Patrimonio Industrial de Lutxana

Viviendas Hogar FuturoEn las últimas décadas del siglo XIX Lutxana ve modificado su medio natural y su modo de vida rural tradicional convirtiéndose en un barrio de clara proyección industrial. Se incorpora al proceso industrializador al constituirse en terminal de tres ferrocarriles mineros que crearon una completa infraestructura de comunicaciones e instalaciones auxiliares. Hasta cuatro líneas férreas diferentes llegaron a atravesar el barrio: los ferrocarriles mineros de Orconera Iron Ore (1877) y Luchana Mining (1887) que levantaron sus cargaderos, viviendas y talleres en la zona y los ferrocarri­les de Bilbao -Portugalete (1888), de tradicional dedicación al transporte de viajeros y La Robla (1902) que combinó el tráfico mixto de mineral y viajeros.

En los primeros años de este siglo se monta la Sociedad General de Industria y Comercio dedicada a la producción de abonos minerales (superfosfatos) que como en el caso de los ferrocarri­les mineros encontrará en su proximidad a la Ría un espacio idóneo para su instalación.

El emplazamiento del barrio fue determinante y razón fundamental por la que se convirtió en lugar de acogida de ambos sectores. Situado en el área de influencia del Puerto Industrial, es decir, los 6,3 kilómetros de la Ría que van desde la curva de Elorrieta hasta su desembocadura, su ubica ción permitía un fácil acceso al transporte marítimo, bien para exportar el mineral bien para acercar las materias primas necesarias en la fabricación de superfosfatos. Por otra parte, el establecimiento cercano de los ferrocarriles mineros poco tuvo que ver con el desarrollo del sector de los superfosfatos, dado que el bajo contenido en azufre del mineral de hierro vizcaíno, que le convertía en valiosa materia prima para la fabricación de acero por el sistema Bessemer, favorecía bien poco la producción de ácido sulfúrico, reactivo fundamental de los superfosfatos.

Para otras industrias que se instalaron de nueva planta, fue más importante la cercanía de la siderurgia para proveerse de materia prima. Es el caso de L’Eglise y Cía. (1912), posteriormente llamada Bilbaína de Maderas y Alquitranes, destinada a la fabricación de productos derivados del alquitrán, materia prima que le suministraría A.H.V. procedente de la destilación de la hulla en sus baterías de coque. La propia fábrica de Sefanitro (1941) partirá, para la producción de sus productos nitrogenados, del hidrógeno contenido en el gas de las baterías de coque de Altos Hornos de Vizcaya, empresa que sería además la entidad matriz y la que tomó la iniciativa de su creación.

Estas primeras industrias determinaron una nueva cultura material y un sentimiento emocional ambivalente que tras el período posterior a la guerra civil, en que se intensifica la implantación de nuevas fábricas, da pie a una actitud cultural en ocasiones hostil hacia la industria por lo que supuso de degradación ambiental. En este aspecto, especialmente importante fue la construcción de Sefani­tro que supuso una transformación del barrio, haciendo desaparecer el antiguo núcleo de habitación; la ermita, las escuelas y las casas allí instaladas fueron derruidas y sustituidas por otras de nueva planta, generando un poblamiento concentrado en torno a sus instalaciones.

También dejaron un valioso acervo patrimonial representado tanto por instalaciones fabriles y mineras como por las viviendas y el paisaje que se fue configurando en su entorno. Patrimonio que forma parte de la memoria colectiva y que ha desempeñado un papel destacado en la formación de las señas de identidad del barrio y de la margen izquierda, pero que por su propia dedicación industrial corre peligro de desaparición.

Entre los años cincuenta y setenta, se produce la progresiva paralización de la explotación minera y el desmantelamiento de muchas de las infraestructuras creadas para tal fin, implantándose en su lugar industrias de nuevo cuño que pasaron a compartir el espacio con los restos materiales que pudieron ser reutilizados y que son objeto de estas líneas, es decir, los talleres, viviendas y cargadero de Orconera.

Con la reconversión industrial llevada a cabo en los últimos años se repiten los mismos signos. La definitiva paralización del servicio de Robla, el cierre de FESA-Ercros y la demolición continua­mente pretendida de los cargaderos de mineral -para los cuales se ha solicitado recientemente la declaración de Bien de Interés Cultural-, ponen en peligro la permanencia de un interesante patrimo­nio industrial constituido por elementos únicos en su género. Afortunadamente, la reutilización de los antiguos talleres de Orconera en futuro Museo de la Técnica de Euskadi ha de posibilitar la salvaguarda de las propias instalaciones así como de otros muchos materiales de procedencia indus­trial que trascienden el ámbito del barrio.

1.- NAVE DE FOSFATOS DE FESA-ERCROS

La nave de fosfatos de Fesa-Ercros está considerada como el ejemplo más sofisticado de estruc­tura de madera -cerchas y soportes- de todo el Estado. Hasta 1991 existió en Cáceres otra nave de usos y características similares, propiedad de la misma empresa.

La fábrica, que originalmente perteneció a la Sociedad General de Industria y Comercio, se empezó a montar en 1907 aunque la Sociedad había sido creada en 1903 con participación de la Sociedad Española de La Dinamita que ya disponía de otra fábrica de abonos en Elorrietal. En esta primera época, la empresa se dedicó a la fabricación de abonos minerales y superfosfatos marca Geinco. En 1913 se instaló la planta de producción de ácido sulfúrico ocasionando graves problemas de deterioro ambiental que fueron respondidos por los vecinos con protestas en la vía pública recla­mando la desaparición de dicha planta por temor a los gases hiponítricos que desprendía. E1 Ayunta­miento no obstante accedió a dar el visto bueno a dicha instalación «siempre v cuando fueran retenidos los gases y se procurase reducir al míni­mo, en cantidad y tiempo, la imprescindible fuga de los mismos».

En 1927 la sociedad es absorbida por la Unión Española de Explosivos que en 1970 pasará a integrar el grupo de Unión de Explosivos Río Tinto S.A. ampliando la gama productiva con nue­vos tipos de fertilizantes. A finales de los años ochenta entra en Fertilizantes Españoles (FESA), perteneciente al grupo ERCROS, razón social ba­jo la cual se cierra la fábrica de manera definitiva en 1992.

La nave de almacenamiento y maduración de fosfatos se ubica junto al cauce del Cadagua y un muelle propio donde atracaban los barcos con fosfatos provenientes del Sahara Occidental (Bu­craa), Sinaí, Tampa… La materia prima recién lle­gada se almacenaba en las crujías más próximas al

muelle, en espera de su tratamiento con ácido sulfúrico, mientras el resto de su espacio interior se reservaba a la maduración del producto resultante o superfosfatos.

El edificio que ocupa más de 10.000 m’ está dividido en 10 crujías, la mayor parte de las cuales se construyeron entre 1909 y 1912 levantándose dos crujías en 1932. Las crujías, de 13 mts. de luz y 80 de largo cada una, están separadas por hileras de 16 pilares de madera de pino-tea que soportan complejas cerchas del mismo material mediante capiteles-zapata y llamativas tornapuntas que unen directamente los pilares con los pares de las cerchas.

Cada crujía dispone de diversos pasillos aéreos por las que circulaban vagonetas manuales que transportaban el abono en el interior de la nave. Las uniones y encepados entre los pasillos y los tirantes sobre los que van apoyados conforman un entramado de madera de llamativa celosía.

Tanto su sistema constructivo como el espacio creado en su interior por pilares y cerchas confie­ren a la nave un indudable valor a lo que hay que añadir la calidad de la pino-tea utilizada que se encuentra en un perfecto estado de conservación pese a los años transcurridos.

2.- LA ESTACION DE LUTXANA (LA ROBLA)

Estación término del Ferrocarril de La Roba que con los 340 km. que unían León y Lutxana ha sido la línea más larga de las de vía estrecha. También conocido como «el hullero», nació para acercar el carbón leonés a la industria bilbaína, si bien su vocación minera convivió con su faceta de tren de viajeros.

En 1894 se inauguró el tramo entre La Robla y Balmaseda. En 1900 se decidió mejorar el servicio y se construyó una nueva vía entre Balmaseda y Lutxana, donde podría enlazar con A.H.V. y los muelles de la Ría sin la servidumbre que suponía utilizar la vía del Santander-Bilbao desde

Balmaseda. El nuevo enlace entró en servicio el 15 de diciembre de 1902. También se inauguró la nueva estación a la que se dotó de todos los elementos necesarios para el establecimiento del tráfico combinado con la vía ancha de Bilbao-Portugalete. Ambas líneas pasaron a compartir el mismo edificio, situación que subsiste en la actualidad.

Como estación terminal que era, contó desde un principio con puente giratorio para dar vuelta a las locomotoras. En los años veinte se concluye la vía de acceso directo al muelle del Cadagua proyectado desde 1908 y se instala una nueva bás­cula puente que sería sustituida en 1953 por otra Lie mayor capacidad. Las operaciones de transbor­do se mejoraron en 1923 con la instalación de una grúa puente, que aún existe, para transbordar las mercancías de los vagones de vía ancha a los de vía estrecha y viceversa; y en 1942 con la construcción Je un nuevo patio de carros con mejor acceso para el descargue de los vagones. En 1931 se reformó el vestíbulo y se habilitaron viviendas para el per­sonal y en 1952 se sustituyó la marquesina. En los últimos años y tras el cierre definitivo del Ferrocarril de La Robla, el edificio ha dejado de prestar servicio a dicha línea aunque su conservación pa­rece asegurada por su utilización como estación  de RENFE.

3.- EL CARGADERO DE ORCONERA

Hasta la inauguración de los primeros cargaderos industriales, los embarques de mineral se efectuaban por medio de cestos que podían contener entre 40 y 50 kgs. de carga, los cuales se descargaban en gabarras en la embocadura del río Galindo con el Nervión. Los cestos levantados por uno o dos obreros, a menudo mujeres, eran depositados sobre una planchada de madera suspendida al costado del buque, desde donde eran elevados del mismo modo hasta alcanzar las bodegas del buque.

La instalación de los ferrocarriles mineros, planteó nuevas necesidades en los métodos de carga de los barcos; la mayor capacidad y rapidez de carga serían resueltos por medios mecánicos diversos.

Los cargaderos de los grandes ferrocarriles mineros vizcaínos estuvieron situados en el interior Je la Ría evitando los problemas de carga en mar abierto. A finales del siglo XIX eran más de veinte los drops en funcionamiento entre Zorroza y Portugalete; normalmente eran perpendiculares a la corriente, a excepción de los que disponía el ferrocarril de Galdames en la dársena de la Benedicta que eran paralelos.

Los cinco cargaderos de Orconera fueron inaugurados en 1877. Dos años antes se le habían concedido a la compañía 464 m. del muelle de Lutxana para su instalación.

Fueron construidos con pilares de madera creosotada clavados tanto en tierra como en el fondo de la Ría y arriostrados con jabalcones y aspas, con dos niveles de trabajo; el primero a 2,4 ó 5 m. de altura según pleamar o bajamar, contaba con plataforma de madera abarandillada destinada al servicio de los empleados de la compañía así como a atracar los barcos junto al cargadero, disponien­do de amarraderos a lo largo de la plataforma; el segundo nivel se situaba a una altura entre 8,6 y 11 ,2 m. sobre el nivel del mar y disponía de entarimado de madera que soportaba dos grupos de raíles sobre los que se desplazaban los vagones que descargaban en el barco.

En 1884 se realizan modificaciones en los cargaderos. Se prolonga el nivel superior mediante una plataforma móvil, que giraba alrededor de un eje horizontal, y que se levantaba o bajaba como un puente levadizo utilizando una cadena que se enrollaba en una polea movida a mano por media­ción de un torno. La plataforma se bajaba para descargar los vagones, vertiendo éstos su contenido verticalmente dentro del barco mediante una tolva prolongada en un tubo telescópico que podía acomodar su longitud a la altura de la marea y al nivel del mineral en la bodega. Cuando la carga finalizaba, la plataforma se levantaba para facilitar las maniobras del barco.

En los años veinte se llevaron a cabo nuevas modificaciones: dos de los cargaderos centrales se sustituyeron por uno nuevo quedando más separación entre ellos y permitiendo el acceso de buques con mayor eslora. A finales de la década se monta un cargadero de estructura metálica.

4.- MUSEO DE LA TECNICA DE EUSKADI (Antiguos talleres de Orconera)

La iniciativa de su creación surgió en 1982 encaminada desde un primer momento a la recupera­ción de cualquier tipo de maquinaria o medios de producción que tuvieran un interés técnico o histórico. Ese mismo año se crean comisiones de trabajo que realizan un anteproyecto de contenidos museológicos participando instituciones como la Cámara de Comercio. Escuela de Ingenieros, Real Sociedad Vascongada y renombrados historiadores como Manuel González Portilla y Manuel Tuñón de Lara.

En el esquema organizativo ya se concebía una sede principal, situada dentro de los terrenos de la antigua Orconera en Lutxana. Tras llegar a un acuerdo con el anterior propietario A. H. V., los terrenos e instalaciones pasaron a manos del Ayuntamiento que los cedió al Gobierno Vasco para su reutilización como Museo de la Técnica.

Durante los primeros años se empieza con la recuperación de materiales, labores que se incre­mentaron especialmente con los materiales rescatados tras las inundaciones de 1983. También se realizó un inventario fotográfico y otros trabajos monográficos además de participar en las Jornadas sobre la Protección y Revalorización del Patrimonio Industrial organizadas conjuntamente por el Gobierno Vasco y la Generalitat de Cataluña.

Pasada esta primera época, dejan de funcionar las comisiones de trabajo, al mismo tiempo, se crea la Asociación de Amigos del Museo de la Técnica, de corta vida pero que sería embrión de la actual Asociación Vasca del Patrimonio Industrial y la Obra Pública.

En los últimos años de la década hay un importante resurgimiento del proyecto que permitió realizar obras de urbanización en las instalaciones y la rehabilitación de una de las naves para albergar la primera fase de la exposición. Se encargó para ello un proyecto museográfico para el montaje de las secciones de energía, prensa y artes gráficas así como sobre los inicios de la Revolución Industrial en el País Vasco.

En 1990 se lleva a cabo un concurso de ideas para la puesta a punto de las instalaciones y construcción de otras nuevas que acojan definitivamente el museo. El proyecto presentado por Beatriz Matos Castaños es considerado entonces el más adecuado fijándose las fechas para su realizción e inauguración. A grandes rasgos, la alternativa ganadora aconsejaba la creación de un edificio Je grandes dimensiones que integrara a la nave ya rehabilitada.

Actualmente el proyecto se encuentra paralizado y en espera de que el Departamento de Cultu­ra del Gobierno Vasco conceda la dotación presupuestaria necesaria para el montaje de las diversas exposiciones y su concreción definitiva como museo.

Los Fondos

Hasta la fecha se han recogido más de 800 objetos, todos ellos inventariados, en muchos casos donaciones realizadas por empresas y particulares, y en ocasiones producto de la compra.

Sin entrar en una relación pormenorizada de los fondos, resumimos a continuación alguno de los sectores mejor dotados:

MAQUINA HERRAMIENTA: amplia colección de martillos pilones, tornos, taladros, fresado­ras, rectificadoras, prensas…

ENERGIA: un grupo hidráulico completo, bombas de elevación, un grupo electrógeno comple­to, cuadro de mandos y control, conmutatriz,…

MINERIA: herramientas manuales, vagonetas, tromel, candiles, faroles…

TRANSPORTE: locomotora de vapor, vagones, camiones, motos, cabina de funicular, tractor de artillería…

TEXTIL: telares, máquinas de coser, cordoneras, trenzadoras…

ARTES GRAFICAS: guillotinas, linotipias, tableros de composición, plegadoras, rotativa com­pleta del Diario Hierro, piedras litográficas…

OTROS: cámaras de cine y fotografía, maquinaria agrícola, ordenadores, máquinas para embo­tellado y enlatado de conservas, máquinas de ensayos y útiles de laboratorio, maquetas de horno alto v Bessemer, molinos de cacao y papelero, maquinaria de carpintería.

La Biblioteca del Museo dispone de un pequeño fondo bibliográfico así como de un interesante archivo fotográfico. Se ha iniciado también una recogida de archivos empresariales (Ajuria, Cepsa…) v se pretende conseguir fuentes documentales audiovisuales y orales concediendo una particular relevancia a oficios y labores artesanales a punto de desaparecer.

5.- DOS MODELOS DE VIVIENDA OBRERA: Las casas de Orconera y El Hogar Futuro

a) Las casas de ORCONERA

Formaron parte de un conjunto residencial más amplio, que comprendía además un extenso parque con un palacete central e instalaciones deportivas hoy desaparecidos.

Se empezaron a construir en 1891 -las dos primeras- de acuerdo con los planos de Manuel de Otaduy, por encargo de William Gill director gerente de la Compañía Orconera, para dar alojamien­to a los altos cargos de la empresa.

Las nociones técnicas de W. Gill y el conocimiento que éste tenía de los avances constructivos experimentados  en su país natal, debieron influir, sin duda, en las casas que construyera Otaduy. Los hogares de Orconera recuerdan el modelo de casa-jardín auspiciada por los ideólogos del urbanismo anglosajón del siglo XIX. La parcela aparece dividida en tres partes -jardín, vivienda y huerto­- como reacción frente a lo urbano y siguiendo las tesis higienistas de la época que respondían a exigencias de una buena ventilación e iluminación.

El conjunto está integrado por cinco casas bifamiliares con disposición a dos alturas (sólo una de las viviendas añade un tercer piso) y cubierta a doble vertiente. El enfoscado exterior de los muros, con placa lisa, imita falsos sillares. Otros detalles decorativos se concentran en las contraven­tanas de lama e en el alero recorrido por tallas con una sucesión de líneas cóncavo-convexas.

La planta baja se destina a cocina, despensa, WC y salón mientras que la planta superior acoge los dormitorios. Cada vivienda está precedida de un pequeño espacio ajardinado, localizándose el huerto junto a la fachada trasera del edificio. Producto de remodelaciones posteriores, alguno de los edificios disponen de miradores adosados en la planta baja.

b) El Hogar Futuro

El proyecto se lleva a cabo por encargo de la Sociedad Cooperativa El Hogar Futuro formada por trabajadores de Altos Hornos de Vizcaya que compraron 3.296 m2 en 1923, año que dan comien­zo las obras. La Sociedad consiguió un préstamo de 205.000 pts. teniendo que realizar una aportación total de 100.902 pts. y 12.466 horas de trabajo personal.

Se construyeron 31 viviendas adosadas según los planos de Ismael de Gorostiza. Inicialmente cada casa tenía 4 m. hasta el muro que daba acceso a la calle y un terreno de 36 m2 en la trasera. Las casas se alinean en volúmenes escalonados a la derecha de la calle que une los barrios de Lutxana y Llano ofreciendo una imagen especialmente pintoresca. En la actualidad solo quedan 12 de las viviendas originales habiendo desaparecido otra hilera completa como consecuencia del ensan­che de la calle.

José Eugenio Villar Ibáñez

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *