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	<title>Ezagutu Barakaldo &#187; 2009 &#187; julio</title>
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	<description>Página Web sobre Barakaldo</description>
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		<title>Barakaldo en las Bienandanzas y Fortunas</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Jul 2009 08:02:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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		<category><![CDATA[García de Salazar]]></category>

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		<description><![CDATA[Don Hurtado Sans nunca quiso más casar y tomó mancebas de linaje e hizo hijos bastardos a Sancho Ortiz de Marroquin de Montehermoso y a Lope Sans de Gordojuela y a Fortun Ortiz Calderon de Nograro y a Pedro Ospina de Marica y a Juan Ortiz de Çarate. Y una hija que casó con don [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignleft size-medium wp-image-2374" title="foto1_1g" src="http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/07/foto1_1g-300x226.jpg" alt="" width="253" height="190" />Don Hurtado Sans nunca quiso más casar y tomó mancebas de linaje e hizo hijos bastardos a Sancho Ortiz de Marroquin de Montehermoso y a Lope Sans de Gordojuela y a Fortun Ortiz Calderon de Nograro y a Pedro Ospina de Marica y a Juan Ortiz de Çarate. Y una hija que casó con don <strong>Galindo de Retuerto</strong>” (Tomo IV, pp. 37-38).</p>
<p>“Don Sancho Ortiz Marroquin vino poblar a Muñatones y tuvo como hijo a Pedro Sanchez Porra de Muñatones. A la muerte de su (segunda) mujer casó con doña Juana, hija de <strong>don Sancho Lopez de Barakaldo</strong>, que era del linaje de los godos, de un caballero de ellos que pobló en <strong>Soloer, cerca de Retuerto</strong>, que después pasó a Erandio e hizo allí algunos monasterios e hizo la tercera parte de <strong>San Vicente de Baracaldo</strong>. De ella tuvo como hijos a Juan Sanchez Marroquin y doña María Sanchez que casó con Juan Ortiz de San Julián de Mena”. (Tomo IV, p. 101).</p>
<p>“Ochoa de Salazar… tuvieron siete hijos que fueron… Pedro Sánchez Porra, <strong>que casó en Retuerto</strong> y pobló allí y tuvo hijos e hijas de donde viene su generación. Después casó con María Sanchez de Zurbaran y tuvo de ella como hijos a… Iñigo de Salazar  <strong>que pobló en Baracaldo</strong>” (Tomo IV, p. 120)</p>
<p>“Este Lope García de Salazar… ganó la mitad de <strong>San Vicente de Baracaldo</strong> de diviseros… y compró <strong>la ferrería de Urdodeguieta</strong>” (Tomo IV, p. 121).</p>
<p>“La tierra de <strong>Baracaldo</strong> de antigüedad de tiempo inmemorial fue de la jurisdicción y señorío de la Encartación, según que lo era de Somorrostro, y con ella tenían montes y aguas y yerbas, no embargante que la rama de los montes fuesen partidas en cuatro partes. La una San Julián de Musquiz y la otra fue Cierbana y San Pedro de Santa Juliana la de Santurce que es cabe Portugalete…. La otra fue <strong>Barakaldo </strong>pero las yerbas y aguas y términos todavía quedaron por de todos aunque en aquella sazón Santurce era la mayor puebla. Después, en tiempo del Conde don Tello, señor de Vizcaya, pasaronse los de Baracaldo a Vizcaya por privilegio que ganaron del Conde por dineros y por poderío de Vizcaya y del solar de Butrón,  a pesar de los Retuerto porque los vecinos eran más poderosos… <strong>En esta tierra de Baracaldo, de antiguo tiempo hubo tres linajes, que son: Retuerto, Susunaga e Yraure.</strong></p>
<p><strong>El más antiguo de estos  fue el de Retuerto</strong> que sucedió  de un caballero de los godos que pobo en Egilus, junto a Soloeta (que es entre Trápaga y Retuerto) y de este linaje sucedió don Galindo de Retuerto que casó con una hija bastarda de don Fortún Sanchez de Salcedo, señor de Ayala, que hizo en ella a Juan Iñiguez de Retuerto, que casó con doña María Sanchez, hija de Pedro Sanchez Porra de Muñatones, que tuvo en ella a Ferrero de Retuerto y a don… Este Ferrero de Retuerto casó con una hija de Gil Martinez de Gueñes y tuvo en ella a Juan Ibañez de Retuerto y a Iñigo Sanchez que fue bastardo y fue padre de Juan de Retuerto… y tuvo otros hijos a hijas. Juan Ibañez casó en Terreros y tuvo como hijos a Gil Martinez que tuvo como hijos a Galindo de Retuerto, Ferrando de Llano y otros hijos e hijas de donde. A Galindo de Retuerto dejó la tercia parte del Monasterio de San Vicente de Baracaldo y así hereda su linaje la divisa del tercio de él.</p>
<p><strong>El linaje de Susunaga</strong> fue levantado de un hombre que moraba en Artecona sobre San Pedro de Galdames…y un hijo suyo pobló en Susunaga de Baracaldo… y casaron con el linaje de de don Sancho Lopez de Baracaldo que fue linaje de aquel caballero de los godos que pobló en Egilus, que pobló en Mesperuza e hizo la tercia parte de San Vicente de Baracaldo.</p>
<p><strong>El linaje de Yrauregi</strong> fue que un hombre del linaje de los Munsayos de Guipuzcoa vino a poblar a Yrauregui e hizo allí su vivienda y multiplicaron allí y casaron con la generación de don Lope Gonzalez de Zorroza, hijo de don Alvaro de Zorra que fue hijo mayor de don Lope Gonzalez que hizo el tercio del Monasterio de San Vicente de Baracaldo”.  (Tomo IV, pp. 122-123).</p>
<p>“En esta sazón entro Sancho Ortiz Marroquin, que vivía en Castro, por Avellaneda con doscientos hombres y mataron cuatro hombres de los Zamudianos,… y corrieron el valle adentro y tornaron por <strong>Baracaldo</strong>”. (Tomo IV, p. 268).</p>
<p>“Aquí se acaba el Libro XXIII que Lope Garcia de Salazar hizo en esta historia de las Bienandanzas…. en que habla de las enemistades y peleas y homicidios que acontecieron e hicieron entre los solares y linajes de Muñatones y Marroquines, de…. y de <strong>Baracaldo</strong>…” (Libro IV, p. 285)</p>
<p>“…y con esto juntaronse todos a una en aquella Mjer de Ornoas que era un llano en medio de Santullan de Somano y comenzándose la pelea entre ellos. Ochoa Lopes de Gordejuela no pudiendo sufrir el miedo saliose con todos los suyos por un camino a la Lomba y se encaminó a Setares y a Gordejuela . Quedaron los de Muñatones en la pelea y como eran pocos fueron luego muertos ambos hijos de Diego Peres y otros once de los mejores de sus parientes y era uno de ellos don Brun, hermano de Ferrero de <strong>Baracaldo…</strong>” (Libro IV. P. 290-291).</p>
<p>“Después de esto echaron los Marroquines de Samano una celada en el monte sobre San Martín de Ontón y enviaron corredores  a la Estandisal, que está junto a Ardillas, un domingo que estaba la gente en Talavina allegados, y como los vieron no acatando otro peligro, corrieron en pos de ellos y metieronlos a cerca de la celada y salieron a ellos y corrieronlos y mataron allí a Pedro Lopez de la Sierra y otros tres hombres buenos de Muñatones y allí se engancharon <strong>Ferrero de Baracaldo</strong> y Sancho Ortiz Marroquin de Montehermoso y cayeron en tierra y se dieron cada uno diez golpes con los cuchillos…” (Tomo IV, p.292).</p>
<p>“En el año del Señor de 1360 echaron una celada los Marroquines de Salcedo y Martín Sanches de Susunaga, el viejo, y sus parientes, que eran entonces Marroquines, encima de <strong>Amezaga,</strong> <strong>sobre Tapia</strong> y dieron salto en Retuerto y echaron el apellido a Somorrostro y salieron todos a Sacalla y algunos más mancebos alcanzaronlos y metieronlos en la celada y salieron a ellos y mataron allí a  Sancho de Cordillas, nieto de Diego Sanches Porra…” (Libro IV, p. 293).</p>
<p>“… porque lo Marroquines de Castro y los de Castillo tenían tomada la torre de Vitoria que la había comprado Lope García y no se la querían dejar…. Fue Lope García de Salazar con todos los parientes de Somorrostro y Portugalete y <strong>Baracaldo</strong>… Dejó en Santullan a los Zamudianos y a los de Sopuerta…. y él con los de <strong>Baracaldo</strong> y Portugalete… entró en la villa de Castro” (Tomo IV, p.319)</p>
<p>“Lope García supo que se venían a juntar en uno los de Velasco y de Vizcaya y Somorrostro y ya eran llegados a <strong>Baracaldo.</strong> Dejó a Foruno de Salazar, su hermano, con ciento cincuenta hombres en las casas de San Martín y fuese él con todos los otros a la villa de Portugalete. Puso su real en… <strong>Baracaldo</strong>… Estuvieron tres días escaramuzando hasta que vino de la Corte el Doctor Anton Gomez de Ulloa y pusoles tregua”. (Tomo IV, p.324).</p>
<p>“Aquí se acaa el Libro XXIIII que Lope Garcia de Salazar hizo en esta Historia de las Bienandanzas… y comienzase el Libro XXV en que habla de los homicidios y peleas y muertes acaecidas en <strong>Baracaldo</strong> y Somorrostro y…” (Tomo IV, pp. 345-346).</p>
<p>“En el año del señor de 1370 siendo vecinos estos linajes de <strong>Baracaldo </strong>y teniendo sus intenciones como vecinos a cual valdría más en la tierra, mataron los hijos de Juan Ibañez Ferrero de Retuerto a Rodrigo Ibañez de Yrauregui y a Juan Negre de Susumaga, hermano de Martin Sanchez de Susumaga y la causa de esta muerte fue porque los hijos de este Rodrigo Ibañez forzaron a una mujer moza, manceba de Curixe, hijo de Ferrero que era hombre mancebo y soberbio. Esta fue la primera sangre vertida en Baracaldo y por estas muertes fueron sentenciados y echados de la tierra y fueronse a la frontera de los moros y sirvieron dos años en la villa de Tevardales y viniendo con el perdón del Rey y con el privilegio de la dicha villa y vinieronse a la tierra y estando alborotados todos por su venida diciendo que no les iba a valer el perdón  y estando Ferrero y sus hijos y sobrinos en una casa de Sobrado, de Rodrigo Ibañez de Retuerto, hermano de Ferrero, en Landaburu, levantaronse las Hermandades y los Alcaldes y con ellas Gonzalo Gomez de Butron y Martín Sanchez de Legizamon…” (Tomo IV, pp. 351-352).</p>
<p>“Y quedando abatido el linaje de Retuerto, al cabo de veinte años mataron Juan Ibañez de <strong>Retuerto </strong>e Íñigo Sanchez, su hermano, hijos de Ferrero de Retuerto, y Sancho Garcia Cardo de Muñatones y otros de Somorrostro, a Ochoa Urtis de Arteaga que era de los mejores de <strong>Susunaga</strong>… y fueron cercados y echados de la tierra y anduvieron en las guerras de Portugal hasta que ganaron perdón del Rey”. (Tomo IV, pp. 352-353).</p>
<p>“En el año del señor de 1420 pelearon estos <strong>linajes de Baracaldo</strong> en uno, estando desafiados en el Nocedal de Retuerto y fueron encerrados los de Retuerto, que eran pocos y los otros muchos, y fue herido Sancho Tapia de Retuerto de una saeta en la cabeza y murió luego súbitamente y hubo otros heridos y antes de tres años de esto, tuvieron estos linajes contienda y pasaronse los de Retuerto con ellos… Los hijos de Martin Sanchez de Susunaga dieron cuatro porqueradas (lanzazos) a Juan de Arana a traición en Retuerto y dejándolo por muerto escapó y después les hizo mucho daño y andando en esto, porque los de Susunaga e Yraúregui eran más, rodeándolos, dieron de palos a algunos viejos de ellos y vinieron a querellar a Ochoa de Salazar y fueron los sobrinos y hombres levantados a Baracaldo y apalearon a aquellos que lo habían hecho e hicieron saltar al canal de Veurto (Beurko) a algunos de ellos y, por ello, llamaron al apellido a Butron y vino Gonzalo Gomez y todo su solar y pasaron a Baracaldo… y juntaronse en Landaburu para pelear… y les entró miedo… y aquella noche salieron de Baracaldo…. y trataron tregua entre los de Baracaldo… porque tantos eran los de retuerto como los otros” (Tomo IV, pp. 353-354)</p>
<p>“Después pelearon Pedro Porra y los de Retuerto en Ibarra con los de Yrauregui y hubo otros heridos. Después mató Juan de Reguyti, cordonero, a Juan de Arteaga, <strong>ambos de Retuerto</strong>, porque lo deshonraba que le llevó la cabeza por el pescuezo de una cuchillada y fue cercado y echado de la tierra para siempre y murió desterrado”. (Tomo IV, p.354).</p>
<p>“En el año del Señor de 1438 mataron Fortun Ibañez de Aldarando y sus hijos a Ferrando de <strong>Yrauregui </strong>y a Ferrando, su hermano, encima de Tanja y mataron ellos al dicho Fortun Sanchez allí mismo. La causa de estas muertes fue esta: que siendo vecinos estos Ferrando Sanchez de Yrauregui y sus hijos y este Ferrando Ibañez y los suyos, y muy malquerientes, vino Fortun Ibañez y sus hijos con unos diez hombres un Domingo a Retuerto a ver a Ochoa Martinez de Retuerto, que estaba doliente. Antes de misa, y saliendo de allí y llegando cerca de Capia (¿Tapia?) a la encrucijada, juntaronse con él los hijos de Ferrando Ibañez y otros parientes… y comenzaron los hombres mancebos a hacer ademanes, saltando y sacudiendo las lanzas y llegando sobre ello en palabras, pelearon y murieron allí Ferrando de Yrauregui, hijo mayor de Ferrando Ybañez, y Ferrando, su hermano, y yaciendo este menor en tierra, casi muerto, diole con una lanza al dicho Ferrando Ybañez por el muslo, en la vena organal, y cayó muerto junto a él y fueron otros mal heridos y corridos los de Yrauregui”. (Tomo IV, pp. 354-355)</p>
<p>“En el año 1442, levantose todo el Consejo de Bilbao a campana repicada y entraron en <strong>Baracaldo </strong>diciendo que hacían azogue (fundir) y ventas y reventas en los molinos de Zubileta y de Retuerto y en otros lugares y llegaron a Retuerto y quemaron los molinos de allí y combatieron a Pedro Porra que estaba en su casa y, desde ella, les hirió cuatro hombres y les mató dos. Y dejando aquella casa fueron a Landaburu y pelearon allí con los de Yrauregui y de Susunaga y de Retuerto que se juntaron allí y mataronles otros dos hombres e hirieron a otros seis y se fueron de mal cabo a la villa con poco honra y, si hubiesen esperado un poco más, fueran peor, que ya era llegado Lope Garcia de Salazar y sus hijos y parientes en socorro de de Pedro Porra, su hermano”. (Tomo IV, p. 355)</p>
<p>“En el año del Señor de 1463 mataron Pedro de Salazar y Lope de Salazar de <strong>Retuerto</strong>, hijos de Pedro Porra, a Rodrigo de Yrauregui y al hijo del Abad de Landaburri, en Llano… Y la causa fue que estaban muy enemistados estos linajes porque medio año antes de esto mató  Rodrigo de Yrauregui, hijo de Rodrigo Ybañez, a Sancho de Escabriza (¿Escauriza?) que era de Retuerto… Fueron luego los hermanos y primos de este Escabriça y mataron a Martn Ibañez de Escabriça y a Martin de Sasia y fueron sentenciados y talados sus bienes por ello. Por ello y estando estos Pedro y Lope de Retuerto con dieciocho hombres en la taberna junto a Llano…. llegó Rodrigo Ybañez con sus hombres…pelearon y mató Pedro de Salazar por su mano a Rodrigo Ybañez y Sancho quedó en su poder y murió… Después mataron los hijos de este Rodrigo Ybañez a Gastea Ferrero, que era de Retuerto, llamándolo sobre seguro a vistas en un monte de Velgarris diciendo que lo querían perdonar”. (Tomo IV, p.356).</p>
<p>“Murio de los Negretes Juan de Varsena y hubo muchos heridos y murieron dos mozas. Mataron otro dia a Sanchote de <strong>Escabriça de Baracaldo</strong>…” (Libro IV. Pp. 387-388).</p>
<p>“Santa María de Toçedo, San Pedro de Sarantes, Santa María de Sestao, <strong>San Bartolomé de Baracaldo</strong>… eran del Señor de VizcaYA”. (Tomo IV, pp. 432.433).</p>
<p>NOTA: las citas hacen referencia a la Edición de Ángel Rodriguez Herrero (1984). “Las Bienandanzas e Fortunas”. Lope García de Salazar.</p>
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		<title>Perfiles Baracaldeses</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Jul 2009 07:07:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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		<description><![CDATA[Capítulo 1: EREZA Del engolfado mar de montañas que con­figura la comarca baracaldesa, destaca gallarda, a cerca de mil metros de alti­tud, la imponente testa del Ereza, per­forando, unas veces, los vapores de la atmósfera, donde permanece largo ra­to en celestial embeleso, enjoyándose, otras, con blanca diadema de niebla, y mirando, las más, impávida como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/07/Vista-5.jpg" class="floatbox" rev="group:1163 caption:`Vista 5`"><img class="alignright size-medium wp-image-1164" title="Vista 5" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/07/Vista-5-300x260.jpg" alt="Vista 5" width="300" height="260" /></a>Capítulo 1: EREZA</strong></p>
<p>Del engolfado mar de montañas que con­figura la comarca baracaldesa, destaca gallarda, a cerca de mil metros de alti­tud, la imponente testa del Ereza, per­forando, unas veces, los vapores de la atmósfera, donde permanece largo ra­to en celestial embeleso, enjoyándose, otras, con blanca diadema de niebla, y mirando, las más, impávida como una colosal esfinge al Cantábrico bravío, hasta que las primeras nie­ves le tocan de alba chapela de armiño.</p>
<p>Nos espolea el deseo de llegar allí arriba, en esta fresca mañana de abril, para escu­driñar desde lo alto el curso de los ríos de nuestra anteiglesia; mirar a vista de pájaro los somos y los gayos caseríos es­parcidos por vegas y laderas; contemplar las suaves ondulaciones de colinas y collados y las escarpadas cimas de los montes de Bara­caldo; queremos recrear los ojos con los be­llísimos paisajes de los rincones, que nos son tan caros; queremos desentumecer nuestros miembros y saturar nuestros pulmones de aire puro; ansiamos, en suma, gozar en este día de una más cercana presencia de Dios desde donde mejor puede admirarse toda Su majestad y grandeza: desde la eminencia de una alta montaña.</p>
<p>Hemos llegado a El Regato enjaulados en el renqueante y prosaico autobús de línea en el momento que la campana de la iglesia de San Roque repica alborozadamente invi­tándonos a oír la santa misa. ¡Oh, estas misas domingueras en los humildes templos rura­les! Así, de mañanita, el alma platica con el Señor, plácida y sencillamente, en un tono más íntimo, familiar y hogareño.</p>
<p>Salimos de misa con el corazón rebosante, saludamos ufanos a queridos amigos nuestros, insignes «regateños», e iniciamos despaciosa­mente la derrota del Ereza por el empinado y retorcido sendero que conduce a la misma cumbre a través de los somos de Tellitu y de Saracho.</p>
<p>Discurre el camino seccionando un enma­rañado boscaje de árgomas y helechos, bortos y castaños, patria de silfos y otras deidades silvestres invadida en esta hora matinal por mil suertes de poéticos ruidos. Los inverosí­miles arpegios de las pequeñas avecillas, el suave bisbiseo del aura y el desgranado canto de los cristalinos regatos, forman esta sin igual armonía de la Naturaleza.</p>
<p>Estamos en primavera. La verde alfombra de yerba destila su líquido aljofar, las flores multicolores despiden sus gratos aromas y el alma se ensancha y amplía ante tanta belleza. Todo es poesía. Es la primavera.</p>
<p>Hemos cruzado Tellitu cabe blanca y tupida techumbre de flores, flores de cerezos y pavíos que al final de mayo se habrán trans­formado en sabrosos frutos, los más sabrosos frutos del orbe.</p>
<p>Y hemos llegado a Saracho jinetes del rús­tico puente que salva el abismo. ¡Qué lindo es Saracho! La ermita y la plaza son tan dimi­nutas que esta aldea parece la habitan enanos. Cinco caseríos, uno de ellos prócer, esquilas de vacas, balidos lejanos, un mastín que ladra, chiquillos que berrean y una fuente que canta. Escuadras de limacos cruzan la calzada de­jando una blanca estela de babas. ¡Cuánta paz! ¡Qué calma! ¡Qué lindo es Saracho!</p>
<p>Bacigorta.</p>
<p>Aguirza. Ya estamos en Aguirza, último pel­daño del Ereza. Varios rebaños de ovejas apacentan tranquilamente, semiocultos por el alto yerbal. Pastan también buen número de ca­ballos montaraces que levantan la cabeza a nuestro paso y nos miran, cara a cara, altaneros y despectivos. Estos animales son, sin duda, descendientes de aquellos nobles y civilizados <em>humsmhs</em> que conociera Gulliver.</p>
<p>Un último y fuerte repecho y alcanzamos la cúspide del Ereza.</p>
<p>¡Soberbio panorama!</p>
<p>Tenemos de frente el mar anchuroso de horizonte infinito, cuya linfa verdosa se encrespa haciéndose líquido polvo ante la barrera de la costa. Junto al oro de las playas, limpísimas las ciudades<strong> </strong>y villas costeras.</p>
<p>Un piélago de montañas, que preside el patriarca Gorbea con Cruz veneranda, se levanta en las demás direcciones: las sierras de Ordunte y Salvada, el pico de Amboto, las peñas de Lecanda, los montes de Oiz, de Sollube y de Jata; montes y más montes en cuyas entrañas, aún empapadas de sangre resuenan los épicos ecos de cien guerras y hazañas. Y aquí, más cerca, a mano diestra se esconde Bilbao, tras la enorme tripaza de ese animal fabuloso llamado Pagasarri, las pezuñas hincadas muy hondo en la tierra que son la palanca que da movimiento a la Villa.</p>
<p>Volvemos de nuevo los ojos al mar galopante. Poderosas olas estrellan furiosas su fuerza contra esos ciclópeos muros que surgen de tierra, e impotentes, abriendo sus fauces, revientan en blancos penachos de espuma. Ha sido este el triunfo de un hombre -don Evaristo Churruca- en titánica lucha<em> </em>con el fiero Neptuno, a quien hizo clavar su tridente allá fuera, una púa en el ancho Serantes, otra en la Punta Galea, y la otra de en medio, a Bilbao dirigida, quedole arqueada, torcida, en la zona fangosa del mar.</p>
<p>Bellísimo el Abra y gallardo y airoso el dintel de la ría: el puente colgante.</p>
<p>La ría.</p>
<p>Sestao; El Desierto, Luchana&#8230; flotantes a humos espesos que arrojan las mil chimeneas fabriles.</p>
<p>En el Desierto, al regazo de Róntegui, el corcovado montículo, empieza Baracaldo. Y luego las vegas que le dieron su nombre -no hay que olvidar que Baracaldo (barazalde) significa paraje de huertas en el idioma-, las vegas amorosamente abrazadas por los ríos Castaños, Galindo, Cadagua y Nervión.</p>
<p>Y extendemos la pupila por los montes y collados de existencia perenne que hasta aquí llegan en anfiteatro; son los montes baracal­deses, nuestros montes.</p>
<p>Desde esta la más cimera atalaya, te ojeamos, Baracaldo, a nuestro sabor, y contemplándote desde aquí, ¡oh solar querido!, el espíritu se desborda y se abre a chorros la fuente de la fantasía.</p>
<p>Vuela un aguilichu sobre nuestras cabezas, vuela hacia arriba en busca del cielo&#8230;</p>
<p><strong>Capítulo 2: </strong><strong>LA CIUDAD</strong></p>
<p>No hace un siglo todavía, el paraje de la desembocadura del Galindo era una playa de­sértica de dunas movedizas. En un islote en­clavado en el brazo de mar a la altura de este desierto existía el convento de San Nicolás, cuyo islote desapareció cuando el hombre arremetió, con voluntad tesonera, la ingente obra del «relleno», consiguiendo aglutinar la isla con el continente.</p>
<p>Corría el año 1855 cuando aquí se fundó la factoría denominada «Nuestra Señora del Carmen»-años después «Altos Hornos de Vizcaya»-, a cuyo arrimo y calor, siguiendo el ritmo progresivo de la incipiente factoría, nacían las primeras casas de la población que hoy ocupa el primer plano baracaldés y aun el vizcaíno después de la Villa de don Diego. Crecía la fábrica, y el pueblo crecía amaman­tado en ubre tan poderosa. Y aquel desierto, aquel arenal jaspeado por millones de cara­coles fosilizados, transformose, en pocos años, en un gran pueblo industrial.</p>
<p>Sigue medrando la fábrica, surgen otras nue­vas industrias y el pueblo se multiplica. Levántanse hermosos edificios, iglesias, escuelas, jardines, teatros, plazas, paseos, calle tras calle&#8230;; la moderna capital de la comarca ba­racaldesa adquiere categórica personalidad y fisonomía de ciudad, de importante ciudad No solo en aquel paraje desolado de las dunas movedizas, sino también se afinca la metrópoli en las vegas de Réqueta, Portu, Murrieta Lasesarre; se engarza en las colinas de Pormecheta, Rágeta y Larrea con calles pinas casas en tobogán que se apretujan y apoyan unas a otras; ocupa los antiguos lugares más altos de Arrandi, Landaburu y Carranceiru; allana la encañada de Zaballa; alarga sus tentáculos hacia Gabasa y Beurco, Lurquisiga y Arteagabeitia y amenaza con tragarse a San Vicente, la vieja capital lugareña. El esforzado trabajo, el laborar incesante, hicieron el milagro: ayer, desierto; pueblo grande, después hoy, importante ciudad; mañana.., gran urbe</p>
<p>Familiarmente, en Baracaldo, llamamos “la fábrica» al maremágnum siderúrgico de la Sociedad Altos Hornos de Vizcaya. Es curioso cómo describía este dédalo fabril un forastero que nos visitó un día del pasado invierno. Este señor, tertuliano de casino y rebotica en su tranquilo pueblecito aragonés, escribía así a su amigo el galeno del lugar:</p>
<p>«&#8230; y ayer tarde visité los Altos Hornos de Bilbao, que no están en Bilbao, sino en Baracaldo. En Baracaldo hay que visitar los Altos Hornos lo mismo que los forasteros cuando llegan a Zaragoza, no dejan de visitar la Pilarica. Así, pues, acompañado por un mi  amigo que ejerce un alto cargo en la Empresa, me adentré en la factoría. ¡No lo repetiré en los días de mi vida! El extraordinario torbellino de máquinas, hornos, calderas, chimeneas, grúas, locomotoras, cabrestantes y mil artefactos más que no sé cómo se llaman me sobrecogió de terror y de espanto; es esto algo quimérico e incoherente, cuya impresión me dejó anonadado. Todo es estruendo y fragor. Me figuré precipitado a los mismos antros infernales, un infierno que Dante no soñó. ¡Horrible pesadilla! Multitud de rojos demonios semidesnudos, chorreando sudor,  azuzaban con grandes picaparrillas a las almas de los condenados que penaban en las entrañas de fuego de unas enormes calderas rebramanes. De cuando en cuando oíanse unos chillidos ululantes, fatídicos, indescriptibles que sin duda eran producidos por el mismo Satán al que me pareció ver, arrebu­jado en su capa escarlata y envuelto en espesa nube de humo, escapar por una alta chime­nea. ¡Vamos, vámonos de aquí! ¡Salgamos de esta mazmorra infernal!, hube de vociferar interrumpiendo las explicaciones del cicerone –que hacía ya rato no escuchaba. ¡Vamos a la calle! Y, en plena calle, amigo mío, donde esperaba recobrarla tranquilidad, estuve a punto de morir del susto cuando unas a modo de enormes tazas de hierro líquido que la atravesaban, arrastradas por simiesca loco­motora, reventaron a mi paso en inquietantes fuegos de artificio. ¡Oh, estas locomotoras de los Altos Hornos! Cruzan las calles de la población como un viandante más y se paran en cualquier plaza o paseo, no para permanecer ­ociosas, sino para seguir trabajando, dedicándose al lucrativo negocio de asar castañas. ¡Así están luego las salas de los cines barakaldeses cubiertos por una espesa y cru­jiente alfombra de cáscaras&#8230;!»</p>
<p>Interrumpimos aquí la carta del genial aragonés para reproducir una parte del texto de aquel otro informador, no menos genial, que atravesó Baracaldo en el ferrocarril, ca­mino de Portugalete y de Santurce:</p>
<p>“Baracaldo es un pueblo muy sucio, donde el cielo no se ve, cubierto por los negros humos de la industria. A la hora del mediodía los obreros se desparraman por las calles de la población en busca de sus frugales condu­mios, siendo muchos los que, no teniendo ho­gar cercano al trabajo, despachan sus vituallas sentados en un banco de la plaza o arrellenados entre las traviesas del ferrocarril. Después de comer y hasta que los ladridos de los cuernos y sirenas anuncian la hora de reintegrarse al tajo, sestean tranquilamente tumbados en los mismos bancos o traviesas, utilizando de al­mohada sus chaquetas y` cubriéndose la cara con las boinas para no ser molestados por las moscas. De las ventanas y balcones de las casas cuelgan las coladas, predominando el azul del «mahón» y de la «francesilla». Por la noche, el cielo  llamea siniestro y letal&#8230; ».</p>
<p>Venga con nosotros el visitante imparcial de Baracaldo y le llevaremos, cordialmente de ta mano, a conocer nuestra ciudad. No se alarme ante la visión de la fragua de Vulcano ni abandone su imaginación a angustiosas re­giones avernales. Antes la exalte admirando el gran poema fabril forjado por millares de brazos del ejército trabajador. Y cuando mire al cielo, no vea en los negros nubarrones de humos presagios siniestros, sino a cendales gallardetes y banderas que fluyen de las erectas, chimeneas para saludar al Creador, que nos impuso a los hombres el deber de trabajar. Ven con nosotros, forastero amigo.</p>
<p>Subamos por esta calle, limpia y bulliciosa, que es la arteria comercial de Baracaldo; arri­bemos a la Plaza de España, nuestra gran plaza, pulquérrima y monumental, y perma­nezcamos inmobles, largo rato, en su con­templación; sigamos luego por el bellísimo Paseo de los Fueros, bajo los porches umbrosos de los árboles enlazados; admiremos en él !a nueva iglesia de San José; miremos la ca­pillita de la Cruz, llena de ternura, y el serio obelisco de la linda plaza; dirijamos nuestros pasos hacia el Asilo Miranda y contemplemos la obra de aquel filántropo baracaldés que aseguró un tranquilo hogar a nuestros an­cianos pobres, un hogar que no tiene el as­pecto huraño de otros Asilos que conocemos, sino la magnificencia de un palacio suntuoso rodeado de repeinadas avenidas de jardín, de árboles copudos y de flores multitud. Visitemos el Hospital magnífico, el espléndido Parque y las preciosas Escuelas de Altos Hornos. De­tengámonos admirativos ante el señero y so­berbio edificio de la Escuela Profesional del Trabajo. Adentrémonos en la bellísima iglesia de Nuestra Señora del Carmen, Patrona excelsa de la ciudad. Visitemos la iglesia, las aulas, salones y campo de deportes del Colegio re­gentado por los Padres Salesianos, forjadores meritísimos de varias generaciones cristianas, cultas y selectas de nuestro pueblo.</p>
<p>Podemos mostrarte, forastero amigo, otras cosas notables y bellas: otras hermosas calles, otros destacados edificios, más plazas y paseos&#8230;” pero ya es bastante por hoy, forastero amigo.</p>
<p>Marcha tranquilo. Es ya de noche. No os sobresalte nuestro cielo encendido. Desecha de tu mente los siniestros <a href="http://pensamientos.as/">pensamientos, que</a> nuestro cielo es coruscante, que nuestro cielo es envidiado por la misma luna en plenilunio. Adiós, forastero, amigo.</p>
<p><strong>Capítulo 3:  SAN VICENTE</strong></p>
<p>Desde el campanario de la torre parroquial de San Vicente colúmbrase toda la periferia baracaldesa, pero han de buscarse otros puntos afines para mejor distinguir los detalles un tanto difuminados desde este alto dispuesto para gozar en éxtasis mirando al cielo lapis­lázuli. Así, desde Arteaga, Larrasolo y Lequeri­ca, disfrútase de la panorámica de Ansio-la más dilatada vega de Baracaldo y una de las más extensas e importantes del Señorío-, rematada al fondo por el panzudo Argalario -el vigía baracaldés de la cordillera de Tria­no-, flanqueado de pinos y moteada por las alegres caserías montesinas de Sobrencampa, Susúniga, Aguirre y Burzaco. Domínase la vega de Ibárreta, la patriarcal aldea de Zuazo, todo el estuario del Galindo de aguas amari­llentas, la marisma del juncal, en jurisdicción de San Salvador del Valle, y la vega sestaotarra de Beurco.</p>
<p>Situados en Arteaga-goico alcanzamos con la mano las heredades verdes y ocres de Lurquísiga y Landaburu, la gibosa colina de Rón­tegui y los rojos tejados de El Desierto, junto a la ría, el tinglado abigarrado de la fábrica de Altos Hornos de Vizcaya, y luego Luchana, donde desagua el Cadagua, que baja por <sub>.</sub>Zu­bileta y Burceña como una línea de plata y  forma con el Nervión la puntiaguda península de Zorroza. Vemos desde aquí las feraces veguillas de Bitoricha, Lecúbarri, Ibarre, Serralta y Sacona, condenadas a desaparecer como tantos otros terrenos agrícolas de nuestro pueblo para dar paso a las nuevas industrias; los cerros de Llano y Andicollano; las campadas de Balejo, Azula, Sarasti y Labróstegui; oteamos el collado de Basacho y las altitudes de Oscariz y de Sasiburu, plataforma esta de Arróleza; el montañoso calizal de Peñas Blancas, luego la muela de Apuco, más lejos, al final de esta crestería, divísase el Ereza coronado por ingrávida gasa de niebla.</p>
<p>Tuvieron pues acierto, hace setecientos años, los fundadores de la iglesia de San Vicente, don Sancho López de Baracaldo, don López Gonzalo de Zorroza y don Galindo de Retuerto al situar el templo parroquial en la bella planicie de este cerro privilegiado, dominador de todo el espléndido escenario del ruedo baracaldés.</p>
<p>Aquí, en la vieja capitalidad baracaldesa, de noble tradición labradora, junto a los sólidos muros de la parroquia, reuníanse antaño<sup> </sup>los sesudos regidores de la Anteigles para celebrar sus juntas o batzarres. La acción demoledora de los tiempos pulverizó sus cuerpos en el anejo Campo-Santo, donde hoy los mo­zalbetes juegan al fútbol hollando las sagradas cenizas de sus antepasados. ¡Lástima que este lugar no esté cubierto de flores, flores que emanen el rancioso aroma de aquellos austeros varones!</p>
<p>El incremento constante de la población hizo necesaria una nueva necrópolis. Ahí está en Baibé, la silente ciudad de los muertos, tapiada por aítos muros, quejumbrosos los altos cipreses de fúnebre simbolismo. Ahí está, en Baibé. Nos espera a los que vivimos custo­diando a los que murieron.</p>
<p>San Vicente tiene aspecto señoril, con sus casas-palacios de encristaladas galerías por las que se filtran los rayos de sol, y los amenos jardines que las rodean. En el pórtico de la parroquia, un sacerdote, leyendo su breviario, pasea con paso silencioso, por las losas centenarias. Chiquillos juguetones corretean por la plaza como bandadas de gorriones. Sentados en un banco toman el sol, en grupito, varios ancianos que sonríen -con la apagada sonrisa­ de los ancianos- por las gracias y donaires que brotan espontáneas de la boca del más viejo de todos ellos, el octogenario Ramonchín de Gabasa, baracaldés de pura cepa.</p>
<p>Ramonchín es hombre de «trago y cigarro». Tiene la cara surcada por los arañazos de arrugas, la cabeza cenizosa cubierta por amplia boina muy bien colocada, la nariz grandísima y la «nuez» tan prominente qué le sale al nivel de la grandísima nariz. Menudo y enjuto, va enfundado en la corta blusa de color cuadriculado, limpísima siempre, así el remendado pantalón y la camisa blanca que lleva desabrochada por el cuello. Ya le conocéis a Ramonchín. A Ramonchín todo el mundo le conoce en Baracaldo, donde se le respeta como a un símbolo que es de la más rancia solera. Aún tiene humor para obsequiar a las muchachas con camelias rojas y blancas, flores deslumbrantes de que se apropia en el Asilo. No falta a los «entierros». Cuando está un punto «alumbrado» saca la voz, recia  todavía y canta jotas baracaldesas, de sesgo inconfunible, con brío juvenil. Se le oye con­versar llevando siempre la voz cantante. Retiene con memoria prodigiosa las efemérides sobresalientes de su época y cuenta sus propios sucesos, siempre estupendos y exagerados, con frases imposibles de trasladar al papel, pero expresivas por los nerviosos ademanes que las acompañan.</p>
<p>Hoy Ramonchín refiere a sus amigos los episodios de una vieja «fiesta», las «carreras de gatos» consuetudinarias hasta hace se­tenta años en que desaparecieron y de las eran protagonistas los endiablados chavales de San Vicente.</p>
<p>Veamos cómo era esta «fiesta»:</p>
<p>En la mañana del día de San José ocupá­banse los chicos en perseguir y dar caza a todos los gatos del barrio y lugares vecinos. El felino doméstico, el sentimental micifuz, permanecía en el secuestro toda la mañana prodigando sus miaus más elegíacos. Por la tarde los trasladaban al juncal, donde se cele­braba entonces, como hogaño, la típica ro­mería. Llevaban, asimismo, los más groseros instrumentos: pucheros desportillados, es­cobas decrépitas, &#8220;latas enroñecidas” que eran atados fuertemente con bramantes a los rabos de los infelices animalejos. A una señal convenida, daban suelta a los bichos propinándoles sendas patadas. Y aquellos fora­jidos gozaban del bárbaro y pavoroso espec­táculo con carcajadas estrepitosas.</p>
<p>Hasta doscientos gatos, con los ojos ful­gurantes y espantados, los bigotes erizados, dando saltos prodigiosos a través de los caños, junqueras y cañaverales que separan el juncal de San Vicente, produciendo en la loca huida una infernal algarabía de maullidos desgarradores y raros estrépitos de los originales re­molques&#8230; ¡Bárbaro y pavoroso espectáculo!</p>
<p>No paraba aquí la cosa. Infelices de aquellos gatos que no alcanzaban la deseada meta de su domicilio.. Aquella legión de demonios los perseguían y acorralaban de nuevo, y esta vez los que caían en sus manos eran rematados, despellejados y, ¡oh manes de Pantagruel!, se los comían. Que no siempre eran de cordero las cenas de San José en algunos hogares de San Vicente.</p>
<p>Ramonchín añoraba aquellos tiempos que él, con moceriles ínfulas, estaba dispuesto a re­sucitar. Al terminar su narración brillábanle los ratoneros ojillos y alejóse con un guiño malicioso. Y los ancianos, que toman el sol sentados en un banco de la plaza de San Vi­cente, se sonríen, con la apagada soneisa de, los ancianos.</p>
<p>¡Tdnnn, tdnnn, tdnnn&#8230;! Las ocho en la «catedral» sanvicentina. Y también nosotros nos alejamos, temerosos que la noche nos al­cance antes de llegar a Arteaga. Hoy es vier­nes, y junto al depósito de aguas celebran sus aquelarres duendes, brujas y fantasmas a la luz fosfórica de mil ojos gatunos clamando venganza.</p>
<p>Nos persiguen las sombras de los geme­bundos cipreses de Baibé. Nos alucinan los miaus desgarradores de los felinos secuestra­dos.</p>
<p>Es viernes. .</p>
<p>Por fin, pasamos Arteaga.</p>
<p><strong>Capítulo IV: </strong><strong>DE MINGOLIA P&#8217;ARRIBA</strong></p>
<p>Al descorrerse el negro telón de la noche impenetrable, nos despierta el sonoro clarín del gallo trompetero. Alborada fresca del mes de mayo. Una tenue neblina apenas impide percibir los contornos de los próximos collados de Guliendo, Espinóbeta, Cadorco y Garamílloba.</p>
<p>Ansio. Galsúa. Retuerto.</p>
<p>La fuente de Amézaga.</p>
<p>Ya ha limpiado totalmente el nuevo día y despuntan tibios los primeros rayos del astro rey. Rezuma el praderío las líquidas perlas de rocío y los madrugadores pajarillos saludan alegres a la aurora con sus mejores melodías. Todo, todo es armónico y apacible en esta diana primaveral, como si Dios reservara los mejores instantes de gozo a quienes muy de mañana se apresuran a loarle y pedir Su ben­dición.</p>
<p>Una vaca, pesada y silenciosa, viene hacia nosotros ocupando el centro de la carretera. Su abrigo de piel representa el mapa de otro mundo de tierras remotas y mares descono­cidos. Es nuestro primer encuentro. Cuando esperábamos un cortés mugido de salutación deja caer a nuestra altura varias a modo de boinas verde-obscuras que, al estrellarse en el suelo, producen el clásico plaf de los objetos blandos.</p>
<p>Por las caprichosas cuevas y oquedades de aluvión asoman los muñones de los troncos y las descarnadas raíces de los árboles erguidos. Se ennegrece el río sinuoso con la sombra de los chopos, se cuela hasta Telleche, uno de los más primorosos rincones de Baracaldo­- para reaparecer, doscientos metros más arriba, lamiendo la carcomida carretera.</p>
<p>Bajo los árboles corpulentos acampa una familia de gitanos. Dícese de la existencia de una carta geográfica, atribuida a Ptolomeo, en la que figuran trazadas las rutas que siguen estas tribus nómadas. Si esto es así no dejará de estar señalado en ella, con caracteres bien marcados, este soto de Bengolea, lugar de indefectible vivaqueo para las gentes trashumantes. Por el ventanillo de un carromato­-habitación asoma la desgreñada cabeza una vieja gitana que nos ofrece decir la buenaventura. Varios costrosos caballejos y valetudinarios jumentos pacen los jugosos yerbajos de la campa; cuatro famélicos perros permanecen atados a los carros; objetos diversos del ajuar yacen esparcidos por el suelo. Parece jefe de esta tribu un faraónico cincuentón de pañuelo grasoso anudado por el cuello en el que destacan los enormes mostachos negros y la gran navaja cabritera con que parte en rodajas su desayuno, un gran trozo de pan moreno al que acompaña una sardina gallega.  Un churumbel, enjuto y renegrido, berrea dentro del río, donde una gitanilla graciosa, de aceitosos cabellos procede a su ablución. Otro cañí intenta esquilar a un asno carcamal que acaso, ¡infeliz!, haya dormido la pasada noche en el confortable establo de un próximo caserío y por eso las prisas de este matutino <em>camouflage. </em>Asusta al pollino el brillo y el ruido de la tijera y ofrece resistencia a ser despojado de la rala pelambrera, su único abrigo, con la gualdrapa de saco, en los muchos inviernos de su existencia. Los cortadillos de azúcar y las zalameras y adulonas palabras de los gitanos no conquistan al desobediente animal, hasta que otras contundentes razones, una atroz lluvia de palos, déjanle mohíno y suave como un guante. ¡Pobre burro! Lejos del regazo de tu establo en el añejo caserí, ¿qué<em> </em>será de ti?; quizás la muerte te dé a alcance allá por los remotos confines de Estambul.</p>
<p>Llegamos a la presa. El agua se desborda produciendo en su caída alegría a la vista y grata música al oído. Delicioso paraje. La presa, con sus hilos de agua cascabeleros; el río espejeante, con su fondo de lisas lastras y de guijos gordezuelos; el rústico vado; la campiña, pintada de esmeralda&#8230;; este arcadiano lugar es una filigrana que plugo a la Naturaleza dotar a nuestro pueblo. Con razón es el sitio preferido por muchas familias de El Desierto para sus yantares campestres del estío.</p>
<p>Seguimos nuestro paseo por la cinta  de la carretera. Ya vienen las lecheras, limpias como soles, con las relumbrantes cantimploras en las cestas de sus borricas; ya vienen, camino del mercado, los carros repletos de vendeja con sus aurigas las bizarras labradoras. Cestos llenos de lechugas, espárragos, puerros, cebolletas, habas verdes y berzas de primavera; cestillos con pavías y grandes pericachos llenos cerezas, los frutos más caracterizados, de renombre universal, del pensil baracaldés.</p>
<p>Gorostiza.</p>
<p>La feracísima vega de Gorostiza, regada por el Bengolea o Castaños -que de ambos modos se le denomina-, en plena lozanía, es una de las más llamativas de nuestro pueblo.</p>
<p>Un arroyo saltarín, que baja canturreando de la montaña, se une en Bustingorri al curso pintoresco del Castaños.</p>
<p>En las fragosas laderas de los montes, que se alzan a ambos lados del camino, las roturas.</p>
<p>¡Roturas baracaldesas cuajadas de múltiples cerezos, cargados de gruesas y carnosas perlas de púrpura y carmín!, decidnos, roturas bara­caldesas, ¿sois acaso vosotras un resto del terrenal paraíso?, ¿sois acaso el discutido Edén!</p>
<p>Igulis</p>
<p>La popular fuente de Igulis. Un agüista tempranero hojea una revista sentado en uno de los  chatos poyos. Más arriba, Uraga, donde un mago baracaldés consiguió, en otros tiempos, someter a las sorguiñes y otros sañudos enemiguillos, introduciéndolos en un alfiletero. Y más arriba, en plena sierra, la Mirandilla, centinela del valle.</p>
<p>Irenguren</p>
<p>En su solar levántase hoy una casería de labranza, donde antiguamente radicaba la linajuda torre. También existió aquí una de las ferrerías que fueron cuna de las modernas factorías.</p>
<p>Extrañas apiladuras de huesos de cerezas a los bordes del camino&#8230;</p>
<p>Retosarta.</p>
<p>Mendierreca.</p>
<p>Detrás de una curva aparece El Regato acurrucado a la sombra de los castaños, de los pavíos y de los cerezos. Triscan las ovejas y corderos en !a pendiente. Estamos ante una estampa bíblica.</p>
<p>Dice una jota local:</p>
<p>Muy bonito es Castrejana</p>
<p>porque tiene cerca el monte</p>
<p>más bonito es El Regato</p>
<p>que además tiene a San Roque.</p>
<p>Sí, aquí, en el altar de la iglesia, está San Roque, con su cayado y su perrillo. Aquel santo provenzal, aquel mancebo de poderosa alcurnia que todo lo dejó para favorecer a los pobres, mira complacido desde e) cielo a esta humilde aldea baracaldesa que le proclama su patrón. ¡Que él la colme de venturas y a nos­otros no nos olvide!</p>
<p>Varios arroyuelos murmuradores júntanse al padre río, y ya todos unidos saludan alegre­mente a la noble aldea con el cascabel de la corriente. Un frágil puentecillo surge de la misma portalada del caserío Mazorreca. Un sin fin de senderos amarillean por el monte; uno recto y empinado va derecho hacia Ar­nábal, pasando por Póceta y Mazcorta; otro, acaba en Trasquilocha; el de más allá, se dirige hacia Urtu, Loyola y Burzaco; aquel otro, culebrea en dirección a Tellitu, Salgueta y Saracho. Nosotros seguimos por la carretera hasta Subichu, donde muere, después de pasar Urcullu. Continuamos luego la excursión por el amplio camino carretil que conduce al Pan­tano.</p>
<p>El Pantano y aledaños.</p>
<p>Las flores acuáticas orlando las orillas, los peces multicolores que asoman boquiabiertos a la superficie, las aguas de la alta presa preci­pitándose en blanquísima cascada, el parque de amenas umbrías, la campa tapizada de yerba, los vecinos helechos, como verdes abanicos, movidos suavemente por la brisa, el ruiseñor que canta en la espesura, los barrancos escondidos que ignoran la existencia de la luz solar, los robles patriarcales, las sutiles florecillas silvestres, los brincos de bortos que nacen en las quiebras de las peñas, los ásperos can­tiles que ascienden río arriba, los arrullantes regatos de linfa cristalina cantando sus fres­quísimas sonatas, el intrincado y laberíntico boscaje,&#8230; la «selva» baracaldesa, la «yungla» del Bengolea.</p>
<p>¡Te saludamos, selva minúscula, selva de juguete, encantadora selva baracaldesa! ¡Te saludamos, jungla feliz donde el caimán se llama ligartesa y chindorrillo el marabú!</p>
<p>Te saludamos, rincón de la paz. Te saludamos, morada de los gnomos, de las hadas y del príncipe azul apresado en el palacio de cristal.</p>
<p>Te saludamos.</p>
<p><strong>Capítulo V: ALONSOTEGUI</strong></p>
<p>Si acumulando toda la plétora de energías conseguimos en­cumbrar la podero­sa mole de Ganeco­gorta, podemos los baracaldeses posar un pie en el térmi­no de Oquendo, de la región alavesa, y descansar el otro en Arrabachu, de nuestro propio territorio jurisdiccional. Algunos de nuestros lectores experimentarán una ver­dadera sorpresa al tener conocimiento que Baracaldo, al que se imaginan tan solo como un punto negro arrimado al Nervión en las proximidades del mar, pueda confinar con Álava. Y así es, en efecto: Baracaldo confina con Álava desde el año 1888, en que se anexionó a nuestro Municipio la antigua Anteiglesia de Alonsótegui. Con esta anexión la comarca ba­racaldesa comprende 4.545 hectáreas de exten­sión, ocupando uno de los lugares preeminen­tes entre los municipios más dilatados del Se­ñorío.</p>
<p>En los pliegues y repliegues de esta alta cordillera de Ganecogorta y Pagazarra, se en­cuentran también los hitos y mojones que separan a Baracaldo de otros términos municipales de Vizcaya: el alto de Lingorta, Urquiza y Aspe, con Güeñes; con Zollo;  Pagasarri, con Arrigorriaga; Pagasarri, Ganeta; ­Restaleco, Aránsuli, Udoy, Ingulis y Campichu,  con Bilbao. En la elevada meseta sestea el poblado de Artiba, semejando a una vieja acartonada y enjuta que dormita acariciada por ­el sol. Y es este de Artiba un somo baracaldés donde todavía puede oírse a Ios nativos el ­euskera privativo. Desde aquí podemos des<em><sup>­</sup></em>cender al pueblo de Alonsótegui por Sordolla, ­Ardaola, Mintechu y Azordoyaga o también, bajando por encrucijados atajos o senderos,  desde Gongueda a San Martín y a Ullate, rozando el gran pinar, de imponente negrura que jalona el brechazo de Zamaya.</p>
<p>Viajero: si la suerte te depara arribar a este pueblo de Alonsótegui, adéntrate hasta Sordoyga por el bucólico vericueto besado amorosamente por el murmurante arroyo que baja de Mintechu. Sordoyga es una aldea agazapada, perdida entre montañas, circuida por apretado ramaje en que los pájaros trinan y revolotean. Trinos de los pájaros, pío, pio de los polluelos apretujados bajo el palio de las alas maternas y lejanas baladas de pastores: estos son los barruntos de Sordoyga, el inefable e inocente remanso donde los ojos se ­deleitan y se embriagan los sentidos. Adéntrate, viajero, hasta Sordoyga y nos agradecerás las gratas e inolvidables impresiones que recibas. Y haz un esfuerzo mayor, si el caminar no te fatiga: sube la brava pendiente, y en una protuberancia de la cordillera alcanzarás el somo de San Martín y quedarás conmovido por la honda poesía de otra aldea virgiliana asentada a la sombra azulenca de los manzanos.</p>
<p>Más lugares pintorescos: Aldana, Aldanaza­rra, Zaramillo&#8230; y otros de industrial tempera­mento: Arbuyo, Aldanondo.</p>
<p>Y en el confín baracaldés de la ribera del Cadagua se encuentra Linaza, frente por frente de la  orgullosa casona de Lazcano; en medio se alarga el murazo de la presa dividiendo las aguas en que rebullen las truchas, las loinas y los barbos.</p>
<p>Más abajo, bajo el puente de Alonsótegui, fue encontrada, a principios de este siglo, una imagen de San Martín Obispo en un pozo del río. El misterio de este hallazgo no ha sido todavía descifrado a pesar de las diversas con­jeturas que corren por el pueblo y lugares circunvecinos. La imagen fue trasladada al somo que ahora se denomina de San Martín, donde es venerada en una ermita minúscula construida a expensas de don Máximo Chávarri.</p>
<p>Alonsótegui cuenta con un hijo muy preclaro, al que algunos autores consideran natural de Arrigorriaga. Nos referimos al R. Padre Fray Miguel de Alonsótegui, Comendador que fue del Convento de Mercedarios de Burceña y a cuya pluma se debe un libro lleno de erudición que escribió en 1577, titulado «Coronicas de Vizcaya».</p>
<p>La majestuosa iglesia de San Bartolomé data del año 1500. Situada en la eminencia de una roca, domina un gran trecho del ubérrimo valle del Cadagua.</p>
<p>Alonsótegui tiene el aspecto sosegado y apacible de las antiguas anteiglesias vizcaínas: las casas emplazadas a ambos lados de la carre­tera, próximos el río y el monte, y la iglesia, el más destacado edificio, en una prominencia. Pueblo de calmosa apariencia, que ejerce en los nervios influjo sedante, sus naturales tienen, sin embargo, el alma templada para la aven­tura y el peligro. La ambición les domina; pocos serán los hogares que no cuenten con un miembro emigrante. En Méjico, Perú, la Argentina, Chile&#8230; son muchos los alonsoteguiarras que batallan y luchan. Y si no todos triunfan, algunos alcanzan fortuna y renombre.</p>
<p>Por breves que sean los instantes que per­manezcáis en este pueblo, percibiréis inmedia­tamente un agradable tufillo de distinción y de rango. La corrección y !a afabilidad en el trato es proverbial en sus moradores. Nos­otros hemos tenido siempre hacia esta loca­lidad baracaldesa, afable, distinguida y formal, respetuoso y sincero aprecio. Y como nosotros, todo aquel que la conoce.</p>
<p><strong>Capitulo VI: BURCEÑA</strong></p>
<p>Presentes en la plazoleta de Llano, ante la escuela del lugar, somos invadidos por un tropel de enternecedores recuerdos in­fantiles. Nos parece estar como hace tantos años, ahí arriba, sentados en «nuestro» pupitre de la octava clase, próximo a la espaciosa ventana. Nos parece oír la enérgica voz de don Justo, el maestro paternal: « ¡Orden, silencio, atención!» Orden, silencio y atención que manteníamos los alumnos poco tiempo; uno, que pinchaba a su vecino; otro, que, distraído, alejaba su mirada del encerado siguiendo el vuelo de una mosca: este, que pensaba en el nido de la sieve; aquel, en el río&#8230;, hasta que el buen maestro gritaba otra vez agitando la regla: « ¡Orden, silencio, atención!»</p>
<p>Y nos parece oír ahora a don justo: “De pie”. Y que cantamos bajo su batuta cual­quiera de aquellas bellas canciones que arru­llaron nuestra edad escolar:</p>
<p>Qué bonito es el nidito que el jilguero construyó</p>
<p>Domilindón las campanas tocan a misa</p>
<p>¿Recordáis, amigos de la escuela? Sí. Re­cordáis. Y el recuerdo también os enternece. Aquel maestro meritorio, don justo, es hoy anciano. Y nosotros somos ya hombres. ¡Qué alegría para el maestro, qué alegría para nos­otros sus antiguos discípulos, reunirnos aquí, en la vieja escuela, en torno a su venerable figura! Siquiera una sola vez&#8230;</p>
<p>Llano, con sus casitas mirando a Luchana, a Burceña, a Zorroza, a Deusto, a Bilbao&#8230; es uno de los lugares más bonitos y alegres de nuestro pueblo. Y sus vecinos, los vivaces vecinos de Llano, saben cosechar simpatía con la misma facilidad que en su próvido terreno se cosechan los inigualables pimientos chori­serillos. Estos vecinos, autóctonos legítimos de su lugar, son de prosapia egregia: entre sus apellidos figura siempre el muy esclarecido apellido de Llano; corre por sus venas la sangre del muy noble señor de Llano. Aquí está, enhiesta y arrogante, la alcurniosa casa-torre, dignamente ocupada por un descendiente de aquel ilustre infanzón de tizona en ristre, ocupada por un Llano sin vasallos, por un Llano que alterna su trabajo en la fábrica y en la gleba para poder vivir modestamente.</p>
<p>Según vamos para Cruces, tenemos a la de­recha Sagarrasti, Andicollano, otros preciosos rincones baracaldeses. Y a la izquierda, en un gran trecho de camino, la sólida muralla de Munoa, vasta propiedad cuajada de flores y de árboles frondosos rodeando a la regia mansión de nórdica arquitectura.</p>
<p>Más fincas tapiadas. La arboleda de Sarasti. Policromos hotelitos veraniegos en Guruceta y Tellería. Y luego, Cruces, con su amplia campada donde se celebran las famosas ro­merías; Cruces, la sede baracaldesa de los baracaldeses de arremango.</p>
<p>Descendamos a la capital del barrio, a Bur­ceña, la «ciudad» de los puentes, a Burceña señorial, a la piadosa Burceña que acude siem­pre en masa a los “entierros”.</p>
<p>Donde muy antiguamente estuvo un con­vento de Padres mercedarios, hoy se levanta la iglesia en que los muy católicos burceñeses veneran a Nuestra Señora de las Mercedes.</p>
<p>Lo que más nos gusta de Burceña es su típica calle del Tanque, con sus casas ceñidas al canal mojándose los pies. En los días de bonanza, el río besa amorosamente los cimientos de las casas; pero en los días de agi­tado turbión, los descarna con furiosos gol­petazos. De la calle del Tanque son esos há­biles y resistentes tritones que extraen los relucientes <em>bichis </em>del fondo del Cadagua. Y nos creemos transportados a una perlería del Pa­cífico.</p>
<p>Antaño, Burceña fue muy notable por sus astilleros del Responso, de donde salían bien paramentados veleros y bergantines.</p>
<p>Merece ser visitado este paraje del Res­ponso, porque en él se dan más y mejor que en cualquier otro las afamadas angulas de Bur­ceña, que siempre han alcanzado los máximos precios en el mercado pantagruélico. El Res­ponso debe visitarse en invierno, de diciembre a marzo, y de noche, de noche oscura y lloviznante, que es cuando las angulas -el «fideo fluvial», que decía un infortunado amigo nuestro- acuden a los lugares polarizados por la ­mortecina luz de los faroles. Si la noche es clara, la luna dominante y las estrellas titilando en el firmamento, se esparcen las angulas por toda la superficie de las aguas, resultando vana e infructuosa su captura.</p>
<p>¡Espectáculo solemne el de la pesca de la angula! Noche de siri-miri, de intensa negrura. Enfundados los anguleros en los gruesos capotones; situados cada cual al final de su carrejo, esas edificaciones de piedras apiladas, monumentos megalíticos que se adentran en el río formando los rejules; pestañean los faroles, háceles el eco con sus guiños una estrella solitaria; óyense los rítmicos sonidos de los cedazos chapoteando con las aguas, que solo se interrumpen cuando arremete a su bota el pescador. Las angulas que remontan aguas arriba, con la marea ascendente, tuercen su ­camino atraídas por las luces pirueteras de los fanales que las llaman al rejul, que es el ángulo que forma el entrante carrejo con las aguas. Y, como decía aquel mentado amigo nuestro: «si el rejul es el “angulo», no es nada sorprendente que la «angula» se deje seducir por el rejul». Y van cayendo poco a poco, muy poco a poco, en el cedazo y en el balde <em>ad-hoc </em>del angulero: una, dos, nada, tres, nada, nada, una.., y siguen las <em>batadas </em>durante horas y horas, para conseguir unas onzas o  dos cuarterones del preciado «fideo fluvial”. ¡Qué baratas se cotizan en el mercado pantagruélico las angulas de Burceña! Pero el angulero, enfundado en su grueso capotón, junto a la misteriosa luciérnaga de su farol, interrumpiendo con sus botados el silencio de la noche lloviznante da intensa negrura, sim­boliza una de las virtudes más estimables en los hombres, simboliza la paciencia. Abandonamos la «ciudad» de los puentes, a Burceña señorial, a Burceña en que vimos la primera luz. Nos alejamos del País de los Cañeros.</p>
<p><strong>Capítulo VII: RETUERTO</strong></p>
<p>Después de Bitur, ya en Arteagabeitia, la recta y bellísima avenida taja en dos a la ostentosa vega de Ansio que, a derecha e izquierda, hasta Retuerto, muestra al paseante las ubérrimas piezas de hortalizas en ringulera y los verdeantes pastizales salpicados del blanco y amarillo de las febles <em>chiribitas y </em>del rojo sanguíneo de las amapolas.</p>
<p>Retuerto, orgulloso y altivo, del más rancio abolengo baracaldés, tiene regusto de vieja hidalguía. Sin embargo, los retuertanos a ul­tranza jamás os dirán que son baracaldeses; ellos son de Retuerto. Tan acendrado es el amor de los retuertanos a su rincón, que de uno de sus hijos tenemos oído un peregrino suceso.</p>
<p>Tuvo nuestro hombre un disgusto de familia en un arranque acibarado, decidió alejarse de los suyos. Y en un patache embarcó en Portugalete con rumbo a ultramar. Llegó tarde a despedirle un pariente suyo, que luego cantó,  con local vibración, aquella jota tan oída por los chacolíes baracaldeses:</p>
<p>A Portugalete juí</p>
<p>por verte, primo del alma,</p>
<p>no te vi más que el sombrero</p>
<p>y el barco que te llevaba.</p>
<p>Méjico.</p>
<p>Oyendo a los mejicanos su hablar aguachi­nanguado y ausentes de sus oídos las recortadas frases de Retuerto; lejos de su mirada el argentado río que atraviesa su lugar; lejos su novilla; lejos el prado; lejos el caserío; lejos el verde maizal; lejos el monte Argalario; más lejos su Retuerto amado&#8230; y tan alejado el corazón, que el buen retuertano, triste, triste, nostálgico y evocador, enfermó tan grave­mente que la tremenda murria le llevó a las fronteras de la muerte. Hizo Dios el milagro que un luchanés trotamundos, linyera en las zampas, apache en Marsella y en Méjico intrépido gaucho, cayera a la sazón en aquel rancho remoto donde un compatriota moría. Infor­mado el luchanés del lugar de nacimiento del moribundo, percatose al instante de la clase de mal que a la tumba le llevaba y, así, sin pérdida de tiempo, puso en práctica la medi­cina conveniente. Salió al campo y en sitio que el enfermo pudiera oírle bien, gritó esten­tóreo: ¡Bandadas de quiñas me c&#8230; la uva! ¡Viva Retuerto! Y cuentan que el buen retuer­tano, que ya en los estertores de la agonía se hallaba, brincó de su lecho como picado por un aguijón&#8230; pidiendo a su madre, a gritos, la escopeta. Y el redivivo retornó a Retuerto, su místico amor.</p>
<p>Pero no se crea por el relato que en Re­tuerto campea el melindre. Contrariamente, la juventud de Retuerto, la unida juventud de Retuerto, se ha hecho siempre temer<sup>,</sup> y respetar en reyertas y colisiones por sus puños enérgicos. Gente alegre, de humor, de humor abundante, tiene cara la pelea dureza diaman­tina.</p>
<p>Para trasladarnos de Retuerto hasta Ugarte hemos preferido siempre el andurrial de Cá­riga a la anchurosa carretera general, atrave­sando las aldehuelas de fuerte sabor clásico ba­racaldés denominadas Las Carolinas, Luísiga, Gaztísulo, Cáriga y Ugarte la Vieja. Ristras de ajos y rosarios de pimientos al socaire; cerdos adiposos y gruñones revolcándose en el lodo; hiedra y musgo abrigando !os de­crépitos muros del camino y accesos abruptos y escarpados que conducen al fragoso Arga­lario.</p>
<p>Y en Cáriga, ¡ah en Cáriga!, uno, diez, cin­cuenta; hemos contado hasta más de cien burros diseminados por heredades, caminos y praderas. Salvo en un ferial de asnos o en un zoco ma­rroquí, no habrá, seguramente, en todo el mundo, un lugar donde se encuentren reunidos tantos animales de esta clase. Jamás hemos llegado a comprender el por qué de esta afición hacia los burros que sienten los jocundos vecinos de Cáriga, aborígenes de la más pura estirpe baracaldesa. Vemos aquí al jumento abúlico de lacias greñas, allí, a varios borriquillos persiguiéndose juguetones, dibujando graciosos esguinces; allá, al temible onagro de mirada retadora; más lejos, al anciano jumento de carga que estornuda y enseña los dientazos amarillentos como teclas de piano derrengado. Aquí, allá y acullá, pollinos y más pollinos. Y también pollinas abultadas que velan por la conservación de su especie.</p>
<p>De nuevo en Retuerto. Retornamos por la vetusta calzada que tiene su nacimiento en la plaza, junto a la modestísima iglesia de San Ignacio.</p>
<p>Beteluri. Labróstegui. Cruces.</p>
<p>Ha anochecido. Se oye cu-cu incesantemen­te.</p>
<p>Sarasti. Azula. Sacona.</p>
<p>Croan las ranas y persiste el cu-cu. El g­rillo «carbonero» canta feliz, en el hogar, uniéndose al concierto nocturno. Escondidos en los ­jarales, fosforecen tenues los gusanos de luz. Domina en el firmamento, tachonado de estrellas, el luminoso fanal de la luna.</p>
<p>En la tierra parpadean los gusanos de luz y en el cielo parpadean las estrellas. Y recordamos la frase del santo vasco, del santo de hierro, de San Ignacio de Loyola: ¡cuán baja me parece la tierra cuando miro al cielo”.</p>
<p><strong>Capítulo VIII: </strong><strong>IRAUREGUI</strong></p>
<p>En el capítulo destinado a Baracaldo en la «Historia General de Vizcaya», escrita en Munditibar en 1793 por don Juan Ramón de Iturriza y Zabala, puede leerse:</p>
<p>«Hay vn combento de religiosos Merceda­rios Calzados en el barrio de Burceña, dotado en 4 de Mayo de 1384 por el Conde de Ayala, Fernán Pérez y su hijo Pero López; en cuia Iglesia se venera vna imagen de San Antonio de Padua, hallada a primero de Octubre por un mozo que llebaba ganado al monte; y a obrado algunos prodigios según se relatan en vn manuscrito que se conserva en el archivo de dicho combento».</p>
<p>Es en este lugar de la fertilísima vega de Ibarreta, en el límite con Burceña, donde co­mienza el histórico y legendario barrio ba­racaldés de Iráuregui, bordeado por el río Cadagua y por el monte Cenicero, al que sin duda se dirigía aquel mozo con su ganado el día 1.° de octubre de 1421, cuando encontró la milagrosa imagen de San Antonio de Padua.</p>
<p>Sobre Ibarreta está la loma de Peñascuren, y encima, en la ruta al santuario de Santa Agueda, se encuentra el poblado de Basacho, dominador de Abando, en que el monumento al Sagrado Corazón de Jesús dirige a la Villa su mirada protectora.</p>
<p>Más abajo la casería de Alday, y a conti­nuación los caseríos de Larracoechea, Picachea y Aldeco en un ribazo florecido.</p>
<p>En la ribera del Cadagua la exhuberante vega de Zubileta y el solar originario de aquel Juan de Zubileta, grumete baracaldés acom­pañante de Juan Sebastián Elcano en la histórica proeza del primer periplo realizado por ­los hombres.</p>
<p>Ascula, Larrazábal. Y luego la ermita montesina de Santa Agueda, blindada por el Norte con la sierra.</p>
<p>El puente de Castrejana. El achacoso puente de Castrejana, de fábrica medieval, con las piedras carcomidas y minadas por las aguas,  es un esqueleto piadosamente abrigado por las plantas trepadoras. Dice don Valentín Requena en su «Guía de Vizcaya»:</p>
<p>«El puente de Castrejana, todo de sillares y en un solo arco, por el que pasa el río Cadagua, y en cuya atrevida obra invirtió menos de un año el maestro Pedro Ortiz de Lequetio, ya que lo empezó el 9 de junio de 1435 y lo concluyó el 2 de mayo de 1436, conserva ­según la tradición, una anécdota muy curiosa y admitida. Cuéntase que cuando no había puente y se atravesaba el río sobre atrancos o pasos de piedras, habitaba en su orilla izquierda una hermosa joven que amaba apasionadamente a un mancebo, su vecino de la orilla derecha. Esta joven tenía por costumbre ­subir diariamente al monte Altamira y posternarse en hinojos bajo un añoso castaño, desde el que descubría la iglesia de Begoña para dirigir a la Señora que ocupaba su trono las frases más fervientes de amor y de humildad. Llegó un día en que el muchacho abrigó dudas de la fidelidad de su amada y en un momento de desesperación resolvió marcharse a la guerra. Desconsolada la pobre niña y no sabiendo cómo disuadirle de su empeño temerario le citó a las altas horas de la noche en un castañal que crecía a la otra parte del río. La lluvia caía a torrentes; el Cadagua corría impetuoso y salía de madre, aproximán­dose la fatal sin que fuera posible vadearlo. De repente, se presenta un hombre a la joven  y le propone construir un puente antes de que cantara el gallo por primera vez si en cambio ella le entregaba su alma. No titubeó la joven en prometérsela y vio, con el mayor asombro,<sup> </sup>que el puente se construía a impulsos de un poder extraordinario. Arrepentida de su debilidad cuando ya estaba próxima su terminación y comprendiendo toda la magnitud de la deuda que había contraído, imploró, como tantas veces, el amparo de la Virgen de Begoña. No fue sorda a sus ruegos la excelsa Señora. Ocupábase el obrero de remover la última piedra, que era la clave del arco para encajarla en su sitio, cuando otro hombre, que apareció sobre el puente, dejó caer una vara en el claro que debía ocupar la piedra. Forcejeó aquel con indecible esfuerzo para arran­carla, bramó de coraje contra su impericia y brotaban de sus labios las blasfemias más impuras, en el momento que sonó en el espacio el alegre canto del gallo. Al escucharle huyó el maestre despavorido, el otro hombre quebró la vara, encajóse en su lugar la clave, atravesó el puente la niña, corrió a los brazos de su amante que la esperaba y se juraron amor eterno y  vivir siempre unidos. El arquitecto del puente de Castrejana era el diablo y San José el que dejó caer la vara».</p>
<p>Pércheta.</p>
<p>El cementerio aldeano sobre un montículo de piedra y luego Iráuregui; Iráuregui, propiamente dicho, donde radica la iglesia de San Antolín, construida en el siglo XVI, a expensas de los abuelos paternos de Fray Martín de Coscojales. Fue este religioso agus­tino y baracaldés eximio que en 1595 escribía en seis volúmenes «Las Antigúedades de Viz­caya».</p>
<p>Sasía.</p>
<p>Y arriba, arriba, cobijándose feliz tras Peñas Blancas, el tranquilo somo de Samundi, donde hasta las piedras son espontáneamente fecun­das; allí brotan nasidisos los ciruelos en las grietas de las peñas; allí surgen los cerezos, «a la buena de Dios», en los mismos cantiles del camino&#8230;</p>
<p>A la izquierda de Sasía, subiendo arriscada cuesta, se llega a Goicoechea y, después, a la casería de la Llana. Y otra vez en la ribera del Cadagua, Coscojales, junto a la erguida y umbrosa chopera.</p>
<p>En la vía del ferrocarril maniobra fanfarrona una locomotora de la Robla, de rojas anti­parras: gruñe y resopla exhibiendo sus hu­mosos bigotazos que limpian los carriles. Nos acomodamos como podemos en el tren. A lo largo del trayecto repasamos con los ojos los lugares recorridos esta tarde. El río y el monte. En las orillas y en las laderas amarillos alubiales, frondosos cerezos, viñas-muchas viñas de verde terciopelo-, hortelanos que trabajan y caseríos risueños.</p>
<p>¡Barrio chacolinero de Iráuregui, poblado por gentes buenísimas! ¿A quién niegas tú hospi­talidad? iA quién no ofreces un trago?</p>
<p>Aún recordamos nuestros tiempos de la infancia, cuando veníamos a Iráuregui en las tardes festivas del mes de mayo para alquilar un cerezo». Un cerezo repleto de fruta a nuestra disposición para toda la tarde. Nos costaba dos reales.</p>
<p>Añoramos&#8230;</p>
<p>El tren hace su entrada en la estación final. Luchana.</p>
<p><strong>Capitulo IX: LUCHANA</strong></p>
<p>Allá por el mes de diciembre del año 1836, Espartero, al frente de sus tro­pas, consiguió la victoria en la ba­talla de Luchana, de tanta transcen­dencia que por ella otorgose a aquel caudillo el título de Príncipe de Luchana. El nombre del hoy popular barrio bara­caldés está, pues, unido con histórica reso­nancia a los fastos de las guerras civiles del pasado siglo.</p>
<p>Luchana es sin disputa alguna, después del Desierto, la localidad de la anteiglesia, más importante en cuanto a número de habitantes, comercio e industria. Su crecimiento ha sido tan grande en los últimos años que hoy apenas si quedan en sus proximidades algunos huertos diseminados, sacrificados sus renombrados te­rrenos hortícolas en aras del desarrollo de la población y del progreso industrial.</p>
<p>Humos blancos, amarillos, grises, rojos y negros coronan la barriada con el nimbo del trabajo fabril. Las fábricas, la ría, fin de línea del ferrocarril de La Robla y del minero de la Orconera, estación de primer orden: ferrocarril de Bilbao a Portugalete y Santurce, carretera general de incesante tráfico, la tónica general de este barrio, eminentemente obrero, es el trabajo. Trabajo y trabajo, mucho trabajo con ­su secuela de ruidos; ruidos chirriantes: trenes y tranvías, trepidar de máquinas, silbidos penetrantes de las sirenas de raro trémolo,  bufidos de locomotoras, estrépitos de cargas y descargas de vagones y bolquetes, pesado rodar de camiones y carros, ronquidos de los claxons&#8230; ruido ensordecedor y atmósfera pesada por los humos densos. Así es Luchana, como un suburbio londinense.</p>
<p>Actualmente, en la ría, el trajín es mucho ­menor debido a la casi total paralización del comercio exterior a causa de la contienda vigente. Los buques, como gigantescos mastines permanecen meses y meses atados con grandes ­cadenas, cables tirantes y gruesos chicotes a las boyas del canal y a los bolardos del muelle.</p>
<p>Los cargaderos de mineral están repletos de piedras de hierro impacientes por precipitarse en rojo alud a las vacías bodegas de los barcos. Las gabarras, varadas en el fango de las orillas, semejan en su incesante bostezo bocazas ham­brientas de monstruosos cetáceos aprisionados por el cieno.</p>
<p>Y así la ría, mansa, mansa, ha perdido en esta época su ruidoso temperamento. El «Zo­pimpa», popular «nao corsaria» luchanesa, digna por sus hazañas de particular historia, duerme pacífica bajo un cargadero. Los viejos luchaneses, aquellos díscolos bebedores de potes, hablan y no acaban de sus continuas querellas con tripulaciones completas de buques de banderas extranjeras que, después de abun­dosas libaciones, creíanse aquí dueños de una ínsula por ellos sojuzgada. ¡Ah, si hablaran la mal adoquinada carretera de Luchana y el camino rojizo de Erotabarría! Un marino luchanés nos refirió la sorpresa que experimentó una vez, hace unos años, en un figón de Tron­dhjem, puerto de Noruega, al oír en correcto castellano la popular canción:</p>
<p>“Qué paliza les dimos ellos a nosotros”</p>
<p>Quien así cantaba era un imponente no­ruegazo que años atrás había perdido un ojo en una de las refriegas de Bitoricha.</p>
<p>Los muelles han sido siempre centro de operaciones de individuos de existencia hampona y holgazana. Hoy día son raros estos ejemplares en el muelle de Luchana. Sin em­bargo no causará extrañeza a los habituados a pasear por este arrabal el que uno de estos caballeros», que están de tumbada en el terraplén o en la arboleda de Orconera, se incorpore desusadamente y dirigiéndose al paseante le pida un pitillo con indolente cor­tesía, expresándose así: <em>Eh, </em>my frend, ekarri un pitillo s&#8217;il vous plait. Si accede, dirá: thonk you, amigo, o, <em>ekarriasko, </em>my boy. El frecuente contubernio de palabras de distintos idiomas es el lenguaje de estos vagos «políglotas». Ellos y ciertas damas amigas suyas, portadoras de sendas cestas de cacahuetes, constituían hace unos años la nota pintoresca del muelle de Luchana.</p>
<p>El pescador de la ría es inconfundible. &#8220;No le veremos como al arrantzale de Ber­meo o Santurce manipulando con las redes con un haz de remos a la espalda ni tam­poco le confundiremos con el pescador de costa o de río, provisto de caña u otros trebejos de pesca. El pescador de la ría es el obrero del taller o de la fábrica que aprovecha los ratos de ocio para dedicarse a la captura de angulas, anguilas, quisquillas y carramarros. Para lograr estas últimas especies va provisto de varios <em>quisquilleros, </em>rudimentarios aparatos que consisten en trozos de harpillera cosidos a unos aros de alambre y colgantes de cordeles. Se atan estos aparatos a las estacadas, cables, cabrios y pretiles del muelle y se introducen en las aguas. La carnada preferida por las quisquillas son las tripas de pescado fresco, mientras que los carramarros, si deciden dejarse atrapar, lo harán más a su gusto cebados por el bacalao salado. En los días de turbiada utilízase para la pesca un respetable mamotreto llamado rastra, también de harpillera, alambre y cuerda, cuyo manejo exige el esfuerzo de dos o más personas. Cuando se levanta el artefacto, que ha sido arrastrado largo trecho por el agua rozando las paredes del muelle, el pescador de la ría de Luchana sabe muy bien seleccionar las anguilas, quisquillas y carramarros de las mil porquerías que han penetrado subrepticiamente en la rastra.</p>
<p>El sistema de las jirrias es sin duda el más fructífero para los pescadores de la ría si bien sólo lo pueden ejecutar sus privilegiados propietarios, requiriéndose además disponer de bote, <em>chinchorro, chanelo </em>u otra embarca­ción. Consisten las jirrias en trozos de harpi­llera en forma de saco cargados de limo, que átanse a las estacadas y maderamen se­ñaladores del dragado de la ría. En la baja ma­rea acércanse los pescadores con su nave a los lugares donde previamente han sido fi­jadas las jirrias, que son luego levantadas cuidando de colocar un cedazo debajo; sacú­dese entonces la jirria cayendo la pesca al cedazo al desprenderse del barro al que ha estado adherida. Quien haya pasado de noche por el muelle de Luchana y haya visto e! singlar de los <em>chinchorros </em>a la luz de la lana que platea la superficie de la ría; quien haya oído las hermosas canciones de los levanta­dores de jirrios al compás del chapoteo de los remos; quien esto haya visto y oído puede estar seguro de haber disfrutado de tan románticas escenas como lo puedan ser las de las reputadas noches venecianas.</p>
<p>Muchas cosas quedan en el tintero que darían un cabal conocimiento de este barrio laborioso, tan querido y conocido por nos­otros. Id por allí los que no le conocéis. Id por allí. No os asusten los rostros tiznados de los obreros del transbordo de carbón ni los extraños atuendos de los trabajadores de la fábrica de alquitranes. Saludadles, cono­cedles y veréis cuánta es su educación y mesura, cuánto hay en ellos de hombría de bien y cuán pronto conquistan vuestra esti­mación. Luchana, como ellos, tiene hosca y ceñuda la fisonomía; pero es acogedor con quien se le acerca y entrañable con quien le quiere. Id por allí, adentraos en él, hurgad su corazón y os convenceréis de lo bueno y honrado que es este barrio obrero, este barrio de humos y ruidos.</p>
<p><strong>Capitulo X: ZUAZO</strong></p>
<p>Estamos en la verde colina de Mucusuluba &#8211; mal llamada la Tarifa y también Monte Cabras-y a nuestros pies levántase altiva la casa-torre de Zuazo capitaneando una pequeña tropa de caseríos. Escúdase el poblado al abrigo de la colina contra los furores del septentrión y enciérrase en un cíngulo de gravas centenarias muy bien determinado por la ruinosa calzada que por Subichúbeta, Zuloco y Récachu se dirige a San Vicente y por la carretera que desde este último lugar se lanza rectamente hacia Retuerto con el único col de Egusquiaguirre. Serpentea el río sombreado por los chatos tamarises y extiéndese la vega, suave, suave, como un pañuelo de seda verde en rectangulares porciones dividida. Más lejos dibújanse ro­tundos los contornos de los montes en este día de extraordinaria visibilidad, hija del viento sur, el gran pintor de paisajes. Arriba, en lo azul, las blancas nubecillas navegan blandamente. Por la famosísima cuesta de Egusquiaguirre descendemos a la ancestral aldea que tiene el sello de los tiempos re­motos.</p>
<p>En Juriendo, en el cruce con el camino que viene a Arteagabeitia, nos encontramos con un fornido boyero, al hombro la agui­jada, que trae el mismo paso cansino de su yunta. En el mismo umbral de Zuazo, a la vera de la añeja fuente, dos arrechas comadres baracaldesas platican animadamente.</p>
<p>Rubias mazorcas de maíz cuelgan de las balconadas de los caseríos y en !as portaladas descansan <em>kokos, </em>azadas, pericachos, escobas de bereso y otros aperos de labranza. Un borriquillo mamador chupetea en la ubre de su madre hasta que cansado la abandona y comienza a retozar en la pradera. Mugen las vacas en los establos y <em>se </em>oyen lejanos aullidos de canes. En las heredades, los hortelanos laboran inclinados mostrándonos los remiendos.</p>
<p>Nos conmueve profundamente la estancia en este lugarejo de nuestro pueblo al que es­tamos tan hondamente vinculados. Es segu­ramente este lugar el que mejor conserva las pristinas esencias baracaldesas a pesar de su proximidad con la ya crecida ciudad de El Desierto. Aquí se encierran las viriles características de la raza. Si en la urbe nos sentimos cosmopolitas, en Zuazo nos sentimos baracaldeses,  ahincadamente baracaldeses, indígenas acérrimos, respetuosos con la <sup>­</sup>gleba de que vivieron nuestros abuelos</p>
<p>¡Salve a Zuazo secular!</p>
<p>Mas ¡ay!, ¿hasta cuándo podrás resistir ­rincón amado, la invasión de la vorágine industrial? Quisiéramos que eternamente. Que cuando nuestro cuerpo decline, nuestros hijos y los de nuestros hijos vengan, como ­nosotros, de vez en cuando, a asomarse al ventanal de Mucusuluba y ante tu venerada  visión aquieten sus espíritus en los momentos fatigados.</p>
<p>La tarde luminosa declina sumiéndonos en grata y placentera melancolía. Las amas de casa preparan en los llares ennegrecidos ­la clásica porrusalda. Lo delatan los tenues ­penachitos de humo que asoman por las  chimeneas.</p>
<p>En el umbral de Zuazo, a la vera de la añeja fuente, las dos arrechas comadres baracaldesas, que habíamos visto horas antes siguen platicando animadamente. Y siguen hablando hasta que el reloj de la torre parro<sup>­</sup>quial de San Vicente deja caer pesadamente las ­siete campanadas. Entonces las prisas y entonces las imprecaciones. «Estas tardes de Mayo no tienen nada, Filo». «Ya hemos de hablar otro día con más espasio, Frisca”. Y se despiden. Las dos arrechas comadres baracaldesas que han iniciado a mediodía su animado parloteo, se retiran entre sombras, insatisfechas y presurosas, con el cántaro a ­la cabeza.</p>
<p>Riela el sol poniente. Muere la tarde nitida. Esfúmanse los contornos de los montes en la noche que avanza. Los aullidos de los canes en la lejanía tienen ahora acentos más lúgubres. Y ascendemos por la famosísima cuesta de Egusquiaguirre, donde la noche nos traga voraz.</p>
<p>Ya Zuazo duerme, duerme tranquila la  patriarcal aldea con el sueño reposado de siglos. Sin prisas. Sin vorágine. Con calma.</p>
<p>¡Salve a Zuazo secular!</p>
<p><strong>Capítulo XI: ARGALARIO</strong></p>
<p>Ha nevado copiosamente durante la pasada Noche. Por la mañana caen todavía, más len­tamente, los blancos vellones. Somos los primeros en hollar el inmaculado manto de nieve que arropa las calles de la población y dejamos atrás las redondas huellas de las tachuelas.</p>
<p>Cuando llegamos a Mesperuza ya ha cesado la pausada lluvia de pétalos blancos. Esta aldea montés, seductora en todo tiempo, tiene hoy el hechizo de una delicadísima estampa suiza.</p>
<p>Nos fascina la visión de la loma de Belga­rris y de la barrancada de Pasajes. Están borrados los caminos. Ascendemos paralela­mente a una línea de encantadores árboles de navidad que son estos pinos jóvenes cubiertos de blanca túnica.</p>
<p>Y alcanzamos el somo de Santa Lucía, que resalta en el cautivante paisaje. Otros cuarenta minutos de marcha ascendente, y después de remontar los picos del Sel y de la Mota coronamos la cumbre del monte Argalario, acodada al final de la sierra de Triano, desde donde vigila, tutelar, a Baracaldo.</p>
<p>Ordeñadas por los ángeles las vaquillas del cielo Argalario, ha recibido el regalo de dos palmos de nieve esponjosa que sólo a nosotros, sus visitantes, permite pisar. ¡Gracias, abuelo venerable de barbas blanquísimas! Bien nos compensas, montaña generosa, el esfuerzo realizado en tu escalada.</p>
<p>Y gozamos desde aquí de los más bellos paisajes alpestres. Vemos al portentoso Ereza cubierto con blanco capuchón semejando a un monje magnífico. Allá abajo, sepultado en el fondo del valle, El Regato, al que miramos arrobados, El Regato sencillo y pobre, pobre y sencillo como Bethelem. Nos aturde un momento el espejismo de la nieve. Los montes vecinos Aldape, Ganeran, Pico de la Cruz, Mendívil, Bitarracho&#8230; se yerguen, se yerguen y bailan «a lo suelto» en mangas de camisa una fenomenal zambra de cíclopes. Pero la mente se aquieta contemplando otras seduc­toras aldeas de nacimiento: Gorostiza, So­brecampa, Aguirre, Susúniga&#8230; que esmaltan valles y laderas. El poblado de Arnábal da la nota de inquietud, empingorotado en la roca como nido del águila. Arnábal parece caer al abismo. Las rojas entrañas de los montes mineros discordan en este ambiente de albura.</p>
<p>En la esplendente llanura montañosa en­cuéntrase una casucha abandonada que sirve de aprisco a las ovejas. Estamos en la que fue vivienda solitaria de Juan de Urcullu, el famoso Juanchu el de Argalario, que durante años y años llevo por los montes y extramuros baracaldeses su azarosa vida de juglar.</p>
<p>Hace ya mucho tiempo, antes de que Juan­chu pasara al somo de Artiba y a su cha­bola de Bacuña, tuvimos con él una casual entrevista en esta su lobuna morada de Argalarío. Aún nos parece que flota entre los muros que se desmoronan la imponente figura del rapsoda montesino.</p>
<p>En aquel lejano día fuimos sorprendidos en estas proximidades por una lluvia torren­cial y corrimos a la cabaña para guarecernos. En el umbral nos detuvimos paralizados por el pánico. Oíanse dentro unos formidables ronquidos que venían ventoleros por las fisu­ras de la puerta. Calmóse nuestro ánimo al descubrir que los tales ronquidos eran pro­ducidos por un ser humano. Era Juanchu, que dormía. Dormía vestido, sobre un jergón de helechos secos y crepitantes. En su labio inferior se sostenía una colilla apagada. Des­pertóse con el ruido que hicimos al abrir la puerta desvencijada. «¿Ande vas por aquí, majillo?», nos preguntó campechano sin sentirse molestado por nuestra intrusa pre­sencia. Le indicamos quiénes éramos, y al sabernos nieto de un buen amigo suyo nos prodigó de rústicas atenciones.</p>
<p>Un ardiente ósculo de nuestro pitillo encendió su apagada colilla. Y hablamos. Hablamos de su vida, de sus lejanos amoríos y de sus enjundiosas jotas baracaldesas, en las que campea espontáneo el fuego divino de la poesía. Nos reveló varias leyendas y fábulas que creen a pies juntillas las candoro­sas gentes que habitan por estos agrestes pa­rajes y de las que él conocía muy bien el se­creto. Y aquel día nos saturamos de atávico baracaldesismo con la compañía de Juanchu, el hombre de la montaña.</p>
<p>Este aprisco montaraz, estos valles, estos montes y barrancos cubiertos hoy por níveas galas virginales añoran los retumbantes ¡breas! con que Juanchu cerraba sus jotas baracaldesas viriles y pujantes. Hoy, Juanchu, asilado en el palacio que regaló a los baracaldeses don Antonio de Miranda, solícitamente atendido por las beneméritas monjitas, avizora, ensoñador, «su» monte Argalario, donde discurrió la mayor parte de su vida libre y alegre como la de los pájaros sus compañeros trovadores.</p>
<p><em> </em></p>
<p>Por Ernesto Perea Vitorica</p>
<p>Tomado de La Gran Enciclopedia Vasca</p>
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		<title>El pez espinoso del Río Castaños</title>
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		<pubDate>Sun, 26 Jul 2009 09:00:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
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		<description><![CDATA[El río Castaños nace a 750 metros de altitud en la ladera norte del monte Eretza (880 m) en el término municipal de Güeñes. El primer tramo, que discurre hasta el término de Castaños, a 300 metros sobre el nivel del mar, y que se adentra hasta el municipio de Galdames, es conocido como arroyo Agirtza [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/07/gasterosteus_18x24.jpg" class="floatbox" rev="group:1157 caption:`gasterosteus_18x24`"><img class="alignright size-medium wp-image-1158" title="gasterosteus_18x24" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/07/gasterosteus_18x24-300x196.jpg" alt="gasterosteus_18x24" width="300" height="196" /></a> El río Castaños nace a 750 metros de altitud en la ladera norte del monte Eretza (880 m) en el término municipal de Güeñes. El primer tramo, que discurre hasta el término de Castaños, a 300 metros sobre el nivel del mar, y que se adentra hasta el municipio de Galdames, es conocido como arroyo Agirtza y discurre por un barranco entre plantaciones de coníferas y formaciones de brezales-argomales-helechales, que se desarrollan en un ambiente húmedo, sombrío y templado favorecido por su orientación, cobertura arbórea y proximidad al mar. Los suelos son ácidos y de textura arenosa, generados a partir de substratos de areniscas cretácicas y, al salvar un fuerte desnivel, propician la aparición de pequeñas cascadas.</p>
<p>La vegetación ribereña está bastante alterada debido a plantaciones de coníferas y la apertura de pistas pero es posible encontrar algunos alisos, robles pedunculados, avellanos, sauces y falsas acacias.</p>
<p>El río Castaños continúa su curso por el barrio de El Regato, ya en el término municipal de Barakaldo, después de cruzar un primer embalse, el de Etxebarria, y recibir las aguas del arroyo de Loyola, que también está represado en sus inicios, cerca del Centro de Interpretación Ambiental Peñas Negras. A partir de este punto, el río y sus márgenes son usados como zona de esparcimiento por mucha gente de Barakaldo y localidades cercanas. Las aguas se detienen en otro gran embalse y por su margen izquierda discurre una carretera, mientras que por la derecha hay un bonito paseo peatonal hasta llegar al barrio de Gorostiza.</p>
<p>En este tramo del río, a la altura del barrio de Gorostiza, vive el pez espinoso (<em>Gasterosteus aculeatus</em>), que está catalogado por el Gobierno Vasco como &#8220;Vulnerable&#8221;. Dentro de la Comunidad autónoma Vasca, este pequeño, bello y raro pez sólo vive en los ríos Udondo y Gobelas, que desembocan en la vega de Lamiako (Leioa) y en la bahía de Txingudi en Guipúzcoa, además de en el río Castaños donde llega hasta el barrio de Retuerto a pesar de la contaminación que sufre el río en ese punto. Este pez, de entre 5 y 8 cm, soporta bien un cierto grado de salinidad en el agua. El pez espinoso es muy peculiar porque posee tres espinas, que en realidad son los radios de las aletas, con la facultad de que son eréctiles a voluntad del pez, y con las que disuade a predadores mayores que él que se dañarían al intentar ingerirlo. Pero, además, en periodo de celo que transcurre entre marzo y junio, el macho combina el color azul predominante en su cuerpo con el rojo en cabeza y zonas ventrales y el verde de sus enormes ojos. Su comportamiento nupcial es muy complejo porque construye un nido con palitos y una secreción especial y baila una danza delante de su nido para atraer a la hembra y que ella realice en el nido su puesta.</p>
<p>Por todo esto, es necesario que el río Castaños sea conservado y se mejore su calidad ambiental, porque su tramo final al ser muy concurrido por la población se encuentra bastante sucio y alterado. De todas formas, todavía existen en la zona diversas especies de fauna y flora como árboles: sauces, alisos, robles, saúcos, chopos, acacias, avellanos, falsos plátanos; aves: martín pescador, lúgano, rascón europeo, mirlos, petirrojos, chochines, gallineta común o polla de agua; anfibios: rana común, sapo común; mamíferos: rata de agua; peces: carpas, carpines, truchas, black-bass, bermejuelas,&#8230; además de una gran variedad de insectos como mariposas y libélulas. Este conjunto produce una gran mezcla de especies autóctonas con otras exóticas.</p>
<p>Izate</p>
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		<title>Toponimia de Barakaldo en el siglo XVII</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Jul 2009 07:05:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Toponimia]]></category>
		<category><![CDATA[Barakaldo]]></category>

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		<description><![CDATA[Aburutiaga, lugar (1655). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 3310 n° 21. En el valle de Escauriza. Aguirça, ejidos (1649). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 123 n°. 20. Aldapa de Ybarra, heredad (1655). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 3310 n° 21. Amézaga, barrio (1658). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 3580-14. Barrio (1631). En Barakaldo. Leg. 3554 n° 2. Lugar (1618). [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/07/Tramo-Medio-51.jpg" class="floatbox" rev="group:1154 caption:`Tramo  Medio 51`"><img class="alignright size-medium wp-image-1155" title="Tramo  Medio 51" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/07/Tramo-Medio-51-300x175.jpg" alt="Tramo  Medio 51" width="300" height="175" /></a>Aburutiaga</strong>, lugar (1655). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.3310/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 3310</a> n° 21. En el valle de Escauriza.</p>
<p><strong>Aguirça</strong>, ejidos (1649). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.123/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 123</a> n°. 20.</p>
<p><strong>Aldapa de Ybarra</strong>, heredad (1655). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 3310 n° 21.</p>
<p><strong>Amézaga</strong>, barrio (1658). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.3580-14.barrio/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 3580-14. Barrio</a> (1631). En Barakaldo. Leg. 3554 n° 2. Lugar (1618). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.1378/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 1378</a> n° 15. Lugar (1556) En <a href="http://barakaldo.a.r.ch.v.leg.831-7.lugar/">Barakaldo. A.R.CH.V. Leg. 831-7. Lugar</a> (1596). En <a href="http://barakaldo.a.h.p.b.le-.3103.lugar/">Barakaldo. A.H.P.B. Le-. 3103. Lugar</a> (1645). En <a href="http://barakaldo.a.h.p.b.leg.2580.lugar/">Barakaldo. A.H.P.B. Leg. 2580. Lugar</a> (1647). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.2236/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 2236</a> n° 45-65.</p>
<p><strong>Andratesolo</strong>, lugar (1645). En Barakaldo. A.H.P.B. Leg. 2580.</p>
<p><strong>Ansio, arbolar de</strong>, lugar (1668). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 781-17.</p>
<p><strong>Ansio, Vega de</strong>, (1770). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 133-24.</p>
<p><strong>Antecorbio</strong>, lugar (1668). En Barakaldo (¿) A.F.B. Leg. 3236-9.</p>
<p><strong>Arajieta</strong>, lugar (1647). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.2236/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 2236</a> n° 4_5-65.</p>
<p><strong>Aranceta, regato de la</strong> (1656) <a href="http://a.h.m.p.xn--seccin-fxa/">A.H.M.P. Sección</a> E, caja 1, n° 23. “<em>&#8230;desde el monte de labarrieta hasta Loyola y desde su rio hasta otra cuesta que se dice Casanueba y hasta el regato de la Aranceta de la fuente de la Barrieta a la parte de Baracaldo hasta el regacto de la dicha casa nueva&#8230;”. </em></p>
<p><strong>Aranguren, La hestrada de</strong>. Lugar (1655). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 3310 n° 21.</p>
<p><strong>Arisal</strong>, castañal (1645). En <a href="http://barakaldo.a.h.p.b.leg.2580.en/">Barakaldo. A.H.P.B. Leg. 2580. En</a> Tellitu. (Véase Alisar)</p>
<p><strong>Arrajeta</strong>, lugar (1647). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 2236 n° 45-65. (Véase Arájieta. Arrapeta. Arraxeta. Arraxieta).</p>
<p><strong>Arraxieta</strong>, lugar (1615). En Barakaldo. A.H.P.B. Leiz. 3104.</p>
<p><strong>Arteagabeiti</strong>, lugar (1604) En Barakaldo. A.F.B. Leg. 399-3.</p>
<p><strong>Astubalça</strong>, castañal (1649). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.221/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 221</a> 1-4. Lugar (1639). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.le-.1961/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 1961</a> n°. 2. En Urcullu.</p>
<p><strong>Aynjio</strong>, camino de, (1658). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 3580-14. (Véase Ansio)</p>
<p><strong>Aynsio de Cantarrana</strong>, barrio y llosa (1658). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 3580-14.</p>
<p><strong>Bengolea</strong>, lugar (1624). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 1232, n° 13. Lugar (1675). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.1/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 1</a> 160 n°.26. Lugar (1724). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 1888, n° 3. Vivero (1777). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.249-22.en/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 249-22. En</a> el barrio de Bengolea. (Véase Basarrate. Herrería de Abajo. Mingolea. Vasarrate.Varrate)</p>
<p><strong>Beurco</strong>, barrio (1651) En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.1554/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 1554</a> n°. 39-112. Barrio (1798). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.255-22.lugar/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 255-22. Lugar</a> (1524). En <a href="http://barakaldo.a.r.ch.v.leg.758-3/">Barakaldo. A.R.Ch.V. Leg. 758-3</a> C. 1756. Lugar (1557). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.246-10.lugar/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 246-10. Lugar</a> (1580). En <a href="http://barakaldo.a.r.ch.v.leg.852/">Barakaldo. A.R.Ch.V. Leg. 852</a> C. 1972-15. Lugar (1597). En <a href="http://barakaldo.a.h.p.b.leo.3103.lugar/">Barakaldo. A.H.P.B. Leo. 3103. lugar</a> (1620). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.3233-4.lugar/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 3233-4. Lugar</a> (1653). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.1554/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 1554</a> n° 113-186.</p>
<p><strong>Beurco, pasaje de</strong>, lugar (1636). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 3233-4.</p>
<p><strong>Bitarachu</strong>, lugar (1663). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 1003, n° 10.</p>
<p><strong>Bitarrachu</strong>, lugar (1663). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 1003, n° 10. Bitoricha, lugar (1501). En Barakaldo. Hidalgo de Cisneros, Concepción y otros. <em>&#8220;Colección Documental del Archivo Municipal de Portugalete&#8221;. </em>Colección &#8220;Fuentes documentales medievales del País Vasco&#8221;. Eusko-Ikaskuntza. San Sebastián 1987.</p>
<p><strong>Bitoricha</strong>, lugar (1653). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.1554/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 1554</a> n° 113-186.</p>
<p><strong>Burçaco</strong>, lugar (1656) <a href="http://a.h.m.p.xn--seccin-fxa/">A.H.M.P. Sección</a> E, caja 1, n° 23. <em>&#8220;Loyola, Lugorriaga y Lavarrieta y Perenal conforme va la campa de Mesquita hasta la peña de Mendivil aGuasbertiente a la parte de Loyola y Burçaco, en jurisdicción de esta villa, del mayorazgo que,fundaron Pedro González de Salazar y Helbira Diez de Uribarri, y también lo eran los montes de frados, burçaco, Urdaybay</em>,<em> que están en los dichos frados en jurisdicción de Galdames, y parte del dicho Burçaco, en las jurisdicciones de los dichos concejos y parte de Urdaybay en la de Baracaldo y parte en los concejos y esta villa -de Portugalete-&#8230; &#8220;</em></p>
<p><strong>Burzaco, canpa</strong> de, (1683). <a href="http://a.h.m.p.xn--seccin-fxa/">A.H.M.P. Sección</a> A, caja 106, n° 77. Visita de loa regidores y síndicos de los tres concejos: &#8220;&#8230;el ylso<em> principal tiene dos números que dicen 89 y queda otro que dice 95 dicho Ylso corresponde con el del sitio de Peñu prieto y canpa de Burçaco y por<sup>-</sup> la parte del lado de laYcorte corresponde al que está donde llaman el Argoma maxorra y a la Zerrilla de la Barroliega y corresponde de otro que está al Carrascal de el gallo y acaba con el de junto al dicho lugar de las Cortes do llaman el campo de el calbuchu&#8230;&#8221;.</em></p>
<p><strong>Cantalarrana</strong>. Lugar (1636). En Barakaldo. A.R.Ch.V. C.3195-7.</p>
<p><strong>Caranzayru</strong>, lugar (1659). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.249-22.propiedad/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 249-22. Propiedad</a> de Pedro de Egusquiaguirre y Marina de Larrasolo, propietarios de la casería de Landaburu, lo que hace suponer que el lugar de caranzayru se hallase cercano a Landaburu.</p>
<p><strong>Careaga</strong>, barrio (1653). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leo.1554/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 1554</a> n° 113-186. Barrio (1701). En <a href="http://barakaldo.a.h.m.p.xn--seccin-fxa/">Barakaldo. A.H.M.P. Sección</a> F, caja 27, n° 88. Lugar (1618). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.1378/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 1378</a> n° 15. Lugar (1702). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 456-13.  &#8220;&#8230;Ia <em>bega tierra baga de la Junquera de Careaga&#8230; &#8220;</em></p>
<p><strong>Careaga</strong>, <strong>regato de</strong>, lugar (1612). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 97, n°1.</p>
<p><strong>Castaña Heder</strong>, castañal (1649). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.le/">Barakaldo. A.F.B. Le</a>g. 2211-4. Castaña Heder, castañal (1639). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.1961/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 1961</a> n°. 2. En Urcullu.</p>
<p><strong>Crastonichaga</strong>, lugar (1633). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.1577/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 1577</a> n°. 78. En Ugarte.</p>
<p><strong>Cruces</strong>, lugar (1650). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 3580-14.</p>
<p><strong>Çuaço</strong>, barrio (1649). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.162-9.lugar/">Barakaldo. A.F.B. Leg.162-9. Lugar</a> (1636). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 3233-4.</p>
<p><strong>Cuazu</strong>, barrio (1671). En Barakaldo. A.F.B. Leg.3554-2.</p>
<p><strong>Echavarría</strong>, barrio (1658). En Barakaldo. A.F.B. Leo. 3580-14.</p>
<p><strong>Elejalde</strong>, barrio (1665). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 3342-3.</p>
<p><strong>Ergelario</strong>, ejido y monte común (1649). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 162-9.</p>
<p><strong>Escauriza</strong>, barrio (1645). En <a href="http://barakaldo.a.h.p.b.leg.2580.barrio/">Barakaldo. A.H.P.B. Leg. 2580. Barrio</a> (1649). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.123/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 123</a> n°. 20. Barrio (1663). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.le-.3589/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 3589</a> n° 23.</p>
<p><strong>Escavriça</strong>. Lugar (1604) En Barakaldo. A.F.B. Leg. 399-3. <em>&#8220;</em><em>&#8230;tenemos en uno un molino</em> en escauriça…”.</p>
<p><strong>Escauriza</strong>, lugar (1624). En <a href="http://barakaldo.a.h.p.b.leg.3105.lugar/">Barakaldo. A.H.P.B. Leg. 3105. Lugar</a> (1665). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 3342-3. Manzanal (1649). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.le-.123/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 123</a> n°. 20. Término (1760). En Barakaldo. A.F.B. Leg.3597-25. (Véase Escabriça)</p>
<p><strong>Escauriza</strong>, <strong>valle de</strong>. Lugar (1655). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.3310/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 3310</a> n° 21.</p>
<p><strong>Escurial, El</strong>, manzanal (1651) En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.1554/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 1554</a> n°. 39-112. Perteneciente a la torre de Zubileta.</p>
<p><strong>Estrada, La</strong>, puesto (1663). En Barakaldo. Una viña de 24 peonadas, en el puesto que llaman La Estrada y camino que va de la casa de Zaballa, en el barrio de Zaballa, a la iglesia parroquial &#8230; <em>linda por un lado a</em> <em>heredad de Martín de Ugarte y por abajo con un pedazo de tierra de la torre de Luchana.</em></p>
<p><strong>Frados</strong>, lugar (1656) <a href="http://a.h.m.p.xn--seccin-fxa/">A.H.M.P. Sección</a> E, caja 1, n° 23. <em>Loyola,</em> <em>lugorriaga y Lavarrieta y Perenal corforme va la campa de Mesquita hasta la peña de Mendibil aGuasbertientes a la parte de Loyola y Burçaco en <sub>.</sub>jurisdiccion de esta villa, del mayorazgo que fundaron Pedro González de Salazar y Helbira Diez Urivarri, y</em> <em>tambien lo eran los montes de frados, burçaco, Urdaybay, que estan en los dichos frados en jurisdiccion de Galdame, y parte del dicho Burçaco, en las jlurisdicciones de los dichos concejos y parte de Urdaybay y en la de Baracaldo y parte en los concejos y esta villa&#8230; los montes de frados,. Urdaybay y Burçaco estan en el termino y puesto de la campa de Burçaco&#8230;</em></p>
<p><strong>Fuente de Amézaga</strong>. Lugar (1648). En Barakaldo. A.H.P.B. Leg. 2580.</p>
<p><strong>Fuente de la Barrieta</strong>. (1656) <a href="http://a.h.m.p.xn--seccin-fxa/">A.H.M.P. Sección</a> E, cája 1, n° 23. <em>Desde el monte de la barrieta hasta loyola y desde su rio hasta otra cuesta que se dice Casanueba y hasta el regato de Aranceta de la fuente de la Barrieta a la parte de Baracaldo hasta el regato de la dicha casa nueva</em>.<em> </em></p>
<p><strong>Fuente, Veneras de La</strong>. (1651), en <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.1554/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 1554</a> n°. 39-112.</p>
<p><strong>Galines</strong>, lugar (1604) En Barakaldo. A.F.B. Leg. 399-3.  &#8220;&#8230; <em>me debe Juan de Salazar el de Galines&#8230; &#8220;</em></p>
<p><strong>Galocha</strong>, heredad (1643). En Barakaldo. En <a href="http://zuazo.a.f.b.le/">Zuazo. A.F.B. Le</a>g. 2236 n°. 78-149. Francisco de Larrínaga arrienda una heredad llamada La Galocha a Pedro de Castaños, vecino de Barakaldo. La heredad está en medio de otra del dicho Pedro de Castaños y de otra del escribano Martín de Zumelzu. Vega de, (1692). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 3119-12. Lope de Larrínaga Anuncibay, dueño del mayorazgo de Retuerto, arrienda por cuatro años media vega en el sitio de Galocha, en Barakaldo.</p>
<p><strong>Gorcosolo</strong>, lugar (1639). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 1961 n°. 2. En Urcullu<strong> </strong></p>
<p><strong>Gorostizaga</strong>, lugar (1647). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.2236/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 2236</a> n° 45-65.</p>
<p><strong>Jaureguihondo</strong>, lugar (1630). En Barakaldo. A.H.P.B. Leg. 3106.</p>
<p><strong>Labrostegui</strong>, lugar (1648). En <a href="http://barakaldo.a.h.p.b.leg.2580.sitio/">Barakaldo. A.H.P.B. Leg. 2580. Sitio</a> (1664). En Barakaldo. A.R.Ch-V. Leg. 1046-2 Caja 2382.</p>
<p><strong>Landa Buru</strong>, lugar (1643). En Barakaldo. Leg. 3569 n° 17.</p>
<p><strong>Larnabal</strong>, monte (1615). En <a href="http://barakaldo.a.h.p.b.leg.3104.sito/">Barakaldo. A.H.P.B. Leg. 3104. Sito</a> en Baracaldo, linda con Somorrostro.</p>
<p><strong>Larrasolo</strong>, lugar (1663). En Barakaldo. A.F.B. Leg.<sup> </sup>1003, n° 10.</p>
<p><strong>Larrazabal</strong>, lugar (1645). En <a href="http://barakaldo.a.h.p.b.le-.2580.lugar/">Barakaldo. A.H.P.B. Le-. 2580. Lugar</a> (1825), en Barakaldo. A.F.B. Leg. 3503-1. &#8220;&#8230;128 <em>estados tambien en tierra común para huerta existentes en el Varrio de Larrazabal de esta misma Anteiglesia, pegante a la casa que pertenece al dicho don Francisco de Lezama (casa de Mearleta) y confinan por la cabezera al expresado camino real de Yrauregui a Zubileta&#8230;&#8221;. </em>Lugar, casa. En Barakaldo. A.F.B. Leg. 1494 n° 30. En Burceña.</p>
<p><strong>Larrea, barrio de</strong> (1668). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 4-7.</p>
<p><strong>Laurquisaga</strong>, lugar (1655). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.3310/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 3310</a> n° 21.</p>
<p><strong>Losagaçarra</strong>, heredad (1663). En el barrio de Zaballa. En <a href="http://barakaldo.a.f.b.lea.275-7/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 275-7</a>. &#8230; <em>dos piezas que llaman de Losagayarra que confinan con María </em><a href="http://yba%C3%B1ez.de/"><em>Ybañez de</em></a><em> Gortaçar&#8230; </em>(Véase Laçaga. Lasagasarra).</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>Loyola</strong>, lugar (1656) <a href="http://a.h.m.p.xn--seccin-fxa/">A.H.M.P. Sección</a> E, caja 1, n° 23. <em>“Loyola,</em> L<em>ugorriaga y Lavarrieta y Perenal corforme va la campa de Mesquita hasta la peña de Mendibil aGuasbertientes a la parte de Loyola y Burçaco en <sub>.</sub>jurisdiccion de esta villa, del mayorazgo que fundaron (</em>Portugalete<em>)…”</em></p>
<p><strong>Mascorta</strong>, puesto (1651) En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.1554/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 1554</a> n°. 39-112. (Véase MaseReca)</p>
<p><strong>MaseReca</strong>, lugar (1651). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.1554/">Barakaldo. A.F. B. Leg. 1554</a> n° 39-112. Puesto (1651) En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.1554/">Barakaldo. A.F. B. Leg. 1554</a> n°. 39-112. Antonio de Aranguren tenía un arbolar en tierra concejil <em>en el puesto llamado MaseReca y su regato, que linda con arbolar y casa de Domingo de Barroeta y la casa de Martín de Zamunde, difunto&#8230; y lo </em>cambia por otro arbolar del dicho Domingo de Barroeta situado en el puesto de Mascorta.</p>
<p><strong>Lugorriaga</strong>, lugar (1656) <a href="http://a.h.m.p.xn--seccin-fxa/">A.H.M.P. Sección</a> E, caja 1, n° 23.</p>
<p><strong>Mesperuza</strong>, barrio (1648). En <a href="http://barakaldo.a.h.p.b.leg.2580.barrio/">Barakaldo. A.H.P.B. Leg. 2580. Barrio</a> (1724). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.le/">Barakaldo. A.F.B. Le</a>g. 1888, n° 3.</p>
<p><strong>Munoa</strong>, barrio (1645). En <a href="http://barakaldo.a.h.p.b.leo.2580.barrio/">Barakaldo. A.H.P.B. Leo. 2580. Barrio</a> (1666). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.50-4.barrio/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 50-4. Barrio</a> (1787). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 3456-5. Lugar (1611). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 50-4.</p>
<p><strong>Pagasarri</strong>, campo y landa (1663). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leo.3114-9.pasaje/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 3114-9. </a></p>
<p><strong>Pasaje del molino de Sarria</strong>, lugar (1697) En <a href="http://barakaldo.a.f.b.le-/">Barakaldo. A.F.B. Le­</a>g. 1288, n° 22.</p>
<p><strong>Percheta</strong>, barrio (1624). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.4-7.barrio/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 4-7. Barrio</a> (1651) En Barakaldo. Lugar (1300). En Barakaldo. Carta Puebla de <a href="http://bilbao.ed.eusko-ikaakuntza.s.xn--sebastin-fza/">Bilbao. Ed. Eusko-Ikaskuntza. S.Sebastián</a> 1986 &#8220;&#8230;el a<em>rroio que </em><em>viene por somo del campo de Zorroza, que es derecho de Percheta, e donde do pega el arroio de Azordoiaga e dende asi como va el cerro arriba, fasta el sel de Eguiluz e asta Fagasarri&#8230;&#8221;. </em>Lugar (1598). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leo.3217/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 3217</a> n° 3. Lugar (1647). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.2236/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 2236</a> n° 45-65.</p>
<p><strong>Perenal</strong>, lugar (1656) <a href="http://a.h.m.p.xn--seccin-fxa/">A.H.M.P. Sección</a> E. Caja 1, n° 23.</p>
<p><strong>Puente de Çaballa</strong>, (1663) En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.275-7.una/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 275-7. Una</a> heredad de la casa de Zaballa <em>junto al río y puente de Çaballa, confina por un lado a llosa de María Yñiguez de Oyancas. (</em>Véase Río de Çaballa).</p>
<p><strong>Quebranta de abajo, La</strong>, heredad (1663). En el barrio de Zaballa. En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leo.275-7.otra/">Barakaldo. A.F.B. Leo. 275-7. <em>Otra</em></a><em> (heredad) que llaman la quebranta de abajo, confina con sebe o jaro de Juan de Beurco Martiartu y por otro jaro de Simón de Cruces y Martín de Retuerto. </em></p>
<p><strong>Quebranta de arriba, La</strong>, heredad (1663). En el barrio de Zaballa. En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.275-7.heredad/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 275-7. <em>Heredad</em></a><em> que se llama la Quebranta de arriba, confina con heredad de María Báñez, de Gortaçar y  María Iñiguez de Samano.</em></p>
<p><strong>Regato de la Aranceta</strong>, (1656) <a href="http://a.h.m.p.xn--seccin-fxa/">A.H.M.P. sección</a> E, caja 1, n° 23. <em>Desde el monte de la barrieta hasta loyola y desde su rio hasta otra cuesta que se dice Casanueba y hasta el regato de Aranceta de la </em><em>fuente de la Barrieta a la parte de Baracaldo hasta el regato de la dicha casa nueva.</em></p>
<p><strong>Renotegui, La canal de</strong>, lugar (1697). En Sestao y <a href="http://barakaldo.a.h.m.p.xn--seccin-fxa/">Barakaldo. A.H.M.P. Sección</a> F, caja 27, n°. 85. &#8220;&#8230;que <em>esta bajo de la hera de Rebonza, corriendo la canal de Renotegui, hasta la entrada del monte de San Nicolás&#8230; &#8220;</em>(Posiblemente fuese La Canal de La Reontegui)</p>
<p><strong>Retuerto de Ameçaga</strong>, barrio (1674). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 3236-9.</p>
<p><strong>Retuerto</strong>, barrio (1649). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.162-9.barrio/">Barakaldo. A.F.B. Leg.162-9. Barrio</a> (1658). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.3580-14.barrio/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 3580-14. Barrio</a> (1663). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 3589 n° 23. Barrio (1790). En Barakaldo. Leg. 3463-17 A.F.B. Lugar (1535) En <a href="http://barakaldo.a.r.ch.v.caja/">Barakaldo. A.R.Ch.V. Caja</a> 2984-5. Lugar (1538). En <a href="http://barakaldo.a.r.ch-v.leg.1046-2/">Barakaldo. A.R.Ch-V. Leg. 1046-2</a> Caja 2382. Lugar (1580). En <a href="http://barakaldo.a.r.ch.v.leg.852/">Barakaldo. A.R.Ch.V. Leg. 852</a> C. 1972-15. Lugar (1651) En <a href="http://barakaldo.a.f.b.le-.1554/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 1554</a> n°. 39-112.</p>
<p><strong>Retuerto, presa de</strong>, (1625). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 3655, n° 21.</p>
<p><strong>Retuerto y Çuaço</strong>, lugar (1616). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 399-3. &#8220;&#8230; <em>en el lugar de Retuerto y Çuaço</em></p>
<p><strong>Retura, La</strong> (la rretura), lugar (1692). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.3119-10.en/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 3119-10. En</a> el barrio de Zuazo. (Véase Ratura)</p>
<p><strong>Returilla</strong>, lugar (1639). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.1961/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 1961</a> n°. 2. En Urcullu.</p>
<p><strong>Río de Loyola,</strong> (l656), <a href="http://a.h.m.p.xn--seccin-fxa/">A.H.M.P. Sección</a> E, caja 1, n° 23. <em>Desde el monte de la barrieta hasta Loyola y desde su rio hasta otra cuesta que se dice Casanueba y hasta el regato de Aranceta de la <sub>.</sub>fuente de la Barrieta a la par<sup>-</sup>te de Baracaldo hasta el regato de la dicha casa nueva.</em></p>
<p><strong>Río de Çaballa</strong> (1663). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leo.275-7.una/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 275-7. Una</a> pieza de heredad de la casa de Zaballa, <em>junto al río y puente de Çaballa, confina por un lado a Ilosa de María Iñiguez de Samano. </em>(Véase Puente de Çaballa)</p>
<p><strong>Sacona</strong>, lugar (1658) En Barakaldo. A.F.B. Leg. 1400 n°. 12. Heredad (1790). En Vitoricha. En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leo.3463-17.heredades/">Barakaldo. A.F.B. Leo. 3463-17. Heredades</a> en el barrio de Vitoricha, del mayorazgo de Munoa: La casa torre de Bazarrate, con su horno y sus heredades. La heredad nombrada Sacona.</p>
<p><strong>San Bartolomé</strong>, ermita de (1604). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 399-3.</p>
<p><strong>San Bartolomé</strong>, iglesia de (1670 aprox.). En AIonsotegui. A. Eclesiástico de Bizkaia. Alonsotegi. Parroquia 21013 P/M 2-04 sig9-060. La casa y solar de Aldanondo ayudó a reedificar la iglesia de San Bartolomé.</p>
<p><strong>San Martín de Aldana</strong>, ermita de, en Alonsotegi (1670 aprox.). A. Eclesiástico de Bizkaia. Alonsotegi. Parroquia 21013 P/M 2-04 sig 9-­060. Construida en tierra del solar de Aldanondo.</p>
<p><strong>Santa Águeda</strong>, Ermita de. (1604) En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.399-3/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 399-3</a></p>
<p><strong>Tapia, barco de</strong>, lugar (1647). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.2236/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 2236</a> n° 45­65.</p>
<p><strong>Tapia</strong>, barrio (1651) En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leo.1554/">Barakaldo. A.F.B. Leo. 1554</a> n°. 39-112. Barrio (1663). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.le-.3589/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 3589</a> n° 23. Lugar (1512). Barakaldo. Hidalgo de Cisneros, Concepción y otros. <em>&#8220;Colección Documental del Archivo Municipal de Portugalete<sup>,</sup>&#8221; </em>Colección &#8220;Fuentes documentales medievales del País Vasco&#8221;. Eusko­Ikaskuntza. San Sebastián 1987. Lugar (1596). En Barakaldo <a href="http://a.h.p.b.leo.3103.lugar/">A.H.P.B. Leo. 3103. Lugar</a> (1604). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.399-3.lugar/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 399-3. Lugar</a> (1612). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 97, n°1. Lugar (1625). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 3655, n° 21. Lugar (1647). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.2236/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 2236</a> n° 45-65. Lugar (1648). En <a href="http://barakaldo.a.h.p.b.leg.2580.lugar/">Barakaldo. A.H.P.B. Leg. 2580. Lugar</a> (1653). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 1554 n° 11 3-186.</p>
<p><strong>Tapiaur, barco y pasaje</strong>, lugar (1651). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 1554 n°. 39-112.</p>
<p><strong>Tapiaur</strong>, lugar (1673). En Zorroza. Leg. 3554 n° 2.</p>
<p><strong>Ugarte, puerto de</strong>. (1658). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.le-.3580-14.lugar/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 3580-14. Lugar</a> (1727). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 1004-126. <em>&#8220;en el puerto de Ugarte, jurisdicción de Baracaldo&#8230;</em></p>
<p><strong>Ulaurqui</strong>, lugar (1651). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 87-20.</p>
<p><strong>Unduchuleta</strong>, lugar (1639). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.1961/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 1961</a> no. 2. En Urcullu, camino de Urdandeguieta.</p>
<p><strong>Uraga</strong>, lugar (1638). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.3598/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 3598</a> n° 15.</p>
<p><strong>Urdandeguieta, ferrería de</strong>, (1647). Sita en Galdames y <a href="http://barakaldo.a.h.p.b.leg.7077.testamento/">Barakaldo. A.H.P.B. Leg. 7077. Testamento</a> de Pedro de Salazar-Galindo, propietario de: el mayorazgo que fundaron Pedro González de Salazar y Elvira Díez de Uribarri sobre la casa y palacios de Galindo y la ferrería mayor de Urdandeguieta, sita en Galdames y Barakaldo. (Véase Urdudogieta)</p>
<p><strong>Urdandeguieta, ferrería mayor de</strong>, (1634). Entre Barakaldo y <a href="http://galdames.a.h.m.p.xn--seccin-fxa/">Galdames. A.H.M.P. Sección</a> F, caja 39 n° 14.</p>
<p><strong>Urdaybay</strong>, lugar (1656). <a href="http://a.h.m.p.xn--seccin-fxa/">A.H.M.P. Sección</a> E, caja 1, n° 23. <em>Loyola,</em> <em>lugorriaga y Lavarrieta y Perenal corforme va la campa de Mesquita hasta la peña de Mendibil aGuasbertientes a la parte de Loyola y Burçaco en <sub>.</sub>jurisdiccion de esta villa, del mayorazgo que fundaron Pedro González de Salazar y Helbira Diez Urivarri, y</em> <em>tambien lo eran los montes de frados, burçaco, Urdaybay, que estan en los dichos frados en jurisdiccion de Galdame, y parte del dicho Burçaco, en las jlurisdicciones de los dichos concejos y parte de Urdaybay y en la de Baracaldo y parte en los concejos y esta villa&#8230; los montes de frados,. Urdaybay y Burçaco estan en el termino y puesto de la campa de Burçaco&#8230;</em></p>
<p><strong>Uriarte</strong>, lugar (1620). En <a href="http://barakaldo.a.h.p.b.le/">Barakaldo. A.H.P.B. Le</a>g. 3104.</p>
<p><strong>Uribarri</strong>, lugar (1647). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 2236 n° 45-65.</p>
<p><strong>Ybaras, Las</strong>. Lugar (1659). En Barakaldo. A.F.B. Leg.3554-2.</p>
<p><strong>Ybareta</strong>, lugar (1659). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.3554-2/">Barakaldo. A.F.B. Leg.3554-2</a>. <em>&#8230;pedazo de Jaral y Juncal en el puesto que llaman Ybareta por aledaños: por la cabecera heredad de dichos </em>vendedores (Pedro de Escauriza y Ana de Aguilar), <em>por</em> <em>la hondrea heredad de Joan de Gorostisaga por un lado la llosa de Antonio de Sabalgoiti y por otro el camino de servidumbre que está para las Ybaras&#8230;</em></p>
<p><strong>Ybarra, Begas de</strong>, lugar (1696). Jurisdicción de los 3 concejos <a href="http://a.h.m.p.xn--seccin-fxa/">A.H.M.P. Sección</a> E, caja 6, n° 8.</p>
<p><strong>Ybarreta</strong>, barrio (1675). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.750/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 750</a> n°. 13. Lugar (1527). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.1770-6.lugar/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 1770-6. Lugar</a> (1597). En <a href="http://barakaldo.a.h.p.b.leg.3103.lugar-/">Barakaldo. A.H.P.B. Leg. 3103. Lugar<sup>-</sup></a> (1657). En Barakaldo. <a href="http://a.h.m.p.xn--seccin-fxa/">A.H.M.P. Sección</a> A, caja 106, n° 74. Término (1790). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 3463-17.</p>
<p><strong>Yrauregui de abajo</strong>, barrio (1665). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.le/">Barakaldo. A.F.B. Le</a>g. 3342-­3.</p>
<p><strong>Yrauregui</strong>, barrio (1658). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.3580-14.lu/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 3580-14. Lu</a>gar (1598). En Barakaldo. Leg. 3217 n° 3. Lugar (1648). En Barakaldo. A.H.P.B. Leg. 2580</p>
<p><strong>Çaballa</strong>, barrio (1663). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 275-7.</p>
<p><strong>Zerradilla, la</strong>, lugar (1686). A.H.P.B. Leg. 7071.</p>
<p><strong>Zerrilla de la Barroliega</strong>, lugar (1683). <a href="http://a.h.m.p.xn--seccin-fxa/">A.H.M.P. Sección</a> A, caja 106, n° 77. Visita de los regidores y síndicos de los tres conce_jos: &#8220;&#8230;el y<em>lso principal tiene dos números que dicen 89 y queda otro que dice 95 dicho Ylso corresponde con el del sitio de Peñu prieto y canpa de Burçaco y por la parte del lado de laYcorte corresponde al que </em><em>está donde llaman el Argoma maxorra y a la Zerrilla de la Barroliega y corresponde de otro que está al Carrcrscal de el gallo y acaba con el de junto al dicho lugar de las Cortes do llaman el campo de e calbuchu&#8230; &#8220;.</em></p>
<p><strong>Çorroça</strong>, lugar (1620) En Barakaldo. A.F.B. Leg. 399-3.  &#8220;&#8230;en <em>el lugar de Çorroça, de la anteyglesia de baracaldo&#8230; &#8220;</em></p>
<p><strong>Zuazo</strong>, barrio (1647). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.2236/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 2236</a> n° 45-65. Lugar (1604) En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.2690-2.lugar/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 2690-2. Lugar</a> (1604). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 2690, n° 2.</p>
<p><strong>Çuaço</strong>, lugar (1619). En Barakaldo. A.F.B. Leg. 399-3.</p>
<p><strong>Çubichueta</strong>, heredad (1604). En <a href="http://barakaldo.a.f.b.leg.399-3.propiedad/">Barakaldo. A.F.B. Leg. 399-3. Propiedad</a> del mayorazgo de Retuerto-zuazo. &#8220;&#8230;con <em>un robre caxigo en la heredad llamada Çubichueta&#8230; &#8220;</em></p>
<p><strong>Zubichueta</strong>, lugar (1645). En <a href="http://barakaldo.a.h.p.b.leg.2580.en/">Barakaldo. A.H.P.B. Leg. 2580. En</a> el barrio de Zuazo.</p>
<p>Gregorio Bañales</p>
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		<title>Ordenamiento urbano de Barakaldo</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Jul 2009 09:26:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Urbanismo]]></category>
		<category><![CDATA[Casto Zavala]]></category>
		<category><![CDATA[Santos Zunzunegui]]></category>

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		<description><![CDATA[En 1889 se inicia una nueva etapa en la historia del urbanismo de Barakaldo. Es ahora cuando se concibe y se reglamenta el planeamiento urbano del municipio. Se aprueba en esta fecha el primer proyecto de Ordenanzas de construcción (viviendas en bloque de manzana cerrada, de planta baja y cuatro pisos, y altura máxima de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/07/Mapa-9-Aguas-1885.jpg" class="floatbox" rev="group:1151 caption:`Mapa 9 Aguas 1885`"><img class="alignright size-medium wp-image-1152" title="Mapa 9 Aguas 1885" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/07/Mapa-9-Aguas-1885-300x223.jpg" alt="Mapa 9 Aguas 1885" width="300" height="223" /></a>En 1889</strong> se inicia una nueva etapa en la historia del urbanismo de Barakaldo. Es ahora cuando se concibe y se reglamenta el planeamiento urbano del municipio. Se aprueba en esta fecha el primer proyecto de Ordenanzas de construcción (viviendas en bloque de manzana cerrada, de planta baja y cuatro pisos, y altura máxima de 18 metros), y un año después, <strong>Casto de Zavala</strong> elabora el primer plano urbano de la antei­glesia. En él se recogía únicamente el barrio del Desierto y otro pequeño núcleo en Landaburu, en el cruce del camino de Luchana y Retuerto. Excluía los barrios de San Vicente, Retuerto, Luchana, El Regato, Burceña e Irauregui.</p>
<p>Sobre el plano de Zavala se superpone una trama urbana que intenta planificar la Anteiglesia desde el ferrocarril de Portugalete hasta lo que hoy es la Avenida de la Libertad y desde la calle Arrandi hasta la calle Zaballa y el barrio de Lasesarre, a base de una retícula imperfectamente ortogonal y ligeramente radial a partir del triangulo de la Herriko Plaza, cuyas calles aproximadamente señalaban las direcciones Norte-Sur y Este-Oeste. Las irregulares man­zanas quedaban achaflanadas en sus cuatro esquinas y se generaban plazas en la actual Herriko Plaza, frente a la estación del ferrocarril, ante la iglesia del Desierto y en la entonces recién abierta carretera de Landaburu a San Vicente. Muy poco se cumplió.</p>
<p><strong>En las dos primeras décadas del siglo XX</strong> se efectuaron sendas reformas del plano de Zabala. Conocemos la primera de ellas, acome­tida en 1907 por el arquitecto <strong>Santos de Zunzunegui</strong> y que no recibió buenas críticas tachándolo de intrincado y labe­ríntico, destacando la negatividad en las calles San Juan (por su pésimo trazado, mala orientación y amplitud insuficiente) e Ibarra (por la irregularidad en la anchura de su trayecto y por la serie de obstáculos, entre ellos una vivienda, que dificultaban el tránsito). Úni­camente la de los Fueros era elogiada por su amplitud y orientación, aunque se indicaba que era una lástima que no estuviese cruzada por transversales.</p>
<p>El segundo plano que mencionábamos (1917-1919) fue obra del arquitecto municipal <strong>Ismael de Gorostiza</strong>. Plasmaba el espectacular crecimiento experimentado por el municipio des­de finales del XIX. Abarcaba todo el término jurisdiccional de Barakal­do y en él se señalaban: los edificios municipales; la distribución de aguas; las 63 fuentes de agua potable puestas en servicio, y las del Pan­tano que no precisaban potabilidad por surtir a lavaderos y mataderos; los tres depósitos de agua: uno en la cumbre del Róntegui, otro en la ladera NO del mismo monte, y el tercero en San Vicente; la red de tuberías, en total 21.716 metros y el trazado de las cinco líneas férreas que cruzaban la jurisdicción.</p>
<p>Mitxel Olabuenaga</p>
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		<title>Alonsotegui</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Jul 2009 06:41:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Alonsotegui]]></category>

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		<description><![CDATA[El nuevo municipio de Alonsotegi inicia su andadura el día 1 de enero de 1991, después de una larga gestación que culminó en tres actos importantes, prefijados en la Normal Foral 2/87 de 11 de febre­ro, reguladora de las Demarcaciones Municipales de Bizkaia. Estos fueron los actos: 1)      Aprobación de la desanexión por el Pleno [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/07/300px-Alonsotegi_ca._1900.jpg" class="floatbox" rev="group:1148 caption:`300px-Alonsotegi_(ca._1900)`"><img class="alignright size-full wp-image-1149" title="300px-Alonsotegi_(ca._1900)" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/07/300px-Alonsotegi_ca._1900.jpg" alt="300px-Alonsotegi_(ca._1900)" width="300" height="214" /></a></p>
<p>El nuevo municipio de Alonsotegi inicia su andadura el día 1 de enero de 1991, después de una larga gestación que culminó en tres actos importantes, prefijados en la Normal Foral 2/87 de 11 de febre­ro, reguladora de las Demarcaciones Municipales de Bizkaia. Estos fueron los actos:</p>
<p>1)      Aprobación de la desanexión por el Pleno del Ayuntamiento de Barakaldo en sesión extraordinaria, celebrada el día 21 de diciem­bre de 1989, sancionada por unanimidad de los 27 miembros del Consistorio.</p>
<p>2)      Referéndum celebrado el día 22 de abril de 1990 entre los veci­nos que iban a formar el nuevo municipio, con un resultado de 1.114 votos afirmativos, 426 negativos, 871 abstenciones, 37 votos en blanco y 26 votos nulos.</p>
<p>3)      Aprobación, también por unanimidad, en las Juntas Generales de Bizkaia, en sesión plenaria celebrada en Gernika el día 20 de noviembre de 1990.</p>
<p>Este nuevo municipio de Alonsotegi se ha formado por la unión de dos territorios, separados por el río Kadagua, la antigua anteiglesia de Alonsotegi y el barrio de Irauregi que, hasta el 31 de diciembre de 1990, siempre perteneció a Barakaldo.</p>
<p>ORIGEN Y SITUACIÓN. No se encuentra el topónimo Alonsotegi en ningún documento anterior al año 1300, pero sí se conocían los de Percheta y Azordoiaga, que son citados en la carta puebla de la fundación de Bilbao por don Diego López de Haro V &#8220;el Intruso&#8221;, fechada el 15 de junio de 1300.</p>
<p>RESUMEN HISTÓRICO. En cuatro grandes períodos podemos dividir la historia de Alonsotegi:</p>
<p>1)      Como parte integrante del municipio de Arri­gorriaga hasta finales del siglo XV o comien­zos del XVI.</p>
<p>2)      Como anteiglesia independiente desde el si­glo XVI hasta el 13 de noviembre de 1888.</p>
<p>3)      Anexionado al municipio de Barakaldo desde el 13 de noviembre de 1888 al 31 de diciem­bre de 1990.</p>
<p>Nueva etapa, iniciada el 1 de enero de 1991, constituyendo un nuevo y distinto municipio en unión con el barrio de Irauregi, vieja aspiración que por fin cristalizó, haciéndose realidad.</p>
<p>SIGLO XV. Es muy poco lo que sabemos de este siglo. Sí podemos afirmar con toda certeza que fue construida la iglesia de San Antolín por los abuelos paternos de fray Martín de Coscoja- les, de quien se hará mención más adelante. Es, sin duda, el edificio más antiguo del municipio y, a lo largo de sus cinco siglos de existencia, ha recibido importantes reparaciones que le han dado el aspecto actual con que le conocemos.</p>
<p>Durante este siglo la antigua anteiglesia de Alonsotgi perteneció a Arrigorriaga.</p>
<p>No está plenamente confirmado que fuese a finales de este siglo cuando se construyó, en la hoy plaza del Dr. Madinabeitia, una pequeña y sencilla iglesia dedicada al apóstol San Bartolomé que daría origen a la separación de la anteiglesia de Arrigorriaga.</p>
<p>SIGLO XVI. Fue en este siglo cuando de verdad se inició la sepa­ración de Alonsotegi del municipio de Arrigorriaga.</p>
<p>El hecho más significativo fue la construcción de la referida iglesia parroquial de San Bartolomé, donde, según costumbre foral de las anteiglesias del señorío, se reunían los vecinos, después de la misa dominical para tratar y deliberar sobre los asuntos de interés común de la república. Juan Ramón de lturriza y Zabala, en su &#8220;Historia General de Vizcaya&#8221;, dice muy acertadamente que &#8220;Alonsotegi se desmembró de su antigua matriz, Santa María Magdalena de Arrigo­rriaga, por causa de la lejanía considerable de legua y media de camino fragoso&#8221; que separaba a ambas localidades.</p>
<p>Nacen en este siglo dos hombres ilustres cuyos escritos son cita­dos en numerosas ocasiones por los historiadores lturriza y Labayru: fray Martín de Coscojales y fray Miguel de Alonsotegi.</p>
<p>SIGLO XVII. El 24 de octubre de 1647 se firmó una &#8220;Escritura de Concordia&#8221; entre las anteiglesias de Alonsotegi y Arrigorriaga para determinar el &#8220;modo y forma en que han de gozar y usufructuar en lo sucesivo los montes que están desde lo alto de Muniaran, el aprove­chamiento de pastos y herbajes y el gobierno político y peculiar que cada una de ellas han de observar, con otras cosas que resultan de dicha escritura&#8221;.</p>
<p>En la referida &#8220;Escritura de Concordia&#8221; se especifican las siguien­tes transacciones:</p>
<p>1)      Los vecinos de Arrigorriaga podrán retirar 950 cargas de carbón montazgo de estos lugares: 600 cargas del arbolar, jaral y bortal de entre el collado de Erkasti y sel de Beogorta y sel de Artiba y pieza de Artibazarra y el Egurbide de San Miguel de Basauri que se llama Artibaondo; y las otras 350 cargas de entre los seles de</p>
<table border="0" cellspacing="0" cellpadding="0">
<tbody>
<tr>
<td width="236" height="139">
<table border="0" cellspacing="0" cellpadding="0" width="100%">
<tbody>
<tr>
<td></td>
</tr>
</tbody>
</table>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Garrastachu de arriba y Garrastachu de abajo y la peña Royach y sel de Piripando.</p>
<p>2)      Los pesos y la alhóndiga de Arrigorriaga quedarán para ellos, debiendo los de Alonsotegi tener los suyos propios sin dependencia ni parte de los vecinos de Arrigorriaga.</p>
<p>3)      Alonsotegi tendrá derecho a las tres cuartas partes de los pastos desde Muniarán a las cumbres jurisdiccionales de La Quadra y Okendo.</p>
<p>4)      El Fiel de Arrigorriaga podrá hacer una vez al año la visi­ta de jurisdicción, pesos, alhóndiga, tabernas y molinos.</p>
<p>5)      Los vecinos de Alonsotegi pagarán una cuarta parte de los gastos generales del señorío, correspondientes a Arrigorriaga, después de quitar un tercio que pagarán los de Basaun.</p>
<p>6)      Los caminos públicos los repararán cada uno por su parte.</p>
<p>Firmaron la &#8220;Escritura de Concordia&#8221; por Arrigorriaga, Francisco de Escalante y Pedro Ruiz de la Torre, y por Alon­sotegi, como Sebastián de Azua no sabía firmar, lo hicieron dos testigos: Damián de Echauri y el licenciado Juan de Zal­bidea.</p>
<p>SIGLO XVIII. Dos importantes documentos hacen referencia a otros tantos notables hechos ocurridos en este siglo en la anteiglesia de Alonsotegi: el testamento de don José de Zabala y Miranda, fir­mado en Madrid el día 21 de junio de 1763, y una nueva &#8220;Escritura de Concordia&#8221; entre la villa de Bilbao y las anteiglesias de Alonsote­gi y Arrigorriaga sobre el &#8220;Reconocimiento del sitio de la nueva neve­ra, construida por la villa en el monte Ganekogorta&#8221; y que se firmó en la anteiglesia de San Vicente de Abando el 7 de agosto de 1777.</p>
<p>En el testamento de don José de Zabala y Miranda constan las mandas que estableció para que se construyera una casa, cerca de la iglesia, con destino a vivienda de sacerdote y escuela de primeras letras para los niños de la localidad, privilegio éste que por aquel entonces no tuvieron incluso pueblos muy importantes del territorio histórico de Bizkaia.</p>
<p>Con respecto al &#8220;Reconocimiento del sitio de la nueva nevera, construída por la villa de Bilbao en el monte Ganekogorta&#8221;, se toma­ron los siguientes acuerdos:</p>
<p>1)      La nueva nevera está construida en terreno de la anteiglesia de Alonsotegi y la de Arrigorriaga podrá sacar tres cargas de nieve, por medio animal, pagando a la de Alonsotegi 30 reales de vellón por cada año que haga uso de ella.</p>
<p>2)      Los herbajes se regirán por lo acordado en la &#8220;Carta de Concor­dia&#8221; de 1647, debiendo avisar los de Arrigorriaga si los arriendan a otro tercero.</p>
<p>3)      Arrigorriaga cobrará los derechos por cada piedra de molino que haya en Alonsotegi para los gastos generales del señorío.</p>
<p>4)      Arrigorriaga no pedirá ninguna otra cantidad a la anteiglesia de Alonsotegi para los gastos generales, ni Alonsotegi a la de Arrigorriaga por la cuarta parte de los herbajes arrendados a terceros.</p>
<p>Un año más tarde, el 15 de noviembre de 1778, en la anteiglesia de Alonsotegi se acordó que la villa de Bilbao debería pagar 110 reales de vellón por cada año que hicie­se uso de la nevera sita en Ganekogorta.</p>
<p>SIGLO XIX. En este siglo es muy destacable el impacto negativo que la última Guerra Carlista produjo en las arcas de la anteiglesia de Alonsotegi, lo cual fue la principal causa que condujo a sus vecinos a pedir su anexión a la anteiglesia de Barakaldo.</p>
<p>Un estadillo de 1878 refleja  a la perfección la carga económica que recayó sobre la anteiglesia de Alonsotegi por suministros hechos al Ejército Carlista: “Estado que demuestra el número de raciones que ha suministrado la anteiglesia de Alonsotegi al Ejército Carlista durante la última guerra, según consta en los comprobantes que obran en la Secretaría de este Ayunta­miento&#8221;.</p>
<p>Este parte está fechado el 24 de noviembre de 1878; lleva la firma de Manuel de Zabala y un sello que dice &#8220;Alcaldía de Alonsotegi&#8221;.</p>
<p>Si tenemos en cuenta que diez años más tarde, al anexionarse a Barakaldo, el Secretario, José de Zabala, certifica que la anteiglesia de Alonsotegi la componían 61 vecinos, es decir, poco más de 300 habitantes, podemos apreciar el peso de la carga económica que, sin quererlo, recayó sobre dicha anteiglesia.</p>
<p>Para hacer frente a estos suministros y otras prestaciones perso­nales, carruajes, caballerías, etc., la anteiglesia pidió créditos que ascendieron a un monto de 192.514 reales. Cuando los acreedores comenzaron a reclamar los capitales prestados más los intereses convenidos, Alonsotegi reconocía públicamente la deuda pero no veía la forma de hacer frente a la misma. Entonces surgió la idea de anexionarse, primero a Bilbao y después a Barakaldo, prevaleciendo esta última, cuyo trámite dio fin el 13 de noviem­bre de 1888.</p>
<p>En la última década de este siglo se iniciaron las obras del ferrocarril Bilbao-Santander cuyo trazado suponía once pasos a nivel, desde Percheta a Zaramillo, sobre el viejo camino que, pasando por lrauregi, unió desde tiempo inmemorial las villas de Bilbao y Balmaseda. Se modificó el trazado del camino en algunos puntos concretos, consiguiéndose así que los pasos a nivel quedasen reducidos de once a cuatro. Muchos han cono­cido ese camino cuando tenía continuación desde Ulanki hasta Zaramillo.</p>
<p>En el libro de actas del Ayuntamiento de Barakaldo, donde se recoge la reunión celebrada por la Permanente el día 20 de octubre de 1893, se dice textualmente: &#8220;Accediendo a lo solici­tado por el Gerente de la S.A., Alambres del Cadagua en su escrito del catorce del actual, se acordó autorizarle para desviar un trozo de unos cien metros del antiguo camino vecinal de Bil­bao a Balmaseda frente a la fábrica de Aldanondo, con sujeción a las condiciones siguientes: 1º Que antes de obstruir el cami­no antiguo, habilite el nuevo, siendo la anchura de éste cuando menos igual a la de aquél y 2° Que como el nuevo camino ha de aproximarse al río Cadagua, construya también la Compa­ñía los muros necesarios de contención de tierras a juicio del Ayuntamiento”.</p>
<p>SIGLO XIX. Durante este siglo y hasta el 31 de diciembre de 1990 Alonsotegi ha pertenecido, a todos los efectos, al municipio de Barakaldo. Demográficamente hemos pasado de los 61 vecinos, es decir, unos 320 habitantes que tenía la antigua anteiglesia cuando se anexionó a Barakaldo, a los 3.058 que, junto con Irauregi, tiene hoy el nuevo municipio.</p>
<p>La primera obra importante que el Ayuntamiento de Barakaldo realizó en Alonsotegi fue el edificio de las escuelas, frente a la hoy Plaza del Dr. Medinabeitia, con un presupuesto de 25.830 pts. Y 87 céntimos, inaugurado en el año 1903.</p>
<p>El 20 de agosto de 1904 se inauguró la nueva parroquia de San Bartolomé, que salió con un presupuesto de 25.830 pesetas con 89 céntimos y se terminó con un costo de 67.211 pesetas con 0,9 céntimos.</p>
<p>Otras obras importantes que muchos hemos visto realizar han sido el colegio de Azordoiaga y la cubrición del arroyo desde el colegio hasta la carretera general.</p>
<p>las lluvias torrenciales del año 1983 azotaron fuertemente a los barrios de lrauregi y Alonsotegi, ocasión en la que se pudo compro­bar la gran solidaridad de todos los vecinos de uno y otro lado del Kadagua, la estimable colaboración de personas que vinieron de fuera y el buen hacer, como era de esperar, del Ayuntamiento de Barakaldo.</p>
<p>Se pueden apuntar también como logros en instalaciones deporti­vas, el campo de fútbol Errota, el campo de fútbol de Arbuio, gracias al tesón y desvelos de sus vecinos, y el Frontón Municipal cubierto, junto a la iglesia de San Bartolomé.</p>
<p>Existen, sin embargo, muchas deficiencias que están en la mente de todos los componentes del nuevo Ayuntamiento y que están reclamando los vecinos, deficiencias que poco a poco han comenza­do y continuarán solucionándose en la medida de las posibilidades.</p>
<p>José Martínez Abascal</p>
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		<title>Un paseo por las Encartaciones</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Jul 2009 06:33:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Enkartaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Hay grande y pequeño turismo. Raro será que una provincia española no pueda ofrecer al conocimiento de las gentes una variedad de motivos cautivadores. Quienes más obligados están a sentirse interesados son los habitantes de la capital, porque muchas veces esos motivos marcan—sobre todo los de carácter histórico, arqueológico y étnico o—huellas de diversas etapas, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/07/Img_Museo_Encartaciones.jpg" class="floatbox" rev="group:1144 caption:`Img_Museo_Encartaciones`"><img class="alignright size-medium wp-image-1145" title="Img_Museo_Encartaciones" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/07/Img_Museo_Encartaciones-300x197.jpg" alt="Img_Museo_Encartaciones" width="300" height="197" /></a>Hay grande y pequeño turismo. Raro será que una provincia española no pueda ofrecer al conocimiento de las gentes una variedad de motivos cautivadores. Quienes más obligados están a sentirse interesados son los habitantes de la capital, porque muchas veces esos motivos marcan—sobre todo los de carácter histórico, arqueológico y étnico o—huellas de diversas etapas, precisas, a lo largo del tiempo, para generar y for­mar la gran ciudad representativa de la provincia.</p>
<p>Pero hay todavía más pereza o más indiferencia para el pequeño que para el grande turismo. Las gentes de la población no transitan por su propio país. Se debería estu­diar el poderío aprisionador del asfalto. Aquí mismo, en Vizcaya, a pesar de ser la ex­cursión un tentador medio de complacer la afición suavemente epicúrea de la raza, son escasos los amigos del turismo provincial. Claro está que nada cuenta ni nada nos in­teresa ese furor de llegar con jadeos, en minutos cronometrados, a lo alto de un monte, ciegos los ojos a la belleza y hermética la inteligencia a la contemplación. El turismo, la excursión, de propósito entrañable, es otra cosa más intelectual, más noble.</p>
<p>Esta forma de turismo no puede satisfacerse con motivos simplistas. Necesita un complejo de atracciones, casi logrado en Vizcaya. No hay por qué entretenerse en un esfuerzo literario para exaltar la belleza del país. Sobre esa potencia básica de capta­ción, están numerosos motivos de orden sentimental. Noto en la Diputación un inte­ligente y mantenido interés por realzar cuanto en la provincia es no sólo hito cronoló­gico de las etapas de formación histórica, sino también por salvar del olvido recuerdos venerabilísimos y por enaltecer valores espirituales. Aparte de la atención inexcusable al santuario foral de Guernica, aparece ese interés en restauraciones como las de la Colegiata de Cenarruza, Santa María de Güeñes y la Iglesia juradera de Larrabezúa.</p>
<p>Poco hará que hallé nuevas muestras de ese empeño. Uno de esos días soleados que han sido regalo de la primera quincena de noviembre, transité por las Encartacio­nes. Delicia sobre delicia. La Encartación es en Vizcaya su parte profundamente diná­mica. Costa y mina, labrantío y arboleda, horno y navío. Además, un sacro osario de España, porque en estas montañas cercanas vino la muerte a reducir el odio cruento de hijos de la misma matriz patria. Y este trozo de historia española sí que nos llega al alma. Hay instantes en que el curso de los acontecimientos ha impuesto a la Huma­nidad virajes repentinos. Los examinamos hoy con frialdad crítica. En pequeño, estos montes encartados fueron testigos de un viraje nacional. ¿Qué hubiera pasado con una definitiva derrota liberal? ¿Qué organización política la nuestra, cuál nuestra posición en Europa? La etapa histórica decidida en estos montes actúa sobre nosotros. Destino inquieto el de la Encartación; suelo de lucha civil de banderizos, donde hasta los idio­mas han peleado y se atrincheran perennes en sus posiciones: un vascuence Ocharan, valle frío, en línea frente a un castellano Mal-abrigo, situado a poco trecho. La calzada latina, que desde Castro pasa por Avellanada, fue también camino abierto para las le­giones del romance.</p>
<p>Como un símbolo, aparecen contiguas las dos casas del linaje de Lope García de Salazar, la casa de paz y la casa de guerra. Esta última, la torre de los Muñatones, es hoy una ruina bellísima. El mismo Lope García fue una síntesis de lucha civil. Su pro­pio hijo le puso cautivo. Pero este don Lope tenía espíritu inapresable y dentro de la torre le volaba libérrimo para extenderse sobre las páginas de las <em>Bienandanzas e For­</em><em>tunas, </em>libro engendrado en prisión, como más tarde había de serlo el <em>Quijote. </em>A este Lope García de Salazar le hablan sorbido el amor las lecturas, y mandaba traerlas de lo cercano y lo remoto para así constelar de saber su entendimiento, como de estrellas consteló su escudo y de hijos la tierra.</p>
<p>Fue cerca de este lugar donde hallé la primera muestra del afecto de la Diputación hacia las calidades espirituales del país. Una carretera, llena de prisa por escalar la cima lleva a un lugar de toponimia paradójica: Montellano. Junto a la casa en ruinas donde nació Trueba, acaba de erigirse el monumento al poeta. El escultor Manolo Basterra ha logrado una obra moderna, de sentido grave y religioso. En un pequeño recuesto, con el adorno de árboles y yedra, quedará evocada la memoria de Antón, como un rincón apartado de poesía, meditación y olvido. Más adelante, pasada la angostura de Sopuerta, me salió al encuentro la segunda prueba. La cárcel de Avellanada ha estado hasta hoy peor que abandonada. Una restauración antañera fue de tan escaso acierto que pudiera creerse se entregó el lugar al olvido por sonrojo. Pero en la exigua plazoleta, situada ante la cárcel, se reunían las Juntas de la Encartación, bajo el dombo de un roble ya desaparecido, emblema gemelo al de Guernica. Pretende ahora la Dipu­tación restaurar el abandonado edificio con conocimiento y largueza; decorarlo con sobriedad, y acaso plantar de nuevo ante su escudo pétreo un retoño de árbol foral para renovar, con todo su significado histórico, venerable y sentimental, el recuerdo de instituciones jurídicas peculiares. Hay en estos propósitos una elegancia tan inhabi­tual, que merecen ser divulgados para que la misma publicidad constituya un compro­miso con el país. De cuánto deben ser agradecidos, de qué elogio merece este saber elevarse sobre la mera función administrativa, cada hombre de corazón adicto al solar dará la medida.</p>
<p>Repara esta atención de ahora olvidos inexplicables tenidos con este trozo magni­fico de Vizcaya. Cada paso en la Encartación es una variante de su universalidad Tierra castigada por azotes apocalípticos, como el hambre y la peste de 1599, que hizo salir de la parroquia valmasedana las mejores&#8217; joyas de culto para ser empeñadas y allegar recursos. Tierra donde, por batallar todo, batallaban Jesús y Belial en la conciencia de las gentes, y llegaban saludadores e inquisidores a exorcizar o a prender la pira purificadora. Aún hoy tiene Zalla su imagen milagrosa contra el sortilegio—San Pedro ad Vincula, según el calendario; San Pedro Zariquete, según el vulgo—, y todos los años, el primero de agosto, acude una legión de poseídos para que esta imagen arcaica, de estilización bizantina, les desahucie los malos huéspedes. ¡Ah! Pero la tradición, aun siendo de las más vulgares, siempre deja su sello atractivo. Aquí fue donde la bruja de Zalla predijo a don Pedro el Cruel—ese rey merecedor de una inter­pretación shakesperiana—la muerte próxima, en un plazo exacto y cumplido, a manos fraternas. Macbeth hubiera encontrado aquí también la voz del Destino.</p>
<p>Esta tierra de espíritu vivo, agitado por tanta levadura castellana, ha obtenido menos dulzura que el resto de Vizcaya. No es hora de señalar diferencias ni hay por qué enumerarlas. Pero la Encartación ha sido y es el aliento sin reposo del país. Se han librado en su seno las batallas de cada época. Lucha de linajes con el feudalismo; lucha de legitimidades reales después. Las batallas inminentemente futuras, las sociales, también aquí se librarán. Como una última avaricia, los dioses en derrota encerraron un tesoro en el suelo encartado, y a la hora de la revelación todo el paisaje gimió bajo la amenaza de hombres cargados de preocupación geológica. Mas también, como una postrer generosidad hicieron brotar en el somo de un monte el perpetuador lírico del paisaje, el hombre de mirada perdida en el infinito, de palabra armoniosa, de ojos enamorados. Antonio Trueba sintió con unción filial el amor a su tierra y, en tanto otros la horadaban y volcaban, él la ganaba para la belleza permanente y hubiera sabido cantarla mientras hubiese una flor en sus montañas, porque una flor es universalidad para un poeta: es forma, color, aroma, germinación y muerte, ciclo vital.</p>
<p>Avellaneda será un relicario histórico, con su retoño foral arraigado de nuevo en suelo encartado, como aquel extinguido que recibía el título de druidismo civil, tan caro a los vizcaínos. Montellano será la conmemoración de que allí cayó ese don excepcional de Dios, que es un poeta. Preocupaciones de buen gusto las de nuestra Dipuación, purificadoras de muchos olvidos. La Encartación puede llenarse de hitos evocadores, inteligentemente discernidos, ante los cuales el vizcaino de aficiones nobles perciba el honor de su pasado con toda exactitud, sin halagos fetichistas. El país puede tener una potencia multitentacular de cautivación. Es bello, y sobre este valor natural, fácil es ir acumulando valores intelectivos y sentimentales. Una orientación de tan fino espíritu merece no interrumpirse. Ante el país y ante sí propia, debe considerarse emplazada nuestra primera Corporación.</p>
<p>23-11-1930</p>
<p>Por Joaquín Adan</p>
<p>LGEV, tomo VII</p>
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		<title>Los Eskauritza de Barakaldo</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Jul 2009 07:36:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Demografía]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/07/El-Regato-3.jpg" class="floatbox" rev="group:1141 caption:`El Regato 3`"><img class="alignright size-medium wp-image-1142" title="El Regato 3" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/07/El-Regato-3-300x193.jpg" alt="El Regato 3" width="300" height="193" /></a>Escribí en el artículo anterior que la ascendencia de Juan de Zamudio Tellitu, gobernador del Tucumán a finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, planteaba un pequeño problema en lo que concierne a los Eskauriza-Tellitu.</p>
<p>Era hijo de Juan de Zamudio Arbeiza y de su mujer Sebastiana de Tellitu Urcullu, con la que había casado en segundas nupcias en el año 1649. Esta era hija de Juan de Escauriza de Tellitu, bautizado en Barakaldo en el año 1578, y de María Sáez de Urcullu.</p>
<p>La cuestión es que a Juan de Escauriza Tellitu, señor de la <em>casa de Tellitu</em>, se le hace hijo de Domingo de Tellitu y de María de Urcullu y nieto de Martín de Tellitu, quien también es nombrado como señor de la casa de Tellitu. Sin embargo, después de consultar algunos documentos, parece que esto es imposible y que debió producirse un error en la información que Juan de Zamudio dio de su genealogía para ingresar en la <em>orden de Santiago</em>. En realidad su abuelo materno, Juan de Escauriza Tellitu, debió ser hijo de otro Domingo de Tellitu, anterior en el tiempo a este, cuya esposa se llamaba María de Aguirre, como podrá verse a continuación.</p>
<p>De paso, aprovechando la circunstancia, incluiré algunos datos que he podido hallar referente a las diferentes ramas del apellido Escauriza en Barakaldo.</p>
<p><strong>Los Escauriza Tellitu de Barakaldo:</strong></p>
<p>En el Archivo Histórico Provincial se halla el testamento de Domingo de Escauriza Tellitu, otorgado el año 1599 ante el escribano Aparicio de Beurco-Larrea. En él pedía ser enterrado en el <em>monasterio de Burceña</em>, en las sepulturas de su casa de Tellitu por su hijo, Juan de Escauriza Tellitu. Ordenaba diversas misas en las ermitas de <em>Santa Agueda</em>, <em>San Bartolomé</em>, <em>Santa Lucía</em>, <em>San Antonio de Irauregui</em> y <em>Santa Quiteria</em>, todas ellas sitas en Barakaldo.</p>
<p>Se hallaba casado con María de Aguirre, hija de Martín de Aguirre y María López de Tellitu, de cuyo matrimonio habían nacido los siguientes hijos e hijas: 1. Martín de Tellitu, clérigo. 2. Juan de Escauriza Tellitu, con el que continuaremos más adelante. 3. Catalina de Escauriza y 4. María López de Escauriza, que casó hacia 1600 con Pedro de Linaza, quienes consta que fueron padres de María Pérez de Linaza, casada en Abando en 1628 con San Pedro de Zorroza, hijo de Agustín de Zorroza y Teresa de la Torre.</p>
<p>Dado que no menciona otro matrimonio anterior, debe suponerse que, como escribía más arriba, en la genealogía de Juan de Zamudio debió existir algún error pues se hallaba casado con María de Aguirre y no con María de Urcullu.</p>
<p>Era dueño de la <em>casería de Tellitu</em>, con la que dotó a su hijo Juan de Escauriza, y de la <em>casería de Escauriza</em>, de la que hizo donación a su mujer María de Aguirre para que después ella designase sucesor. Además, la hizo heredera de la parte de que tenía en la <em>herrería de Urdandeguieta</em>.</p>
<p>Correspondiente al mismo archivo y al año 1617, se halla una escritura en la que figuraban, entre otros comparecientes, algunos herederos del citado Domingo de Escauriza de Tellitu; concretamente su viuda, María de Aguirre, y su hija María de Escauriza que se decía casada con Sebastián de Saldurtun de Escauriza. Este era hijo de Mateo de Saldurtun (f. 1627) y Matea de Tellitu (f. 1617). Conviene detenerse un momento con este matrimonio y hacer una relación de su descendencia parte de la cual enlazó con distintas ramas de los Escauriza.  Habían sido padres de 1. Juliana de Saldurtun, que casó con Juan López de Escauriza y fueron padres de 3 hijas y dos hijos (entre ellos conocemos a Pedro de Escauriza, que casó con María de Aranguren, y a María Ochoa de Escauriza); 2. María de Saldurtun quien casó con Juan de Escauriza de Allende; 3. Catalina de Saldurtun;  4. Juan de Saldurtun, que casó con María Saez de Urcullu; 5. Martín de Saldurtun, que casó con Catalina de Tapia, hija de Baltasar de Zorroza de Tapia; Fueron padres de 5.1. Juan de Tellitu (testamento en 1653), quien casó con María de Mesperuza, sin descendencia. 6. Antón de Saldurtun Tellitu,  primogénito y heredero, que casó con Agustina de Aranguren; y 7. el ya citado Sebastián de Saldurtun Tellitu, que casó con María de Escauriza, siendo padres de a) Agueda de Saldurtun, quien casó en 1648 con Tomás de Careaga, hijo de Baltasar de Careaga y María de Susunaga; b) Juan de Tellitu Saldurtun, a quien también se cita documentalmente como Juan de escauriza, que casó en primeras nupcias con María Pérez de Mesperuza, hija de Lucas de Mesperuza y María Sánchez de Zaballa, y en segundas nupcias con María Saez de Retuerto, hija de Domingo de Retuerto y María Santa de Rotaeche. c) Domingo de Escauriza. d) María de Escauriza, casada en 1653 con Tomás de Careaga, hijo de Vicente de Careaga y Teresa de Loizaga (como vemos hay dos personas que responden al nombre de Tomás de Careaga, las cuales se citan en distintos documentos y con distintos progenitores, lo que puede llevarnos a algún error).<br />
El año 1682 Mateo de Saldurtún Palacios, entonces ausente en Canarias, realizó probanza de vizcainía. Era hijo de Martín de Saldurtún Palacios y de María de Inchaurbe, nieto paterno de Mateo de Saldurtun y Matea de Tellitu, y nieto materno de Andrés de Inchaurbe y Alonsa de Muxica. Por tanto, debemos suponer que su padre, Martín de Saldurtún, a quien hemos citado en el punto 5 como marido de Catalina de Tapia, hubiese tenido más de un matrimonio. En la probanza se citaban las distintas casas como originarias de: Saldurtun, en Montellano, Encartaciones de Bizkaia; Tellitu y Palacios, en Barakaldo; Inchaurbe, en Ceanuri; Muxica, en Muxica (Mujica).<br />
Retomamos nuevamente a Juan de Escauriza Tellitu y Aguirre quien, como hemos dicho, heredó la casa de Tellitu. Casó con María Sáez de Urcullu, hija de Pedro de Urcullu y de Josefa, y nieta de Domingo de Urcullu. Fueron padres de Sebastiana de Tellitu Urcullu, quien casó en 14 de septiembre de 1649 con Juan de Zamudio y Arbeiza.<br />
El problema que comentaba más arriba es que existió otro Domingo de Escauriza Tellitu, el cual estaba casado con María de Urcullu, hija de Domingo de Urcullu (f. ya en 1620) y Mencia de Umaran. Era hijo de Martín de Escauriza Tellitu, y le hallamos reflejado en la documentación en el año 1626. Pero este Domingo de Escauriza, aunque relativamente próximo en el tiempo, no coincide en las fechas que le harían padre de Juan de Escauriza Tellitu, quien fue bautizado en el año 1578.</p>
<p>Domingo de Urcullu y Mencia de Umaran habían sido también padres de Juan de Urcullu, quien casó en 1627 con Catalina de Alcaibar y Guesala, hija de María López de Escauriza de Guesala y de su primer marido, Juan de Alcaibar, la cual casó después en segundas nupcias con Martín de Aguirre Irazu.</p>
<p>Quizás fueron padres, a juzgar por los apellidos, de María Sáez de Urcullu Umaran, que casó con Martín de Tellitu Urcullu, a quienes hallamos como padres de María de Tellitu, que fue bautizada en Bilbao en el año 1627.</p>
<p>Hermano de este Domingo de Escauriza Tellitu era Martín de Escauriza, el menor, quien estaba casado con otra hija de los citados Domingo de Urcullu y Mencia de Umaran, el cual testó el año 1620.</p>
<p><strong>Los Escauriza de Cruces de Barakaldo:</strong></p>
<p>Otra rama del apellido Escauriza es la que corresponde a Juan de Escauriza de Cruces y Antonia de Landaburu. Fueron padres de 1.  Juan de Escauriza de Cruces, menor, (n. hacia 1600 f. 1631) quien contrajo matrimonio con María de la Torre Salazar, que fue hija de Juan Domingo de la Torre y Juana de Salazar (estos casados en Abando en 1599). Supongo que esta última era hija del almirante Juan de Salazar y Zorroza y de María Martín de Escauriza y Escauriza (casados en Bilbao en 1580), quienes habían sido padres de a). el famoso capitán Martín Ruiz de Salazar, caballero de Santiago, su heredero en las caserías de <em>Zorroza y Gastañaga</em>, que casó en 1620 con Teresa de Bilbao la Vieja y Leguizamón, hija de Pedro de Bilbao la Vieja y de María de Leguizamón; b). Mari Cruz de Salazar, que casó con Sancho de Elguero, el menor, vecino del valle de Trapaga;  c). María Ochoa de Salazar y d). Juana de Salazar. 2. Simón de Escauriza de Cruces, que casó en 1630 con Agustina de Tellitu, hija de Antón de Saldurtun Tellitu y Agustina de Aranguren, mencionados más arriba. También se halla en la documentación a una Catalina de Escauriza de Cruces, que testó en 1648, a quien por sus apellidos debemos suponer hermana o hija de los citados, que casó con Domingo de Mesperuza, con quien hubo 2 hijos y 4 hijas. Y aún podemos hallar documentada a una Francisca de Escauriza de Cruces, que casó con Martín de Arraxieta, que fueron padres de Catalina de Arraxieta, la cual casó, el año 1647, con Francisco de Ugarte Munoa, hijo de Domingo de Ugarte Munoa y Juana de Munoa, dueños de la <em>casa de Munoa</em>, con la que dotaron a Francisco, y también dueños de una parte del pasaje del <em>barco de Tapiaur</em>.</p>
<p>Domingo de la Torre y Juana de Salazar fueron también padres de María de la Torre, su heredera universal, que casó con Martín de Escauriza Zubiaur.</p>
<p>Juan de Escauriza de Cruces, menor, otorgó testamento el año 1631, pidiendo ser enterrado en el <em>monasterio de Burceña</em>, en las sepulturas de su <em>casa y torre de Zorroza</em>. El y su mujer fueron padres de 1.  Pedro de Escauriza y la Torre (f. 1671), quien casó en 1657 con Ana de Aguilar, hija del escribano Martín de Aguilar Zumelzu y de Ursula de Arana, vecinos de Barakaldo, quienes la dotaron con la <em>casa de Zuazo</em>, el <em>molino de Retuerto</em> y el oficio de escribano de la <em>merindad de Uribe</em>. Pedro de Escauriza y su mujer no tuvieron más hijos que una niña que murió con seis meses de edad. 2.  Antonia de Escauriza y la Torre (n. 1629), quien heredó de sus padres en la mitad de la torre de Zorroza, y la &#8220;Casanueva&#8221; de Tapiaur, el derecho del cobro del pasaje de Tapiaur. Contrajo matrimonio con Juan de Nafarrondo, vecino de Abando, posiblemente hijo de Juan de Nafarrondo y de sus segundas nupcias con Juana de Zuazo -en primeras había casado con María de Beurco-, vecinos de Abando y Barakaldo; ella otorgó testamento y falleció el año 1615, cuando su hijo Juan de Nafarrondo contaba únicamente 11 meses de edad.</p>
<p><strong>Los  Escauriza Olaso de Barakaldo:</strong></p>
<p>En los mismos años que estamos moviéndonos, en torno al soglo XVII, existía también en Barakaldo la rama de los Escauriza Olaso. Martín de Escauriza Olaso (n. 1595 aprox. f. 1656) casó con Juana de Urcullu. Eran dueños de las caserías de <em>Retuerto y de Olaso</em>. Fueron padres de 1. Domingo de Escauriza Olaso, a quien dotaron con ambas casas para su matrimonio, en el año 1643, con Teresa de Aguirre, hija de Domingo de Aguirre y Ana López de Isasi, dueños de otra casería en Retuerto con la que dotaron a su hija. 2. María Pérez de Escauriza Olaso, que casó con Pedro de Alonsotegui. 3. María Concepción de Escauriza, que casó en 1649 con Pedro de Garay (en algún documento figura también como Domingo de Garay), hijo de Domingo de Garay y María Concepción de Escauriza Olaso. Fueron padres de Domingo de Garay Escauriza, nacido hacia 1650.</p>
<p><strong>Los Escauriza Allende de Barakaldo:</strong></p>
<p>Hallamos a Juan de Escauriza Allende citado a comienzos del siglo XVII, concretamente en 1605, como yerno de Mateo de Saldurtun Tellitu, pues, como ya hemos visto más arriba, estaba casado con María de Saldurtun. Más tarde, en 1630, se le cita como nieto de Miguel de Allende, cuando expuso su parentesco con Pedro de Aresti, vecino de Santurtzi, a quien compró la <em>casa de Escauriza que </em>este había heredado de Mateo de Aresti, su tío.</p>
<p>En 1627 fue bautizado en Bilbao Juan de Escauriza Allende, hijo de Domingo de Escauriza de Allende y Tellitu y de Catalina de Zubiaur y Escauriza, a quienes por sus apellidos debemos considerar descendientes de esta rama de los Escauriza.</p>
<p><strong>Otras ramas del apellido Escauriza en Barakaldo:</strong></p>
<p>Juan López de Escauriza era propietario, en la primera mitad del siglo XVII, de una octava parte de la <em>ferrería de Escauriza</em>, el resto de la cual pertenecía al escribano Aparicio de Beurco Larrea. Fue padre de Antón de Escauriza (n. 1594), quien casó en el año 1620 con Catalina de Umaran, hija de Francisco de Umaran y de Marina de Escauriza. Apoyándonos en el hecho de que esta rama de los Escauriza tenían parte de la propiedad de la ferrería homónima, debemos pensar que Pedro y Domingo de Escauriza, a quienes se cita como parcioneros de la misma en el año 1665, serían hijos de Juan López o de Antón de Escauriza.</p>
<p>El año 1647 se cita a Antón de Escauriza como padre de Juan de Escauriza, que se hallaba casado con María Pérez de Ugarte Munoa, hija de Domingo de Ugarte Munoa y Juana de Munoa, a los que ya he mencionado más arriba. Supongo que de aquel matrimonio nació Juan de Escauriza Ugarte Munoa, quien casó con Madalena de Iragorri Madariaga, que fueron padres de Pedro Celestino de Escauriza, bautizado en Bilbao el año 1678.</p>
<p>Además de estas ramas, también se podrían añadir en Barakaldo las de Escauriza de Aguirre, Escauriza de Urcullu y Castaños de Escauriza, de las que no he logrado documentación que tenga relevancia como para incluirla aquí.</p>
<p>Goio Bañales</p>
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		<title>Antón el del Arroyo (Leyenda)</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Jul 2009 07:29:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Sociedad]]></category>
		<category><![CDATA[Antón]]></category>

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<p>Cuando Manu regresaba de su tarea diaria, allá en la falda del monte, sintió ganas de beber del agua fresca del arroyo de Ibarreta. Sin prisa caló su descuidada cabellera. No bien mojó sus labios cuando llegó del último recodo un gemido como de cachorro herido. Los nervios del buen aldeano se tensaron. Ante sus agudos ojos y entre los juncos, medio oculta su figura, yacía un niño recién nacido. Tras un momento de duda lo tomó entre sus brazos, y con paso largo y decidido marchó hacia su casa. Quería entregárselo a su esposa Martina.</p>
<p>La criatura hipaba, cansada de llorar. Era el hambre. Necesitaba, así pensó Manu, una madre que le cuidara y &#8220;aunque no tenga leche materna no le faltará la de mis cabras&#8221;, se dijo. Después de mucho andar llegó a su modesta casa donde le esperaba su esposa. Cuando la mujer vio al niño en los brazos amorosos del marido no salía del asombro. Fueron sus manos amorosas las que limpiaron la suciedad del arroyo que parecía corroer su delicada piel. Con leche de cabra y harina de borona lo alimentó.</p>
<p>-          El niño está sano -dijo Martina, mientras un profundo suspiro escapaba de los labios de Manu.</p>
<p>Pronto corrió la voz del hallazgo por todos los lugares de la aldea e incluso mucho más allá de los límites de la provincia. Nada ni nadie supo dar razón de lo sucedido. Una noche frente al fuego encendido, Manu miró a su mujer. Estaba sonriendo y, con las manos en el regazo, acariciaba la desgastada tela de su vestido. Desde la llegada del niño algo había cambiado en ella. Manu se conmovió y preguntó:</p>
<p>-          ¿Eres feliz, Martina?</p>
<p>Ella agachó la cabeza y dos lágrimas rodaron por sus mejillas.</p>
<p>-          Se quedará con nosotros si tú lo deseas. Cuánto has soñado tener un hijo&#8230; -dijo entre carraspeos Manu.</p>
<p>Ambos se miraron. Nunca habían sido tan felices. Le pusieron el nombre de Antón. El tiempo fue pasando y el chiquillo ya correteaba junto a los polluelos y gallinas que le picoteaban en las campas cercanas a la humilde vivienda de sus padres. El pequeño era amigo de todos estos animalitos y lloraba cuando sus ruidosos camaradas eran sacrificados en aras del sustento familiar. Manu solía decir entonces:</p>
<p>-          Antón, estos animalitos que criamos en casa son parte de nuestra comida y nuestras necesidades, no solamente podemos comer cosas de la huerta, necesitamos también carne del pequeño txarri. Cuando sea mayor, sacaremos la manteca para condimentar las comidas, e incluso nos servirá para que el candil nos alumbre por las noches. Es el derecho a la vida: algunos animales deben morir para que nosotros podamos seguir viviendo. Es triste hijo mío, pero no hay otro remedio.</p>
<p>-                 Pero papá -le respondía el chaval- ¿también tendremos que matar a los corderillos? ¡Pobrecitos, con lo cariñosos y blancos que son&#8230;!</p>
<p>-          Antón -le respondía el padre—. Tú eres una inocente criatura que desconoce la vida. Esa vida cruel que nos oprime y que no nos deja otro camino que el de subsistir. Ya te harás mayor y entonces comprenderás la triste realidad&#8230; ésa que hoy desconoces.</p>
<p>-          Me gustan tus consejos, papá ¿Quién te enseñó tantas cosas?</p>
<p>-          Querido hijo -aseveró Manu- la vida es la verdadera escuela que nos va enseñando de continuo, y recuerda que cuanto más grande te vayas haciendo, más sabio serás. Quiero que recuerdes muy bien lo que le oí decir al Prior de los Mercedarios de Burceña cierto día: &#8220;El Diablo sabe más por viejo que por Diablo&#8221;.</p>
<p>Al mencionar al Demonio, algo se estremeció en la sonrosada cara del chiquillo.</p>
<p>-          Papá, no debes mencionar a los enemigos de Dios. Te pones nervioso y a mí no me gusta que lo digas&#8230; ¡Es malo!</p>
<p>La miseria de la humilde familia se acrecentó con el paso de los años. Antón se había convertido en un muchacho bien parecido y de dedicados modales. Veía con tristeza los desvelos de sus padres para que su vida tuviera un rumbo mejor. Cierto día Manu anunció a Antón que tenía pensado buscarle un trabajo en la Casa Torre de Zubileta.</p>
<p>-          Dices muy bien papá -aseguró el muchacho- hora es ya de que aporte algún beneficio a la familia para que seamos menos pobres.</p>
<p>* * *</p>
<p>La ocasión no se hizo esperar y, coincidiendo con un adelantado primaveral domingo del día 5 de febrero, fiesta de Santa Águeda, padres e hijo se pusieron en camino para oír la santa Misa en la ermita del barrio barakaldés. Ataviados con sus muy sencillas prendas domingueras, se acercaron al pórtico de la pequeña iglesia donde todos esperaban al sacerdote para celebrar el rito dominguero&#8230; Cuando aparecieron, el murmullo de los hombres cesó mientras que el siseo de admiración de las mujeres iba en aumento. Sí, era Antoñito el del arroyo, el mozo más apuesto del lugar. Antes de que la misa comenzara Manu presentó a su hijo a don Crescencio, mayoral de la Torre de Zubileta, y sin más rodeos le dijo:</p>
<p>-          Don Crescencio, éste es mi hijo y no estaría mal que lo tomara a su servicio. Es buen chico y honrado a carta cabal.</p>
<p>-          No me parece nada mal -respondió el viejo hacendado- estoy a falta de un zagal, y si sabe labrar la tierra mejor que mejor. Desde luego tiene buena presencia el mozo.</p>
<p>-          Sus hechos son aún mejores -respondió el halagado Manu.</p>
<table style="height: 14px;" border="0" cellspacing="0" cellpadding="0" width="884">
<tbody>
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<td></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>Transcurrido el Santo Oficio se tornó a la tertulia frente a la vieja ermita y no faltó el txistu para amenizar el baile en la ya tradicional romería de Santa Águeda. Mozos y mozas danzaban bajo la mirada de sus celosas amatxus que, muy atentas pese al gesto despistado, observaban el mejor partido para sus hijas casaderas. Antontxu danzaba con sus nuevas abarcas sin dar mayor importancia al asedio que le prestaban las futuras suegras. Los mozos, que no eran tontos, pronto dejaron sentir su malestar por la presencia de aquel &#8220;ser nacido en el arroyo&#8221;. Muy pocos pudieron darse cuenta de dos miradas que mudamente se cruzaron en el baile: fueron los ojos de Antontxu y los de una espigada muchacha de largas y rubias coletas. Ninguno de los dos podía presagiar la ciega pasión que entre ambos había de nacer.</p>
<p>Al atardecer caminaron de regreso a su casa donde les esperaba una buena y fresca ensalada y un buen estofado de cordero con hojas de laurel en un puchero de barro. Durante la cena surgió el diálogo y Antontxu hizo hincapié en dejar la casa de sus padres.</p>
<p>-          Mamá, padre ha hablado con don Crescencio para ir a trabajar con él. A mí me parece muy bien, así que ahora es cuando yo debo iniciar mi vida. Nunca os podré pagar todo cuanto habéis hecho por mí. Quizá algún día podáis sentiros orgullosos de haber sido mis verdaderos padres. Ya sé donde me encontrasteis y todo lo ocurrido después&#8230; y es por eso por lo que os quiero más.</p>
<p>Tanto Martina como Manu se fundieron en un fuerte abrazo de despedida con Antón. Sabían muy bien que su niño tenía que marcharse algún día y había llegado la hora de partir.</p>
<p>* * *</p>
<p>Acompañado de su perro caminaba Antontxu por el angosto camino que, desde Munoa, le llevaba a Zubileta. Las cepas txakolineras despuntaban ya sus verdes brotes y el camino resultaba agradable al escuchar cómo el agua fluía del cantarín arroyo. Caminaba el mozo con su modesto hatillo al hombro cuyo contenido sólo era una descolorida camisa remendada y un reviejo pantalón de pana, cuyas recosidas rodilleras hacían suponer que fue una prenda heredada de su bisabuelo cuando menos. Una vara de avellano portaba en su mano, mientras que con la otra tiraba piedras para que tras de ellas retozara su inquieto y simpático perro. Sus pensamientos se perdían mientras caminaba sumido en su propia fantasía. Volaba libre como un pájaro, pero su vuelo le hizo tropezar y caer al suelo como sonámbulo.</p>
<p>-          ¡Vaya que eres bruto! ¡Por poco me matas! -le gritó una jovencita de coletas rubias.</p>
<p>-          Perdóname, soy un loco. Sólo trataba de llegar cuanto antes a casa de don Crescencio y&#8230;</p>
<p>-          ¡Pues anda, que si se entera mi padre que me has querido matar, malamente te podría dar trabajo!</p>
<p>-          Yo creo que nos vimos el domingo pasado en Santa Águeda, ¿verdad? —preguntó Antontxu reconociendo las rubias trenzas—. No sabía que fueras la hija de don Crescencio&#8230;</p>
<p>Portada de la Ermita de Santa Águeda.- El artista de la presente portada es el baracaldés Víctor Salazar, y en ella vernos reflejado todo el encanto ermitaño de la santa siciliana, cuya fiesta se celebra el día 5 de febrero. El lugar en que está enclavada la ermita lleva su mismo nombre, y se puede acceder a él bien por Burceña, Castrejana o por Cruces.</p>
<p>-          Pues mira, ahora ya lo sabes. Yo también sé que tú eres Antón el del arroyo.</p>
<p>-          Supones muy mal chica. Yo soy Antón, hijo de Manu y Martina, y no me gusta ser juzgado por aquéllos que no me conocen. Presiento que siempre seguiré siendo un desconocido incluso para mí mismo &#8211; dijo el zagal mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.</p>
<p>-          No ha sido mi intención molestarte -terció con temblorosa voz la muchacha—. Te llevaré hasta la casa de mis padres.</p>
<p>***</p>
<p>-                 ¡Caramba! ¡Caramba! -acertó a decir don Crescencio al ver a su hija acompañada del nuevo bracero-. Pareces precoz en tus presentaciones. Supongo que vendrás a quedarte con nosotros. Tu padre ya sabe cuánta será tu soldada anual: seis sacos de borona y tres corderos al año -le dijo al tiempo que le indicaba la entrada a los establos donde pernoctaría en lo sucesivo.</p>
<p>-          Gracias señor. Espero que disponga cual ha de ser mi trabajo -dijo Antón.</p>
<p>-          No te preocupes chaval, descansa hoy y mañana Dios dirá. Pero recuerda que has venido para trabajar y no para holgazanear.</p>
<p>-          Espero no crearle problemas. El trabajo no me asusta y sabré cumplir lo pactado con mi padre -dijo el joven con mucha humildad.</p>
<p>Antontxu realizó las tareas de zagal y pronto el ganado se familiarizó con él. Con su perro y su certera honda no había manera de que se desmandara ningún ganado. Tan tranquilo era su trabajo que pronto dispuso de tiempo libre para dialogar con la guapísima hija de don Crescencio. La muchacha, con muy rara habilidad, desoía los consejos de su madre para reunirse con el agraciado pastor.</p>
<p>-          Nunca te casarás con ese &#8220;hijo del arroyo&#8221;, ¿me oyes? ¡Nunca! -le decía irritada su madre-. Es mejor que dejes de tontear con ese muchacho.</p>
<p>La prudencia del joven Antón era tal que nunca se rebeló contra las ofensas que tanto el malcarado y envidioso Gervasio, hermano de Maite, como su madre lanzaban contra él. Cierta mañana, cuando Antontxu soltaba el ganado para llevarlo al prado, fue requerido por el dueño de la Torre de Zubileta quien, con no muy buenos modales, lanzó un juramento ante los atónitos ojos del joven barakaldés que no salía de su asombro:</p>
<p>-          Ha llegado a mis oídos que tu comportamiento es muy dudoso. Llegaste como un hijo y ahora me lo pagas cortejando a Maite. Me duele mucho tener que despedirte de mi casa, pero como hombre que eres quizá llegues a comprender mis razones. Soy el dueño de la Torre y quiero para mi hija un marido con posición y no un hijo del arroyo sin apellidos propios como tú. ¿Me oyes? -concluyó el severo patrón.</p>
<p>-          De nada me considero culpable y espero que nunca tenga que arrepentirse de haberme conocido. Que Dios les perdone -dijo con tristeza Antón.</p>
<p>Sin mediar más palabras, Antontxu llamó a su perro y tal como había llegado dos años antes, regresaba a la casa de sus padres donde le esperaban los dos únicos seres que de verdad le habían querido.</p>
<p>* * *</p>
<p>Manu, una vez más, llegó sudoroso y contento. Había realizado en buena luna el semillero de coles y lechugas y ahora tendría una buena cosecha. Su alegría se acentuó al ver a su mujer y a su hijo cuchicheando junto a la lumbre de la cocina. Cenaron y ya entrada la noche Manu propuso a su hijo dar un paseo hasta los frondosos bortales. Allí y sobre las raíces de un centenario castaño y bajo un cielo inusitadamente bello, el padre le dijo:</p>
<p>-                 Bien sabes Antón que tu madre y tú sois lo que más quiero en este mundo. Sabía desde que te encontré en el arroyo, que este momento tenía que llegar. ¿Ves aquella estrella fugaz que flota en el cielo, pues con ella llegaste tú para iluminar nuestras vidas y, como ella, me temo que algún día nos dejarás solos. Nunca te conté toda la verdad y ahora que soy viejo no puedo seguir ocultándotela. Junto a aquel niño, mi niño, cerca del agua encontré también una extraña piel curtida en la que malamente pude descifrar que alguien te reclamaría cuando llegaras a la edad de 18 años. No supe quién lo ordenaba y sí entendí que deberías estar allí en la ladera, junto a la fuente que mana oculta entre los juncos y los zarzales. Ya no puedo callar más tiempo. Te mandé lejos de casa porque pensé que así no te perderíamos, pero ahora tengo miedo de que algo malo nos pueda suceder a tu madre y a mí. Antontxu, si nos quieres de verdad, debes irte. ¡Es la hora!</p>
<p>La brisa acariciaba los cabellos rubios de Antón, sus labios temblaban. Padre e hijo se miraron. Entre ellos no hacían falta palabras. Una nueva estrella fugaz iluminó el firmamento, tal y como ocurriera en cierta fecha ya casi olvidada.</p>
<p>* * *</p>
<p>Amanecía cuando el chirriar de la puerta de la casa dejo ver la silueta del joven Antón. El perro ladró y por un momento pensó dejarle que le acompañara. &#8220;Solo&#8221; resonó una voz en su interior. Él obedeció y acariciando el hocico de su amigo tomó el camino. A medio día había llegado junto a la Torre de Zubileta. Se disponía a pasar de largo cuando oyó unos sollozos cerca de la tapia. Era Maite.</p>
<p>-          ¡Oh Dios mío! -pensó- ¿Por qué tengo que dejarla?</p>
<p>Sus manos se unieron entre los barrotes de una ventana depositando un dulce beso, esa caricia que tantas veces buscan los enamorados, sellando así para siempre su amor. Antón le prometió que allí donde estuviera la llevaría para siempre en su alma, pero Maite supo que no volvería jamás.</p>
<p>Hacía más de un año que Antontxu había abandonado la ribera del Cadagua. La casa solariega de Zubileta era un lugar triste, donde don Crescencio no era más que un guiñapo acompañado. Un agudo ataque de reuma le había recluido en la cama. Su mujer, la loba madre, no encontraba consuelo ni era capaz de devolver la alegría a su hija, esa niñita que cada día se veía más transparente, más sin vida. Su hijo, perdida la razón, vagaba como un idiota por los lindes de la casa. Buscaba a Antón, a quien consideraba el autor de toda aquella ruina.</p>
<p>Nada volvió a saberse de aquel alegre y rubio barakaldés. Sin embargo, cuenta la leyenda que mucho tiempo después un pequeño zagal se acercó con sus ovejas al pequeño arroyo de Ibarreta, y cuál no sería su sorpresa cuando entre los tupidos juncos vio una estatua de un fraile cubierta de verdín que parecía portar entre sus manos una ruda cruz de madera. El muchacho emocionado por el hallazgo la transportó hasta la Casa Torre donde prestaba sus servicios.</p>
<p>-          ¡He encontrado a San Antonio de Padua! ¡He encontrado un San Antonio! &#8211; gritaba.</p>
<p>Maite vestida de negro y acompañada por un matrimonio de ancianos, los que fueron padres adoptivos de Antontxu, detuvo al zagal antes de que traspasara el umbral de la que hace años fuera su casa.</p>
<p>-          ¿Qué es eso que gritas? Detente muchacho y enséñame lo que arrastras.</p>
<p>-          Sí, señorita -contestó el chico.</p>
<p>Maite se arrodilló, junto a ella lo hicieron Manu y Martina, y sacando su pañuelo comenzó a quitar el moho de la cara de la estatua. Manu cerró los ojos. ¡Sí! ¡Él lo presentía!</p>
<p>-          Dime, muchacho, ¿dónde la has encontrado? —acertó a decir nerviosamente.</p>
<p>-          En el arroyo, junto a los juncos.</p>
<p>De pronto un grito pareció conmocionar a los que transitaban por el camino:</p>
<p>-          ¡Ha vuelto! ¡Ha vuelto! -gritaron las dos mujeres al ver, tras la corteza de lodo que cubría la estatua, la amplia sonrisa y los ojos azules de Antón el del arroyo.</p>
<p>Carlos Ibáñez</p>
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