LA VEGA DE ANSIO: PUESTA EN CULTIVO

Situación y estado del terreno

Como ya queda dicho, los terrenos de la Vega se hallaban bajo el Promontorio, en línea con la Ría del Nervión, en una longitud dada desde la Punta hasta los límites con Portugalete, aproximadamente donde hoy queda la Benedicta.

Eran unos arenales formados por la acción del mar, que durante el espacio de años fue acumulando los detritos hasta alcanzar un altura sobre su nivel de unos 3 a 4 metros siendo la extensión total aprovechable para el cultivo de unas 30 hectáreas, descontando unas playas bajas, batidas por el flujo y reflujo de la marea, que quedaban en la parte NW am lo largo de la Benedicta y que por esa circunstancia eran inaprovechables, viniendo inmediatamente a continuación el terreno propio de la Vega, que era de mayor cota.

En su estado natural, constituían unas marismas cubiertas por juncos y flora espontánea de las playas (plantas halófilas) que carecían de aprovechamiento, a salvo de que como indica Delmas en su guía, la caza era abundante.

 

Distribución

Sobre este arenal comenzaron los frailes una ingente labor de aprovechamiento agrícola. Primeramente, procedieron a limpiar el terreno de malezas y plantas inútiles. Después construyeron un muro de defensa contra los ataques del mar que rompía directo sobre la parte NW, preparando también un amplio muelle de atraque (señalemos que entonces no estaban construidas las defensa del Puerto exterior). El muro indicado era un poderoso dique de piedra trabado con mortero de cal, con una longitud de casi un kilómetro y medio, siendo su anchura de 3 metros, con un talud a su espalda de otros 3 metros para evitar las filtraciones que pudiera provocar la marea alta.

Bajo la línea del monte en todo su trazado longitudinal desde el punto más al NW bajo Sestao hasta el embarcadero de San Nicolás, excavaron un chimbo (balsa de agua) y un canal o pesquera que comprendían las piezas esenciales para la distribución del agua de mar a las distintas parcelas cultivadas. El chimbo y canal se llenaban con la marea alta y desaguaban, a voluntad, con la baja, mediante las compuertas habilitadas.

Formando ángulo recto con el canal principal de riego y con una geometría perfecta prepararon las distintas eras o tablares que en sentido transversal ocupaban toda la vega. Estas parcelas estaban dispuestas en forma de que en  ambos lados de cada una de ellas y en toda su longitud quedaran formadas las regueras o profundos surcos de riego (zanjas) que mojaban cada tablar uniformemente sin rebasar nunca el agua el nivel superficial de las mismas, es decir, sin mojar a flor de tierra.

 

Cosechas

Con tal excepcional método de riego obtuvieron los monjes durante muchos años principalmente cosechas de trigo y maíz y chacolí en cantidades apreciables, así como algunas hortalizas y manzanas de un manzanal situado junto al chimbo.

La importancia de las cosechas la da el hecho de que durante la época de rotura de hostilidades entre Inglaterra y España en 1762, a pesar de que la Vega no rindió como en otras ocasiones, los monjes pudieron entregar importantes cantidades de trigo y maíz para satisfacer el hambre de todos los pueblos vecinos, así como Sestao y Santurce, que por entonces recogieron cosechas desastrosas en sus respectivos campos de cultivo.

 

Trabajadores empleados en la Vega

La construcción del dique de defensa y muelle antes aludido, requirió esfuerzo sobrehumano, pero la Comunidad contaba con las fuerzas hercúleas del Hermano Juan de San José (un morrosco diríamos ahora), maestro de obras y peón, natural de Legorreta, que según afirmaciones de testigos levantaba piedras que no movían seis hombres. El dirigía también la extracción de la piedra necesaria en la cantera del Promontorio y se dice que en una ocasión quedó aprisionado por un bloque enorme que se desprendió y del que pudo librarse sin daño el solo como por milagro. Esto mismo Humano Juan, plantó casi todos los árboles nuevos del Convento.

Bajo la prelacía del P. Cosme del Espíritu Santo que fue elegido Prelado del Santo Desierto en 1727 fue dominado el fiero océano ya que en este periodo es cuando se acometió el trabajo del cultivo de la Vega. Y el P. Domingo de San Millán, después de la guerra y de la Exclaustración que duró 4 años, desde 1809 a 1813 que paralizaron la vida conventual acometió de nuevo la tarea e imprimió un nuevo y fuerte impulso a los cultivos de la Vega, en el trienio de su prelacía en 1817.

 

Testimonios históricos

Ha sido una suerte que el famoso Convento del Desierto de San José de la Isla, fuera visitado en su tiempo por hombres eminentes a los que llamó su atención la magnificencia u agradable soledad dl lugar en que estuvo emplazado y que sus testimonios escritos se hayan conservado hasta ahora.

La mayoría de los relatos antiguos que se poseen en los distintos Archivos de Vizcaya, hablan con entusiasmo de la belleza del lugar sin par del Santo Desierto de San José, pero donde mejor queda testimoniado el asunto es en los diarios y notas de tres famosos hombres que por distintas razones visitaron el Convento. Son: Guillermo Humboldt, Félix María de Samaniego y Gaspar Melchor de Jovellanos.

CARLOS GUILLERMO HUMBOLDT, sabio filólogo alemán, hermano del célebre naturalista y viajero Alejandro Humboldt, ambos de reputación universal, vino a Bilbao en la primavera de 1801 para estudiar el idioma vasco y nuestras costumbres, recorriendo varios lugares de Vizcaya, entre ellos el Desierto, y de su relato son estos párrafos:

En el camino de Bilbao a Somorrostro no se puede olvidar el Desierto. Esta pequeña península, que forma el Ibaizabal, donde se vierte en él un pequeño arroyo de montañas, el Galindo, es uno de los puntos más encantadores de toda España, pues desde él se divisa, de una vez el paisaje de Bilbao, el mar con sus montes piramidales y Somorrostro”.

Se extiende en otras descripciones, una de ellas sobre ciertos árboles existentes, llamándole la atención dos palmeras datileras a las que llama “simpáticos extranjeros”, que volvía a ver con gran alegría al cabo de largo tiempo.

Principalmente asombró a Humboldt la profunda paz que emanaba en el Desierto.

FÉLIX MARÍA DE SAMANIEGO, célebre fabulista español, se vio confinado a vivir algún tiempo dentro del Convento de San José de la Isla por su mofa y chistes de mala ley que vertía en sus conversaciones como dice D. Marcelino Menéndez Pelayo en su Historia de los Heterodoxos Españoles. Durante este tiempo (hacia 1793) Samaniego distraía sus horas escribiendo sátiras famosas, algunas veces irrespetuosas, y nos legó una bella poesía dedicada al Desierto, que decía:

En el más sano clima de la España

una fértil colina

hermosea y domina

el mar y la campaña”.

GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS. Finalmente queda el testimonio de Gaspar Melchor de Jovellanos, hombre de letras, jurisconsulto, que fue ministro de Carlos IV durante un breve período del siglo XVIII. Jovellanos era hombre de muchos conocimientos y brillaba en el campo de las Artes, la Política, el Derecho y principalmente y porque era un hombre amante de la Agricultura destacaba en esta última disciplina. Escribió entre otras obras sobre conocimientos agrarios y cultivos su famoso “Informe sobre la Ley Agraria” que es la primera obra que trata sobre el ordenamiento y mejora de las tareas del campo español, en el que hizo ver las dificultades y explotación que existía sobre la clase labradora y la injusta distribución de la propiedad de los terrenos. Esta obra aun sirve de modelo en muchas de las reivindicaciones a que aspira justamente el agro español.

Precisamente por amar tanto las cosas del campo y ser autoridad en dicha materia, Jovellanos es el mejor testimonio que podemos ofrecer dentro y fuera de España sobre el Desierto de San José de la Isla y del excepcional procedimiento que utilizaron los monjes para la irrigación de la Vega con el agua marina pues a él por su preparación es al que primero llama la atención el inaudito procedimiento de riego practicado por los carmelitas descalzos, que se refleja en estos pasajes de su Diario:

16 de agosto de 1791: Bajada al Desierto. Convento de Carmelitas Descalzos, situado entre dos brazos de la ría de Portugalete; todo bien cercado: con bosque. Una bellísima vega; la pesquera en uno de sus brazos, etcétera. Se corre a la orilla de su cerca, dejándola a la izquierda hasta el embarcadero. Mala policía de este: estrechez de las barcas, corto número de ellas, pues hay una sola a la parte del Desierto y otra a la opuesta orilla, sin rampa: altas de costado, incómodas y peligrosas para la subida de los caballos. Los naturales de Sestao, a quien pertenece la que tomamos, se han arrogado el privilegio exclusivo del paso y no nos permitieron tomar un bote para nuestro paso particular pero luego lo hicieron por dinero. Taberna al lado opuesto, donde nos dieron de beber agua, azúcar, ponche, con gran aseo. Camino de planta hasta Bilbao, a orillas de la Ría; otro que se toma por la izquierda, cómodo y bellísimo, por entre frondosísimos setos, cubiertos de parras, zarzas, belortos y entre arboledas muy pobladas.

1797, septiembre, 20. Soberbia posesión la de los Carmelitas del Desierto. Allí vi por primera vez regar con el agua salada; siembran el maíz en largas eras, entre una y otra se abren hondas zanjas que tienen comunicación con un canal de la ría; introducen por él el agua, la cual conserva la tierra húmeda sin que la sal toque a las raíces de la planta; es común en esta tierra”.

Isidro Esteban 1965

 

 

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