El paso de los romanos

parque-de-tellaetxe-4La presencia de Roma en nuestro entorno (a partir del s. II a. C) es algo incuestionable aunque los restos materiales de dicha presencia son prácticamente inexistentes. Buscando buen mineral de hierro (porque otras cosas -productos agrícolas, oro, esclavos- no podían encontrar) acabaron explotando las ricas minas de Triano, como escribe el historiador Plinio en la primera mitad del s.I. En ellas se han encontrado azuelas, picos, “sinfines”… que recuerdan su explotación. El mismo nombre de “Triano” parece derivarse de Trajano; Luchana de Luciana; Retuerto de “retortus” …).

Los historiadores romanos (Plinio, Estrabón, Ptolomeo…) serán los primeros en darnos algunas noticias de las gentes que habitan el valle: beben agua o cerveza en vasos de madera, llevan el pelo largo, comen carne de cabra y bellotas, cocinan con manteca, visten capas negras, los condenados a muerte son despeñados, usan barcos de madera, su sal es rojiza… Los mismos historiadores nos indican que las gentes de esta zona pertenecían a un grupo humano llamado Autrigones. ¿Hablaban euskera?. Posiblemente no, ya que su origen, seguramente, era celta. Sus vecinos caristios, vardulos y vascones sí que lo harían.

La llegada de los romanos introdujo cambios, nunca muy significativos, en la vida de las gentes del lugar. Esta influencia se ejercería por la participación de la población local en los ejércitos imperiales, por la proximidad de asentamientos romanos en áreas próximas (entre los que destacaba el de Flavióbriga-Castro Urdiales) y por el paso de viajeros y soldados por algunas calzadas secundarias.

Estas buenas relaciones se mantuvieron hasta el siglo IV en el que el imperio romano sufrió una profunda crisis -guerras civiles, revueltas sociales, herejías, invasiones bárbaras- que creó un clima de enorme inseguridad. Además, vascones y cántabros parece que rompieron su amistad con la metrópoli, iniciando una etapa de hostilidades e intentos expansivos., y que tendría como con­secuencia más inmediata la creación de una frontera fortificada en los prime­ros escalones de la meseta, desde donde se pretendía frenar las expediciones -más de saqueo que verdaderamente de conquista- de los pueblos norteños (las bagaudas).

Mitxel Olabuenaga

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