El Tren de la Robla-Lutxana

de-la-robla-1El ferrocarril de la Robla se construyó para transportar carbón de las cuencas hulleras leonesas v palentinas a la industria siderúrgica vizcaína y a otras fábricas (más de un centenar) del entorno de la Ría en Bilbao. Entre éstas figuran cuatro talleres de construcción para la Marina y una fábrica de harinas en Luchana-Eran dio, la central de fuerza para los tranvías de Santurce y Las Arenas en Luchana-Baracaldo, el taller de fundición y montaje «Goicoechea», también en nuestro barrio, don­de se construyó la primera Cruz de hierro colocada en la cima del monte Gorbea, a principios de si­glo’.

Otros clientes potenciales de los servicios del tren de la Robla eran las diversas compañías de ferrocarril de la zona, necesariamente consumidoras de carbón: la de Bilbao-Portugalete, la Central de Vizcaya, la de Bilbao-Las Arenas y la de Las Arenas-Plencia, la línea de Víctor de Chávarri: Bilbao-Santander, las de Triano y Galdames y las mineras de la ría de Luchana: Franco-Belga, Orconera Iron Co. y El Regato (Luchana Mining Company). Entre tantas empresas, cabe destacar, lo Sociedad Anónima Española de la Dinamita, que, aunque erigida en Galdácano, con capital francés y vasco, contó con una fábrica en Luchana. Fue accionista de esta Compañía Alfred Nobel, el famosísimo inventor sueco de la dinamita y propulsor del importante premio mundial que lleva su nombre. Esta empresa fue durante mucho tiempo la primera en su género del mundo.

El proyecto de este ferrocarril fue obra del ingeniero excedente del cuerpo de Minas, Don Mariano Zuaznavar, quien lo presentó el 15 de diciembre de 1889. El Gobierno aprobó al año siguiente la concesión y la explotación de la línea de transporte y de inmediato se procedió a la constitución de la sociedad.

El primer tramo de la línea férrea fue el comprendido entre La Robla (León) y Valmaseda (Vizcaya), de ahí el nombre Compañía del Ferrocarril Hullero de La Robla a Valmaseda. El tramo hasta Luchana entró en servicio en el año 1902. El edificio de la estación, en Luchana, fue compartido con el de la estación del ferrocarril de Bilbao a Portugalete, situación que subsiste en la actuali­dad.

La línea completa de la Robla-Luchana cubre una distancia de 312 kms. y la estación de Lucha­na, por ser terminal, contó desde un principio con puente giratorio para dar la vuelta a las locomoto­ras.

Desde la estación de Luchana se llegaba di­rectamente a las industrias de la ría, a Altos Hor­nos e incluso, a primeros de este siglo, se construyó un ramal hasta el muelle para la carga de buques y gabarras.

En el año 1915, Luchana estuvo a punto de convertirse en depósito de la línea, ante los graví­simos problemas de espacio de los talleres de la Compañía en Valmaseda. En 1923 se construyó una pasarela sobre las líneas del ferrocarril de Portugalete en Luchana y en 1920 se instaló una báscula puente.

La utilidad del ferrocarril de La Robla se puede colegir teniendo en cuenta que, a pesar de que por el puerto de Bilbao se importaban (sobre todo, de Inglaterra) fuertes cantidades de carbón y coque, de buena calidad y alto rendimiento, sin embargo, el carbón castellano-leonés podía compe­tir con él, tanto por su menor coste como por el precio del flete que aquél había de pagar desde las islas.

En aquella época, a lo largo de la línea de La Robla, existían instalaciones mineras muy avanza­das en construcción, como las de la Sociedad Vasco-Leonesa en Matallana, o las de Sabero, donde estuvo a punto de erigirse una compañía siderúrgica.

Empresa de tanto calado produjo un sinfín de obras de ingeniería no exentas de belleza y de interés, como los puentes metálicos sobre el río Torio y sobre el río La Losilla, los de piedra sobre el río Cea y Cureño, los metalicos sobre el Carrión y Valdetuéjar, cruce con el ferrocarril de Alar a Santander, el puente metálico sobre el río Pisuerga, el del Nela y el de fábrica sobre el río Engaña. Hay que recordar que el bello puente de Irauregui pertenecía a la línea Bilbao-Santander. Entre las obras de bella estructura que aún permanecen como edificios emblemáticos, son las estaciones del ferrocarril de diseño unificado en estaciones de primera clase, de segunda, de tercera y apeaderos. Con la construcción del pantano del Ebro en 1946, entraron en servicio los magníficos viaductos en piedra sobre el pantano en Las Rozas, Llano y Arija.

El carril originario, de un ancho de vía de 1 metro y 24 kgs. por metro, fue construido por la Sociedad Altos Hornos en 1890; aún presta servicio en el depósito de Cistierna, aunque hubo modifi­caciones posteriores para su modernización con carril de AHV y la Aurrerá de mayor peso.

En 1891 las tarifas para el transporte quedaron establecidas en 7,5 ptas. la tonelada, con un escalado hasta 5 ptas. a partir de 300.000 Tn. en adelante. Más tarde, aún sin entrar en funcionamien­to, se volverían a reducir para los grandes transportes, al objeto de disuadir a los que intentaban crear flotas particulares para promover el transporte del carbón asturiano por la mar y animar a los mineros de León y Palencia en la realización de sus proyectos.

Tras la partida de Zuaznavar en 1887, será Francisco Henrich quien termine el trazado del ferrocarril hasta Luchana, según diseño del ingeniero Manuel Oraá, siendo inaugurado en el año 1902. E1 acceso a Bilbao a través del empalme de Irauregui se inauguró el 15 de enero de 1911.

La Gran Guerra, de 1914, supuso un importante incremento del tráfico. Otros acontecimientos fueron tan positivos, por lo que, al final, la falta de inversión y de competitividad llevaron al ferrocarril de la Robla a la actual situación, no sin que resurjan algunas iniciativas como la romántica de convertirlo en tren turístico.

Las locomotoras de vapor del ferrocarril de La Robla no tuvieron parangón en las de vía estrecha de la época, no sólo por el número de unidades, sino por los espléndidos ejemplares con que contó el vapor en La Robla-Luchana. Así hubo locomotoras de vapor belgas, alemanas, checos­Iovacas, neoyorkinas, inglesas, francesas, suizas, vascas y americanas. Nada más lejano de la imagen de <<chocolatera» de vía estrecha tan clásica, ya que muchas de aquellas famosas máquinas sobrepasa­ban las 100 toneladas de peso, con una longitud superior a los 10 metros.

Todo un emblema, estas máquinas pintadas de negro con algunos detalles rojos cruzaron activa­mente una y otra vez nuestros suelos; aquellas magníficas Garrats, Skodas, Sharp & Steward, Linke­f-Holfmann, Cockerill, SFB, Baldwin, Alco, Krauss, Hanomag, B & W, Winterthur, Borsig, North Brit Gee, Sacm o, en menor medida, las ya modernas diesel Alton-Secn Rolls Royce, Westinghouse, Alsthom­-Gee, Enghert, Geco, Creusot S.C. Naval…, plenas de poderío y belleza, escribieron, con su pluma de humo, soberbias páginas de la historia moderna. Por último, que tras ser vendidas a precio de chatarra, fueron desguazados estos magníficos fósiles de la arqueología industrial.

Todavía en los 60 paseaban su majestuoso estilo, mientras maniobraban por la estación de Luchana, al ritmo del vapor, portando un cartel de hierro colgado «ULTIMA REPARACION HECHA EN 1906»: carácter, temple y temperamento.

Sólo un pero, de entre aquellas máquinas bautizadas con hermosos nombres como las 6 primeras (1891 y 1892): León, Palencia, Guipuzcoa, Burgos, Vizcaya, Santander, o las siguientes: Matallana, Sabero, Valderrueda, Guardo, Cervera, Bilbao, Zorroza, Valmaseda, La Robla, Cistierna o Val de Olea, Val de Porres, Campoo, Mena, Montija, etc. o las hidróminas Bernesga, Torio, Porma o Esla hasta Nela, Trueba y Cadagua… que cruzaron los 312 km. del trazado, ninguna de ellas, tuvo el honor de llevar el nombre de Luchana, como lo hicieron los primeros buques de vapor de la ría.

No pasearon el nombre de Luchana, pero sí acercaron, unieron y acrisolaron, en torno a nuestro barrio, un caudal humano, que enriqueció y marcó el carácter de un pueblo con temperamento, armónico en lo múltiple.

Tomado de “Lutxana”

3 Respuestas

  1. Omalei dice:

    Magnífica crónica y exposición de la historia del Luchana-La Robla.Gracias

  2. Angel dice:

    Nunca me olvidaré de aquellos vagones de pasajeros con bancos de lamas de madera, de ventanas que se abrían hacia abajo mediante una tira de cuero, ni tampoco de mi abuelo, trabajador del tren de la Robla en la estación de Luchana desde 1940 hasta 1974.

  3. Juanma dice:

    Muy buena crónica con la recogida de datos tan relevante. Has dejado un trozo de historia escrito.

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