Lutxana, con ‘L’ de motos Lube

Es lunes por la tarde. En la plaza Santiago Herrero, en Lutxana, juega un grupo de niños no muy lejos de sus jóvenes padres. Apenas han oído hablar de las Lube: “Son unas motos que hacían por aquí, ¿no?”. Tampoco saben de Santiago Herrero: “Pues… no podría decirte quién es”. Son nuevos en el barrio.

En esa misma plaza donde los niños gritan y los padres charlan, se levantaba hasta hace poco más de una década Lube-Nsu, la primera fábrica de motos de España (junto a la compañía Montesa).

Entre 1947 y 1967, el ingeniero Luis Bejarano Murga empleó a medio centenar de personas para fabricar miles de motocicletas Lube, la marca baracaldesa que llegó a ser conocida como la “moto del pueblo”.

La empresa abrió sus puertas en Lutxana hace 70 años, y tuvo que cerrar hace exactamente medio siglo. La fábrica fue derribada en 2006 y en su lugar se construyeron viviendas de protección oficial (VPO). Industria, crisis, demolición y ladrillo. La historia de la Lube parece ser la historia de Barakaldo.

Es probable que esos jóvenes padres vivan en una de las vpo que rodean la plaza donde un día se levantó la Lube. En su recuerdo queda hoy una moto sobre un monolito y los nombres de una calle y una plaza (calle Lube y plaza Santiago Herrero). Para poder encontrar información de primera mano sobre la fábrica y las motos, hay que escarbar en la memoria del barrio, preguntar en bares con solera, mercerías y estancos.

Cristina Bilbao era una niña de siete años cuando un jovencísimo Santiago Herrero pasaba como un rayo a lomos de una Lube por las calles de Lutxana. “Todavía recuerdo el ruido de aquellas motos cuando las probaban”, rememora ahora Bilbao, mientras retrocede mentalmente al pasado, a mediados de los años sesenta y evoca una Lutxana industrial, “oscura y gris”.

En este más de medio siglo, el barrio “ha cambiado mucho”, señala Bilbao. Un barrio que tuvo una serrería, un depósito de gasolina, la Sefanitro, la Lube… Todo un universo fabril. “La gente no me cree cuando les digo todo lo que había aquí; las fábricas aportaban mano de obra y trabajo, pero la transformación del barrio ha sido muy positiva: antes éramos cuatro o cinco chavales jugando a la pelota o a la cuerda, pero ahora ha venido gente joven de Barakaldo y Retuerto a los nuevos pisos que se han construido aquí”, explica Bilbao, que a sus 60 años preside la Asociación Vecinal Villamor y regenta junto a su marido la administración de loterías. “Mira, el otro día dimos un premio de 37.000 euros a una pareja joven de Lutxana con una niña”, dice contenta. La oscuridad del barrio parece dar paso a una cierta luz.

Lutxana desprende esa familiaridad que solo puede encontrarse en un pequeño pueblo dentro de una ciudad. Aquí todos se conocen. Los vecinos de siempre y los que han llegado después. Josu es el hermano pequeño de Cristina y se ha quedado al frente del bar Hermanos Bilbao. Habla de Rosana, la hija de Cipri, que tenía un taller de coches y motos no muy lejos del bar, donde probaban las Lube, y que luego heredaría su hijo, hoy en puertas de la jubilación. Localizas a Rosana en la mercería y recuerda el álbum familiar de fotos, en el que aparecen su padre Cipri, su hermano y su madre embaraza de ella, los cuatro subidos en una moto Lube.

Los hermanos Bilbao eran vecinos de Santiago Herrero, el brillante mecánico y piloto legendario de origen madrileño, pero vasco de corazón, que falleció a los 28 años cuando competía en el TT Isla de Man de 1970. “Recuerdo que mi madre me apretaba fuerte la mano cuando Santi pasaba como un cohete con la moto”, rememora Josu. “Vivía en frente de nosotros en la calle Andikollano y tenía muy buenos amigos en el barrio”, explica su hermana. “Tenía un potencial increíble para haber sido campeón del mundo”, recuerda en RTVE el laureado piloto Ángel Nieto, que ha pedido una curva de circuito con el nombre de Santiago Herrero.

El joven Herrero dio sus primeros pasos como piloto de carreras con las Lube de Lutxana. Las probaba en el barrio, a todo gas, en un barrio en el que hace medio siglo el motociclismo era un tótem. “En las fiestas, que son entre mediados y finales de abril, se celebraba un campeonato de carreras de motos; por entonces todo era aún más familiar”, evoca Cristina.

Por la plaza Santiago Herrero camina José Ramón Palacio. Tiene edad suficiente para recordar aquellas motocicletas. Natural de Karrantza, familiar de su alcalde, vive hoy en Lutxana. Su tío trabajaba en las minas de Cobarón y tenía una Lube. “Recuerdo cuando montaba de pequeño en el asiento trasero, cómo saltaba como un conejo cuando mientras subíamos por el camino que nos conducía al caserío”, explica Palacio con nostalgia, mientras trata de ilustrarlo con la moto Lube que se erige sobre el monolito. Mientras, los niños siguen jugando en la plaza.

Javier M. de la Horra

Tomado de www.barakaldodogital.com

 

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