desde Oquéluri basta Basuchu.</p>
<p>Entre los oñacinos que capitaneaba Ochoa de Salazar, el de Muñatones, se contaban los de Achúriaga, los de Martiartu, los de Zaldíbar, los de Butrón, los de Leguizamón, los de Mújica, los de Susúnaga, y otros banderizos no menos sañudos y esforzados; y entre los gamboinos, a cuya cabeza estaba Fortún Sánchez de Salcedo, se distinguían los de Ibargüen de Elorrio, los de Muncharaz, los de Echeburu, los de Atucha, los de Tosubando, los de Bildósola, los de Largacha y muchos más solariegos principales.</p>
<p>Los mancebos de Achúriaga, que siempre eran los más sañudos y audaces del bando oñacino, descendieron los primeros hacia Bengolea y empezaron a insultar y retar a los contrarios de la banda opuesta del río.</p>
<p>Pronto uno y otro bando se fue corriendo hacia la llanura y descendiendo a ésta, donde poco después se trabó la pelea, cuyo horrible rumor atronaba el bosque desde Amézaga a Landáburu.</p>
<p>La lucha duraba aún una hora después, velada por la sombra de los robledales y los castañares de la extensa llanura. De repente se vio a los oñacinos abandonar el campo en completo desorden, unos yendo a refugiarse en las torres de Landáburu, otros en las de Zuazu, y otros procurando ascender a Susúnaga y Aguirre.</p>
<p>No pocos de ellos caían. en la huida, rendidos por el calor el cansancio y las heridas que habían recibido en el combate o alcanzados por sus perseguidores, que les daban muerte sin misericordia, y no pocos también perecieron al vadear el río que limitaba por el Oeste la llanura, y a la sazón hacía invadeable la marea que alcanzaba aún más arriba de allí.</p>
<p>La huida de los oñacinos hacia la embocadura del valle de Mendi-erreca era<em> </em>punto menos que imposible, porque para<em> </em>impedirla se habían. corrido hacia aquella parte fuerzas gamboinas. Sin embargo de esto, un gallardo mancebo oñacino, inerme y cubierto de sangre, propia y extrana, apareció en la calzada que, atravesando el puente de Erriederto, nombre<em> </em>equivalente a <em>lugar hermoso, </em>que después, pasando por modificaciones eufónicas, vino a convertirse en Retuerto, se dirigía al Oriente, trepando al collado de Oquéluri, para descender al Cadagua en Burceña.</p>
<p>El fugitivo tomó la margen derecha del río, a la sazón sombreada de seculares robles, y no come hoy, dedicada a feroces tierras labrantías, sin duda, con la esperanza de hallar su salvación Mendi-erreca arriba.</p>
<p>Al emparejar con la singular fuentes de Amézaga, cuyo raudal, entonces más caudaloso que en ninguna otra estación del año, serpenteaba a través de la arboleda, en un repechillo sombreado de los carrascos que les daban nombre, sintió ansia de apagar en ella la ardiente sed que le devoraba pero temeroso de que los enemigos le persiguiesen y le alcanzasen si se dirigía a ella, continuó río arriba, esperando calmar su sed en la saludable y fresca fuentecilla de Igúliz, que pronto encontraría a su paso, ya que no la calmase en el agua del río, que debía estar tibia por efecto del mucho calor de aquel día y los anteriores, y a cuyo profundo cauce era peligroso descender en su estado.</p>
<p>Pasó el río por un alto puente de piedra que se alzaba frente a la casa<em> </em>solar y la ferrería y el molino de Bengolea, y al volver allí ka vista hacia la llanura, vio con temor que algunos peones gamboinos, ballesta en mano, dejaban en Erri-ederto la calzada para tomar río arriba, sin duda en su persecución.</p>
<p>Hizo un esfuerzo supremo para aligerar el paso, siquiera para llegar a Gorostiza y ocultarse en alguna de las casas de aquel barrio, cuyos habitantes pasaban por afectos al bando oñacino, pero una gran humareda que de hacia Gorostiza se alzaba, le hizo temer un nuevo contratiempo.</p>
<p>En efecto, el molino y las Casas de Gorostiza<em> </em>eran<em> </em>montón de escombros y de fuego<em> </em>y hasta había sido talado el bosque de frutales, que ya entonces ocupaba parte de la llanura que hoy es en su totalidad fructífera Vega.</p>
<p>Mientras gamboinos y oñacinos se corrían hacia la llanura de Landáburu para emprender allí la lucha a que se habían retado, algunos peones de los primeros, por orden de sus caudillos, se habían encaminado a Gorostiza y habían entregado al fuego los edificios y árboles frutales para vengar los auxilios de mantenimientos que los gamboinos suponían haber sacado de allí los oñacinos, mientras éstos permanecían en las estribaciones del Argalario.</p>
<p>El mancebo siguió adelante cada vez con más dificultad. Esta se aumentaba al pasar por Gorostiza con el calor de los edificios incendiados y el espectáculo de desolación que ofrecía aquel barrio.</p>
<p>Ansiaba llegar a Igúliz para calmar la sed que le abrasaba, pero al llegar se encontró con que la fuentecilla había dejado de manar, experimentando una de las intermitencias que la singularizaban.</p>
<p>Faltábanle sólo algunos centenares de pasos para llegar a Aranguren. Al subir una cuestecilla en cuyo término el camino daba una revuelta y desaparecía cerca de la torre de Martín Sánchez, volvió la faz y vio a los peones gamboinos que continuaban sin duda en su persecución.</p>
<p>La mayor de sus dichas hubiera sido entonces poseer una lanza o una espada para esperarles allí y terminar su vida peleando con ellos, pero careciendo de esta dicha, siguió aquella vía dolorosa algunos pasos más y al fin cayó al suelo falto de toda fuerza y de toda esperanza.</p>
<p>IV</p>
<p>Aquel mancebo era Fernando de Achúriaga, que había esperado encontrar su salvación tomando la vía de Mendi­erreca para ascender por allí a las cumbres de Urállaga y descender a su solar de Galdames, atajo de que aún hoy día se valen los galdameses que tornan de Bilbao para ahorrar gran trecho de camino.</p>
<p>Fernando de Achúriaga era el mayor de los tres mancebos de aquella fuerte y noble casa, cuyos señores se singularizaron por más de un siglo entre los más valerosos y encarnizados banderizos de oñaz, y precisamente era uno de los primeros que aquella mañana habían descendido de las estribaciones del Argalario a retar a los gamboinos.</p>
<p>En el instante en que exhalando un débil grito de dolor y de desesperación caía al sucio, una hermosa doncella salía del oratorio donde había pasado gran parte de la mañana orando por los que peleando como caines, sucumbían en la llanura de donde el siniestro rumor de la pelea llegaba hasta Aranguren.</p>
<p>Apresurose la doncella a pedir auxilio a los servidores de su casa, que era la torre inmediata, y con ayuda de ellos condujo al mancebo a la torre.</p>
<p>En aquellos tiempos en Vizcaya era empírico el arte de curar, que sólo se adquiría con la observación y la práctica y ejercían por afición o caridad algunos y por logrería otros.</p>
<p>Entre los criados de Martín Sánchez de Aranguren se contaba un buen anciano que pertenecía al número de los primeros, y en toda la Encartación gozaba fama de habilísimo en aquel arte. Así Martín, como su hija Marina, tenían la mayor complacencia en que Peruchón de Carranza, con cuyo nombre era conocido aquél su servidor, se ocupase sólo en la cura de los dolientes que requiriesen su auxilio, ora fuesen éstos criados o parientes de la casa, ora<em> </em>fuesen extraños a ella.</p>
<p>Por ventura del caballero de Achúriaga, al ser conducido a la torre por Marina, que no era otra la compasiva y hermosa doncella que tan a tiempo para reparar en el mancebo y acudir en su auxilio había salido del oratorio, se hallaba a la sazón el anciano servidor en la colina de Olarte acopiando salutíferas hierbas vulnerarias que él sólo conocía.</p>
<p>Buscósele apresuradamente, y asistido de su señora y una buena dueña a quien ésta amaba como a su madre, pues con ella había hecho veces de tal desde que le faltó la suya prestó tan celoso y eficaz auxilio al herido, que muy pronto recobró éste el conocimiento y pudo ser conducido a un excelente lecho, restañadas y vendadas sus heridas y con todas las probabilidades humanamente posibles de que había de sanar de ellas.</p>
<p>Apenas era terminada aquella operación, la voz de ¡Ah de la torre!&#8221; se oyó bajo los nogales fronteros a ésta.</p>
<p>Asomose el mismo Peruchón de Carranza al corredor exterior y vio que los que demandaban eran peones gamboinos, no dudando que fuesen los mismos que el caballero de Achúriaga, no bien recobró conocimiento y habla, había dicho ir en su seguimiento.</p>
<p>Grande fue el terror que se apoderó de Marina y sus servidores cuando; saliendo también al corredor, vieron a los peones, pero no tardaron en tranquilizarse, pues interrogados por el anciano, le respondieron;</p>
<p>- El señor Fortún Sánchez de Salcedo nos envía a saludar a su deudo el señor Martín Sánchez de Aranguren, y a rogarle con mucho afincamiento que le plazca enviaras sin demora a prestar caritativa ayuda a muchos de su bando que yacen malheridos en el campo dc la lucha.</p>
<p>- Así haré al punto sin esperar licencia de mi amo y señor que está ausente y tiénemela dada para tales casos y curare de gamboinos como de oñacinos, porque para mis señores y para mi no hay bando que deba ser preferido, y menos cuando se trata de hombres dolientes y desafortunados.</p>
<p>- Bien hacéis vos y vuestros señores en pensar así, pero hoy gamboinos sólo curaréis, que de curar oñacinos heridos se han encargado las lanzas y las ballestas de los dueños del campo.</p>
<p>El anciano hizo un signo de dolor y compasión al oír esto último, y al notarlo, añadieron los gamboinos.</p>
<p>-Cierto que es de lamentar tamaño ensañamiento, pero culpa no pequeña de ello tienen los caballeros de Achúriaga a quienes Dios maldiga, porque ellos provocaron esta mañana la lid bajando del Argalario a retar sañudos y procaces a los gamboinos.</p>
<p>Peruchón de Carranza, después de instruir a su señora de los cuidados que convenía prestar al herido durante su ausencia, cabalgó inmediatamente en una muía de gran andar, provisto de cuanto necesitaba para ejercer su bienhechor arte, y partió valle abajo adelantándose pronto largo trecho a los peones gamboinos que tornaron por la misma vía después de refrigerarse con un jarro de sidra que la hermosa y amada doncella de Aranguren hizo bajarles al nocedal.</p>
<p>Pocas horas después regresaba a su casa Martín Sánchez de Aranguren que había pasado el resto del día en las laderas del Cuadro o Laurea, como entonces se llamaba aquella montaña, dirigiendo el trabajo de gran número de braceros que ocupaba allí roturando y cercando gran extensión de terreno destinado a la siembra de trigo en el otoño inmediato.</p>
<p>Entonces apenas era conocido en Vizcaya el cultivo del más precioso de los cereales que se traía de Castilla y tenía aquí poco consumo. La cebada, el centeno, la avena y el mijo, que se designaba con el nombre de borona, eran casi los únicos cereales que aquí se consumían, y aun estos se suplían en gran parte con la castaña que se cosechaba en gran abundancia y hasta se exportaba a reinos extraños.</p>
<p>El ganador de Aranguren era casi el primero que en Vizcaya había cultivado el trigo, haciendo grandes roturas en los montes. Como entonces éstos estaban vírgenes de todo cultivo y de todo despojo de sus sustancias vegetales, las cosechas que obtenía eran copiosísimas y con ellas había conseguido aumentar en gran manera la riqueza de su casa y estimular la imitación de otros como él aficionados a las pacíficas fatigas agrarias y no a las sangrientas y ruinosas lides de bandería</p>
<p>Marina lo esperaba con inquietud. Sabía que el corazón de su padre era magnánimo para con todos, pero sabía también que acaso eran los solariegos de Achúriaga los únicos hombres a quienes no alcanzaba esta magnanimidad por los instintos belicosos de aquellos mancebos que contribuían no poco a las guerras de bando que desolaban a la noble y hermosa Encartación, y temía que reprobase el hospedaje y los piadosos auxilios que en su casa había encontrado el más belicoso e implacable de los tres hermanos.</p>
<p>Cuando Marina vio asomar a su padre por la arboleda, que mediaba entre la torre y la ferrería y el molino de su propiedad, que subsistían aún algunos centenares de pasos más arriba de donde existió la torre, se apresuró a salir a su encuentro.</p>
<p>Abrazó Martín con la dulce emoción de siempre a la hermosa, a la buena, a la santa doncella en quien cifraba en lo humano el mayor de sus amores y Marina, con inquietud y timidez que le sobresaltaron algún tanto, le dio cuenta circunstanciada de la novedad que ocurría en la torre.</p>
<p>Por única contestación Martín volvió a estrecharla en sus brazos diciéndole:</p>
<p>- Hija mía, lo que has hecho es digno de ti y de mí.</p>
<p>Y ambos penetraron en la torre adonde poco antes había regresado el buen Peruchón, quedando muy satisfecho del estado en que encontró al herido.</p>
<p>V</p>
<p>Terminaba el otoño y aún permanecía en la torre de Aranguren el caballero de Achúriaga a pesar de hallarse ya completamente restablecido dc sus heridas. Nadie sino su familia y los moradores de la torre tenía noticia de su permanencia allí, que Martín Sánchez cuidó no se divulgase para evitar que se dudara de la neutralidad de su casa en las guerras de bandería.</p>
<p>En la Encartación nadie dudaba que Fernando de Achúriaga había muerto en la sangrienta lid de Baracaldo y aún no faltaba quien asegurase haberle reconocido entre los centenares de muertos que fueron sepultados al siguiente día de la lid en una gran fosa que para ello se abrió cabe la iglesia de San Vicente. De esta misma convicción aparentábase participar en el solar de Achúriaga, pues el escudo de armas de aquella noble casa estaba velado con paños negros.</p>
<p>Trato con cualquiera otro de los banderizos no hubiera hecho sospechoso de parcialidad al ganador de Aranguren, pero cl trato con los de Achúriaga era muy ocasionado a esta sospecha por la implacable saña que a aquellos mancebos singularizaba entre todos los de la parcialidad oñacina.</p>
<p>Si hubiera sido conocida del malicioso vulgo la larga y en parte voluntaria permanencia del mancebo en Aranguren, no hubiese faltado quien sospechase y aun murmurase, no de la virtud de Marina, a quien todos tenían por impecable, sino del sentimiento que retenía allí tan largo tiempo al de Achúriaga, tanto más cuanto éste tenía en la Encartación fama de enamoradizo.</p>
<p>Si el de Achúriaga hubiese sido tan codicioso de hacienda como de triunfos belicosos y amorosos, ocasión hubiera tenido en la torre de Aranguren de envidiar a os señores de aquella casa, que en lo abastada de positiva riqueza contrastaba con la suya, no obstante ser ésta una de las más ricas de la Encartación hasta que sus señores dieron en curar más de banderías que de su hacienda</p>
<p>Frutos de toda especie henchían la torre de Aranguren y los edificios adyacentes a ella. La miel y la cera de centenares de colmenas colocadas en múltiples y dilatadas hileras resguardadas de los fríos vientos del Norte y del Noroeste en los soleados declives que dominaban a la planicie de Olarte; espacioso granero lleno hasta el techo de rico trigo, copia abundantísima de castaña, nuez, manzana y otros frutos: bodega enriquecida con un centenar de cubas de vino y sidra; lonja atestada de hierro labrado en las cuatro ferrerías que los señores de la torre poseían en Mendi-erreca y alimentaban con la vena dcl Cuadro y el carbón de sus robledales y bortales de las vertientes del hondo y estrecho valle, corral y cobertizos donde se albergaban centenares de aves domésticas y una docena de cerdos engordados con la bellota de los llanos de Uraga y la manzana de Sagastieta; gortes donde toda clase de ganado mayor y menor enriquecía a sus dueños en diversos conceptos, entre ellos el de la producción de abundante leche que en gran parte se convertía en quesos inteligentemente elaborados en oficina dedicada exprofeso a ello; tal era, incompletamente mencionado, el fruto que los señores de Aranguren obtenían de su amor a la industria pacífica y fecunda y su aversión a las banderías turbulentas, esterilizadoras y crueles.</p>
<p>Hacía tiempo que el caballero de Achúriaga había manifestado su propósito de poner término inmediato a la hospitalidad que había encontrado en Aranguren, trasladándose a su solar de Galdames; pero este término se iba aplazando de un día a otro, dando ocasión a ello, más que la falta de firmeza de su decisión, el pesar que así Martín Sánchez como su hija mostraban de que dejase de sentarse a su hogar y su mesa.</p>
<p>No era el señor de Aranguren muy diestro en leer en el fondo de los corazones, porque como él llevaba siempre, como suele decirse, el. suyo en la mano, creía que a todos cuantos le rodeaban les sucedía lo mismo, y nunca se había ejercitado en adiestrarse en lecturas tan hondas. Sin embargo de esto, había creído observar en el mancebo y más que en éste en su hija, pesar más grande que el que él sentía cuantas veces venía a su mente la ausencia del caballero de Achúriaga.</p>
<p>Al fin una mañana, en ocasión de haber bajado Marina a orar en el oratorio y de prepararse Martín a ausentarse de la torre para atender al granjeo de sus ferrerías que se preparaban a la labranza con la proximidad del invierno, única estación en que el caudal de agua de Mendi-erreca les permitía labrar, el de Achúriaga le indicó con emoción inusitada en él, que deseaba decirle algo que interesaba grandemente a uno y otro.</p>
<p>Ambos caballeros se encerraron en una estancia propia para platicar reservadamente.</p>
<p>- Señor Martín Sánchez -dijo el de Achúriaga con humilde y balbuciente tono que denunciaba su inquietud interior-, desde que me cobija vuestro honrado techo han ido naciendo en mí sentimientos y ambiciones que eran para mí desconocidos, y a veces, como en esta ocasión, sacan lágrimas a mis ojos como si mis ojos fueran tos de débil mujer o mancebo afeminado y no como yo, viril y avezado a no conmoverse ni aun ante el estrago y la sangre de que llegué cubierto a vuestra noble casa.</p>
<p>Y al hablar así el de Achúriaga, ciertamente se arrasaban en lágrimas sus ojos.</p>
<p>El de Aranguren, también conmovido, le estrechó la mano diciéndole:</p>
<p>- Huélgome mucho de oír y ver eso en uno de los solariegos de Achúriaga que pasan y han pasado siempre por extraños a tales sentimientos. Mostradme vuestro corazón con la confianza que deben inspiraros mis años y el amor en que se ha ido trocando, desde que llegasteis a mi casa, si no el odio, porque yo nunca he llegado a odiar a nadie, la repulsión que me inspiraban las aficiones guerreras que parecían vinculadas en los de vuestro linaje.</p>
<p>- Pues, señor, os juro por mi honra que tales aficiones han muerto en mí.</p>
<p>- Plegue a Dios, amigo mío, que no resuciten, y estad cierto de que para mí y los míos fuera gran dicha contribuir en todo, ya que hemos contribuido en parte, a trocar la vida que vos y los vuestros traéis por la que traemos nosotros.</p>
<p>- Señor, contribuir podéis en todo.</p>
<p>- Decidme cómo.</p>
<p>- Trocando el nombre de amigo que hoy me dais por el nombre de hijo.</p>
<p>- Eso es imposible -respondió Martín con tono decisivo, después de meditar y vacilar un momento.</p>
<p>- Señor&#8230; -murmuró el mancebo con tanta dificultad y tanto dolor como si un puñal, clavándose en su pecho, hubiese detenido su voz en la garganta.</p>
<p>- No me preguntéis -continué Martín- por qué razón me niego a daros el nombre de hijo, aunque esta negativa acaso sea para mí más dolorosa que para vos, que yo me apresuro a explicároslo. Los solariegos de Achúriaga por más nobles que sean, son la personificación de la guerra y la desolación, y los solariegos de Aranguren son la personificación de la paz y el trabajo fecundo. Paréceme que hasta los huesos de mis antepasados que duermen bajo las santas bóvedas de San Vicente se levantarían revestidos de carne mortal para maldecirme si yo rompiese la bendecida tradición de nuestra honrada casa, dando por sucesores en ella a los del linaje de Achúriaga, que tarde o temprano asestarían el hacha al símbolo de paz que sombrea nuestro escudo.</p>
<p>El mancebo, que había escuchado estas palabras con terror parecido al de quien escucha su sentencia de muerte, quiso replicar o más bien hacer humildes observaciones al de Aranguren pero éste le interrumpió, continuando:</p>
<p>- Tan firme es esta decisión mía, que quisiera os aborreciese mi hija cuanto yo os amo para que me ayudara a perseverar en ella.</p>
<p>- Señor, lejos de aborrecerme vuestra hermosa y santamente buena y pura hija, hame dado los testimonios que puede dar un ángel de que su corazón corresponde a los sentimientos del mío.</p>
<p>Al oír esto, Martín se estremeció de espanto, inclinó la frente, quedó silencioso por algunos instantes como entregado a dolorosísima reflexión, y levantándola al fin con los ojos arrasados en lágrimas exclamó con tono enérgico y supremamente decisivo:</p>
<p>- Mancebo, mi honrado techo no puede cobijaros ni un día más.</p>
<p>Poco después el caballero de Achúriaga abandonaba la torre de Aranguren, no saliendo de ella por la puerta principal para seguir calzada arriba; sino saliendo por la zaguera para tomar la colina de Olarte y buscar desde allí el camino de Galdames, a fin de disimular su procedencia de casa de Martín Sánchez.</p>
<p>Cuando Marina dejó el oratorio y subió a la torre, su padre le manifestó lo que había pasado entre él y el caballero de Achúriaga, lo que era tanto como manifestarle las razones que éste había tenido para ausentarse sin despedirse de ella.</p>
<p>- Padre y señor -dijo la doncella por única observación, besando la mano de su padre-, lo que habéis hecho es digno de vos y de mí.</p>
<p>Pero no bien su padre se alejó de la torre, Marina se encerró  en  su  cámara  y  allí  rompió  a  llorar silenciosamente, mas con hondo desconsuelo.</p>
<p>VI</p>
<p>Para comprender la resignación con que la bija de Martín Sánchez de Aranguren oyó de boca de su padre lo que podía considerarse como sentencia de muerte de la Infeliz y hermosa doncella, es necesario saber lo que era la familia en el siglo XV de nuestra era: en la familia no había entonces más que una voluntad, que era la del esposo o el padre, que ajustaba la suya a la tradición de la familia.</p>
<p>Tanto respetaba Marina esta tradición, que de ser libre su voluntad, hubiera vacilado mucho en unirse con uno de los belicosos solariegos de Achúriaga, temerosa como su padre, de que sus predecesores se alzasen de las fosas de San Vicente para maldecir la unión que hubiese llevado al tálamo de Aranguren a uno de aquellos a quienes vedaba aspirar a él el santo símbolo de paz que sombreaba el escudo de armas del solar más honrado de Mendi-erreca.</p>
<p>Pero ¡ay! aun en aquellos tiempos en que las mujeres, y sobre todo las hijas, tenían a toda hora hasta en el hogar doméstico el nombre de señor en tos labios, la razón y la voluntad<em> </em>solían ser esclavas del corazón.</p>
<p>Sólo habían pasado algunos meses desde que el mancebo de Achúriaga había regresado a su solar de Caldames, y si aquel mancebo hubiese tornado por el dc Aranguren, con dificultad hubiera conocido a la hermosa doncella de quien allí tan solícitos cuidados había recibido: tal  era  el  desmejoramiento  que  Marina  había experimentado en tan corto tiempo.</p>
<p>EI buen Peruchón de Carranza se acercó un día a su amo y le dijo con discreción suficiente para que nadie pudiese oír sus palabras:</p>
<p>- Señor, el estudio de las dolencias humanas me ha enseñado una cosa muy triste.</p>
<p>- ¿Cuál, buen Peruchón?</p>
<p>- La de que cuando menos la mitad de las dolencias que aquejan a las mujeres tienen su origen y causa en cl alma.</p>
<p>- ¿Qué quieres decirme con eso, Peruchón? -preguntó Martín al honrado anciano, cuyos ojos rebosaban lágrimas, a pesar de que solía vanagloriarse de que nunca las había derramado en el ejercicio del arte a que<em> </em>se dedicaba.</p>
<p>- Quiero deciros, señor respondió el viejo con voy entrecortada por los sollozos-, que reniego de toda mi experiencia y de todo mi saber, puesto que no alcanzan a dar salud a quien quisiera ver con ella, aunque se llevara el diablo a la humanidad entera, empezando por mí.</p>
<p>Martín quiso ensayar una sonrisa al verla desesperación un tanto grotesca del viejo, pero no tuvo valor para ello y antes bien se sintió hondamente conmovido, sin duda adivinando quién ocupaba el fondo del pensamiento del empírico.</p>
<p>- Explícate, buen Peruchón, explícate -dijo Martín echando amorosamente su brazo al hombro del anciano. ¿Quién es el doliente que tanto te apena y desespera?</p>
<p>- ¡Quién ha de ser sino vuestra bija y mi señora Marina que se nos muere, señor, si vos no inquirís y remediáis la enfermedad que padece!</p>
<p>- ¿No has acertado tú cuál sea?</p>
<p>- En vano lo he intentado, porque sólo he conseguido sospechar que procede del alma.</p>
<p>- Pues bien, tranquilízate, Peru, que yo procuraré averiguar si tu sospecha es fundada, y entonces de consuno nos esforzaremos en devolver la salud a la enferma.</p>
<p>Aquel mismo día, Martín, a solas con su hija, interrogó a ésta amorosamente, instándola a que le confiara la causa de su mal que, no obstante ser secreta para todos, para él, como para Peruchón de Carranza lo era incompletamente. Marina le confesó, en resumen, que se moría de amor por el mancebo de Achúriaga, por más que su voluntad y su razón luchasen contra aquel amor.</p>
<p>Martín agotó su elocuencia, que hasta tuvo por auxiliares algunas lágrimas que asomaron a sus ojos sin atreverse a descender a sus mejillas, para convencer a su hija de que amaba un imposible y como la doncella le escuchase sin contradecirle y aun le prometiese hacer el esfuerzo supremo para vencer la pasión que la dominaba, el bondadoso padre y buen caballero se separó dc la doncella confiado en que para curar el mal de ésta había de bastar el remedio que acababa de aplicarle.</p>
<p>VII</p>
<p>Las ferrerías de Mendi~erreca, cerradas tristes y silenciosas durante ocho meses del año, en que les faltaba agua para labrar y sólo reinaba alguna animación en torno de ellas durante los de agosto y septiembre, en que se proveían de carbón sus carboneras y de vena su fragua, comenzaban. a hacer resonar su enorme mazo que se oía hasta la llanura de Baracaldo, a hacer rechinar sus barquines o fuelles y a despedir por su chimenea, en la oscuridad de la noche, alta columna de fuego dividida en millares de menudas y resplandecientes chispas.</p>
<p>La ferrería de Aranguren sólo distaba, como he dicho, algunos centenares de pasos de la torre del mismo nombre, y en las largas veladas de invierno era muy frecuente que sus señores, inclusas las mujeres, fuesen a pasarlas en la ferrería donde la estancia era grata con lo elevado de la temperatura y el animado espectáculo del trabajo de los alegres y viriles <em>oIa-guizones</em> u operarios.</p>
<p>Para comodidad de los <em>ola-nagusias </em>o señores de la ferrería que iban a disfrutar de este solaz, había en muchos de aquellos establecimientos fabriles una especie de tribuna alta que dominaba la fundición y el mazo y estaba provista de bancos. La mayor parte de las ferrerías del litoral cantábrico y particularmente las de las provincias vascongadas eran como dependencia inmediata y obligada de la casa solariega de sus dueños, que tenían su principal elemento de subsistencia en su explotación y la del molino que acompañaba siempre a la ferrería con su tejado blanco que contrastaba con el negro de su compañera. Orilla de un río o riacbuelo un campo poblado de nogales y castaños, entreverados de algunos cerezos y otros árboles frutales; a un extremo del campo la ferrería y el molino; cerca de estos edificios una casa con tímidas pretensiones de palacio; a más o menos distancia, río arriba, una presa de donde se derrumbaba ruidosamente el agua en forma de cascada, particularmente cuando no labraba la ferrería; y entre el río y el cauce que partía de la presa, señalando su comienzo la compuerta de madera coronada con dos maderos en forma de cruz que servían de asidero para levantarla y bajarla, un pedazo longitudinal dc tierra negra y fértil dedicado a huerta yen parte, aunque mínima, también a jardín, pues no faltaban allí algunos rosales y algunas matas de claveles, de espliego y de tomillo. Esto era lo que veía el que al descender de las montañas dirigía la vista al fondo del valle o la cañada oyendo mido de mazo de ferrería o cuando menos de tolva de molino que unido al mido del agua de la presa le traía más o menos distinto y con más o menos intermitencias el viento que de hacia aquel lado soplaba.</p>
<p>Aunque hasta el siglo XVI no se generalizó el mecanismo conque llegaron hasta el presente las ferrerías, ya a principios del siglo anterior se había adoptado en algunas, como la de Aranguren, cuyo señor se adelantaba en todo a la rutina de su tiempo; y lo que digo del mecanismo debe entenderse de los operarios, que eran un arotza o carpintero que al mismo tiempo que entendía en la maquinaria hidráulica, entendía en la dirección general del establecimiento fabril, de dos <em>corzallac </em>o fundidores que alternaban en el cuidado de la fundición, de un <em>ijelia </em>o tirador de barras y de un <em>gatzarnalla </em>o mozo martillador que tenía por principal obligación la de desmenuzar y aprestar en cestos la vena que el fundidor iba echando a la fundición.</p>
<p>El mismo día que Martín Sánchez tuvo con su hija la entrevista secreta en que creyó haber convencido a Marina de que debía dar a completo olvido al solariego de Achúriaga, se le presentó el <em>arotza </em>de su ferrería de Aranguren diciéndole que tenía completa la cuadrilla de <em>ola-guizones </em>y en la madrugada del día siguiente comenzaría la labranza, anticipándola a la de todas las muchas ferrerías que existían desde Bengolea a Urcullu que eran los límites extremos del valle.</p>
<p>En efecto, a la mañana siguiente despertó a los moradores de Mendi-erreca el ruido del mazo que siempre, al resonar por primera vez de temporada, llenaba de alborozo a todos los de aquella profunda extensa y amena cañada.</p>
<p>Aquella noche Martín invitó a su hija y a sus servidores predilectos, que eran la anciana que a Marina había servido de madre y Peruchón de Carranza, a ir con él a pasar la velada en la ferrería. Marina, que continuaba sumida en su profunda y habitual tristeza, rogó a su padre que la permitiera abstenerse de aquel solaz, pero al fin accedió a los deseos de Martín, que eran también los de los dos ancianos servidores.</p>
<p>Cuando llegaron a la ferrería alumbrados con un susi o manojo de paja con que los acompañó un criado joven y se instalaron en el <em>zabaya </em>o tablado, los operarios acababan de sacar la <em>zamarra </em>o masa de hierro fundido que, dividido en cuatro trozos bajo el mazo de siete quintales, iba a ser por el <em>ijelia </em>reducida a largas y delgadas barras bajo el mismo mazo.</p>
<p>Los <em>ola-guizones </em>tenían por único vestido una camisa de lienzo crudo que les cubría por completo desde el cuello a los pies calzados con toscas sandalias y el negro tizne del carbón diluido con el constante y copioso sudor desfiguraba por entero su fisonomía.</p>
<p>Los operarios cantaban alegremente al compás de su faena y cuando vieron llegar a los señores guardaron silencio por respeto a los mismos, pero no tardaron en proseguir su canto.</p>
<p>De repente Marina se estremeció como si una corriente eléctrica hubiera chocado en ella. Era que el <em>ijelia </em>al empezar su faena, cantaba en lengua euskara, que entonces aún era la vulgar no sólo allí sino también dos leguas más al Oeste o sea hasta el valle que comprende a Galdames y Sopuerta</p>
<p><em>Por mucho que en el yunque</em></p>
<p><em>bata el mazo mayor.</em></p>
<p><em>mucho más en mí pecho bate mi corazón.</em></p>
<p><em>¡Ay corazón, que bates</em></p>
<p><em>con incesante afán,</em></p>
<p><em>y ni aun al batir tienes</em></p>
<p><em>la dicha de esperar!</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>Aquel estremecimiento alarmó a Martín y sus servidores; pero pronto se tranquilizaron uno y otros, oyendo decir a Marina que el canto del <em>ijelia </em>la había estremecido, no de dolor, sino de placer, cuya causa no acertaba a explicarse, y viéndola pasar las veladas en que repetidas veces se repitieron los cantos, incluso el del <em>ijelia, </em>con bienestar y alegría que hacía tiempo habían desaparecido de la doncella.</p>
<p>VIII</p>
<p>El <em>ola~nagusia, </em>su hija y sus servidores predilectos continuaban pasando las veladas en la <em>zabaya </em>y Marina iba recobrando maravillosamente la salud y la alegría, merced indudablemente, según la autorizada opinión de Peruchón de Carranza, a aquella diaria distracción y a la influencia, según él mismo, muy poderosa en las doncellas, de los efluvios férricos que allí recibía.</p>
<p>Una mañana se presentó el <em>arotza </em>a Martín dándole cuenta de que el <em>ijeIia </em>había desaparecido de la ferrería la noche anterior, apenas sacada la <em>zamarra, </em>y añadiendo que se veía en la necesidad de buscar quien le sustituyera cosa que sentía mucho, pues el <em>ijelia </em>era buen oficial y en lenguaje y trato más parecía nacido para caballero que para <em>ola-guizon.</em></p>
<p>- Si sabéis de dónde es o a dónde ha ido -le replicó Martín- dadle espera y avisadle la que le deis.</p>
<p>- Eso, señor, es imposible -contestó el <em>arrotza- </em>llegose por la ferrería un anochecer, cuando se preparaba la labranza, ofreciose a desempeñar la plaza de <em>ijelia, </em>única que quedaba vacante, dísela, porque me pareció honrado y vigoroso mancebo, y ni él ha dicho de dónde era ni yo ni nadie se lo ha preguntado, porque a decir verdad, señor, nos inspiraba a todos respeto más de amo que de compañero, y viéndole naturalmente poco comunicativo, no osamos importunarle con preguntas que si por acaso alguno le hacía, contestaba a medias y con disgusto si bien  con cortesía impropia de nuestra condición.</p>
<p>Martín despidió al <em>arotza </em>autorizándole para que reemplazase al <em>ijelia </em>si éste no tornaba en todo aquel día, y en seguida, asaltado por súbita sospecha, encerrose a solas con su hija y se la comunicó. Su sospecha era la de que el <em>ijelia </em>no fuese otro que el mancebo de Achúriaga. Marina, de cuya sinceridad no dudaba ni había dudado nunca, le confesó que desde la primera noche que asistió a la <em>zabaya </em>y oyó el canto del <em>ijelia </em>concibió la misma sospecha que pronto se había convertido en ella en íntima certidumbre, por más que su razón rechazase la idea de que mancebo como el de Achúriaga pudiera amarla hasta el extremo de aceptar aquel sacrificio sin más esperanza de recompensa, que la de verla sin hablarla.</p>
<p>A este punto llegaba la confidencia de Martín y su bija cuando oyeron, calzada abajo, pasos de cabalgadura que cesaron al llegar a la torre, y un instante después Peruchon de Carranza se acercó a la puerta de la estancia anunciando a su señor que un caballero deseaba verle.</p>
<p>Martín se apresuró a bajar al encuentro del recién llegado, que esperaba en una cámara o recibimiento del piso<strong> </strong>bajo, y con gran sorpresa suya, se encontró con el mancebo de Achúriaga, que vestía el traje de caballero y ceñía espada.</p>
<p>Martín le abrazó con gran benevolencia, que al mancebo arrasó los ojos en lágrimas, y cerrando la puerta de la cámara le invitó a sentarse y se sentó a su lado.</p>
<p>La tradición vulgar de Mendi-erreca que siglo tras siglo viene conservando y puntualizando esta sencilla pero ejemplar historia hasta el punto de decir que a pesar de que las cristalinas y delgadas aguas del torrente de Urallaga que corrían al pie de la torre de Achúriaga, y de las que el mancebo había  hecho porfiado uso, son maravillosas para quitar manchas de carbón y vena, Martín adquirió completa certidumbre de que el <em>ijelia </em>y el mancebo eran uno mismo al reparar en manos y faz del mancebo. La tradición de Mendi-erreca no puntualiza las primeras explicaciones que mediaron entre Fernando de Achúriaga y Martín Sánchez de Aranguren.</p>
<p>Sólo dice la tradición que Martín Sánchez se estremeció de alegría al pensar cuán profundamente amada era su hija, y de espanto al pensar cuán profundo dolor sería el de su hija al ver aquel amor sin recompensa.</p>
<p>- Señor -exclamó el mancebo-, si el único obstáculo que encontráis para darme el nombre de hijo, es la tradición belicosa de mi linaje, yo puedo hacer desaparecer ese obstáculo, y os aseguro que no me costará trabajo alguno el hacerle desaparecer; porque el espectáculo de paz, de abundancia y de amor que me ha ofrecido vuestra noble casa me ha hecho mirar con horror la tradición belicosa de la mía. Dispuesto estoy a romper para siempre esa tradición.</p>
<p>- ¿Como la romperéis?</p>
<p>- Jurándooslo solemnemente sobre la cruz de mi espada de caballero.</p>
<p>- No acepto tal juramento sobre tal cruz que está manchada de sangre fratricida -contestó Martín Sánchez-. Sobre otra cruz más santa que la de la espada le habéis de prestar si queréis que mi hija y yo le aceptemos y yo os dé el nombre de hijo, y seáis digno sucesor mío en el honrado solar de Aranguren cuyo escudo sombrea el santo símbolo de la paz.</p>
<p>- Señaladme la cruz que más os plazca.</p>
<p>- Pues venid conmigo y jurad sobre ella.</p>
<p>Así diciendo, Martín Sánchez salió de la torre con el mancebo y ambos se encaminaron ribera arriba.</p>
<p>Al llegar a la ferrería, entraron en la huerta y siguiendo la dirección del cauce llegaron a la presa y se detuvieron ante la compuerta donde Martín se descubrió la cabeza imitándole en esto el mancebo.</p>
<p>- Sobre esa cruz -dijo Martín señalando la tosca formada por dos maderos para servir de asidero a la compuerta-sobre esa cruz que es doblemente santa, porque si es símbolo de la religión de Nuestro Señor Jesucristo, también lo es del trabajo pacífico fecundo y santo, sobre esa cruz me habéis de jurar que renunciáis para siempre la tradición belicosa e impía de vuestra casa y linaje y aceptáis la pacífica y gloriosa de la casa y linaje de Aranguren. EI mancebo se arrodilló al pie de la compuerta y poniendo su diestra mano sobre la tosca cruz, pronunció con solemne y enérgica voz el juramento que Martín Sánchez dc Aranguren le exigía.</p>
<p>Y hecho esto, arrancó de su cinto la espada, hízola dos pedazos apoyándola en su rodilla, arrojolos a la presa y ambos caballeros tornaron ribera abajo hacia la torre.</p>
<p>Las tradiciones de Mendi-erreca han conservado por largo tiempo el recuerdo de las bodas dc la doncella de Aranguren y del mancebo de Achúriaga; pues un viejo llamado Juan de Sasía, que hace cosa de veinte años murió de más de noventa en Euscauriza, que es como si dijéramos la capital de Mendi-erreca, me contó que cuando él era muchacho todavía se decía allí para ponderar la esplendidez de las bodas: «Han sido las bodas de Aranguren».</p>
<h5 style="text-align: right;">Escrito por Antonio de Trueba</h5>
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		<title>La casa del maleficio (Leyenda)</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Apr 2009 19:46:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/04/vega-de-ansio-1950gif.jpg" class="floatbox" rev="group:686 caption:`vega-de-ansio-1950gif`"><img class="alignright size-full wp-image-734" title="vega-de-ansio-1950gif" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/04/vega-de-ansio-1950gif.jpg" alt="vega-de-ansio-1950gif" width="296" height="215" /></a>Barakaldo no podía ser una excepción y fue así como cierto día, los sucesos de «El Duende de Zaragoza» se quedaron chicos ante los ocurridos en el barrio de Zuazo.</p>
<p>Corrían los primeros meses del año 1924, cuando el entonces escaso vecindario del barrio barakaldés de Zuazo, donde los caseríos podían contarse con los dedos de las dos manos, se vieron sorprendidos por unos «sucedidos» ignorados que causaron muchísimo daño en sus mo­radores. No fue pequeña la faena y su trascendencia copó las páginas de los diarios españoles.</p>
<p>El vetusto caserón o Casa Torre de Zuazo, fue mudo testigo de los hechos ocurridos, argo insólito en aquellos tiempos, ya lejanos, en que los aldeanos seguían creyendo en brujas.</p>
<p>Junto a la citada Torre, hubo una casona arruinada por el paso de los tiempos, cuyas paredes estaban ribeteadas por trepadoras hiedras, entre las cuales -decían- se ocultaban los espíritus de sus antiguos moradores, una familia de la que nadie sabía dar razón de quiénes o cómo eran. Los más<em> </em>osados aseguraban la existencia de un crimen pasional, cuyas huellas fueron borradas por un premeditado y voraz in­cendio.</p>
<p>Peru el de Zuloko, calaba sus dedos bajos su descolorida boina, para rascarse así su abundante y gris cabellera a la vez que comentaba los sucesos con otro aldeano del cercano barrio de San Bartolomé.</p>
<p>Yo creo que todos estos ruidos nocturnos, no son más que los que se producen por el arrastre de cadenas y bien pudiera ser de almas en pena que vienen a redimirse a su antiguo caserío, para poder salir del purgatorio.</p>
<p>Es raro, -comentaba Juantxu el de San Bartolomé- la verdad es que el ruido se acentúa en los días de viento y esos días no suelen ser los más deseados por las brujas. Luego, bien pudieran ser penitentes, como tú dices.</p>
<p>Algo muy raro está pasando. Fíjate tú bien en lo que te digo: El otro día, -continúo Peru- a mi burrilla le dio por pasarse toda la noche rebuznando como si le estuviera picando alguna mosca cojonera. No tuve más remedio que bajar a la cuadra para ver lo que sucedía y, cual no sería mi estupor al ver algo muy negro que se deslizaba entre la paja y salía volando por el resquicio de la puerta.</p>
<p>Razón no te falta, -comentaba Juliantxu- mis nietos andan como locos y se pasan todo el día agarrados a las faldas de su abuela, y los pobres comentan que tienen miedo y se niegan a subir a la escuela de San Vicente.</p>
<p>El diálogo entre los mocetes del lugar era muy similar a los mayores, pero con el agravante de que sus sospechas eran para los «Sacamante­cas»; unos hombres fuertes vestidos de negro, que te engañaban y te metían en un saco y, después te sacaban las mantecas del cuerpo con el fin de hacer pócimas de brujerías.</p>
<p>El avispado Txomin -un pastorcillo de Ugarte- decía que eran «tísicos» que te cogían para sacarte la sangre para curarse ellos y que después tiraban los cuerpos en el monte Argalario y allí, los cuervos te sacaban los ojos, mientras que los buitres comían el resto dcl cuerpo.</p>
<p>Todos éstos y otros peores comentarios dañaron las frágiles mentes de los chiquillos que sólo veían brujas y ogros por todos los lugares, con lo que Zuazo no resultaba ser lugar agradable para la prole infantil, que antes de anochecer se recogía junto a la penumbra de los candiles de carburo.</p>
<p>Todo este tema tuvo gran trascendencia entre los sencillos pero ignorantes aldeanos, entre los que destacaba «Martintxu», al que consi­deraban el más ilustrado entre todos los aldeanos del barrio barakaldés. Fue precisamente éste quien decía muy enfadado:</p>
<p>- Tenemos que acabar con esos ruidos que atruenan la Casa del Maleficio durante las tinieblas de la noche. Debemos ir todos y acercar­nos y ver de donde proceden los ruidos y, por si acaso, no olvidemos llevar una buena estaca y quienes tengan alguna arma, mejor que mejor.</p>
<p>- Yo creo -se atrevió a insinuar Ramontxu- que todo esto lo debiera arreglar el señor Cura, pues el Clero es el que mejor está puesto en esas cosas de espíritus y demonios.</p>
<p>- Dices bien Montxu -aseveró Paulino-. Don Serapio tiene que poner ordenen estas alocadas creencias, ya quede lo contrario termina­remos todos locos. Por eso, creo yo que debemos ir cuanto antes a San Vicente.</p>
<p>El pequeño grupo de aldeanos, ni corto ni perezoso, tomó el camino de la «Cuesta Eguskiaguirre» hasta llegar a la plazuela, donde el Párro­co don Serapio se encontraba paseando, mientras leía su pequeño misal de oraciones.</p>
<p>Apenas sí cruzaron el saludo, cuando «Martintxu» soltó su parlan­china lengua para decir: Señor Cura, venimos a que Vd. nos de algo más que bendiciones, queremos soluciones.</p>
<p>- ¡Queridos hijos! Ya sé que tenéis unos ruidos muy raros en vuestro barrio, pero eso no es otra cosa que el producto de vuestra poca fe. No existen fantasmas, ni duendes y vuestra ignorancia os delata. Dios Nuestro Señor os condenará a ir al Infierno.</p>
<p>- Pero señor cura, -preguntó Pepe Ugarte- ¿No querrá Vd. decirnos que esos ruidos que se escuchan, de cadenas arrastradas y de ruidosos cencerros no son de verdad?</p>
<p>Pues claro que no, txotxolo, eso sólo son tonterías que demuestran vuestra falta de fe, -les recriminé, el flaco y menudo curilla- a la vez que palmoteaba cariñosamente la espalda de José Ugarte. Sólo los demonios pueden haceros creer esas tonterías que tenéis en vuestras «cabezas de txorlito».</p>
<p>- ¡Señor Cura!, -preguntó Martintxu- y ese fantasma que aparece en el camino de la Vega de Ansio<em>, </em>en las noches cálidas de luna llena, ¿también es una tontería? Porque los de Retuerto le han visto<em> </em>con una sábana por encima<em> </em>de la cabeza siguiendo a las mozas y les hace cosas feas. Ya nos dirá Vd. señor Cura, qué es lo que tenemos que hacer, si creer lo que nosotros vernos o lo que Vd. nos dice.</p>
<p>- No os preocupáis mis queridos feligreses, pronto, muy pronto tendremos a los culpables en la «perrera de Sanvi» y Chamorro dará buena cuenta de esos «sonsones» que asustan a los baseritarras, ¡Pala­bra de honor!</p>
<p>- ¡Amén! -dijo Martintxu-</p>
<p>Pasó algún tiempo hasta que las autoridades tomaron cartas en el asunto y tras unas oportunas pesquisas lograron encontrar el móvil de los ruidos de la «Casa del Maleficio», que no fueron otra cosa que un amasijo de tapas de pucheros y cazuelas viejas, escondidos entre la frondosa y tupida hiedra que cubría los ruinosos muros de lo que en otro tiempo fue un caserío, al que el fuego redujo a ruinas. Sólo aquellos viejos enseres fueron los que soltaron los tétricos susurros, que unidos al miedo, calaron en el sencillo convivir de los infelices alde­anos.</p>
<p>Lo que nunca supieron los aldeanos de Zuazo fue si tuvieron éxito las oraciones del «Curita» o la sagacidad de las autoridades del Munici­pio, pero lo que sí fue cierto es que pocos días después, no sólo dieron al traste con los fantasmas de Zuazo, si no que también consiguieron atrapar al fantasma «sabanero» de la Vega de Ansio, que resulté ser un pobre infeliz del barrio de Cáriga, que después de pasar por las dependencias carcelarias del antiguo Ayuntamiento de San Vicente fue trasladado a una casa de salud.</p>
<p>Esta narración, mitad historia, mitad leyenda, sucedió en Barakaldo. Espero que ésta sea del agrado de todos, muy especialmente de los niños, esos encantadores &#8220;pequeñajos&#8221; a los que solemos atemorizar para que nos dejen tranquilos.</p>
<h5 style="text-align: right;">Escrito por Carlos  Ibáñez</h5>
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		<title>La Casa-Torre de Zubileta</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Apr 2009 16:31:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[En la ribera izquierda del río Cadagua se sitúa la torre Zubileta, integrando un conjunto histórico que se complementa con el palacio de su mismo nombre y algunos restos del antiguo molino perteneciente también al linaje fundado por Juan Fernández de Zubileta. Las sucesivas reformas de las que fue objeto, la torre se reutilizó y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/04/zubileta-3.jpg" class="floatbox" rev="group:675 caption:`zubileta-3`"><img class="alignright size-medium wp-image-679" title="zubileta-3" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/04/zubileta-3-300x225.jpg" alt="zubileta-3" width="300" height="225" /></a>En la ribera izquierda del río Cadagua se sitúa la torre Zubileta, integrando un conjunto histórico que se complementa con el palacio de su mismo nombre y algunos restos del antiguo molino perteneciente también al linaje fundado por Juan Fernández de Zubileta. Las sucesivas reformas de las que fue objeto, la torre se reutilizó y acondicionó como caserío, y el estado de semirruina que presenta el edificio, reducen a escaso número los elementos que podemos considerar como originales, tanto de la primitiva fábrica gótica como de la posterior intervención histórica.</p>
<p>El edificio, con una planta casi cuadrangular, presenta dos alturas y un pequeño desván con una cubierta a doble vertiente perpendicular a la fachada. Los muros se aparejan en mampuestas, empleándose sillería tan sólo en el recerco de vanos y esquinazos. Dispone el caserío de cuatro accesos, dos para la primera y otros dos para la segunda planta respectivamente. Aquellos se abren, uno en el muro oeste, se trata de un arco de medio punto que aparece actualmente semienterrado y otro en la fachada de mediodía. Este último es un acceso renacentista en arco escarzado de dovelas irregulares, flanqueado por sendas troneras, cuya excesiva amplitud nos está indicando que no son originales. Su existencia puede responder a un doble fin, siempre descontextualizando de su primitiva función: ventilar el espacio de cuadra, o bien como elemento puramente decorativo y simbólico, remedando las antiguas cañoneras medievales. Los otros dos accesos, en la fachada oeste y su opuesta, se resuelven con sendos patines lateralizados. El primero de ellos original, y el otro de factura moderna.</p>
<p>UN ILUSTRE: JUAN DE ZUBILETA</p>
<p>De los varios ilustres personajes que Barakaldo ha dado a la historia, destaca la figura de nuestro héroe que la desidia o la ignorancia de los barakaldeses no ha sabido engrandecer como se merece, puesto que su hazaña bien sea por la fortuna o por su constancia y dotes personales, y más probablemente por ambas a la vez, bien merece el homenaje y el recuerdo a que es acreedor.</p>
<p>Con Juan Sebastián Elcano, insigne marinero guipuzcoano, y otros 16 compañeros, supo terminar la expedición, verdaderamente genial, de dar por primera vez la vuelta al mundo a principios del siglo XVI. Con escasas luces y recursos, con el oscuro estado de la hidrografía y en una mala nave, sin cartas de mareas, arrastrando con valentía los trabajos, enfermedades y peligros de tan dilatado viaje de descubrimientos, practicado por latitudes ardientes y frías que duró tres años menos 14 días, navegaron por los fríos océanos.</p>
<p>Juan de Zubileta nació en Barakaldo, en el barrio y paraje de su nombre, aún hoy día conservado y notorio: Zubileta en la margen izquierda del río Cadagua, sobre un altozano en donde se halla así mismo el salto de agua o molino denominado Zubileta. Era hijo de Martín Ochoa de Zubileta y de su mujer Sancha, de la cual no se conserva el apellido, datos que hacen referencia a la colección Muñoz, cuyos legajos se guardan en los archivos de la Real Academia de la Historia de las Indias.</p>
<p>No fue Zubileta en calidad de grumete a la expedición, ya que se le denomina constantemente con el nombre de paje. Tenía instrucción y sabía leer y escribir en romance, o sea en castellano. Cuando nuestro héroe contaba solamente 15 años, y apenas había tenido tiempo para salir del altozano de su casita solariega en tierras de Barakaldo, se enteró de la noticia del maravilloso viaje y sintió deseos de emprenderlo.</p>
<p>No lejos de donde se asienta la Fábrica de Castrejana, perteneciente a la Empresa Echevarría, se halla en la misma orilla izquierda, aguas abajo del río Cadagua, un paraje y barriada compuesta de varias casas denominadas Zubileta desde su origen. La casa solariega ha desaparecido y es difícil dilucidar su exacto emplazamiento por las relativamente modernas edificaciones que la han suplantado.</p>
<p>No solamente era notoria la familia del paje Zubileta, sino que el encartado banderizo Lope García de Salazar nos da alguna noticia de esta familia en su obra &#8220;Bienandanzas e Infortunios&#8221;, en donde afirma que la familia Zubileta desciende de la de Irauregui y ésta de los Mansaras, linaje guipuzcoano que desde tiempo antiguo pobló Barakaldo. El historiador De la Quadra Salcedo nos dice que estudió el archivo de la Iglesia de Irauregui, y en sus viejos libros encontró documentos interesantes relativos a esta familia, habiendo advertido diversas partidas de nacimiento, casamiento y defunciones de personas de esta Casa de Zubileta, indudablemente emparentados muy de cerca con nuestro héroe.</p>
<p>Nada en concreto podemos decir de Juan de Zubileta después de los días gloriosos de la expedición, pero hay un hecho cierto, como señala De la Quadra Salcedo, y es que después de aparecer en la historia este genio emprendedor y juvenil, que supo sobrellevar las tristezas y desastres de una expedición de tres años, el linaje de Zubileta prosperó y lo encontramos en el mismo Barakaldo enlazado con las mejores familias, como las de Irauregui, Hurtado de Saracho, Romarate, Hurtado de Yarto, Palacio y otras que harían interminablemente este trabajo.</p>
<p>El paje Zubileta contaba 18 años al tomar tierra de regreso en Sanlucar de Barrameda y la ribera de Sevilla, y quizá sea el mismo Juan de Zubileta que aparece casado en 1550 en los registros de la parroquia de Irauregui y en su libro primero de bautizados y casados.</p>
<p>La mayoría, por no decir todo el mundo, conoce la historia de la Expedición realizada por los españoles a principios del siglo XVI. Al País Vasco, y sobre todo a Bizkaia, le tocó una gran parte en su realización. Iniciada la idea de descubrir las islas de las especies, llamadas después Molucas, con el fin comercial de vender en Europa su producto o especie que servía para la condimentación de muchos manjares, fue designado por la Corte de España en Valladolid como capitán de la empresa el portugués Magallanes, quien pasó con las oportunas órdenes a la Casa de Contratación de Sevilla, y allí se dispuso todo cuanto a la construcción de naves se refería.</p>
<p>La marinería vizcaina estaba entonces concentrada en las rías de Guernica y Bilbao, así como en los puertos pesqueros de Bermeo, Lekeitio y Ondarroa. De estos lugares ilustres fueron la mayor parte de los vizcaínos que decidieron seguir la suerte de los descubrimientos. De la ribera de Deusto, de Bilbao y Barakaldo, embarcaron varios marinos. De todos ellos solamente consiguieron resistir la enorme travesía, el Capitán de la Armada, Juan Sebastián Elcano, el Maestre Acurio de Bermeo, Juan de Arratia y Juan de Zubileta de Barakaldo. El resto fallecieron en la travesía, quedaron en las Islas de Cabo Verde, prisioneros de los portugueses, o regresaron a España más tarde sin que se tuviera noticias de ellos.</p>
<p>Juan de Arratia y Juan de Zubileta fueron los dos únicos navegantes que dieron la vuelta al mundo por primera vez en la misma nave, sin cambiar en las otras cuatro de la Armada y sin desfallecer un solo momento. El mismo Juan Sebastián Elcano cambió de embarcación en varias ocasiones. En realidad se puede decir que en la nave Victoria sólo hubo dos supervivientes.</p>
<p>Habiendo saltado a tierra tras la jornada más extraordinaria que e1 mundo conoció, los navegantes fueron recibidos por el Emperador Carlos V en su Corte de Valladolid. El acto tuvo resonancia mundial y en él se ofrendaron al rey ricos presentes en especias. En dicho acto se pudo contemplar a uno de los reyes o régulos de las Islas de Borneo que venían en la nao.</p>
<p>En el proceso de Badajoz sobre la muerte de Magallanes declararon varios de los expedicionarios llegados salvos, y entre ellos aparece nuestro héroe barakaldés. Su declaración, clara y precisa, lleva su firma, y con ello se vuelve a constatar que sabía leer y escribir.</p>
<p>Todos sabemos que a Elcano se le adjudicaron abundantes rentas y honores en cuanto a su escudo. Los demás percibieron 500 maravedíes equivalentes al sueldo de un año, así como varios quintales en especia que era entonces producto riquísimo. El cálculo verificado significaba un capital en venta con el cual quizá el barakaldés Zubileta pudo hacer frente a la vida cómodamente.</p>
<p>La figura de Juan de Zubileta excede a la de los héroes de mejor temple pues, en edad temprana, supo rodear su espíritu de la entereza, la resignación y la intrepidez, que le valieron conseguir llegar a España entre los 18 supervivientes de la nave Victoria comandados por Elcano, consiguiendo asombrar al mundo para ejemplo de la historia.</p>
<p>¡Maravillosa travesía, arriesgada realización, compendio de valor y virtudes de un joven de 16 años que supo asombrar al mundo para ejemplo de la historia!</p>
<p>Pensemos en las dificultades de aquella empresa al hacer el circuito del mundo en naves de madera de corto tonelaje, unas 300 toneladas aproximadamente; la longitud recorrida, saliendo de Barrameda en dirección al estrecho de Magallanes, surcando éste entonces desconocido hasta las islas de las Especies, al noroeste de las Filipinas; las dificultades de los archipiélagos de Australia y Jolo, bajando de nuevo hasta sentir los fríos del polo sur, desnudos casi y sin alimentación, acercándose a bordear el cabo de Buena Esperanza, doblando felizmente y ascendiendo luego a las Islas de Cabo Verde, donde fueron objeto de persecución y para huir finalmente de tal paraje portugués y llegar extenuados y rotos hasta el altar de Nuestra Señora del Puerto de Buenos Aires, en Sevilla, ofrendando su promesa. Total 14.460 leguas.</p>
<p>Quizá algún día Barakaldo le dedique, por lo menos, un simple homenaje en su memoria. Alcemos ahora un himno a la raza y al pueblo que tales héroes ha dado al mundo. ¡Honor y gloria a Juan de Zubileta! Pongámosle, como a Juan Sebastián Elcano, en su armorial: Primus Circundisti Me.</p>
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		<title>Barakaldo, más que un pueblo</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Apr 2009 11:33:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Geografía]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/04/bar-gernika-par-esculturas1.jpg" class="floatbox" rev="group:630 caption:`bar-gernika-par-esculturas1`" target="_blank"><img class="alignright size-medium wp-image-640" title="bar-gernika-par-esculturas1" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/04/bar-gernika-par-esculturas1-300x225.jpg" alt="bar-gernika-par-esculturas1" width="300" height="225" /></a></p>
<p>Barakaldo es un municipio que es cabeza de partido judicial, situado al NO de la provincia, a 39 metros de altitud sobre el nivel del mar. Tiene 42,29 kilómetros cuadrados (datos anteriores a la desanexión del núcleo de Alonsótegui) y una población de 105.000 habitantes (cifra que ha quedado reducida sensiblemente por la desindustrialización que ha sufrido toda la comarca). Situada en el Bajo Nervión, forma parte del Gran Bilbao. Gran exponente de la industria siderometalúrgica, con factorías de las más importantes empresas del sector.</p>
<p><a href="http://www.eretza.com/barakaldo_mirate/fotos/aerea.htm" target="_self"></a>Pero Barakaldo es mucho más que esa fría mención en una enciclopedia al uso. Conviene que nos adentremos en las páginas que siguen para descubrir un poco de su historia, algo de geografía y mucho de actualidad para sorprenderte de cómo un pueblo se ha ido haciendo a sí mismo, poco a poco, para llegar a ser lo que hoy es, un núcleo de población próspero y moderno que compite con Bilbao en servicios y calidad de vida que ofrece a sus habitantes, al albur de su apuesta por modernizarse y, al mismo tiempo, por mantener su idiosincrasia y sus raíces, en un difícil pero conseguido equilibrio.</p>
<p>Todo ésto y algo más queremos ofrecerte para que, cuando dispongas de tiempo libre, quieras aprovecharlo descubriendo un pueblo que, sin olvidar su tradición y su historia, está tan cerca de ti que sientas el deseo de conocerlo.</p>
<p><strong>1) <span style="text-decoration: underline;">SITUACIÓN GEOGRÁFICA</span></strong></p>
<p><a href="http://www.eretza.com/barakaldo_mirate/fotos/satelite.htm" target="_self"></a>Barakaldo (municipio y anteiglesia) tiene una extensión de algo más de 24 kilómetros cuadrados y se encuentra situado en la margen izquierda de la ría del Nervión, a una distancia de 8 kilómetros de la capital de la provincia, Bilbao, al noroeste.</p>
<p>Su situación privilegiada, junto a las minas de Triano y junto a la ría, hizo que Barakaldo se dedicara principalmente a las actividades relacionadas con el laboreo del hierro y acarreo del mineral, aunque sin olvidar la agricultura.</p>
<p>1.1. <strong><span style="text-decoration: underline;">Entorno</span></strong></p>
<p>Limita al sur con Bilbao mediante los barrios de Castrejana y Burceña que lindan con el bilbaíno de Zorroza; al oeste, con Valle de Trápaga-Trapagaran y Sestao; al norte continúa lindando con Sestao. Por el este, se encuentra separado de Erandio por la frontera natural que constituye la ría del Nervión, y el río Cadagua le separa de Bilbao. Galdames y Güeñes son pueblos situados al oeste. Al sur limitaba con Arrigorriaga y Arrancudiaga (por el núcleo de Alonsótegui, que era un barrio que se desanexionó en 1990, y con el que ahora limita).</p>
<p>1.2. <strong><span style="text-decoration: underline;">Geografía y relieve.-</span></strong></p>
<p>1.2.1. <strong><span style="text-decoration: underline;">Montes.-</span></strong></p>
<p><a href="http://www.eretza.com/barakaldo_mirate/fotos/3dmontes2.htm" target="_self"></a>El terreno de Barakaldo es ondulado, con montañas de mediana altura. Aun así, destacan algunas de cierta importancia, como son: Argalario (513 metros), Arroletza (459 metros), Peñas Blancas (563 metros), Apuko (561 metros), y Sasiburu (390 metros). Aunque, en realidad, Sasiburu es la sierra o macizo al que pertenecen todos excepto el Argalario.</p>
<p>1.2.2. <strong><span style="text-decoration: underline;">Ríos</span></strong></p>
<p>Varios ríos bañan Barakaldo en su extensión. Los más importantes son el Cadagua, el Galindo y el Nervión, a los que hay que añadir el Castaños.</p>
<p><a href="http://www.eretza.com/barakaldo_mirate/fotos/3dmontes1.htm" target="_self"></a>- El Nervión baña la zona este del municipio y, ya convertido en ría, recibe el entronque del Cadagua.</p>
<p>- El Galindo recorre el extremo noroeste de la anteiglesia y recibe al Ballonti, que viene de la zona limítrofe de Portugalete. Recibe las aguas del Castaños y es la separación natural del vecino pueblo de Sestao, antes de desembocar en la ría.</p>
<p>- El Cadagua, que nace en Burgos, entra en Barakaldo y muere en el Nervión, a la altura del barrio barakaldés de Burceña, al sur del municipio.</p>
<p>- el Castaños, después de regar la zona este y el barrio de El Regato, y tras recoger las aguas del arroyo Granada, se diluye en el Galindo.</p>
<p><strong>2) <span style="text-decoration: underline;">APROXIMACIÓN HISTÓRICA</span></strong></p>
<p>2.1. <strong><span style="text-decoration: underline;">Orígenes</span></strong></p>
<p>Los autores coinciden en que los comienzos de la historia de Barakaldo habría que situarlos en las actividades bélicas de los cántabros y sus luchas con los romanos y las tribus vecinas. El historiador Plinio situaba la región de las nueve ciudades de los cántabros al oeste del Nervión (posible frontera natural entre Cantabria y los Autrigones), entre las que podría estar incluido Barakaldo, por ser bañado por la ría en su margen izquierda en una zona muy próxima a su salida al mar. <a href="http://www.eretza.com/barakaldo_mirate/fotos/bizkaia_romana.htm" target="_self"></a></p>
<p>Según escribe Lope García de Salazar en su libro Bienandanzas e Fortunas, &#8220;la tierra de Varacaldo es de antigüedad de tiempo ynmemorial&#8221;. Sin embargo, el primer documento conocido que hace referencia a Barakaldo data del año 1051, y es la carta de donación del monasterio de Axpe de Busturia a San Millán de la Cogolla que hacen los Condes de Vizcaya don Iñigo y doña Toda. En esa carta se menciona al Señor Lope Velázquez (Blázquez en algunos textos), que ostentaba el título de Señor de Baracaldo.</p>
<p>2.2. <strong><span style="text-decoration: underline;">Edad Media</span></strong></p>
<p><a href="http://www.eretza.com/barakaldo_mirate/fotos/san_vicente.htm" target="_self"></a>Barakaldo era en el siglo XIII un pueblo agrícola, pero sobre todo, debido a su situación privilegiada cercana a la zona minera de Triano y a sus ríos Cadagua, Castaños y Galindo, podía dar salida por tierra y por mar a los productos mineros que se obtenían en la zona. Puesto que reunía las condiciones idóneas, y algunos pueblos vecinos no podían dedicarse a ello, la salida del mineral de la zona pasaba por nuestro pueblo, lo que ocasionó la existencia de muchos molinos y ferrerías en la zona del Regato y en la zona de Iráuregui.</p>
<p><a href="http://www.eretza.com/barakaldo_mirate/fotos/requeta.htm" target="_self"></a>En el siglo XIV Barakaldo se desmembró de las Encartaciones (a las que pertenecía por su vinculación al Valle de Somorrostro) y, por privilegio del conde Don Tello de Trastamara, se incorporó a la Merindad de Uribe. Abandonó el fuero propio de aquéllas y optó por el de Bizkaia, pasando a formar parte del Señorío (lo que, curiosamente, los demás pueblos encartados tardaron cuatro siglos en hacer), dejando de ser concejo y naciendo como anteiglesia.</p>
<p><a href="http://www.eretza.com/barakaldo_mirate/fotos/bizkaia1707.htm" target="_self"></a>Cuando en el año 1300 se promulgó la carta puebla de Bilbao, el comercio baracaldés salió perjudicado en favor del de la capital, y cuando se promulgó la de Portugalete, veintidós años después, seguían mejorándose los derechos de la capital en perjuicio de los de las anteiglesias. Además, y según avanzaba en el tiempo, Barakaldo continuó enfrentándose a Bilbao por motivos económicos y comerciales, aunque bien es cierto que no podía competir con él ni con las Villas.</p>
<p>Aun así, las gentes se esforzaron para conseguir su puesto de importancia en la zona. Aquí puede verse el nacimiento de la tradición industrial y comercial que tenía la anteiglesia con su afamada vega, llegando a alcanzar un importante grado de desarrollo.</p>
<p>2.3. <strong><span style="text-decoration: underline;">Historia más reciente</span></strong></p>
<p>Cuando se inicia el desarrollo industrial en Vizcaya, comienzan a tener gran importancia las ferrerías, y las de Barakaldo elaboraban el mineral de hierro extraído de la zona de Triano (eran muy importantes las minas de Somorrostro). Pero nuevamente las envidias y disputas comerciales se conjuraron contra nuestro pueblo. No solamente eran Bilbao y las Villas; también surgían continuos conflictos con los concejos de San Salvador del Valle, Santurce y Sestao (que formaban el llamado grupo de los Tres Concejos), que se oponían a esa explotación. Al final, sólo le quedaron a Barakaldo las labores de carga y descarga de los minerales.</p>
<p>Digamos que Barakaldo y Bilbao siempre anduvieron a la greña. En época medieval, habitualmente en bandos separados de oñacinos y gamboinos, y sucesivamente hasta el periodo &#8220;napoleónico&#8221;, Barakaldo apoyando el proyecto de nueva ciudad, (el llamado Puerto de la Paz en honor de José Bonaparte &#8220;Principe de la Paz&#8221;), proyecto con vocación de ciudad alternativa al Bilbao de la época. Como Bilbao se alineó en el bando del &#8220;liberalismo&#8221;, mientras que Barakaldo, junto con Begoña y Abando, tomó parte activa en el &#8220;tradicionalista&#8221;. En 1820, cuando el rey jura la Constitución, el pueblo tradicionalista no acepta dicho sometimiento y en Vizcaya es Barakaldo la que primero se levanta, marchando hacia Bilbao y uniéndose después las demás anteiglesias, preludio de las sucesivas guerras carlistas, originadas por los partidarios de la sucesión de Don Carlos, hermano del rey Fernando VII, quien había nombrado heredera del trono a su hija Isabel, algo que aquéllos no admitían. El Señorío tomó la bandera de Carlos V, que pregonaba la monarquía absoluta, el rey por derecho divino y, como no podía ser de otra manera, puesto que le proporcionaba la cobertura social necesaria, el predominio del clero, mientras que Bilbao era foco de liberales y defendía a Isabel. Al final de la guerra, resultaron quemadas y saqueadas más de la mitad de las casas de nuestra anteiglesia y, con ellas, desapareció también el primer ayuntamiento, que había sido construido en la zona de San Vicente, junto a la iglesia de la advocación del santo y patrón de Barakaldo.</p>
<p>Además de una cuestión dinástica y de política general, en las guerras carlistas se dirime un asunto de honda trascendencia económica y social: el de la liberalización en la extracción del mineral de hierro y su libre comercio, frente a quienes defendían el sistema tradicional vinculado a la propiedad y el uso comunal. La última de las guerras significara el fin de los Fueros, la posibilidad de la apropiación privada de las explotaciones, y su comercio masivo hacia Inglaterra, primera etapa en la acumulación de capitales privados que en un segundo estadio pondrán en marcha las grandes instalaciones siderúrgicas, los astilleros, etc.</p>
<p><strong>3) <span style="text-decoration: underline;">DESARROLLO INDUSTRIAL</span></strong></p>
<p>3.1. <strong><span style="text-decoration: underline;">Periplo y genealogía industrial</span></strong></p>
<p>La emblemática empresa Altos Hornos de Vizcaya (hoy, por desgracia, desaparecida) surgió de unas sucesivas conjunciones y fusiones de diferentes sociedades, todas ellas relacionadas con el mineral de hierro y sus diversos tratamientos.</p>
<p>La siderurgia vizcaína fue fruto de un largo proceso a través de los siglos. Nació en las antiguas ferrerías artesanas, en el paisaje minero, en la tradición del tratamiento del hierro. A partir de entonces, sus gentes vivirían en un paisaje totalmente marcado por la actividad industrial. Pero, no obstante, hasta la gran explotación minera los habitantes de Baracaldo siguieron compaginando las labores agropecuarias con las de extracción y acarreo del mineral hacia los puertos. A pesar de encontrar en las minas de hierro un nuevo medio de subsistencia, no por ello abandonaron la agricultura.</p>
<p>Ignoramos cuándo tuvieron sus comienzos las ferrerías, que tanta influencia tendrían para el futuro industrial de Bizkaia. Desde luego, se sabe que había ferrerías de monte (en otros sitios ferrerías de viento) y ferrerías de agua, para aprovechar la energía obtenida de los saltos de agua, y fáciles de enclavar en numerosas partes de sus cauces.</p>
<p><a href="http://www.eretza.com/barakaldo_mirate/fotos/ria_1874.htm" target="_self"></a>Aquí se daban unas condiciones especiales para el inicio de las ferrerías y de la industria: la proximidad de los montes más ricos en mineral de todo el norte de España, había varios ríos en una extensión de pocos kilómetros cuadrados y la salida al mar estaba cercana. Todo esto hizo que las ferrerías se emplazaran en las riberas de los tres ríos importantes, Nervión, Cadagua y Galindo. El resto, las sucesivas fábricas hasta llegar a Altos Hornos de Vizcaya, era tan sólo cuestión de tiempo.</p>
<p><a href="http://www.eretza.com/barakaldo_mirate/fotos/luchana.htm" target="_self"></a>Llegados a este punto, y en reafirmación del carácter agrícola y rural del antiguo Barakaldo, es de justicia mencionar la existencia de molinos que habrían servido para moler y tratar los cereales que se cosechaban y recogían. Varios de ellos se localizaban en el valle del Regato que, por las especiales características de la zona, acogió también muchas de las ferrerías que existieron en nuestro pueblo, aprovechando las aguas de los arroyos Oiola y Castaños. Se pueden mencionar así los molinos de Bengolea, Urcullu, Aranguren y Retuerto, entre otros, de cuya existencia queda fehaciente constancia. Algunos de ellos, como los de Bengolea y Retuerto, eran a la vez molinos-ferrerías.</p>
<p>En el transcurso del siglo XIX se realiza una marcada transformación en la industria vizcaína del hierro, en consonancia con los progresos técnicos conseguidos en otros países en los procedimientos de obtención del hierro y del acero.</p>
<p>Al mismo tiempo, las sucesivas expansiones industriales baracaldesas fueron forzando expansiones urbanas y demográficas. Crisis de crecimiento y renovación fueron sucediéndose a lo largo de la historia. A la par que las empresas enclavadas en el municipio crecían, fueron naciendo nuevas barriadas y modernos núcleos urbanos.</p>
<p><a href="http://www.eretza.com/barakaldo_mirate/fotos/fabrica_carmen.htm" target="_self"></a>Una serie de fusiones propiciadas por la audacia de los empresarios vizcaínos culminó en la emblemática empresa Altos Hornos de Vizcaya. La sociedad anónima &#8220;Altos Hornos y Fábrica de Hierro y Acero de Bilbao&#8221; reunía las fábricas de Nuestra Señora de la Merced, de Guriezo, y de Nuestra Señora del Carmen, de Barakaldo, que se construyó entre la confluencia de la ría del Nervión y el río Galindo, y que tenía los primeros hornos para obtener hierro dulce. Tenía también minas de Salta Caballos, molinos en Mingolea (Bengolea) y Retuerto, ambos en Barakaldo (ya mencionados anteriormente), y diversos contratos de suministro y transporte del mineral de las sociedades Orconera y Franco-Belga.</p>
<p>Otra &#8220;Sociedad de Metalurgia y Construcciones de Vizcaya&#8221; coexistió en competencia con la anterior, y su fábrica se instaló en Sestao.</p>
<p>Por fín, en el año 1901 y después de muchos años de negociaciones, ambas sociedades se unieron junto con &#8220;La Iberia&#8221;, constituida en 1890 y también en Sestao, para constituir &#8220;Altos Hornos de Vizcaya&#8221;.</p>
<p>A principios del siglo XX Altos Hornos de Vizcaya era la mayor industria de España, siendo la empresa hegemónica y líder del sector siderúrgico. Así, la industria siderúrgica vizcaína fue ganando peso en la economía nacional. Pero, a mediados de los años 70, con la crisis internacional, empezó el declive que no se detuvo hasta el cierre de la empresa, en julio de 1996. De la tonadilla &#8220;&#8230;los hornos de Baracaldo alumbran todo Bilbao&#8221; se ha pasado a una oscuridad absoluta en el panorama industrial.</p>
<p>No obstante, en el lugar ocupado por A.H.V. se construyó la Acería Compacta de Bizkaia que, ubicada en el vecino pueblo de Sestao, constituye por hoy la última de las herencias del pasado industrial de toda la ría.</p>
<p>3.2. <strong><span style="text-decoration: underline;">Economía y sociedad</span></strong></p>
<p><a href="http://www.eretza.com/barakaldo_mirate/fotos/vista_barakaldo.htm" target="_self"></a>Al mismo tiempo que Barakaldo despegaba hasta su casi total transformación industrial, su población fue experimentando un imparable aumento debido a la necesidad de mano de obra en el desarrollo de la industria siderometalúrgica. Este despegue industrial no se daba en ninguna otra zona de España, por lo que gentes de todas las provincias acudieron al amparo del trabajo &#8220;duro pero seguro&#8221; que aquí se ofrecía.</p>
<p>Paralelamente, el enorme crecimiento demográfico, a la par que el fenómeno industrial que lo impulsó, fueron modificando profundamente un hábitat agrícola y rural, constituido por barrios y caseríos diseminados por la vasta extensión del municipio, hasta situarnos en un pueblo urbanizado y moderno, que ofrece ahora sus servicios como contrapunto de su pasado industrial.</p>
<p><a href="http://www.eretza.com/barakaldo_mirate/fotos/grupo_altos_hornos.htm" target="_self"></a>Los diferentes barrios que integraban Barakaldo eran el lugar del Desierto, que antiguamente era una zona de arenales y marismas y terrenos agrícolas localizados en el camino que iba de Bilbao a Portugalete; San Vicente, que ostentaba la capitalidad del municipio; y Burceña, Róntegui, El Regato, Retuerto y Luchana (Vitoricha). Todos, excepto El Regato, quedaron afectados por la expansión, formando un núcleo urbano prácticamente continuo.</p>
<p><a href="http://www.eretza.com/barakaldo_mirate/fotos/grupo_dolores_ibarruri.htm" target="_self"></a>No podemos olvidarnos del barrio de Cruces, donde se encuentra ubicado el Hospital de la Seguridad Social, que recibe su nombre por ser en su día el lugar de donde arrancaban dos caminos, uno hacia Burceña y el otro hacia San Vicente. En la actualidad, es el núcleo más densamente poblado, a excepción del propio casco urbano.</p>
<p>Con la llegada de tanta gente, la construcción sufrió un notable despegue, construyéndose muchas casas en régimen de cooperativas de construcción. La mayoría de estas edificaciones se hicieron por y para los obreros de A.H.V., y destacan algunas de ellas por su perviviencia en la actualidad. Podemos citar &#8220;La Tribu Moderna&#8221;, Bagaza, El Porvenir (en Arteagabeitia), La Familiar (junto a la vía de la Franco-Belga), El Hogar Futuro (en Andicollano, zona de Luchana y Cruces) y La Providencia (en Santa Teresa).</p>
<h5 style="text-align: right;">Escrito por Carlos Lunate</h5>
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		<title>La Calzada Medieval de Santa Águeda</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Apr 2009 11:21:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La calzada de &#8220;Santa Águeda&#8221; (o, más bien, lo que aún queda de ella) es de origen medieval (posiblemente de finales de la Baja Edad Media) y se dirigía, en su tramo principal, desde el Puente del Diablo (Castrejana) hasta el barrio de Ugarte (subiendo a Santa Águeda) desde donde se bifurcaría hacia Portugalete y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/04/calzada-medieval-2.png" class="floatbox" rev="group:627 caption:`calzada-medieval-2`"><img class="alignright size-medium wp-image-635" title="calzada-medieval-2" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/04/calzada-medieval-2-300x263.png" alt="calzada-medieval-2" width="300" height="263" /></a>La calzada de &#8220;Santa Águeda&#8221; (o, más bien, lo que aún queda de ella) es de origen medieval (posiblemente de finales de la Baja Edad Media) y se dirigía, en su tramo principal, desde el Puente del Diablo (Castrejana) hasta el barrio de Ugarte (subiendo a Santa Águeda) desde donde se bifurcaría hacia Portugalete y Trapagaran. No está documentada su construcción aunque es muy posible que su origen esté en el deseo de la villa de Portugalete (fundada en 1322) de disponer de un camino que le permitiese enlazar con el Camino Real que, desde Bilbao, se dirigía a Burgos por la orilla del Cadagua buscando la villa de Valmaseda. Igualmente permitía exportar a través de ella el hierro que se obtenía en los Montes de Triano. En sus proximidades, río abajo del Cadagua, se ubicó, durante siglos, la ´&#8221;rentería de Zubileta&#8221; donde se pesaban las cargas y se cobraban los correspondientes impuestos. Tampoco debemos olvidar que este itinerario ponía en comunicación los dos hitos de dominio de los srs. de Ayala (Torres de Burceña y su solar de Quejana), dueños cuasi absolutos de todo el entorno.</p>
<p>Esta calzada disponía de varios ramales. Seguramente un primero, antes de ascender a Santa Águeda, discurriría por la margen izquierda del río Cadagua e iría por el actual camino de Zubileta hasta Burceña (donde pasaría cercano al Monasterio Mercedario allí ubicado por el lugar aún hoy denominado &#8220;La Calzada&#8221;). Desde aquí, por la vaguada de Ansio se dirigiría hacia el núcleo urbano más importante del entorno: San Vicente. De este ramal no se conserva ningún resto teniendo en cuenta las posteriores ocupaciones del entorno.</p>
<p>El ramal que ascendía a Santa Águeda se encaminaba, posteriormente a Cruces y de ahí hacia San Vicente,  Portugalete o Burceña. De este  tramo se conservan unos 250 metros de los que están limpios (aunque la erosión y malos tratos lo van deteriorando) unos 100.</p>
<p>La calzada presenta una anchura bastante regular que oscila entre los 2,20 y los 2,40 metros, con tres partes bien diferenciadas. En los extremos las losas (lastras) son lisas, planas y de gran tamaño. Por ellas discurrirían las ruedas de los carros aunque el exceso de la pendiente no facilitaría demasiado su tránsito. Estas lastras delimitan y contienen el pavimento. En el centro se ubica una hilera central de buenos cantos (espina) paralela al trazado de la vía dispuestos de forma vertical. Servía como guía para los carromatos. Presenta, a diferencia de otras calzadas similares, la peculiaridad de sus ángulos rectos en las curvas que no acompañan el normal discurrir de las curvas. En el relleno interior (espacio entre las &#8220;lastras&#8221; y la &#8220;espina central&#8221;) predominan los cantos rodados, situados verticalmente sobre el suelo pero en sentido perpendicular a la vía. Su colocación no es regular. Parece que tiene que ver con el hecho de facilitar el tránsito de las caballerías. Este es el espacio más deteriorado y con más posibilidades de ir desapareciendo si no toman medidas para su asentamiento.</p>
<p>Entre la carretera y el caserío denominado &#8220;Casa Blanca&#8221; se ha limpiado otro tramo que no presenta ni la claridad ni le belleza del descrito. Esta calzada bien podría formar parte de la variante costera del Camino de Santiago que discurre desde Bilbao a Barakaldo a travesando el Puente de Castrejana, ascendiendo por dicha calzada hasta la Ermita de Santa Águeda y, de allí, se dirige hacia San Vicente, Sestao, Portugalete, Muzkiz y, de ahí, a Cantabria. Quizá, no obstante, desde Cruces, tomarían el Camino Real que bordeaba el río Castaños (cuyo discurrir no es exactamente el actual) y se dirigirían hacia Ugarte (el topónimo más antiguo documentado en el valle de Barakaldo) sin necesidad de entrar hasta el barrio de San Vicente a fin de evitar pagar el peaje del barquero del entorno de Beurko (imprescindible para atravesar el Galindo). Además cerca de Ugarte se encontraba el barrio de Salcedillo con la ermita de San Severino. De ahí se dirigirían a la villa de Portugalete, donde encontrarían el hospital y lugar para descansar.</p>
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