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	<title>Ezagutu Barakaldo &#187; Historia</title>
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		<title>Minería en el Regato (VI)</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jan 2012 18:47:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Industria]]></category>

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		<description><![CDATA[Otras infraestructuras de transporte A partir de 1898, coincidiendo con la guerra de Cuba y la del Transvaal, en la que tomó parte Inglaterra, se produjo un enca¬recimiento del mineral y una importante devaluación de la moneda española. Una libra esterlina equivalía ese año a 39 pesetas cuando en la década anterior rondaba las 25 [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="alignleft size-full wp-image-2450" title="ayuntamiento-barakaldo-5" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2012/01/ayuntamiento-barakaldo-5.jpg" alt="" width="252" height="189" />Otras infraestructuras de transporte</strong><br />
A partir de 1898, coincidiendo con la guerra de Cuba y la del Transvaal, en la que tomó parte Inglaterra, se produjo un enca¬recimiento del mineral y una importante devaluación de la moneda española. Una libra esterlina equivalía ese año a 39 pesetas cuando en la década anterior rondaba las 25 pesetas.<br />
Las denuncias de minas se multiplica¬ron, hasta tal extremo de que, solo en Barakaldo, se registraron más de cincuenta. Vitoria, Llodio, Maruri, Ezequiel Criado y Serapio Goicoechea, entre otros, se hicie¬ron con varias, pero de ninguna tenemos noticia de resultados positivos de explota¬ción. La situación no era muy diferente en otras zonas: de las casi nueve mil registradas en la provincia, en 1901, solo se trabajaba en 148.<br />
Ahora bien, los precios altos permitie¬ron explotar pequeños yacimientos existen¬tes en zonas accidentadas, alejados de las vías férreas. Las compañías de Anduiza, Aróstegui, Gandiaga, Urquidi, Chavarri y Somonte lo hicieron en Barakaldo y Alonsótegi por esta época, instalando cables aéreos para acercar el mineral de la bocamina a los depósitos de los ferrocarri¬les.<br />
Las empresas de El Regato optaron por el denominado sistema Hodgson a vapor que funcionaba mejor en terrenos de pendiente inferior al 25 por ciento. Su instala¬ción era relativamente económica (setenta mil pesetas/km), aunque tenla los inconve¬nientes de requerir bastante mano de obra, carbón para la máquina, un funcionamien¬to deficiente en climas húmedos y lluviosos y gastos de engrasamiento, lo que repercu¬tía en un mayor coste por tonelada kilomé¬trica (0,75 pesetas) que las 0,55 pesetas del sistema Bleichert.<br />
Este coste resultaba excesivo para las grandes compañías, que preferían vías terrestres (pianos inclinados, cadenas flo¬tantes, vías auxiliares, etc.) o disponer de su propio ferrocarril. Parcocha, por ejemplo, que había sido pionera en tender tres vías aéreas tipo Hodgson hasta Ugarte (1876), se planteó en 1891 reemplazarlas por un plano inclinado y trazar una línea férrea hasta Lasesarre. Prácticamente terminadas las obras de relleno, de construcción de trincheras y puentes hasta hace poco visi¬bles en el barrio de San Bartolomé, la ban¬carrota de la casa Murrieta al año siguiente impidió concluirla.<br />
Sin embargo, la orografía, la pobreza de los filones y la pequeña capitalización de los mineros que trabajaron en El Regato obligo a utilizar vías aéreas, cuya instalación, inclu-so, solo fue posible por las inmejorables con¬diciones del mercado.<br />
Uno de estos mineros, Juan José Rivacoba, tendería un cable sin fin de acero, a la vez motor y conductor (sistema Hodgson), hasta la estación de El Regato, previa indemnización a los dueños de los terrenos donde se colocaron los burros o caballetes de diferentes alturas Habla contratado con Luchana Mining, en 1896, el transporte de las menas de Dificultosa y Concepción, situadas en el monte Polveros.<br />
Al año siguiente, los propietarios de la mina Teresa cercana al punto de La Vacuna, en el límite con Güeñes, pidieron la utiliza¬ción de este cable, e hicieron un tendido de 800 ó 900 m que enlazaba con un punto del mismo. El precio convenido era de 0,50 pesetas por tonelada «más el precio exacto que resulte el transporte por los conceptos de jornales que Sean necesarios invertir al efecto, combustible de la máquina, engrasamiento de esta y el tranvía, interés del 5 por ciento anual sobre un capital de 50.000 pesetas que se distribuirá en la proporción correspondiente y la conservación del tran¬vía hasta el ángulo que divide la Teresa con la Dificultosa…», cuyo coste se averiguará y una vez encontrado se sumará al precio señalado.<br />
Otro tanto sucedió en el valle del Cadagua, donde el trazado del tramo de Zorroza a Valmaseda (1890) del Ferrocarril del Cadagua o de Bilbao a Santander promo¬vido por Víctor Chavarri favoreció la puesta en explotación de los yacimientos de Alonsotegi en los montes Zamaya y Zamaipe y zona de Zaramillo comprendida entre Samunde, Güeñes e Irauregi.<br />
El coto de Alonsotegi añadía a la escasez de mineral las pésimas infraestructuras de transporte. Durante tiempo las menas se lle¬varon en barcazas por el arroyo Azordoyaga (coto de Mintechu) y Cadagua hasta los embarcaderos de Urgozo en Castrejana.<br />
Ahora bien, en 1892, el arrendatario de Antón, Máximino Chávarri, instaló un tran¬vía Hogdson automático de 1.800 m de longitud hasta el lugar de Linaza para enla¬zar con el Ferrocarril del Cadagua: Tenía una capacidad de arrastre de 200 t diarias, pero entre 1893 y 1897 sólo extrajo cincuenta mil toneladas, lo que confirma la pobreza del yacimiento. Al año siguiente, la socie¬dad Urquidi tendería otro cable de 2.300m para las minas Fe y Antolín del Coto de Mintechu.<br />
Los explotadores de la zona de Samunde y Zaramillo, que trabajaban en Amalia, Reloj, Amistosa, Aurora, etc., hicieron tres planos inclinados y un tranvía aéreo de 2.448 m hasta los depósitos y hor¬nos de calcinación de la mina Amalia, junto al regato de Agua Fría, en el límite con Güeñes, muy cerca de las vías de la línea Bilbao a Santander. Desde aquí el tren los lle¬vaba a un cargadero en Zorroza, inaugurado en 1896.<br />
La importante depreciación de la peseta en esa época permitía la producción en yacimientos caracterizados por su menor riqueza. Entre estos últimos, en 1900, se volvió a trabajar en María, Santa Vicenta y Ormidas, situadas en la margen derecha del río Castalios. Antonio Acebal tendió una vía férrea e hizo un puente de hierro en la &#8220;presa del calero&#8221; para acercar las menas de Ormidas arrastradas por animales de tiro hasta los depósitos y aparcadero del tren de El Regato próximos a Gorostiza, a unos 3,320km de los cargaderos de la ria. Poco tiempo después, en 1903, arrendaría a Luchana Mining Bienvenida, Segundo San Esteban y Concepción con el canon de dos pesetas por tonelada arrancada. Estas minas se encontraban relativamente aparta¬das del coto de Arnabal y la compañía inglesa perseguía aumentar la productivi¬dad y rebajar costes concentrando la pro¬ducción en Julianas. Por idéntico motivo en 1906 arrendaba las minas del coto de Pasajes y Uraga (San Pedro, San Gregorio), en la orilla opuesta del río, a la sociedad Bengoechea y Cía.<br />
La mayoría de estos arrendatarios eran pequeños mineros que muchas veces precisaban un aporte de capital inicial por lo que formaron compañías con socios capitalistas. Del mismo modo, en 1912, se constituyó la sociedad colectiva Mc Lennan, Cobreros, Goicoechea y Compañía para racionalizar la explotación del coto de Tellitu (Figueras, Elena, Mercedes, Negra), en el que trabajaban por su cuenta Tomás de Santurtún y Tomás Undabarrena, quienes participarían como socios.<br />
Tanto el capital (cinco mil pesetas) como lo extraído fueron de escasa consideración. Su producción fue intermitente; tan sólo tra¬bajaron cuando la cotización del mineral garantizaba beneficios, paralizándose los tra¬bajos en los períodos de contracción de precios.<br />
Los ferrocarriles de Luchana Mining y del Cadagua, en resumen, permitieron tra¬bajar en un número importante de minas marginales, al mismo tiempo que cubrían las necesidades de transporte de estériles, de carbón, etc., de todas ellas. Por ejemplo, en 1907, Luchana Mining firmaba un contrato con los explotadores de Oculta para acercar las remesas de carbón y llevar un máximo de cincuenta toneladas diarias de carbonato crudo hasta los hornos de calcinación de El Regato.</p>
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		<title>Minería en el Regato (V)</title>
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		<pubDate>Wed, 11 Jan 2012 18:02:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[Innovación tecnológica y minería Explotada durante altos la zona central de Triano, escogiendo minuciosamente el mineral de mayor calidad (vena y campa¬nil), a mediados de los ochenta, se encontraba casi agotado y apenas suponía el diez por ciento de lo arrancado. Si el interés de la industria británica por el hierro vizcaíno se debía a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-2446" title="Barrio Minero Arnabal 13" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2012/01/Barrio-Minero-Arnabal-13-300x214.jpg" alt="" width="251" height="179" />Innovación tecnológica y minería<br />
Explotada durante altos la zona central de Triano, escogiendo minuciosamente el mineral de mayor calidad (vena y campa¬nil), a mediados de los ochenta, se encontraba casi agotado y apenas suponía el diez por ciento de lo arrancado.<br />
Si el interés de la industria británica por el hierro vizcaíno se debía a su condición de ser un mineral casi puro, no fosfórico, que le hacía imprescindible para la producción de acero en los hornos Bessemer, el futuro no se presentaba muy halagüeño.<br />
Como señalaba el destacado empresario industrial y minero Víctor Chavarri, en una memoria dirigida en 1883 al ministro de Fomento, habría que añadir los peligros que suponían los hornos Thomas, recientemente inventados por la minería y la siderurgia nacional:<br />
Si conseguida la desfosforización en tales condiciones la exportación del mineral decrece como no puede menos de decre¬cer porque ya entonces no conservara el mineral vizcaíno el predominio que hoy tiene sobre los demás, los cuales serán tan aceptables como él para la fabricación de toda clase de acero; ¿cómo mantener la actividad y vida que hoy existen debidos a la gran exportación de mineral?<br />
Paradójicamente, gracias al incremento de pedidos alemanes y franceses, cuyas side-rurgias podían consumir mineral de inferior calidad en sus hornos Thomas y Martín-Siemens, y al mantenimiento de la producción por el sistema Bessemer en Inglaterra, siguieron durante varios años los altos niveles de producción alcanzados e, incluso, se explotaron minerales despreciados hasta entonces (carbonatos), tan abundantes en el coto de El Regato.<br />
En efecto, a los puertos de Rotterdam y Amberes, hacia donde se embarcaban los minerales con destino a las siderurgias ale¬manas y belgas, ya llegaban desde 1882 más de medio millón de toneladas (Echevarria, 1900) La exportación con este destino se duplicaría hasta finales de la centuria, a lo que contribuyó el ahorro de cuatro chelines por tonelada conseguido gracias a las obras en el puerto.<br />
Aunque la siderurgia inglesa atravesara una grave crisis, se abrían nuevos mercados para minerales de inferior calidad. Había llegado, pues, el momento anunciado por el ingeniero Goenaga.<br />
Siendo comerciantes los nuevos dueños, y no siderúrgicos necesitados de materia prima para sus hornos, se desentendieron de reservar los minerales para la casa matriz y de explotar directamente sus cotos. En efecto, una de las características singulares de la Luchana Mining es que, al contrario que otras empresas extranjeras, arrendó frecuentemente parte o la totalidad de sus con¬cesiones a otras sociedades.<br />
Con la exigencia de una producción mínima, un canon por tonelada extraída y su transporte por los trenes de El Regato la compañía británica se garantizaba un aceptable beneficio cercano a las tres pesetas/tonelada, fuera cual fuera la situación del mercado.<br />
Así en 1887 firmaría un contrato con Florentino de Castaños y Compañía, una de cuyas cláusulas obligaba a la sociedad arren¬dataria al arranque de un mínimo anual de 160.000t con un canon de 1,25 pesetas por tonelada extraída.<br />
Desde 1886, Fiorentino Castalios, Andrés Echevarria, José Garay y Fermín Asla estaban en contacto con Luchana Mining para arrendar alguna mina. Al año siguiente constituyeron una compañía colectiva, con un capital social de cien mil pesetas, para explotar veinticuatro minas de la sociedad inglesa, aunque tan solo trabajara en el coto de Arnabal.<br />
Cada uno de los socios participaba a par¬tes iguales; ahora bien, tanto Asla como Garay debían pagar a los otros un real de los beneficios por tonelada obtenidos. Pero este último vendería su participación con la intención de constituir su propia empresa, Garay Hermanos, y explotar las minas de Saratxo (Modesta, Salvadora, Carlota, Anita, etc.) En su lugar, entre, a formar parte del capital J. A. Errazquin (Dinamita de Galdácano) con la condición de que se usa¬ran sus explosivos.<br />
Uno de los más importantes clientes de Florentino Castaños era el comerciante belga Leopoldo Bellefroid, quien entraría a formar parte de la compañía como socio, asumiendo el cargo de director gerente.<br />
Según el Catastro Minero de 1890, la compañía empleaba a 295 trabajadores, pero al año siguiente tuvo que concentrar la producción (Paquita y Julianas) y despe¬dir a 138 jornaleros. Desde enero de 1887 hasta julio de 1892, en que falleció Fiorentino Castaños, había extraído 769.203 t, resultado importante, teniendo en cuenta la general pobreza del coto y la crisis del sector.<br />
Para alcanzar semejante producción se obviaron elementales reglas del arte minero. La explotación fue desordenada, no efec¬tuándose prospecciones de ningún tipo, pareciendo más que minas canteras de rebusca: «En todas ellas ha dominado la idea de obtener momentáneo lucro», según puede leerse en un informe encargado en 1893 al ingeniero Ladislao Perea.<br />
La viuda de Castaños traspasaría el 18,5 por ciento de la compañía, que correspon¬día a sus hijos (menores de edad), a Víctor Chavarri. Con el entraba en la sociedad un experimentado empresario del sector, a pesar de lo cual, en 1896, fuertemente endeudada, se disolvería.<br />
A partir de entonces la empresa británica concentrará su producción en Arnabal, arrendando a otras sociedades solo las minas más lejanas; así hizo con las de San Juan de Somorrostro (con producciones de cierta importancia), con Capela en Triano (vendi¬da en 1913a la Orconera) y con la denomi¬nada Amistad de Zarátamo con reservas insu¬ficientes –los filones apenas tenían 50cm de anchura– para cumplir el mínimo anual fijado. Pero también en la primera década del siglo XX arrendó minas de El Regato y Galdames en las que ni siquiera había reali¬zado prospecciones previas.</p>
<p>El ferrocarril y la minería del valle<br />
El contrato firmado por Florentino de Castaños incluía la reparación a su costa de toda la línea del ferrocarril, obras conclui¬das en enero de 1887, embarcando en el viaje inaugural 802 t en el vapor Bercka. Ese año, apenas arrastró 120.741 t; ahora bien, la rehabilitación de la línea coadyuvó a que otras sociedades la utilizaran.<br />
Hasta entonces la distancia y lo escarpado del terreno dificultaban y encarecían el aca¬rreo, y el transporte se hallaba supeditado a las condiciones climatológicas, por lo que ni siquiera se había intentado la puesta en explotación de numerosas concesiones mineras:<br />
En el trayecto de Retuerto hasta llegar a El Regato se hallan denunciadas muchísimas minas de hierro, de las cuales se hallan en explotación algunas que radican próximas al ferrocarril de la Compañía Luchana Mining&#8230;<br />
De todos modos, aunque fuera temporal¬mente, también se trabajaron minas en la margen derecha del río, alejadas de la línea férrea, como la llamada Santa Vicenta, cuyo arrendatario en 1890, el británico Ridley, lle¬vaba todavía su pequeña producción a los puertos en carros tirados por caballerías.<br />
Entre las primeras compañías que utiliza¬ron los trenes de Luchana Mining encontra¬mos a San Feliciano Iron Ore con concesio¬nes en San Salvador del Valle (Oculta, San Feliciano) y Otto Kreizner para sus minas de Galdames (Buena y Princesa).<br />
Ambas sociedades hicieron pianos incli¬nados y tranvías aéreos que servían de enla¬ce con los depósitos y estaciones en El Regato. La primera de ellas construiría en 1888, con un presupuesto de 4.800libras esterlinas, un tranvía aéreo bicable del sis¬tema ideado por J. P. Roe capaz de trans¬portar 220 t diarias; la segunda solicitaba al ayuntamiento de Barakaldo, en junio del mismo año, unos terrenos «para la prolon¬gación de la vía del piano de los Sres. Florentino de Castaños y Cía». También debió instalar un cable aéreo, pues las arcas locales ingresaban poco después 25 pesetas anuales por el use de terrenos comunales en su tendido.<br />
En las canteras de la explotación, el arras¬tre de minerales y escombros se realizaba con vagonetas, previo desmenuzamiento y carga en cestos por los peones. Las vagone¬tas eran arrastradas por cuadrillas de jorna¬leros y caballerías hasta sencillas vertederas de madera, o bien a pianos inclinados y tran¬vías aéreos, y desde ellos a los depósitos o al tren.<br />
Los depósitos de descarga automática se generalizarían a lo largo de la década de los ochenta. Hasta entonces los vagones se habí¬an cargado con cestos por un número elevado de trabajadores. En la estación de la Diputación, en Ortuella, en estos meneste¬res se empleaban de día y de noche unos 300 jornaleros. Una carga manual que retrasaba el movimiento de tre¬nes y, en consecuencia, encarecía el precio final.<br />
Luchana Mining obligaba a las empresas que utilizaban su ferrocarril a construir depósitos en terrenos señalados por ella. Para evitar litigios sobre la propiedad, el dueño del mineral solía pagar una simbólica renta anual de una peseta. Una vez rescindi¬do el contrato de transporte, las instalacio¬nes pasaban a la compañía británica. Con el tiempo, los contratos suscritos con compañí¬as explotadoras de las minas a orillas del arroyo Cuadro, entre los municipios de Galdames y San Salvador del Valle, contribu¬yeron a su rentabilidad.<br />
Mineral transportado por Luchana Mining</p>
<p>Años    Toneladas    Años    Toneladas<br />
1886/90    1.305.000    1906/10    1.034.000<br />
1891/95    1.646.000    1911/15    876.000<br />
1896/00    1.447.000    1916/20    647.000<br />
1901/05    747.000    1921/30    238.000<br />
Fuente: Escudero. Minería e industrialización.</p>
<p>Mientras que el coste para la compañía suponía alrededor de 0,12 pesetas por tonelada kilométrica, la tarifa exigida a otros mineros multiplicaba esa cantidad, aunque naturalmente variaba en función del lugar donde se encontrara el depósito. No era lo mismo cargar en Manuelas, punto más leja¬no de la línea, que en Gorostiza, oscilando el precio convenido en los contratos entre 3,50 pesetas y 1,30 por tonelada.<br />
De los cerca de ocho millones de tonela¬das transportadas a lo largo de la existencia de Luchana Mining, un porcentaje impor¬tante pertenecía a otras empresas del valle de El Regato, entre las que sobresalen San Feliciano, Felicidad y Lejana, con mínimos anuales que superaban las diez mil tonela¬das, cada una. Pero quizá el contrato más importante fuera el firmado con Tomas Allende para Elvira y Precavida a partir de 1910. En este caso, el precio (2,875 pesetas) era ventajoso para ambas partes. Pero, tras los fuertes incrementos de los costes duran¬te la Primera Guerra Mundial, este conve¬nio, firmado hasta agotar existencias o cie¬rre de Elvira, se convirtió en un quebradero de cabeza para la sociedad inglesa.<br />
Para el arrastre, la empresa británica con¬taba, en principio, con dos locomotoras de gran potencia, a las que paulatinamente se añadieron otras de la casa Sharp &amp; Stewart, bautizadas con los nombres del personal directivo: Alfonso, Pochin, Withworth, Prangley etc. En cada viaje solían enganchar veinte vagones basculantes de cuatro toneladas cada uno, los de menor capacidad de la cuenca minera vizcaína como consecuencia del sistema empleado en el cargadero del muelle.<br />
Si a estas limitaciones le añadimos la jor¬nada laboral de los obreros, las mareas, el tipo de buques, entenderemos por que se embarcaban 400 t diarias –lo mismo estipu¬laba The Bilbao Iron Ore para las compa¬ñías que utilizaban el ferrocarril de Galdames– cuando la capacidad teórica de su cargadero era de L800 toneladas.</p>
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		<title>Minería en el Regato (IV)</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Jan 2012 08:21:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[Relativamente pronto comenzaron a realizarse labores de reconocimiento, estudios y catas para comprobar la bondad de los yacimientos adquiridos. Juliana, Lejana y Mendivil, según los análisis hechos por Bourson en 1878, presentaban importantes masas de rubio; en Plácido y Picwick el rubio aparecía acompañado de vena. En algunos casos se inició la explotación, aunque con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-2441" title="Barrio Minero Arnabal 3" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2012/01/Barrio-Minero-Arnabal-3-300x202.jpg" alt="" width="256" height="172" />Relativamente pronto comenzaron a realizarse labores de reconocimiento, estudios y catas para comprobar la bondad de los yacimientos adquiridos. Juliana, Lejana y Mendivil, según los análisis hechos por Bourson en 1878, presentaban importantes masas de rubio; en Plácido y Picwick el rubio aparecía acompañado de vena. En algunos casos se inició la explotación, aunque con resultados humildes bien sea por la pobreza de los filones o porque resultaba antieconómica su comercialización.<br />
La distancia entre El Regato y el barrio de Retuerto era de 3.715m de estrecho camino que discurría por las riberas del río Castaños al que cruzaba en varios puntos. Y, a pesar del pequeño caudal de los arroyos que vertían sus aguas en el, lo angosto del valle y la pendiente de los montes convertían el riachuelo, en época de lluvias, en peligroso torrente que arrasaba, a menudo, caminos y puentes. En múltiples ocasiones los vecinos solicitaron la mejora de esta intransitable estrada, ya que algunas veces, como sucedería en 1870, se encontraban casi incomunicados.<br />
D. de Azula y el exdirector de Nuestra Señora del Carmen, F. C. Stephens, pretendieron mejorar y ensanchar hasta los cinco metros el firme del camino, y construir pasos y puentes para atravesar el río. La estrechez de la calzada (de tres a cuatro metros), por la que a duras penas podía transitar una carreta de bueyes, y su deficiente estado dificultaban la explotación de las minas de Tellitu.<br />
Pero la simple mejora de la carretera no bastaba. Como advertía un ingeniero de la época, Eugenio Bourson, el coste medio del acarreo suponía aproximadamente 4,30 reales la tonelada-kilométrica. Por lo tanto, los gastos de extracción, la bajada de las menas del monte, su transporte hasta los embarcaderos de Retuerto y llevarlas en gabarras hasta Desierto y posterior embarque, supo¬nía casi el precio a que se vendía el mineral franco a bordo. Y añadía que, si bien en las insignificantes labores practicadas no deja de haber buenas indicaciones de mineral, que algún día es posible que traiga cuenta su explotación.<br />
Pero si las optimistas previsiones de Goenaga llegaran a cumplirse, el sistema tradicional de acarreo por animales de tiro sería totalmente inútil ante la demanda masiva de hematites. Sobre todo porque la ganadería se encontraba muy mermada con respecto al pasado, como consecuencia de la reciente guerra carlista. Cada carro podía cargar entre seiscientos y mil kilogramos por viaje, por lo que el sector de la carretería local no tendría capacidad suficiente para poder llevar a puerto los miles de toneladas que reclamaba el mercado.<br />
Por parecidas razones, y por los abusivas precios del tren de Triano, «tarifa que por su exorbitancia no habrá otra igual en el mundo, tratándose de una materia de tanto peso y poco valor&gt;, aquellas empresas que disponían de capital y sus minas estaban lejos de la estación de Ortuella –los Ybarra (Orconera) y dos compañías extranjeras (Galdames y El Regato) – habían decidido establecer sus propios ferrocarriles que llevarán directamente el mineral de los tajos al barco.</p>
<p>El ferrocarril de El Regato<br />
En diciembre de 1871 el Gobierno había otorgado licencia al ya citado J. B. Davies para construir un ferrocarril hasta El Regato, a la vez que lo declaraba de utilidad pública y otorgaba un terreno de dominio público en la desembocadura del Cadagua para emplazar muelles y cargadero, aguas abajo de la torre de Luchana.<br />
Cuando Davies traspasó sus minas a Luchana Mining Company Limited a cambio de la cuarta parte de los beneficios -posteriormente recibiría una renta vitalicia de mil libras anuales-, lo hizo con la condición de que concluyera el ferrocarril, probablemente, porque solo así podría ponerse en explotación un coto tan alejado.<br />
El trayecto presentado fue protestado por la sociedad Ybarra y Zubiria en noviembre del mismo año porque, al parecer, incluía terrenos destinados a la futura estación del tren a la Orconera que planeaba construir. Pero se otorgó el permiso gubernamental a la nueva línea férrea por la situación del coto de El Regato y minas colindantes al río Cuadro o Loyola, al SO de los ricos yacimientos de Matamoros, con la condición expresa de que no se constituyera monopolio y se respetaran los derechos de terceros:<br />
Siendo evidente la necesidad que existe en las comarcas mineras de esta provincia de establecer vías rápidas de comunicación para exportar los ricos y abundantes minerales de hierro que aquellas encierran, el ferrocarril de que se trata esta lla¬mado a satisfacer en parte esa necesidad.<br />
El proyecto fue obra del ingeniero Agapito Marco Martínez, quien arios después diseñaría el de Franco-Belga. Como había hecho la Diputación, Luchana Mining adoptó el sistema de vagón basculante hacia delante, lo que exigía cierta anchura entre miles, como vimos. En el tren de Triano esta separación era de 1,675m, pero el de El Regato, al discurrir más de la mitad del recorrido a media ladera por zona montañosa, adoptaría, por primera vez en Bizkaia, una vía sencilla y estrecha (1,05m) de carriles de acero de veinte kilogramos por metro –más resistentes y duraderos que los de hierro–, con apartaderos a intervalos, en Luchana, Gorostiza y El Regato.<br />
La ejecución de los 6.752,45m de vía que enlazaban el cargadero de la ría y la estación de El Regato, en la margen izquierda del río Loyola, no tuvo excesivas dificultades, aparte de las reclamaciones presentadas por vecinos quejosos, entre otras cosas, de las obras llevadas a cabo en Luchana, que impedían el antiguo .servicio de lanchas y gaba¬rras que llegaban hasta la carretera por el canal de Vitoricha», y de que las vías cruzaran caminos públicos en Luchana, Retuerto, Bengolea, etc.<br />
Naturalmente, en más de medio siglo de funcionamiento, la línea de &#8220;El Regato&#8221; tuvo que modificarse ligeramente por razones accidentales (desprendimientos) o para mejorar la explotación.<br />
En junio 1872 se encargaba a los contratistas Juan y Benjamin Smith la línea a El Regato, e inmediatamente se iniciaron las expropiaciones de terrenos públicos y privados y la extracción de piedra para las obras en las canteras de Uraga y Tellitu.<br />
Desde el punto de partida el ferrocarril debía superar algunos obstáculos, como la carretera de Burceña a Portugalete, varios caminos vecinales y el camino a Nocedal a la altura de Retuerto, salvados todos ellos con pequeños puentes de escaso presupuesto.<br />
Esta solución se utilizó también para atravesar el río Castaños y la instalación de bombas de Altos Hornos en Bengolea, años más tarde.<br />
Una vez superado este punto, las vías se ceñían a la falda del monte, construyéndose muros de retención con mampostería, de longitud y altura variable, para evitar des-prendimientos en los lugares de Gorostiza, Uraga, Errementeria, a los que habría que añadir otros dos grandes muros una vez sobrepasada la estación y varios canos, tajeas y alcantarillas para dejar paso a caminos de servidumbre, arroyos (Pasajes, Mazerka) y torrenteras.<br />
La pendiente media del ferrocarril era del 1,8 por ciento descendente. El fuerte desnivel entre la estación, que se encontraba a 272m sobre el nivel del mar, y la mina Juliana se salvaría mediante un plano inclinado automotor de 892m de longitud, con una inclinación media del 30 por ciento, en el que una máquina tractora tiraba del cable al que iban unidos las &#8220;mesillas&#8221; sobre las que se cargaban las vagonetas.<br />
A la cabeza y al pie del plano llegaban algunas vías auxiliares de servicio por las que se acercaba el mineral con vagonetas arrastradas por mulas –la empresa disponía de varias cuadras en las minas–, por grupos de cinco o más jornaleros o con alguna de las dos locomotoras portátiles belgas tipo Decauville con que contaba la compañía.<br />
Las obras del ferrocarril avanzaron a buen ritmo, ya que se quería terminarlas antes del 31 de agosto de 1873. En enero de ese año, los Smith se habían ofrecido a completar el trayecto en cuatro meses, llevándolo desde Retuerto hasta Luchana, contratando al efecto más de mil jornaleros. En caso de incumplimiento de los plazos los contratistas debían hacer frente a una penalización de cincuenta libras diarias.<br />
A pesar de algunas complicaciones (la coincidencia temporal con la ejecución del de Orconera, dificultad en determinar la propiedad de varias parcelas a expropiar y el estallido de la guerra con el peligro de reclutamiento forzoso de jornaleros), parece que concluyeron la línea. Según los contratistas, se hizo el viaje inaugural las Navidades de 1873, embarcándose cinco o seis mil toneladas.<br />
Sin embargo, por el dominio de los insurrectos carlistas de Retuerto y de la zona minera, se paralizarían muy pronto las labores extractivas y se destruirla parte de lo realizado en puentes, carriles, cargadero, etc. De poco servía que la guarnición y baterías del fuerte Rontegi, con sus cuatro oficiales y 117 soldados, dominaran el pueblo, pues, se verían impotentes ante las atrevidas incursiones de las partidas guerrilleras, lo que queda de manifiesto en la crónica del Boletín de Guerra de 2 de diciembre de 1875:<br />
Los carlistas estaban parapetados en las inmediaciones del cargadero del Regato, bajo el fuerte de Rontegi, llamando la atención por sus malas artes, pues para hacer sus fechorías se ocultaban siempre, bien en las casas de reconocidos liberales, bien en las de las compañías extranjeras para que unas y otras sean destruidas por nuestras bombas.<br />
Ahora bien, el clima de guerra no impidió en el apoderado de la empresa bri-tánica, Benjamin Whitworth, en el mes de diciembre de 1874 denunciara Placido, Manuela y San Fernando en la cuenca del río Cuadro, bastante alejadas de la estación de El Regato.<br />
Con la construcción de otro piano inclinado de menor ángulo y una longitud de 550m en la mina Paquita se apartaba la línea férrea del barranco del río, por donde difícilmente se podría continuar el recorrido. Desde aquí con una vía de 0,75m de ancho –propiamente no es ferrocarril sino vía auxi¬liar– y 2.476m de longitud se conectaba con &#8220;Manuelas&#8221;, que se encontraban a 450m sobre el nivel del mar.<br />
A este punto final de la línea, por medio de un tranvía aéreo, se llevarían los minerales de Pickwick, ya en el actual termino municipal de Ortuella, desde 1887. Con este sistema, en el que los baldes colgaban o rodaban por un cable o carril de acero sostenido en caballetes de madera creosatada, era posible salvar grandes distancias de complicada y difícil orografía.<br />
Pero una vez acabada guerra, ingenieros, cronistas y viajeros se hicieron eco de la paralización de los trabajos en El Regato. Bourson, Gill, Goenaga, Forrest y Mane y Flaquer, entre otros, culpaban de ello a la pobreza de los filones o a litigios entre los accionistas, suposiciones que, en cierto modo, no dejan de ser correctas.<br />
Desde luego, las previsiones habían sido poco realistas. Al parecer, esperaban transportar 750.000 t anuales, pero con los primeros trabajos se pudo comprobar que las existencias eran mucho menores.<br />
Por otro lado, los importantes stocks acumulados durante la guerra y la simultánea puesta en producción de numerosas minas provocaron un importante descenso de la cotización del mineral; para Luchana Mining era preferible adquirirlo a otras empresas y reservar su coto.<br />
Ni el compromiso de los más importantes propietarios, de no vender por debajo de 34 reales consiguió frenar la continuada caída de precios. La propia AHB incumpliría el acuerdo vendiendo mineral de excelente calidad a menos de 30 reales la tonelada.<br />
Mientras tanto, Luchana Mining intentó la búsqueda de otros filones, registrando nuevas concesiones (Inesperada, Pickwick, Capela, Alerta) y varias ampliaciones de las antiguas o demasías (Plácido, Manuela) entre 1876 y 1879. Incluso, denunció minas de gran superficie alejadas del coto de El Regato, en el lugar de San Juan de Somorrostro, cerca del límite con Cantabria (San Francisco, Santo Tomas), que suelen incluirse dentro del grupo de minas de Ontón.<br />
Es posible que la falta de resultados positivos en el coto de Arnabal estuviera detrás de la negativa del apoderado de Luchana Mining, en 1878, a recibir las obras de ferrocarril aduciendo defectos en el trazado y retrasos en su ejecución, con la consiguiente retención de la línea por parte de los contratistas. Las dos partes decidieron someterse al dictamen de tres árbitros que contaron con el informe técnico del director de Orconera Iron Ore, E. Woods, quien evaluó lo ejecutado en 5.422.197 reales, aproximadamente mismo coste aventurado por Goenaga (1.335.550 pesetas) y algunos autores británicos (Forrest, 60.000 libras), sin incluir el muelle y el cargadero.<br />
Algunas obras, en efecto, estaban sin concluir y otras habían sufrido deterioros por desprendimientos del monte y el abandono de años. La sentencia condenó a los Smith a entregar la línea retenida y a la compañía inglesa al pago de lo adeudado en 1881.<br />
Pero resuelto el pleito, las noticias sobre el ferrocarril siguen siendo casi inexistentes. Sabemos que Altos Hornos de Bilbao encargarla a Luchana Mining parte del relleno de la vega de Erreketa con tres mil toneladas de escombros en 1884, y poco más. Parecía haber renunciado a la explotación del coto de Arnabal.<br />
Por otro lado, desde 1883 dos de los socios se plantean su presencia en la provincia. Jhon Brown, principal accionista también de Bilbao Iron Ore, arrendó a La Vizcaya su coto de Galdames y Hollway Brothers acordó con J. B. Davies comercializar el mineral de los cotos santanderinos de Dícido. Es un año de grave descenso de las exportaciones la crisis de las siderurgias y el progreso de la desfosforización: solo se vendía el mejor mineral y a bajo precio.<br />
La extracción en Bizkaia, en efecto, se contrajo, a pesar del considerable incremento del consumo local que supuso la puesta en producción de Altos Hornos de Bilbao y de San Francisco y La Vizcaya en Sestao.<br />
En esta coyuntura, en junio de 1885, los socios delegaron en Alfonso Echats, director entonces del ferrocarril de El Regato, para que, en nombre de Luchana Mining, traspase a favor de “Stephen Burridge, veci¬no de Sheffield en el condado de York, Inglaterra, fundidor de hierro y Walter Stowe Bright Mc Laren, vecino de Keighley, en el mismo condado de York, hilandero de estambre, ambos casados y mayores de edad, todo el interés que hoy corresponde o en lo sucesivo correspondiere en las veinticuatro minas”. Pero los nuevos socios mantendrían una relación privilegiada con Bolckow Vhaughan, representando sus intereses en la península.</p>
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		<title>ENCARTACIONES DE BIZKAIA: la fragmentación feudal.</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Nov 2011 12:02:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde aproximadamente mediados del siglo XIV dos grandes linajes o clanes se disputaron el poder en la comarca: los Velasco y los Aiala. A ellos se debe, de forma sustancial, el diseño que adquirió el territorio de los autrigones al salir de la Edad Media. En aquella época  las torres guerreras eran el medio habitualmente [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-2404" title="Encartaciones" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2011/11/Encartaciones-300x139.jpg" alt="" width="251" height="116" />Desde aproximadamente mediados del siglo XIV dos grandes linajes o clanes se disputaron el poder en la comarca: los Velasco y los Aiala. A ellos se debe, de forma sustancial, el diseño que adquirió el territorio de los autrigones al salir de la Edad Media.</p>
<p>En aquella época  las torres guerreras eran el medio habitualmente utilizado por los más poderosos para demostrar, de forma harto elocuente, su poder sobre los pueblos o los valles que cayeron bajo su yugo. Este elemento, pues, nos sirve perfectamente para dejar reflejadas las áreas de influencia de unos y otros, exponiendo la cuestión como si se tratase de piezas enfrentadas en un tablero de ajedrez.</p>
<p>En el gráfico hemos representado en color azul las torres propiedad de los Velasco, y en color verde las de sus principales aliados, los Gebara. Ambas familias eran líderes de los gamboínos.</p>
<p>Los principales antagonistas de los anteriores fueron los Aiala, cuyas torres guerreras hemos coloreado en rojo. Los Mendoza, líderes oñacinos, están representados en color naranja, los Manrique en color blanco, los Salazar-Muñatones, en marrón, y los Butrón-Muxika, en violeta.</p>
<p>Evidentemente, en aras a la claridad, no hemos incluido las torres correspondientes a linajes de menor relevancia, que se contarían por decenas entre los aliados de ambos bandos; como es el caso de los Avendaño, Arteaga, etc.</p>
<p>Como se ve en el gráfico, si tendiésemos una línea imaginaria que cortase el territorio autrigón de Norte a Sur, comprobaríamos que una mitad, la del Oeste, coincide casi exactamente con la zona bajo control gamboíno, en tanto que la otra, al Este, se correspondería con la dominada por los oñacinos.</p>
<p>Los Velasco mostraron verdadera obsesión por apartar los territorios bajo su influencia de las jurisdicciones naturales en las que estaban adscritos desde tiempo inmemorial. Las consecuencias no pudieron ser más perjudiciales para el devenir histórico de los mismos pues, esta división señorial de los pueblos, ajena por completo a los intereses de las personas que los conformaban, dio como resultado la actual atomización existente, e impidió el desarrollo de lo que pudo haber sido un ente más complejo y rico, disolviéndolo en comunidades a las que no pertenecían ni por historia ni por voluntad. Alguna de estas comarcas intentaron seguir manteniendo los usos, costumbres y libertades de que gozaban antes de ser sojuzgadas y recurrieron para ello a señalarse como integrantes del Fuero de Bizkaia o, principalmente, el de las Encartaciones -o Abellaneda-.</p>
<p>Aunque no se corresponde con el pueblo autrigón, el mismo discurso puede aplicarse a los feudos de los Gebara, en Gipuzkoa, y de los Manrique, en Araba.</p>
<p>El resto del territorio que historiamos, es decir, el situado al Este, quedó en su mayor parte bajo el dominio de la casa de Aiala (sucesora de la de Salcedo), adscribiéndose al Fuero de Aiala, aunque alguno de sus valles, como Laudio y Orozko, siempre reivindicaron pertenecer al Fuero de Bizkaia.</p>
<p>Si nos guiamos por la situación de las torres de gamboínos y oñacinos podremos comprobar con qué nitidez se perfilaban, ya en la Edad Media, los límites y el contorno de la actual Comunidad Autónoma Vasca.</p>
<p>Superponiendo los gráficos de los artículos anteriores al del presente, queda expresada de forma meridiamente clara, en un solo dibujo, la secuenciación de los acontecimientos, y se demuestra la decisiva influencia que, para la división hoy día existente en estas tierras, tuvieron los intereses particulares de los grandes señores y linajes medievales.</p>
<p>Apoyándonos en lo que venimos narrando, ya podemos aventurarnos a dar una primera aproximación a la pregunta de qué son las Encartaciones de Bizkaia:</p>
<p>Las Encartaciones de Bizkaia es el nombre que se da a uno de los valles o comarcas resultantes de la división de un territorio que, a grandes rasgos, coincide con el que las fuentes clásicas atribuyen a los autrigones, que fue adquiriendo relevancia y protagonismo sobre los demás debido al hecho de situarse aquí el lugar en que se celebraban las Juntas de hijosdalgo, que se regían por el Fuero de Abellaneda. A este Fuero estuvieron adscritas la mayor parte de las comarcas situadas en la mitad Oeste del pueblo autrigón, pero, al salir de la Edad Media, se hallaron sujetas a la casa de Velasco y fueron incluidas en otros fueros, jurisdicciones y territorios. Para todos estos pueblos que habían sido excluidos, Las Encartaciones de Bizkaia, en la medida que lograron mantener sus libertades, se constituyeron en el referente que les podría conducir a recuperar las suyas.</p>
<p>En próximos artículos trataremos de ir concretando más esta definición.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Julen y Goio Bañales</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Don Tello de Trastamara</title>
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		<pubDate>Sat, 24 Sep 2011 07:18:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[Don Tello de Trastámara es el sexto de los diez hijos bastardos que Alfonso de Castilla tuvo con su amante, Leonor de Guzmán. Nació en 1337, y no hay noticias de él hasta 1350, año en el que se le nombra en un documento real con el título de Señor de Aguilar. Ese mismo año [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-2377" title="46031102" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2011/09/46031102-300x222.jpg" alt="" width="300" height="222" />Don Tello de Trastámara es el sexto de los diez hijos bastardos que Alfonso de Castilla tuvo con su amante, Leonor de Guzmán.</p>
<p>Nació en 1337, y no hay noticias de él hasta 1350, año en el que se le nombra en un documento real con el título de Señor de Aguilar. Ese mismo año había muerto Alfonso XI, por lo que Pedro I el Cruel (su único hijo legítimo) ascendió al trono. El apelativo de cruel empezó a ganárselo desde su primer año de reinado. Una de sus primeras acciones que se le recuerda es el encierro de la madre de Don Tello, Doña Leonor de Guzmán. Mientras estuvo en prisión recibió la visita de Juan Núñez de Lara, Señor de Bizkaia. Este trató de mediar en su liberación, entre otras cosas, veía peligrar el matrimonio que había sido acordado entre su hija Juana y uno de los hijos de la reclusa: el infante Don Tello. Sin embargo murió sin conseguirlo y el Señorío pasó a su único hijo varón, el joven Don Nuño.</p>
<p>En 1351 Don Pedro ordenó la ejecución de Doña Leonor de Guzmán.</p>
<p>La jura de Don Nuño Núñez de Lara como Señor de Bizkaia tuvo lugar ese mismo año. El nuevo Señor era un niño menor de cinco años y se encontraba al al cuidado de Juan de Abendaño y su esposa. Cuando éstos se enteraron de que Don Pedro había decidido dar muerte a Don Nuño se lo llevaron a Francia por mar. El rey no pudo darles alcance, sin embargo, sus hermanas Doña Juana (futura esposa de Don Tello) y Doña Isabel no corrieron la misma suerte y fueron apresadas. Pese a que pudo escapar de la muerte a manos de Don Pedro, el joven Don Nuño murió al poco tiempo  y el Señorío fue heredado por Doña Juana Núñez de Lara.</p>
<p>En 1352 Don Tello se encontraba en Aranda de Duero. Al enterarse de que el rey va en su busca decide huir a Monte Agudo, una villa cercana a Aragón (reino con el que Castilla estaba en guerra). De Monte Agudo va a Aragón y se pone en contacto con Pedro IV el Ceremonioso, rey de Aragón y al poco tiempo se establece una tregua entre Castilla y Aragón.</p>
<p>La relación entre Don Tello y Don Pedro I parece mejorar al invitarle éste a su boda con Doña Blanca de Borbón el 3 de junio de 1353. Ese mismo año, en Segovia, Don Tello contrae matrimonio con Juana Núñez de Lara, adquiriendo el título de Señor de Bizkaia.</p>
<p>En su primer año de Señorío (1353) contribuyen a la pacificación del mismo estableciendo treguas entre la villa de Bilbao y Juan de Abendaño.</p>
<p>En 1354 el infante Don Juan de Aragón, hijo de Pedro IV el Ceremonioso, se casa con Doña Isabel Núñez de Lara, hermana de Doña Juana y cuñada de Don Tello. Esta boda fue concertada por  Pedro I el Cruel. Don Pedro I, quien hizo concebir al novio esperanzas de que obtendría el título de Señor de Bizkaia. De esta forma no resulta extraño que el entonces Señor de Bizkaia partiera con algunos de sus hermanos hacia Toro para cercar a su hermanastro. La huida del rey a Segovia evita que el plan de los Trastámara llegue a su fin, por lo que Don Tello regresa a Bizkaia en compañía de Juan de Abendaño.</p>
<p>En 1355 Don Juan de Aragón, esperando convertirse en Señor de Bizkaia, empieza a atacar a Don Tello. Así  envía distintas compañías que intentan entrar en el Señorío, pero en todos los casos los vizcaínos hacen replegarse al ejército enemigo.</p>
<p>En otro orden de cosas, el 6 de mayo de 1355tiene lugar la primera fundación de una villa por parte de Don Tello: Villaviciosa de Marquina. La razón que se aduce para su creación es la defensa ante los ataques de la gente de Guipúzcoa.</p>
<p>El 27 de junio, hallándose en Bilbao Don Tello y Doña Juana otorgan la carta fundacional a la villa de Elorrio. La razón es la misma que en el caso de Marquina, para defenderse del ataque de los guipuzcoanos, y al igual que a los de Marquina les habilitan a levantar una muralla, pero en este caso aparece también un interés comercial porque les conceden la celebración de un mercado semanal.</p>
<p>Las relaciones entre Don Pedro I y Don Tello seguían siendo malas. Don Tello, queriendo contar con el apoyo del rey, hace que Juan de Abendaño medie en la normalización de la situación. El resultado es un documento según el cual los vizcaínos se comprometen a tomar a Don Pedro por Señor, en detrimento de Don Tello y Doña Juana, si éstos cometen un acto de deservicio contra el rey. En el texto no se especifica en qué consiste dicho deservicio, lo que, con el tiempo, llegaría a ser fuente de nuevos conflictos. De cualquier forma es Juan de Abendaño la persona en quien confía Don Tello, así resulta extraño lo acontecido el 26 de julio en Bilbao. Ese día Juan de Abendaño propuso a Don Tello una curiosa prueba: saltar a caballo una fila de jabalís. El Señor de Bizkaia lo intentó sin éxito ya que los jabalís se espantaban, sin embargo, Juan de Abendaño no tuvo mayor problema para lograrlo. Tras este hecho, que tuvo lugar en la plaza del mercado, algunos nobles hicieron una comida. En ella, bien por la arrogancia de Juan de Abendaño, bien porque algunos comensales hicieron ver a Don Tello que la prueba había sido una afrenta que podría traerle problemas, el Señor de Bizkaia acabó con la vida de Juan de Abendaño arrojándolo por la ventana.</p>
<p>En 1357 se demuestra que la labor conciliadora de Abendaño dio sus frutos pues Don Tello arma un ejército de vizcaínos y acompaña a Don Pedro a luchar contra los aragoneses. En plena batalla decide retirarse y volver a Bizkaia.</p>
<p>El 30 de enero de ese mismo año funda junto a su esposa el convento de Franciscanos de Bermeo. Para ello ceden a la orden el Monasterio de Santa María de Alboniga, que en aquel tiempo se encontraba fuera de la villa.</p>
<p>Pronto las relaciones con el rey se vuelven a deteriorar, así en 1358 Don Pedro I decide arremeter contra su hermanastro, y para ello cuenta con Don Juan de Aragón, cuñado de los Señores de Bizkaia, y quien aún aspira a ostentar el cargo de Señor. De esta manera parten en busca de Don Tello, que se encuentra junto con su esposa en Aguilar del Campo. La fortuna quiere que a la llegada del rey y de su cuñado Don Tello se encuentre de caza y, lejos del alcance de sus perseguidores, pueda escapar a Bizkaia. Doña Juana no corre la misma suerte y es apresada por sus cuñados. La huida de Don Tello culmina el 7 de junio en Bermeo, con su hermanastro y su cuñado a punto de apresarle. Pero una vez más el Señor de Bizkaia se alía con la fortuna y embarca hacia Baiona mientras que sus perseguidores también consiguen hacerse a la mar pero se ven obligados a interrumpir el viaje por una tormenta y desembarcan en Lekeitio.</p>
<p>Con Don Tello fuera de Bizkaia Don Juan reclama el Señorío en virtud de su matrimonio con Doña Isabel Núñez de Lara. Don Pedro le acompaña a la Junta de Gernika, pero la resolución de la misma no favorece los intereses de Don Juan y el rey lo emplaza a una nueva vista en Bilbao. Una vez allí ordena su muerte y la reclusión de su esposa, Doña Isabel.</p>
<p>Es de suponer que la huida de Don Tello se entienda como acto de deservicio contra el rey, y que Don Pedro se hiciera cargo del Señorío, pero no hay documentación sobre el tema.</p>
<p>En 1359 la crueldad de Don Pedro se ceba en la figura de Doña Juana, a quien ordena matar. A esta muerte se une, dos años después, la de su hermana Doña Isabel, terminando así con la línea sucesoria de Juan Núñez de Lara.</p>
<p>En 1360 Don Tello se sitúa, con sus hermanos, en la órbita aragonesa. En 1361 los nobles castellanos al servicio del rey aragonés son expulsados a Francia.</p>
<p>En 1363 lo encontramos de nuevo junto a Pedro IV el Ceremonioso combatiendo a Pedro I el Cruel.</p>
<p>Don Tello vuelve a cobrar protagonismo en las luchas de su hermano Enrique II para ascender al trono castellano. Marzo de 1366 se revela como un mes clave en estos enfrentamientos. Enrique II de Trastámara entra en Castilla y el día 17 es coronado en el monasterio burgalés de Huelgas. En el acto de coronación es el propio Don Tello quien porta el estandarte real.</p>
<p>Según la Crónica Don Enrique creó para su hermano Don Tello el título de Conde de Bizkaia.</p>
<p>En 1361 todos los hijos de Juan Núñez de Lara habían muerto, por lo que la línea de sucesión del Señorío debía continuar por una vía colateral. Esa vía llegaba a Enrique II a través de su esposa, por lo que pudo renunciar a su cargo de Señor a favor de su hermano Tello. De esta manera, Don Tello recuperó todos los privilegios que había tenido desde 1353 hasta 1358 a excepción del título nobiliario de Señor de Bizkaia.</p>
<p>En abril de 1366 nos encontramos a Don Tello, Conde de Bizkaia, haciendo uso de su cargo. El día 14 confirma en Bilbao el privilegio de la ciudad de Orduña. Ese mismo día firma un documento por el que la anteiglesia de San Vicente de Baracaldo pasa a ser tierra de Bizkaia. Cuatro días después confirma la carta puebla de Plentzia y el día 23 la tregua entre la villa de Bilbao y Don Diego Sánchez de Basurto.</p>
<p>El 28 de abril, en Orduña, funda la villa de Gernika.</p>
<p>La última fundación del Conde de Bizkaia tiene lugar el 4 de octubre. En Miranda de Ebro, sin ánimo de volver al Señorío, firma los privilegios de la villa de Gerrikaitz.</p>
<p>A partir de 1366 la vida de Don Tello girará en torno a la corona castellana. La sluchas entre Don Pedro y Don Enrique se recrudecen cuando el primero hace llamar al Príncipe de Gales. El 3 de abril de 1367 Don Enrique es derrotado en la batalla de Nájera. Al parecer, Don Tello tuvo alguna responsabilidad al no hacer avanzar sus filas en el momento debido.</p>
<p>En agosto Don Enrique ya se había aliado al ejército francés. En esta ocasión Don Tello se negó a ayudar a su hermano.</p>
<p>El 25 de abril de 1367 amplía los límites jurisdiccionales de Bermeo y el 7 de julio de 1368 tiene lugar la última acción de Don Tello como Conde de Bizkaia: desde Miranda de Ebro, el 7 de julio, ordena fundar en Lekeitio el convento de las Dominicas.</p>
<p>La muerte de Don Pedro tiene lugar el 23 de marzo de 1369. Según la Crónica se produce a manos de su hermano Enrique. En septiembre se llevan a cabo las cortes en Toro con Don Enrique como rey de Castilla; a ellas acude Don Tello.</p>
<p>El último año de vida de Don Tello está marcado por la guerra con Portugal. Don Tello ostentaba el cargo de Capitán General de la frontera portuguesa. Pese a su alto rango militar, no murió en ninguna batalla, sino de enfermedad en Medellín (provincia de Badajoz) en el desempeño de su cargo el 13 de octubre de 1370 y fue enterrado en Palencia en el monasterio de los Franciscanos. Al no dejar descendencia legítima el título de Conde de Bizkaia desapareció con él. El cargo de Señor de Bizkaia fue retomado por el infante Don Juan, hijo del rey Enrique II.</p>
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		<title>Apuntes para la historia de la Siderurgia en Barakaldo</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Sep 2011 16:49:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[ Siglo II (antes de J.C.) Se dice que el naturalista Plinio (llamado el Viejo, falleció en la erupción del Volcán Vesubio, en el año 79 antes de J.C.) consideró las minas de hierro de Vizcaya, como las más ricas del mundo. Esta afirmación se recoge en la “Historia Natural en 37 libros”, especie de enciclopedia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-full wp-image-2355" title="Cadena de Baldes 6" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2011/09/Cadena-de-Baldes-6.jpg" alt="" width="250" height="250" /> Siglo II (antes de J.C.)</p>
<p>Se dice que el naturalista Plinio (llamado el Viejo, falleció en la erupción del Volcán Vesubio, en el año 79 antes de J.C.) consideró las minas de hierro de Vizcaya, como las más ricas del mundo. Esta afirmación se recoge en la “Historia Natural en 37 libros”, especie de enciclopedia de las ciencias.</p>
<p>Siglo XV</p>
<p>La existencia en el País Vasco de gran cantidad de hierro y la necesidad de construir armas y herramientas, indujeron desde tiempos muy remotos a los naturales de nuestra Provincia de Vizcaya a fundir y labrar las venas de mineral, que previamente conducían en bestias y narrias hasta las ferrerías situadas en lugares montuosos, donde había carbón, y junto a pequeños arroyos.</p>
<p>D. Pedro Bernardo Villarreal, de Berriz, Caballero de la Orden de Santiago, en su obra “Máquinas hidráulicas de Molinos y Herrerías, dedicado a los amigos Caballeros y Propietarios del Muy Noble y Muy Leal Señoría de Vizcaya y Muy Noble y Muy Leal Provincia de Guipuzcoa”, dice: “en lo antiguo es muy cierto que se fabricaba el hierro a brazos moviendo los fuelles los hombres y batiendo los martillos las fundiciones y ponían sus fábricas en montañas”.</p>
<p>Posteriormente se fueron situando las ferrerías en las proximidades de los arroyos, según refiere el Padre Henao, en su obra “Antigüedades de Cantabria”, donde apunta que el primero que dispuso y fabricó herrería en el río, con máquina hidráulica fue uno de apellido Olea</p>
<p>Por otra parte, el historiador Labayru (en su obra Historia General de Vizcaya) afirma que encontró en el Archivo de Protocolos de Valmaseda algunos documentos de interés sobre la historia de la fabricación del hierro en Vizcaya, y especialmente para determinar con exactitud quién fue el primero y el lugar en donde comenzó a labrar el hierro y cobre con el procedimiento de los martillos de agua y martinetes, resultando que la Noble Villa de Valmaseda y uno de sus hijos, D. Marcos de Zumalabe, tiene la gloria de ser los primeros que usaron este procedimiento industrial, desconocido en el resto de España.</p>
<p>En el término municipal de Barakaldo están registradas varias ferrerías, siendo su principal asentamiento en la cuenca del Río Castaños</p>
<p>En este siglo, el Gremio de Espaderos vizcaínos era muy importante y las fraguas y fundiciones mayores de Bilbao se hallaban en el arrabal de Ascao</p>
<p>Lo anterior se confirma con lo que Fray Francisco de Zumárraga, primer Obispo y Arzobispo de Méjico, escribió en 1541 a su sobrino D. Sancho García de Zumárraga, residente en el citado pueblo, pidiendo que le enviase ”doscientas ballestas y algunos arcabuces y hierro de herrajes y azadones y hachas y cerraduras y clavazón grande de puertas que ahí se hacen”.</p>
<p>La disponibilidad de mineral de hierro en Vizcaya estimuló a los naturales del país a construir ferrerías y fraguas, siendo un título de honor para los mayorazgos, al mismo tiempo que negocio lucrativo, ser considerados ferrones.</p>
<p>Merece hacer una breve referencia al Fuero de Vizcaya, por su gran aportación proteccionista, en relación con la explotación de las minas. En este sentido, un reflejo claro de la importancia que se dio en Vizcaya a la existencia de las minas de hierro, queda patente en lo que, con marcado sentido proteccionista, se legisla en el propio Fuero de Vizcaya, que en la Ley XVII, prohibía la exportación del hierro fuera de Vizcaya, en los siguientes términos:  “Otrosi dijeron que había Fuero, franqueza y libertad e establecieron por Ley que ningún natural ni extraño así del dicho Señorío de Vizcaya como todo el Reyno de España ni de fuera de ellos no pueden sacar fuera de este dicho Señorío para Reynos extraños vena ni otro metal alguno para labrar Fierro o acero; so pena que la personas que la sacase pierda la mitad de sus bienes o sea desterrado permanentemente de estos Reynos&#8230; “</p>
<p>En la Ley XIX del Título XXXIV, el Fuero de Vizcaya declara que: “&#8230; por cuanto haber ferrerías en Vizcaya, redunda a su alteza gran servicio y a la tierra gran utilidad y provecho é a la causa conviene que dean detenidos (&#8230;) ordenaban y ordenaron que cualquiera que quebrantase ferrería o Molienda o calzadas o rompiere o foradase Barquines a sabiendas por su propia autoridad muera por ello y pague el daño doblado al dueño”.</p>
<p>La confirmación de los 42 capítulos de las Ordenanzas contenidas en el Fuero de Vizcaya para el régimen y subsistencia de las ferrerías de este Señorío, fueron establecidas en Junta General de Guernica, celebrada el año 1440, siendo posteriormente efectuadas por los reyes Católicos en Valladolid el 5 de marzo de 1483, y el Emperador Carlos V y su esposa Dña. Juana, en Palencia el 18 de marzo de 1522.</p>
<p>A lo largo de todo este siglo y el siguiente son innumerables los pleitos y reclamaciones que se desarrollan por el incumplimiento de las Leyes y Ordenanzas sobre las propiedades, derechos y usos de los minerales de hierro, el funcionamiento de las ferrerías y comercialización de sus productos.</p>
<p>Siglo XVI</p>
<p>Las ferrerías bascongadas estaban compuestas de tres elementos: hogar, aparato soplante y martinete. El primero de ellos se alimentaba, invariablemente, de carbón vegetal y de menas o minerales óxidos férricos, anhidros y hematites pardos no muy compactos, aunque también se empleaban a veces las menas hidratadas algo porosas.</p>
<p>En lo que fuera término municipal de Barakaldo se puede citar la de Iráuregui, posteriormente fábrica de hilados y la de Aldanondo en Alonsótegui, que en 1878 aportó su propietario, D. José Barra, a los Señores Quintana, Arisqueta y Hoffmayer, que con otros socios constituyeron la Sociedad denominada “Nuestra Señora de Guadalupe”, con capital de dos millones y medio de reales de vellón. Esta Sociedad cesó en su actividad industrial el 21 de mayo de 1894, siendo vendidas sus instalaciones a la Sociedad Anónima “Alambres del Cadagua”.</p>
<p>En Vizcaya, el número de obreros de cada ferrería era de cuatro, y se les conocía con el nombre profesional de ferrones, los cuales usaban para el trabajo una especia de camisones llamados obreras.</p>
<p>En 1510 se constituyó en Amorebieta una ferrería por los Condes de Cancelada, cerca de la Iglesia parroquial de Santa María, con un salto de agua de 17 pies.</p>
<p>La Real Cédula de Diligencias de 17 de mayo de 1533 buscaba para Castilla el hierro y el acero de Vizcaya a cambio de mantenimientos tales como carnes, trigo y principalmente lana, cuyo tráfico era muy considerable, introduciéndose en la Meseta, en compensación de aquellos mantenimientos, 28.000 quintales de hierro y 6.000 de acero.</p>
<p>Este intercambio se hacía por caminos carretiles y calzadas primitivas, con las dificultades y riesgos consiguientes, hasta que en el siglo XVIII comenzaron a construirse carreteras.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siglo XVII</p>
<p>La historia de la fabricación del hierro se divide, según los tratadistas, en cuatro épocas principales:</p>
<p>1ª.- Desde los tiempos más remotos, de los que apenas se tiene noticia, hasta el siglo XVII</p>
<p>2ª.- Desde mediados del siglo XVII hasta 1814</p>
<p>3ª.- Desde 1814 hasta 1860</p>
<p>4ª.- Desde 1860 hasta nuestros días.</p>
<p>20-10-1687 La Junta del Señorío decretó una investigación de las ferrerías existentes entonces, de la que resultó que se hallaban funcionando 147 y cerradas 128.</p>
<p>22-04-1719 Se fundó, por Real Provisión del Rey Felipe V, el Convento de Carmelitas Descalzos, conocido como “El Desierto”, en terrenos del Concejo de Sestao, justo en la desembocadura del río Galindo, para que los religiosos pudieran hacer vida de ermitaños.</p>
<p>La petición del permiso para la construcción del convento fue hecha por Fray Bernardo de San José, Carmelita descalzo, para los Carmelitas de dicha Orden de la Provincia Eclesiástica de Burgos y Navarra.</p>
<p>Pasados los años sobre terrenos del antiguo convento se construyeron una parte importante de las instalaciones siderúrgicas que de las empresas que se instalaron en los términos municipales de Sestao y Barakaldo.</p>
<p>1740: Guillermo Bowles, que nació en un pueblo cercano a Cork, en Irlanda, se trasladó a París en 1740, para dedicarse al estudio de la Historia Natural, Química, Metalurgia y Anatomía. Posteriormente vino a España dedicándose a visitar minas y dirigir un Gabinete de Historia Natural. Bowles visitó en cuatro ocasiones Bilbao, haciendo, en su obra escrita, un encendido elogio a la provincia de Vizcaya, al mismo tiempo que trata con todo detenimiento “de la mina de hierro de Somorrostro y de otras de Vizcaya”, describiendo al detalle las calidades del mineral de aquellas, a la que califica de “mina tan célebre” y diciendo que todo el mundo “sabe que no hay en Europa mena tan fácil de fundir ni que dé hierro tan suave como ésta de Somorrostro; y siempre ha sido así desde el tiempo de los romanos, que ya sabemos la beneficiaban”</p>
<p>Bowles, en su informe añade: “Es gran fortuna para Vizcaya tener estas minas de hierro, porque su comercio hace entrar todos los años en el país millones de reales que circulan y se subdividen infinito; lo cual es un excelente medio de mantener la población”.</p>
<p>1761: En 1761 se obtiene el Real Despacho para la construcción en Vizcaya de la que habría de unir Bilbao con Burgos y la Rioja, rompiendo la peña de Orduña y llegando hasta Pancorbo por una vía de catorce leguas de longitud y treinta pies de anchura, facilitando así el transporte de mercancías entre Vizcaya y la Meseta, entre ellas el hierro y el acero.</p>
<p>29-09-1783: En el “Resumen de las actas de la Real Sociedad Vascongada de los Amigos del País, en sus Juntas Generales celebradas en la ciudad de Vitoria el día 29 de septiembre de 1783”, se deja constancia de que “los amigos nombrados por los juntillas de las Comisiones, informaron de la juiciosas reflexiones que se hacían en un papel intitulado Observaciones sobre las minas de Somorrostro, por D. Fausto Lhuyart, Catedrático de Mineralogía y Metalurgia, en virtud del Decreto y comisión dada por la Sociedad en Juntas Generales del año anterior” y, en efecto, el día 30 de septiembre en la reunión de la Comisión se leyó el informe del Sr. Lhuyart en el que se dejaba constancia de que “proveen a las ferrerías del país vascongado la mayor parte del mineral de hierro que en ellas se beneficia, cuyas minas están situadas a tres leguas de Bilbao hacia el Oeste y a media legua al Sudeste de la Villa de Somorrostro en las Encartaciones del Señoría de Vizcaya”, añadiendo además algunos defectos detectados y ciertos consejos para explotarlas y administrarlas, llegando a afirmar “lo que resultaría (refiriéndose a la explotación de estas minas) mil ventajas sobre todo el país que posee tan envidiable fondo de riqueza”.</p>
<p>1787: El historiador Iturriza, en su “Historia General de Vizcaya”, publicada en 1787, en su Capítulo II, afirma que ” las minas más importantes radicaban en la elevada comarca de Triano y Somorrostro, y no solamente abastecían las ferrerías de la cuatro provincias vascongadas, sino que, en extraordinaria e importantísima cantidad se exportaban sus minerales a las fábricas de Inglaterra, Estados Unidos y del mundo entero”.</p>
<p>1795: Cuenta D. José María de Areilza, en su trabajo “Economía Vizcaína del siglo XVIII”, que en 1795, según una relación sobre la economía vizcaína entregada a D. José Francisco de Zamora, del Consejo Real, “las gentes del campo, además de los trabajos propios del mismo, se ocupaban a finales del siglo XVIII en labrar, coger y acarrear de seiscientas a setecientas mil cargas de carbón, que los montes de la provincia producían, de leña de roble, castaño, encina, borto y haya con lo que se mantenían las 140 ferrerías que tenía el Señorío En este mismo informe o memorial se expone que “una de las industrias con que el vizcaíno saca su pan es la vena de hierro de los montes de Somorrostro pertenecientes a los cuatro Concejos. Su casa y acarreo, que se hace en los veranos, ocupa a mucha gente. El primer acarreo lo hacen hasta las riberas de la Anteiglesia de Barakaldo y desde allí a la Villa de Bilbao (&#8230;) Lo que se embarca lo llevan en gabarras hasta San Nicolás, frente al convento de los Padres Carmelitas en el Desierto, donde van los barcos de los diferentes puertos de Vizcaya, y con particularidad los plencianos, a cargarlos, para después transportar la carga a la provincia de Guipúzcoa; a los mismos puertos de Vizcaya; a los de las montañas de Santander; a las Cuatro Villas de San Vicente de la Barquera y a los de Asturias&#8230;”</p>
<p>Siglo XIX</p>
<p>En los comienzos del siglo XIX existían en Vizcaya, según varios autores que se ocupan de la materia, 63 localidades en las que había edificios fabriles, fraguas y otros artefactos de ese género.</p>
<p>1827: Se constituye la Sociedad “Ibarra, Mier y Compañía, ante el notario Sr. Barandica, con un término de duración de seis años, y forman parte principal de ella los señores D. José Antonio de la Mier; D. Nicolás María de Llano; D. José de Echévarri y D. José Antonio de Ibarra. Esta Sociedad sufrió varias prórrogas en su duración y algunas transformaciones, como por ejemplo su re-constitución en 1846.</p>
<p>Esta nueva Sociedad se dedicó, entre otros negocios, a la explotación de las minas de Somorrostro.</p>
<p>1832: Entra en funcionamiento en la fábrica de Heredia, en Málaga, el que es considerado el primer Horno Alto de España.</p>
<p>1833: Comienza a producir la fábrica “Nuestra Señora de las Mercedes”, en Guriezo, propiedad de Dña. Mercedes de Trebuesto, heredera del condado de Trebuesto, casada con D. Lorenzo Serrano, nacido en México. La nueva fábrica disponía de un horno alto al carbón vegetal para la obtención del arrabio, de un horno de reverbero para refundir éste y obtener piezas de hierro colado, de dos forjas de afino, para convertir el arrabio en hierro dulce, y de un tren de laminación, con su correspondiente horno de recalentar.</p>
<p>Esta fábrica, situada en Guriezo, en la provincia de Santander, partido judicial de Castro Urdiales, disponía de terrenos junto al río Agüeza, afluente del Oriñón, por el que podían transitar los barcos costeros.</p>
<p>Durante la primera Guerra Carlista la fábrica cayó en poder de los ejércitos de D. Carlos, que la utilizaron para fabricar morteros y cañones. Finalizada la guerra, la fábrica fue arrendada a una Sociedad francesa denominada Dupont, Alem y Dubourg, que la reconstruyó, trabajando en ella hasta 1846.</p>
<p>1841: El Conde de Santa Coloma, tras la adquisición de una ferrería, dotada de martinete y carbonera, que, con el horno y dos molinos procedentes de un mayorazgo fundado en 1469 por D. Tristán de Leguizamón y su mujer Dña. María Gómez de Zurbarán, constituye la Sociedad “Santa Ana de Bolueta”. Su primer Horno Alto entró en funcionamiento el 14 de junio de 1848.</p>
<p>1846: El Conde de Miravalle, propietario de la fábrica de Guriezo vende la propiedad a la Sociedad “Ibarra, Mier y Compañía” (fundada el 22 de noviembre de 1827, ante el notario Sr. Barandica, por D. José Antonio de la Mier, D. Nicolás María de Llano, D. José de Echévarri y D. José Antonio de Ybarra y de los Santos), que constituye, para su explotación, una nueva empresa denominada “Fábrica de Hierro de Nuestra Señora de la Merced” constituida por los señores Ibarra, Mier y Compañía, D. Mariano y D. José Vilallonga, D. Carlos Dupont y D. Andrés Gutiérrez de Caviedes.</p>
<p>1848: La Diputación de Vizcaya, atenta a la riqueza del país, encargó un estudio al Ingeniero del Real Cuerpo de Minas de Bélgica, D. Carlos Collette, que se publicó con el título de Reconocimiento Geológico del señorío de Vizcaya, hecho de orden de su Diputación General”, en cuya página 54 se dice, bajo el epígrafe de Minas de Somorrostro, lo siguiente: “Las ricas y abundantes minas de Somorrostro se están explotando desde los tiempos remotos. Plinio habla de ellas y del monte Triano; y a la verdad nada tiene de extraño que fueran conocidas en los siglos antiguos, puesto que el mineral se presenta en masas enormes, formando, por decirlo así, montes enteros de dicha sustancia. El mineral es un peróxido de hierro extremadamente rico”.</p>
<p><a href="http://www.ezagutubarakaldo.barakaldo.org/cihma/File/Apuntes%20para%20la%20Historia%20-%20_E_%20Apuntes.pdf">http://www.ezagutubarakaldo.barakaldo.org/cihma/File/Apuntes%20para%20la%20Historia%20-%20_E_%20Apuntes.pdf</a></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>La ferrería de URDANDEGIETA, en BARAKALDO y GALDAMES</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Aug 2011 10:12:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Patrimonio]]></category>

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		<description><![CDATA[La primera cita histórica a la ferrería de Urdandeguieta se debe a Lope García de Salazar, en las páginas de “Las Bienandanzas e Fortunas”. En el libro XXI de esta obra el cronista hizo una relación de todas sus propiedades, tanto de aquellas que le correspondieron como heredero del solar de Muñatones como de las [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-2314" title="Utrdandeguieta 3" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2011/08/Utrdandeguieta-3-300x204.jpg" alt="" width="259" height="176" />La primera cita histórica a la ferrería de Urdandeguieta se debe a Lope García de Salazar, en las páginas de “Las Bienandanzas e Fortunas”. En el libro XXI de esta obra el cronista hizo una relación de todas sus propiedades, tanto de aquellas que le correspondieron como heredero del solar de Muñatones como de las compradas por él mismo. Entre estas últimas se cita a la ferrería que él llamaba de <em>Urdudogieta</em><a href="http://somo.blogcindario.com/#_ftn1">[1]</a>. Esta cita nos ofrece la primera referencia temporal de la ferrería, pues, teniendo en cuenta los años en que vivió el autor, podría considerarse que su antigüedad se remontaría, cuando menos, a mediados del siglo XV.</p>
<p>Cuando falleció Lope García de Salazar todas sus propiedades se dividieron entre sus hijos, dando lugar a dos casas o linajes que tomaron el nombre de “Salazar-Muñatones”. Una era la casa de <em>Salazar-Muñatones de Portugalete</em> y otra la de <em>Salazar-Muñatones de San Martín de Somorrostro</em>. La primera de ellas es considerada la legítima, pues estaba representada por el primogénito del cronista, llamado Lope de Salazar, y después por los sucesores de este. La segunda era la casa representada por uno de los hijos menores, llamado Juan de Salazar, al que apodaban el Moro. Ambas casas, la de Portugalete y la de San Martín, se repartieron la mayor parte de las propiedades del solar pero, curiosamente, la ferrería de Urdandegieta quedó fuera de aquel reparto, ya que fue a parar a poder de un tercer hijo de Lope García de Salazar, llamado Pedro de Salazar, quien se había avecindado en Portugalete. Por este motivo no volvemos a encontrar ninguna referencia a la ferrería en ninguno de los numerosos documentos que en siglos posteriores generaron aquellas dos casas salazariegas, salvo en una cita -que recoge Sabino Aguirre Gandarias- extraída de las declaraciones de varios testigos que intervinieron en el pleito mantenido por los sucesores de Lope García de Salazar para repartir la herencia.</p>
<p>Dichos testigos apreciaron el valor de las ferrerías que habían sido propiedad de los Muñatones, cuantificando las rentas anuales de cada una de ellas en función de su producción en quintales de hierro. Su valor se cifraba de la siguiente manera<a href="http://somo.blogcindario.com/#_ftn2">[2]</a> :</p>
<p align="center">Ferrería del Arenao: 23.800 maravedís de renta anual.</p>
<p align="center">Ferrería de Los Vados: 30.000 o 34.000 maravedís de renta anual.</p>
<p align="center">Ferrería de Atxuriaga: 20.400 maravedís de renta anual.</p>
<p align="center">Ferrería de Urdaindokieta<a href="http://somo.blogcindario.com/#_ftn3">[3]</a>: 20.000 maravedís de renta anual.</p>
<p>Como vemos, de las cuatro ferrerías era la de Urdandegieta la de menor producción en aquel tiempo.</p>
<p>Aparte de la valoración de la ferrería la cita que recoge Sabino Aguirre aporta otro dato importante y es que los testigos situaban a la ferrería en tierra de Barakaldo.</p>
<p>Pedro de Salazar dejó la ferrería de Urdandegieta para su hijo Pedro González de Salazar, quien se estableció en Galindo, en tierras del Valle de Trapaga, donde construyó los palacios y molinos de Galindo y la capilla y ermita de La Piedad. El testamento de este último, otorgado en 29 de enero de 1543, contenía todas sus propiedades, las cuales dejaba a su primogénito Lope García de Salazar de Galindo. Precisamente, en la redacción de este documento encontramos la siguiente referencia cronológica a la ferrería de Urdandegieta, acompañada, además, de una descripción del resto de edificios y heredades anexas a ella: <em>la Herrería de Hurdandeguerta con la aceña e Huerta e horno e casa e castañales que en el dicho lugar tenemos e Con los Montes de frados e solares Y montes y heredades de bruçaco bordaybay con todas pertenenzias&#8230;</em><a href="http://somo.blogcindario.com/#_ftn4"><em>[4]</em></a><em>. </em>Es decir, de la primitiva ferrería se ha pasado a un pequeño complejo compuesto por la propia ferrería, una aceña (o molino) y un horno, además de la casa, huerta y castañales <a href="http://somo.blogcindario.com/#_ftn5">[5]</a>. Para el servicio de la ferrería y proveerla de carbón de madera vemos que tenía agregados los recursos de los cercanos montes de Frados, Burzaco y Bordaibai.</p>
<p>La siguiente referencia la encontramos en el año 1541, cuando Lope García de Salazar de Galindo compró los montes de La Barrieta (Las Barrietas, Olabarrieta) para adscribirlos a la ferrería. De esta forma los montes bortales y madereros se incrementaban de forma impresionante porque la nueva incorporación sumaba a los anteriormente citados la mayor parte de los montes con los que el Valle de Trapaga linda con el municipio de Galdames: La Górriga, Las Barrietas, Casanueva y Mendívil (lugares que entonces se citaban con los nombres más apropiados de Elorriaga, Olabarrieta, Casanueva y Mendivil).</p>
<p>Como vemos, el entorno que rodeaba a la ferrería y los montes que tenía adjudicados nos dan una idea aproximada de su situación pero su localización exacta se hacía difícil por la sencilla razón de que el lugar llamado Urdandegieta no figuraba en ningún plano de Barakaldo <a href="http://somo.blogcindario.com/#_ftn6">[6]</a>, y, porque, aunque los restos de la ferrería eran conocidos en el lugar que llaman <em>Las Mazuqueras</em>, no se hallaban asociados a la histórica ferrería. Un dato importante para determinar que la ferrería de Urdandegieta y Las Mazuqueras eran un mismo lugar nos lo proporcionaba el testamento de Pedro de Salazar Galindo, sucesor en el mayorazgo de Salazar-Galindo de los personajes anteriormente citados, que fue redactado en el año 1647, en el que se apuntaba, entre otras muchas propiedades, la que llama ferrería mayor de Urdandeguieta, <em>sita en Galdames y Baracaldo </em><a href="http://somo.blogcindario.com/#_ftn7"><em>[7]</em></a>. O sea, que debía estar situada en el límite entre ambos municipios. Unos años antes, en el de 1634, se realizaron algunas obras y reparaciones y la referencia documental también situaba a la ferrería mayor de Urdandeguieta <em>entre Galdames y Baracaldo</em><a href="http://somo.blogcindario.com/#_ftn8">[8]</a><em>.</em> Otro documento aportaba nuevos datos: al indicar que para llegar a Urdandegieta debía hacerse desde el lugar de Urcullu, pasando por Unduchuleta (este último es el nombre que presumiblemente se da al lugar que hoy día ocupan las últimas casas del valle de Eskauritza, al final del Regato-Errekatxo)<a href="http://somo.blogcindario.com/#_ftn9">[9]</a>. En fin, todas las referencias anteriores nos indican que la ferrería de Urdandegieta debía hallarse en el camino que sigue desde Urkullu hacia Galdames, en el límite entre los municipios de Barakaldo y Galdames, y que debía ser un complejo compuesto por herrería, molino y horno. Esta es, precisamente, la lectura que, hace ya unos años, hicimos del lugar donde se hallan los restos de la ferrería: las ruinas se hallan junto a la orilla del margen derecho (<em>esta afirmación es errónea por cuanto toda la instalación está en el margen izquierdo. Nota de Mitxel Olabuenaga</em>) del río Castaños, en el lugar conocido como <em>Las Mazuqueras</em>, y se corresponden perfectamente con la descripción que venimos dando, una ferrería, un molino y, entre ambos edificios, un horno. Algo más adelante, a la izquierda (<em>derecha del río y frente a la desembocadura del Arroyo Frades</em>) del río, se halla el mojón que divide las jurisdicciones de Galdames y Barakaldo. Junto a las ruinas se conserva, en perfecto estado, un muro que parece responder a una antepara o depósito para el agua, obra que tenía como fin cambiar el curso de un arroyo que baja desde Burtzako y obligarle a caer, en forma de cascada, por un pequeño promontorio con el fin de aprovechar la fuerza de su caída, y con ella mover las palas de la rueda de la ferrería. También parece corresponder a la obra que acompañaría a la ferrería el trazado de un camino que bordea en algunos tramos el río Castaños y que se construiría con el fin de permitir el tránsito de carros desde estas instalaciones hasta el lugar de El Regato-Errekatxo.</p>
<p>Hace unos diez años (1999), hice un croquis interpretando los restos del conjunto de Urdandegieta, que publiqué en el libro “<em>Mayorazgos de Barakaldo</em>”, que suelen utilizar para ilustrar uno de los interesantes itinerarios que ofrece el Centro de Interpretación Histórica y Medioambiental de El Regato-Errekatxo –<a href="http://www.ezagutubarakaldo.barakaldo.org/cihma/index_es.php" target="_blank">CIHMA</a>-, en Barakaldo. El dibujo estaba realizado en blanco y negro y se quedaba un poco “pobre”. He aprovechado que tengo vacaciones  estos días, para colorearlo un poco y hacerlo algo más atractivo (es el que aparece en la cabecera de este artículo). De paso, me sirve como disculpa para, desde aquí, animar a todos y todas a visitar el <a href="http://www.ezagutubarakaldo.barakaldo.org/cihma/index_es.php" target="_blank">CIHMA</a>, y, de su mano, conocer este lugar cargado de historia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
</div>
<p><a href="http://somo.blogcindario.com/#_ftnref1">[1]</a> Lope García de Salazar. “Las Bienandanzas e Fortunas”. Edición de Ángel Rodríguez Herrero, libro IV, página 121. <em>“E las ferrerías de los Vados, e molinos, e la ferrería de Vrdudogieta comprola, e fiso la ferrería de Achuriaga”</em></p>
<p><a href="http://somo.blogcindario.com/#_ftnref2">[2]</a> Sabino Aguirre Gandarias. <em>“Lope García de Salazar, el primer historiador de Bizkaia”</em>    Pág.135</p>
<p><a href="http://somo.blogcindario.com/#_ftnref3">[3]</a> Sabino Aguirre Gandarias cita la ferrería transcribiéndola de esta forma.</p>
<p><a href="http://somo.blogcindario.com/#_ftnref4">[4]</a> A.F.B. Legajo 3128, nº. 12</p>
<p><a href="http://somo.blogcindario.com/#_ftnref5">[5]</a> La mayor parte de las obras fueron ordenadas por Pedro González de Salazar con la intención de hipotecarlas, y que, de sus rentas, se pagase a los curas de Santa María de Portugalete quienes adquirían la obligación de rezar una misa diaria, perpetuamente, en memoria de su padre. Como los curas no pudieron cumplir el compromiso decidió construir la capilla de Galindo donde se celebrarían dichas misas.</p>
<p><a href="http://somo.blogcindario.com/#_ftnref6">[6]</a> Sólo he encontrado una cita de González Cembellín refiriéndose a la masuquera que apunta que llamaban de Urdandegieta.</p>
<p><a href="http://somo.blogcindario.com/#_ftnref7">[7]</a> A.H.P.B. Legajo 7077</p>
<p><a href="http://somo.blogcindario.com/#_ftnref8">[8]</a> A.H.M. de Portugalete.Sección F, caja 39-14</p>
<p><a href="http://somo.blogcindario.com/#_ftnref9">[9]</a> A.F.B.Leg. 1961 nº. 2. <strong>Unduchuleta</strong>, lugar (1639). En Barakaldo. En Urcullu, camino de Urdandeguieta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Goio Bañales</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>ENCARTACIONES DE BIZKAIA: La ruptura impuesta.</title>
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		<pubDate>Sun, 07 Aug 2011 10:03:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>

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		<description><![CDATA[En el gráfico del artículo anterior ofrecíamos una imagen de lo que pudo ser en tiempos de la colonización romana el espacio ocupado por el pueblo autrigón, posiblemente -así lo exponen algunas teorías-, uno de los tres que componían la tribu de los bárdulos. Sea como fuere, el territorio que los autrigones ocupaban en aquel tiempo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-2308" title="Encartaciones 2" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2011/08/Encartaciones-2-300x300.gif" alt="" width="256" height="256" />En el gráfico del artículo anterior ofrecíamos una imagen de lo que pudo ser en tiempos de la colonización romana el espacio ocupado por el pueblo autrigón, posiblemente -así lo exponen algunas teorías-, uno de los tres que componían la tribu de los bárdulos. Sea como fuere, el territorio que los autrigones ocupaban en aquel tiempo parece estar bastante claro y la mayor parte de los historiadores están de acuerdo en que los límites eran, por el Norte, la desembocadura del Nervión-Ibaizabal hasta el Asón, y por el Sur la tierra más allá del Ebro, ocupando la Bureba.</p>
<p>Se trata de un territorio que está, a día de hoy, totalmente desmembrado, repartido en cuatro provincias o comunidades y, en gran parte, fuera de su entronque natural y, lo que es más grave, todo ello en contra de la voluntad de sus habitantes.</p>
<p>El reparto del territorio autrigón ha dado lugar a varias comarcas: Asón-Agüera y Costa Oriental, en Cantabria; las Encartaciones, en Bizkaia; el valle de Aiala y los valles alaveses en Araba; las Merindades, la Bureba y la comarca del Ebro, en Castilla-León; y una parte de la comarca de Haro, en La Rioja. Un mosaico incomprensible y antinatural, cuya razón de ser histórica habría que buscarla en la existencia de señoríos particulares que mostraron un interés especial por “sacar” estos lugares de la órbita de Bizkaia.</p>
<p>Así, nos encontramos con situaciones absurdas, de lugares física e históricamente ligados a la Comunidad Autónoma Vasca y que a día de hoy se cuentan en otras provincias. Veamos algunos casos:</p>
<p>El valle de Villaverde fue señorío de la casa de Avellaneda, quien lo vendió en el año 1440 a la de Velasco. Esta última lo sacó del corregimiento de las Encartaciones, al que pertenecía, para incluirlo en un corregimiento propio, junto con los valles de Soba y Ruesga.</p>
<p>La misma casa de Velasco (recordemos que se trata de la de los poderosos condestables de Castilla), sacó a la villa de Castro Urdiales fuera del ámbito de Bizkaia en el año 1471.</p>
<p>Treviño fue conquistado al reino de Navarra en el año 1200 por Alfonso VIII, quien lo integró en el reino de Castilla. En 1366 el rey Enrique II concedió el señorío a Pedro Manrique con lo que se transmitió en esta familia, como feudo particular, generación tras generación. Las numerosas peticiones de integración a Araba tanto de Treviño como de la Puebla de Arganzón han sido siempre desestimadas.</p>
<p>El valle de Orozko estuvo sujeto al señorío de la casa de Aiala hasta que, en el año 1740, junto con Laudio, logró, tras un costoso y largo proceso judicial, integrarse en Bizkaia.</p>
<p>Los aforados de Moneo y los de Losa consiguieron integrase en Bizkaia, y fueron incluidos en su jurisdicción natural, el corregimiento de Avellaneda. Sin embargo, fueron sacados de ella y se da el caso curioso de que el “Diccionario Geográfico-Estadístico de España y Portugal” designa a estos pueblos con el nombre de “desaforados”, por razón de haber perdido sus “fueros de provincia” a comienzos del siglo XVIII.</p>
<p>El valle de Mena fue conquistado en 1072 por Alfonso VI, quien lo incorporó a Castilla. A pesar de la voluntad expresada por sus vecinos no consiguió integrarse en Bizkaia en sus intentos de los años 1833 y 1924.</p>
<p>Parte de los pueblos situados al Este del Asón, como Colindres y Limpias, se reintegraron a Bizkaia en 1740, aunque por breve tiempo.</p>
<p>Un caso distinto es el del valle de Barakaldo, que decidió sumarse al Señorío de Bizkaia y lo logró en el año 1366, por concesión del conde don Tello.</p>
<p>Como vemos, por unas u otras razones, el territorio autrigón está completamente roto. Desgraciadamente su reunificación no depende de la voluntad de sus habitantes, expresada ya en varias ocasiones, sino en la decisión de las Instituciones, y éstas, según parece, no están por la labor de facilitarlo. De esta manera se consolida el hecho de que la decisión de aquellos señores feudales que hemos señalado más arriba sigue contando, todavía hoy, más que la de todo un pueblo.</p>
<p>Goyo Bañales</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Las relaciones laborales en Barakaldo durante la Restauración</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Jun 2011 17:55:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>

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		<description><![CDATA[Existen varias formas de aproximarse a la realidad del mundo laboral. Si en este trabajo hemos optado por el punto de vista de la conflictividad, ha sido por­que es el que ofrece una mayor visibilidad, en un momento en el que las rela­ciones laborales entre empresarios y trabajadores carecieron generalmente de un marco jurídico que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2011/06/Oficinas-Altos-Hornos.jpg" class="floatbox" rev="group:2222 caption:`Oficinas Altos Hornos`"><img class="alignleft size-medium wp-image-2224" title="Oficinas Altos Hornos" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2011/06/Oficinas-Altos-Hornos-300x225.jpg" alt="" width="255" height="191" /></a>Existen varias formas de aproximarse a la realidad del mundo laboral. Si en este trabajo hemos optado por el punto de vista de la conflictividad, ha sido por­que es el que ofrece una mayor visibilidad, en un momento en el que las rela­ciones laborales entre empresarios y trabajadores carecieron generalmente de un marco jurídico que les situase en un plano de igualdad a la hora de discutir las condiciones de trabajo. No se trata de sugerir, como sucedía con obras his­tóricas de los años setenta, que los obreros, conscientes de la explotación que estaban sufriendo, se encontraban en un permanente estado de guerra contra los empresarios. Pero, de la misma forma que hay que reconocer que sin el dina­mismo y el empuje de los capitanes de empresa de finales del xix y comienzos del xx la realidad industrial de Barakaldo no hubiese sido posible; es obligado dedicar un espacio destacado a los esfuerzos colectivos que los trabajadores, de distintas ideologías y condiciones, llevaron a cabo para mejorar su situación. Consiguieron así que la población baracaldesa alcanzase progresivamente unas condiciones de vida dignas.</p>
<p>La conflictividad laboral se manifiesta de formas muy diferentes entre los tra­bajadores. Nos encontraríamos así, con tipos que van desde el enfrentamiento entre los mismos trabajadores&#8217; y entre éstos y un cargo intermedio&#8217;, hasta la exigencia de negociación con la empresa, pasando por la solicitud de aumentos salariales, situaciones de cierre patronal, crisis económica, aumento unilateral del ritmo de la producción, etcétera. Del mismo modo, la respuesta obrera puede adoptar modelos muy distintos, desde la resistencia silenciosa en el lugar de trabajo, hasta el absentismo laboral, pasando por las bajas simuladas, el sabotaje, el boicot, el atentado individual y, el caso más visible, el paro laboral o huelga.</p>
<p>Las relaciones laborales entre directivos y trabajadores estaban presididas por el principio de autoridad y jerarquía. Era típico el diálogo que escuchó un joven al empezar a trabajar en Babcock &amp; Wilcox entre un obrero y el ingeniero: «Don Lisardo, yo había pensado&#8230; Usted no necesita pensar. Para eso estoy yo». Algo semejante ocurría también entre los propios trabajadores, ya que los ofi­ciales atormentaban a los aprendices, forzándoles a la sumisión, incluso aque­llos que eran militantes sindicales: «Estos mismos reniegan de la humillación asalariada y tienen alma de esclavistas». Un salesiano, profesor de la Escuela de Trabajo señalaba en una entrevista: «Quisiera hacer un ruego a los oficiales y maestros. Y es que traten a los aprendices, sobre todo cuando llegan a la fábri­ca, como a hijos suyos, ya que seguirán sus ejemplos. Y siempre, y sobre todo en su presencia, procurasen el máximo de corrección». No sería extraño que en aquellas empresas que utilizaban mano de obra femenina, encargados y obre­ros masculinos tratasen de aprovechar la situación para abusar de sus compañe­ras. Por todo ello, somos conscientes de que buena parte de la tensión existente en el lugar del trabajo nunca aflora a la superficie y es prácticamente indetecta­ble, salvo que se recurra a fuentes orales y estudios cualitativos. Los frecuentes accidentes laborales, las explosiones que sacudían periódicamente los hornos de AHV, además de provocar numerosos heridos y bastantes muertos, ocasionaban la zozobra entre los familiares de los trabajadores que acudían presurosos a la portería de la fábrica para intentar averiguar la identidad de los afectados.</p>
<p>Las características de este trabajo nos obligan, sin embargo, a limitarnos bási­camente al estudio de las manifestaciones públicas del descontento laboral. Expresadas preferentemente en forma de huelgas, aunque no faltaron en oca­siones determinadas acciones violentas contra la patronal o incluso entre los propios trabajadores. Diferentes coyunturas históricas vieron, además, cómo se produjeron intentos revolucionarios (que excedían el marco de las relaciones laborales) o huelgas generales a medio camino entre la protesta laboral y la acción política. La huelga laboral es, en este sentido y al mismo tiempo, una manifestación de protesta por las condiciones materiales de vida y de trabajo, y una muestra de las especificidades del sistema político, del papel que desem­peñan en él las organizaciones obreras y, desde luego, de las características generales de la coyuntura en la que se produce dicho hecho.</p>
<p>Frente a la vecina zona minera, a la cual pertenecían además algunos barrios de Barakaldo, el espacio fabril próximo a la ría del Nervión vivió en los años de cambio de siglo una relativa tranquilidad, aunque no faltaron los conflictos laborales. De hecho, uno de los primeros movimientos reivindi­cativos que conocemos en Vizcaya se produjo en la fábrica Nuestra Señora del Carmen el año 1872. Las huelgas mineras de 1890, 1892, 1903, 1906 y 1910, motivadas fundamentalmente por cuestiones laborales y lideradas por militantes socialistas, no tuvieron un eco especialmente significativo en esta zona. Tanto los directivos de AHV, como las autoridades civiles y militares tomaron todo tipo de medidas, que incluían desde el envío de tropas para cus­todiar la factoría, hasta la confección de listas, tanto de trabajadores &#8220;segu­ros&#8221;, como de &#8220;revoltosos&#8221;, pasando por la contratación de esquiroles en dis­tintos lugares (Asturias, Santander y Navarra), para evitar la parada de la acti­vidad siderúrgica. De hecho, sin la presencia de las masas de mineros que bajaron de las explotaciones, ocupando las fábricas en alguna ocasión, la repercusión de los paros habría sido muy escasa. Evidentemente, los mineros baracaldeses de Arnabal y El Regato sí participaron de forma activa en la mayor parte de estos conflictos.</p>
<p>Aunque en los años anteriores se habían ya producido ya algunos conflictos parciales en varios talleres, AHV conoció en 1899 dos huelgas que tuvieron especial repercusión. El primer paro importante, junio de 1899, motivado por el despido de varios sindicalistas y el restablecimiento del horario de los días festivos, de siete de la mañana a cuatro de la tarde, terminó con el triunfo de los huelguistas al conseguir paralizar los hornos altos. Un mes más tarde, el 15 de julio, se produjo otra huelga iniciada con el paro de los descargadores de los muelles que duró hasta la primera decena de agosto, terminando con la derrota y la represión de los huelguistas.</p>
<p>Entre las razones del poco éxito del asociacionismo obrero en AHV hasta los años de la I Guerra Mundial, Juan Pablo Fusi señala la inadecuación del sis­tema de sindicalismo por oficios, propio de los primeros tiempos de la UGT, para una industria moderna como Altos Homos y el éxito de la política social de la empresa. Los salarios eran comparativamente más altos y Altos Hornos generó una amplia red de instituciones benéficas para sus trabajadores: la socie­dad de socorros ya mencionada, pensiones, casas, la cooperativa de consumo y escuelas para los hijos. Conseguir colocación era algo que sólo se conseguía gracias a recomendaciones. Todo ello, además de generar un sentimiento de lealtad hacia la empresa, colocaba a los empleados en AHV en una posición de privilegio y el despido ocasionaba consecuencias más negativas que la simple pérdida del puesto de trabajo. No hay que olvidar, añadimos, el recuerdo de la derrota de julio de 1899 y que las posibilidades de controlar a los trabajadores es mayor en un recinto cerrado como la fábrica, que en una mina. Alguna empresa como Backock Wilcox llegó a instalar retretes sin puertas, para evi­tar que los trabajadores perdiesen el tiempo.</p>
<p>Hasta 1911, sólo se produjeron varias huelgas o conatos parciales en alguno de los talleres de la factoría. Todos ellos terminaron con la derrota de los traba­jadores. La posición de la empresa fue de rechazo radical, no sólo a las reivin­dicaciones obreras, sino al mero hecho de reconocer la existencia o representa­tividad de las asociaciones de los trabajadores. La huelga de septiembre de 1911, sin embargo, fue la expresión del cambio de tendencia que se avecinaba en los próximos años. Esta huelga, la primera con carácter general en AHV, se inició en los muelles del puerto, y ante el despido de 200 cargadores de esta empresa, el paro solidario se extendió, inesperadamente, a todos los talleres, aunque con menor incidencia entre los operarios de los diferentes hornos y cal­deras. La huelga, que se amplió a Bilbao y a otros puntos de España, fue un producto espontáneo de las bases de las organizaciones obreras, sindicalistas repu­blicanos y socialistas, como forma de protesta por los sucesos de Marruecos y por la tensión laboral existente en muchas empresas. El conflicto, tras enfren­tamientos violentos que ocasionaron un muerto y varios heridos, terminó con derrota de los trabajadores (se realizó una &#8220;lista negra&#8221; de 472 obreros y se despidió a 395, un 5,91% de la plantilla), pero así finalizó una fase de la histo­ria laboral de AHV.</p>
<p>El inicio de la Primera Guerra Mundial rompió, momentáneamente, la mar­cha ascendente de las principales empresas baracaldesas. La falta de materias primas estuvo a punto de paralizar la actividad de AHV, hasta el momento una de las empresas más lucrativas de España. Pero, al poco tiempo, las necesida­des de los países en combate contribuyeron a un gran aumento de la producción y de los beneficios. La situación de los trabajadores se agravó extraordinaria­mente, ya que la ligera subida de los salarios estuvo contrarrestada con el fuer­te aumento que experimentaron los precios de los productos de primera nece­sidad, hasta el punto que en el caso de AHV, la empresa tuvo que subvencionar con más de medio millón de pesetas anuales el precio del pan, para que sus obreros pudiesen comprarlo.</p>
<p>La situación de los trabajadores contrastaba con la de los 20 miembros del Consejo de Administración que se repartían el 8% de los beneficios de la empresa, además de la parte correspondiente a su calidad de accionistas de la misma. Más en concreto 4 familias, Chávarri, Urquijo, Zubiria y Gandarias controlaban más del 50% de la empresa. De hecho, Tomás de Zubiria e Ybarra fue el Presidente del Consejo desde 1902 hasta 1932, momento de su falleci­miento.</p>
<p>Los síntomas de agotamiento y el deterioro de la calidad del mineral de hie­rro, manifestados desde 1899, habían afectado a la demanda de éste. Los pri­meros momentos de la Guerra Mundial contribuyeron a la crisis de la minería: la Franco-Belga, por ejemplo, tuvo que suspender su producción durante tres meses. Muchos de los mineros emigraron, sus organizaciones perdieron su fuerza negociadora y los mineros dejaron de ser la rama principal de la organi­zación obrera de Vizcaya. Los primeros meses de 1915 vieron cómo peligra­ba la situación de muchos trabajadores. La Casa del Pueblo creó una Comisión ProTrabajo y durante cierto tiempo el Ayuntamiento, con aportaciones de par­ticulares, tuvo que instalar comedores económicos para los parados y sus fami­liares, además de emprender algunas obras para emplearlos e instar a las empresas a que contratasen más personal.</p>
<p>La Guerra del 14, que debilitó la fuerza minera, reforzó la posición de los meta­lúrgicos. En este sector se produjo una rápida mejora de la coyuntura. La ola de prosperidad afectó a todos los sectores, salvo a la minería. Los beneficios de Altos Hornos en el periodo 1913-1916 alcanzaron los 10 millones, mientras que entre 1917-20 superaron los 15 millones. AHV instaló  2 nuevos hornos Siemens, reconstruyó altos hornos envejecidos y montó un gran taller de forja y lamina­ción. Al mismo tiempo incrementó la mano de obra a través de la contrata de la emigración campesina de la España interior. Barakaldo registró una tasa de cre­cimiento demográfico muy elevada, 39,78%. La situación daba a los obreros metalúrgicos un excepcional poder de negociación. En marzo de 1914 se creó el Sindicato Metalúrgico (sindicato industrial) aprovechando el impacto de la cam­paña de Prieto en la elecciones a Cortes. El Sindicato Metalúrgico surgió en un sector caracterizado hasta 1916 por la humillación de sus trabajadores, acobarda­dos por su concentración en grandes masas en las factorías de los altos hornos y en los grandes talleres de la construcción metalúrgica.</p>
<p>Los socialistas eran bien conscientes de las consecuencias políticas que origina­ría la movilización de los obreros de la zona Barakaldo-Sestao. Dicha moviliza­ción daría a las izquierdas grandes posibilidades de conquistar los distritos de Barakaldo y Valmaseda, lo que provocaría un cambio radical del equilibrio políti­co de la provincia. También reforzaría el peso del PSOE en la Conjunción Republicano-Socialista e, internamente, fortalecería la estrategia prietista frente a los seguidores de Perezagua, más fuertes entre los mineros. En este contexto, el Sindicato Metalúrgico inauguró el año 1916 con una campaña de mítines. En el celebrado en la Casa del Pueblo de Barakaldo, los diferentes oradores, incluido Prieto, insistieron en la necesidad de unión de los trabajadores y se reclamó un aumento de salarios. Los dirigentes de la UGT eran sabedores del momento en que se realizaban las reivindicaciones: «a los obreros técnicos ahora es completamente imposible sustituirlos». Fruto de la presión, a finales de febrero se produjo un aumento de salarios en torno al 10%, tanto en algunas minas como en Altos Hornos. Pero las peticiones obreras continuaron debido al gran desequilibrio exis­tente entre la subida del coste de la vida y sus sueldos.</p>
<p>De este modo, el 22 de mayo de 1916, el Sindicato Metalúrgico, el Sindicato Profesional de Obreros Católicos y Solidaridad de Obreros Vascos presentaron un escrito a los diferentes patronos metalúrgicos vizcaínos, solicitando el aumento del 30% para aquellos con salarios inferiores a 4 pesetas, 20% para los superiores, 50% de plus en las horas extraordinarias y el pago semanal de jor­nales. Las empresas aceptaron el 26 de junio y el peligro de huelga pareció desvanecerse. En los mítines celebrados en Barakaldo y Sestao, los dirigentes del Sindicato Metalúrgico insistieron en el triunfo de los trabajadores al obligar a las grandes empresas a negociar con el sindicato. Los conflictos, sin embar­go, se incrementaron en los meses siguientes.</p>
<p>El 1 de julio se inició un paro entre los descargadores del muelle. El 3 del mismo mes se produjo un cierre patronal en la fábrica Sánchez Díaz y Herrero en el barrio de Iráuregui, al solicitar los obreros aumento de 50 cts diarios y 50% en las horas extras. 180 hombres, mujeres y chicos quedaron sin trabajo. Tras la negociación, el día 8 se volvió al trabajo con un aumento de 0,25 pese­tas más por día y el 50% en las horas extras.</p>
<p>Un día más tarde, en la madrugada del domingo 9 de julio, buena parte de los trabajadores de Altos Hornos se declararon en huelga; primero, los empleados en los talleres de Sestao y, luego, los de Barakaldo. Protestaban así por la negativa de la dirección de pagar los sueldos semanalmente&#8217;. El paro se inició espontá­neamente, sin intervención del sindicato y se extendió a la mayor parte de los obreros, salvo los de los hornos altos, Bessemer y trenes reversibles. Se impi­dió la entrada al nuevo turno y se produjeron algunos incidentes con trabajadores que se negaron a secundar el paro. El día 10 entraron los trabajadores de Barakaldo para provocar el paro desde los talleres y conseguir que saliesen los esquiroles. Ese mismo día, una manifestación que se dirigía desde Sestao a la fac­toría baracaldesa fue disuelta por la Guardia Civil en el puente de Urbínaga, cau­sando un muerto, un herido de gravedad y varios heridos. La huelga se exten­dió a Aurrera, Basconia, Echevarría y Astilleros del Nervión, a la fábrica de radia­dores de Lasesarre y a la Orconera. El día 11 se declaró la huelga general en toda la zona fabril. Ese mismo día, tras una nueva negociación, los patronos accedie­ron a reconocer por escrito el pago semanal. Por la noche, en sendas reuniones en las Casas del Pueblo de Barakaldo y Sestao, lndalecio Prieto notificó las conce­siones hechas por AHV y terminó la huelga. El día 12 se volvió al trabajo. Los obreros conseguían así que la empresa reconociese la personalidad del Sindicato que «en el fondo (era) lo que se ventilaba».</p>
<p>Tras una nueva campaña de agitación, la UGT y la CNT convocaron una Huelga General en toda España para el 18 de diciembre, contra la carestía. El paro que tuvo un seguimiento casi total en la zona minera y fabril, sin inciden­tes dignos de mención&#8217; presentaba características propias en el partido judicial de Valmaseda, Ya que en este distrito los delegados obreros en los Tribunales Industriales no representaban realmente a los trabajadores. Se reclamaron nue­vas elecciones.</p>
<p>1917 conoció nuevos conflictos, como consecuencia y reflejo del clima de des­contento social creado por la carestía y por la esperanza de posibles cambios polí­ticos derivados de la crisis política que vivía España. El 25 de abril, 65 ebanis­tas de diferentes empresas iniciaron un paro solicitando una jornada de 9 horas, aumento salarial del 10% más pago de las horas extras (la la 50%, las otras 20%); herramientas a cuenta de la empresa, abolición del destajo y avisar con 8 días el despido. Se formó una comisión de conciliación y arbitraje presidida por el alcal­de siguiendo la ley de 1908: pero los empresarios rechazaron su intervención de dicha comisión: «por creer que se llegará más fácilmente a un arreglo tratando directamente entre patronos y obreros». El 2 de mayo el conflicto<sup>-</sup>estaba solucio­nado en los tres talleres más pequeños, con la aceptación de todos los puntos, salvo la subida salarial que sería discrecional. El taller de lturmendi volvió a trabajar el día 8 con las mismas condiciones, salvo el mantenimiento del destajo. El 7 de julio, 106 hombres y mujeres de la fábrica de ladrillos refractarios de Luchana (la totalidad, salvo 4 para mantener los hornos) se declararon en huelga debido al rechazo a las peticiones obreras de 75 cts más jornal, pago de las horas extras, abolición de fiestas entre semana, hora y media para comer y mejora de la higiene. El paro terminó el día 18.</p>
<p>El conflicto más importante afectó nuevamente a los obreros de Altos Hornos de Vizcaya. A comienzos de julio se realizaron nuevas peticiones a la patronal, entre ellas la reducción de la jornada laboral de 10 horas y media a 9. El rechazo empresarial, salvo en Martínez Rivas de Sestao, provocó el ini­cio de la huelga el sábado día 21. Ese día la práctica totalidad de los trabaja­dores, sin distinción de ideologías u organizaciones, incluidos los responsa­bles del mantenimiento de los hornos abandonaron espontáneamente las fac­torías, sin incidentes. Los obreros, siguiendo las indicaciones de los respon­sables sindicales se mantuvieron alejados de las puertas de las fábricas, custo­diadas por las fuerzas de seguridad. Otras empresas de la zona también paralizaron sus actividades. El 28 se suspendieron las garantías constitucio­nales en la provincia y una compañía del ejército fue desplazada a la empre­sa para alimentar los hornos, entre las protestas obreras. Ese mismo día se llegó a un preacuerdo, que fue rechazado por los huelguistas ya que la reduc­ción del horario no superaba la media hora. A partir de ese momento el con­flicto se radicalizó, produciéndose enfrentamientos entre huelguistas y esquiroles, con amenazas a familias de empleados y obreros de AHV para que abandonasen el trabajo. Mientras tanto, familias obreras de Eibar, San Sebastián, zona minera o del propio Barakaldo se hicieron cargo de los hijos de los huelguistas. El día 9 de agosto, la asamblea aceptó someterse al laudo de la Cámara de Comercio.</p>
<p>Sin embargo, el 13 de agosto la UGT y la CNT declararon la huelga general en toda España, intentando aprovechar la debilidad del gobierno para provocar un cambio revolucionario del poder. Inmediatamente, a las 4 de la tarde del mismo día, se declaró el estado de guerra, clausurándose los centros obreros o izquier­distas y se detuvo a numerosos militantes obreros. Se produjeron numerosos enfrentamientos entre huelguistas y fuerzas de seguridad o del ejército. El paro fue muy amplio en Bilbao, zona minera y fabril, pero como movimiento nacio­nal fue un fracaso. A partir del 18 se inició la vuelta al trabajo, sin haber conse­guido ni los objetivos de la huelga general, ni los planteados por los metalúrgi­cos. Ese día entraron a trabajar en Hilados Rica Hnos; el día 20 los de la fábrica de ladrillos, Castillo, Tranvías, Alambres del Cadagua y Federico Echevarría; el 21 dejaron la huelga Industria y Comercio, Sánchez Díaz y Herrero, el 22 los tra­bajadores de la Orconera y Luchana Mining; el 27 los de la L&#8217;Eglísse y Cámara y Eguía. Finalmente el 29, los obreros de AHV. Tras varios meses con las sedes obreras clausuradas, las únicas acciones de finales de año tuvieron como objeti­vo recaudar fondos para los presos, y reorganizar el Sindicato Metalúrgico, debi­litado por los despidos, las detenciones y los trabajadores que abandonaron la población. 35 obreros de la Orconera se declararon en huelga para solicitar el reingreso de 4 detenidos en los sucesos de agosto.</p>
<p>La finalización de la I Guerra Mundial, en 1918, dio paso a un periodo de honda crisis económica, como consecuencia de la pérdida de los mercados internacionales y la creciente competencia que las empresas extranjeras reali­zaban a la producción local. La mayor parte de los esfuerzos estuvo encami­nada a conseguir la readmisión de los despedidos, más de 400 en la factoría ses­taoarra de AHV por ejemplo. El reingreso se vio favorecido por la coyuntura política, ya que el candidato monárquico a Cortes y miembro de Consejo de Administración de dicha empresa Fernando Ibarra necesitaba los votos socia­listas para poder vencer a los candidatos nacionalistas. No faltaron, tampoco algunas huelgas, corno la de los moldeadores de los Talleres Salcedo Hnos. o la de la compañía de Radiadores, en ambos casos por despidos. En otros casos, como la de los ferroviarios de la Orconera, se llegó a un acuerdo pacífico con la dirección de la empresa.</p>
<p>Mientras tanto, el Sindicato Metalúrgico de Vizcaya realizó una serie de recla­maciones a los empresarios que fueron rechazadas en su totalidad. En un mitin celebrado frente a la Casa del Pueblo, el 21 de julio de 1918, y al que acudie­ron unos 4000 asistentes, los oradores atacaron duramente a los patronos, espe­cialmente a Alejandro Zaballa, presidente del Círculo Patronal por negarse a par­lamentar con la comisión de huelga. También se criticó a los católicos libres y al Centro Vasco de Barakaldo. A finales de año se celebró otro acto para exigir la implantación de la jornada de las ocho horas y el salario mínimo.</p>
<p>El año 1919 se inició con un aumento del número de paros. La Naval se vio sacudida desde mediados de febrero por una serie de huelgas parciales que afec­taban cada vez a un grupo profesional, pero que no habían terminado en agosto, adquiriendo carácter general. El 15 de abril se inició el paro en la fábrica de cerá­mica de Burceña., reclamando la jornada de 8 horas, aprobada el 10 del mismo mes por el Gobierno. Una semana más tarde era la factoría Castaños. Uribarri y Cía de Retuerto la que se colocaba en huelga reclamando aumento de salarios. A este clima hay que añadir la fundación en marzo del Sindicato Único del Arte del Hierro (anarquista) y la animación inusitada de la celebración del Primero de Mayo, ya que se concentraron en la anteiglesia representaciones de todas las agrupaciones socialistas y ugetistas de Vizcaya.</p>
<p>El 26 de mayo se inició el principal paro de ese año que afectó a los Astilleros del Nervión. Ese día, 1.600 obreros, alentados por el Sindicato Metalúrgico y el Sindicato Único, se declararon en huelga por diferencias en la forma de organizar la producción. Solventado ese tema, la dirección insistió en despedir a los tres trabajadores que tocaron la sirena animando a sus compañeros a iniciar el paro. Este hecho y la defensa del derecho de asociación produjeron una nueva huelga el 19 de julio que se prolongó nada menos que hasta finales de año, aunque desde finales de agosto algunos trabajadores se reintegraron a los talleres. A partir de octubre se sucedieron los incidentes con las fuerzas de orden público y con esquiroles, alguno de los cuales resultó herido de grave­dad. Mientras tanto se sucedieron algunos paros cortos y los trabajadores de AHV se aprestaron a una nueva confrontación con la empresa.</p>
<p>Estas huelgas eran producto de la conjunción entre el inicio del declive econó­mico, el constante crecimiento de los precios de los productos de primera nece­sidad, que convertía rápidamente en anticuadas las elevaciones de salarios acor­dadas entre trabajadores y empresas, un aumento de las posiciones radicales entre los trabajadores —inspirado en parte en el triunfo de la Revolución Rusa; lo que se plasmó en la formación de sindicatos entre nuevos sectores profesionales— y la pugna entre sindicalistas y socialistas por conseguir la dirección del movimien­to obrero vizcaíno. Los cenetistas promovieron una docena de conflictos, desau­torizados por el Sindicato Metalúrgico. El entendimiento de este último con los grandes empresarios se reforzó por la necesidad de evitar la competencia anar­quista. Los cenetistas disponían de pequeños grupos militantes de gran dinamis­mo promoviendo una bien coordinada campaña de huelgas por departamentos en varias factorías. La actividad anarquista desafiaba la autoridad del Sindicato Metalúrgico que en ocasiones tuvo que presionar a los empresarios para no verse desbordado por la izquierda, aunque muy pocas veces se llegó a la huelga.</p>
<p>El año terminó con una huelga en los talleres textiles Rica Hnos. El 22 de diciembre 183 trabajadores solicitaron la readmisión de los 16 despedidos en el conflicto anterior. El 26 se añadieron reivindicaciones ya cubiertas en el sector metalúrgico: aumento de 1,50 pts por día y 1 pts para mujeres y niños, 50% por horas extras, pago semanal, no al destajo, cobro del salario íntegro, sin des­cuento para el economato. La contrapropuesta consistió en 10 horas de trabajo al día (2 consideradas como extras al 25%), readmisión de despedidos y pago de los salarios atrasados. Se amenazaba asimismo con cerrar la fábrica. El con­flicto se solucionó el 5 de enero con la readmisión de los despedidos, salvo uno, aumento de 50% en las horas extras, retribución de los días perdidos por la huelga, etcétera.</p>
<p>La conflictividad aumentó en 1920 en todos los terrenos, tanto en el laboral- sindical, como en el sociopolítico, produciéndose varios muertos, por cuestio­nes políticas y sociales. La presencia de las fuerzas de seguridad se hizo mucho más acusada y la Guardia Civil patrullaba las romerías para evitar incidentes entre trabajadores de tendencias distintas. Fue en ese momento cuando empe­zó a decaer la influencia anarquista. Por un lado, la rivalidad con los socialistas llegó al enfrentamiento físico y motivó una respuesta enérgica por parte de éstos»&#8217;. Por otro, los atentados contra personal directivo, capataces y obreros con­trarios a las huelgas&#8221;, y la colocación de algunos petardos en Barakaldo en enero de 1920 motivaron el seguimiento de los sospechosos de anarquismo, tanto en Sestao como en la anteiglesia. La policía detuvo más de 100 miembros del Centro Sindicalista de Barakaldo y clausuró temporalmente su sede.</p>
<p>Poco después, el 31 de marzo se produjo el cierre patronal de Rica Hnos debi­do «a las imposiciones de los obreros que pretenden sustituir en un todo la dirección y autoridad técnica» de los propietarios. Tras aceptar las reivindica­ciones obreras a finales del año anterior, el 29 de marzo se suspendió el traba­jo parcialmente por reparaciones, y la comisión obrera exigió explicaciones. Al decirles que no les correspondían, se declararon en huelga. El paro se prolon­gó hasta el 7 de julio, llegándose a un acuerdo entre ambas partes.</p>
<p>El 14 de abril de 1920 se inició un nuevo conflicto, relevante por tener como protagonistas casi en exclusiva a mujeres trabajadoras. Ese día, las 28 obreras de la fábrica de cordel Uribarri de Retuerto enviaron a la dirección un escrito solicitando el aumento de una peseta de jornal, jornada de 8 horas y horas extras a 50%. El 16 contestó la dirección negándose al aumento de salarios, debido a las pérdidas que estaba sufriendo la empresa, indicando además que probablemente tendrían que cerrar parte o, incluso, toda la fábrica. Aceptaban, en cambio la reivindicación de las horas extras y las 8 horas. Ante esta respues­ta. las trabajadoras se declararon en huelga desde el día 20 hasta el 28; momen­to en el que terminó la huelga, con un aumento de 2 reales.</p>
<p>Tras varios paros parciales en el mes de junio, el conflicto laboral más importante fue la huelga general convocada en la metalurgia el 22 de Julio de 1920 por el Sindicato Metalúrgico, con el apoyo del Sindicato Único. Se soli­citaba el establecimiento de un salario mínimo para todos los trabajadores, aumento del mismo, aumento del 100% en las horas extras, pago íntegro del sueldo en caso de accidente y establecimiento de escuelas profesionales. El Centro Industrial de Vizcaya aunque aceptó algunos puntos, anunció que, posi­blemente, las empresas individuales no estarían dispuestas a escuchar y estu­diar dichas proposiciones. El paro, que coincidió con huelgas en el sector de la construcción, de los ebanistas y el de los descargadores de los muelles, afec­tó a todo el sector, excepto a Euskalduna. Pese a la concentración de fuerzas de la Guardia Civil, miles de trabajadores participaron en la movilización, sin que en Barakaldo se produjesen incidentes. El conflicto terminó rápidamente el 29 de julio con la aceptación de la contraoferta patronal, establecimiento del salario mínimo y aumentos parciales de salario, pese al rechazo de las otras peticiones. Las empresas concedieron, en la práctica, al Sindicato Metalúrgico de la UGT, la representación exclusiva del sector, al autorizarle a nombrar delegados en las secciones de producción. La intensa actividad sindical y políti­ca había conseguido que las consecuencias de la posguerra no fuesen demasia­do gravosas para los trabajadores, especialmente para los menos cualificados que fueron los que mayores ascensos de salario vivieron desde el inicio de la I Guerra Mundial; aunque la elevación del poder adquisitivo no quería decir todavía condiciones de vida razonables, sobre todo en el caso de las familias cuyo único ingreso fuese el del padre de familia.</p>
<p>Tras el fin del conflicto tranviario y mientras se producía el conflicto de la fábrica de alquitranes, el enfrentamiento intersindical sería la nota clave del otoño de 1920. En efecto, tras una temporada de frecuentes colisiones entre UGT y CNT, en septiembre se llegó a una alianza entre ambas organizaciones, procediéndose a la convocatoria de varios mítines para el 3 de octubre, en los que participaron representantes de ambos sindicatos en Bilbao y Sestao. Pero mientras en los mítines se indicaba que el objetivo era unificar ambos organismos, ese mismo día otro comunicado indicaba que se trataba de un pacto circunstancial para concertar la acción defensiva del proletariado contra los atro­pellos y represiones del gobierno&#8217;. En realidad, el acuerdo entre el Sindicato Metalúrgico y el Sindicato Único del Arte del Hierro tenía corno objetivo fun­damental exigir la sindicación obligatoria a alguna de esas dos organizaciones de todos los trabajadores del sector y la expulsión de los trabajadores no sindi­cados o afiliados a grupos católicos o, especialmente, a Solidaridad de Obreros Vascos. La oposición política entre nacionalismo y españolismo a partir de 1918, los intentos de socialistas y anarquistas de eliminar la presencia de los solidarios en las empresas y los constantes enfrentamientos entre trabajado­res de ambos grupos contribuyeron a limitar la de por sí escasa vocación rei­vindicativa de SOV.</p>
<p>El 11 de enero de 1921 se produjo el acontecimiento más grave de todo el periodo, cuando a las seis de la tarde varios desconocidos dispararon contra el coche en el que viajaban varios directivos de AHV. Los disparos hirieron al Jefe Administrativo (Gerente) Manuel Gómez Canales, que falleció 4 días más tarde en el Hospital de Basurto. Como consecuencia de este atentado, números de la Guardia Civil y de la policía municipal detuvieron a una cincuentena de sindicalistas anarquistas de Barakaldo y Sestao. Según todos los indicios fueron sometidos a diferentes torturas y cuatro de ellos, Fernando Ropezuelo, Jesús Vallejo, Román Álvarez y José Antuñano, se confesaron autores de los hechos, mientras que otros dos, Agapito González y Joaquín de la Maza, fue­ron declarados en rebeldía&#8217;. Según las fuentes anarquistas, más de 500 sindi­calistas fueron deportados por orden del gobernador civil Reguera. Al mismo tiempo se rompió el pacto entre UGT y CNT, al no secundar los primeros las protestas anarquistas por los sindicalistas deportados a Mahón.</p>
<p>Desde inicios de 1921 se empezaron a apreciar en el mercado del hierro y del acero de Vizcaya las consecuencias alarmantes de la crisis acaecida a la ter­minación de la guerra europea. Se produjeron despidos masivos en las minas y la jornada se redujo a 4 e incluso a 3 días. El número de desempleados en la zona Barakaldo-Sestao sobrepasó los 5.000 trabajadores. Sólo AHV mantuvo sin reducciones drásticas su personal&#8217;. La crisis coincidió con la creación del Partido Comunista de España (25 de junio de 1921). El intenso descontento obrero trató de ser aprovechado como plataforma por el nuevo partido. Mientras los socialistas negociaron el rebaje de los salarios, los comunistas convocaron, a partir del verano de 1921, una serie de huelgas que fracasaron. Su doble objetivo era desplazar a los socialistas y fomentar un clima de agita­ción social&#8217;. Los paros fueron convocados por comunistas y sindicalistas. Más importante fue el declarado el 31 de agosto contra el gobernador civil con el apoyo de SOV. Esta huelga, finalmente apoyada por los socialistas, duraría hasta el 5 de septiembre. Una nueva huelga se produjo a inicios de octubre.</p>
<p>La crisis económica redujo drásticamente el número de conflictos, pero para­dójicamente, condujo a la mayor huelga que ha vivido en su historia el conjun­to de la industria siderúrgica vizcaína, desde el 15 de mayo hasta el 1 de agos­to de 1922. A comienzos de mayo, las empresas metalúrgicas anunciaron la reducción de sueldos en un 20%. Ante esta decisión unilateral, el Sindicato Metalúrgico convocó el 15 de mayo una huelga general en todo el sector, salvo en algunas de las empresas que no habían reducido el salario de sus trabajado­res (La Naval, Astilleros del Nervión, etcétera). Los representantes obreros se negaron, en un inicio, a discutir siquiera la rebaja de los salarios. Los empresa­rios repartieron un manifiesto por la zona fabril justificando la rebaja por la competencia exterior y el abaratamiento de la vida. Los obreros, por su parte, argumentaban en base a los 109 millones de beneficios conseguidos por AHV entre 1901 y 1921, el hecho de que varias empresas no habían bajado y que el abaratamiento había sido inapreciable.</p>
<p>Ante la amenaza de los patrones de suspender las negociaciones si no se aceptaba el principio de la rebaja, el 4 de junio los dirigentes socialistas fue­ron sustituidos por un nuevo comité de huelga dirigido por comunistas y 2 sin­dicalistas. Para no perder su supremacía política y sindical, Prieto presentó una interpelación en el Congreso el 21 de junio y como consecuencia de ella llegó a Bilbao una comisión del IRS encargada de gestionar un acuerdo vol­viendo a abrir nuevos cauces de solución, alejados, además de las manos de los comunistas. La fórmula reducía la rebaja a un 10%. Se temía que si no la aceptaban los obreros se recurriese a métodos extremistas que hasta entonces no se habían utilizado. No obstante, la propuesta del 1RS fue rechazada por unanimidad, ya que ni los propios socialistas la apoyaron al ser considerada una rebaja excesiva.</p>
<p>Salvo algunos incidentes al reabrirse la Basconia a fines de mayo, no se per­cibía agitación alguna en Barakaldo y Sestao. Ambas localidades tenían un aspecto de pueblos abandonados, silenciosos y tristes. 3.000 obreros y sus familias tuvieron que recurrir a la ayuda de los fondos municipales para poder sobrevivir durante el tiempo que se prolongó el conflicto. Faltos de otros medios de subsistencia, algunos trabajadores recogían chatarra entre los restos de fundición, para venderlos y poder comer. Cien niños de Barakaldo y Sestao fueron acogidos en casas de trabajadores santanderinos. Se organizaron colec­tas y comisiones de socorro en diferentes puntos de Vizcaya. Se realizaron míti­nes de solidaridad en muchas zonas de España. Los comerciantes de la Margen Izquierda emitieron un comunicado apoyando las reivindicaciones obreras y solicitando el fin del conflicto. Aducían que los pequeños comerciantes sopor­taban buena parte del peso de la huelga, en la medida en que suministraban ali­mentos a los huelguistas a crédito, mientras ellos tenían que pagar a los mayo­ristas.</p>
<p>El 20 de julio se abrieron las puertas de los talleres, y aunque solo unos 400 trabajadores acudieron a su puesto, era evidente el deseo de encontrar una fórmula que permitiese una rápida vuelta al trabajo. Una primera votación realizada el 20 de julio dio la mayoría por cincuenta votos a los favorables <strong>a </strong>la continuación del conflicto. Pero el rumor de que numerosos trabajadores de AHV pensaban reunirse para decidir la vuelta al trabajo por su cuenta, obligaron a modificar la comisión de huelga, otorgando de nuevo la mayoría a los socialistas. En una asamblea celebrada en Barakaldo el día 23, los huel­guistas decidieron por 490 votos contra 150 entablar negociaciones con los patronos, aceptando que se produjese algún tipo de rebaja. El comité de huelga inició nuevas conversaciones en Madrid con una representación patro­nal. Al no llegarse a un acuerdo, el ministerio de Trabajo dictó un laudo que reducía la rebaja a un 8%, establecía contratos colectivos y creaba comités paritarios en las empresas&#8217;&#8221;. En la votación de Barakaldo votaron 1.177 a favor de aceptar el laudo y 230 en contra; en Sestao 1.213 y 144 respectiva­mente. El 1 de agosto se volvía al trabajo.</p>
<p>El relativo fracaso de la huelga metalúrgica de 1922 y las duras condiciones que tuvieron que sufrir los huelguistas mientras ésta duraba, en un momento de crisis económica que había debilitado sensiblemente el poder económico y la capacidad de presión social de los sindicatos, supuso el fracaso de la política de intransigencia laboral preconizada por comunistas y sindicalistas. Pese a ello y, al tiempo que se reorganizaba el Sindicato Metalúrgico, continuaron las pro­testas. Así el 8 de noviembre de 1922 se produjo una huelga general en solida­ridad con los procesados por el asesinato del gerente de AHV. El paro fue con­vocado por todas las organizaciones de izquierda, aunque tal vez los socialistas lo hicieron para que los comunistas no capitalizasen el éxito de una acción que parecía contar con simpatías entre los trabajadores.</p>
<p>Ya en 1923, el 20 de marzo, 325 obreros de los hornos altos de AHV se declararon en huelga para que la empresa abonase los sueldos a unos obreros que la semana anterior se habían negado a trabajar en tareas que no les corres­pondían. El 25 decidieron volver al trabajo con la condición de que los jorna­les devengados se ingresasen en el Hospital Civil de Bilbao. Además se acor­dó que un turno no abandonaría la faena, hasta que se presentase el siguien­te&#8217;. Poco después se inició una huelga de los mineros de AHV que duró dos meses y medio.</p>
<p>Según un informe elaborado en 1928 para toda Vizcaya, las jornadas perdi­das entre 1917 y 1923 alcanzaron las 2.308, los obreros en huelga fueron 71.566 varones y 2.247 mujeres y el dinero perdido 20.975.856 pesetas supo­niendo que los hombres tenían un jornal de 8 pts y las mujeres de 4.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mikel Aizpuru</p>
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		<title>Encartaciones de Bizkaia: colonización romana</title>
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		<pubDate>Mon, 30 May 2011 11:14:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-2305" title="Tenencias_occidentales" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2011/05/Tenencias_occidentales1-232x300.png" alt="" width="232" height="300" />El pasado día 10 de Junio (2010) nos reunimos un buen número de personas para hablar, de manera distendida, acerca de las Encartaciones de Bizkaia. Como era de esperar, la principal conclusión que sacamos es la de que cada cual tiene su propia visión de esta comarca en función de sus experiencias, sus conocimientos y de sus circunstancias personales, y que, aunque aparentemente existan bastantes discrepancias, este tipo de encuentros son totalmente necesarios.</p>
<p>Parece, y en eso creo que todos estábamos de acuerdo, que para poder revitalizar y dar a conocer este territorio es necesario, en primer lugar, saber de qué estamos hablando cuando nos referimos a “las Encartaciones de Bizkaia” y esta pregunta básica, en apariencia tan sencilla, fue el primer obstáculo con el que nos encontramos. Es decir, nada más empezar el coloquio ya estábamos parados.</p>
<p>Es evidente, a mi modo de ver, que tratar de hallar una definición válida que responda adecuadamente a esa cuestión, si únicamente tenemos en cuenta el momento presente y, tal vez, una serie de ideas más o menos extendidas y preconcebidas, no nos llevará mas que a ese babel de opiniones que, siendo respetables, no aportan nada más que el sentir y el conocimiento personal de cada uno de nosotros/as. Por otro lado, tratar de avanzar en un proyecto encaminado a profundizar en el conocimiento de esta tierra, a potenciar los valores culturales de la comarca e implicar a las nuevas generaciones en la idea de su pertenencia a ella, sin haber dejado resuelto algo tan esencial como definir aquello de lo que estamos hablando, nos llevaría, inevitablemente, al fracaso.</p>
<p>En consecuencia, no veo otra solución mas que acudir a la historia -y a la memoria- para repasar y poner al día lo que sabemos y, a partir de ahí, establecer unas conclusiones básicas con las que empezar a discutir.</p>
<p>Lo lógico sería establecer un guión, siquiera un borrador, trazando las líneas generales que deberían contemplarse en ese estudio. Personalmente, hace tiempo que estoy investigando en los acontecimientos que se dieron en las Encartaciones de Bizkaia a finales de la Edad Media y comienzos de la Moderna; un periodo muy interesante y que ofrece respuesta a muchos interrogantes; pero confieso mi ignorancia –también indiferencia- hacia otras épocas. Por esa razón no me veo capacitado para elaborar ese guión. Sin embargo, aprovechando la circunstancia, Julen y yo hemos comenzado a crear algunos gráficos que, en un momento dado, pueden servir para ese propósito.</p>
<p>El mapa que ilustra este artículo se refiere a un concepto fundamental: el de la territorialidad. Para ello nos alejamos hasta la época de la colonización romana (más adelante intentaremos realizar un mapa sobre la prehistoria), y recurrimos como fuente principal a Ildefonso Gurruchaga, un autor que expuso, a mediados del siglo pasado, una interesante teoría sobre los pueblos que habitaban este territorio y que los historiadores romanos llamaron autrigones, várdulos y caristios. Él los agrupaba en un solo pueblo, el de los várdulos, que englobaba a los tres, lo cual permitía resolver las aparentes contradicciones de los textos clásicos de, por ejemplo, Mela y Tolomeo. También hemos intentado llevar al plano algunos topónimos de aquella época extraidos del libro “Guía para la historia del País Vasco, hasta el siglo IX”, de Alberto Pérez Laborda, y algunos de los lugares citados en el “itinerario de Antonino”. Un pequeño anacronismo: el de los lugares de Sopuerta, Carranza y Vardulia, de la conocida cita de la “Crónica de Alfonso III”, que se remontarían a finales del siglo IX.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Religiosidad y anticlericalismo en Barakaldo (siglo XX)</title>
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		<pubDate>Sun, 22 May 2011 07:08:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Religiosidad]]></category>

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		<description><![CDATA[El peso e influencia de la Iglesia Católica ha constituido durante buena parte de la Edad Contemporánea uno de los rasgos distintivos de la sociedad vasca. Las actitudes frente a ella, a favor o en contra, han determinado buena parte de la dinámica sociopolítica del País Vasco en los dos últimos siglos. Salvo conta­das excepciones, [...]]]></description>
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<p><img class="alignleft size-medium wp-image-2319" title="chuli_1" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2011/05/chuli_1-300x167.jpg" alt="" width="247" height="137" />El peso e influencia de la Iglesia Católica ha constituido durante buena parte de la Edad Contemporánea uno de los rasgos distintivos de la sociedad vasca. Las actitudes frente a ella, a favor o en contra, han determinado buena parte de la dinámica sociopolítica del País Vasco en los dos últimos siglos. Salvo conta­das excepciones, nuestra región sería un espacio privilegiado para aplicar la caracterización que realizaba hace algunos años Enric Ucelay sobre la vida política española:<em>la manera casi infalible —hasta la última década del franquismo— de </em><em>deducir el resto de las actividades políticas y sociales de cualquier indi­</em><em>viduo era a partir de conocer su postura religiosa&#8217;.</em></p>
<p>Sorprende, en este sentido, la escasa atención específica que la historiografía académica ha prestado a esta institución y a los fenómenos con ella relaciona­dos, abandonando este campo de investigación a historiadores provenientes fundamentalmente del campo eclesiástico&#8221;&#8217;. De este modo, el peso de la Iglesia Católica, determinante en la biografía personal individual desde el momento del nacimiento hasta el de la muerte, agente primario de socialización a través de ritos, ceremonias y doctrinas, y con una influencia manifiesta en la actitud de las autoridades en todos aquellos ternas relacionados con la cultura y la ideolo­gía, ha sido minusvalorado. Es más, frecuentemente se ha ofrecido una ima­gen de inmovilidad absoluta de la Iglesia, obviando los cambios producidas en su seno o los intentos de formular respuestas efectivas a las profundas transfor­maciones que estaba experimentando el País Vasco, particularmente desde fines del siglo Esa escasa atención también ha afectado a los grupos y actitudes que se enfrentaban al predominio de la Iglesia Católica. De este modo, es necesario subrayar, frente a la extendida idea de un País Vasco cató­lico casi por definición, la existencia de un importante espacio del mismo donde el papel de las tradiciones y creencias religiosas sería cuestionado y/o negado. Este fenómeno se produjo especialmente en las zonas industrializadas. La población de Barakaldo, en la Margen Izquierda del río Nervión, en pleno centro del foco industrializador vizcaíno, fue un buen exponente de cómo se enfrentaron religiosidad, irreligiosidad y anticlericalismo en el periodo que se extiende desde comienzos de<em> </em>siglo hasta el final de la Guerra Civil. Barakaldo se incluía, eclesiásticamente, en el Arciprestazgo de Portugalete, «sin duda, el más difícil y duro para el ministerio sacerdotal».</p>
<p>La aparición del Barakaldo moderno estuvo vinculada de forma indisoluble a su proceso de industrialización y a la concentración de una masa social que, pro­veniente del campo, trabajaba y vivía en un medio urbano, absolutamente nuevo para ellos. Los baracaldeses, además de sufrir la dura disciplina de la fábrica y soportar tinas condiciones de habitabilidad muy precarias, vieron como sus refe­rencias culturales, procedentes del mundo tradicional habían perdido su razón de ser en la nueva sociedad. La forma de vida que impuso el ritmo fabril implicaba nuevas modos de relación humana y social y un nuevo modelo cultural, en el que se mezclaba lo antiguo y lo moderno. En general, la propia dinámica ciudadana condujo al enfrentamiento con lo tradicional y la creación de pautas de actuación renovadas frente al pasado. El hecho de que las posibilidades de control social, por parte de sacerdotes, autoridades, familiares o vecinos, fuesen mucho meno­res que en las áreas rurales influyó asimismo en el cambio de pautas culturales y  sociales y a que el peso e influencia de la Iglesia Católica fuera cada vez más cuestionado a medida que nos adentramos en el siglo XX.</p>
<p>Ahora bien, la amplitud del periodo a examinar hace necesario realizar una serie de consideraciones previas, antes de pasar al análisis concreto de la reli­giosidad baracaldesa. Una primera matización consiste en indicar que no se pueden realizar afirmaciones globales, ya que la influencia y las manifestacio­nes públicas del sentimiento religioso entre los baracaldeses se modificaron de forma importante en el periodo aquí analizado. Pese a la proximidad cronoló­gica, 1901 o los años finales de la República constituyeron dos contextos radi­calmente opuestos para vivir la práctica religiosa. Una segunda constatación: es necesario establecer diferentes niveles de análisis, ya que no se puede equipa­rar la práctica institucional de la religión, asistencia a misas, cumplimiento de los sacramentos, procesiones, etcétera, con la religiosidad popular, mucho más flexible en cuanto a sus manifestaciones y que pudo pervivir, incluso entre aquellos que alardeaban de no respetar la religión&#8221;. Esta realidad era recono­cida por uno de los varios sacerdotes que, ya en la República, publicaron diver­sos estudios sobre el estado de la religiosidad en esta población:</p>
<p><em> </em><em>En el fondo de estas gentes hay un sedimento religioso, que puede ser </em><em>aprovechado como punto de apoyo para una reconstrucción, que habrá </em><em>de ser laboriosa, pero que la creo realizable.</em><em> </em></p>
<p><em>Tanto los oriundos del País Vasco como los venidos de otras tierras </em><em>han sido, en sus tiempos, católicos observantes. Ellos mismos lo confie­</em><em>san y, por cierto, con dejos de tristeza, como quien echa de menos algo </em><em>con lo que estuvo muy bien.</em><em> </em></p>
<p><em>Esa religiosidad pasada se ha visto muy sacudida por propagandas ateas y el ambiente adverso. No ha desaparecido, pero sí ha sufrido deformaciones elementales</em>.</p>
<p>Del mismo modo, no podemos olvidar que buena parte de los sectores anti­clericales fueron socializados en un medio fuertemente impregnado de catoli­cismo, lo que dificultó la formulación de textos y mensajes originales, incluso por parte de aquellos que rechazaban cualquier forma de expresión religiosa y se declaraban ateos. En este sentido, algunos historiadores han encontrado numerosas similitudes entre el lenguaje socialista y anarquista y la terminolo­gía bíblica. Por citar las equiparaciones más conocidas, la Sociedad Comunista no sería más que un remedo del Paraíso; la Revolución, el Juicio Final; los pro­pagandistas obreros, los apóstoles; aquellos que fueron perseguidos, los márti­res; Jesucristo, por último, sería el primer socialista, en la medida en que defen­dió una sociedad igualitaria, criticó a los ricos y anunció que sólo los pobres entrarían en el Reino de los Cielos.</p>
<p>Tres matizaciones más para concluir esta introducción. La pérdida de la influencia religiosa no se debió únicamente a la acción de ideologías anticleri­cales; los ritmos productivos que exigía la industria moderna impidieron o entorpecieron la práctica religiosa, por lo menos tal y cómo se había entendido a lo largo de varios siglos. Por ejemplo, el mantener los hornos encendidos todo el tiempo dificultó que los responsables de los mismos pudiesen acudir fácil­mente a cumplir sus obligaciones religiosas. El rápido crecimiento demográfi­co y urbano de la localidad impidió, a su vez, que se levantase con rapidez la infraestructura religiosa necesaria para atender a la nueva feligresía. Hacían falta más iglesias y más sacerdotes para cumplir adecuadamente las necesida­des religiosas de los habitantes de Barakaldo&#8221;&#8216;. Por último, conviene relativi­zar los textos apocalípticos redactados tanto por autores católicos como por anticlericales, en lo referente a los niveles de práctica religiosa o creencias de unos y de otros. Si el anticlericalismo hubiese tenido la importancia que parecían darles unos y otros, no se podría entender, por ejemplo, el fuerte desarro­llo que los colegios religiosos tuvieron en Barakaldo. Por otra parte, el nivel de práctica religiosa de muchos de aquellos que eran tildados de ateos, anticlericales o &#8220;tibios&#8221; era más alto que el de muchas personas que hoy en día se con­sideran católicos practicantes. La distinción planteada por el sacerdote Uriarte para el Eibar republicano: «viven dos pueblos con fronteras morales y aún casi geográficas bastante definidas: el Eibar creyente y el Eibar anticlerical» no es tan nítida como se da a entender frecuentemente.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">La red eclesiástica baracaldesa</span></p>
<p>La red eclesial baracaldesa estuvo compuesta hasta la posguerra única­mente por tres parroquias; la central, situada en la iglesia de San Vicente, a la que debían de acudir a cumplir con los sacramentos la mayoría de los baracaldeses&#8221;&#8216;; la parroquia de San Roque en El Regato, construida junto a la antigua ermita en 1887; y la parroquia de San Bartolome, en Alonsótegui, templo cuya construcción finalizó en 1906. Los centros de enseñanza reli­giosos y Altos Hornos tenían sus propias capillas. Ante la insuficiencia del espacio disponible, se autorizó a que en las ermitas de Retuerto y Burceña se celebrase la Santa Misa. El barrio de Luchana, donde 1.293 vecinos de los 3.500 habitantes (incluidos los niños) solicitaron al obispo la erección de una capilla, contó desde el 27 de octubre de 1925 con un templo bajo la advocación del Buen Pastor. El dato más sorprendente es que el intento de levantar una nueva iglesia en el barrio del Desierto, bajo la advocación de San José no llegó a superar, en este periodo, la fase de cimentación. Esto es, los barrios mineros o los próximos a las fábricas, los que más aumentaban su población, fueron marginados temporalmente o dejados en manos de las propias empresas.</p>
<p>Los primeros años del siglo XX supusieron la continuación del intento de la Iglesia Católica por recuperar el papel hegemónico y prácticamente indiscu­tido del que había gozado hasta la revolución liberal del siglo XIX. La restau­ración monárquica de 1874 supuso el punto de inflexión tras un largo perio­do en el que la institución eclesiástica había perdido buena parte de su poder económico, religioso e ideológico a manos del Estado&#8217;-&#8217;<sup>5</sup>. Pero ese intento estaba acompañado de una actitud de rechazo frontal a la mayor parte de novedades producidas en los últimos decenios y que las mismas doctrinas papales consideraban consecuencias del liberalismo. Desde la publicación en 1864 por parte del papa Pío IX del <em>Syllabus, </em>donde se recogían los 80 princi­pales errores modernos, ser católico, políticamente, Implicaba casi automáti­camente ser antiliberal. Incluso muchos católicos españoles rechazaron for­mar parte del Partido Liberal Conservador de Antonio Cánovas por su carác­ter liberal.</p>
<p>Consecuencia de esta actitud nació un amplio Movimiento Católico, com­puesto por una gran pluralidad de asociaciones, y orientado al terreno reli­gioso, ético, social y político. El punto de vista de este movimiento era la recuperación de la hegemonía ideológica y social de la Iglesia, recristiani­zando la sociedad a través de la participación de los católicos en todo tipo de organizaciones religiosas y laicas. Se impulsaron las manifestaciones externas de religiosidad y se subrayó la resistencia a los cambios de valores sociales. Se trataba, en definitiva, de mantener el predominio de la Iglesia sobre los poderes civiles, sin admitir el pluralismo ideológico o social, pero los propios católicos estaban divididos en una multiplicidad de organizacio­nes sociales y políticas que proporcionaba a sus acciones matices muy dife­rentes. La mayor parte de ellos estaba de acuerdo en la participación de los católicos en la vida política, divergían en las formas. De hecho, el catolicis­mo político, entendido como la estrategia de los elementos católicos en el campo electoral, está muy vinculado al tratamiento del problema religioso y alcanzó un papel relevante únicamente entre 1906 y 1912. Momento en el que la jerarquía católica abandonó su pasividad, entrando de forma activa y pragmática en la vida electoral. La razón de este cambio de actitud fue el intento por parte de diferentes gobiernos liberales de controlar y limitar la influencia religiosa en varios ámbitos, especialmente el educativo. Durante el invierno de 1906/1907 y en 1910 se produjeron importantes movilizaciones católicas en defensa de los intereses de la Iglesia. Pasado el peligro, las autoridades eclesiásticas abandonaron el terreno de la participación directa en las luchas políticas.</p>
<p>El siglo XX vio cómo se desarrollaban en Barakaldo (fue la excepción en la Margen Izquierda, junto con Sestao) varios centros educativos religiosos. Estos colegios extendieron su influencia a través de una profusa red de devociones: primer viernes, mes de María, adoración nocturna), ritualizaciones (primeras comuniones, bodas, procesiones) y formas de asociacionismo (antiguos alum­nos. propagandistas, luises, etcétera). También se crearon organizaciones asistenciales católicas, educativas (escuelas dominicales) y asociaciones pietis­tas. Fue en este momento cuando surgieron el Centro Católico (1903), las Hijas de María, San Luis Gonzaga o los Adoradores Nocturnos (1908). Si Barakaldo, en su conjunto, se caracterizó por una profusión asociativa que sustituyó a los vínculos comunitarios desarticulados por la industrialización, la Iglesia no fue una excepción en el crecimiento de la sociabilidad formal. Entre 1900 y 1930 nos encontramos con 20 asociaciones religiosas censadas.</p>
<p>Muchas de estas asociaciones, sufragadas en parte por los patronos fabriles, intentaban alejar a los obreros y a sus familias de la creciente influencia de los sectores de izquierda mediante conferencias de tema social, Misiones que se realizaban en la misma localidad y Ejercicios Espirituales que intentaban fortalecer los conocimientos de una población que, en buena medida, ya había abandonado las prácticas religiosas. Las fechas tradicionales, Navidad o Semana Santa, sin embargo, tenían un importante eco en la localidad con concentraciones masivas. Según los datos recogidos, la festividad de María Auxiliadora, introducida por los salesianos a comienzos de siglo (1913), tuvo gran importancia entre los baracaldeses y la asociación fundada para conser­var en buen estado el templo y ayudar económicamente a las vocaciones y a los misioneros, la Archicofradía de María Auxiliadora, llegó a tener 875 socios en 1960.</p>
<p>El catolicismo social baracaldés de los primeros años del siglo XX no se caracterizó, evidentemente, por la actividad reivindicativa, ya que se encon­traba limitado por las resistencias de los patronos que financiaban estas organizaciones, pero sí por la creación de diferentes asociaciones orientadas al socorro obrero y a temas de previsión social, a diferencia de los años finales del XIX, en los que no existía una acción pastoral específica para los tra­bajadores industriales o los mineros<sup>2</sup>&#8216;<sup>0</sup>. También se caracterizó por su exce­siva división organizativa. Llegaron a existir las siguientes agrupaciones: el Centro Católico Obrero, el Centro Católico Obrero de Alonsótegui, el Sindicato Católico de Industria y el Sindicato Católico Obrero. Hacia 1918 hicieron su aparición los Sindicatos Católicos Libres, más avanzados y que estaban dispuestos a recurrir a medidas de presión o a la huelga para conse­guir sus reivindicaciones. Ya en los albores de la Segunda República, cató­licos y católicos libres se unificaron. En 1930 existían en la anteiglesia 4 agrupaciones de este signo:</p>
<ul>
<li>Sindicato Católico de Industria Química de Luchana, 110 socios</li>
<li>Sindicato Católico Siderúrgico de Baracaldo, 442 socios</li>
<li>Sindicato Católico Metalúrgico de Alonsótegui, 133 socios</li>
<li>Federación Católica Agraria de Baracaldo, 92 socios</li>
</ul>
<p><span style="text-decoration: underline;">Anticlericalismo e irreligiosidad en Barakaldo</span></p>
<p>El anticlericalismo se convirtió en uno de los principales problemas sociopo­líticos de la primera década del siglo XX español. La pretensión eclesial de la recatolización de las clases burguesas españolas a través de la enseñanza secun­daria, el poder social y económico de las organizaciones católicas y la necesi­dad de reformular el lenguaje político por parte de los diferentes partidos se encuentran en el origen de este fenómeno. Republicanos y liberales encontra­ron en la retórica anticlerical el medio para atacar al Partido Conservador, sin poner en cuestión el modelo social implantado por la Constitución de 1876. Este anticlericalismo, al igual que sucedía en Francia, constituía una señal de identidad del liberalismo español, al que proporcionaba un &#8220;cachet&#8221; izquierdis­ta relativamente inocuo. Permitía, asimismo, continuar la pugna electoral en el terreno simbólico y cultural, visualizando de forma permanente los rasgos distintivos de cada grupo político. El republicanismo radical liderado por, Alejandro Lerroux fue un buen exponente de esta actitud y gozó de un eco importante en Barakaldo. Existió, asimismo, un anticlericalismo vinculado a las organizaciones obreras, en especial a las Juventudes Socialistas. Este fenó­meno estaba vinculado a la creciente irreligiosidad, derivada del proceso de cambios que ya estaba experimentando la anteiglesia fabril.</p>
<p>Las transformaciones provocadas por la industrialización alcanzaron de forma destacada el mundo religioso y de creencias de los baracaldeses. Ya en noviembre de 1887 seis baracaldeses solicitaron al Ayuntamiento que al lado del cementerio católico se construyese otro civil&#8217;. A medida que pasaba el tiempo, todos los autores coinciden en que hay un aumento de aquellos secto­res que no cumplían sus deberes religiosos o manifestaban un rechazo radical al mensaje y a los mensajeros de la Iglesia Católica. Institución que, además, se consideraba al servicio de los empresarios y de los ricos. Las palabras de Valdour, un estudioso católico francés que visitó la zona trabajando como peón, son meridianas. Refiriéndose a los obreros de Vizcaya dice:</p>
<p><em>Muy pronto se dan cuenta de que ganan lo justo para vivir pobremen­te y alimentar sus pasiones en el juego, el baile y las fiestas. (&#8230;) Muy pronto el primer sentimiento de extrañeza se convierte en rabia y odio; surgen entonces los que se encargan de aprovechar los desórdenes, no ya para remediarlos, sino para agudizarlos y agravarlos. Un grito sube reclamando justicia, vociferando contra la Iglesia y aclamando la revo­lución.</em></p>
<p><em>Toda esta región tan profundamente cristiana se ha convertido en teatro </em><em>de una propaganda ferozmente anticatólica: los medios utilizados para ello son la prensa, la reunión pública y las pasiones político-sociales.</em></p>
<p>Un católico anónimo situaba en el modelo industrializador el inicio del des­censo de la religiosidad en Barakaldo. Más en concreto, la falta o escasez de viviendas («raíz de toda inmoralidad»), deficiencias en la sanidad y en la enseñanza (la falta de escuelas o la costumbre de que hiciesen recados colo­caba a los niños permanentemente en la calle), el alto grado de analfabetismo y la vida de taberna, junto con la perniciosa influencia de los obreros ingle­ses que vinieron a los astilleros del Nervión, con &#8220;costumbres licenciosas&#8221; eran sus causas. Sólo el impulso educativo de los salesianos a partir de 1897 permitiría, en su opinión, el inicio de la recuperación de la Iglesia baracalde­sa. El proceso industrializador habría generado, además, una segunda distin­ción en temas religiosos:</p>
<p><em>Los extraños, salvo excepciones no escasas, entre los cuales hay </em><em>muchos fervorosos católicos, son en su mayoría cristianos no practican­tes, indiferentes, abandonados, y entre ellos están todos los irreligiosos públicos y propagandistas anticatólicos, que no son pocos en número, pero sí en relación a la masa del pueblo baracaldés. Los vascos, en cam­bio. salvo también excepciones, son los que asisten a los templos de la anteiglesia y practican la religión.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La opinión generalizada entre los medios eclesiásticos era que la difusión del ambiente irreligioso estaba ligado al desarrollo de vías y medios de comunicación y a los focos urbanos, manifestando, en consecuencia, una opinión absolutamente negativa sobre las modificaciones producidas en los últimos tiempos. Dos opi­niones pueden servir corno pequeño botón de muestra. El sacerdote Mateo de Uriarte señalaba como causas particulares del abandono religioso en Eibar, ade­más del crecimiento económico, el bajo nivel cultural, el pasado liberal y la influencia de la Casa del Pueblo, «la ausencia total de vida familiar, sustituida por la vida en la calle, taberna, café, centro político o cine, hasta avanzadas horas y en promiscuidad de sexos, el carácter de capitalidad que atrae a la juventud liber­tina de otros pueblos a espectáculos, bailes y casas de lenocinio».</p>
<p>Otro clérigo, ejerciente en la zona minera, José de Iñigo describía así la situa­ción de la zona minera:</p>
<p><em>Dejando un amplio margen a la excepción para que a él se acojan los </em><em>muchos que pueden acogerse, padecemos aquí la enorme laxitud de los </em><em>empresarios de cine, que han proyectado las cintas más atrevidas: en esas mismas salas de cine se han exhibido procacidades del género ínfimo que habían sido prohibidas en otras poblaciones; la blasfemia llega a los límites insuperables, los noviazgos dejan de serlo a los dos meses para comenzar a ser &#8230; otra cosa; todos estos pueblos cuentan con un buen número de trotamundos que, a ciencia y paciencia de sus padres, corren todas las rutas de la delincuencia y conocen todas las cárceles; preparán­dose a seguir los pasos de estos &#8220;caballeros de la briva&#8221; hay cuadrillas de mozalbetes, tenor de vendedores ambulantes y de interventores de tre­nes. Los expendedores de novelones por entregas tienen aquí un buen mercado, así como los de novelas rojas y verdes y libros de eugenesia</em>.</p>
<p>Frente a estas opiniones, que hacían hincapié en los factores culturales y morales externos, el sacerdote baracaldés Fabián de Isasi planteó en 1927 que «Pasaron, no sé si para no volver, los siglos del pueblo teólogo anheloso de autos sacramentales y de pábulo doctrinal». Los religiosos que se quejaban por los cambios «creían conducir un rebaño de fieles ovejuelas y guiaban un hato de borregos». El verdadero origen del problema era la falta de formación reli­giosa de los fieles:</p>
<p><em>Observamos en estos pueblos fabriles, pueblos de &#8220;aluvión&#8221; en su </em><em>mayor parte, enorme influencia de gentes de las aldeas y poblachos de todas las regiones de España, especialmente de aquellas de más arraiga­</em><em>das prácticas religiosas, las cuales gentes han establecido su asiento aquí, </em><em>atraídas por los cantos de sirena de un salario abundante y fácil de ganar.</em><em> </em></p>
<p><em>Ahora bien ¿cómo se explica que el conjunto de gentes religiosas clé </em><em>un resultado tan triste y miserable como el que prácticamente estamos </em><em>viendo? ¿Cómo se explica que esas gentes que en sus pueblos eran </em><em>modelo de cristianos, se conviertan a la media semana en verdaderos</em><em> </em><em> </em><em>desgraciados que se acuerdan de sus deberes de cristianos como de la primera camisa que se pusieron? (&#8230;)</em><em> </em></p>
<p><em>¿Por qué todo ello? Porque no hay fundamento doctrinal; es la casa que se edificó sobre arena.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En cualquier caso, la influencia religiosa y las posibilidades de control social por parte de los sacerdotes fue perdiendo progresivamente peso en el ambiente baracaldés. Este proceso es apreciable en aspectos muy diferentes de la vida cotidiana: en la lectura de prensa laicista o en el tiempo de ocio. Este último constituyó uno de los elementos donde mejor se apreció la distancia entre los dictados eclesiásticos y la práctica cotidiana, especialmente de los jóvenes. La romería de Cruces, del primer lunes de Pascua y sus repeticiones, alcanzaron especial significación en la medida en que cada vez más tuvieron un carácter profano. desligado de celebraciones religiosas. Diferentes asociaciones religio­sas no perdieron la ocasión para protestar por los supuestos excesos que se cometían durante esas fechas o en los carnavales&#8221; <sup>2</sup>. Los establecimientos de bebidas, lugar preferente del ocio masculino y núcleo, en ocasiones, de delin­cuencia, los centros de prostitución, las salas de espectáculos y los cines que hemos descrito en los apartados anteriores crecieron de forma importante en este periodo y su desarrollo no hacía más que reflejar un mundo en el que el peso de la moral religiosa era cada día menor. Son conocidas las recriminacio­nes y censuras con los que la iglesia ha tratado a los que frecuentaban este tipo de establecimientos.</p>
<p>Los primeros síntomas de laicismo se habían apreciado desde finales del siglo xtx y desde comienzos del presente son claramente visibles las críticas de la izquierda local, sobre todo las de los republicanos radicales y las Juventudes Socialistas&#8221;&#8216;. Las acusaciones se dirigían contra la actuación de la iglesia Católica, los colegios religiosos o contra aquellas decisiones del Ayuntamiento tendentes a reforzar la presencia de la Iglesia en la localidad, acudiendo a los actos litúrgicos, rehabilitando o construyendo nuevos centros y colegios reli­giosos, cuando el equipamiento urbano no cumplía los requisitos mínimos que exigía la ley y las necesidades de una ciudad moderna, etcétera. Junto a esta crí­tica política existió una irreligiosidad popular que se manifestaba en diversos índoles de la vida, desde los entierros civiles (conocidos desde 1891) y la opo­sición física o simbólica a las diferentes manifestaciones de la religión, (no fal­taron el incendio de ermitas e imágenes, ataques a sacerdotes y religiosos y el lanzamiento de piedras a los que acudían a misa), hasta las canciones jocosas y la utilización de un lenguaje voluntariamente blasfemo, en un momento en el que la blasfemia era un delito civil multado por los ayuntamientos. Una de las muestras más conocidas de la irreligiosidad de amplios sectores baracaldeses era la excursión que realizaban los izquierdistas los Viernes Santos a la campa de Cruces, merendando cordero y dedicándose a danzar bailes &#8220;al agarrado&#8221;&#8217;. Otro ejemplo de oposición activa fue la creación de un centro singular en el panorama educativo del País Vasco: una Escuela Laica fundada en 1905 y que tenía su sede en el Círculo Republicano, siendo su director el miembro de dicho partido, Manuel Picaza.</p>
<p>El bautismo, el matrimonio y la extrema unción son los tres sacramentos que mayor visibilidad tienen en las relaciones sociales y uno de los momentos en los cuales la gente más se aproximaba a la Iglesia. No fue extraño, por lo tanto, que fuese en estos actos donde se intentase manifestar de la forma más clara el rechazo a ese género de prácticas. En el caso de los entierros, diversos auto­res han insistido en la importancia que dicha ceremonia, fuese religiosa o civil, tenía en Barakaldo. Todos ellos contaban de una gran asistencia, convirtiéndo­se en una participación colectiva en el dolor de los familiares y en homenaje al finado. Tal vez por ello y pese a la espectacularidad de los entierros civiles&#8217;, los religiosos eran abrumadoramente más numerosos, entre otras razones por el desprecio que se tenía al cementerio civil baracaldés, mucho más pequeño que el religioso. Los reproches eclesiásticos sobre los entierros civiles eran muy duros: «Un entierro civil es una manifestación anticatólica. Es un renegar de la fe católica». Tales ceremonias «constituían verdaderas manifestaciones socie­tarias contra la Iglesia, los Poderes Públicos y los ricos». No hay que olvidar, en este último sentido, que los diferentes tipos de ceremonia religiosa subraya­ban las diferencias sociales entre unos grupos y otros; al funeral de primera clase, acudían el párroco y 7 sacerdotes con un carro de caballos, si era pobre únicamente un sacerdote y un monaguillo.</p>
<p>Los varones manifestaban habitualmente más fácilmente su anticlericalismo que las mujeres, además permitían más fácilmente que se bautizase a las niñas que a los niños. Hacia los años 1918-1920, la asistencia diaria a misa se cifraba en unas 100 personas y en unas mil los domingos, en una población de unos 25.000 habitantes, además de los niños que acudían al colegio salesiano. A partir de 1921 se produjo un aumento de la asistencia, pese a la crisis econó­mica y social.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">Los años de la República</span></p>
<p>El año 1931, tras el triunfo de las fuerzas izquierdistas, marcó el inicio de una breve etapa, caracterizada por el laicicismo del Estado, pero en el que las cues­tiones religiosas y el anticlericalismo estuvieron constantemente en el primer plano de la actualidad&#8217;. Poco antes de la proclamación de la República, el 29 de marzo de 1931, se produjeron incidentes con anticlericales en la procesión del Cristo del Perdón. Tras el 14 de abril, el temor se adueñó de las asociaciones cató­licas, pero no se produjo ningún incidente excesivamente grave. En previsión de los mismos, en los días de peligro, antiguos alumnos custodiaron la casa salesia­na. La mayor parte de los miembros de estas asociaciones se repartían política­mente entre el PNV, la Comunión Tradicionalista y Acción Popular.</p>
<p>El nuevo ayuntamiento republicano tuvo un papel destacado en el proceso de separación entre la Iglesia y el Estado. No se renovó la subvención al Colegio Salesiano, con la abstención de los miembros de ANV participantes en la coalición mayoritaria y el rechazo del PNV y los católicos. En mayo de 1931 se prohibió impartir unas conferencias femeninas, aunque tras una mani­festación de protesta, las autoridades rectificaron. Ya en julio, republicanos y socialistas se opusieron a que la Banda Municipal acudiese a los actos reli­giosos de las fiestas del Carmen. Tres meses más tarde, los concejales de ambos grupos aprobaron una moción que solicitaba la separación entre la Iglesia y el Estado, la disolución de las Órdenes Religiosas <em>y </em>la incautación de sus bienes. El Viernes Santo de 1932, la corporación municipal organizó bai­lables en la plaza de Villalonga, pero algunos jóvenes armados disolvieron a los escasos asistentes.</p>
<p>En los años siguientes al derrocamiento de la monarquía, a través de la Constitución o de leyes derivadas, se promulgaron una serie de disposiciones que subrayaban la separación entre la Iglesia y el Estado, secularización de los cementerios, prohibición a los gobernadores de tornar parte con carácter ofi­cial en actos religiosos, proscripción al Ejército de que se mandasen las acos­tumbradas comisiones a los actos religiosos, privación del derecho de la Iglesia a intervenir en el Consejo de Instrucción Pública, supresión de la obligatorie­dad de la enseñanza religiosa en las escuelas primarias o superiores, prohibi­ción del crucifijo y emblemas religiosos en las escuelas en que hubiera quienes se negasen a recibir las enseñanzas de la Iglesia, libertad de cultos, fin de la inmunidad personal eclesiástica o el matrimonio civil, el divorcio, etcétera. Todo ello contribuyó al aumento de la laicicidad, hasta el punto que un testimo­nio diez años después del final de la Guerra Civil elevaba a 500 el número de adultos bautizados y «larguísima la serie de matrimonios colocados en la vía del señor».</p>
<p>Las profundas transformaciones de estos años llevaron a algunos sacerdotes a realizar estadísticas para conocer la situación real de la vida religiosa. En el caso de Barakaldo, conocemos la realizada por Joaquín Azpiazu el año 1934 en el arciprestazgo de Portugalete. Los datos no parecen demasiados fiables, ya que hemos detectado tanto errores aritméticos (el resultado de la suma de las distintas parroquias sobre la proporción de matrimonios civiles es de un 30,36%, frente al 45,6% señalado por Azpiazu), como de recogida de datos (el número de nacidos en 1934 en Baracaldo y Sestao superaba con amplitud los 1.000 casos, mientras que en la estadística se contabilizan únicamente 300), pero son una buena muestra de los cambios que se estaban experimentando en ese momento:</p>
<p>&nbsp;</p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="615"><strong>Asistencia a misa en el Arciprestazgo de Portugalete (1934)</strong></td>
</tr>
</tbody>
</table>
</div>
<div>
<p>&nbsp;</p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="154"></td>
<td valign="top" width="154">Habitantes</td>
<td valign="top" width="154">Adultos que asisten a misa</td>
<td valign="top" width="154">Niños que asisten a misa</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="154">Barakaldo/Burceña/Luchana</td>
<td valign="top" width="154">30.000</td>
<td valign="top" width="154">5.000</td>
<td valign="top" width="154">2.500</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="154">El Regato</td>
<td valign="top" width="154">2000</td>
<td valign="top" width="154">300</td>
<td valign="top" width="154">250</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="154">Conjunto</td>
<td valign="top" width="154"></td>
<td valign="top" width="154">23 %</td>
<td valign="top" width="154">45,8%</td>
</tr>
</tbody>
</table>
</div>
<div>
<p>Azpiazu, sin embargo, no tiene en cuenta, aparentemente, la asistencia a las las de Nuestra Señora del Carmen, a la de los Salesianos o al de Landaburu, y rechaza la posibilidad de que los asistentes a las escuelas públi­cas recibiesen, como así sucedía, formación religiosa. Los datos de Azpiazu son mucho más incompletos e inexactos en lo que se refiere a bautismos, matrimonios y muertes, como lo demuestra la tarea reco­pilatoria realizada por Pedro Simón Guerrero en el Registro Civil y en los Libros Parroquiales de la anteiglesia.</p>
<p><strong>Bautismos en el Arciprestazgo de Portugalete (1934)</strong></p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="615"></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&nbsp;</p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="205"></td>
<td valign="top" width="205">Bautizados</td>
<td valign="top" width="205">No Bautizados</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="205">Barakaldo/Sestao</td>
<td valign="top" width="205">233</td>
<td valign="top" width="205">32</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="205">El Regato</td>
<td valign="top" width="205">42</td>
<td valign="top" width="205">2</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="205">Arciprestazgo</td>
<td valign="top" width="205"></td>
<td valign="top" width="205">27,6%</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&nbsp;</p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="615"><strong>Población y nacimientos según el Registro Civil y Libros Parroquiales (1931-1934)</strong></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Año</p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="102"></td>
<td valign="top" width="102">Población deBarakaldo</td>
<td valign="top" width="102">Nacidos Registro Civil</td>
<td valign="top" width="102">Nacidos. Libros Parroquiales</td>
<td valign="top" width="102">Diferencia</td>
<td valign="top" width="102">Diferencia%</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="102">1931</td>
<td valign="top" width="102">35.189</td>
<td valign="top" width="102">904</td>
<td valign="top" width="102">773</td>
<td valign="top" width="102">131</td>
<td valign="top" width="102">14,49%</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="102">1932</td>
<td valign="top" width="102">36.207</td>
<td valign="top" width="102">832</td>
<td valign="top" width="102">700</td>
<td valign="top" width="102">132</td>
<td valign="top" width="102">15,86%</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="102">1933</td>
<td valign="top" width="102">36.765</td>
<td valign="top" width="102">751</td>
<td valign="top" width="102">622</td>
<td valign="top" width="102">132</td>
<td valign="top" width="102">17,57%</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="102">1934</td>
<td valign="top" width="102">34.435</td>
<td valign="top" width="102">715</td>
<td valign="top" width="102">602</td>
<td valign="top" width="102">113</td>
<td valign="top" width="102">15,84%</td>
</tr>
</tbody>
</table>
</div>
<p>Aunque la proporción de no bautizados alcanza el 15% de total no parece una cantidad excesivamente grande si tenemos en cuenta que apenas varía en los años republicanos, con lo que la labor laicizadora de los primeros gobiernos republicanos no tuvo una influencia notable en los hábitos de los baracaldeses. No tenemos datos tan completos para los matrimonios y las defunciones. En el primer caso, el jesuita afirma que un 13,6% de los matrimonios de Baracaldo y Sestao eran civiles y un 30,36% en el conjunto del arciprestazgo de Portugalete. Pero Azpiazu sólo contabiliza 116 matrimonios entre ambos municipios, cuan­do los datos del Registro Civil de Barakaldo para 1931 nos ofrece la cifra de 329 matrimonios inscritos en el mismo. Carecemos de datos de la parroquia del Buen Pastor y no podemos ofrecer la proporción exacta de matrimonios civiles y religiosos, pero sí un índice de su evolución, tornando corno referencia las parroquias de San Vicente, San Roque y San Bartolomé:</p>
<p>&nbsp;</p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="615"><strong>Evolución del nº de matrimonios (civiles o eclesiásticos en el Arciprestazgo de Portugalete (1931-34)</strong></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&nbsp;</p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="123">Año</td>
<td valign="top" width="123">MatrimonioRegistro Civil</td>
<td valign="top" width="123">Índice</td>
<td valign="top" width="123">Matrimonioeclesiástico</td>
<td valign="top" width="123">Índice</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="123">1931</td>
<td valign="top" width="123">329</td>
<td valign="top" width="123">100</td>
<td valign="top" width="123">219</td>
<td valign="top" width="123">100</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="123">1932</td>
<td valign="top" width="123">173</td>
<td valign="top" width="123">53,24</td>
<td valign="top" width="123">146</td>
<td valign="top" width="123">66,6</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="123">1933</td>
<td valign="top" width="123">214</td>
<td valign="top" width="123">65,04</td>
<td valign="top" width="123">174</td>
<td valign="top" width="123">79,45</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="123">1934</td>
<td valign="top" width="123">212</td>
<td valign="top" width="123">64.43</td>
<td valign="top" width="123">160</td>
<td valign="top" width="123">73,05</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Ambos índices nos muestran, en primer lugar, un fuerte descenso del núme­ro de matrimonios, achacable seguramente a la grave crisis económica que estaba sufriendo la Margen Izquierda y no al rechazo al vínculo matrimonial, fuese éste civil o religioso. Hay que subrayar, en segundo lugar, una diferencia notable en las cifras a favor de los matrimonios inscritos en el Registro Civil que puede ser explicable, además de por el contrato civil, por el hecho de casar­se en otros templos, muchos o algunos baracaldeses. Se aprecia, por último, que el descenso es más notable en el caso de los inscritos en el Registro Civil que en el eclesiástico, con lo que vemos, de nuevo, que la influencia laicizadora es anterior a la República, ya que ésta no parece provocar ningún cambio en las tendencias ya existentes. No tenemos muchas noticias sobre los matrimonios civiles que nos permitan realizar afirmaciones concluyentes. De hecho, el pri­mer matrimonio civil de Alonsótegui, realizado por dos afiliados de la Agrupación Republicano Radical, se celebró en una fecha relativamente tardía, el 4 de febrero de 1933.</p>
<p>Los datos sobre los fallecimientos confirman lo ya expuesto. Desconocemos el número de entierros civiles de todo el periodo, pero la con­sulta sistemática del <em>diario El Liberal </em>indica que, incluso en los años republi­canos, su número fue bastante reducido. Azpiazu recopiló, en 1934, 188 fallecimientos, de los que el 23,40% no recibirían asistencia religiosa. Esta proporción, en el conjunto del arciprestazgo, se elevaba hasta el 27,6%. Los datos de Simón Guerrero también son parciales, pero indican que de los 334 fallecidos en total durante 1934 un mínimo de 275, esto es, el 82,33% fuerbn inscritos en los libros parroquiales de San Vicente y Alonsótegui. Los índices relativos experimentaron incluso una pequeña subida entre 1931 y 1934. Si a estas cifras unimos la extrapolación de los que pudieron ser anotados en el Buen Pastor de Luchana y en Retuerto (un 15% aproximado del total de los feligreses) la conclusión es evidente, más de un 95% de los baracaldeses aceptaban el sacramento de la Extrema Unción. Esta proporción más alta puede explicarse porque se trata de personas de mayor edad, menos afectadas por la influencia laicista aunque, de la misma forma que sucede con bautizos y matrimonios, no podemos descartar que tradición y costumbre condiciona­sen su práctica religiosa.</p>
<p>El cambio de costumbres y la pérdida de la influencia religiosa se manifestó, asimismo, en el progresivo control de natalidad ejercido por la población bara­caldesa. Así, en los años republicanos, se denunció esta práctica, calificando el descenso de la tasa como alarmante. Según los sacerdotes denunciantes, la causa no estaría relacionada con la crisis económica, sino con «el egoísmo cen­sualista, manifestado por las prácticas anticoncepcionistas» y «la labor nefasta y el influjo brutal de los folletos repugnantes, que envueltos en literatura comu­nista y sindicalista se deslizan contra la natalidad».</p>
<p>La crítica aparentemente se ajustaba a los datos, ya que el número de naci­mientos experimentó en los primeros años de la década de 1930 un descenso continuado, tanto en Barakaldo, como en el conjunto de Vizcaya y de las tres provincias. Así, los 12.644 nacimientos vizcaínos de 1930, se convirtieron en 1935 en 10.088. En lo que respecta a la anteiglesia fabril, mientras en 1929 nacieron 929 niños, en 1931 el número se redujo a 906. La tasa bruta de natalidad de Barakaldo (por mil) experimentó una sensible reducción, pero hay que recordar que la evolución fue paralela al de la mortalidad infantil y a una mayor preocupación de los padres por responsabilizarse de su descendencia.</p>
<p>El quinquenio 1920-1935 supuso, por lo tanto, una fase de ralentización del desarrollo poblacional baracaldés, ya que registró la tasa más baja del siglo, con un porcentaje de crecimiento intercensal de 5,7%.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Evolución de la natalidad en Barakaldo (1910-1935)</p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="615"></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Año</p>
<table border="1" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td valign="top" width="168"></td>
<td valign="top" width="153">Natalidad</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="168">1910</td>
<td valign="top" width="153">44,31</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="168">1920</td>
<td valign="top" width="153">34,21</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="168">1930</td>
<td valign="top" width="153">26,44</td>
</tr>
<tr>
<td valign="top" width="168">1935</td>
<td valign="top" width="153">23,46</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>En conjunto, sin embargo, la situación no era tan catastrófica como señalaba Azpiazu. El análisis de este último estaba condicionado por la falta de autocrí­tica, sus apriorismos y la identificación entre predominio de organizaciones de izquierda e irreligiosidad. A esto se unieron hechos tales como la expulsión de los jesuitas en 1932 y los frecuentes ataques a templos y a clérigos. Aunque en Barakaldo no se dio ningún caso, en noviembre de 1931 el párroco de La Arboleda, Francisco Inchaurraga, fue asesinado y su coadjutor Félix Zamalloa herido&#8217;. Poco después, el 4 de enero de 1932 murió el párroco de Lamiaco y se incendió la iglesia de Santurce. No obstante, parece ser que alguno de estos atentados pudo ser cometido por derechistas para desprestigiar a la República.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;">La respuesta católica</span></p>
<p>Todos estos cambios reforzaron la opinión de aquellos que llevaban tiempo advirtiendo del peligro que corría la influencia de la Iglesia en España, en el País Vasco, particularmente en la Margen Izquierda del Nervión y en la Zona Minera y de la necesidad de cambios urgentes en la actitud hacia los nuevos problemas. Una primera respuesta de rechazo absoluto a lo que suponía la República y el desarrollo industrial se puede simbolizar en las visiones de Ezquioga o en el posterior apoyo de la mayor parte de la Iglesia española a la sublevación militar del 18 de julio de 1936. No faltaron, sin embargo, los que propusieron la adopción de un nuevo talante, superando el acercamiento cari­tativo y el predicamento de resignación que habían caracterizado la etapa ante­rior:</p>
<p><em>Que nadie sueñe hacer evolucionar a los mineros con una siembra a </em><em>voleo de regalos y donativos. Bastante se ha hecho en este sentido y los </em><em>resultados han sido nulos, cuando no contraproducentes.</em></p>
<p>Una de las respuestas de la Iglesia fue reorganizar sus fuerzas, dotándoles de un nuevo dinamismo y acercándose a formas de funcionamiento más moder­nas. El nuevo empuje religioso, que no puede hacer olvidar el fuerte avance que experimentó el laicismo y el anticlericalismo durante esos años, era consecuen­cia, en parte, de la aparición de organismos especializados en el seno de la Iglesia y, más en concreto, de la Acción Católica (Fundada por Pío XI en 1922), y estaba vinculado al gran desarrollo del apostolado seglar. Acción Católica surgió en Burceña hacía 1924 y en Barakaldo el 18 de febrero de 1930. Se trataba de una asociación de orden religioso, benéfico y social destinada a coor­dinar el resto de las organizaciones católicas locales. Su objetivo prioritario, más que la piedad o el incremento del culto público, era la recristianización de la sociedad española&#8221;&#8216; y de hecho, se convirtió en el instrumento más impor­tante del catolicismo organizado frente a la actuación antirreligiosa de los dife­rentes gobiernos republicanos&#8217;. Aunque los lazos de la Acción Católica Española con determinados partidos políticos de la derecha eran conocidos, la Juventud Femenina de Acción Católica de Barakaldo reafirmó su carácter neta­mente apolítico, aunque había «algunas asociadas que quieren dar a nuestra Asociación carácter político a medida de su gusto» . Las Juventudes Católicas agrupaban a jóvenes que perseguían objetivos más amplios que la mera pie­dad, y su función se concebía como escuela de formación, paso hacia Acción Católica. Existía, igualmente, una Asociación Católica de Padres de Familia. El conjunto de la afiliación a estas organizaciones, en las que se advierte un fuerte peso femenino, superaba las de cualquier organización política o social baracaldesa. La Acción Católica de la Mujer tenía en 1930 1.800 asociadas&#8217;. La Juventud Católica Femenina de Baracaldo se constituyó en 1932 y su núme­ro de afiliadas se aproximó rápidamente al millar de socias. Las cifras de las organizaciones masculinas eran bastante más modestas, la Juventud Parroquial de Luchana tenía 46 socios, la de Burceña 47 y las Juventudes Marianas orga­nizadas por los Padres Paules, 265 miembros.</p>
<p>Las organizaciones católicas llevaron a cabo todo tipo de actividades. La Catequesis de Landaburu interpretó diversas obras de teatro, y en mayo de 1934 creó una biblioteca de préstamo con novelas piadosas. El 19 de diciem­bre de 1932 se repartió ropa a los pobres por parte de la Conferencia de Señoras de San Vicente de Paúl. La Acción Católica de la Mujer creó unos Seguros Sociales Femeninos con pensiones de viudez que alcanzó 649 socias al finali­zar 1932, además de 98 bajas temporales; y otros de Enfermedad-Maternidad con 40 asociadas. La Juventud Católica Femenina, además de un Cuadro Artístico, organizó en 1933 Escuelas Nocturnas con 300 alumnas estudiando corte, mecanografía, taquigrafía, etcétera. Alonsótegui fue uno de los lugares donde se impartieron los cursillos de la Asociación Vasca de Acción Social Católica para la formación de los obreros católicos.</p>
<p>El 25 de febrero de 1933 se celebró una reunión en el Centro Católico Obrero para llevar a cabo la unión de las sociedades católicas de esta anteiglesia. Nada menos que 29 organizaciones diferentes y 4 delegados formaron la Junta Parroquial de Acción Católica de Baracaldo. La nueva coordinadora estaba for­mada por las siguientes asociaciones: Juventud Masculina de Retuerto, Juventud Femenina de Luchana, Juventud Masculina de Burceña, Juventud Femenina de Burceña, Asociación de Antiguos Alumnos Salesianos, Asociación de Antiguos Alumnos de La Salle, Asociación de Hijas de María, Asociación de Hijas de María de Retuerto, Asociación de Hijas de María de Burceña, Adoración Nocturna, Conferencias de San Vicente de Paúl, Cofradía de María Auxiliadora, Jueves Eucarísticos, Cofradía del Carmen, Apostolado de la Oración, Catequesis de la Inmaculada, Apostolado de la Oración de Burceña y la Catequesis de San Vicente, más los delegados de Tarjetas, Caridad, Catequesis y Ejercicios Espirituales. La relación constituye una buena muestra de la fuerza y complejidad asociativa de los católicos baracaldeses.</p>
<p>Otra de las muestras del dinamismo del catolicismo baracaldés fue la crea­ción de tres periódicos católicos: <em>Espigas </em>(1932) <em>y El Amigo de los Niños y los </em><em>mayores </em>(1932) y el <em>Eco de la Acción Católica de la Mujer </em>(1933). No sabe­mos hasta qué punto los textos de estas publicaciones reflejaban los intereses y expectativas de los católicos baracaldeses o, únicamente, el de los autores de los escritos que, probablemente, no eran habitantes de Barakaldo. La mayoría de los artículos estaban dirigidos a temas pietistas, intentando demostrar la supre­macía de los valores católicos sobre los ateos, y existían abundantes críticas al gobierno republicano por cerrar centros religiosos. Pero hay que destacar la publicación de buen número de artículos sobre las cuestiones sociales que aso­laban a toda la Margen Izquierda en ese momento, informando sobre las acti­vidades de organismos católicos en otros países, Bélgica especialmente. Dos eran las tendencias que se plasmaban en las páginas de la prensa católica. La primera vinculaba el recrudecimiento de las tensiones sociales al abandono de la práctica religiosa por parte de los obreros y situaba la paz social como con­secuencia del retorno al seno de la Iglesia de los trabajadores, independiente­mente de sus condiciones de vida y de trabajo. La segunda ofrecía una visión más crítica de la situación. Así, el número 12 de <em>Espigas </em>(octubre de 1933) sos­tenía que «el reino de Jesucristo es reino de caridad y justicia, y en él no puede tallar al obrero amor, no puede faltar la justicia que recoja y defienda todos sus sagrados derechos. (..) Muchas veces (el obrero) no ha encontrado respeto, amor y justicia en quienes se decían católicos. Se llamarían católicos, pero no lo eran en sus obras». Meses más tarde, tras constatar la gravedad del paro obrero, la misma revista se manifestó favorable a la intervención estatal&#8221;&#8216;. Por otra parte, manifestaba su separación de todo extremismo y la necesidad de abolir las desigualdades sociales:</p>
<p><em>El catolicismo no tiene nada que ver ni con el marxismo ni con el fas­</em><em>cismo, en cuanto son partidos, tendencias u organizaciones políticas, por </em><em>la sencilla razón de que las enseñanzas de Cristo son diametralmente contrarios a todos los odios y a todas las violencias. (&#8230;)</em><em> </em></p>
<p><em>Toda caridad sería fingida y falsa si no hubiere antes justicia —en los que han de practicar la caridad— por esto (la Iglesia) quiere ante todo y sobre todo que haya justicia. Adviértase, con respecto a las huelgas, que no hemos dicho que la Iglesia las condene, sino que condena las que son innecesarias o injustas.</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el caso del <em>Eco, </em>la autorización del obispo anunciaba la función que se esperaba de este nuevo instrumento: «Dígales que la revista sea eso, verdadero Eco de Acción Católica.(&#8230;) en la prensa, en beneficencia, en proteger al obre­ro, en procurar espectáculos morales, impedir los inmorales, en socorrer a madres necesitadas, etc».</p>
<p>La Guerra Civil en el País Vasco no tuvo el carácter de lucha religiosa que alcanzó en otras regiones y las autoridades, tanto autonómicas como locales, se preocuparon de asegurar el libre desenvolvimiento del culto, protegiendo a sacerdotes y religiosos en general. Los batallones nacionalistas dispusieron de sus propios capellanes. Ello no fue óbice para que se produjese la persecución de algunos sacerdotes y se incendiasen algunas iglesias. La parroquia de San Vicente de Baracaldo, aunque con vigilancia, permaneció abierta durante todo el periodo. En las parroquias de los arrabales se practicó el culto como en tiempo de paz. Por otro lado, el debilitamiento del control y de la presión social permitió que prácticas pocos extendidas hasta el momento tuviesen una mayor repercusión. Las uniones libres son un ejemplo de ello: de hecho, más de un anarquista baracaldés selló su unión arrojando al aire un caldero junto con su compañera.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mikel Aizpuru</p>
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		<title>El villazgo de Portugalete</title>
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		<pubDate>Fri, 13 May 2011 04:59:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2011/05/a1963c.jpg" class="floatbox" rev="group:2204 caption:`a1963c`"><img class="alignleft size-medium wp-image-2205" title="a1963c" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2011/05/a1963c-300x280.jpg" alt="" width="254" height="237" /></a>El Privilegio de Portugalete no dice cuáles fueron los motivos que aconsejaron el villazgo. Doña María Díaz de Haro se limitó a hacer la fundación y a determinar los fueros y franquicias de los pobladores y sus descendientes, sin apuntar la razón que le moviera a ello. Y es que la situación geográfica de la puebla era un hecho tan expansivo que excusaba toda consideración justificativa: el puerto. Los puertos han merecido siempre una atención especial.</p>
<p>Y entonces, también. Bien es verdad que desde el año 1300 había uno en la Ría, con toda clase de honores y franquicias: el de Bilbao. Pero estaba muy distante del mar, y, además, su jurisdicción terminaba en Luchana. No bastaba. De Luchana hasta el mar ha habido, desde antiguo, una vida portuaria propia y fecunda. En su <em>Historia Critica de Vizcaya, </em>sostiene Balparda, apoyándose en la escritura de arras, del Rey García, del año 1040, la existencia, entonces, <strong>de Uhart, hoy Ugarte</strong>, y que fue, sin duda, no sólo el puerto de Las Encartaciones, sino del Nervión. En él se embarcaron los primeros cargamentos de vena de nuestra montaña. Además, San Jorge de Santurce; Santa María de Sestao; Santa María de Guecho; <strong>San Vicente de Baracaldo</strong>; Somorrostro, existían con anterioridad a la Villa, y en torno a sus iglesias se levantaban las casas de los feligreses que vivían no sólo del campo, sino también del mar. A estas gentes no se las podía condenar a llevar las pinazas de pesca hasta el puerto de Bilbao. Había que habilitar otro, más cerca, con amplias franquicias para la carga y descarga. Y Doña María la Buena, que conocía la zona perfectamente por haber vivido en Santurce, donde, según Coscojales, tenía una Casa fuerte, se acordó de Portugalete. Era punto estratégico en la comarca, y ofrecía unas buenas garantías portuarias. Fue, pues, el puerto, la razón de la Villa.</p>
<p>La razón del villazgo concedido por María Díaz de Haro “la Buena”. Un argumento de peso: la situación geográfica</p>
<p><em>Mariano Ciriquiain</em></p>
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