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	<title>Ezagutu Barakaldo &#187; Patrimonio</title>
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		<title>Ferrerías de agua (en Busurialdea)</title>
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		<pubDate>Sun, 13 May 2012 06:33:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Patrimonio]]></category>

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		<description><![CDATA[    Las alusiones antiguas más claras que tenemos en Busturialdea a las ferrerías las encontramos en la Carta de Fundación del Convento de Fanciscanos de la Villa de Bermeo del año 1357. Por un lado nos habla de “&#8230; la puerta de la Villa, que llaman de los ferreros”, indicio de la participación de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-2565" title="inturia1" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2012/05/inturia1-300x215.gif" alt="" width="249" height="178" />    Las alusiones antiguas más claras que tenemos en Busturialdea a las ferrerías las encontramos en la Carta de Fundación del Convento de Fanciscanos de la Villa de Bermeo del año 1357. Por un lado nos habla de “&#8230; la puerta de la Villa, que llaman de los ferreros”, indicio de la participación de la Villa en la fase de comercialización y exportación del hierro y productos elaborados, y por otro, también menciona este documento cómo cerca del río, extramuros de la villa, se encuentran “ferrerías”. Posteriormente sólo hallamos menciones a la llegada a la Viilla de hierro, acero y productos elaborados: anclas, herrajes&#8230;., con el derecho que tienen que pagar al preboste. Así como en la Carta de Vizcainía a favor de Juan Pérez de Ybeieta, hijo de Martín Yañes, vecino de Bermeo, fechado en 1445, se alude a la albalá del fierro y el azero y concretamente a las que tiene sobre “las renterías d’esas villas de Bermeo y Bilbao”, esto es, nos habla de la permanencia de actividades de comercialización y explotación, sin hacer mención de las ferrerías.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Características de las ferrerías</span></strong></p>
<p>La aplicación de la rueda hidráulica a partir del siglo XIII hizo que las ferrerías se desplazaran a los cauces fluviales. Los edificios e instalaciones que componían la estructura básica de la ferrería eran los siguientes: por un lado la presa, el canal y la antepara con los cuales se conseguía elevar el nivel del agua y canalizarla adecuadamente para poner en movimiento la rueda hidráulica; por otro lado en el edificio ferrerial se encontraban el horno, el aparato soplante, el fogal u hogar y el mazo o martinete. Además solía constar de edificios anexos para almacenar carbón, etc.</p>
<p>El equipo básico de operarios de una ferrería estaba compuesta de cinco personas: dos fundidores, dos forjadores y un aprendiz. El vestuario de los trabajadores constaba de gabán y sombrero ancho de lana para protegerse del calor y las chispas. Trabajaban noche y día a turnos mientas había agua. Éste faltaba de San Juan a San Miguel.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Tipos de ferrerías</span></strong></p>
<p>Según el enfoque de su producción, podían clasificarse en dos grupos:</p>
<ul>
<li><span style="text-decoration: underline;">Centros mayores</span>: Conformaban la industria pesada del momento. Fundían grandes cantidades de mineral de hierro para elaborar lingotes o barras de hierro. susceptibles de venta en el exterior, y sobre todo, de exportación a zonas extrapeninsulares. Ejemplos de esta son las siguientes: Olazarra (Mendata); Muxoa y Uarka (Arratzu); Meakaur (Morga), Zelaia (Bermeo) y Muxikolea (Muxika).</li>
<li><span style="text-decoration: underline;">Centros menores o Tiraderas</span>: Dedicaban sus actividades a la manufactura de tales lingotes para la producción de aperos, herramientas, armas y otros utensilios férricos a veces de consumo local. Como ejemplos tenemos: Arestieta (Ajangiz); Zubiaur y Arrandieta (Arratzu); Azkue (Bermeo); Maguna, Barrenolea, Zugaztieta y Aurtenolea (Muxika), Arrola (Forua), Urtubiaga (Ea),</li>
</ul>
<p>Las producciones de hierro en las citadas ferrerías se manifestaron desde su fundación en tales términos de lingotes en sus diferentes clases (sotil, cuadradillo&#8230;) y estas producciones estaban medidas en unidades de producción llamadas quintales. Un quintal equivalía a unos 70 kg. Así, la ferrería de Meakaur, en las últimas décadas el siglo XVIII, tenía una producción media de 800 quintales.</p>
<p>La principal demanda de productos siderúrgicos provenía del sector agrícola. El aumento de las tierras de cultivo de durante la segunda mitad del siglo XVIII trajo consigo mayores necesidades de los aperos de labranza. Contribuyó también a que se construyeran nuevas casas, siendo por ello, necesaria la utilización de los artículos de ferrería: clavos, herrajes, balaustres&#8230; y, finalmente, carros, y para ellos llantas de hierro y herraduras para los animales. La ferrería Urtubiaga (Ea) producía hierro tiradera planchuela, que la exportaban a Burdeos (Francia).</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Importancia y distribución</span></strong></p>
<p>En los años 50 del siglo XVIII una brusca subida de la producción, continuada en lo años 60 de manera más pausada, convertirá a estos años en los mejores del siglo para la siderurgia vasca.</p>
<p>José Ángel Barrio Loza y otros (Arqueología, Urbanismo y Arquitectura Histórica) afirman que en ese siglo XVIII &#8220;más de ciento cincuenta ferrerías&#8221; funcionarían en Bizkaia, por lo que, siguen &#8220;varios millares de trabajadores y sus familias&#8221; estarían &#8220;directamente vinculados a las labores de acarreo, carboneo y transformación de las materias primas&#8221;.</p>
<p>De esta manera estaban repartidas las ferrerías en Busturialdea en el siglo XVIII: Ajangiz, 1 (Arestieta, actualmente conocido como Goikoerrota, funcionaba también como molino); Arratzu, 4 (Muxoa, Zubiaur, Uarka y Arrandieta); Arrieta, 2 (Ferrería menor de Kornabiz y ferrería mayor de Kornabiz, Arrietaolea o Arrietaolatxua); Busturia, 2 (Alarbin y Olabarria); Bermeo, 3 (Azkue, Barruti, Zelaia); 1 en Ea (Urtubiaga); Forua, 1 (Arrola); Kortezubi, 1 (Goikolea); 1 en Murueta (primero llamado Busturia y, más tarde, Olatxua); 1 en Errigoiti (Errigoitiolea). En el XVII existió la de Uriarrikoa, pero en el XVIII no se menciona.); 2 en Munitibar-Arbatzegi-Gerrikaitz (Munditibar y Olatxua); 3 en Mendata (Ororoaga, Olazarra y Olatxua); 1 en Morga (Meakaur o Errotaolea); 5 en Muxika (Maguna, Barrenolea, Aurtenolea, Muxikaolea y Zugaztieta).</p>
<p>No sabemos cuándo se inició en Busturia la actividad ferrona. Ya en el siglo XVII contaba con cinco ferrerías: Arbe, Alarbin, Beotegi, Zeleta y Olabarria. En Propios y Arbitrios de 1795 sólo se mencionan la de Alarbin y Olabarria.</p>
<p>Busturian olagintza noiz hasi zen ez dakigu, baina XVII. mendean bost burdinola zeuden: Arbe, Alarbin, Beotegi, Zeleta eta Olabarria. 1795eko Propio eta Arieletan Alarbin eta Olabarria bakarrik aipatzen dira.</p>
<p>En Mendata conocemos la existencia de al menos siete ferrerías, desde fecha muy temprana: Gogorza, Berrenondo, Lejarza, Olabarría, Olazarra, Ororoaga, Olatxua, pero documentalmente no se ha hallado constancia de ellas hasta 1661 y sólo de la tres últimas gracias al libro de cuentas municipales, a excepción de la de Ororoaga cuya octava parte pertenecía a Pedro Ortiz de Olaeta en 1593. Esta abundancia nos indica unas condiciones idóneas para su establecimiento. Para 1880 todas dejaron de funcionar.</p>
<p>Desde la carta de fundación de la villa de Gerrikaitz en 1366 “e todos los pobladores del dicho lugar que taxen las ferrerías e tagen e pasen y hagan así como acostumbraron fasta aquí ellos e los de los dichos lugares&#8230;”, que nos indica una actividad desde antaño, hasta documentos como el de 1638 en el que se aceptan las propiedades de la colegiata de Ziortza a pesar de la queja de “los señores de ferrerías del valle de Guerricáiz” que les acusan de apropiación indebida. En este documento se mencionan hasta seis ferrerías (la ferrería nueva de Gerrikaitz, Monditubar, Bengoolea, Olaechea, Aranola y Goycoolea). Hay noticias de la existencia hacia 1549 de la ferrería Olabarría y hacia 1555 de una ferrería nueva en propiedad de la villa. Éstas se sitúan en torno al río Lea. Para 1880 todas dejaron de funcionar.</p>
<p>Por lo que respecta a Morga, la actividad siderúrgica se centró exclusivamente en una única instalación, la ferrería de Meakaur. Fue construida en 1663 -a diferencia de las demás, sus orígenes no se situaron en épocas bajomedievales sino en el mismo núcleo de la crisis del siglo XVII- a cargo de Juan Saez de Dúo, reconocido carbonero del municipio, y de una cierta intervención del ayuntamiento. Sin embargo, pudo haber igualmente otros núcleos menores, de los que hoy no queda constancia alguna, que pudieron haber mantenido la vigencia de sus producciones al menos durante el desarrollo del siglo XVI, en virtud del apogeo del sector a nivel local. Tal sería el caso de la ferrería de Ibaizabal, citada únicamente en un documento judicial de 1561.</p>
<p>Las cinco ferrerías de Muxika estaban situadas en los márgenes del Oka, es decir, del río más caudaloso de la zona. De esos cinco, tres se localizaban en el barrio de Ibarruri.</p>
<p>No ha sido posible probar documentalmente la existencia de ferrerías en Ereño, Nabarniz, Gautegiz Arteaga, Ibarrangelu, Elantxobe y Gernika-Lumo. Sin embargo, en Gautegiz Arteaga y en Gernika-Lumo por toponimia y oikonimia se constata la presencia de actividades de esta naturaleza en varios puntos. Además, en el riachuelo Errekalde de Gautegiz Arteaga se puede encontrar algún que otro resto de fundición. Por otro lado, en Gernika-Lumo, la presencia en la cercanías del molino de Goikoerrota, de las ruinas de una construcción que en un mapa de 1920 de la Diputación de Bizkaia es denominada Olaerrota y teniendo en cuenta la abundancia de escoria en el cauce del arroyo cercano nos lleva a tomar en consideración la presencia de alguna instalación de éstas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"> Propiedad</span></strong></p>
<p>Todas eran de propiedad privada, excepto las dos de Kornabiz, de Arrieta, que pertenecían a la anteiglesia de Arrieta hasta que en el siglo XVII fue privatizada y es, a partir de entonces, cuando empiezan a llamarse ferrería Arrietaolea o Arrietaolatxua. La mitad de la ferrería de Uriarriko y dos molinos de ahí pertenecían al Ayuntamiento de Errigoiti. Los dueños pertenecían a mayorazgos del entorno. Así, Olazarra (Mendata) pertenecía al conde de Baños, Arrandieta (Arratzu) a la poderosa familia de Urdaibai, Errigoitiolea (Errigoiti) pertenecía a Pedro Antonio Arana Butroi&#8230; También había ferrerías porcioneras como las de Muxoa (Arratzu), Arrietaolea (Arrieta), Urtubiaga (Ea), Meakaur (Morga)&#8230;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">    Materias primas necesarias para el funcionamiento de las ferrerías</span></strong></p>
<p>La buena marcha de cualquier ferrería siempre dependía de la disponibilidad de tres elementos fundamentales: agua, mineral de hierro y carbón. Este último siempre fue el determinante. Resultaba más costoso económicamente transportar el carbón que la vena, por lo que las instalaciones siderúrgicas prefirieron ubicarse próximas a amplias masas forestales (robles, encinas, hayas y castaños) que garantizaban el suministro a precio razonable. A la vez era impensable levantar una ferrería sin un caudal de agua que proporcionará la fuerza motriz. Ambos motivos explicaban las características que definieron el sector siderúrgico vasco: la atomización y dispersión de las ferrerías por todo el territorio.</p>
<p>Nuestras anteiglesias disponían a priori de buenas condiciones para convertirse en centros ferrones. Contaban con buenos bosques y ríos o riachuelos, a pesar de que su situación geográfica cómo pueblos interiores apartados de las principales vías de comunicación era una desventaja, ya que la mayoría del hierro era destinado a la exportación más allá de nuestras fronteras.</p>
<p>A pesar de que prácticamente toda Busturialdea estaba salpicada de ferrerías, algunas cuencas eran más aptas que otras para instalarlas. No todos los arroyos que corrían por la zona eran los más adecuados, ya que su mismo carácter de arroyos determinaba que su caudal no fuera muy abundante lo que unido a la propia pendiente podía dar lugar a grandes y bruscas crecidas. La regularidad mayor o menor del caudal era lo que determinaba el periodo de producción y por tanto el producto potencial, además el régimen de estiaje de los ríos paralizaba el trabajo durante una parte del año en función de cada río. Así, pues, el aprovechamiento del agua se convertía en otra fuente de conflicto. En este sentido, en 1663, se acordó que el molino Errotakuria de Arrieta aprovechará el agua del 1 de junio a últimos de octubre, ya que la ferrería de Olabarri (Errigoiti) trabajaba de noviembre a mayo.</p>
<p>La mayor parte del mineral de hierro que llegaba al concejo procedía de Muskiz y Galindo, y era transportado por mar y repartido en las renterías de la comarca, como por ejemplo en la “Rentería” de Ajangiz (actualmente un barrio de Gernika-Lumo), excepto las de Munitibar-Arbatzegi-Gerrikaitz que lo hacían desde el puerto de Lekeitio; no obstante, las ferrerías de Arratzu se abastecían de mineral de hierro procedente de dos minas de hierro situadas en ese municipio: las minas Gregoriana (barrio Zubiate) y Elena (barrio Elorriaga). En Ibarrangelu, en el paraje de Uspiltza y en Elantxobe en el bosque de Larrazelai contaban, cada una de ellas, con una mina de hierro. La citada ferrería de Arrola situada en el barrio de Urberuaga de Forua contaba además en sus proximidades con un yacimiento de mineral férrico. Documentalmente está registrado la existencia del mineral de hierro en Gernika-Lumo. Según Agirreazkuenaga, en 1860, en Lumo, se producían 10.000 quintales de hierro que se vendían a Francia. Aunque varios autores han manifestado que los yacimientos de Gernika-Lumo, Errigoiti&#8230;, en realidad eran andesitas con una simple oxidación superficial, hay otros que consideran que durante algún tiempo hubo alguna mina de este mineral, hoy agotada. No obstante, Carmen, Kruger, Iberaspi&#8230; son algunos de los nombres de las minas de hierro de Gernika-Lumo.</p>
<p>Entre los diferentes minerales usados en Bizkaia la goethita y el hematites u oligisto eran los más ricos en hierro, con más del 70% de ley. Con el paso del tiempo la siderita, un 48% de hierro, se convirtió en el mineral de hierro más empleado por la siderurgia moderna vasca.</p>
<p>Un buen ejemplo de la importancia de la calidad del mineral de hierro lo hemos recogido en dos barrios de Muxika. En Ibarruri se fundían cuatro quintales de mineral de hierro para obtener un quintal de hierro y en Gorozika se fundían 2200 quintales de mineral para obtener 600 quintales.</p>
<p>El transporte del mineral de hierro desde las renterías y minas de alrededor a las ferrerías se hacía a hombros de los animales.</p>
<p>El carbón siempre estuvo garantizado gracias a los cuantiosos recursos de los bosques de la zona. Influía directamente en los costes de producción del hierro y parece que en las ferrerías distantes de los puertos son más caras las venas y más baratos los carbones que en las inmediatas a ellos. Algo siempre lógico y por ello los ferrones preferían realizar sus compras de carbón en los límites del mercado local o comarcal, abasteciéndose preferentemente de los montes próximos. Los precios de la carga de carbón variaban incluso dentro del ámbito de una misma anteiglesia en función de la distancia da la ferrería, la disponibilidad de caminos y la orografía. Cuanto más alejados y peor comunicados estuviesen los recursos forestales, la leña resultaba más barata: en 1799 las 240 cargas de carbón que cada 7 años producía la casa de Uribe de Arrieta se cotizaban a 4 reales y cuartillo la carga por estar muy distantes de la ferrería, mientras que las 40 cargas anuales de la casa Otazua se tasaban a 5 reales por estar próximas a ella.</p>
<p>En Nabarniz en los siglos XVII y XVIII la producción de carbón vegetal, sobre todo para las ferrerías de Aulesti, tuvo mucha importancia. Éste suponía el 50 % de los ingresos totales de la Hacienda Municipal. Para que esta actividad pudiera mantenerse en el futuro el Ayuntamiento de Nabarniz obligó a sus vecinos a plantar todos los años 300 quejigos en los montes comunes de las dos anteiglesias, repartiéndose la labor a tres pies por foguera en el siglo XVII. Otras especies plantadas en Nabarniz y en Ereño fueron el castaño y la encina.</p>
<p>Los quejigos plantados se extraían de los viveros municipales que muchas veces se ubicaban en las heredades de los particulares. En Nabarniz existían viveros de robles y castaños mientras que en Ereño únicamente aparecen mencionados los de robles en sus libros de cuentas municipales.</p>
<p>El consumo de leña en las ferrerías era impresionante. Para obtener un quintal de hierro hacían falta seis cargas de carbón.</p>
<p>En el horno de la ferrería el mineral era redcido y calentado hasta formar una pasta o “agoa”, que era golpeada en el mazo para separarla de la escoria y darle forma.</p>
<p>La presencia de los hornos se constata en Forua desde los siglos II-III. En el yacimiento romano de Forua se han hallado numerosas estructuras excavadas en la tierra de forma alargada y circular que se corresponden con hornos de fundición de hierro, algunas de ellas con indicios de haber sido utilizadas en distinta fases.</p>
<p>La relación entre ferrones y particulares también se vio jalonada de dificultades, en este caso por que los segundos no cumplían con sus obligaciones de acarreo o de venta de montazgos: así se encontraba Francisco de Borica, arrendador de la ferrería de Arrietaolea, cuando en 1766 varios vecinos de Arrieta, Errigoiti, Meñaka y Morga le debían 2.892 reales y medio en carbón, cantidad de dinero que les había adelantado.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Futuro</span></strong></p>
<p>Durante el siglo XVIII el hierro vasco, que a pesar de su buena calidad era de elevado precio, se mantuvo gracias a unas normas que reservaban, casi de forma monopolística, el mercado colonial y el de las provincias interiores de España. En el último tercio del siglo XVIII el precio del carbón subió, lo que encareció mucho los costes. Con el arancel de 1782 se acabó con la anterior prohibición de importar hierros extranjeros. El hierro vasco dejaba de ser competitivo, agravándose esta situación por el desinterés de los propietarios de las ferrerías que no invertirían capital en sus establecimientos. A finales del siglo XVIII se iniciará la crisis definitiva de la siderurgia vasca.</p>
<p>Los mismos autores afirman que &#8220;molinos y ferrerías compartían instalaciones hidráulicas prácticamente idénticas. Esto permitió en muchos casos que al entrar en crisis la producción artesanal del hierro, a raíz de la difusión de las técnicas industriales durante la segunda mitad del siglo XIX, las antiguas ferrerías se adaptasen a la molienda de maíz y a otros usos acordes con la demanda de su entorno rural. Un caso paradigmático de metamorfosis industrial es el que protagonizó Alarbin Goikoa, de Altamira (Busturia), que pasó de fundir tochos de hierro a moler cereal cultivado por sus vecinos, para dedicarse sucesivamente a pulverizar caolín destinado a la fábrica de cerámica de Busturia, y a producir corriente eléctrica para la barriada, mediante una turbina adaptada al viejo salto de agua·.</p>
<p>Pero, ninguna ferrería de Busturialdea ha conservado el más mínimo resto de su equipamiento mecánico. Ruedas, ejes, mazos y barquines han desaparecido.</p>
<p>Sin embargo, el tendido hidráulico aún se mantiene en Uarka (Arratzu), Goikolea (Oma, Kortezubi); Goikoerrotan (Kanpantxu, Ajangiz); Urtubiaga (Ea), Zugaztieta u Olazarra (Zugastieta, Muxika), Maguna Olea (Maume, Muxika) y Olazarra (Olabe, Mendata).</p>
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		<title>Patrimonio ferroviario de Barakaldo</title>
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		<pubDate>Sun, 06 May 2012 20:15:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Patrimonio]]></category>

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		<description><![CDATA[A principios del siglo XX, el territorio vasco disponía de una amplia red de ferrocarriles, tan densa como la de otras regiones industrializadas de Europa, especialmente en líneas de vía estrecha. El bajo coste de su construcción permitía el establecimiento de líneas ferroviarias que difícilmente se habrían podido llevar a cabo con presupuestos basados en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-2561" title="normal_Barakaldo_113" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2012/05/normal_Barakaldo_113-300x187.jpg" alt="" width="257" height="160" />A principios del siglo XX, el territorio vasco disponía de una amplia red de ferrocarriles, tan densa como la de otras regiones industrializadas de Europa, especialmente en líneas de vía estrecha. El bajo coste de su construcción permitía el establecimiento de líneas ferroviarias que difícilmente se habrían podido llevar a cabo con presupuestos basados en el ancho de vía normal.</p>
<p>Pero la carrera por el ferrocarril había empezado mucho antes ya que en 1829, un año antes de inaugurarse la línea de Liverpool a Manchester, cuando no había ningún ferrocarril fuera de Inglaterra, se sugirió la posibilidad de levantar un “camino de hierro” entre Bilbao y Balmaseda. (WAIS: 1957: 173)</p>
<p>Será, en el último cuarto del siglo XIX, cuando  la circunscripción de Barakaldo se convierta en terminal o zona de paso de cinco ferrocarriles que ayudarán a crear una completa red de comunicaciones y  servicios que la industria y la población trabajadora necesitaba. Algunos, como los de Bilbao-Portugalete (1888) y La Robla (1902), combinando  el tráfico mixto de mineral y viajeros. Otros, como los ferrocarriles mineros de  Orconera Iron Ore (1877), Franco-Belga (1880) y Luchana Mining (1887), construyendo sus cargaderos, viviendas y talleres en los barrios de Réketa y Lutxana.</p>
<p>Bien es cierto que, al igual que en otros ámbitos,  surgirán algunas resistencias. Ya en los años sesenta  del siglo XIX  surgía una fuerte oposición al proyecto de construcción del ferrocarril Bilbao-Tudela porque podía arruinar a los propietarios agrarios baracaldeses que temían la competencia de los productos agrarios de la Ribera navarra y de la Rioja. En otras ocasiones el mismo consistorio tuvo que mostrarse riguroso con las obstrucciones de servidumbres que planteaban los tendidos ferroviarios por las molestias ocasionadas a la población. (RUZAFA: 1991: 18)</p>
<p>No obstante, la posibilidad de viajar, antes reservada a grupos muy reducidos, se convirtió en una realidad para amplias capas de la sociedad. Una actividad tan cotidiana hoy en día como es viajar de Bilbao a Portugalete, hace ciento cincuenta años era un acontecimiento excepcional y al alcance de unos pocos. Disfrutar de la misma velocidad de transporte, ya que no de la misma comodidad, se convirtió en una novedad. Para eso se establecieron las diferencias de viajeros de primera, segunda y tercera. Las vías férreas rompieron definitivamente el peso que seguía manteniendo el autoconsumo y los tradicionales mercados locales y comarcales, comenzando a producirse, cada vez más, para los nuevos mercados urbanos o para mercados cada vez mas alejados de las comarcas productoras. (GONZALEZ PORTILLA (dir.) 1995: 110)</p>
<p>Eran tiempos en que los trenes partían de las estaciones “después que el conductor del tren hubiera avisado, por medio de dos sonidos breves de trom­pa, de haberse concluido el servicio de entre­ga de bultos y documentos, el Jefe de Estación daba la orden de “marche el tren” por medio de un silbido algo prolongado, al empleado que, de uniforme, hubiera enviado al pié de la máqui­na, el cual la trasmitía al maquinista por medio de dos toques de campana de mano da­dos al pié mismo de la máquina”.(Reglamento de estaciones: 1888:23)</p>
<p>Trenes de vapor con la imagen inseparable de la “pareja”, maquinista y fogonero, que diariamente se en­frentaban con el duro trabajo de alimentar los hogares de las locomotoras de hierro y fuego que en seis horas podían llegar a consumir hasta doce toneladas del mejor carbón.</p>
<p>De aquellos tiempos heroicos del ferrocarril, Barakaldo conserva aun tres magníficos elementos que constituyen un valioso patrimonio ferroviario: las estaciones de Desierto y Lutxana y el puente de ferrocarril sobre el río Cadagua, los tres relacionados con el ferrocarril de Bilbao a Santurtzi, que originalmente llegó solo hasta Portugalete.</p>
<p>El<strong> ferrocarril de Bilbao a Portugalete</strong> se construyó como prolongación de la línea Bilbao-Tudela que se había inaugurado en 1863. Se trataba de dar servicio a los pueblos de la margen izquierda del Nervión,  a las industrias allí enclavadas y al gran puerto de refugio que se proyectaba construir en el Abra.</p>
<p>Así, en 1871 Federico de Solaegui solicitó la concesión del trazado desde el muelle Ripa de Bilbao hasta  Portugalete. Con la concesión de este trazado, otorgada en 1881, se constituyó  la compañía constructora y explotadora del nuevo ferroca­rril, siendo designados presidente José María Arteche y director Pablo de Alzola, ingeniero de Caminos. Este último fue quién elaboró el proyecto original, tanto del recorrido que debía seguir la línea férrea como de las estaciones, viaductos y demás obras de infraestructuras.</p>
<p>Después de tres años de obras, en  marzo de 1888, empezaron a circular los trenes entre Bil­bao y Desierto, y en septiembre del mismo año, entre Bilbao y Portugalete, quedando definiti­vamente abierta la explotación de la línea en diciembre de 1889 con la inauguración de la esta­ción que se había construido en el muelle de La Naja, junto al puente del Arenal.</p>
<p>Como estaciones terminales de la línea Bilbao-Portugalete, Pablo de Alzola proyectó dos edificios bien dispares con el afán de integrarlos adecuadamente en la trama urbana de ambas villas. El de Portugalete, un edificio de composición clásica con influencias francesas que encajaba con el entorno residencial y veraniego del Portugalete de la época, y que desde hace décadas ha perdido su uso ferroviario acogiendo equipamientos municipales.  La estación de Bilbao en el muelle de La Naja, desaparecida en los años treinta del pasado siglo,  llevaba una rica decoración de mosaicos de mayólica, frontones calados, tejas y cresterías vidriadas con un rico cromatismo que se inspiraba en las  estaciones metropolitanas de Nueva York. (REVISTA DE OBRAS PUBLICAS: 1897: 385-386)</p>
<p>Ese mismo año la Compañía Bilbao-Portugalete llegaba a un acuerdo con la Diputación de Vizcaya para conectar la línea con la del ferrocarril de Triano. La Diputación,  concesionaria del ferrocarril de Triano, había dedicado esta línea entre Ortuella y la Punta de San Nicolás en Sestao al tráfico exclusivo de minerales desde su entrada en funcionamiento en 1865. El acuerdo concertaba el aprovechamiento común de la Estación del Desierto en el servicio combinado de viajeros y mercancías. La conexión entre ambas líneas se abrió al tránsito en  diciembre de 1889.</p>
<p>En los primeros tiempos de este ferrocarril adquirió gran importancia el tráfico de viajeros. En realidad,  la línea se había proyectado como un ferrocarril metropolitano, como lo evidenciaban las  numerosas estaciones, la altura de los andenes al nivel de los coches, las características de éstos y la cir­culación normal diaria de más de 100 trenes en el transcurso de dieciocho horas.</p>
<p>Los coches de primera clase fueron fabricados en los talleres de Ashbury &amp; C. de Manchester, disponían de 24 asientos con pasillo central, grandes plataformas y constituían un ma­terial de lujo (ALZOLA: 1885: 17)</p>
<p>El tráfico de mercancías fue inferior hasta 1896 año en el que se efectuó la conexión definitiva con la línea Bilbao-Tudela, mediante el ramal de Cantalojas a Olaveaga.</p>
<p>Por otra parte, había que hacer frente a la competencia del tranvía que desde Bilbao llegaba hasta Santurce con un recorrido casi paralelo al ferrocarril y que había sido el primer tranvía en electrificarse de España. Así, a partir de 1920 se pusieron en circulación nue­vos vagones mas amplios, de bogies, y se aumentó la fre­cuencia de los trenes, consiguiendo así que los 2.000.000 de viajeros de los primeros 30 años lle­guen a 3.000.000 en 1920 y a 5.000.000 en 1930­, máximo conseguido con la tracción a vapor.</p>
<p>Para el tráfico de minerales se construyó un ramal desde La Casilla al Monte Miravilla, hasta los depósitos de las minas &#8220;Abandonada&#8221; y San Luís. El mineral era transportado hasta Altos Hornos de Vizcaya o al cargadero de Olaveaga.</p>
<p>En 1926 se llevó a cabo la ampliación de la línea hasta Santurce. Pero la mejora por excelencia fue la electrificación de esta línea, inaugurada el 4 de agosto de 1933. La nueva tracción hizo posible la desaparición de los humos y además iba a permitir una mayor frecuencia de tre­nes, de 7 y 15 minutos en las horas punta de los días laborables. Durante los años cuarenta del siglo XX el máximo de viajeros transportados se lograba el día del Carmen coincidiendo con la procesión marítima que, como todos los años, se ce­lebraba en Santurce en honor de la Virgen del Carmen.<strong> (</strong>RUIZ-BARRERA: 1947: 279)</p>
<p>Tanto el ferrocarril de Triano como el de Bilbao a Portugale­te se mantuvieron independientes hasta su integración en RENFE en los años cuarenta y durante muchos años fueron considerados como los más rentables del Estado.</p>
<p>La primera electrificación acometida por RENFE en 1946 fue la de la  línea de Triano, hasta entonces atendida por pequeñas locomotoras de vapor de gran consumo y escasa potencia.</p>
<p>En 1949, frente a la estación de Desierto y aprovechando la zona de servidumbre del ferrocarril, se construyó el depósito de vinos o alhóndiga municipal. El lugar elegido para su instalación no pudo ser más a propósito para sus fines: se le dotó con un apartadero particular y con un ramal de vía que, enlazando con la del ferrocarril, condujese las vagonetas al interior del establecimiento.</p>
<p>A partir de los años setenta  las infraestructuras ferroviarias de la línea comenzaron a modernizarse  con la introducción de carriles en barra larga soldada sobre traviesas de hormigón. También se mejoraron paulatinamente los sistemas de bloqueo, con la introducción del bloqueo automático luminoso. (OLAIZOLA: 1992:4)</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Las Estaciones</span></strong></p>
<p>Junto a las de Zorroza, Olabeaga y Luchana,  <strong>la estación de Desierto</strong> era considerada como estación de segundo nivel, diferenciándose de las estaciones término de La Naja y Portugalete en las mayores anchuras de explanación y en la riqueza decorativa de los acabados de las estaciones. No obstante, toda la línea participaba de una misma  idea, con diferentes formas arquitectónicas que se supeditaban  al cumplimiento de las diferentes funciones.</p>
<p>Originalmente la estación estaba constituida por un volumen en planta baja mediante un cuerpo rectangular de 24 metros de largo y 7,70 metros de ancho cerrado por muros de mampostería de piedra. A ese cuerpo se le adosaba una original marquesina apoyada en jabalcones metálicos resueltos con celosía de flejes de hierro. La planta primera y la segunda bajocubierta, correspondían solo al cuerpo central del volumen. La cubierta original se resolvía con teja  plana y con una  cenefa a lo largo de todo el borde perimetral de los faldones.</p>
<p>En 1923 la estación se reformó y amplió, acomodándola al servicio de los 10.000 viajeros que de ella se servían pero siempre de manera respetuosa con el edificio original. Se recrecieron una planta los pabellones laterales y se puso en condiciones de habitabilidad la buhardilla del edificio-estación.</p>
<p>El interior de la estación se habilitó, en planta baja, para permitir el uso como estación de ferrocarril, disponiendo de un ámbito público con uso de sala de espera, despacho de billetes y acceso a vías, y de un ámbito privado ligado a los locales del jefe de la estación. En las plantas primera y segunda se alojaban usos residenciales.</p>
<p>Los recubrimientos de fachada se resuelven con enfoscados y  molduras: las horizontales a modo de cornisa separando plantas y a modo de friso sobre todas las ventanas; y las verticales a modo de sillares que conforman pilastras esquineras y centrales en correspondencia con las crujías.</p>
<p>Actualmente la de Barakaldo-Desierto  es la única de las estaciones originales de la línea que se mantiene activa. Se construyó como estación de segunda categoría, aunque, como en el resto de la obra, Pablo de Alzola  utilizó sus destrezas profesionales como ingeniero, creando una arquitectura funcional, de economía, pero  no exenta de voluntad de integración con la plaza del Desierto centro neurálgico del municipio, con la que lindaba y próxima a las instalaciones de Altos Hornos de Vizcaya.  La plaza del Desierto se convirtió en el centro vital, en el lugar de ocio y encuentro de la población baracaldesa, rodeada por el mercado municipal, también utilizado como escuela, la estafeta de correos, el cine, el edificio de oficinas de AHV y la estación de ferrocarril. Para muchos baracaldeses la estación adquiría un gran valor simbólico como puerta de entrada al municipio.</p>
<p>Al mismo tiempo la siderurgia vizcaína se consolidaba. En 1902 se fusionaban las fábricas existentes en Barakaldo y Sestao dando lugar a AHV, empresa que se convertirá en la gran siderurgia del sur de Europa hasta mediado el siglo XX. Fueron décadas de intensa inmigración en Barakaldo cuyos padrones municipales hablan de ocho mil habitantes en 1896, quince mil en 1903, veinte mil en 1912 y 30.000 en 1926. (RUZAFA: 1993:289)</p>
<p>Por otra parte, en 1898 la Revista de Obras Públicas, perteneciente al Cuerpo Nacional de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos reproducía la estación en la portada de su número del mes de abril, un evidente signo de reconocimiento de los valores arquitectónicos e ingenieriles de la línea Bilbao-Portugalete y de la estación del Desierto en particular.</p>
<p>El entorno de la estación se revalorizó. El barrio del Desierto se convirtió en un buen    negocio inmobiliario para unos pocos y lugar de alojamiento para muchos trabajadores inmigrantes. De esta manera el crecimiento urbano de Baracaldo, trepidante en el cambio de siglo, tuvo su base en el barrio obrero del Desierto. En  pocos años se irá creando un apretado conjunto a lo largo de la ría en el que se entremezclan fábricas y viviendas, espacio industrial con espacio residencial. Este es un aspecto que caracterizará al Barakaldo del siglo XX.</p>
<p>Cien años después, tras la desaparición de AHV y el desarrollo del plan Urban-Galindo, que en esta zona de Barakaldo viene dirigiendo Bilbao Ría 2000, solo las viejas oficinas de la empresa, el edificio Ilgner y la estación han perdurado. El Plan General de Ordenación Urbana del municipio incluyó la estación en el catálogo de edificios a conservar aunque los Bilbao Ría 2000 contemplo su desaparición y sustitución por una nueva estación. Finalmente la vieja estación fue indultada al ser aceptadas las alegaciones y argumentos de la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial y Obra Pública (AVPIOP) y de otros colectivos populares. Además,  el Centro de Patrimonio Cultural Vasco la consideró como un elemento que debía ser protegido. Así,  así el 3 de junio de 2008 el Gobierno Vasco incoaba expediente de Monumento a la estación siguiendo las recomendaciones hechas por el Plan Vasco de la Cultura  de “<em>promover las intervenciones de rehabilitación y reutilización de elementos de Patrimonio Industrial convenciendo al sector privado acerca de las posibilidades de rentabilidad económica, además del valor añadido en lo que respecta a la imagen</em>”. Bilbao Ría 2000 y el Ayuntamiento de Barakaldo se propusieron entonces integrar el edificio en el proyecto de remodelación de  la estación que actualmente se elabora.</p>
<p><strong>El Ferrocarril de La Robla.</strong></p>
<p>Por otra parte, en 1902 el barrio de Lutxana se va a convertir en una de las terminales del Ferrocarril de La Robla. Con sus 340 km. que unían León y Lutxana, ha sido la línea mas larga de las de vía estrecha en todo el Estado. También conocido como “el Hullero”, nació para acercar el carbón leonés a la industria bilbaína, si bien  su vocación minera convivió con su faceta de tren de viajeros.</p>
<p>En 1894 se había inaugurado el tramo entre La Robla y Balmaseda, compartiendo desde aquí hasta la capital vizcaína la vía del Santander-Bilbao.  En 1900 se decidió mejorar el servicio y se construye una nueva vía entre Balmaseda y Lutxana, donde podría enlazar con A.H.V. y los muelles de la Ría sin la servidumbre que suponía utilizar la vía del Santander-Bilbao. El nuevo enlace entró en servicio el 15 de diciembre de 1902. Esta última parte del trazado se lleva a cabo según el proyecto de Francisco Henrich y Manuel Oráa, responsables de la construcción de <strong>la estación de Lutxana.</strong></p>
<p>La estación se ubicó  junto a la línea Bilbao-Portugalete, convirtiéndose rápidamente en estación intermodal a la que se dotó de todos los elementos necesarios para el establecimiento del tráfico combinado entre las dos líneas, una de vía ancha y otra de vía estrecha. Ambos ferrocarriles pasaron a compartir el mismo edificio, al tiempo que la pequeña estación de Lutxana en la línea de Portugalete dejaba de utilizarse.</p>
<p>La llegada del ferrocarril de La Robla a Barakaldo supuso la posibilidad de diversificar la procedencia del carbón, fuente de energía fundamental para Altos Hornos de Vizcaya que hasta entonces se venía aprovisionando, sobre todo, del coque inglés. La cuenca hullera leonesa se va convertir, de este modo, en suministradora de energía de la siderurgia vasca.</p>
<p>Por otra parte, muchos baracaldeses se aseguraron un acceso privilegiado a la zona de las Merindades burgalesas, atravesada y vertebrada por La Robla, donde van a encontrar un espacio de evasión y de ocio mientras el paisanaje de estas comarcas hallará en Bilbao y su entorno el centro de servicios y comercio a la vez que punto de destino preferente para el éxodo rural.  Se fueron creando lazos estrechos, de comunidad, no solo económica, sino también humana asentados en un contacto secular de convivencia. (ORTEGA: 1994:75)</p>
<p>Como estación terminal que era, contó desde un principio con puente giratorio para dar vuelta a las locomotoras. En los años veinte se concluye la vía de acceso directo al muelle del Cadagua, proyectado desde 1908, y se instaló una nueva báscula-puente  sustituida en 1953 por otra de mayor capacidad. Las operaciones de transbordo se mejoraron en 1923 con la instalación de una grúa-puente para transbordar las mercancías de los vagones de vía ancha a los de estrecha y viceversa y en 1942, con la construcción de un nuevo patio de carros con mejor acceso para descargue de los vagones. En 1931 se reformó el vestíbulo y se habilitaron viviendas para el personal y en 1952 se sustituyó la marquesina.</p>
<p>El edificio-estación se construyó con dos alturas como casi todos los del ramal Balmaseda-Luchana. Sin embargo, por ser una estación terminal y de enlace al mismo tiempo, se puede considerar como estación de primera clase dentro de las tres categorías en que dividió sus estaciones el ferrocarril de La Robla. Se trata de un edificio clásico de gran empaque arquitectónico que recuerda en su volumen  a la estación de Portugalete, con planta baja, un piso y bajocubierta, con tejado a cuatro aguas. Las fachadas exteriores destacan por las hileras de vanos en arco escarzano y las molduras que decoran las impostas y esquinazos. (VILLAR: 1995:161)</p>
<p>Aunque la estación dejó de prestar servicio como terminal de La Robla hace algunos años, la conservación del edificio parece asegurada por mantenerse su actividad como estación de RENFE.</p>
<p>Se trata de un elemento que forma parte del Inventario Provisional del Patrimonio Industrial Vasco, en el que ya se propone su protección definitiva. Igualmente  el PGOU de Barakaldo contempla la conservación del edificio, como elemento singular del patrimonio histórico artístico del municipio. No obstante, la protección municipal no garantiza el mantenimiento del edificio en su integridad, sobre todo cuando en los últimos años la estación ha sido objeto de dos atentados que han afectado severamente al edificio. Preocupa en estos momentos que los daños causados obliguen a la realización de obras, que éstas no se acometan con criterios patrimoniales y den lugar a una intervención irreversible. Por eso la AVPIOP dirigió al Gobierno Vasco sendas solicitudes de protección en los años 2007 y 2010 que todavía no han sido resueltas.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">El puente de Burceña</span></strong></p>
<p>Pero seguramente el elemento más singular del patrimonio ferroviario baracaldés es el <strong>puente metálico de Burceña</strong> que Pablo de Alzola diseñó para salvar el río Cadagua  en la línea de Bilbao a Portugalete.</p>
<p>Ya desde principios del siglo XIX el paso sobre el Cadagua entre Burceña y Zorroza    se había convertido en un lugar de aportaciones novedosas en la construcción de puentes. De hecho en 1825 Antonio de Goicoe­chea,  arquitecto de la Real Academia de San Fernando, había llevado a cabo la obra del que sería primer puente colgante de España. (NAVASCUES: 2007: 148)</p>
<p>Según noticias de la época, parece que el puente de Burceña fue destruido en 1834 al comienzo de la primera guerra carlista. No obstante, el  puente debió de reconstruirse manteniendo su condición de «colgado» hasta que en 1869 se hundió por el desbordamiento del río. Diez años después y en el mismo lugar, bajo la dirección de Adolfo Ibarreta se construyó un puente metálico, con  vigas sistema Warren. Por primera vez se utilizaba en Bizkaia un sistema que los ingenieros norteamericanos estaban utilizando en la expansión del ferrocarril hacia el Oeste, que había abierto  infinitas posibilidades convirtiéndose en tipología casi única para los puentes rectos, arcos y colgados de gran luz, tanto para ferrocarril como para carretera.</p>
<p>Pocos años después  Pablo de Alzola iba utilizar la misma tipología para construir los puentes del ferrocarril Bilbao-Portugalete sobre los ríos Galindo y  Cadagua. El puente sobre el río Galindo fue sustituido por RENFE en los años ochenta por un puente de hormigón. Por suerte, el puente del Cadagua aun se conserva.</p>
<p>Se trata de un puente que hubo de construirse con un solo tramo metálico de 65 metros de luz para que desaguara bien el río. Los estribos de fábrica con paramentos de sillería y mampostería concertada hubo que cimen­tarlos con fuertes pilotajes á causa de la gran profundidad  en que se encontraba la base firme. En 1886, terminada la preparación de los estribos, con la anchura nece­saria para poder instalar más adelante doble vía, se contrataba el primer cajón metálico con la casa alemana Krupp de Essen. Posteriormente, para abaratar costos y con la referencia del primero, el segundo de los cajones fue probablemente montado por Talleres de Miravalles siendo suministrados los  perfiles laminados por Altos Hornos de Vizcaya.  (Puente sobre el Cadagua: 1886: 169-170)</p>
<p>Cada cajón se compone de dos grandes vigas rectas paralelas, de 66,80 metros de largo y 5,40 metros de altura. Las vigas tienen forma de doble T, unidas por medio de una celosía en diagonal, de pletinas de sección rectangular. Se refuerzan por medio de montantes verticales, colocados cada 2, 94 metros. Las dos vigas se atan entre si por medio de cruces de San Andrés superiores e inferiores. Para conformar el tablero se disponen, en la parte inferior, vigas trasversales de 0,50 metros de canto. Sobre el tablero discurren los travesaños de madera y los raíles del ferrocarril. Las uniones entre los distintos elementos de la estructura son por medio de roblones.</p>
<p>Las vigas son de cabeza curva, poco frecuentes en los ferrocarriles españoles, y construidas con hierros laminados arriostrados que forman una malla muy tupida. Esto, además de unas medidas poco proporcionadas son la causa de la falta de esbeltez del puente, reconocida por Alzola pero justificada con razones de ahorro económico que sin duda debieron pesar en el ingeniero si tenemos en cuenta que él mismo era socio y copropietario del ferrocarril Bilbao-Portugalete. En  su obra  &#8220;La estética en las obras públicas&#8221;, seguramente uno de los primeros ensayos aparecidos en el mundo sobre arte e ingeniería, Alzola ya manifestaba la necesidad de compatibilizar los valores técnicos y estéticos de la ingeniería y de la arquitectura, valores que sin embargo resolvió acertadamente en las estaciones con la intención de integrarlas en las tramas urbanas donde se ubicaron. (GONZALEZ DE DURANA: 1992: 199)</p>
<p>Una vez concluido el montaje del puente se realizó la prueba de carga, que consistió en cargarlo con 1.293 carriles de acero, con peso de 260 toneladas. El resultado fue satisfactorio con una flecha máxima de 4,5 cm que fue paulatinamente desapareciendo, a medida que se aligeraba la carga hasta quedar á nivel.</p>
<p>Lamentablemente uno de los cajones del puente fue desmontado por RENFE y achatarrado en 1994. El otro cajón pudo conservarse gracias a la intervención de la AVPIOP y a la declaración de incoación provisional dada por el Gobierno Vasco en agosto de 1995<strong>. </strong>Diez años después se producía la declaración definitiva de Bien Cultural Calificado con la categoría de Monumento.</p>
<p><strong> </strong></p>
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		<title>Mayorazgo de Larrea</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Apr 2012 07:27:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Patrimonio]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[EN PORTUGALETE Y BARACALDO 1. Memorial de propiedades En Portugalete: Las casas de alto abajo en Portugalete, que lindan por abajo con Antonio de Otañes, y por arriba con Diego de Arauco. Una casa pequeña, que sirve de fragua de herrero, sita en la puerta de la villa, que linda con huerta del hospital de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><img class="alignleft size-medium wp-image-2534" title="palacio larrea" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2012/04/palacio-larrea-300x225.jpg" alt="" width="255" height="191" />EN PORTUGALETE Y BARACALDO</em></p>
<p>1. Memorial de propiedades</p>
<p><em>En Portugalete: </em></p>
<p>Las casas de alto abajo en Portugalete, que lindan por abajo con Antonio de Otañes, y por arriba con Diego de Arauco.</p>
<p>Una casa pequeña, que sirve de fragua de herrero, sita en la puerta de la villa, que linda con huerta del hospital de ella.</p>
<p>- Una bodega y tienda en la calle de Medio, bajo casas de Catalina de Cartes. Linda por arriba con bodega del capitán Jorge de Guaco y por abajo con las de dicha Catalina.</p>
<p>Una huerta cerrada con pared y dos naranjos, con su pozo, que pega a dicho hospital y con huerta de Juan de Vallecilla, y por otra parte al caño de la fuente de esta villa y por arriba estrada y camino que va a las huertas que llaman de las Torcas.</p>
<p>- Una viña que llaman la Viña Grande, con paredes de casa demolida, sita en Comino, linda con Andrés Pérez Amigo <em>y </em>viñas de Francisca de la Llosa, viuda.</p>
<p>Una viña en Belascones, en Portugalete, linda por una parte al camino y estrada que va desde los Oyos al dicho puesto de Belascones, <em>y </em>por otro lado viñas de Francisco de Oyancas, escribano.</p>
<p>- Dos viñas en Belascones que lindan con Matías del Manzanal, y por otra parte a José de Sarria, vecinos de Portugalete.</p>
<p><em> En Baracaldo: </em></p>
<p>- La torre y solar de Ybarela, con sus honores, heredades, montes,&#8230; sita en Baracaldo.</p>
<p><em>En otros lugares: </em></p>
<p>- La casa y casería que llaman Blanca, con sus heredades, sita en Santurce, en Urioste.</p>
<p>- Una heredad llamada la Campora, más arriba de dicha casa Blanca.</p>
<p>- Una aceña de dos ruedas en el puesto de Canpo, con sus heredades, en San Salvador del Valle.</p>
<p>- Las aceñas de Achiniega, en Santurce.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>2. Propietarios</p>
<p>Los Larrea de la villa de Portugalete descienden de Martín Sáez de Larrea (f. 1447) del que se dice que era &#8220;<em>hijo menor de la casa de Larrea en </em><em>Galdamez”, </em>y que había casado en Portugalete con doña María Sáez de Bañales, hija mayor de Martín Sánchez de Bañales.</p>
<p>De aquel matrimonio nació Fernán Sáez de Larrea, que casó con doña María Sáez de Uriondo, hija de Juan Pérez de Uriondo. Fueron padres de Martín Sáez de Larrea, quien casó con doña Juana Pérez de Beci, descendiente del solar y torre de los Ochoa de Beci, en Sopuerta.</p>
<p>Estos últimos fueron padres de Domingo (1522-1597) y Agustina de Larrea, que casaron con dos hermanos, Sancha (f. 1576) y Antón Pérez de Coscojales.</p>
<p>Domingo de Larrea y Sancha de Coscojales, dejaron por hijos a Pedro, Antón y Elvira Sáez de Larrea.</p>
<p>Pedro de Larrea heredó de sus padres una tercera parte de sus bienes en Portugalete, Santurce y San Salvador del Valle, y la casa de Ibarreta, en Baracaldo, a título de mayorazgo. Casó en primeras nupcias con Juana de Capetillo, hija mayor de Ochoa de Capetillo e Inés del Casal, vecinos de Portugalete, siendo padres de Juan (n. 1577), que heredó el mayorazgo, Antón (n. 1592) y Juana Pérez de Larrea (n.1580), casada con Santiago del Río.</p>
<p>Pedro de Larrea y doña Juana de Capetillo otorgaron testamento en 1586, hipotecando el mayorazgo a la iglesia de Santa María de Portugalete.</p>
<p>Fallecida doña Juana de Capetillo, Pedro de Larrea contrajo nuevas nupcias con doña Juana Pérez de la Sierra, hija de Ochoa de la Sierra y doña María Pérez de Ugarte, sin que nos conste que quedase descendencia del matrimonio.</p>
<p>Llegados a este punto nos encontramos con un vacío documental que nos impide saber cómo continuó el mayorazgo hasta que encontramos como dueño del mismo a don Antonio de Larrea y Herrada (1605-1679), vecino de Portugalete, casado con doña Beatriz de Ballejo.</p>
<p>De este matrimonio quedaron los siguientes hijos:</p>
<p>- José Antonio de Larrea, bautizado en 1645 en Santa María de Portugalete</p>
<p>- Francisco Melchor de Larrea, bautizado en Santa María de Portugalete en 1654. Caballero de Calatrava, quien heredó el mayorazgo.</p>
<p>- Antonio de Larrea, bautizado en 1646 en San Salvador del Valle. &#8211; Luis de Larrea.</p>
<p>- María Antonia de Larrea, casada con Matías del Manzanal y la Pedriza.</p>
<p>Suponemos que Francisco Melchor de Larrea heredó el mayorazgo por la muerte prematura de sus hermanos Antonio y José Antonio de Larrea que, como hemos visto nacieron con anterioridad a él. Casó con doña Josefa de Retes, de quien dejó la siguiente descendencia:</p>
<p>- José Antonio de Larrea, bautizado en Santa María de Portugalete en 1683. &#8211; Francisco de Larrea, bautizado en Santa María de Portugalete en 1684.</p>
<p>- Teresa de Larrea, bautizada en Santa María de Portugalete en 1686.</p>
<p>- Francisco de Larrea, bautizado en Santa María de Portugalete en 1687.</p>
<p>- Juan Antonio de Larrea, bautizado en Santa María de Portugalete en 1691. &#8211; Pedro Alfonso de Larrea, bautizado en Santa María de Portugalete en 1692. &#8211; Josefa de Larrea, bautizada en Santa María de Portugalete en 1695.</p>
<p>- Tomás de Larrea, bautizado en Santa María de Portugalete en 1696.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right">
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		<title>Minería en El Regato (IX)</title>
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		<pubDate>Sat, 10 Mar 2012 08:12:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Patrimonio]]></category>

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		<description><![CDATA[Los poblados mineros El desarrollo industrial y la demanda de jornaleros sin especial capacitación para trabajar en obras de infraestructuras y en la minería atrajeron, en primer lugar, a muchos vizcaínos de lugares donde, una vez desaparecidas las industrial tradicionales (carboneo, ferrerías), se produjo un exce­dente de mano de obra: Gordejuela, Zalla, Güeñes, Carranza, Orozko, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="text-decoration: underline;"><img class="alignleft size-full wp-image-2522" title="Barrio-Minero-Arnabal-8-300x185" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2012/03/Barrio-Minero-Arnabal-8-300x185.jpg" alt="" width="260" height="160" />Los poblados mineros</span></strong></p>
<p>El desarrollo industrial y la demanda de jornaleros sin especial capacitación para trabajar en obras de infraestructuras y en la minería atrajeron, en primer lugar, a muchos vizcaínos de lugares donde, una vez desaparecidas las industrial tradicionales (carboneo, ferrerías), se produjo un exce­dente de mano de obra: Gordejuela, Zalla, Güeñes, Carranza, Orozko, etc., pueblos que, en 1887, tenían menos habitantes que treinta años atrás. También hubo una importante inmigración del valle de Ayala y otras comarcas alavesas, así como de jorna­leros de Mena donde, en 1885, ya faltaban brazos para la agricultura.</p>
<p>No todos estos hombres abandonaban sus pueblos definitivamente; un buen porcentaje regresaba a sus casas familiares en las épocas de cosecha y de siembra. Eran los llamados temporeros.</p>
<p>En algunos municipios la mayoría de la población se ocupaba en las minas, pero en Barakaldo apenas suponla un pequeño por­centaje radicado, sobre todo, en Luchana, Retuerto, El Regato y Alonsotegi. Su número fluctuaba de un año a otro, dependiendo de las empresas que trabajaran y de la situa­ción del sector. En 1903, por ejemplo, de los 11.411 mineros de la provincia, 897 residían en la anteiglesia; cinco años después, según la estadística de Inspección de Trabajo, las sociedades empleadoras eran Luchana Mining, Orconera, Franco-Belga y Eugenio Solano (contratista de <em>Anton), </em>sumando entre las cuatro 824 trabajadores, lo que suponla casi un 22 por ciento de los 3.797 asalariados de Barakaldo, porcentaje que descendería paulatinamente.</p>
<p>En nuestro pueblo tan solo el lugar de Arnabal del valle de El Regato reunía las condiciones de un barrio minero. En 1887, sus 273 habitantes (82 por ciento varones), la mayoría transeúntes, vivían en tres edifi­cios de una planta, probablemente barra­cones de madera o cuarteles, muy próxi­mos a los tajos, de modo que apenas tarda­ran en llegar a su puesto de trabajo. En estos barracones en manos de las empresas, de contratistas o de simples capataces se obligaba a los mineros a alojarse en condi­ciones increíbles de hacinamiento e insalu­bridad.</p>
<p>Las chabolas, sin apenas ventilación, carecían de cualquier mobiliario, a excep­ción de un buen número de camastros; tam­poco disponían de agua, lavabos y retretes. Ni las ordenanzas municipales de construc­ción, ni el <em>Reglamento de policía e higiene que debe regir en la zona minera o fabril de los muni­cipios de Baracaldo, Sestao&#8230; (1886), </em>propuesto por la Junta Provincial de Sanidad y la Comisión de Patronos Mineros, ni el llama-do &#8220;pacto de Loma&#8221; (1890), ni las ocasiona­les inspecciones de sanidad, se cumplían demasiado.</p>
<p>Todavía en 1896, <em>La Lucha de Clases </em>publi­caba un informe del inspector de sanidad en el que se denunciaba que: «Los cuarteles del señor (Tomas) Santurtún necesitan modificaciones; en el departamento de las 14 camas, hay que disminuirlas a diez y aumentarse la ventilación; en el de doce camas, reducirlas a siete aumentando también la ventilación; en el departamento en que hay tres camas, prohibición absoluta de que duerma nadie, así como también en el que hay trece camas, reducirlas a seis, por no reunir las condiciones higiénicas necesarias.</p>
<p>Ahora bien, en 1903, los cuarteles, cha­bolas, cuevas y barracones eran casi una excepción. Luchana Mining disponía enton­ces de varias casas de una, dos y tres plantas para albergue de sus obreros en Luchana, Arnabal y El Regato (Casanueva). Ahora bien, si tenemos en cuenta que alojaban a muchos de ellos y a sus familias, no solucionaron el hacinamiento As)&#8221;, los diez edificios del enclave de Arnabal cobijaban en 1910 a 271 personas.</p>
<p>Estos pequeños poblados estaban situa­dos en pleno monte, en parajes inhóspitos y aislados, deshabitados hasta entonces: Matamoros, La Arboleda, Saratxo (Güeñes), Arnabal, Burzako, La Felicidad, Elvira (Galdames), etc., no tenían más comunica­ción con los núcleos de Barakaldo, Trapagaran, Galdames o Güeñes, que los propios trenes mineros y algunas sendas y caminos.</p>
<p>Aunque la prosperidad vizcaína fuera deudora de la explotación minera, la comar­ca apenas sacaba partido de su riqueza. Y, a pesar de los ingresos que reportaban a las arcas provinciales las elevadas tarifas del tren de Triano, y a las finanzas municipales los arbitrios sobre el consumo de los mine­ros, a las autoridades «no se les acomoda invertir ninguna cantidad para atender las imperiosas necesidades de estas poblaciones nacientes» (Goenaga, 1883: pp. 54-55).Muchas veces se llegaba al extremo que refleja la siguiente petición de los vecinos de Arnabal al Ayuntamiento en la primera década del siglo XX:</p>
<p><em>Los subscritos se ven en la imprescindible necesidad cuando tienen que conducir un </em><em>cadáver al cementerio del Regato, de </em><em>pedir permiso a la Luchana Mining </em><em>Company para bajarle por los pianos incli­</em><em>nados, teniendo por lo tanto que suspen­der dicha compañía todo movimiento de los mismos</em>.</p>
<p>Por otro lado, los patronos mineros es posible que temieran la temporalidad y brevedad de las explotaciones, como señalaba Lazurtegui. No era el caso, desde luego, de las grandes empresas, Orconera o Franco­Belga, con contratos de arrendamiento de larga duración. Pero lo cierto es que las pri­meras inversiones de carácter social tardaron en llegar, y se dirigieron hacia aquellos servicios que podían apartar a los pobres e &#8220;inocentes trabajadores&#8221; de las <em>malas influen­cias, </em>protegiéndoles de quienes rechazaban el orden establecido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<table width="100%" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td>
<div>
<p>&nbsp;</p>
</div>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Pionera, en este aspecto, seria la donación de Orconera de las campanas para San Ignacio de Retuerto en 1879. Más tarde, en el espacio minero propiamente dicho, proli­feraron pequeñas ermitas, restauradas o construidas por empresas y mineros: San Sebastian (Saratxo), Santa Quiteria (Sa­munde), San Bernabé (Castaños), San Antolín (Irauregi), San Martín (Alonsótegi), Santa Lucia (El Regato), La Magdalena (Galdames), etc. De todos modos, fueron los pro­pios pueblos quienes aportaron mayores recursos en la erección de las parroquias de El Regato (1887) y La Arboleda. Pero el anti­clericalismo y la irreligiosidad entre los habi­tantes de la cuenca minera siguió siendo común, provocando en múltiples ocasiones actos violentos contra lo sagrado, sus símbo­los y representantes.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Los hombres</span></strong></p>
<p>Las míseras condiciones de vida de los mineros, la carencia de servicios que aten­dieran sus necesidades y la imposibilidad de mejorar por si mismos su situación por la desmedida ambición patronal, tan solo inte­resada en incrementar sus beneficios, les animó  a asociarse en sindicatos y fundar agrupaciones de resistencia y socialistas. Una de las primeras asociaciones de este tipo se constituyó en La Arboleda en 1888, formada exclusivamente por jornaleros de las minas.</p>
<p>El relativo éxito obtenido por los traba­jadores en la huelga general de 1890, esti­muló la creación de una agrupación en El Regato al ario siguiente. Pero el pago de cuotas, la temporalidad de la mayoría de los jornaleros, el despido de los afiliados a sociedades de clase y la crisis de 1894/95 impidieron un funcionamiento estable, si bien parecía resucitar de vez en cuando para coordinar una petición laboral concreta, desapareciendo inmediata­mente después.</p>
<p>La patronal ne­gaba cualquier re­presentatividad a las sociedades obre­ras, porque apenas contaban con el diez por ciento de afiliación. Real­mente sus efectivos eran muy escasos, aunque en Bara­kaldo, en 1906, estaban organizados 360 trabajadores, casi el 30 por ciento del total provincial. El número afiliados sufría grandes variaciones, creciendo de forma importante en épocas de conflicto.</p>
<p>Posiblemente, la conciencia de su debilidad influirla en la violencia de las huelgas. Las graves alteraciones del orden público forzaban a intervenir al Gobierno, que enviaba fuerzas del ejército para mantener el orden. Cu­riosamente la acti­tud de los mandos militares fue favo­rable a las prin­cipales demandas obreras, sobre todo, en las huelgas generales de 1890, 1903 y 1910.</p>
<p>A los contratistas y empresarios les parecieron injustas las resoluciones de los mandos militares, por lo que insistían ante Gobierno, y Diputación para que se dotara a la zona de fuerza armada suficiente, capaz de reprimir las coacciones del pequeño grupo de agitadores socialistas que provocaban las huelgas, y de garantizar el orden y la libertad de trabajo.</p>
<p>Por lo menos dese 1891 se venía planteando que algún cuerpo armado se instalara en la zona de Arnabal, punto relativamente alejado de la recién creada casa-cuartel de La Arboleda (Matamoros) costeada por Orconera Iron Ore. Pero el establecimiento del cuartel de la Guardia Civil en Arnabal no se hizo efectivo hasta 1904, cuando la compañía cedió al Ministerio de Gobernación un edificio para alojar varios números del cuerpo armado. Desde luego, no parece casual que el convenio se firmara poco después del protagonismo alcanzado por los trabajadores de Luchana Mining en las huelgas parciales de 1902 y en la general de 1903.</p>
<p>La progresiva fijeza y afianzamiento de los obreros (en 1900, sólo la tercer parte de la población de Arnabal era transeúnte) con el consiguiente incremento de las relaciones de vecindad, influyó en el desarrollo del espíritu colectivo, lo que se tradujo no sólo en la reivindicación de la mejora de las condiciones laborales y de aumentos salariales sino también de una cada vez mayor implicación en los asuntos públicos.</p>
<p>En 1899, Cristóbal Juez, presidente de la “sociedad político-económica del partido socialista obrero” de Retuerto, obtenía permiso para reunirse los domingos en la escuela del barrio. Ese año, por primera vez en Barakaldo, un candidato de un partido obrero obtenía acta de concejal en las elecciones municipales.</p>
<p>Durante un largo periodo, los únicos candidatos progresistas a la corporación barakaldesa fueron elegidos por esta circunscripción: Emeterio Vitorica (socialista), José de Garay (republicano), Mauro Ozaita (socialista), Evaristo Fernández (socialista), etc. Esta circunstancia era remarcada por el <em>Eco de Baracaldo</em> en un artículo titulado “el despertar del obrero baracaldés”, publicado tras las elecciones de 1909: «el distrito de Retuerto está probado que pertenece, de hecho y de derecho, su minoría, a las izquierdas».</p>
<p>Gracias a esta circunstancia, por primera vez, la voz de los jornaleros llegaba al Ayuntamiento. En 1898 se quejaban de que sus hijos debían emplear una hora para ir a la destartalada vivienda-escuela de El Regato, por lo que muchas veces ni siquiera asistían. Y se preguntaban qué iba a ser de aquellos niños cuando alcanzaran «diez u once años para que todos vayan a ganar el pan con el sudor de su rostro».</p>
<p>Algunas leyes socialistas reguladoras del trabajo infantil, aprobadas poco después, influyeron en que la empresa aceptara sus peticiones.</p>
<p>En la alhóndiga de Arnabal, a partir de 1901, la planta superior se dedicó a escuela de los sesenta niños de la barriada. La empresa colaboraría en el municipio APRA abonar el salario y las gratificaciones (educación de adultos) del maestro José Sánchez.</p>
<p>Desde 1915,  Laura Santamaría, Soledad Revuelta, Mercedes Luzar y Martín de Santurtun estuvieron sucesivamente al frente de esta escuela unitaria mixta hasta su cierre definitivo en 1944; no había entonces actividad minera, apenas contaba con diez alumnos e incumplía las directrices gubernamentales sobre coeducación.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Minería en El Regato (VIII)</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Feb 2012 11:27:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Patrimonio]]></category>

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		<description><![CDATA[Hornos de calcinación El yacimiento de Julianas tenía una masa importante de hematites parda (rubio) pero con mucho carbonato espático, también lla­mado siderita o carbonato ferroso. Suele aparecer en la naturaleza envuelto de otros minerales de hierro, de espato de cal, de cuarzo, de calcopirita, etc., por lo que tiene menor ley férrica. Fácilmente distinguible [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="text-decoration: underline;"><img class="alignleft size-medium wp-image-2467" title="Meategiak" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2012/02/Meategiak-300x225.jpg" alt="" width="258" height="193" />Hornos de calcinación</span></strong></p>
<p>El yacimiento de <em>Julianas </em>tenía una masa importante de hematites parda (rubio) pero con mucho carbonato espático, también lla­mado siderita o carbonato ferroso. Suele aparecer en la naturaleza envuelto de otros minerales de hierro, de espato de cal, de cuarzo, de calcopirita, etc., por lo que tiene menor ley férrica.</p>
<p>Fácilmente distinguible por su color, al inicio del <em>boom </em>minero se arrojaba a las escombreras cuando se encontraba en una explotación. Una enorme riqueza desperdi­ciada porque, sometido a la acción del calor (tostación), el carbonato elimina agua, Óxidos de azufre y substancias carbonosas, mejorando su concentración férrica hasta alcanzar porcentajes superiores al cincuenta por ciento.</p>
<p>Para obtener una tonelada de carbonato calcinado se necesitaba tratar 1,5 t de carbonato credo. El pro­ceso de tostación podía efectuarse al aire libre o en recintos cerrados, donde se obte­nían mejores resultados al controlarse la temperatura y necesitar, por lo tanto, menos combustible.</p>
<p>El primer horno de calcinación lo instaló Luchana Mining en El Regato el año 1890, previa licencia municipal. El Ayunta­miento no sólo aprobó su esta­blecimiento sino que cederla gra­tuitamente los te­rrenos necesarios para la conexión con el ferrocarril en Rotasarreta: «teniendo pre­sente el gran des­arrollo e impulso que con tal pro­yecto puede darse a la mineralogía».</p>
<p>En efecto, a partir de entonces otras socie­dades, como las arrendatarias de <em>Lorita y Oculta, </em>firmaron contratos adicionales a los de transporte para calcinar sus carbonatos en dicho horno.</p>
<p>Para el inventor, el ingeniero J. Gadner Tipping, las ventajas del &#8220;horno perfeccio­nado&#8221; eran la delgadez del cas­co exterior esférico, consistente en una plancha de acero o hie­rro, el revesti­miento interior de ladrillo re­fractario ligero y la fácil extracción de los calci­nados por medio de un sistema de tres vertederas verticales.</p>
<p>Capaz de producir más de 170 t diarias, según informes de la compañía, en 1900, era todavía el horno mayor y &#8220;más lujosamente construido&#8221;. Tenía 14,25m de altura, 5,25 de anchura de boca y en el centro 6,95 con una capacidad de 360 metros cúbicos.</p>
<p>Teniendo en cuenta la dispersión de los yacimientos, la compañía británica instaló otros hornos mas pequeños y económicos, llegando a tener funcionando simultáneamente cinco en 1910, año en que produje­ron 58.000 toneladas. Se intentaba emplazarlos próximos a la línea del ferrocarril, aprovechando los desniveles del terreno para facilitar la carga del horno y la descar ga del calcinado. Levantados sobre una base de hormigón, con un cono de hierro en el centro, exteriormente eran de cuba cilíndri­ca y su construcción de ladrillo prensado, con diez cellos de acero de 17 a 19m de cir­cunferencia colocados a intervalos de un metro. En su cara interna estaba forrado de ladrillo refractario, fabricado en Burceña por Arístegui Hermanos. El costo del horno no superaba las quince mil pesetas, casi la décima parte de lo que importó el primero. Además, gracias a la ventalización forzada introducida a partir de 1908, en estos hor­nos se podían tratar menudos de carbonato, que anteriormente se arrojaban a las escombreras.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Los lavaderos</span></strong></p>
<p>También, como en el caso de otras inno­vaciones, la instalación de lavaderos se pro­dujo a partir de los años noventa, cuando los mejores minerales empezaban a escasear. Y, sin embargo, existían importantes cantida­des de buen mineral, demasiado mezclado para ser vendible, resultado de la mala explotación del coto de Arnabal en el pasa­do, como afirmaba el ingeniero Ladislao Perea en 1893:</p>
<p><em>No se efectúa ninguna descubierta de la montera, llevando el descombro de esta sin avance alguno y efectuándole al mismo tiempo que se verificó, el arranque de mineral. El trabajo de desescombro lleva­do de esta manera ha de producir inevita­blemente una mezcla de las tierras de la cubierta con el mineral.</em></p>
<p>En las escombreras había cantidades importantes de menudos de rubio o <em>chirtas </em>(mineral envuelto en arcilla) que necesita­ban de un lavado previo si se pretendía utilizarlos en los altos hornos.</p>
<p>El lavado podía hacerse de forma manual, removiendo los terrones secos en el agua con un rastrillo, pero el medio mas usado en el valle de El Regato fue el mecánico. El primero fue instalado por Rivacoba en 1897, aprovechando 5 1/s de un regatillo de Samunde para lavar las <em>chirtas </em>de <em>Dificultosa </em>y <em>Concepción: </em>«Se toman las aguas por medio de una pequeña presa de fabrica emplazada ochenta metros aguas arriba de la confluencia de la regata de la cuesta con la de los Frados y se conducen al lavadero proyectado a una Iota 24 metros más baja, por medio de una tubería de hierro fundido de 320 metros de longitud».</p>
<p>El proyecto contó con la oposición muni­cipal y de la Sociedad Aguas del Regato. Esta compañía acaba de obtener una concesión administrativa de las aguas de los arroyos Frados y Castaños, y permiso para hacer un pantano, el que hoy conocemos como &#8220;pantano viejo&#8221;. Las protestas no obtuvieron resultado alguno, como se desprende de la denuncia por enturbamiento del agua inter­puesta en 1900 contra el entonces arrenda­tario de las minas, el señor Martínez Rodas. Este lavadero fue el primero instalado en las minas locales. Tenía un <em>trómmel </em>o tambor­batidora con una capacidad de lavado de sesenta toneladas diarias.</p>
<p>Por las mismas fechas, en 1899, en una memoria elevada al gobernador civil, el gerente de Luchana Mining manifiesta que «cree llegado el momento de tratar en esta forma la inmensa cantidad de metros cúbi­cos de tierra de diversa procedencia que tienen sus concesiones&#8230;»</p>
<p>El coto de Arnabal ocupaba una línea de más de cinco kilómetros a lo largo de la cuenca del río Cuadro, y tan amplia exten­sión hacía imposible centralizar el lavado en una Bola instalación. Al fin y al cabo, se tra­taba de aprovechar tierras pobres en mine­rales, y los costos de transporte encarecerían la operación.</p>
<p>La empresa pretendía hacer dos instala­ciones independientes, una la confluencia de los arroyos Candival y Peñalada con el río Cuadro, cerca de <em>Manuela, </em>y otra <em>en Julianas, </em>pero no pudo llevarlo a cabo porque la «Sociedad Aguas del Regato» solicitó 25 1/s del mismo cauce para el molino de Urkullu. Se puede decir, como lo hacia el Ayun­tamiento en un recurso elevado al Ministro de Fomento, que .con motivo de la ley de aguas, y a pretexto de causas de utilidad pública, van beneficiándose empresas parti­culares, en tanto que la vida de los pueblos se hace irrealizable». También la compañía inglesa protestó) la concesión gubernativa porque:</p>
<p><em>Esta petición puede responder a un capri­</em><em>cho, tal vez al deseo de perjudicar intere­</em><em>ses de esta Compañía, pero no a un fin </em><em>relacionado con la industria harinera, Ú</em><em>nica que se toma por pretexto al solicitar </em><em>la concesión.</em></p>
<p>Parece más bien que José Echevarria qui­siera monopolizar las aguas del valle, pues, disponiendo de las del Agirza o Castaños, obtenía ahora las de la cuenca del Cuadro o Loyola, que muy bien podía utilizar para el lavado de minerales, como puso de manifiesto, en 1897, en un artículo de <em>Estadística </em><em>Minera. </em>Sin embargo, Echevarria se desinte­resaría por estos acuíferos al adquirir la fábrica de «Santa Águeda de Castrejana», con derechos sobre el cauce del Cadagua, como demuestra el hecho de que vendiera por ochocientas mil pesetas el &#8220;pantano viejo&#8221; a Altos Hornos en 1901.</p>
<p>De todos modos, continuaba en litigio la concesión de las aguas del río Cuadro a la empresa “Aguas de El Regato”. En conse­cuencia, Luchana Mining tuvo que usar  temporalmente  los lavaderos de otras empresas <em>(Lejana y San Feliciano).</em></p>
<p>Ahora bien, en 1909, realiza un nuevo proyecto, presupuestado en 93.794 pesetas, para obtener 75.000 t anuales, lo que requería 14,50 1/s de agua a tomar de los arroyos Cuadro, Bedular, Onorio, Penala­da, Marchena y Candival. Para conseguir tal producción debían tratarse unas 835 tal día (en el caso de las tierras tuvieran un 30 por ciento de mineral). No obstante, por los datos aportados por Lazurtegui para 1910, al parecer, Luchana Mining solo obtuvo 25.000 t de lavado.</p>
<p>En el tratamiento de cada tonelada de <em>chirta </em>se empleaban 1.500 litros de agua. Desde los embalses, por medio de tuberías, el agua llegaba hasta un depósito de 12,50 por 20 metros y 4 metros de altura, cuya capacidad se estimaba suficiente para una jornada de trabajo. Desde aquí era conduci­da a un edificio, en cuyo interior una maquina a vapor de 12 H.P. accionaba dos tambores cilíndricos o trómeles. A partir del lavadero se construirían tres depósitos o bal­sas de decantación, aprovechando excava­ciones existentes.</p>
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		<title>Minería en El Regato (VII)</title>
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		<pubDate>Sat, 11 Feb 2012 14:43:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Industria]]></category>
		<category><![CDATA[Patrimonio]]></category>

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		<description><![CDATA[Organización del trabajo minero La disolución de la Compañía Florentino Castalios, arrendataria del coto de Arnabal, obligó a la compañía inglesa a asumir desde 1896 directamente su explotación. Aquellos trabajos relacionados con la comercializa­ción y el transporte corrían a cargo de la propia compañía: técnicos, oficinas, hornos de calcinación, vigilancia, laboratorios, mantenimiento de vías y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="text-decoration: underline;"><img class="alignleft size-medium wp-image-2463" title="Tramo de Los Planos 9" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2012/02/Tramo-de-Los-Planos-9-224x300.jpg" alt="" width="224" height="300" />Organización del trabajo minero</span></strong></p>
<p>La disolución de la Compañía Florentino Castalios, arrendataria del coto de Arnabal, obligó a la compañía inglesa a asumir desde 1896 directamente su explotación. Aquellos trabajos relacionados con la comercializa­ción y el transporte corrían a cargo de la propia compañía: técnicos, oficinas, hornos de calcinación, vigilancia, laboratorios, mantenimiento de vías y locomotoras, planos inclinados, cargadero y maniobras en el puerto; el resto de las labores se encomen­daba a contratas.</p>
<p>Al contrario que el transporte, la moder­nización de los trabajos mineros no mereció la atención de las grandes compañías, a pesar del fuerte incremento de los salarios los primeros años de explotación masiva.</p>
<p>Los todavía pequeños costes de extrac­ción hacían preferible emplear hombres que maquinaria. Pero la situación cambiaría a partir de la Primera Guerra Mundial. En 1915 los salarios en Luchana Mining supo­nían 929.934 pesetas anuales; en 1918 por el mismo concepto superaban el millón y medio, sin haber incrementado la plantilla, lo que haría plantearse la mecanización del laboreo.</p>
<p>Hasta entonces la baja mecanización y la relativa dispersión de las minas obligó al empleo de muchos trabajadores. En su mayoría eran jornaleros o peones que se afanaban como pinches, terraplenistas, picado­res, caballistas, oficios que necesitaban esca­sa cualificación. Tan sólo los empleados en los hornos de calcinación, por la insalubri­dad y dureza de la carga y descarga de los hornos, y los carpinteros entibadores, marti­lleros y barrenadores o artificieros podían calificarse como especialistas.</p>
<p>Estos últimos utilizaban una barra de acero cilíndrica de diámetro variable y varios kilos de peso para hacer los agujeros donde introducir la pólvora o dinamita, según el caso.</p>
<p>Directamente relacionado con esta for­ma de explotación podemos considerar la proliferación de fábricas de dinamita en pueblos mineros, en Santurtzi (1887), Trapagaran, Alonsotegi (Nitramita, 1891) o Barakaldo (Dinamita de Burceña, 1885). Los dueños de esta última (Erhartd) se dedicaron al negocio extractivo en Sopuer­ta.</p>
<p>Testimonios de la época aseguran que un buen barrenador podía hacer un agujero sobre <em>campa­nil </em>de unos treinta cm en un cuarto de hora y en media hora si se trataba de <em>rubio </em>(Bourson,1878: pp. 668-669). Su trabajo era muy valorado por los contratistas, ya que del resultado de las voladuras o &#8220;tiros&#8221; dependía el progreso de las labores.</p>
<p>El troceo de los bloques de roca proce­dentes de las explosiones se denominaba <em>taqueo. </em>Con esta operación los peones redu­cían los trozos mineralizados a golpe de maza hasta tamaños inferiores a diez centímetros.</p>
<p>En labores propiamente mineras, Lu­chana Mining recurría a diferentes contra­tas Para el arranque, selección de minera­les de los terraplenes y lavaderos, construc­ción de túneles o galerías, etc. Delegando el laboreo conseguía un incremento de la productividad al asignar el control a espe­cialistas en imponer la disciplina y los rit­mos de trabajo, cuando no &#8220;el abuso explo­tador&#8221;. A veces, los contratistas imponían condiciones tan inaceptables (rebaja de salarios, aumentos de jornada, trabajo nocturno, etc.) que causaron conflictos de importancia, al no ser atendidas las quejas obreras. Dos de las huelgas más duras (aparte de las generales) de los jornaleros de <em>Paquita </em>los años de 1903 y 1906 tuvieron este origen.</p>
<p>Las relaciones de la Luchana Mining con los trabajadores quedaban totalmen­te diluidas. Se des­preocupaba de la contratación y del laboreo, sin dejar de controlarlo: «Todos los trabajos, tanto en las canteras, desmon­tes, terraplenes, asien­to de vías, etc., serán llevados por el Con­tratista de común acuerdo y a completa satisfacción del Ingeniero». Y, en todo momento, debía estar a disposición de la empresa, exigiéndosele que viviera en El Regato o, como muy lejos, en La Ar­boleda.</p>
<p>Este interés de control estaba más que justificado. La mala explotación del pasado había llegado a provocar corrimientos de la montera o cubierta del monte, impidiendo la progresión de las labores si no se efectua­ba previamente una limpieza de los escombros. En <em>Manuela </em>hubo un derrumbamiento tan importante que serían necesarios dos altos de trabajo de una cuadrilla de setenta hombres para volverla a poner en condicio­nes óptimas de explotación; de ahí las reite­radas exigencias:</p>
<p><em>El contratista se obliga a separar cuidado­</em><em>samente los escombros, a mantener lim­pios los frentes y los suelos de las canteras y a desmontar las tierras, piedras, etc., hasta descubrir el mineral bueno, tenien­do especial cuidado que estos trabajos de desmonte se hagan con suficiente antelación y dejen siempre desnudas las caras de las canteras</em></p>
<p>Luchana Mining, previo inventario, ponía a su disposición los materiales necesarios: vagones, &#8220;mesillas&#8221;, picachos,   rastrillos, barrenas, cestos, galas, etc., que debían ser devueltos en iguales con­diciones de use a la finalización del con­trato.</p>
<p>Para los contratistas, a pesar de tener que depositar fianzas elevadas y la duración anual de los contratos, el margen de beneficio –un 15 por ciento por tonelada extraída– les permitía asumir el riesgo. Cobraban según el tipo de mineral: no era lo mismo arrancar rubio y campanil que carbonato, que necesitaba mayores gastos en explosivos y selección. Así por ejemplo, en 1898, Luchana Mining apre­ciaba el mineral puesto en los pianos de la compañía por el contratista Raimundo Rivas a 2,375 pesetas la t de rubio, mien­tras que el carbonato, a pesar de su peor calidad, se pagaba a 2,75 pesetas. Los tra­bajos de limpieza y desescombro se fija­ban a 0,87 pesetas por tonelada.</p>
<p>A veces, no quedaba otro remedio que recurrir a la explotación subterránea o en  galería, labores encomendadas también a contratas. En <em>Paquita, </em>explotada en prin­cipio por el sistema de cantera, a partir de 1896 se trabajó con galerías «por el consi­derable gasto y pérdida de tiempo que representaba la limpia de la montera superior», con un espesor medio de treinta metros.</p>
<p>Las labores previas de reconocimiento se realizaban por medio de galerías de 2m de alto y 1,50m de ancho, a 35 pesetas el metro lineal. Una vez hechas las calica­tas, si los filones encontrados auguraban una explotación rentable, se procedía a atacar el filón desde varias galerías a dis­tintas alturas, pero intercomunicadas entre sí.</p>
<p>Este sistema de trabajo subterráneo fue bastante común en el valle de El Regato <em>(Elvira, Linda, Paquita), </em>cuyos yacimientos destacaban por la riqueza de carbonatos que suelen presentarse en las capas más profundas, generalizándose los últimos años en toda la minería vizcaína.</p>
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		<title>Minería en el Regato (III)</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Dec 2011 16:09:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Fiebre minera Aunque existen desde la Edad Media abundantes noticias documentales de la explotación por barakaldeses de los mine­rales de hierro de los montes de Triano en los lugares de Roitegi, Bitarratxo y Orconera, no hay noticias de esta actividad extractiva en la propia jurisdicción hasta la segunda mitad del siglo XIX. Incluso, las mínimas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="text-decoration: underline;"><img class="alignleft size-medium wp-image-2438" title="El Regato 5" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2011/12/El-Regato-5-300x189.jpg" alt="" width="248" height="156" />Fiebre minera</span></strong></p>
<p>Aunque existen desde la Edad Media abundantes noticias documentales de la explotación por barakaldeses de los mine­rales de hierro de los montes de Triano en los lugares de Roitegi, Bitarratxo y Orconera, no hay noticias de esta actividad extractiva en la propia jurisdicción hasta la segunda mitad del siglo XIX. Incluso, las mínimas referencias toponímicas relativas al mineral, hoy desaparecidas o radicalmente alteradas, denotan esta procedencia exógena (Mehaerrequeta, en el Regato; Mehalarreineta, en Zubileta). En efecto, amparados en que desde tiempo inmemorial habían compartido los montes con los veci­nos del Valle de Somorrostro, no sin oposición, trabajaron exclusivamente las veneras de Triano.</p>
<p>Fue después del año 1868, gracias al nuevo marco legislativo liberal (Reforma de la ley de minas de 1859, Decreto ley de Bases Generales de 29 de diciembre y la reforma de la ley de sociedades) que garantizaban la propiedad privada del subsuelo a perpetui­dad y permitían la libre entrada de capitales, cuando podemos situar el inicio de la mine­ría en la localidad, una actividad reducida a los montes de El Regato.</p>
<p>Ahora bien, dentro de esta denomina­ción incluimos, como ya hicieron algunos escritores, geólogos e ingenieros de minas hace más de cien años, un territorio bastan­te más amplio que el comprendido en el actual termino municipal de Barakaldo: una unidad ecológica y paisajística en la cuenca del río Castaños y sus afluentes, Agirza y Cuadro, repartida entre los actuales ayunta­mientos de Barakaldo, Alonsótegi, Galda­mes, Ortuella, Trapagaran y Güeñes.</p>
<p>La Ley de Minas de 1868, «una de las más liberales que existen» en aspectos laborales, impositivos o relativos a la propiedad, incen­tive la minería. Una misma persona podía obtener todas las concesiones que solicitara. Eso sí, cada mina debía tener una extensión mínima de cuatro &#8220;pertenencias&#8221; o cuadra­dos de cien metros de lado, es decir, cuatro hectáreas.</p>
<p>Casi de inmediato, las inversiones extran­jeras afluyeron al país, estimándose en más de 150 millones de francos el capital com­prometido desde 1863 hasta 1877, a pesar del relativo paréntesis que supuso la segun­da guerra carlista.</p>
<p>En efecto, las grandes siderurgias, sobre todo británicas, conocedoras de las excelen­cias del mineral, enviaron apoderados a Bizkaia para contratar el suministro de tan materia prima o registrar a su nombre minas en el área de Triano y montes de Bilbao.</p>
<p>Como la zona más rica del criadero había sido ya denunciada por gentes del país, tuvieron que conformarse casi siempre con concesiones en zonas marginales (Sopuerta, El Regato, etc.), con formar sociedad con mineros establecidos (Orconera y Franco­Belga con los Ybarra), o intentar el arrenda­miento o la compra a sus propietarios, como consiguieron de Cirilo María de Ustara y Manuel de Moya de sus productivas San Fermín y Parcocha, dos de las mejores minas de Triano.</p>
<p>En el valle de El Regato, en 1871, los ingleses J. Keeble y J. B. Davies registraron oficialmente como minas una gran superfi­cie que, por su continuidad, formaba casi una unidad, por lo que se conocerá indistin­tamente con el nombre de la mina de mayor extensión, Julianas –en realidad eran dos que sumaban 84 ha–, o el de la zona donde se ubicaban, coto de Arnabal.</p>
<p>Keeble arrendaría sus concesiones en pocos meses a J. B. Davies quien, a su vez, traspasaría la explotación de sus minas, y de las que acaba de tomar en arrendamiento, a Luchana Mining, empresa constituida al efecto en el mes de setiembre de 1871 por Hollway Brothers, Jhon Brown Co y Bolckow Vhaughan –una de las más importantes siderurgias británicas– con un capital desembolsado de dos­cientas mil libras esterli­nas. Capital muy impor­tante, el mismo que la mayor de las compañías extranjeras del sector, Orconera Iron Ore, creada dos años después.</p>
<p>Al año siguiente, algunos grandes propietarios rurales, pequeños capitalistas, mineros anti­guos, artesanos de las villas, hasta los decla­rados enemigos de la política del partido liberal, tomaron parte de esta especie de lotería registradora en los montes de El Regato. Este es el caso de quien fuera alcal­de de la anteiglesia y destacado líder del car­lismo Gustavo de Cobreros, del antiguo sas­tre J. B. Cortes, del maestro de obras Celestino Aramburuzavala, del avispado maestro y secretario municipal Eusebio Sotila, del socio de la siderurgia de Castrejana J. A. Errazquin y del minero tradicional Lezama Leguizamon, entre otros, que consiguieron la titularidad de muchas minas. La mayoría se hicieron con pequeñas superficies, pero tanto Davies como Cortes, Aramburuzavala y Lezama Leguizamon se encontraban entre los mayores registradores de la provincia.</p>
<p>Ahora bien, detrás de estos nombres, muchas veces se ocultan sociedades de las que formaban parte capitalistas extranjeros y nacionales. Este es el caso de Cortes, dueño de <em>Linda </em>y <em>Mendivil, </em>y de la compañía creada por el británico Levison para explotar la mina <em>Primitiva. </em>Castrejana) de la que participó hasta 1927 el barakaldés Cesáreo Garay. Esta fórmula sirvió a muchos mineros carlistas para librar­se de las expropiaciones que siguieron a su derrota militar.</p>
<p>Más de 1.600 ha del término municipal de Barakaldo (34 por ciento de su superficie en la época) llegaron a estar declaradas como minas, aunque a parte de las explotadas por Lu­chana Mining, tan sólo se llegará a trabajar en unas pocas, de forma eventual y con pobres re­sultados.</p>
<p>Individualmente o for­mando sociedad, el citado Cobreros, Donato Azula, Flo­rentino Castaños, Maximin o Chavarri, Tomas Santurtún, Casimiro Zunzunegui, J. J. Rivacoba, Tomas de Begona, Serapio Goicoechea, Victoriano, José y Cesáreo Garay y Antonio Acebal, des­tacan entre los mineros avecindados. Todos ellos tenían intereses en otros sectores eco­nómicos, como la construcción o pequeñas empresas, y ocupaban cargos concejiles en la administración municipal en la mejor <em>é</em>poca de la minería. Goicoechea, por ejemplo, fue alcalde (1898), socio fundador de una naviera (1889) propietario de un taller de calderería (1906), accionista de la Sociedad Minera de Alonsótegui, etc., aunque sus rentas más importantes como minero procedieron de un largo arrendamiento a Orconera Iron Ore de las minas Ecequiela, Alerta y sus correspondientes dema­sías.</p>
<p>Todo el mundo quería participar de esta fiebre minera, incluso lo intentaron fuera de la provincia; Antonio Acebal, concejal y pequeño comerciante del barrio de Retuerto, llegaría a obtener demarcaciones en Burgos y Cáceres (una de ellas bautizada <em>Baracaldo), </em>en los términos municipales de Fresnedoso y Campillo. Al fin y al cabo no arriesgaban grandes capitales. «Las concesiones de minas se obtienen de una manera extrema­damente simple (&#8230;) y mediante el pago de una suma de 300 reales por una vez y el derecho anual de 16 reales por cada perte­nencia adquiere un derecho que nadie puede quitarle mientras cumpla los regla­mentos».</p>
<p>Gracias a tanta liberalidad, Luchana Mining podía permitirse registrar en el municipio de Bérriz, cerca de la fuente de Bascocha, una mina de &#8220;aceite mineral com­bustible sólido&#8221; en 1913.</p>
<p>Al no exigirse ni siquiera su puesta en explotación, se favorecía que algunos se hicieran con concesiones por simple interés especulativo, a veces con pingües resultados.</p>
<p>Ahora bien, hubo quienes, como el veci­no de Alonsótegi Julián de Santacoloma, se vieron obligados a vender por carecer capital necesario alguno para sufragar los gastos (denuncia, demarcación, expedición de titulo de la mina y su inscripción en el registro de la propiedad) y derechos que tal expediente origina».</p>
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		<title>Minería en el Regato (II)</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Dec 2011 11:30:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Industria]]></category>
		<category><![CDATA[Patrimonio]]></category>

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		<description><![CDATA[Luchana: Puerto de Bizkaia Aguas abajo, el área comprendida entre las desembocaduras de los ríos Galindo y Cadagua en el Nervión o Ibaizabal se con­virtió por esas fechas en el autentico puerto de Bizkaia, en el puerto industrial. No en vano, el calado, la anchura del cauce y las características de los fondos en esta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="text-decoration: underline;"><img class="alignleft size-medium wp-image-2433" title="El Regato 9" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2011/12/El-Regato-9-300x138.jpg" alt="" width="248" height="114" />Luchana: Puerto de Bizkaia</span></strong></p>
<p>Aguas abajo, el área comprendida entre las desembocaduras de los ríos Galindo y Cadagua en el Nervión o Ibaizabal se con­virtió por esas fechas en el autentico puerto de Bizkaia, en el puerto industrial. No en vano, el calado, la anchura del cauce y las características de los fondos en esta zona, aunque deficientes, reunían las mejores condiciones de la ría para la navegación; además se encon­traba a pocos kilómetros de los yacimientos de Triano, de esa mercancía tan ansiada por la pujante industria del hierro.</p>
<p>Un importante puerto que llegaría a mover millones de toneladas; los seis millo­nes de 1899, coincidiendo con el mejor momento exportador, no volverían a alcan­zarse hasta 1962. Este año, curiosamente, se produjo un hecho insólito en la historia del puerto: por primera vez arribó un barco extranjero cargado con diez mil toneladas de mineral de hierro liberiano con destino a Altos Hornos de Vizcaya.</p>
<p>Gracias, en parte, a los pequeños arbi­trios para obras (2 reales/tonelada) con que se gravaba la carga y descarga de barcos desde 1878, se pudo financiar la mejora de la ría y dotarla de unas infraestructuras que, indirectamente, beneficiaron la actividad industrial y comercial. Los muelles, grúas, iluminación eléctrica, diques, boyas y dársenas facilitaban las condiciones para el trasva­se de cargas y refugio de los barcos a la es­pera de mercancía. En menos de cinco kilómetros de ambas márgenes de la ria se establecieron empresas side­rúrgicas, químicas, energéticas, navales y de ma­teriales de construcción, apro­vechando las dotaciones de la ribera.</p>
<p>Como antaño Barakaldo se convirtió en im­portante nudo de comunica­ciones, terrestres y marítimas. Por su término pasaban los caminos que unían la villa de Bilbao con Castilla, Encartaciones y zona minera, en cuyo trazado tan interesada estuvo la familia Ybarra; con el barrio de Luchana enlazarían las redes ferroviarias del interior peninsular por medio de las líneas mixtas de Bilbao Portugalete (1888) y de La Robla (1902). También terminaban aquí los ferrocarriles de tres de las grandes empresas mineras extranjeras, Orconera Iron Ore, Franco-Belga des Mines de Somorrostro y Luchana Mining Company Limited, responsables, en parte, del impulso renovador que produciría un radical cambio de la economía y contribuyó al nacimiento de la nueva sociedad barakaldesa a partir del último tercio del siglo XIX.</p>
<p>Hacía pocos años que los terrenos de la margen izquierda de la ría en esta zona eran todavía fértiles vegas (La Punta, Erreketa, Errotabarria y Burceña) de tierras cuidadosamente cultivadas, ganadas al agua y la marisma la centuria anterior. Entre la casería de la vega de Errotabarria y el ángulo de la torre de Luchana, en uno de los puntos de mayor anchura de la ría (115m), a lo largo de cuatrocientos metros de muelle emplazarían normales a la ribera los cuatro cargaderos de Orconera, separados entre algo más de 90m; a continuación, Aguas abajo de la torre, se construyo el muelle (305m) y cargadero de Luchana Mining. El cargadero de Orconera más cercano a la casería de Errotabarria y desembocadura del Cadagua se encontraba a 6.200m de la mar, y contaba en 1878 con una profundi­dad de 5,20m en las pleamares (Bourson,  1878; p. 682). Este calado era insuficiente, por lo que se dragaron los fondos hasta dejarlo en 5,79m que permitieran atracar barcos de mayor tonelaje contra los embar­caderos.</p>
<p>Además de la escasa profundidad (dos y tres metros de agua en bajamar entre el abra y Luchana), los mayores inconvenientes para la navegación eran los bancos de arena de la embocadura y la variabilidad del cauce. Con las obras emprendidas a partir de 1876 se habían obtenido pequeños avances, aun­que la prensa de 1880 se hada eco todavía de frecuentes naufragios, varaduras y otros accidentes y de la ineludible espera a las mareas vivas para hacerse a la mar.</p>
<p>Para superar las pésimas condiciones de la barra muchos barcos tenían la quilla casi plana, lo que aumentaba sus dificultades en alta mar. Los vapo­res más adecuados para las condiciones de la ria debían tener de 13a 14pies de calado, aproximadamente cuatro metros, con menos de mil toneladas de arqueo.</p>
<p>Las características del puerto, natural­mente el tipo de cargaderos. Cuando, entre 1873 y 1880, las empresas que contaban con ferrocarril instalaron estos medios de embarque fijos, lo hicieron para ser eficaces con un nivel del agua infe­rior a 18 pies, adaptándose a barcos de poco arqueo: «no se pudo pensar en cargaderos semejantes a los que ya por aquellos años se usaban en los mejores puertos de Europa y de America, para vapores de tres a cinco mil toneladas, que podían recibir su carga completa en uno o dos días»</p>
<p>Quizá por ello, cuando empezaron a notarse las reformas de la ría, Orconera anuló un cargadero y Franco-Belga redujo el número de los proyectados. En los seis car­gaderos barakaldeses (tres de Orconera, dos de Franco-Belga y uno de Luchana Mining) utilizables simultáneamente, en 1882, con poco más de una docena de trabajadores se podrían cargar, teóricamente, hasta nueve mil toneladas en una jornada laboral. Era una operación sencilla, en la que se podía verter directamente en las bodegas un tren de 30 vagones en apenas cuarenta minutos.</p>
<p>Sin embargo, ahora que los bancos de arena se habían rebajado, que navíos de 23 y 24 pies podrían acercarse a los embarcade­ros, su nivel era muy bajo; y, a las horas de pleamar, era imposible comenzar la carga de grandes navíos. Pero a pesar de las limitaciones técnicas con que se proyectaron no tuvieron apenas innovacio­nes hasta 1927. Las reformas llevadas a cabo entonces por Orconera y Franco-Belga pre­tendían frenar el declive de las exportacio­nes por la creciente competencia norteafri­cana.</p>
<p>Del funcionamiento de los instalados por estas dos grandes empresas existe abundan­te bibliografía, por lo que vamos a describir el perteneciente a Luchana Mining que, a pesar de su menor importancia, era el que usaron las minas de El Regato, y no llegaría a reformarse nunca. Estaba situado en las cercanías de la torre de Luchana, donde la franja de tierra era más estrecha, por lo que para emplazarlo se necesitó el relleno, sane­amiento y desecación de quince mil metros cuadrados de terreno.</p>
<p>La longitud del cargadero, desde el punto de partida en la falda del monte Rontegi hasta la termi­nación, era de 112,50m. Por medio de puen­tes (8,60m de altura) se salva­ba el paso de la carretera provincial de Burceña a Portugalete, la vía de Orconera a la fábrica del Carmen y, más tarde, también el de Bilbao a Portugalete.</p>
<p>A los 50 m del punto de partida comen­zaba el cargadero propiamente dicho; con­sistía en seis pies de madera creosatada, reforzados con estribos de mampostería, que soportaban una base de madera sobre la que se apoyaba la vía del ferrocarril hasta <em>el </em>muelle, a diez metros de altura sobre el nivel medio de las mareas.</p>
<p>De la corona­ción de este has­ta el final del cargadero, el in­genio se compo­nía de otros cua­tro pilotes con sus correspon­dientes travesa­ños.</p>
<p>Curiosamen­te tanto éste como el resto de los embarcaderos se hicieron de madera alquitranada y no de hierro, posiblemente para abaratar la pri­mera instalación y mantenimiento, o por su mayor resistencia a la acción del agua de la ría, alternativamente dulce y salada.</p>
<p>En el cargadero de Luchana Mining no se vaciaban los vagones por debajo, como en el sistema diseñado por J.P. Roe para Orconera, sino volcándolos por la parte delantera. Este procedimiento tenía algunos inconvenientes. La capacidad de los vagones debía ser mas reducida por la inclinación de aproximadamente, que precisaban sus paredes interiores para facilitar la descarga, y aún así a veces habla que ayudar a salir el mineral empujándolo con barras. Los vago­nes, pues, debían ser más altos, lo que impli­caba que al tener el ferrocarril una distancia entre vías de 1,05 metros se produjeran mayores trepidaciones y, en consecuencia, deterioros.</p>
<p>A partir del cargadero de Luchana Mining, entre 1883 y 1885, se haría un dique longitudinal hasta la Dár­sena de Portu. Construida por Altos Hornos de Bil­bao tenía cuatrocientos metros de muelle, con lo que duplicaba la superfi­cie anterior dedicada al atraque y descarga de los buques que traían coke y carbón asturiano o británi­co para sus hornos altos.</p>
<p>La construcción del di­que favorecería además el relleno con escorias (inútiles como abono mineral al proceder de hematites sin fósforo) y estériles de la vega de Erreketa, donde se encontraban los embarcaderos de Franco-Belga, y la ampliación sobre ella de la fábrica, cuyo progreso estaba gravemente mediatizado por la falta de espacio.</p>
<p>A pesar del impor­tante movimiento de mercancías, en el puerto de Luchana no habla tinglados ni almacenes, tan solo una caseta de madera para cobijar al agente de Aduanas y un pequeño reten de forales, pues se trata­ba de expedir cuanto antes los buques.</p>
<p>Pero las actividades portuarias y mineras contribuyeron al nacimiento de un nuevo barrio, Luchana, que en apenas veinte años multiplicaría varias veces los edificios y habitantes con que contaba en 1867. Como afirmaba Antonio Trueba &lt;Ya no es Luchana aquel juncal donde apenas había más edificio que una rústica casería levantada sobre las minas de la torre del Condestable de Castilla, que los cronistas llamaron con evidente exageración &#8220;la primer fuerza de Vizcaya&#8221;: es un gran núcleo de población al que dan anima­ción y vida los ferrocarriles mineros que allí desembocan y los enormes vapores que allí cargan o esperan cargar el mineral de hie­rro.</p>
<p>En efecto, la agricultura era ya una activi­dad casi residual. La población ha crecido al albergar a muchos de los trabajadores de mantenimiento y reparación de los trenes, de los cargaderos, de las básculas, etc. También buena parte del personal directivo, técnicos y empleados extranjeros, mayorita­riamente británicos, residían con sus familiares en las viviendas construidas por sus respectivas empresas, de las que se conser­van algunas de las levantadas entre 1882 y 1891 por Orconera Iron Ore.</p>
<p>La arquitectura de estas últimas, aunque diseñadas por el arquitecto Casto de Zavala, recuerdan el más puro estilo inglés. Pero la llamada campa de los ingleses y los cha­lets de los sucesi­vos gerentes y di­rectores de Luchana Mining y Franco-Belga desaparecerían en los años cuarenta del siglo pasado para dejar paso a las instalaciones de la empresa de fer­tilizantes Sefanitro.</p>
<p>La ría en esa época no era lo que fue; la guerra civil española y el estallido de la Segunda Guerra Mundial paralizaron el comercio. «Los buques, como gigantescos mastines, permanecen meses y meses atados con gruesas cadenas, cables tirantes y gruesos chicotes a las boyas del canal y a los bolardos del muelle». Esta era la imagen, en 1943, del antaño bullicioso puerto de Lu­chana, plasmada por Ernesto Perea Vitorica en sus Perfiles baracaldeses.</p>
<p>Hoy, de aquellas importantes infraestruc­turas, vías, estaciones, cocheras, laborato­rios, etc., no queda otra cosa que parte de los viejos talleres de Orconera en Luchana y un par de cargaderos, uno de ellos reciente­mente restaurado. Ni siquiera el nombre de una calle recuerda aquel esplendoroso pasa­do minero que llevó el nombre de Bizkaia, de Luchana y Barakaldo a muchos puertos europeos.</p>
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		<title>Mayorazgo de LURKÍZAGA</title>
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		<pubDate>Sat, 03 Dec 2011 09:32:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Patrimonio]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[1.- Propiedades del mayorazgo La torre de Lurkízaga &#160; 2. Propietarios Las primeras noticias sobre la propiedad y sus dueños nos remontan al año 1708 en que se cita a Pedro de Zaballa como único heredero de la casa y casería de Lurquízaga, por fin y muerte de Martín de Zaballa y Francisca de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft size-medium wp-image-2419" title="OLYMPUS DIGITAL CAMERA" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2011/12/Lurkizaga-1-300x225.jpg" alt="" width="248" height="186" />1.- Propiedades del mayorazgo</strong></p>
<ul>
<li>La torre de Lurkízaga</li>
</ul>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>2. Propietarios</strong><strong></strong></p>
<p>Las primeras noticias sobre la propiedad y sus dueños nos remontan al año 1708 en que se cita a Pedro de Zaballa como <em>único heredero de </em><em>la casa y casería de Lurquízaga, por fin y muerte de Martín de </em><em>Zaballa y Francisca de la Estrada, sus padres ya difuntos. </em>Sobre la casa pesaba un censo a favor de la iglesia de San Vicente fundado por María de Sasia abuela del propietario.</p>
<p>Pedro de Zaballa contrajo matrimonio con Clara de Samunde, hija de Martín de Samunde y María Ibáñez de Tapia, en quien hubo a Baltasar de Zaballa, bautizado en San Vicente en 1706, quien heredó la hacienda. Casó con María Isabel de Zugasti (b. 1717), hija de Matías de Zugasti y Quiteña de Gallaga.</p>
<p>Del matrimonio Zaballa-Zugasti nació Benito de Zaballa (b. 1756) que casó con María de Gorostiza, hija de Juan de Gorostiza y Manuela de Egusquiaguirre.</p>
<p>En el año 1831 Benito de Zaballa Zugasti vendió la torre y sus heredades a Joaquín Jiménez, vecino de Zorroza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Gregorio Bañales</p>
]]></content:encoded>
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		<title>El patrimonio histórico de Barakaldo</title>
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		<pubDate>Sat, 26 Nov 2011 10:26:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Patrimonio]]></category>

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		<description><![CDATA[Debido a la actualidad que adquiere hoy en día esta colaboración, tras dos años de su primera publicación en herriKolore,  hemos optado por devolverla a la portada&#8230;Algunas predicciones se van haciendo realidad. Cuando vamos a cualquier pueblo, se suele dar una vuelta por el casco viejo, casi siempre convertido en lugar de relación, de comercio [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-2415" title="4491672" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2011/11/4491672-300x225.jpg" alt="" width="246" height="184" />Debido a la actualidad que adquiere hoy en día esta colaboración, tras dos años de su primera publicación en herriKolore,  hemos optado por devolverla a la portada&#8230;Algunas predicciones se van haciendo realidad.</p>
<p>Cuando vamos a cualquier pueblo, se suele dar una vuelta por el casco viejo, casi siempre convertido en lugar de relación, de comercio cercano, de fiesta, de memoria histórica. Pero aquí, en Barakaldo, ¿Dónde está eso? Para las personas con cierta edad o que llevan años fuera de Barakaldo, si se dan una vuelta por el pueblo apenas verán edificios con los que se sientan identificados, sus recuerdos de niñez no tendrán el mismo escenario, no se reconocerán en ese entorno, no se situarán: ¿Dónde estaba aquél sitio? Esas fotos antiguas que vemos de vez en cuando al pasar por delante de algunas tiendas de fotos&#8230; nos cuesta ubicarlas. ¿Qué nos han hecho en éste pueblo? Nos han robado la memoria histórica.</p>
<p>Empecemos por donde estaba el casco viejo del siglo XIX: la calle Portu, la casa de “la bomba”&#8230;, toda una zona que  no se quiso mantener por no poner dinero para restauración. Tuvieron que organizarse los vecinos para garantizarse los realojos en el plan Urban. La plaza abajo, el ayuntamiento viejo, el txitxarrillo&#8230; (lugar de baile  los fines de semana), ya sólo quedan  las oficinas de AHV que, siendo de capital público (del gobierno español, a través de las SEPI) se han dejado privatizar para destinarlas a apartamentos tutelados para la tercera edad.  El ataque sigue en la zona: ahora quieren derribar la estación de RENFE. Subiendo hacia el centro, sólo queda una estatua de recuerdo del  colegio de los Hermanos de la Salle, un magnífico edificio que podía haber sido el gran centro cultural del pueblo. Justo al lado, nos queda y ¡Cuánto  costó que lo mantuvieran!, el matadero, ahora reconvertido en Escuela de Idiomas. En la herriko plaza se cargaron la “rana”, el kiosko, original ejemplo de arquitectura finlandesa y luego, para conseguir algunas plazas más de parking se condiciona el diseño de la cubierta  y  se hace una plaza fea, una sartén sin árboles y con pobre iluminación.<br />
En San Bizente, el palacete que por su emplazamiento histórico, en el  núcleo central originario de la anteiglesia podía haber sido un equipamiento público: ¿Quizás el Museo Local? Pues no!, se dedica a casas de lujo y ahí sigue vacío, sin poderse vender. En Lutxana teníamos los últimos restos de la ciudad jardín de la Orconera Mining de 1895-1910, auténtico patrimonio histórico de todo el País Vasco: Los Chalets de los empleados de Orconera, que se han dejado deteriorar y luego han sido derribados a traición, pese a ser reivindicados para equipamiento sociocultural durante más de 20 años por los vecinos-as de Lutxana. Éste es un ejemplo del urbanismo entendido como  corrupción y negocio rápido y va a posibilitar un beneficio-pelotazo de 160 millones de euros a la promotora Vizcaina y Edificaciones SA.</p>
<p>Retrocediendo un poco más en la historia, ¿Qué queda de las casas torres de Barakaldo? la de  Zubileta, abandonada y sobre todo el ejemplo sangrante de la Casa torre de Lurquizaga que se deja con sus ruinas- cimientos como en exposición, cuando se podía haber reconstruido y usado como equipamiento: ¿Por qué no acogiendo al cercano Gaztenet?</p>
<p>Del patrimonio artístico: ahora parece que les ha dado por las estatuas, pero convendría recordar que aquí podíamos haber disfrutado de una escultura muy importante, una de las “cajas” de  Oteiza, pero por no pagar el último plazo (600.000 pesetas), los responsables  del ayuntamiento-PSOE se la dejaron llevar. Otro gran escultor, Vicente Larrea, ha visto una obra suya trasladada-maltratada en su ubicación.</p>
<p>Patrimonio Industrial: La  Asociación de Defensa del Patrimonio Industrial tendría mucho que contar. La nave de Explosivos Riotinto, con su extraordinaria estructura de maderamen, se salvó por los pelos, pero las torres de refrigeración, los silos de AHV&#8230;. Es cierto que mantuvieron el edificio Ilgner en Lasesarre, pero este pueblo, en el pasado  ejemplo de construcciones industriales, parece que tendrá que recurrir a los libros o a centros de interpretación, muy interactiva eso sí, para visualizar todo lo que fue aquella época. Hasta los cargaderos de mineral se dejan quemar antes de reconstruir, y que pasará con el de Sefanitro? Barakaldo: una de sus etimologías dicen que puede ser “baratzalde”: lugar de huertas. ¿Qué fue de sus huertas y de su entorno rural? Como ejemplo, El Regato, está sufriendo una transformación y la que se le avecina: Autovía Supersur, cantera de Tellitu, variante ferroviaria del TAV, chalets, chalets, chalets&#8230; Bueno, mejor se lo dejamos que lo explique a la plataforma Barakaldo Naturala.</p>
<p>Este pueblo ha sido, otra vez, arrasado sin ninguna sensibilidad por los intereses de los constructores. Un pueblo privilegiado, con unas posibilidades enormes: vegas amplias, terrenos llanos&#8230; Ese privilegio ha sido codiciado, primero, por la industria y ahora por el ladrillo, el cemento y las superficies comerciales.</p>
<p>Los responsables políticos fueron durante décadas, prácticamente un siglo, unos meros mandados de AHV. La industria urbanizaba y dirigía el desarrollo del pueblo. Luego, con la reconversión-desmantelamiento industrial, vinieron los nuevos jefes: constructores e inmobiliarias pasaron a dictar los planes urbanísticos. Nos han robado buena parte de nuestra memoria, pero nos queda el futuro. Sin una organización-concienciación vecinal, sin movilización y lucha no conseguiremos que    los responsables políticos respondan a los intereses de la mayoría.</p>
<p>Sólo entonces podremos diseñar Barakaldo pensando en la calidad de vida de sus habitantes.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Barrio Castaños</title>
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		<pubDate>Sat, 22 Oct 2011 09:13:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Patrimonio]]></category>

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		<description><![CDATA[CASA SOLAR DE CASTAÑOS, ANTIGUA MAZUQUERA-ACEÑA Y ERMITA DE SAN BERNABÉ EN EL s.XVII (Barrio de Castaños, Galdames) &#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;- Investigaciones genealógicas sobre mi familia me llevaron hace unos años al lugar de Castaños, en el Concejo de Galdames. Hace unos meses descubrí información preciosa sobre la historia de alguna de sus casas en los siguientes [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><img class="alignleft size-medium wp-image-2393" title="Tramo Alto 3" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2011/10/Tramo-Alto-3-300x218.jpg" alt="" width="259" height="188" />CASA SOLAR DE CASTAÑOS, ANTIGUA MAZUQUERA-ACEÑA Y ERMITA DE SAN BERNABÉ EN EL s.XVII (Barrio de Castaños, Galdames)</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-</p>
<p>Investigaciones genealógicas sobre mi familia me llevaron hace unos años al lugar de Castaños, en el Concejo de Galdames. Hace unos meses descubrí información preciosa sobre la historia de alguna de sus casas en los siguientes documentos (consultables por internet a través de la web de <a href="http://pares.mcu.es/ParesBusquedas/servlets/Control_servlet?accion=100" target="_blank">PARES</a>):</p>
<p>-       Expediente para la concesión del Título de <em>Caballero de la Orden de Santiago</em> de Miguel de Castaños y Soberón, 1661 (Archivo Histórico Nacional)</p>
<p>-       Testamento de Thomás de Castaños, 29-11-1637(copia del mismo contenida en el documento anterior)</p>
<p>Hoy, gracias a la posibilidad que me brinda Goio, ofrezco esta información por internet a los estudiosos y amantes de la zona.</p>
<p>Los actuales vecinos del barrio desconocen los datos que a continuación expongo. Espero y deseo, especialmente en el caso de David Lasa, con el que tuve ocasión de hablar en una de mis dos visitas al lugar y al que encontré interesado por la historia, “<em>caigan</em>” en este artículo y lo disfruten.</p>
<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-</p>
<p>De las cuatro casas que componen actualmente el núcleo central del barrio de Castaños en Galdames (1), una es la casa solar del apellido Castaños —la única con escudo de armas— y otra fue una mazuquera y aceña simultáneamente hasta aproximadamente finales del s.XVII. Dentro de la finca a la que pertenece la casa solar, como edificio anexo a la misma, se encuentra la ermita de San Bernabé.</p>
<p>Cuatro casas también más la ermita son las que se citan en 1661 como integrantes de dicho barrio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>CASA SOLAR DE CASTAÑOS</strong></p>
<p>Citada en 1661 como de las más antiguas del Concejo, de la que ni siquiera los más viejos del lugar tienen memoria de cuándo se fundó.</p>
<p>Escudo de armas:</p>
<p>En su mitad izquierda: dos brazos cruzados con un ala en una de sus manos.</p>
<p>En su mitad derecha: cuartel de arriba, tres bandas; cuartel de abajo, tres corazones.</p>
<p>Tal vez un experto en heráldica nos podría decir algo más sobre este escudo, pues no tiene la forma típica e incluso parece invertido (2).</p>
<p>En los cuarteles inferiores de la casa Gorostiza de Barakaldo, relacionada con una rama de la familia Castaños descendiente de la casa solar de Castaños, se pueden observar igualmente tres bandas y tres corazones.</p>
<p>En 1637, la casa pertenece a Thomás de Castaños, hijo de Juan de Castaños. En 1661, su propietario es Marcos de Castaños, hijo del anterior y de Catalina de Garay, y su heredero es Bartolomé, hijo del referido Marcos y de María Santos de Soberrón.</p>
<p>A dicha casa, tanto en 1637 como en 1661, quedan asociados:</p>
<p>-       Heredades de pan llevar (3).</p>
<p>-       Arboledos.</p>
<p>-       Una aceña.</p>
<p>-       Una mazuquera.</p>
<p>-       Una ermita.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MAZUQUERA-ACEÑA</strong></p>
<p>En 1637 y en 1661 se cita, frente a la anterior casa solar ya la orilla del río, un conjunto con muros lindantes comunes constituido por una aceña, una mazuquera y un edificio (4).</p>
<p>Una aceña era un molino harinero de agua.</p>
<p>Una mazuquera era una ferrería donde se fabricaba “<em>raya</em>” (arrabio alto en carbono) que luego se pasaba a la ferrería llamada “<em>tiradera</em>” para rebajar el carbón y conseguir el acero. Esta división en dos procesos constituye el método indirecto de fabricación del acero —en el cual se basan los altos hornos actuales— que se empleaba casi en exclusividad en el País Vasco.</p>
<p>De hecho, en la documentación de 1661 sobre la mazuquera de Castaños, se habla repetidamente de “<em>mazuquera para labrar</em> (o hacer) <em>raia para tirar acero</em>”.</p>
<p>Cabe recordar en este punto la proliferación de mazuqueras en aquel tiempo en la zona. La más conocida es la de Urdandegieta, cuyas ruinas se localizan a medio camino entre el barrio de Castaños y el de El Regato en un paraje llamado Las Mazuqueras, ya en el término municipal de Barakaldo pero en la linde con Galdames (ver artículos correspondientes por internet de <a href="http://somo.blogcindario.com/2009/07/00333-la-ferreria-de-urdandegieta-en-barakaldo-y-galdames.html" target="_blank">Goio Bañales</a> y <a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/2009/03/25/la-ferreria-de-urdandeguieta/" target="_blank">Mitxel Olabuenaga</a>).</p>
<p>Volviendo a la mazuquera-aceña que nos ocupa, ya dije que en el s.XVII pertenecía a la casa solar de Castaños. La primera noticia que tengo de que ya no es mazuquera, ni aceña, ni tan siquiera pertenecido de la casa solar es de un documento de contaduría de hipotecas referenciado al año 1716 (5), donde aparece como dos viviendas pegadas con sus correspondientes corrales sobre las que se levanta hipoteca y cuyos propietarios son Juan de Laya y Manuel de Ugarte. Este último, marido de Catalina de Laya (6), nieta y heredera de la línea de Sebastián Cano de Laya y María de Leceguti, en cuyo matrimonio en San Pedro de Galdames en 1658 aparece como padrino Marcos de Castaños. Sebastián Cano de Laya era oriundo del Valle de Mena. Tal vez el citado Sebastián era un criado de privilegio de la familia Castaños a cuyo cargo se encontraba la mazuquera-aceña, en tal caso sería oficial mayor macero, y posiblemente, ante el declive de la mazuquera, ésta fuera vendida a buen precio a sus descendientes, ocupantes de la misma. Puede que la importante cuantía de la hipoteca referida, 30 ducados, fuera destinada a tal compra (7).</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ERMITA DE SAN BERNABÉ</strong></p>
<p>Situada dentro de los márgenes de la finca de la casa solar, a la espalda de ésta. En la documentación de 1661 se apunta que fue mandada construir hacia 1608 por el citado Thomás de Castaños. Fue restaurada en 1995.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>(1) Una de ellas se encuentra en el término municipal de Güeñes (ver mapa adjunto).</p>
<p>(2) De hecho, en su descripción en la documentación de 1661, ésta se realiza como si estuviese en posición no invertida (al contrario de cómo aparece hoy en día). También, en el blasón de la casa Gorostiza-Castaños de Barakaldo, los tres corazones aparecen 2 arriba y uno abajo, justo al revés de cómo lo hacen en el escudo que nos ocupa.</p>
<p>(3) Tierra de pan llevar: la destinada a la siembra de cereales o adecuada para este cultivo (RAE).</p>
<p>(4) David Lasa, hijo del actual propietario de la casa y desconociendo la doble función pasada harinera y ferrona de la misma, me informó de que se trataba de dos casas pegadas, cuyo muro común era perpendicular al cauce del río. Es de suponer, por tanto, que el tercer edificio del que se habla en la documentación antigua constituiría la vivienda de las familias de los responsables de la aceña y la mazuquera y, probablemente, más que un tercer edificio, serían las dos plantas superiores de las tres que tiene el caserío actual. De hecho, en la documentación antigua referida sólo se cita lo del tercer edificio una vez, mientras que se habla varias veces de un conjunto formado por mazuquera y aceña pegadas; las viviendas de los artesanos, como es lo común, se suponen integradas.</p>
<p>(5) Contadurías de Hipotecas de Galdames, Signatura 105, pg. 44vto y 45, nº 62; y pg45 en fecha 11-8-1724. Archivo Histórico Provincial de Bizkaia.</p>
<p>(6) Juan de Laya, muy probablemente tío o, en su defecto, primo de Catalina.</p>
<p>(7) Sebastián Cano de Laya y María de Leceguti, inician la línea de ascendientes directos míos nacidos en Castaños hasta llegar a mi abuela, María Ugarte Abascal, primera en nacer fuera de dicho barrio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Muchas gracias a Santi Cañizares por este interesante artículo y por las preciosas fotos.</p>
<p>Goio.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Ferrerías de monte</title>
		<link>http://www.ezagutubarakaldo.net/es/2011/10/02/ferrerias-de-monte/</link>
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		<pubDate>Sun, 02 Oct 2011 20:35:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Industria]]></category>
		<category><![CDATA[Patrimonio]]></category>

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		<description><![CDATA[INTRODUCCIÓN Es ampliamente conocida la dificultad que entraña la prospección arqueológica en el ámbito cantábrico. De hecho, se podría decir que existe aquí una tendencia natural a promover desde diversas instancias, numerosas investigaciones basadas en la excavación de yacimientos, en lugar de destinar al menos parte de estos recursos a posibles trabajos arqueológicos que prospecten [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-2382" title="dibujo3" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2011/10/dibujo3-300x185.jpg" alt="" width="249" height="153" /><strong>INTRODUCCIÓN </strong></p>
<p>Es ampliamente conocida la dificultad que entraña la prospección arqueológica en el ámbito cantábrico. De hecho, se podría decir que existe aquí una tendencia natural a promover desde diversas instancias, numerosas investigaciones basadas en la excavación de yacimientos, en lugar de destinar al menos parte de estos recursos a posibles trabajos arqueológicos que prospecten sistemáticamente las mismas zonas. Evidentemente esto ha sido así, dada la variedad de resultados obtenidos por las prospecciones arqueológicas en este entorno montañoso, donde es casi impensable la posibilidad de aplicar directamente aquellas técnicas ortodoxas o “de libro” profusamente experimentadas en otros lugares.</p>
<p>En este contexto, surge hace unos seis años la inquietud desde el Museo de la Minería del País Vasco (Gallarta, Bizkaia) por el preocupante estado de conservación de los restos de las antiguas ferrerías prehidráulicas en los cercanos Montes de Triano. La propuesta es recogida en primera instancia por el servicio de arqueología de la Diputación Foral de Bizkaia y posteriormente por el Centro de Patrimonio Cultural del Gobierno Vasco que propone además la creación de una carta arqueológica de las ferrerías de monte de todo el territorio vizcaíno. Con anterioridad, ya habíamos trabajado unos y colaborado otros en este tema de la arqueometalurgia del hierro de época romana y medieval, pero ciertamente nunca habríamos imaginado vernos abocados a realizar una prospección superficial de tales dimensiones (pensemos que Bizkaia cuenta con una extensión aproximada de 2.000 kilómetros cuadrados) ni a afrontar un análisis espacial a nivel “macro” del trabajo del hierro. Era necesario valorar las grandes posibilidades que proporciona la prospección arqueológica y desarrollar un planteamiento audaz y específico para un territorio concreto, Bizkaia, y un tipo de yacimiento concreto, las ferrerías de monte, conocidas en euskera como haizeolas (ferrerías de aire).</p>
<p>En la actualidad, tras cinco años de investigación y gracias a la consolidación de un equipo de trabajo en torno a nuestro museo, los buenos resultados cosechados hasta el momento, nos han impuesto la necesidad de plasmar los avances logrados en cuanto a metodología de prospección superficial se refiere.</p>
<p>El objetivo inicial de este trabajo de carta arqueológica es la localización de los restos de antiguos sitios de producción del hierro en el paisaje actual. Este tipo de yacimiento conlleva aún hoy en día multitud de incógnitas y mitologías asociadas que son necesarias despejar. Como bien es conocido, apenas existen testimonios documentales para la época de Romanización y Edad Media en Bizkaia (cronología en la cual se suponen abundantes estos antiguos talleres de producción siderúrgica pero cuyos límites temporales aún investigamos) y, menos aún, que hagan referencia concreta a dichas actividades metalúrgicas. El único modo de proteger estos vestigios del pasado es conociéndolos, determinando su ubicación, características, estado de conservación, relaciones con el mundo circundante, etc. Hemos de convenir en que la escasez de información actual, no permite establecer con certeza los vínculos necesarios entre estas ferrerías y la sociedad que las produjo. Es necesario por lo tanto, incidir en las posibilidades de conocimiento directo que una prospección sistemática (usada no como sinónimo de prospección intensiva, sino como un método global que se ajusta a un sistema determinado de trabajo) del territorio puede generar, aportando la adecuada dimensión no sólo cuantitativa, sino también cualitativa de este fenómeno paleosiderúrgico.</p>
<p>Lógicamente, la elaboración de la <em>Carta Arqueológica de las ferrerías</em> <em>de monte de Bizkaia</em>, nos ha abocado desde un principio a una profunda reflexión metodológica en la que vamos indagando campaña a campaña y que al final se ha convertido en la base de nuestro trabajo. Creo que la dificultad del punto de partida es evidente. Tras la experiencia de las dos primeras campañas, realizadas en zonas de menor extensión, logramos proponer un marco teórico que abordara el concepto espacial inicial, que era el territorio vizcaíno, en un tiempo determinado, y con los recursos estables con los que contábamos a partir de entonces. La metodología a seguir se traduce a la hora del trabajo de campo, en una combinación de una serie de técnicas y estrategias de prospección conocidas, que no por su sencillez son menos efectivas. Somos conscientes de que con frecuencia lo más sencillo es lo que mejores resultados proporciona.</p>
<p>Dicha metodología posiblemente se podría aplicar dentro de la región cantábrica a la hora de planificar casi cualquier otro tipo de <em>prospección arqueológica de superficie a escala macro</em>, es decir aquella que tiene como objetivo la identificación de yacimientos arqueológicos nuevos (García Sanjuán, 2005: 64). El motivo para esta afirmación se debe a que compartimos un paisaje con muchos elementos comunes y además porque se ha puesto en práctica con un tipo de yacimiento de escasa entidad que aparece siempre enterrado y que es muy difícil por tanto de percibir a simple vista. Aunque por supuesto, no pretendemos insinuar, ni de lejos, que nuestro sistema tenga validez absoluta fuera de nuestro ámbito, ni que no cuente con limitaciones y condicionantes incluso dentro del mismo.</p>
<p>El colectivo humano que se encuentra detrás de este trabajo es el denominado <em>Equipo de</em> <em>Arqueología del Museo de la Minería del País Vasco</em>. Es un pequeño equipo de investigación interdisciplinar compuesto por un arqueólogo, un técnico medioambiental, una geóloga y dos ayudantes de campo, que se adecua a los diferentes enfoques útiles a nuestros intereses de conocimiento. La dirección arqueológica del proyecto, aporta el hilo conductor y la proyección necesaria a la investigación. La dimensión geológica aporta datos específicos sobre materias primas, edafología y geoarqueología. La parte medioambiental trabaja la evolución del paisaje hasta nuestros tiempos, y todo el equipo cuenta con un conocimiento directo tanto de las ferrerías primitivas, como del medio montañoso en el que nos movemos. En la actualidad nos hayamos tras cinco años de trabajo, en el punto medio de nuestra investigación que concluirá tras otro largo lustro. Quizás sea este un buen momento para hacer un alto en el camino y echar la vista atrás analizando los resultados obtenidos.</p>
<p><strong>ANTECEDENTES: UN DEBATE NECESARIO </strong></p>
<p>Desde los años 80 del siglo pasado, la prospección de superficie se ha convertido en una tarea común en nuestro país, apoyada por una reflexión importante en cuanto a metodología de trabajo se refiere. Sin extendernos en este punto, hemos de citar los trabajos que se comenzaron publicando en torno a la revista de “Arqueología Espacial” perteneciente al Seminario de Arqueología y Etnología Turolense por autores como Fernández y Ruiz Zapatero (1984), Burillo (1996: 67-81), y Almudena Orejas (1998: 9-19) con sus estudios referidos a la arqueología del paisaje. Revista que continúa publicándose hoy día y buena muestra de su calidad son las últimas reflexiones sobre prospección recogidas en el número del 2004. Aparecieron hace tiempo los primeros intentos de síntesis metodológicas como la publicada por Ruiz Zapatero y Burillo (1988: 45-64), que quizás se ven reflejados, al menos en los aspectos básicos, en el primer manual universitario de prospección arqueológica, obra de García Sanjuán (2005). Todos estos indicadores nos hablan de la madurez de estos estudios de exploración del territorio en España impulsados bien por las necesidades de protección patrimonial o bien como instrumentos fundamentales para el análisis de las sociedades pasadas en su propio territorio.</p>
<p>En el caso de la región cantábrica, se ha de mencionar sin duda el notable caso del Laboratorio de Arqueoloxía del Instituto de Estudios Galegos “Padre Sarmiento”, vinculado al CSIC, que trabajan desde sus inicios con el telón de fondo de la arqueología del paisaje (Criado, 1991) y que colaboran en el debate de las estrategias de prospección superficial con experiencias vinculadas generalmente a la gestión del impacto arqueológico, como es el caso de Amado y Barreiro (2004: 231-249).</p>
<p>Concretamente en Bizkaia, no ha existido una reflexión teórica propiamente dicha sobre la moderna prospección, aunque las prospecciones realizadas hasta el momento han obtenido abundantes frutos. En la actualidad contamos con una carta arqueológica de materiales prehistóricos bastante completa, pero pensamos que el estudio de épocas romana y medieval no está tan desarrollado desde el punto de vista de la arqueología espacial en lo que a la búsqueda de nuevos yacimientos se refiere. Es precisamente en la etapa de la Romanización y Edad Media donde se insertan los talleres de producción metalúrgica que estudiamos en Bizkaia. Por desgracia no podemos individualizar cada uno de estos periodos desde el punto de vista de tecnología paleosiderúrgica porque no contamos en la actualidad con datos suficientes de excavaciones que avalen diferencia alguna entre ambos. (Las excavaciones de ferrerías de montaña en Bizkaia se circunscriben a un sondeo en el yacimiento de Oiola II perteneciente al SIII d C. (Aldama y Lorenzo: 1990, 209-211), a la excavación de Ilso Betaio del S X d C. (Gorrotxategi: 1995, 229-247) y a la de Oiola IV del SXIII d C.(Pereda:1997, 69-93) y a pesar de los avances en el conocimiento de aquellas técnicas de trabajo, no han podido ofrecer un paradigma interpretativo del funcionamiento de estas haizeolas). En cuanto a prospecciones en nuestro territorio para este tipo de yacimiento, contamos con el antecedente de la prospección de Gorrotxategui y Yarritu (1984) que nos ha servido de punto de partida para los dos primeros años de trabajo de campo.</p>
<p>El análisis de todos estos precedentes en conjunto, nos induce a constatar que no existe, como es lógico, un único método de prospección arqueológica superficial homogéneo y válido para los diferentes paisajes de nuestro país, se podría decir incluso que existen tantos sistemas como variedad de paisajes y registros arqueológicos tenemos. Aunque sí es cierto, que de las diferentes aproximaciones al análisis espacial mediante prospección, gracias al debate mantenido en los últimos treinta años, queda cierto poso común reconocible en las diferentes estrategias de trabajo de campo que existen.</p>
<p>En este artículo pretendemos esbozar cómo hemos utilizado estas nociones comunes de arqueología espacial de un modo sencillo e imaginativo y en un entorno, el ámbito cantábrico del territorio vizcaíno, francamente hostil a lo que entendemos por prospección académica. Ha sido necesario adecuar el sistema propuesto a las diversas circunstancias que condicionan los trabajos de prospección en este entorno, comprendiendo de antemano los límites y defectos de los que adolece. Por último hemos de recordar, en defensa de nuestros posibles errores, que no conocemos en nuestro entorno más cercano ningún precedente que haya intentado sistematizar la prospección de superficie en un territorio tan amplio como el que proponemos a continuación.</p>
<p><strong>EL ORDEN DEL DISCURSO METODOLÓGICO </strong></p>
<p>Antes de comenzar con el discurso relativo al análisis espacial que se propone, vamos a definir brevemente cuál es el tipo de registro arqueológico que trabajamos en la Carta Arqueológica de las ferrerías de monte de Bizkaia:<em> una ferrería de monte o haizeola es una instalación preindustrial capaz de transformar el mineral de hierro extraído de la naturaleza en metal apto para la forja de aperos, armas y otros objetos. Consiste en un taller al aire libre con uno o más hornos de reducción en cuyos diversos procesos productivos interviene directamente la fuerza humana. El apelativo “de monte” se refiere al entorno montañoso y generalmente aislado en el que se ubican, bien sean laderas, collados o valles. </em></p>
<p>Por desgracia, en la investigación sobre la paleosiderurgia de estos yacimientos aislados en Bizkaia, se ha trabajado en base a muchas mitologías y “apriorismos” que venían reflejados en la historiografía y arqueología clásica. Lo verdaderamente cierto, es que aún se desconocen demasiados aspectos del trabajo y de la organización social de estos ferrones que operaban fuera de su lugar de asentamiento habitual, y que difícilmente podremos insertar aquella actividad de época romana y medieval en nuestro proceso histórico con el grado de conocimiento actual de que disponemos.</p>
<p>El proyecto de investigación cuenta con una programación entregada en el Departamento de Cultura del Gobierno Vasco que llega hasta el 2011, para poder completar la prospección sistemática y estudio de estas instalaciones mediante trabajos arqueológicos a lo largo de los 2.000 Km2 del Territorio Histórico de Bizkaia. La investigación en curso, que en la actualidad ya posee más de un centenar de yacimientos catalogados, es la base de lo que se va a relatar a continuación sobre las antiguas ferrerías prehidráulicas en Bizkaia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>PRIMEROS PASOS Y OBJETIVOS </strong></p>
<p>La prospección presenta en general en nuestra zona importantes y conocidos problemas, de los cuales los más importantes los enumeramos a continuación: su relieve montañoso, un paisaje cada vez más humanizado y la abundante vegetación tanto arbustiva como arbórea que dificulta notablemente la percepción visual del patrimonio arqueológico enterrado.</p>
<p>Ante tal panorama adverso, se hace imprescindible afinar al máximo la concepción inicial y la técnica a desarrollar. Este planteamiento requiere compartimentar en unidades menores el paisaje de una misma región y a las cuales se les aplicará una metodología de prospección diferenciada. Por lo tanto, uno de los primeros retos que hubo que analizar al comenzar la primera campaña del 2002, era cómo abordar el estudio de la totalidad del territorio vizcaíno. Para ello programamos las sucesivas prospecciones eligiendo unos límites naturales: los macizos de montaña de Bizkaia que recientemente había catalogado para la Diputación Patxi Galé (2000) y cuyo mapa base exponemos a continuación. Estos macizos de montaña son las unidades más adecuadas a nuestro paisaje actual y sus límites perimetrales fáciles de identificar en los fondos de valle.</p>
<p>Como es razonable, las primeras campañas del 2002 y 2003, se realizaron en torno a un solo macizo de montaña por año y además en un área de las Encartaciones vizcaínas que ya contaba con una prospección superficial de esta ferrerías de monte realizada a inicios de los 80 del pasado siglo por Gorrochategi y Yarritu (1984), de la cual conocíamos los resultados obtenidos. De este modo la intensidad de trabajo inicial podía ser mayor, al tiempo que nos íbamos familiarizando con el tipo de labor de campo a realizar. La programación de cada campaña de prospección fue distribuida desde el principio a lo largo de todo el año, aprovechando la variabilidad estacional para trabajar diferentes zonas, este punto, quizás sea uno de los factores clave que diferencia nuestra prospección de las que nos precedieron en el mismo territorio (Franco Pérez 2004: 95-99). El resultado cosechado por la adecuada combinación de una estrategia intensiva y extensiva de prospección, fue satisfactorio y así por ejemplo en la primera campaña, en un territorio donde se habían inventariado 20 yacimientos de este tipo, revisamos aquellos conocidos y se incluyeron en la carta arqueológica 17 nuevas localizaciones..</p>
<p>Tras los primeros pasos andados durante esos dos años, nuestro proyecto de investigación arqueometalúrgica en Bizkaia ya se planteaba tres objetivos:</p>
<p>A corto plazo, se había de llegar a la formalización de un sistema de prospección estable a la vez que abierto para utilizarlo en las distintas áreas de Bizkaia.</p>
<p>A medio plazo, se ha crear la Carta Arqueológica de las ferrerías de monte de Bizkaia como herramienta de gestión patrimonial para la Administración y como vía de análisis arqueológico del territorio y de análisis comparativo de este modo de producción. Al tiempo que se le otorga la proyección y difusión necesaria a un tema escasamente trabajado.<br />
A largo plazo, se pretende profundizar en el estudio de la paleosiderurgia en lugares seleccionados como idóneos para completar el estudio del “<em>ciclo del hierro antiguo</em>”, es decir desde la extracción de mineral, hasta su transformación in situ y vías de distribución. Lo que supondría un análisis más completo de alguno de estos talleres de producción de cara a obtener un modelo interpretativo. En la actualidad, podemos avanzar que en el presente 2007 se está perfilando la primera actuación coordinada con otro equipo de excavación para obtener más datos en la dirección apuntada sobre uno de los yacimientos “tipo” previamente elegidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN CASO PRÁCTICO: LA CAMPAÑA 2005. </strong></p>
<p>Para apreciar con más claridad la metodología desarrollada, observaremos a continuación mediante un ejemplo práctico, los pasos habituales desarrollados en la campaña 2005 hasta llegar a la redacción del informe técnico correspondiente (Franco Pérez. 2006:106-109)</p>
<p>El trabajo se inicia con la elección de dos áreas diferenciadas de prospección: una mayor y otra de menor extensión. Cada superficie inicialmente propuesta es cubierta con un grado de intensidad distinta y estrategias distintas, y al final de la campaña se realiza una evaluación en cuanto a objetivos-logros realizados. El planteamiento teórico permite optimizar recursos y se basa en definitiva en los conocimientos adquiridos aunque ha de permanecer suficiente abierto a posibles modificaciones.<br />
En concreto la campaña 2005 se había optado por dos sectores claramente diferenciados: el Sector SE del Macizo de Galdames, donde se ha trabajado con mayor intensidad; y el Sector Occidental de la Comarca de Uribe más sector de la Comarca de Bilbao lo que supone la totalidad de los siguientes macizos montañosos: Jata, Urizar-Mendi, Ermua, Unbe y Ganguren, donde se ha utilizado la combinación entre prospección extensiva y selectiva. Los límites, como mencionamos más arriba, no son comarcales ni administrativos, sino que se ha optado por unos términos naturales: los macizos de montaña. La elección y agrupación de macizos a prospectar se establece según las dificultades del terreno, los recursos disponibles y los factores que se enumeran a continuación:</p>
<p>-. La facilidad de acceso a las zonas de trabajo. En general ambas zonas cuentan con facilidad de acceso hasta los caseríos habitados y refugios de montaña ubicados a 500m de altitud como máximo. Las zonas más altas y los despoblados montañosos inferiores ven reducida su accesibilidad a pistas forestales y caminos.<br />
.- La visibilidad. Este factor es sin duda uno de los condicionantes de la prospección.<br />
El sector SE del macizo de Galdames se encuentra dentro de la Zona Minera vizcaína. Es necesario efectuar previamente, un “levantamiento arqueológico” del paisaje actual para desestimar los restos de las antiguas explotaciones mineras que solapan y ocultan el terreno original.</p>
<p>Prácticamente en la totalidad del macizo de Galdames y a partir de media altura en Uribe y Bilbao, la prospección de superficie de las ferrerías de monte se ha visto limitada por un entorno de bosque denso, donde prima la explotación forestal de pinos y eucaliptos. Obviamente aquí es difícil que se produzcan hallazgos casuales o que se utilice una buena sistemática de prospección. La arqueología clásica, propone la posibilidad de inspeccionar en estos entornos tan sólo los claros que ofrecen los desmontes forestales al crear pistas, vías de saca y aquellas áreas que no tengan vegetación abundante. En estos casos, la experiencia adquirida por nuestro equipo, nos induce a aprovechar la variabilidad estacional para poder prospectar zonas forestales en pleno invierno en ausencia de helechos y con un menor volumen de argomas (tojo) y zarzas. Los buenos resultados de la prospección realizada en jornadas invernales y primaverales, con un buen número de hallazgos en zonas a priori “oscuras”, ponen de manifiesto la necesidad de prospectar a lo largo del año en función de la visibilidad de cada estación (así durante el verano y otoño se revisarán los pastos libres en cotas altas y otros lugares de fácil acceso). El esfuerzo realizado favorece la mayor cobertura posible del territorio estudiado.</p>
<p>-. La perceptibilidad. En este tipo de yacimientos arqueometalúrgicos no es excesivamente buena en general. Son materiales (básicamente piedras de horno, escorias, arcillas y fragmentos de cerámica) que aparecen enterrados donde por lo general sólo afloran en superficie las escorias resultantes del proceso de reducción del hierro en los hornos. La inspección visual confirma que la forma ideal que identifica estas ferrerías prehidráulicas en el paisaje actual es la de un túmulo ubicado en un rellano de pendiente y con una extensión variable entre 6 y 40 metros de longitud.</p>
<p>.- La labor de documentación previa. Los indicadores que manejamos hacen que se trabaje a priori una zona de menor extensión y proclive a contener restos de la antigua industria de transformación del hierro con más intensidad; mientras que otra zona mucho más amplia y sin datos aparentes de la industria paleosiderúrgica se prospecta con una estrategia de menor intensidad. Aunque en varias ocasiones, los nuevos indicios que aporta la exploración sobre el terreno, nos ha hecho replantear la estrategia inicialmente propuesta.<br />
Las diversas fuentes documentales consultadas son:<br />
La información arqueológica e historiográfica existente en la zona, con especial atención a los restos arqueometalúrgicos y sitios de producción de hierro.</p>
<p>Se examina la cartografía a diferentes escalas y de diferentes épocas y la toponimia.</p>
<p>Se estudia la geología y edafología de los lugares elegidos y sus condiciones geográficas.</p>
<p>Por último se aprovecha la documentación obtenida de otras instancias científicas, académicas, administrativas o empresariales con las que se mantiene contacto habitual.</p>
<p><strong>EL TRABAJO DE CAMPO EN EL 2005 </strong></p>
<p>Una vez analizados los factores anteriores, se ha de decidir que tipo de prospección se va a realizar, eligiendo la metodología e intensidad adecuadas a las características especiales de cada paisaje actual. Con posterioridad se prosigue con los trabajos de campo destinados a la recogida de documentación oral y prospección de superficie.</p>
<p>a) Sector SE de los montes de Galdames</p>
<p>Estos 40 km2 aproximados de extensión se han dividido sistematizando el espacio en tres grandes zonas o sectores que incluyen los principales cordales y sus ramificaciones: El sector SO (referencia: cima del Lujar, sector Central (referencia: cumbre del Eretza) y sector NE (referencia: cima del Sasiburu).</p>
<p>La prospección de superficie se realiza desde los puntos centrales de referencia hacia la periferia y girando sobre ese eje imaginario en el sentido de las agujas del reloj. Dentro de cada uno de estos cordales se toma lo que denominamos como unidades simples de prospección las referencias del paisaje circundante que podemos observar en nuestra cuenca visual, como pueden ser: un collado, la ladera sur de un pequeño valle, una cumbre, etc. Es en torno a cada una de estas “unidades” donde se aplica el tiempo necesario para completar la inspección visual, pasando ordenadamente a la unidad adyacente. La cartografía básica del trabajo son los mapas topográficos de la Diputación Foral de Bizkaia, escala 1: 5.000.</p>
<p>Como ya hemos comentado en anteriores ocasiones, esta sistematización no es en absoluto ortodoxa con las reglas establecidas para prospectar. Pero nos parece justo clarificar cuál es la técnica que ha sido empleada. Hasta el momento, se habían dado escasos avances a la hora de planificar una prospección arqueológica que se adaptase a la realidad común del área cantábrica, pero lo que proponemos tiene desde luego más sentido práctico que por ejemplo cuadricular la zona según el mapa topográfico.</p>
<p>En este lugar, se ha optado por un sistema que combina dos estrategias de prospección de cara a obtener la cobertura máxima posible de este sector:</p>
<p>La primera estrategia utilizada ha sido la prospección extensiva. La campaña comienza con la ascensión a las tres cotas de mayor altitud del macizo de todo el equipo de cara a orientarse sobre el plano real de las dimensiones del área elegida; esto favorece la ubicación constante al margen de los mapas a la hora de recorrer el terreno. El trabajo extensivo nos otorga además de esta ubicación espacial inicial, la posibilidad de utilizarlo en zonas de escasas posibilidades de éxito, como por ejemplo en áreas adulteradas por la actividad minera industrial, entornos de áreas urbanizadas, lugares donde el monte bajo hace imposible el acceso a su interior. Este sistema ha ocupado un 25% aproximado de las jornadas de trabajo de campo en este sector.</p>
<p>La segunda estrategia usada ha sido la prospección intensiva. Esta se ha realizado básicamente a pie y en zonas favorables a la instalación de las ferrerías de monte, es decir, en zonas que cuentan bien con presencia actual de mineral de hierro en la superficie, bien con presencia actual o pasada de madera como combustible, o bien de agua para ciertas partes del proceso de transformación. Dicho sistema ha concentrado los mayores esfuerzos de los trabajos de campo, ocupando el 75% de las jornadas laborales.</p>
<p>Los resultados obtenidos con esta programación son de 16 nuevos restos de ferrerías de monte a sumar a los 3 que ya se conocían en la zona. Lo cual confirma el acierto del planteamiento y la adecuación de una tarea sistemáticamente realizada en el área elegida del macizo de Galdames.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>b) Comarca de Uribe más sector N de la de Bilbao</p>
<p>Esta área presentaba dos novedades importantes respecto a campañas pasadas: en primer lugar, era la zona más amplia hasta ahora prospectada que cuenta con una extensión aproximada de 220 km2, y en segundo lugar, era la primera vez que prospectamos un territorio que carece de noticias anteriores sobre los yacimientos arqueológicos que nos ocupan.</p>
<p>Siguiendo en criterio geográfico inicial, la zona occidental de la Comarca de Uribe y la zona anexa de Bilbao se reparten en cinco macizos de montaña: Jata, Urizar-mendi, Ermua, Unbe (dividido en dos sectores) y Ganguren. La sistematización inicial del vasto terreno es la división en las cinco unidades mencionadas. La prospección la hemos realizado partiendo de puntos centrales de referencia que al igual que mencionamos más arriba, sirven para mantener la ubicación espacial y poder llevar un orden de cobertura al ir girando sobre su eje. Y en cada uno de estos cinco macizos de montaña se han elegido uno o dos puntos de referencia según la extensión de los mismos.</p>
<p>Si bien se ha realizado una cobertura muy amplia del territorio, se ha hecho a través de un sistema que combina las estrategias de prospección extensiva que se ha completado con la prospección selectiva de pequeñas áreas. Ahora bien, hemos de tener en cuenta que prospección extensiva no es sinónimo de un trabajo poco sistemático, de hecho, es una técnica muy aconsejable en una primera fase del trabajo: realizar un estado de la cuestión a partir del cual se planificara la prospección selectiva. Además, nos es útil para dar la cobertura adecuada a un área tan vasta como la que se propone.</p>
<p>Pivotando desde cada uno de estos puntos referentes, se cubre en redondo los diferentes cordales y valles que de ellos parten como método para sistematizar el terreno. Es evidente que en este caso, tras el análisis de los diferentes factores que habitualmente condicionan la prospección (accesibilidad, visibilidad y perceptibilidad), la amplitud del territorio elegido impone una prospección extensiva realizada con ayuda de un todo terreno. Sin embargo, si durante el curso de la prospección extensiva se encuentran elementos significativos sobre el terreno o bienuna labor de documentación previa nos hace sospechar que hubiera alguna zona favorable, se procede a acotar diversas zonas sobre las que trabajar con mayor detalle. En torno a estas zonas de propensión, se ha realizado prospección a pie y de carácter selectivo, siendo fructífero el resultado en una de ellas.</p>
<p>En este caso, la temporización del trabajo ha supuesto aproximadamente un 65% del tiempo total invertido en prospección extensiva con todoterreno y el 35% restante a la prospección selectiva de zonas concretas realizada a pie.</p>
<p>Los resultados fruto de esta programación depararon el hallazgo de una ferrería de monte en una zona “virgen” para este tipo de antiguos lugares de producción (además de otra localización próxima que no se pudo incluir en nuestro catálogo porque la explotación forestal había descontextualizado sus restos).</p>
<p>Como se puede comprobar, los parámetros que se manejan en un principio sobre el papel no siempre tienen su reflejo sobre el terreno. De aquí la importancia de utilizar una metodología flexible para poder mejorar los resultados finales.</p>
<p>Por último el trabajo de campo se completa en ambas zonas seleccionadas para cada campaña, recabando la información detallada en los yacimientos localizados: toma de coordenadas UTM mediante GPS , fotografía digital y demás datos necesarios para completar cada una de las fichas uniformizadas del “Catálogo Haizeola”, que se ha obtenido del Centro de Patrimonio Cultural del Gobierno Vasco, donde se vuelcan los datos directamente sobre un SIG que administra el patrimonio arqueológico del País Vasco (ver ejemplo en la ficha normalizada que se anexa al final del presente artículo).</p>
<p>Los trabajos arqueológicos se han completado realizando las catas pertinentes en aquellos lugares donde existían dudas acerca de la existencia o no del yacimiento.</p>
<p><strong>RESULTADOS<br />
</strong>En la actualidad, tras cinco años de investigación arqueometalúrgica, contamos con una metodología de prospección sencilla en sus planteamientos, abierta a la vez que coherente y de eficacia contrastada en el trabajo de campo. Los resultados que tal sistema ha deparado, según se aprecia en el siguiente cuadro, animan a continuar en el proyecto de Carta Arqueológica de las ferrerías de monte de Bizkaia.</p>
<p>Estos resultados muestran como cada vez nos adentramos más en zonas donde bien apenas existen indicios de este tipo de industrias, o bien no se conoce antecedente alguno. Por lo cual toma más valor si cabe la labor de inventario y análisis territorial de esta tecnología.</p>
<p>De la exploración y documentación de estos yacimientos sobre el terreno, se pueden inferir ciertos detalles que determinen por qué los antiguos ferrones eligieron estos lugares para asentar su actividad productiva. Se observa que el catálogo de hallazgos de ferrerías de monte revela, a pesar de las diferencias entre unas zonas y otras, la existencia de patrones comunes para el asentamiento de las ferrerías de monte.</p>
<p>La arqueología y la historiografía tradicional han aceptado como hipótesis imprescindibles para estos antiguos talleres: la presencia cercana de un lugar de extracción del mineral y la necesidad de cantidades ingentes de madera para crear el carbón necesario. En un lugar más secundario mencionan por este orden: la orientación hacia los vientos dominantes, la proximidad a vías pecuarias o vías antiguas de comunicación y, por último, la existencia en las inmediaciones de la ferrería de algún curso fluvial. Ciertamente la investigación arqueológica que sobre estos yacimientos se ha dado en nuestro entorno, no permite verificar al 100% ninguna de estas hipótesis, aunque bien es cierto que unas están plenamente asumidas mientras que otras presentan dudas. Veamos a continuación lo que la observación sobre el terreno del entorno vizcaíno puede aportar:</p>
<p>El primer elemento que analizaremos es el coto minero de hierro. Se ha identificado próximo a alguno de los yacimientos localizados algún lugar de extracción a cielo abierto. De todas formas la arqueología apenas ha podido recuperar datos sobre los modos antiguos de extracción dado que en la antigüedad, mientras las explotaciones fueron manuales y apenas provocaban gastos, casi cualquier pequeño afloramiento de hierro podría ser aprovechado. Por ejemplo para Manonni (2004: 87) en las canteras, la erosión atmosférica elimina las trazas de elaboración, si no se ha ocupado antes el propio avance de la explotación</p>
<p>La madera es el segundo elemento que condiciona el asentamiento paleosiderúrgico. Es evidente que hoy día es prácticamente imposible imaginar mediante observación directa las condiciones reales de vegetación en las que trabajaron nuestros ferrones, aunque queden algunos reductos de vegetación autóctona que han evolucionado desde aquella primigenia. De todos modos, el combustible y su aprovisionamiento para las ferrerías de monte o haizeolas no debieron de condicionar sobremanera la labor de los antiguos ferrones, dado el carácter boscoso en general del territorio vizcaíno en épocas antigua y medieval.</p>
<p>El tercer elemento de estudio es la orientación de los hornos hacia los vientos dominantes. Contrastando las ubicaciones de yacimientos arqueológicos con los datos que arrojan las estaciones meteorológicas más próximas, hemos de desestimar esta hipótesis en Bizkaia, que sin embargo sí se había logrado demostrar por Arbide y Urcelay (1995: 289-303) en una zona estudiada del Goierri guipuzcoano (de dicha área proviene el nombre en euskera de haizeola o ferrería de aire para estos yacimientos). Los datos que manejamos muestran indicios de la actividad ferrona casi en cualquier dirección de la rosa de los vientos y algunas situadas incluso al abrigo de los mismos. Hemos de coincidir en que si bien algunas haizeolas se encuentran en lugares de altura claramente venteados, lo propio sería desestimar la ventilación natural como práctica generalizada a la hora de avivar los hornos y pensar más en la hipótesis de que su atmósfera reductora se lograse con la ayuda de instrumentos artificiales como fuelles.</p>
<p>Un nuevo factor de localización que analizamos desde la última campaña de prospección, es la proximidad a las vías pecuarias o antiguas vías de comunicación. Lo difícil en este caso es lograr, una regresión que nos aproxime de modo fiable al paisaje primitivo y a su red viaria tradicional. Existen en las dos últimas campañas, una cuarta parte de ferrerías de monte muy cercanas a vías pecuarias o tradicionales de comunicación, lo cual demuestra que no es determinante como factor de ubicación, pero que habrá que continuar su estudio.</p>
<p>El último factor de localización, aunque no por ello el menos importante es el agua. De nuevo el trabajo de campo nos muestra una realidad bien distinta a su clásica consideración como algo secundario y su presencia en el entorno de los escoriales no deja de ser notable. La prospección de superficie arroja el dato de que todos los yacimientos incluidos en nuestra carta están próximos a un curso de agua o surgencia, de modo que el más distante se haya a menos de 150m. del agua y la mayoría se encuentran junto al propio cauce. Ante esta afirmación, el factor disponibilidad de agua, parece que al menos en Bizkaia deja de ser interpretado como algo secundario de cara a elegir una ubicación y pasa a ser considerado como un factor primordial sobre el que trabajar en el paisaje actual.</p>
<p>Los resultados de las labores de prospección propiamente dicha podrían ser suficientes para la Carta Arqueológica de las ferrerías de monte de Bizkaia. Pero además nuestro equipo trabaja con otras estrategias de investigación que facilitan un análisis más global de estos yacimientos arqueometalúrgicos y que tan solo vamos a bosquejar a continuación:</p>
<p>Para conocer más datos de la tecnología que manejaban los antiguos ferrones hemos comenzado los pertinentes análisis químicos de escorias mediante el método de absorción atómica. Así se podrá comparar datos entre distintos yacimientos y con otros materiales férricos de la época.</p>
<p>Cronológicamente manejamos datos arqueológicos en nuestro territorio que enmarcan la actividad de estas haizeolas entre el siglo III y el XIII (Pereda García:1997, 69-93). Nuestro trabajo ha completado estas cronologías con sendos análisis de microcarbones de los yacimientos Salbartondo II y Campillos (municipio de Galdames). Son dataciones de Carbono 14 pertenecientes al siglo X y XI respectivamente. A los carbones se les ha efectuado previamente un estudio antracológico para conocer las especies con que habitualmente se trabajaba en los talleres paleosiderúrgicos. Esta línea de trabajo continúa abierta para enmarcar más de cerca la investigación y porque los límites temporales de esta tecnología han de ser lógicamente anteriores y algo posteriores a los que conocemos.</p>
<p>Para conocer el estado actual de los yacimientos es necesario incidir en el estudio geoarqueológico de los diversos factores postdeposicionales, tanto de carácter antrópico como natural, que afectan a estos materiales enterrados. Este estudio que realizamos en cada yacimiento catalogado, permite obtener mejores conclusiones a la hora de interpretar los materiales de superficie.</p>
<p>Muy ligado a la carta arqueológica, existe la necesidad de protección efectiva de estos yacimientos ya que prácticamente el 50% de los yacimientos catalogados y la mayoría de los que se han quedado fuera de inventario, se han visto afectados en mayor o menor medida por la explotación forestal del entorno. Práctica que si desde luego crea serias dudas sobre su sostenibilidad medioambiental, no ofrece ninguna sobre su efecto devastador sobre el patrimonio arqueológico enterrado. Es por ello por lo que nuestro equipo ha impulsado una mayor protección de alguna de estas ferrerías en la actualidad e incluso ya en el pasado se logró desde el Museo de la Minería del País Vasco, la inscripción de la zona arqueológica del campo de los ferrones de Tellitu (Galdames) como Bien Cultural en el Inventario General del Patrimonio Cultural Vasco.</p>
<p>Unido a la anterior necesidad de protección camina la difusión de los resultados de nuestra investigación. Es necesario dar a conocer este patrimonio para protegerlo adecuadamente. Nuestro equipo considera la difusión como una etapa más de la investigación y en la actualidad por ejemplo, entre otras iniciativas (congresos, publicaciones, etc), se colabora en la rehabilitación medioambiental de una antigua zona minera de época industrial (Sopuerta, Bizkaia). donde se realizará un panel informativo junto a los restos de una antigua ferrería de monte.</p>
<p><strong>CONCLUSIONES </strong></p>
<p>En primer lugar, se ve cumplido el objetivo de haber diseñado un sistema de prospección arqueológica estable para un territorio concreto: Bizkaia, y para un tipo de yacimiento concreto: las ferrerías de monte o haizeolas. Las técnicas y diferentes estrategias empleadas a lo largo del trabajo de campo, desarrollan en la práctica el método sobre el que nos basamos desde un inicio.</p>
<p>Se ha realizado un esfuerzo para sistematizar anualmente dos zonas con características geográficas distintas y que hay que trabajar de modo diferente. Dado que nos encontramos en un territorio donde es francamente difícil, si no imposible, realizar una prospección ortodoxa, se ha de utilizar una metodología abierta, coherente, eficaz y sencilla de aplicar, que sea capaz de adaptar la intensidad del trabajo dentro de una misma zona, incluso con posterioridad a la planificación teórica previamente realizada. Se usan por tanto diferentes estrategias de prospección adecuadas a los diferentes paisajes que nos vamos encontrando: la combinación entre prospección intensiva y extensiva en unas zonas y entre extensiva y selectiva en áreas más amplias, ha aportado la cobertura máxima posible al territorio y una sistematización del mismo en función de planteamientos bien definidos de antemano.</p>
<p>Aunque el aislamiento de estas instalaciones productivas ha creado yacimientos en los que es difícil establecer sus relaciones físicas espaciales y materiales con el mundo circundante de la época, trataremos de solventar en lo posible este problema tanto a través de la prospección superficial como valorando la relación que establecen con otros lugares y con el área de influencia más próxima. Si bien el análisis espacial adquirirá mayor sentido según se vaya completando la carta arqueológica, la comarca de Encartaciones, territorio abonado para estas ferrerías, puede generar interesentes cuestiones. Es esta comarca una de las que menos documentación arqueológica ha generado sobre su estructura de poblamiento romano y medieval de toda Bizkaia y sin embargo contará con un buen perfil de su actividad productiva en el mismo espacio en esos siglos. Es sin duda un buen punto de partida para futuros proyectos de investigación.</p>
<p>El catálogo de hallazgos revela que a pesar de la distancia entre unas zonas y otras, existen patrones comunes en las condiciones idóneas para el asentamiento de las ferrerías de monte. El mapa de distribución de esta tecnología paleosiderúrgica, revela la necesidad de buscar parajes donde se conjugen el mineral de hierro, el combustible vegetal y la necesidad de algún curso de agua. Estas variables de localización no se han de reflejar necesariamente en un paisaje tan humanizado como el actual, ni parecen estar condicionadas por el régimen de vientos dominante. Al margen de las peculiaridades de cada yacimiento, existen una serie de coincidencias sobre el terreno que identifican cualquiera de las ferrerías de monte localizadas hasta el momento:</p>
<p>Estar ubicadas en zonas de montaña, aisladas de los lugares de habitación, donde se aprovechan los pequeños rellanos que existen en las laderas para colocar en sus bordes los talleres y hornos. Tras la reducción del mineral desalojarán las escorias de sangrado resultantes a favor de la pendiente.</p>
<p>La forma que presentan en superficie estos escoriales tiene forma tumular de tamaño variable, bajo cuyo manto vegetal se encuentran los niveles de escoria, piedras de horno (areniscas en este caso por su alto poder refractario) y otros materiales propios de un lugar de producción.</p>
<p>La presencia en las inmediaciones del yacimiento de arroyos o manantiales. El agua era utilizada por el ferrón para varias operaciones, como el lavado de mineral, puesto que la eliminación de la ganga disminuye la cantidad de combustible vegetal necesario; se necesitaba además para recubrir las paredes interiores del horno de reducción de arcilla humedecida que facilita una fusión a menor temperatura, y por último, se usaría tanto en labores de forja como para uso propio de los ferrones.</p>
<p>Una de las características de las investigaciones que se han realizado hasta el momento sobre las ferrerías de monte, ha sido la dureza del trabajo a realizar para un tipo de yacimiento tan humilde y denostado desde el ámbito arqueológico como este. Paralelamente, los mismos apelativos se podrían usar para definir el concepto que habitualmente se tiene sobre el potencial interpretativo de los restos de superficie mediante prospección arqueológica. Si bien constatamos que la dureza de la prospección de superficie en Bizkaia es cierta, no cabe duda de que el empeño y los resultados cosechados hasta el momento por nuestro equipo invitan a continuar creciendo con la “Carta arqueológica de las ferrerías de monte de Bizkaia”. Aún así, el desterrar las ideas preconcebidas y mitologías asociadas con que se ha analizado este tipo de paleosiderurgia en el País Vasco hasta hace bien poco, llevará tiempo y ha de concentrar esfuerzos en explorar todas las vías posibles de divulgación que nuestra investigación pudiera tener y su apertura a nuevos enfoques.</p>
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<p>ZAPATA, Lidia. (1994): “El uso del combustible en la ferrería medieval de Oiola IV: implicaciones ecolócicas y etnobotánicas.”, en Kobie (Serie Paleoantropología, nº 24). Bilbao.</p>
<p>Por Fco. Javier Franco Pérez</p>
<p>Publicado en revista: &#8220;Territorio, sociedad y poder&#8221; Nº2, Universidad de Oviedo, ediciones TREA. 2007, páginas 37 a 52.</p>
<p><em>Museo de la Minería del País Vasco</em><br />
RESUMEN:<br />
El presente artículo trata de sintetizar el trabajo que el Equipo de Arqueología del Museo de la Minería del País Vasco iniciara a finales del 2001, cuya línea de investigación se centra en la paleometalurgia del hierro y en el análisis del territorio mediante un sistema de prospección abierto y coherente, que combina diversas estrategias de prospección arqueológica superficial. En la actualidad contamos con una metodología consolidada para realizar la Carta Arqueológica de las ferrerías de monte de Bizkaia.</p>
<p>Los resultados obtenidos en el trabajo de campo, ponen de manifiesto la necesidad de redimensionar las variables comúnmente aceptadas hasta la fecha para la localización de estos talleres paleosiderúrgicos. Así como la necesidad de plantear una estrategia de prospección audaz, que sea capaz de cubrir sistemáticamente un territorio tan complicado y amplio como el que se propone.</p>
<p>PALABRAS CLAVE:</p>
<p>Prospección superficial, metodología de prospección, arqueometalurgia, ferrerías de monte, carta arqueológica.</p>
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