La vida en los “siglos ocultos”

bengolea-1A pesar de los muy pocos testimonios que nos hablan de Barakaldo en el primer milenio, podemos hacernos algunas preguntas: ¿quiénes habitaban esta zona?, ¿cómo era su vivienda?, ¿de qué vivían?, ¿con quién se relacionaban?, ¿tenían alguna organización del territorio? … Preguntas, todas ellas, que deben responderse de manera muy sencilla y dejándonos llevar de la razonable especulación y de la aproximación desde otras realidades similares.

La gente que ocupaba el espacio era muy heterogénea porque a una base autóctona (seguramente cántabra aunque influenciada por la proximidad vasca) pronto se unieron componentes celtas y latinos… .A ello su sumó, en los ss. VIII a XI, la aportación asturleonesa, navarra y castellana. Todo configuró un espacio abierto y una población cuya característica esencial será el mestizaje que determinará una población, un poblamiento y una cultura más próxima a la “primitiva Castilla” (a la que sin duda ayudaron en su gestación) que a la “Bizkaia nuclear” (con la que poco tuvieron que ver hasta 1366).

Población escasa y dispersa y un espacio no demasiado apto para la habitabilidad (abundantes zonas montañosas, arenales de la ría, junqueras del Galindo …), excepto en las zonas próximas al río Castaños en su tramo medio y bajo, la desembocadura del Cadagua y las pequeñas colinas de Beurko y San Vicente. Aquí nacerían los minúsculos y mal comunicados barrios de Aranguren, Retuerto, Burtzeña, San Vicente y Beurko. Junto a ellos algunas otras “caserías” aisladas y dispersas (Lutxana, Huarte, Susunaga …).

Viviendas sencillas (una o dos alturas, cubiertas a dos aguas, escasas ventanas…) acogerían no sólo a su población sino también a sus actividades económicas. La agricultura y la ganadería, sobre todo esta última, tendrían una singular importancia. Todo para una economía de subsistencia de la que no sólo tendrían que vivir sino pagar los abundantes impuestos que los “señores” (leoneses, castellanos, navarros o del lugar) pasarían a cobrar sistemáticamente.

Mitxel Olabuenaga

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *