Baracaldo, Cantabria y las Encartaciones

Baracaldo, Cantabria y las Encartaciones

mapa_encartacionesLos comienzos de la historia de Baracaldo ha­bría que situarlos, tras una búsqueda meticulosa por los antiguos textos greco-latinos, y un concienzudo estudio de los escasos elementos arqueológi­cos de que podemos disponer a este objeto, en las actividades bélicas de los Cántabros y en las luchas de éstos con los romanos y con las tribus indígenas vecinas, Autrigones, Caristios y Vardulos al Este, y Vaceos, Turmogos y Berones, al Sur.

¿Llegaba la Cantabria hasta el Pirineo, o era su límite oriental el Río Nervión? ¿Estuvo separado de Cantabria todo el territorio que hov forma la pro­vincia de Vizcaya, incluso las Encartaciones?

Cuestiones son estas sobre las que no se ha podido decir nada decisivo todavía. Entre las opi­niones radicalmente opuestas del P. Florez y el P. Henao, éste adscribiendo a los Cántabros, no sólo lo que hoy es Vizcaya, sino también Guipúz­coa; y aquél, dando a la Cantabria como límite oriental la ría de Somorrostro, tenemos la de His­toriadores laboriosos y bien documentados, como Balparda, que nos orientan certeramente a mi juicio, al situar en el río Nerva o Nervión la fronte­ra de Cantabria con los Autrigones, como Plinio situaba le Región de las nueve ciudades de los Cántabros al Oeste de nuestro río, comprendiendo los siete concejos, con Baracaldo, Portugalete y Santurce.

Sean unos u otros los límites de Cantabria, es notorio que la vega de Baracaldo, como la margen izquierda del Nervión hubo de vivir agitada por las guerras de tribu a tribu primero, y después por las penetraciones romanas.

Estas fueron indudablemente más profundas y duraderas entre Flavióbriga (Bilbao) y el castro de LIrdiales, el cual no fué, seguramente, el único campamento establecido por los romanos en el te­rritorio del que era vía principal la calzada romana que pasaba por Sopuerta, territorio en el cual pu­dieron contar con ricos yacimientos mineros, y un litoral en el que poder instalar bases de avitualla­miento y reposición de las legiones de las Galias.

Como ya creo haber dicho, la Paz Octaviana traería a esta región muchos lustros de normalidad y de prosperidad, merced al desarrollo de la industria típica del país, y a lo que pudieron contribuir los antiguos baracaldeses ribereños del Nervión a las construcciones navales establecidas desde tiem­po inmemorial a lo largo del río, singularmente en su ribera izquierda.

Por la Paz Octaviana, los habitantes de dicha ribera fueron transformando poco a poco su orga­nización económica tribal, afianzando su sedentarismo y desarrollando una economía agraria e in­dustrial auspiciada por los invasores romanos.

Este largo período de prosperidad se vería gra­vemente perturbado durante la época visigoda por las nuevas guerras con los cántabros en el reinado de Wamba, y en el siglo VIII por las repercusiones, en el Pírineo y Litoral cantábricos, de la invasión árabe de la Península.

Sufriría toda Vizcaya y singularmente la cuenca del Nervión, las consecuencias de las primeras ac­tividades bélicas de !os Estados Cristianos Pirinaicos, y las agitaciones de carácter revolucionario, es decir, radicalmente transformadoras, de los días azarosos de la Cristianización, en los que surgió la Anteiglesia sobre el núcleo de población más im­portante de la Vega.

Afectada hubo de estar también esta comarca por las variaciones de jurisdicción de los obispados. Durante !a romanización, no debió pertenecer más que a un sólo convento jurídico, pero desde el siglo X ha pertenecido a cinco Diócesis distintas y distantes entre sí: Valpuesta. Burgos, Calahorra, Vitoria y Flavióbriga (Bilbao), pues tal es el nom­bre eclesiástico de nuestro naciente obispado.

La sede de Velpuesta data del año 804, asen­tándola el obispo Juan, en la iglesia de Santamaría de Valpuesta por él restaurada. Esta diócesis comprendía la Bureba, el valle de Mena, Villarcayo, Espinosa de los Monteros, el Sur de Burgos, valle de Manzanedo, Transmiera y Wdeyo, y las Encar­teciones de Vizcaya, según confirma, (dice Balpar­da) en cuanto en su parte alta, la visita del Obispo Juan en el año 804, y en cuanto a su parte litoral hasta el Cadagua y el Nervión, la escritura, cuyo original se conserva, de la permuta que el Obispo Munio de Valpuesta hace el año 1075, con el Abad Ovidio de Oña, de la de aquél, a cambio de la de San Termato en Castilla la Vieja, y entrega a éste del monasterio de San Jorge que está en la orilla del mar en Somorrostro, incluyendo bajo este nombre, los siete Concejos, Baracaldo, y el lugar que hoy ocupa la Villa de Portugalete.

En 1084, Alfonso VI refundió la diócesis de Oca y Valpuesta en la de Burgos, y durante todo el siglo XV, se disputaron este territorio las dióce­sis de Burgos y Calahorra.

La Anteiglesia ferrona y marinera, con su fértil vega y su escaso caserío, debió ser muy codiciada por los obispados de Alava, Burgos y Calahorra. Así parece deducirse de una información que, a mi ensayo titulado «Bilbao en el camino de Santiago», transcribí de un estudio del inolvidable P. Luciano Serrano, Prior que fue de Silos, titulado «Orígenes del Señorío de Vizcaya en época anterior al siglo XIII». Dicha información es la siguiente: «Solamente a fines del siglo XI, se suscitaron dudas sobre la porción del valle que media entre Baracal­do y el desagüe del Cadagua, pues la reclamó por de su diócesis el Obispo de Calahorra que lo era de Vizcaya, estando entonces en posesión del de Burgos, que lo era exactamente de todo cuanto encerraba por esta parte el antiguo Condado de Castilla. No pudiéndose ventilar el pleito de modo definitivo, aunque los señores de Baracaldo apare­cieron en el siglo XI, casi siempre entre los magna­tes vizcaínos y no entre los castellanos, se convino en que dicho territorio fuese un año de la Diócesis calagurritana y otro alternando, de la burgalesa».

Ligada estrechamente a la historia de las Encartaciones estuvo la de Baracaldo, pues a ellas perte­neció hasta que en el siglo XIV se separara para unirse a Vizcaya, por privilegio otorgado por don Tello.

¡Las Encartacionesl ¡Cuán poco sabemos del pasado de la zona occidental de Vizcaya!

La topografía del territorio encartado ha contri­buido extraordinariamente a favorecer su secular autonomía.

Debo reproducir aquí algo de lo que dejé dicho en mi ensayo sobre Avellaneda y las Encartacio­nes. Ha sido creencia general, durante siglos, que este nombre tiene su origen en el hecho de haberse refugiado en esa región vizcaína, varios personajes de León a los que se «encartó», después de juz­gados.

La calificación de «encartado» se aplicaba en otro tiempo, al llamado por pregón para responder de alguna querella o acusación criminal, y por no querer venir al emplazamiento, el juez le mandaba por pregones que no entrase en el lugar o tierra donde moraba o de donde era natural,

Los que crean que esta es la causa de haberse designado con el nombre de Encartaciones a la región oriental de Vizcaya, dan al vocablo signifi cación forense sin tener en cuenta que «Encarta­ciones» es sustantivo y «encartado» adjetivo, y que si el adjetivo puede derivarse del sustantivo, éste no puede ser, por lo menos en este caso, una sus­tantivación del adjetivo

La palabra «Encartación», rigurosamente caste­llana, sólo pudo aparecer en tiempo en el que nues­tra lengua nacional estaba formada plenamente, o sea, entre los siglos XII y XIII, precisamente en la época en que se constituyó el Señorío y entró de lleno en el juego de la historia.

Las Encartaciones están formadas por un con­junto de pueblos que reconocieron su sujeción o vasallaje al Señor de Vizcaya, y quedaron ampa rados en el Fuero vizcaíno, es decir, que se «en­cartaron» en la tierra foral.

Parece abonar esta opinión el hecho de que en la antigüedad se llamaron también Encartaciones varios lugares de la provincia de Burgos ganados por los Señores de Vizcaya, que concedieron a sus pobladores el Fuero del Señorío.

Y antes, ¿qué pudieron ser las Encartaciones? A mi juicio, un enclave autrigón en Cantabria, a cuya formación contribuiría principalmente la topo grafía del territorio montañoso, enmarcado por dos ríos, la costa, y la falla de Carranza, en el que se abren los -valles más rientes, amplios y fecundos del Señorío y vegas como la de Baracaldo, de si­tuación realmente privilegiada.

Las Encartaciones vacilaron mucho entre su propio Fuero y el del Señorío y se afanaron por tener una jerarquía adecuada a su rango en las juntas de Guernica, y Baracaldo se adelantó a hacer en el siglo XIV lo que cuatro siglos más tarde hi­cieron los demás pueblos encartados: optar por el Fuero de Vizcaya.

Baracaldo jugó también un importante papel en las luchas banderizas, como lo pregonan las torres de su jurisdicción, De eso nos habla bastante Lope García de Salazar en sus «Bienandanzas e Fortu­nas» y en esas torres debemos fijar nuestra aten­ción cuantos queremos historiar esa época del pueblo baracaldés.

No podemos olvidarnos, al pergeñar estos apuntes para una historia de Baracaldo, de las ri­validades o luchas más o menos enconadas que mantuvo con las Villas cercanas, singularmente con Bilbao. De estas luchas y rivalidades hay ya testimonio en los primeros Anales de la Villa, a raíz de su fundación.

Empezaron con motivo de franquicias concedi­das sobre el vino que, procedente de Burdeos, de La Rochela, de Galicia o de Portugal, se podía almacenar en Baracaldo, en Arriaga o en Asúa, como lo establecía el ordenamiento particular.

¡Qué participación tan intensa ha tenido el vino en todas las cosas de Vizcaya!

En 1458, en el debate entre Bilbao y las Ante­iglesias de Arrigorriaga, Baracaldo y Abando, se acusaba a la Villa de «recrecer pleitos y debates sobre la razón del dicho Concejo e Alcalde e Uni­versidad de la dicha Villa de Bilbao, contra razón e contra todo derecho, non lo debiendo ni pudiendo facer, y sintiéndose poderosos contra los privilegios e franquezas e libertades e usos e costumbres de vizcaínos, han movido e mueven cada día mu­chas e grandes sinrazones»: Y en 1499 se inten­sifica el ataque como lo demuestra el texto de la provisión ganada por la Villa, eco del angustioso memorial presentado por Bilbao, que ve hundirse su esfuerzo con el intento del Condestable don Pedro Fernández de Velasco de edificar Villa y Puerto en Baracaldo, junto a las Torres de Luchana y la decisión de su hijo de realizarla en Zubileta.

Esta es la página más interesante de la historia de Baracaldo y la que nos revela la tradición indus­trial y comercial que tenía que tener la Anteiglesia con su vega, desde tiempo inmemorial.

En 1505, Bilbao alcanzó ejecutoria de satis­facción en razón de descargas, ventas y reventas contra Abando y Baracaldo, y en 1506 otra aún más concluyente contra los pleiteantes opuestos en los lugares de Zorroza y Olaveaga. Abando, Zubi­leta, Tapia, Torres de Luchana, San Vicente de Baracaldo y otros enclavados en las márgenes de la ría.

Constantemente se quejaba Bilbao de los mer­cados, regaterías y descargas contra derecho con­tinuadas por los moradores de las Anteiglesias de Arrigorriaga, Baracaldo y Abando, y los moradores de estas Anteiglesias acusaban a su vez a la Villa de mover y haber movido muchas y grandes sin­razones contra ella.

Cuando la marina bilbaína contaba con «mucho trato e gran estapla» y contendía con la de los puertos mejor poblados de entonces en la costa, Baracaldo solamente contaba de 500 a 400 marineros.

El hecho más importante de todas las rivalida­des y luchas sostenidas entre bilbaínos y baracal­deses, por cuestión de franquicias, competencias marítimas y comerciales, y por la participación de la Anteiglesia en las agresiones de la Villa, culmi­naron en una llamada batalla de Retuerto, no menos importante que las que libraron en todo el territorio vizcaíno los banderizos, y en la cual salieron triun­fantes los baracaldeses.

Escrito por E. Calle Iturrino

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