Los montes que nos rodean

k2000800_webEn Barakaldo no todo son vegas y riberas, ya que gran parte de su geografía es montañosa. Para los amantes de la naturaleza, cuyas aficiones son las excur­siones a la montaña, nada mejor que recordarles ese paraíso natural que componen los montes barakaldeses, cuyas verdes laderas aún se confunden con el ocre mineral, cuyas simas nos recuerdan la gran riqueza que todavía esconden sus entrañas.

Zamaya

La cima del monte Zamava alcanza la altitud de 682 metros y se encuentra situada al noroeste del monte Ganekogorta, formando una bellisima atalaya sobre el zigzagueante río Cadagua. Para iniciar el ascenso al monte, debemos situarnos en Alonsotegui, donde provistos de buena cachaba, atacaremos un fuerte repecho inicial que nos trasportará al valle del Somo; luego será la andadura por la pista dejando atrás la llamada chabola forestal. En nuestro paso encontraremos grandes cimas y socavones, cuyas es­combreras abandonadas denotan la riqueza minera de otros tiempos pasados.

Con estos gratos recuerdos -base de la industria barakaldesa- continuamos el ascenso, para así llegar a un pequeño alto que después nos hará descender hasta el collado de Urkiza. Si nos encontramos con ganas de continuar, es en este lugar donde comienza formalmente el ascenso al monte Ganekogorta, cuyo «trepe» se hace entre cristalinos regatillos de agua que descienden cantarines junto a las no muy abundantes hayas.

Apuko

El monte es una de las alturas más familiares, quizá por ser la más cercana; pero pese a que su ascenso no es largo, resulta fatigoso en sus 559 metros de altitud. Una vez en lo alto de la cima, ese espíritu montañero encuentra su relax, al deleitarse con el panorama y las vistas que ofrece la altura. Dicen los más asiduos montañeros que en los días claros y de buen tiempo se llega a divisar el Monumento a la Virgen de la Antigua, allá en lo alto de Txarlazo, en Orduña, así como el continuar de la Sierra Salvada, Burdieta y La Magdalena, después el monte Eretza es quien quita la visión de la lejanía.

Sasiburu

No resulta lejana ni costosa la subida al monte Sasiburu y sí de bonito ascen­so; se puede decir sobre esto que es más un paseo matinal y dominguero. Las vistas sobre el pequeño valle del Regato y las minas de hierro del desaparecido barrio de Arnabal nos muestran todo cuanto tiene de bello el valle, también conocido por Mendierreka. Las puestas de sol resultan espectaculares cuando se reflejan sobre las aguas del pantano de Gorostiza al ofrecer un bello contraste con las crestas de los pequeños montes cercanos que parecen mecerse entre las reposadas aguas embalsadas.

Argalario

En el mismo corazón del barrio barakaldés de Retuerto o Erreka-Ortu:rreka-Ortu se encuentra el lugar conocido indistintamente por Bengolea o Mingolea -nombre que tomó de un molino que aún existe- se encuentra el fácil ascenso, por carretera, al monte Argalario de 513 metros de altitud y verdadero pulmón de Barakaldo. A la cota más elevada se le conoce también por Goronillo o Gramille­ra  y es la cima más oriental de los llamados montes de Triano. También puede atacarse el ascenso por el barrio de «Káriga» (Careaga), tomando el camino ancho que pasa por Sobrecampa, resultando más fuerte la pendiente y con el firme irregular, que se va acentuando hasta las cercanías de Bitarratxu. En este lugar se hace necesario tomar una pista maderera, para así llegar hasta el case­río de la familia Tejada, en Santa Lucía (240 metros), lugar donde malamente podemos ver las ruinas de la ermita dedicada a la santa. Tomando un ganado reposo en este lugar encantador, hay que iniciar el ascenso a Argalario, pero para ello hay que tomar el sendero que -entre pinares- nos lleva hasta la cima. Desde la altura alcanzada, la atalaya nos muestra El Abra y el Superpuerto. Si nuestra vista no es cegata, podemos alcanzar con ella las cimas de Jata, Sollube, Bizkargi y la belleza del Duranguesado y, más cercano, el monte Ganekogorta y  buena parte de la Sierra Salvada… después de los montes de Triano que ponen el broche de cierre a la panorámica.

Arroletza

Muy modesto y familiar nos resulta el “benjamín” monte Arroletza, que con sus sólo 454 metros de altitud nos brinda su mejor ascenso por el barrio de Cruces para después tomar el camino de Basatxu (conocido también por “La Dinamita”, debido a que allí se fabricaban  explosivos para las minas en el año I888). Superados los últimos caseríos, ser hace necesario tomar una pista maderera con cierta inclinación, que después resulta más llevadera para las articulaciones de los andarines alpinistas. En el camino se va dejando al lado derecho el cobertizo o refugio denominado el «el tostadero alpino», junto a una fuente cercana. Este lugar queda atrás para auparnos por una pendiente  y llegar a la fuente de «Iturri-Aldatz”. Poco después y en dirección sur se corona la cima, que se compone de bloques de roca.

Peñas Blancas

Los montes de Sasiburu y Apuko dan escolta a la humilde cima de Peñas Blancas, que con sus 463 metros de altitud resulta un auténtico lugar con ciertas erosiones causadas unas por el paso de los milenarios años y otras por la incansable búsqueda del preciado rubio mineral de hierro. En la parte más alta del monte llamado Peñas Blancas pueden verse profundos cortes en su caliza piedra, en cuyo fondo pueden ser un refugio seguro en días tormentosos.

El ascenso se realiza con más facilidad por el barrio de Cruces, al igual que en el itinerario de Arroletza. Los desniveles son pocos y de suave caminar, con lo que es más un paseo que un esfuerzo, a la vez que nuestros ojos se dejan acariciar por el verde paisaje. En lo más alto del camino encontramos «La pozorra” lugar donde en un día no muy lejano los montañeros del Grupo Goikomendi, de Alonsotegui levantaron un sencillo monolito a la Virgen María. Una vez alcanzada la pequeña cúspide barakaldesa, el descenso se hace por la muy trillada falda de peñas Blancas y el Apuko, para deslizarse suavemente hasta el barrio de Saracho, perteneciente al municipio de Güeñes. Después se puede retornar por el camino que nos lleva a El Regato.

Ganeta-Restaleku-Ganekogorta

El camino más ideal para realizar la subida es por la carretera de Larrasquitu (Bilbao), por el lugar donde está la ermita de San Roque, para después conti­nuar por el camino que nos lleva hasta la fuente de Sasiburu. Se continúa por la pista forestal y, enseguida, aparece la bella pradera de         Pagasarri, con sus 650 metros de altitud. No muy lejana se alcanza  en escasos minutos la cima del monte Ganeta, con sus buenos 691 metros; el recorrido de este tramo -en días primaverales– denota la impresión de ser camino de romeros, por la gran alternancia de gente que parecen darse cita en el Pagasarri. Siguiendo la trepa hasta la cresta toparemos con el monte Restaleku de  587 metros, que es quien demarca el límite entre Bilbao y Barakaldo.

Si nuestras pretensiones montañeras son insaciables, es entonces cuando descenderemos ligeramente para tomar el camino que nos lleve hasta el Ganekogorta. Al principio es suave el subir, pero poco a poco se hace más fuerte la pendiente hasta que llegamos a un descampado llano donde se nos ofrece la imagen de la alargada cima de Lorrentxu, con sus no despreciables 877 metros, para continuar por la cresta el ascenso que finalmente nos lleva a Ganekogorta, familiarmente “Ganeko”, con sus 998 metros, sobre el nivel del mar.

Si las altas cimas de los montes barakaldeses nos deparan bellas panorámicas, estas se quedan cortas comparandolas con las que nos muestra el Ganekogorta. Dicen los más asiduos montañeros que en los días más claros se ofrecen las más encantadoras panorámicas y que desde su altura nos deja ver tanto la zona interior como la costera de nuestra provincia. Desde allí, el monte Gorbea parece alcanzarse con la mano, así como el fondo de Aizkorri. Los optimistas de la de la montaña – con buen criterio- nos aseguran que cuando el sol es radiante, se puede muy bien apreciar los cimeros del San Lorenzo (Macizo Ibérico) casi en los límites de Logroño con Soria, así como la nieve del Alto de Campóo y los montes de Espinosa de los Monteros y Lunada. Cimas, valles y poblaciones se ofrecen con toda su variedad de formas y coloridos que la natura­leza y el hombre han creado  para nuestro deleite contemplativo, desde los montes que nos rodean.

Escrito por Carlos Ibáñez

2 respuestasa “Los montes que nos rodean”

  1. Rosi dice:

    Hola, en primer ligar felicidades por la pagina, porque contiene información muy interesante, y me parece que habeis hecho un trabajo buenísimo recopilandola. Y ahora a lo que iba, me gustaria saber la altitud del monte Rontegui, pero no encuentro la informción por ningun sitio. Es mas no aparece en los listados de montes, por lo que deduzco que ¿ni siquiera esta considerado como monte?
    Bueno, espero que vosotros y vosotras podais darme esta información.

    Muchas gracias, Rosi

  2. Ezagutu Barakaldo dice:

    Gracias. Propiamente “Rontegi” tiene la consideración de “colina”. En el plano que distribuye el Ayuntanmiento se indica que tiene 76 metros.

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