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	<title>Ezagutu Barakaldo &#187; 2009 &#187; marzo</title>
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		<title>El Palacio de Larrea</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Apr 2009 06:23:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Seguro que hemos paseado muchas veces junto a él. Siempre dirigiendo la vista al escudo que luce en su fachada, tal vez por ser su único elemento curioso. Y siempre, también, preguntándonos qué escondería su interior y quiénes serían sus dueños. Precisamente de alguno de estos últimos quería hablar. De los que lo fueron en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="storycontent">
<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/larrea-1.jpg" class="floatbox" rev="group:189 caption:`larrea-1`"><img class="alignright size-medium wp-image-499" title="larrea-1" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/larrea-1-300x225.jpg" alt="larrea-1" width="300" height="225" /></a>Seguro que hemos paseado muchas veces junto a él. Siempre dirigiendo la vista al escudo que luce en su fachada, tal vez por ser su único elemento curioso. Y siempre, también, preguntándonos qué escondería su interior y quiénes serían sus dueños.</p>
<p>Precisamente de alguno de estos últimos quería hablar. De los que lo fueron en el siglo XVIII, y contar la relación que tenían con el pueblo. Cuando termine, la visión que tenéis del palacio, sin duda, habrá cambiado.</p>
<p>Perteneció a una de las familias más acomodadas de Barakaldo, la de los Echavarri, descendientes y herederos de numerosos mayorazgos y propiedades, entre las que destacaba el mayorazgo Beurko-Larrea, al que estaba adscrita la <em>torre de Larrea</em>, la cual en la segunda mitad del siglo XVIII pasó a convertirse en el <em>palacio de Larrea</em>, merced a las obras ordenadas por José Ramón de Echavarri, su dueño en aquellos años.</p>
<p>José Ramón de Echavarri era, dicho finamente, un impresentable. Producto típico de una gran acumulación de dinero y propiedades en su persona y una muestra, bastante representativa, de lo que eran en aquel tiempo los dueños de los mayorazgos. Este personaje, de joven, había dejado embarazadas a tres criadas de sus padres. A alguna varias veces. Y otras se habían visto obligadas a huir.</p>
<p>Cuando murió su padre y se hizo dueño, como primogénito que era, de los mayorazgos, le faltó tiempo para echar de sus casas (tenía más de una docena) a su madre y hermanos, dejándolos en la más absoluta indigencia.</p>
<p>Este cafre era la consecuencia natural de los padres (Juan José de Echavarri y María Isabel de Arana) y familia que le tocaron en desgracia.</p>
<p>Su padre consiguió dividir a Barakaldo en dos bandos, los que estaban con él y los que estaban contra él. Entre sus parciales se contaban, además de una larga parentela, los asalariados de sus ferrerías y molinos y los arrendatarios de sus casas.</p>
<p>Entre unos y otros sumaban los votos suficientes como para dificultar cualquier propuesta municipal que fuera en contra de sus intereses. Por este motivo, y por el temor que despertaba entre sus convecinos, había logrado convertirse en un déspota contra el que nadie osaba enfrentarse.</p>
<p>Pero todo empezó a cambiar a partir del día de Santa Águeda del año 1767. Día en el que el pueblo, harto de sus tropelías, decidió, finalmente, enfrentarse a él y a los suyos. El cambio de actitud fue consecuencia de la agresión que sufrieron los regidores de Barakaldo por parte del dicho Juan José y de sus parientes en las campas del santuario, motivada por un asunto tan trivial como el de decidir a quién correspondía ordenar la música que el tamborilero debía tocar en la romería. La discusión comenzó cuando acababa la fiesta y se prolongó más allá de terminada ésta, ya anocheciendo. Después, cuando todo el mundo se retiraba a sus casas, los Echavarri siguieron a los regidores municipales acorralándoles con golpes, amenazas e insultos por toda la bajada de Basatxu.</p>
<p>En días sucesivos, parte del pueblo se planteó la posibilidad de denunciar ante la justicia a aquellos personajes, pero los Echavarri no estaban dispuestos a permitir que nadie se atreviese a alzarse contra ellos y, con tal propósito, juntaron su parentela e hicieron varias salidas a caballo disparando sus escopetas contra las casas de sus adversarios más significados.</p>
<p>Uno de los regidores, de nombre Manuel de Allende, venciendo al temor y las amenazas, acudió a la justicia y logró de ésta que se iniciase un proceso secreto, en el que los vecinos y vecinas, sin decir los nombres de aquellos a quienes acusaban, aunque identificándolos claramente por medio del calificativo de “persona privilegiada” y por el lugar donde residían, dieron sobrada cuenta de las andanzas de aquellos fulanos. Nadie se salvó del dedo acusador, ni siquiera los curas. He aquí el resumen de las actas levantadas para que sirva de reflejo de lo que pudo ser la vida cotidiana en Barakaldo a lo largo del último tercio del siglo XVIII.</p>
<p>A Juan José de Echavarri se le acusaba de pretender que a su familia y hermanos, en las honras de difuntos, se les tocase campana doblada, como se hacía con los sacerdotes difuntos. La resolución a esta queja estaba en aquel momento pendiente del tribunal eclesiástico del obispado.</p>
<p>También se le acusaba de apropiarse de las tierras y montes comunales. De negarse a pagar el dinero que debía al municipio y el de las sisas de los derechos del vino foráneo. De mantener continuos pleitos en los juzgados contra vecinos, que por cierto todos los había perdido. De abusos, deudas… y un largo etcétera.</p>
<p>Junto con Juan José, que podía considerarse el cabecilla, fueron acusadas entre otras personas, su hijo José Ramón, protagonista principal de las agresiones a los regidores. También Pedro Apario, hermano de Juan José, quien siendo cura en Portugalete desasistía su oficio manteniendo su morada en Barakaldo, ocupándose en criar el hijo que había tenido con una soltera… Y así varios acusados más.</p>
<p>Pero sobre todos ellos destacan dos, otro hermano igualmente cura, Ignacio de Echavarri, y el administrador Juan Antonio de Elguero.</p>
<p>De Ignacio, cura párroco de Barakaldo, se decía que siendo sacristán, en el año 51 ó 52, faltó dinero de las rentas de Santa Águeda, Santa Lucía y San Bartolomé, y un relicario de plata. Porque había un agujero en el archivo. Y, hacía año y medio en que teniendo el municipio 8.000 reales de las rentas de Santa Águeda para sus urgencias, un vecino propuso que el dinero no se dejase en la iglesia, donde podía volver a faltar, sino que quedase a cargo del mismo pueblo, hasta que llegase el momento de emplearlo en la obra del santuario. Oído lo cual por el cura, una vez concluido el ayuntamiento, se acercó a aquel vecino y le dijo, bajo el Cementerio de la iglesia de San Vicente, que <em>“por semejantes pretensiones le pondría al mismo y a otras personas rendidas vajadas las Cavezas…” </em>Y efectivamente, el párroco logró un “Mandamiento de Ejecución” contra los bienes de los fieles y vecinos pero, en lugar de usarle y <em>“practicar dilixencia primero contra los Propios y</em></p>
<p><em>Rentas del Pueblo acudio hacer los embargos en los vienes de diferentes vecinos opuestos a las pretensiones sobredichas de su hermano Juan José de Echavarri…”</em></p>
<p>y a una vecina que se lo recriminaba le contestó que <em>“con semejantes operaciones conocerían las Oposiciones que hacían a dicho don Juan Joseph, su hermano, que a todos los traería a vesar los Pies ó correa a este” </em>(obsérvese que se trata de un cura a quien debería suponérsele cierta equidad o cuando menos cierta piedad).</p>
<p>Esta actitud de prepotencia queda agudizada en las acusaciones siguientes: Cuando una vecina fue a <em>“examen de dotrina para cumplir con la yglesia le nego la çedula no obstante que estaba bien instruida en dotrina de cuia resulta quedándose mui avergonzada y apesadumbrada, hallandose embarazada de meses maiores pario mal a breves dias, y despues que combalecio sin preceder nuevo examen la dio la Zedula”</em></p>
<p>El año 66, estando enfermos de “tercianas” la mujer y el hijo de Domingo de Alday, el hijo quedó en letargo, y se pasó recado, como al más cercano, a dicho cura para que administrase santos sacramentos, viático y extremaunción, pues estaba próximo a morir, y les contestó que <em>“no era semanero, y que fuesen a llamar a don Joseph de Lezama, a quien tocava de semana…” </em>y volvieron nuevamente, pero la criada les dijo que se había ido a dormir y tuvieron que acudir a dicho Lezama, quien administró únicamente la extrema porque al enfermo ya <em>“le faltó el habla”. </em>A la misma tarde se agravó el estado de la madre, y una hermana de ella fue en busca del cura y también le contestó <em>“que no quería ir porque no era de semana…” </em>y volviendo a suplicarle que fuese que la enferma estaba en muy mal estado respondió que <em>“no quería hir, y le diese la recadista mil ducados de renta en cada un año que así estaría prompto para quando le llamase…” </em>visto lo cual acudió al cura Lezama quien le suministró a tiempo los sacramentos.</p>
<p>La relación sigue con barbaridades semejantes: <em>“ahora seis años handando un hijo de un vecino de dicha Anteyglesia divertiendose con otros muchachos en la campa de su yglesia le arrojó dicha Persona Privilegiada </em>(Ignacio de Echavarri) <em>una piedra, y con ella le rompio la cabeza y le hizo sangrar por ella…”.</em></p>
<p>Juan Antonio de Elguero era el administrador de los Echavarri, al tiempo que su rentero en el molino de Urkullu. Su labor resaltaba en las juntas de ayuntamiento consiguiendo con el apoyo de sus parciales y con sus gritos y amenazas paralizar cualquier decisión, no sólo las dirigidas contra su amo, sino cualquier otra que no fuese de su gusto.</p>
<p>Cuando el cura y el administrador andaban juntos era cuando verdaderamente se crecían. Entonces alcanzaban momentos tan logrados como el episodio que sigue.</p>
<p>Se encontraba el oficial carpintero Manuel de Aranguren reparando el tejado de Santa Águeda cuando se acercaron al lugar el párroco y el administrador. Y viendo la construcción que se estaba llevando a cabo intercambiaron entre sí diversos pareceres resultando que, al poco rato, decidieron pedir al oficial que alterase la forma que estaba dando a la obra por otra sugerida por ellos. El carpintero al oir las propuestas que le hacían les dijo que no podía ejecutarlo de aquella manera, porque lo que le proponían <em>“era contra todo arte” </em>y que de hacerlo como ellos decían se vendría abajo. Pero esas eran las ocasiones que ni Ignacio de Echavarría ni Juan Antonio de Elguero dejaban pasar sin dejar cumplida constancia de su prepotencia y, a pesar de las protestas del carpintero, le obligaron a cambiar el proyecto por el diseñado por ellos. Y así se hizo.</p>
<p>Poco después se hundió el tejado nuevo y también los muros, dañados, amenazaron con caerse. El pueblo protestó de la intromisión de aquella pareja y algunos alzaron su voz para pedir que las reparaciones se hiciesen a cuenta suya, pero nada pudieron contra el poder de aquella familia. De forma que hubo de practicarse una nueva sisa en el municipio para recomponer la avería.</p>
<p>Resulta tan histriónico que parece un pasaje sacado del Quijote, pero ésta era la triste realidad de Barakaldo hace 200 años y fueron aquellas familias las que levantaron el palacio de Larrea.</p>
<h5 style="text-align: right;">Escrito por Goyo Bañales</h5>
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		<title>La Casa de Gorostiza</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Mar 2009 06:22:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/gorostiza-31.jpg" class="floatbox" rev="group:187 caption:`gorostiza-31`"><img class="alignright size-medium wp-image-332" title="gorostiza-31" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/gorostiza-31-300x199.jpg" alt="gorostiza-31" width="300" height="199" /></a>Esta casa blasonada nos sirve de escusa en esta ocasión para acercarnos al apellido Castaños y a uno de los personajes más célebres de Barakaldo, el almirante Juan de Castaños2. Aunque, en honor a la verdad, hay que decir que su estancia en el municipio fue mínima. Varias líneas de la familia Castaños han constituido, o estado al frente, de algún mayorazgo en Barakaldo. Originalmente todas ellas descendían del lugar de <em>Castaños</em>, en el concejo de San Pedro de Galdames, donde se levantaba la <em>casa de Castaños</em>. De todas ellas la más conocida es, sin duda alguna, la que deriva del citado almirante. Relacionados con él existieron dos mayorazgos barakaldeses (o con propiedades en Barakaldo): el mayorazgo de Castaños y el de Begoña.</p>
<p>El almirante Juan de Castaños dictó su testamento en 1678 ante el escribano de Bilbao Antonio de la Llana. En él daba poder a su esposa, María de Taborga y Leguizamón de Begoña, patrona única de Begoña, para que dispusiese de sus bienes y fuese ella quien nombrase al heredero del mayorazgo y capellanía de Castaños que él fundaba.</p>
<p>María de Taborga testó en 1684, ya fallecido su marido. Las propiedades asignadas al mayorazgo fueron: <em>“La casa de Gorostizaga con todos sus pertenezidos de montes. La torre llamada de burseña Con todos sus pertenezidos de viñaz y tierras de pan sembrar anbas sitas en la anteiglesia de Varacaldo Con el derecho de presentar benefizios y demas onores de Conpatrono de dicha yglesia y las tierras que andan juntos Con la dicha sesta parte de diezmos…</em>(roto) <em>de los derechos del Varco del pasaje de tapia de la parte de Varacaldo. Los quales dichos Vienes fue la Voluntad del dicho mi marido y yo mando y dispongo sean perpetuamente de Vinculo y mayorazgo…”</em>.</p>
<p>Nombró heredera del almirante a su hija María Josefa de Castaños y Taborga, y en su falta a las hermanas de su marido (en este orden: Inés, Mari Cruz, Aparcia, María Pérez y María de Castaños).</p>
<p>Al frente de la casa de Begoña y de su patronazgo en la basílica de Nuestra Señora de Begoña quedó el caballero de Santiago Juan José de Castaños Taborga y Leguizamón de Begoña, quien también tendría en Barakaldo la propiedad de una casa con sus heredades, llamada “la casa de Timbalet”. En el año 1721, la citaba así: <em>“…en la ante yglesia de Baracaldo y varrio de Zubileta tocan, y pertenecen a mi maiorazgo y vinculo perpetuo de Begoña, una casa y caseria con su Jurisdicion y antusano hasta el Rio que corre para Burçeña a lindanes por ambos costados con casa perteneçiente a Don fernando de Sobrado vezino de dicha anteiglesia de baracaldo, y con la casa de Timbalet sita en el mismo Varrio…”</em></p>
<p>Como vemos, se trata de dos mayorazgos distintos. Ambos con propiedades en Barakaldo. El que nos interesa en este caso es el que heredó María Josefa de Castaños, y que como hemos visto comprendía fundamentalmente la casa hoy día aún existente en el barrio de Gorostiza, la torre de Burtzeña, el pasaje de Tapia y una sexta parte de los diezmos de la anteiglesia.</p>
<p>En la casa de Gorostiza existe un escudo con armas idénticas a las que lucieron en la torre de Burtzeña. En ninguno de ambos casos recuerdan a la familia Castaños y esto es debido a los enlaces de sus descendientes con familias que superaban ampliamente en títulos y propiedades a esta. María Josefa de Castaños casó con Juan Antonio de Basurto y Barco, dueño de ingentes propiedades repartidas por toda Bizkaia. De este matrimonio nació Juan Antonio de Basurto y Castaños, llamado a ser el heredero de los mayorazgos paternos y maternos, pero al fallecer sin descendencia las propiedades recayeron en su hermana María Josefa Francisca Viviana de Basurto y Castaños, quien fue a casar a Villafranca, en Gipuzkoa, con Juan Raimundo de Arteaga y Lazcano.</p>
<p>Una idea de la posición social que tuvieron sus sucesores queda reflejada en algunos de los títulos que lucía su hijo Juan Raimundo de Lazcano: <em>Dueño de la casa y solar de Lazcano, villas de Contrasta, Olibarri, Alda, Valle de Arana, villa de Corres, torre de Cuzcurrita, patrono de las iglesias de Zumaya, Legazpi, Mutiloa, Idiazabal, Ataun, Lazcano, Olabarria, Zaldibia…</em></p>
<p>Con la familia Castaños ocurrió algo semejante a lo sucedido con otras que gozaron en Barakaldo de gran cantidad de propiedades: a través de enlaces matrimoniales fueron agrandando sus mayorazgos, hasta tal punto que este municipio se les quedó demasiado pequeño como para residir aquí. Los Coscojales, los Otañes, los Aranguren…, todos ellos cargados con numerosos títulos de marquesados, eligieron la corte o las capitales como lugar habitual para vivir. De Barakaldo se acordaban únicamente cuando cobraban las rentas de sus casas y ferrerías.</p>
<p>Y de vez en cuando, como es el caso, volvían a recordar a este pueblo para cincelar en los muros de alguna de sus casas el escudo de armas que anunciase a los vecinos las “excelencias” de linaje de aquellos que, desde fuera, les tenían alquiladas las tierras que trabajaban.</p>
<h5 style="text-align: right;">Escrito por Goyo Bañales</h5>
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		<title>La casa-torre de Beurko</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Mar 2009 06:22:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/beurko-3.jpg" class="floatbox" rev="group:185 caption:`beurko-3`"><img class="alignright size-medium wp-image-348" title="beurko-3" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/beurko-3-300x198.jpg" alt="beurko-3" width="300" height="198" /></a>Mal llamada casa-torre porque en realidad se trata de un caserío semejante a otros muchos de los que debieron extenderse en el pasado por todo Barakaldo.</p>
<p>La auténtica torre de Beurko se hallaba situada frente a la desembocadura del Ballonti. La descripción correspondiente al siglo XVIII de sus propiedades es la siguiente: <em>“la casa y torre antigua de Beurco…” </em>situada en el barrio de Beurko, que tiene dependiente de ella otra casa <em>“en la parte de arriba de dicha torre con dos viviendas” </em>y un horno en la esquina.</p>
<p>La torre de Beurko tenía la huerta en su trasera, lindando <em>“por un costado Con el Camino Real por el otro a la viña de dichas Casas su hondera al Juncal…” </em>Junto a esta huerta se hallaba una viña <em>“con su hondera al Juncal y Cañas” </em>y, al lado de la viña <em>“la Heredad que se halla de Restrojo pegante a la misma Viña y sitio que llaman el Astillero” </em>Anexas a la torre se hallaban otras dos heredades, una de ellas <em>“la Heredad que llaman de Bayube que se halla la metad de restrojo y la otra metad de Maiz” </em>y la otra <em>“un Huerto que llaman el del fresno”</em>.</p>
<p>Estas propiedades se completaban con <em>“el varco de pasar gente que se halla en la Ria y Canal de Beurco inmediato a dicha torre…”</em></p>
<p>Todas estas posesiones estaban agrupadas en un mayorazgo que, a finales del siglo XVI, era propiedad de los Landaverde pasando, desde comienzos del siglo siguiente, a los Anuncibay, y de estos a los Larrínaga-Sobrado.</p>
<p>La casa que actualmente se levanta a un costado del bidegorri se ajusta más a otra descripción. Es la siguiente: La casa de Beurko, con una <em>“heredad de sembradura de otros diez y seis celemines llamada la Rotura (…) una Arboledita en el varrio de dicho Beurco junto a la fuente cuyas dos tercias partes pertenecen a la referida casa…”</em>.</p>
<p>Esta casa que se acaba de nombrar fue propiedad de Francisco Xabier de Retuerto y Salazar, quien la contaba, junto a las casas llamadas de <em>Bagaza</em>, <em>Zaballa mayor </em>y <em>Zaballa menor</em>, entre sus bienes libres, porque tenía otros muchos sujetos a su mayorazgo de Salazar-Galindo.</p>
<p>Los dueños de la vivienda de quienes primero tengo noticia son San Juan de Retuerto y su esposa María Sáez de Beurko, quienes vivían en ella a finales del siglo XVI. Las heredó su hijo Domingo de Retuerto, quien casó con María Santa de Rotaetxe, y de estos pasó a su primogénito Martín de Retuerto, el cual contrajo matrimonio con María Asencia de Cantarrana.</p>
<p>El hijo y heredero de estos, Antonio de Retuerto casó, a finales del siglo XVII, con María Antonia de Larrínaga Anuncibay.</p>
<p>Fruto de este matrimonio nació Juan de Retuerto quien casó con Margarita de Salazar-Galindo a quienes heredó el antes citado Francisco Xabier de Retuerto y Salazar.</p>
<p>Posiblemente no sean más que nombres pero pueden ayudarnos a ir concretando algo más las características de esta casa y, a través de ellos, tratar de llegar a situarla en el tiempo.</p>
<h5 style="text-align: right;">Escrito por Goyo Bañales</h5>
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		<title>La enseñanza pública en Barakaldo 1857-1957</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Mar 2009 21:22:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[INTRODUCCIÓN El nacimiento del estado moderno produjo un incremento de la burocracia. Por otro lado, el desarrollo del comercio durante el siglo XVI generó una multiplicación de los contratos, cada vez más plasmados en papel. Gracias a ambos factores, en algunas villas y pueblos se establecieron escuelas y tutores privados para instruir en la escritura [...]]]></description>
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<p><strong> </strong></p>
<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/plaza-vilallonga.jpg" class="floatbox" rev="group:183 caption:`plaza-vilallonga`"><img class="alignright size-medium wp-image-352" title="plaza-vilallonga" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/plaza-vilallonga-300x208.jpg" alt="plaza-vilallonga" width="300" height="208" /></a>INTRODUCCIÓN</p>
<p>El nacimiento del estado moderno produjo un incremento de la burocracia. Por otro lado, el desarrollo del comercio durante el siglo XVI generó una multiplicación de los contratos, cada vez más plasmados en papel.</p>
<p>Gracias a ambos factores, en algunas villas y pueblos se establecieron escuelas y tutores privados para instruir en la escritura a los hijos de los más adinerados. Hasta entonces la instrucción alcanzaba a una mínima parte de la sociedad, y sólo la enseñanza de los eclesiásticos ocupaba a un número significativo de personas.</p>
<p>A su vez, como fórmula para oponerse a la extensión del protestantismo, la Iglesia católica aconsejó que en todos los pueblos se fundaran escuelas para los más pobres.</p>
<p>El importante papel que el Concilio de Trento asignaba a la educación popular como instrumento de evangelización no fue cumplido por los eclesiásticos barakaldeses ni, en general, de todo el Señorío de Vizcaya, que todavía en 1605 reclamaba, sin éxito, que enseñaran a los niños doctrina cristiana.</p>
<p>Ante esta dejación de la Iglesia, los padres y los concejos asumieron la instrucción como obligación propia, y contrataron a medias maestros de primeras letras a partir de la segunda mitad del siglo XVII, época caracterizada por el desastre económico. El maestro impartía en castellano, pese al bilingüismo de los habitantes: catecismo, historia sagrada, escritura, lectura y cuentas elementales.</p>
<p>Los padres pensaban que la enseñanza podía ser para sus hijos una herramienta útil en la emigración, en el ejército, etc. Por su carácter voluntario, en Barakaldo, en los momentos de apreturas del erario municipal, el salario del maestro era una de las primeras cargas de las que se liberaban (1716).</p>
<p>En las mismas fechas, en algunos países europeos (Prusia, 1717), el Despotismo Ilustrado introdujo la obligatoriedad de la enseñanza pública, medida no imitada por la Corona española. A pesar de ello, por lo diseminado del caserío y la mejoría de las rentas municipales desde 1749 se duplicaron las infraestructuras escolares en Retuerto (Amezaga) y en San Vicente. Pero los resultados entre las clases populares fueron escasos.</p>
<p>Por ejemplo, en 1777 los dos fieles regidores solicitaban que firmaran en su nombre. Para los ilustrados los males de la sociedad eran producto de la ignorancia, por lo tanto la generalización de la enseñanza primaria contribuiría eficazmente a cambiar las actitudes y valores de la sociedad española.</p>
<p>Sus herederos liberales plasmaron estos ideales en la Constitución de 1812 y en el informe Quintana (1813). La enseñanza debía ser universal, pública, gratuita, uniforme y libre. Pero este ideario no pudo llevarse a cabo por la situación de enfrentamiento civil de la primera mitad del siglo XIX.</p>
<p>LA LEY MOYANO. BARAKALDO EN ESTE CONTEXTO</p>
<p>Terminada la primera guerra carlista, los sucesivos gobiernos pretendieron la reforma del Estado y, naturalmente, de la enseñanza con un carácter unificador y centralista. Por su trascendencia, la más importante de las leyes educativas fue la Ley General de Instrucción Pública o Ley Moyano de 1857, una ley de bases que unificó las diferentes reglamentaciones de la primera mitad del siglo.</p>
<p>Establecía la obligatoriedad de escolarización y los niveles de estudios, diferenciando entre primaria, secundaria y universidad; señalaba la competencia municipal en la enseñanza primaria, el tipo de escuelas (completas, incompletas, oficiales y privadas), y su número según los habitantes de cada lugar.</p>
<p>En la fecha, Barakaldo era un pueblo esencialmente agrícola de 2.369 habitantes, que contaba con dos escuelas y maestros: Domingo de Convenios y José de Gorostiza.</p>
<p>La aplicación simple de la Ley Moyano obligaba a crear dos plazas de maestras ocupadas</p>
<p>(1862) por Francisca Eguiluz y Florencia de San Miguel, que se hicieron cargo de las clases de niñas en Retuerto y San Vicente.</p>
<p>Pero la industrialización producirá una transformación radical desde el punto de vista económico, social y demográfico. Una de las características de la situación escolar entre 1876 y 1931 será la insuficiente dotación de escuelas y maestros por el crecimiento imparable de la población y la incapacidad municipal para hacer frente a los gastos.</p>
<p>ESCUELAS Y MAESTROS MUNICIPALES</p>
<p>Uno de los motivos de rechazo de las instituciones vascas, diputaciones y ayuntamientos, de las leyes educativas del Gobierno era la dotación de maestros por oposición pública. Esta circunstancia, en teoría, mermaba la autonomía municipal, ya que determinaba los presupuestos dedicados a instrucción, al mismo tiempo que impedía la política caciquil y el nombramiento de personas afines, su control ideológico y moral.</p>
<p>En efecto, este tema fue conflictivo por razones económicas, pero también ideológicas: Juan Ignacio Gorostiza tuvo que huir del pueblo en 1873 para no ser pasado por las armas por los carlistas.</p>
<p>Terminada esta contienda, los sectores más conservadores del liberalismo intentaron aplacar a la Iglesia y atraerse a los carlistas. En 1884 se aprobaron algunos decretos que asimilaban los títulos de las escuelas <em>privadas </em>a los de las oficiales. Desde esa fecha la mayor parte de las escuelas y maestros serán municipales o extraoficiales, y la recomendación y el trabajo voluntario realizado como auxiliar se convertirán en la vía de entrada a la enseñanza. Poco tenía que ver la capacidad del magisterio con esta decisión, pues los maestros más reconocidos por el propio Ayuntamiento habían sido nombrados por oposición, es decir, eran maestros oficiales: Juan Ignacio Gorostiza, Hilario Agapito, María López Gordo, etc.</p>
<p>Además de los motivos anteriormente expuestos, habría que señalar la influencia que pudo tener en la municipalización el hecho de que los edificios escolares oficiales tuvieran</p>
<p>que reunir unos requisitos mínimos que elevaban los presupuestos de ejecución. La sustitución de la casa alquilada para escuela en Retuerto por un edificio propio en 1880, por ejemplo, supuso casi 30.000 pesetas.</p>
<p>Por otro lado, en 1891 se construyó la escuela oficial de Rajeta que, como determinaba la ley de construcciones escolares, contaba con aulas para sesenta alumnos, patio de recreo, jardín, biblioteca popular, aseo, acceso independiente a las casas de los maestros, etc. Pero el proyecto para el que se había solicitado la pertinente subvención económica del Gobierno sería modificado, utilizándose también para otros usos (ayuntamiento, juzgado, etc.), sin contar con el informe previo del gobernador ni con la autorización oficial para adquirir el terreno, por lo que se denegó la ayuda prometida.</p>
<p>Este hecho y la situación de la hacienda municipal eran los argumentos que esgrimía el Ayuntamiento para justificar que casi todas las nuevas escuelas fueran municipales.</p>
<p>La mayoría de ellas no ocupaban un espacio físico propio y fueron, en principio, unitarias mixtas, donde niños y niñas de distintas edades compartían el aula. Podían estar en el pórtico de una iglesia o una ermita abandonada, como las de Burceña (1889) y El Regato (1885), o compartir su uso con otras actividades: Arnabal (1901) aprovechó la alhóndiga del barrio; la municipal de Vilallonga (1905) albergaba en la planta baja mercado, <em>perrera </em>municipal, en la planta primera un salón de cine, y en la segunda la escuela de Artes y oficios; caso excepcional es el edificio escolar de Llano (1903).</p>
<p>Pero el componente ideológico, y no sólo económico, de esta opción queda de manifiesto cuando se subvenciona de forma importante una escuela de religiosos salesianos (1898) antes que cumplir con la legislación estatal. Como su financiación y mantenimiento corrió a cargo del municipio durante muchos años -contó también con donativos de particulares y empresas-, se podría decir que funcionó como escuela pública, aunque por su titularidad fuera privada.</p>
<p>Y, como en las oficiales y públicas, el Ayuntamiento controlaba los exámenes de sus alumnos, lo que no sucedía con el resto de las privadas.</p>
<p>Además, a partir de 1901 el municipio sólo pagaba lo consignado en los presupuestos de aquel año por todas las oficiales. Esta cantidad era ingresada en las arcas de la Diputación que se hacía cargo del pago de los maestros. En diciembre de 1912, las diputaciones vascas llegaron a un acuerdo con el Gobierno, a quien, desde entonces, competirá fijar las necesidades de la enseñanza.</p>
<p>Gracias a este traspaso de competencias, en octubre de 1913 se crearon seis plazas (4 nuevas secciones de Rajeta y dos jubilaciones) de maestros oficiales, lo que suponía a las arcas locales tan sólo 1.800 pesetas anuales (300 pesetas cada maestro por vivienda). Pero las autoridades locales prefirieron la municipalización, en vez de acudir al Estado. En 1915, por ejemplo, se creaba un parvulario municipal en la escuela oficial de Retuerto.</p>
<p>ESCUELAS NACIONALES EN LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA</p>
<p>Durante más de una década los proyectos para ampliar o crear nuevos centros no pudieron realizarse. Los salarios reales de los trabajadores habían bajado durante la época de la Gran Guerra (1914/18), así como su capacidad de ahorro y gasto, y la crisis económica (1920/23) que la sucedió trajo consigo un agravamiento de la situación.</p>
<p>Si en los momentos de expansión económica los presupuestos de instrucción habían sido bajos, mucho más lo serán en épocas de crisis.</p>
<p>Pero de los 25.000 habitantes de 1919 se había pasado a las 30.000 almas de 1926. El descenso de la mortalidad infantil y la ampliación de la escolarización obligatoria hasta los 14 años en 1923 incrementaron la demanda de plazas escolares. Desde las páginas del semanario <em>El Galindo </em>(1924), varios maestros desarrollaron una campaña de concienciación ciudadana a favor de la creación de escuelas nacionales. Segundo Muñoz, colaborador habitual del semanario, señalaba cómo la política municipal era uno de los problemas más graves de la enseñanza: <em>Locales inhabitables, maestros mal pagados, enorme exceso en las matrículas, muchos niños sin escuelas adonde acudir, esto es a grandes rasgos el mal que urge remediar a todo trance. Nada que agradecer, sí mucho que censurar, tiene el pueblo respecto a la gestión de los concejales actuales y de las mayorías que hasta la fecha han regido tan deplorablemente los destinos municipales (EG 16-3-1925).</em></p>
<p>La elaboración del proyecto de <em>Urbanización, Reforma y Extensión de Baracaldo </em>(1925), que preveía un vasto programa de obras públicas (plaza de mercado, traída de aguas y, sobre todo, escuelas) se puso en marcha a partir de 1927 con los fondos del Instituto Nacional de Previsión, administrados por la Caja de Ahorros Vizcaína, a la que el Ayuntamiento solicitó un importante crédito.</p>
<p>Por primera vez, y gracias a la conjunción de estos factores, se aprobó la creación de escuelas con la subvención del Estado y el préstamo de la CAV, aunque por lo complicado de la tramitación las obras no concluirán hasta el período republicano. En apenas cuatro años se duplicaron las aulas existentes (29), y se avanzó en la graduación de la enseñanza: Arteagabeitia, San Vicente -recién construidas- y Rajeta y las municipales de Vilallonga.</p>
<p>LAS REALIZACIONES EN EL PERÍODO REPUBLICANO</p>
<p>Con el advenimiento de la II República se intentará la reforma del sistema educativo, heredado de la vieja Ley Moyano. Pero todavía no estaba solucionado el problema de la escolarización. Pese a lo mucho realizado en los últimos años, la mayoría de las escuelas se hallaban abarrotadas. Y la posibilidad de que los centros regentados por religiosos (ley de Confesiones y Congregaciones religiosas) tuvieran que cerrar, incrementaría de forma substancial la matrícula.</p>
<p>Por otro lado, la limitación legal republicana de que sólo hubiera 50 alumnos por aula hacía imprescindible continuar la política de construcciones, pese a la crisis económica, e intentar eliminar definitivamente el déficit de plazas. Se construyeron con presupuestos municipales extraordinarios y la ayuda de los fondos gubernamentales las escuelas de Vitoricha (8 aulas), de Bagaza (9 aulas) y Arbuyo (3 aulas); se ampliaron algunas de las existentes, Vilallonga (3 aulas) y Lasesarre (1 aula) y se completaron con dos aulas las secciones de párvulos de San Vicente y Arteagabeitia. Y de forma provisional se crearon escuelas municipales en Zaballa, Ibarra, Av. de Euzkadi, etc.</p>
<p>La educación pública era para republicanos y socialistas una función ineludible del Estado. Por acuerdo municipal de tres de agosto de 1931 se aprobó solicitar la nacionalización de varias escuelas que se realizó en un breve espacio de tiempo: Arteagabeitia, San Vicente, Llano, El Regato, Rájeta, Lasesarre y Vilallonga, etc. Esta política sólo fue seguida en Vizcaya por los municipios gobernados por la izquierda: la zona minera, Portugalete, Basauri, Bilbao y Barakaldo. En 1936, una vez concluido el proceso, la situación era la siguiente: 81 escuelas (aulas) nacionales, 10 escuelas (aulas) municipales y 3 escuelas (aulas) dependientes de la Diputación.</p>
<p>La medida nacionalizadora permitiría ahorrarse más de 200.000 pesetas anuales. Sin embargo, no fue el ahorro el principal objetivo, y los presupuestos se mantuvieron durante todo el período republicano. Con el dinero ahorrado se intentará conseguir el viejo ideal de la igualdad de oportunidades en el acceso a la enseñanza. Se promoverán actividades circunescolares de marcado carácter social: patronato escolar (colonias, ropero, cantinas), enseñanzas especiales (artes y oficios, euskera, música), instituciones culturales (biblioteca, subvenciones) y becas. En esta último apartado, en 1936, por ejemplo, se destinaron más de 50.000 pesetas para el sostenimiento de 28 becas para alumnos de primaria y varias para estudios de Bellas Artes.</p>
<p>Pero sin lugar a dudas, el mayor éxito en el camino para hacer efectiva la igualdad de oportunidades fue la aprobación (1933) de un centro de enseñanza secundaria: “Haciéndose cargo de la importancia de Baracaldo, pueblo eminentemente fabril y obrero</p>
<p>donde muchas aptitudes se malogran por su falta de medios pecuniarios…”.</p>
<p>EL FRANQUISMO: LA PRIVATIZACIÓN DE LA ENSEÑANZA</p>
<p>Con la entrada de las tropas nacionales en Barakaldo, desde el Ayuntamiento se seguirán fielmente las directrices del Nuevo Estado. Pese a que los conservadores se habían mostrado contrarios a la nacionalización de las escuelas, el alcalde carlista, José María Llaneza, se mostró conforme “por considerar que su centralización de funciones marcha más en consonancia con los principios de unidad y vigilancia que el Estado debe observar en esta materia de educación ciudadana”.</p>
<p>Las primeras medidas tomadas por el Gobierno, además de la depuración del magisterio y reposición de símbolos religiosos en las escuelas, irán encaminadas a suprimir las conquistas republicanas, sobre todo, las que avanzaban en la igualdad de oportunidades: Instituto de Enseñanza Media y, paulatinamente, las becas y ayudas a estudiantes pobres.</p>
<p>El sistema consideraba que la enseñanza era una cuestión propia de cada familia, y que los beneficios de la inversión realizada revertían exclusivamente en el estudiante y su familia que, por lo tanto, debían ser quienes la sufragaran. En consecuencia, el Gobierno apenas intervendrá en la educación, dejando el predominio educativo a la Iglesia.</p>
<p>Hasta 1957, a pesar de que casi se había duplicado la población de 1936, ni el Ayuntamiento ni el Estado construyeron ningún edificio escolar. No es casual, sino consecuencia directa de un consciente abandono.</p>
<p>Esto explicaría el deficiente equipamiento educativo estatal, único que debía proporcionar formación gratuita. Además, se intentará la sustitución de escuelas públicas por privadas, y que en todos los barrios hubiera un colegio religioso.</p>
<p>Los efectos de esta política no se hicieron esperar (Dominicas en Burceña, 1938), pero la mayoría de las órdenes especializadas en la enseñanza: maristas, escolapios o jesuitas preferían instalarse, por razones económicas, en las ciudades y no en los pueblos obreros. Fueron las órdenes religiosas asentadas antes de la Guerra civil las que se hicieron cargo de ella en Barakaldo.</p>
<p>Mientras se cerraban escuelas públicas, las Hijas de la Cruz en el colegio del Sagrado Corazón de Jesús (1938 y 1945), Salesianos en Burceña (1943), Paúles en El Desierto (1944), Hermanos de la Salle en el colegio de Nuestra Señora del Carmen (1947), Salesianas en Los Fueros (1947), inauguraban o ampliaban sus instalaciones.</p>
<p>A partir de los años cincuenta el aumento de la población es espectacular. Es de suponer que las necesidades de escolarización crecieran igualmente, pero todavía se dejará su solución a la iniciativa privada: las Hijas de la Caridad en la Fundación Miranda (1956), El Pilar (1956). Consecuencia directa de esta política fue el incremento de alumnos en los centros privados, mientras disminuía en los públicos. El propio alcalde reconocía en 1955 que las escuelas públicas estaban saturadas y en algunas “no pueden admitirse ya los aspirantes en turno por falta de capacidad”.</p>
<p>Con anterioridad a 1948 ya se había planteado la necesidad de substituir los grupos escolares de Rajeta (10 aulas en 1936), de Vilallonga (9 aulas en 1936) y varias provisionales por un nuevo centro en Larrea. Pese a las gestiones del ministro barakaldés, Iturmendi Bañales, ante su compañero del Ministerio de Educación no se construirá hasta 1957, y Larrea apenas compensaba las escuelas cerradas durante el proceso de tramitación.</p>
<p>Significativamente, la política municipal consiguió el reconocimiento del Régimen. Nada extraño, pues, como se exponía en el III Pleno del Consejo Económico y Sindical celebrado en Bilbao en 1962, la situación de la enseñanza en España era desconsoladora.</p>
<p>Podían servir como disculpa las enormes necesidades presupuestarias de reconstrucción tras la Guerra civil, pero mientras España dedicaba en 1946 menos del 5 por ciento del presupuesto nacional a educación, Inglaterra, que acababa de terminarla, invertía en los mismos menesteres el 20 por ciento.</p>
<h5 style="text-align: right;">Escrito por Pedro Simón</h5>
</div>
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		<title>La Ermita de San José del Juncal</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Mar 2009 06:21:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/ermita-de-san-juan.gif" class="floatbox" rev="group:181 caption:`ermita-de-san-juan`"><img class="alignright size-medium wp-image-358" title="ermita-de-san-juan" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/ermita-de-san-juan-300x219.gif" alt="ermita-de-san-juan" width="300" height="219" /></a>El barrio de El Juncal de Trapagaran, fue derribado el 6 de octubre de 1986 para dar paso a lo que iba a ser la “ciudad del trans­porte de Vizcaya” como se decía entonces. La vega en la que se ubicaba era hasta la década de los años 60, marisma y balsas, junto a los meandros del río Galindo. Al asentamiento de las grandes industrias que comenzó a primeros de siglo siguió el de las factorías menores. Posteriormente llegó la construcción de la autovía del Cantábrico. Todo esto obligó a rellenar los depósitos cuaternarios del río Galindo y a cambiar el curso hacia el río Nervion.</p>
<p>En el otoño de 1980 se hizo esta investigación etnográfica de la ermita de San José cuando el triste destino del barrio El Juncal era previ­sible; ya por entonces el estado del edificio religioso era ruinoso.<em> </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><strong>1.- <span style="text-decoration: underline;">El barrio del Juncal en 1980</span></strong></p>
<p>La ermita de San José está situada en el término municipal de San<strong> </strong>Salvador del Valle-Trapagaran, en el barrio de El Juncal. Como su mismo nombre sugiere, antaño fue un lugar de marismas, juncos y cañaverales; hileras de tamarises bordeaban las riberas. Según los vecinos: <em>dejó de ser marisma cuando se construyó la barra de Portugalete, que era el motivo de que las aguas se estacionaran en las orillas”. </em>Más tarde, desecadas las marismas, estas tierras labradas se convirtieron en prados y huertas con parras junto a las orillas de los caños. Estas aguas desembocaban mediante compuertas artesanales en otros canales mayores que fluían a los ríos de la gran vega del Galindo. La altitud de este barrio sobre el del mar es muy escasa.</p>
<p>Hoy día, por su parte posterior pasa la carretera de Ugarte a Sestao. Cuando se construyó este conjunto de edificios El Juncal estaba cercado por un muro. El barrio pertenece a la iglesia de San Juan Bautista de Ugarte de Trapagaran.</p>
<p>La forma primitiva del barrio era cuadrangular, con una entrada en ­el lado noroeste. Estaba asentado en zona rural, a orillas de los ríos Galindo y Granada o Baite. En sus cercanías se ubicaba el malecón de Ugarte para la carga de mineral en las gabarras que ascendían hasta dicho puerto. Durante este siglo el paisaje se ha transformado totalmente.</p>
<p>Tradicionalmente se accedía a la ermita de San José por un camino carretil que pasa sobre el río Granada o Baite. Debido a los rellenos de escoria y de lodo extraído del dragado que se efectuó en el cauce de este río, se puede llegar al barrio directamente en automóvil desde la carretera de Ugarte a Sestao.</p>
<p>Hasta el puente de El Juncal llegaban remolcadas las gabarras remontando el río Galindo. A partir de aquí, por el afluente Granada o Baite, eran llevadas curso arriba con la  sirga por hombres y mujeres hasta las inmediaciones del barrio Causo limítrofe con El Juncal. En este término hubo otro puerto de embarque de mineral de los Tres Concejos de Somorrostro.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>2.- <span style="text-decoration: underline;">Descripción de la ermita</span></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>El edificio de la ermita de San José está enclavado entre dos casas que parecen arroparla por ambos lados. Las paredes laterales son comunes a la ermita y a las viviendas.</p>
<p>La fachada principal, orientada al Sureste, está rematada por una moldura rectangular de piedra arenisca; detrás de ella arranca el tejado. En esta cornisa se halla la espadaña culminada por un frontón triangular rebajado y una cruz forjada en hierro. En el vano del campanil ­se halla la campana con yugo de madera que se acciona desde el exterior.</p>
<p>La planta del edificio es rectangular. Se accede al interior a través de una entrada de arco de medio punto con dovelas ocultas por los raseos de la fachada. A la derecha arrancaba la escalera que conducía al coro. En la pared aún se aprecian las marcas. A la izquierda está empo­trada la pila de agua bendita.</p>
<p>El altar está situado en el muro oeste; en la actualidad se encuentra derrumbado; en su frente puede verse una cruz. El retablo, deteriorado, está compuesto por dos columnas que sostienen un fron­tón triangular rebajado; en su hornacina estaba la imagen de San José. A ambos lados del retablo hay dos ventanas tipo <em>ojo de buey</em> con barrotes en forma de cruz.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>3.- <span style="text-decoration: underline;">Historia</span></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Los vecinos desconocen la fecha de construcción de la ermita; según cuentan algunos mayores, su edificación se debe a un hijo del pueblo que emigró a América -concretamente a Cuba-, donde hizo riqueza. Al volver a su tierra mandó construir las casas que componen el barrio y contigua a su casa edificó esta capilla a la advocación de San José en acción de gracias por los favores recibidos en tierras america­nas. Los ancianos de El Juncal creen que los tamarises que bordeaban los caños y orillas de los ríos fueron traídos de América por el indiano que mandó construir el barrio y la ermita.</p>
<p>Parece que hasta 1960 la ermita estaba en buenas condiciones. Desde enton­ces se inició el paulatino abandono a causa de los asentamientos de industrias en la Vega del río Galindo, y de las reiteradas inundaciones que ha padecido el barrio. La Babcock Wilcox se instaló a unos mil metros de distancia de El Juncal. Más tarde en la década de los años 30, esta empre­sa compró los terrenos de la Vega donde se ubica el barrio El juncal.</p>
<p>Hasta que se produjo esta venta el propietario que residía en Bilbao, tenía un mayordomo que vivía en El Juncal; éste se encargaba de que el entorno se mantuviera en buenas condiciones.</p>
<p>Con todo, cuando la ermita pasó a propiedad de la Babcock Wilcox fue cuando más floreció la romería. Una semana antes de la festividad de San José, la empresa enviaba personal para que adecentara, remozara y pintara el edificio religioso por dentro y por fuera. La fachada era rascada y pintada con cal.</p>
<p><strong>4.- <span style="text-decoration: underline;">Romería, culto</span> …</strong></p>
<p>La romería tenía lugar el 19 de marzo, festividad de San José; acudían gentes de San Salvador del Valle-Trapagaran, de Sestao y Barakaldo, pero principalmente de los barrios situados junto a los ríos Baite y Galindo.</p>
<p>A la misa de la celebración festiva no asistían las autoridades, pero sí alto personal de Babcock Wilcox. Se recuerda que en los prime­ros años cuando los propietarios eran los concesionarios ingleses, asis­tía una representación de éstos. Acostumbraban a regalar el día de San José un pellejo de vino <em>«para alegrar la fiesta”. </em>El oficio religioso comenzaba a las diez de la mañana. Pero antes, los romeros iban al encuentro de la Banda de Música de La Arbo­leda al hoy desaparecido Puente Grande, ubicado entre Trápaga y Cau­so, sobre el río Granada o Baite. Una vez juntos, romeros y músicos caminaban a los compases de la música hasta la ermita.</p>
<p>Este día era llevado el armonio desde la parroquia de la Transfiguración del Señor de San Salvador del Valle y se colocaba en el coro y en los últimos años junto al altar de la capilla. A esta romería acudían también acordeonistas que, al igual que la Banda de Música, permanecían en los alrededores de la ermita hasta el atardecer, amenizando el ambiente festivo. En los últimos años en que se celebró la fiesta acudía la Banda de Música de Babcock Wilcox. Para acomodo de los músicos era costumbre preparar un carro en la era de trillar que existía en el barrio, cerca del carrejo de bolos.</p>
<p>De todos los festejos, el más concurrido y celebrado era el jue­go de bolos a <em>cachete, </em>que se celebraba en el carrejo cercano a la ermita, a la sombra de acacias, tamarises y olmos. Este juego se desarrollaba a orillas del caño mayor en el que desembocaban todos los menores y que vertía sus aguas al río Galindo. Este caño lo limpiaban una vez al año todos los vecinos que tenían huertas cercanas a él. El carrejo de El Juncal ha desaparecido tras el deterioro que ha sufrido la zona a causa de las continuas inundaciones. Hoy, el lugar en donde se ubicaba, es una ciénaga cubierta de cañas.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>5.- <span style="text-decoration: underline;">Costumbres</span></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Las madres con niños de corta edad, tenían por costumbre, hast­a hace unos 30 años, “<em>poner a sus hijos de mantos ‘en cortos’ aprovechando </em>la <em>celebración de San José”. </em>Ese día iban paseando hasta El Juncal con los niños vestidos <em>“en</em> <em>cortos”. </em>Era una fecha señalada para el cambio: “<em>Ahora hace frío. Hasta San José no le pongo ‘en cortos’”‘. </em>La fiesta era el preludio de la primavera.</p>
<p>Una señora mayor cuidaba la ermita, ella se encargaba de guar­dar los manteles y de tenerlos en buen estado. También tenía como obligación colocarlos y adornar el altar. El sacerdote de Ugarte era el encargado del culto del templo.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>6.- <span style="text-decoration: underline;">Final</span></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Esta ermita, situada a orillas de dos ríos -Galindo y Granada o Baite- sufrió inundaciones debido al abandono del cumplimiento de normas que regulaban los vertidos de barro de los lavaderos de mine­ral. El lodo, poco a poco, fue cegando el cauce de ambos ríos.</p>
<p>Para que estas normas se llevaran a cabo los vecinos de San Sal­vador del Valle-Trápaga -generalmente una comisión de labradores- se encargaban de hacer recorridos periódicos, una vez al mes, para que dichas normas no se quebrantaran. Desde 1935, aproximadamente, estas obser­vaciones dejaron de realizarse.</p>
<p>Más tarde, la vega donde se ubica la ermita, en su mayor parte, ha sido rellenada de escombros para implantar talleres y factorías. A esta degradación paulatina del medio que ha sufrido el entor­no hay que añadir, y quizá sea una de las razones principales de su dete­rioro, que el edificio religioso nunca ha sido de propiedad vecinal; por esta razón los habitantes han sentido cierta indiferencia hacia él, máxi­me observando cómo el medio natural inmediato se iba deteriorando y la población trasladándose a otros lugares.</p>
<h5 style="text-align: right;">Escrito por Juan Cordón</h5>
</div>
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		<title>La Ermita de Santa Águeda</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Mar 2009 06:21:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<div class="storycontent">
<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/santa-agueda-2.gif" class="floatbox" rev="group:179 caption:`santa-agueda-2`"><img class="alignright size-medium wp-image-362" title="santa-agueda-2" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/santa-agueda-2-300x198.gif" alt="santa-agueda-2" width="300" height="198" /></a>En Euskal Herria, como en toda la cristiandad latina de Europa, Santa Águeda, virgen y mártir siciliana del siglo III, es una advocación venerada específicamente por las mujeres. Recurren a su intercesión aquellas gestantes que quieren propiciar un buen parto, las madres con insuficiente leche, y las aquejadas por diversos “males de pechos”. Por extensión se la hace protectora de las mujeres, sean casadas o solteras. Virtualidades que se asocian con el episodio más conocido de su martirio, durante el que le fueron cortados los pechos, sanando después milagrosamente sus heridas. Más allá de la leyenda hagiográfica, el culto de Santa Águeda enlaza con las antiguas <em>Matronalia </em>romanas, fiestas dedicadas a propiciar la fertilidad de las matronas, en honor de Juno Lucina, divinidad de los partos y de la abundante lactancia. Otros poderes de Santa Águeda son los de preservar contra incendios y erupciones volcánicas, o los más genéricos de proteger contra los malos espíritus, enfermedades del ganado y potenciar la producción agraria. Atributos que la asemejan a la <em>Bona Dea, </em>Buena Fortuna o <em>Aghatè Tyché </em>de la antigüedad clásica. En Euskadi se la atribuye, además, otra faceta sanadora: la de curar de cefaleas y migrañas; y la santa, acusada de brujería durante su proceso, actúa como <em>sorgiña</em> -transformada en gata- en varias leyendas vascas. Perfil que evoca la hipótesis de la brujería como culto a Diana, asimismo virgen, protectora de los partos y de la fertilidad.</p>
<p>En otros ámbitos, las matronas adoptan durante su festividad iniciativas y roles masculinos, siendo fertilidad e inversión de papeles rasgos típicamente carnavalescos. Entre nosotros la cuestación de viandas, aunque protagonizada por los mozos, abre el ciclo de postulaciones y comensalidad propios del ya inmediato Carnaval.</p>
<p>1. El santuario de Santa Águeda en Kastrexana (Barakaldo)</p>
<p>Tanto por sus aspectos lúdicos como religiosos, las romerías celebradas en torno a este santuario -más que ermita- destacan notablemente entre las dedicadas a Santa Águeda en nuestro ámbito. Está situado en un rellano a 200 m. de altura, en las estribaciones del monte Arroletza (452 m.), sobre la calzada del puente de Kastrexana en la ruta jacobea de la costa, y a escasa distancia de la que desde Bilbao conducía -por Balmaseda- hacia la Meseta. Estratégica situación que convertirá al santuario y a su entorno en teatro de operaciones en todas las guerras civiles de los siglos XIX y XX. Hoy se accede al mismo por la carretera local que desde Kastrexana conduce, por Santa Águeda y el collado de Basatxu, hasta Cruces, barrios ambos especialmente vinculados a sus romerías.</p>
<p>Las primeras noticias documentales constatan que el santuario ya existía en 1584, posiblemente levantado sobre los cimientos de una ermita anterior. Remodelado a lo largo de los siglos, sus últimas restauraciones datan de 1959 y 1996. Por su alejamiento de la parroquia matriz de San Vicente de Barakaldo, y tras convertirse en aneja, pasará a depender de San Bartolomé de Alonsotegi en 1882, y de la parroquia de Santa Águeda de Kastrexana a partir de 1956. Con anterioridad a la industrialización, contó con su propia <em>Casa de la Novena </em>y con una de las tres ventas o tabernas del municipio. Además del retablo rococó con la imagen titular de Santa Águeda, a ambos lados del presbiterio hay sendos bajorrelieves dedicados a Santiago y Santa Ana; pero, sobre todo, una imagen de alabastro de Santa Águeda -depositada en la sacristía- con la cabeza separada del tronco, de hacia el año 1350.</p>
<p>El imaginario popular satura el entorno de Santa Águeda, desde Basatxu hasta Ibarreta y Solondo, con apariciones de brujas y de diversos personajes del universo sacral cristiano: la propia <em>Virgen </em>-por alusión a la santa-, una imagen de San Antonio de Padua e incluso el Diablo, atribuyéndose a éste o a las brujas la construcción del puente de Kastrexana.</p>
<p>2. El calendario festivo</p>
<p>El marco temporal del romeraje, aunque ha experimentado diversas vicisitudes, es muy amplio. Además de su festividad litúrgica del 5 de febrero, en diversas épocas y actualmente se celebra repetición al domingo siguiente y hoy incluso el precedente. Le siguen las dos Pascuas, de Resurrección y de Pentecostés; y la festividad de Santa Ana -26 de julio- sustituída por la inmediata de San Ignacio; todas estas hoy reservadas, por su intimidad, a la dimensión religiosa del santuario. Existieron, además, las peregrinaciones familiares y/o grupales para efectuar promesas y depositar exvotos, más las misas de los coros, sin fecha determinada. Al término del siglo XVIII se celebraba una <em>Letanía</em>, posiblemente con objeto de bendecir los campos. La <em>Casa de la Novena </em>sirvió como hospedería para quien efectuaba este peregrinaje de nueve días. También hubo peregrinaciones colectivas, como las de la parroquia de Alonsotegi a comienzos del siglo XX, o la de mujeres de los <em>arrantzales </em>bermeanos tras la galerna de 1912. Y, actualmente, rituales de paso del vecindario de Kastrexana y los cercanos de Cruces y Zorroza: bautizos, primeras comuniones, bodas y los aniversarios de éstas. Por último, las <em>jiras </em>estivales de grupos asociativos y políticos -desde mayo hasta septiembre- reducidas en la actualidad a su mínima expresión.</p>
<p>3. La religiosidad popular</p>
<p>Las prácticas de religiosidad popular de un santuario se derivan de un voto o promesa, de quien ha intercedido a su titular cuando peligra la salud o la vida del propio interesado, o de alguien de los suyos, obligándose a acudir a aquél para rogar por su curación o dar gracias por la ya consumada. El cumplimiento de la promesa lo efectúan habitualmente las mujeres de la familia, preferentemente durante la romería anual o alguna otra festividad del santuario y en grupo. Da lugar a dos tipos de prácticas: las que implican el contacto directo con la sacralidad de la imagen o reliquia, o bien las ofrendas, exvotos y sufragio de misas.</p>
<p>En el santuario baracaldés, las del primer tipo se asocian a las afecciones vinculadas al embarazo, la lactancia, el <em>mal de pechos</em>; las dolencias del aparato locomotor y las afecciones reumáticas; así como las cefaleas. Se concretan en la circunvalación ritual del santuario, entrando y saliendo tres veces por las puertas de la sacristía, portando el tronco o la cabeza de alabastro, y rezando ante los altares del presbiterio y de la sacristía.</p>
<p>A esta abogada polivalente se recurrió incluso contra las apariciones de difuntos, naufragios, etc, como dan testimonio los exvotos existentes en las paredes de la ermita hasta su penúltima restauración general, en 1959. Resulta evidente la relación entre el significante -muletas, bastones, trenzas y aparatos ortopédicos- y el significado de la dolencia o mal padecido. Otro tipo de exvotos fueron las ropas, hábitos, lazos y escapularios, así como una pequeña reproducción de pie en cera. El único exvoto subsistente, respetado por su referente pictórico, es el del bergantín <em>Hermoso Habanero</em>, cuyo capitán se encomendara a Santa Águeda durante aquel temporal del 5-II-1841.</p>
<p>En todo tiempo se han efectuado ofrendas en este santuario. En especie, como las de aceite para la lámpara o aquel manto regalado a la imagen por un emigrante del barrio, desde México. En todo tiempo se han efectuado, además, ofrendas en metálico, como limosnas o estipendios de las misas encargadas. Antaño, su rematante se obligaba a sufragar las celebraciones de los actos festivos, tanto religiosos como profanos, y el postulante pedía limosna en un radio de más de 30 kilómetros. Hoy, como ayer, numerosas personas pasan por la sacristía a depositar su óbolo, a cambio de una estampa de Santa Águeda -a la que se atribuyeron virtudes sanadoras- y un folleto del santuario. Y cada año se sufraga una media de 45 misas, con predominio absoluto de mujeres. Se trata de un colectivo de personas autóctonas, a juzgar por sus apellidos euskéricos; y para un tercio de las mismas se trata de una práctica recurrente, que puede remontarse a varias generaciones. Las promesas y su cumplimiento eran cosa principalmente de <em>vascongadas </em>(vascoparlantes) de las comarcas vecinas de Uribe Kosta y Txorierri, y tan sólo a partir de 1960 se sumaron algunas mujeres residentes en Barakaldo, aunque de origen rural e inmigrante.</p>
<p>Precisamente a partir de estas fechas, la secularización y la pérdida de credibilidad de la religión popular se han traducido en un progresivo detrimento cuantitativo de todas estas prácticas, actualmente relegadas a mujeres mayores y a las fechas de menor concurrencia romera. Perduran, en cambio, los aspectos litúrgicos más vinculados a la religiosidad eclesial y parroquial: misa, sermón y comuniones. Durante el periodo intersecular se celebraban misas cantadas y/o diaconadas los días de Santa Águeda, las dos Pascuas y San Ignacio. Pese a la profunda secularización de buena parte del actual contingente romero, más de la mitad de los asistentes el día 5 oye misa, así como una décima parte el de la repetición. La oferta de misas se ha ido incrementando, hasta cinco por cada una de estas fechas, más otras tres el domingo precedente, en la actualidad.</p>
<p>4. Las romerías y sus dimensiones</p>
<p>Como ya se ha dicho, el santuario y su imagen constituyen el punto focal de un ciclo anual de romerías, cuyas primeras noticias se remontan a 1764. Se celebran entonces las de Santa Águeda, Santa Ana, Santiago y Letanías, por alusión a las de Pascuas, con asistencia del cabildo eclesiástico, los Fieles de la Anteiglesia y los mayordomos de las ermitas locales. Los aspectos lúdicos se concentran en las fiestas profanas de Santa Águeda y Santa Ana, con bailables vespertinos en la campa de Cruces, animados por el tamborilero <em>(txistulari). </em>La concurrencia supralocal es testimoniada por los incidentes habidos junto a la venta de Castrejana, al regreso de las romerías de los días de Santa Águeda y su repetición, cuando el Fiel de Bilbao cuestiona el derecho de Abando para organizar baile en este lugar.</p>
<p>Durante toda la segunda mitad del siglo XIX, la prensa bilbaína califica las romerías de Santa Águeda -5 de febrero, repetición y Pentecostés- como unas de las más concurridas del Señorío, tan sólo interrumpidas por la última guerra carlista. La multitudinaria comitiva de romeros procedentes de Bilbao y Olabeaga celebra, de regreso a la Villa, bailes en Kastrexana y Basurto, con merienda campestre en este último punto. Durante el periodo intersecular decae la romería del 5 de febrero y desaparece su repetición dominical. Perduran las dos Pascuas, y durante la segunda tiene lugar animada romería en Morteruelo (Kastrexana-Bilbao). Pero, ya en 1910, se ve eclipsada por las dos Pascuas en Cruces, cuyas romerías se convertirán hasta la primera postguerra en unas de las más importantes de Bizkaia, y más adelante en fiestas patronales de un barrio que crece a la par de la industrialización. Con participación de Barakaldo, Bilbao y de toda la zona minero-fabril.</p>
<p>Hasta 1936 el sistema festivo de Santa Águeda consta de prácticas litúrgicas, religiosidad popular, esparcimiento profano, y de las primeras expresiones de religión política propias del nacionalismo vasco. Los baracaldeses de la periferia rural acuden el 5 de febrero, degustando el caldo autóctono en los dos <em>chacolíes </em>de las casas inmediatas a la ermita, así como en los de Zubileta. Por Pascuas suben grupos de jóvenes acompañados por acordeonistas, que regresan en alegre <em>biribilketa </em>hasta Cruces. La festividad de San Ignacio es una jornada más tranquila, en la que familias y amigos refuerzan sus vínculos comunicativos, para después almorzar en las campas inmediatas.</p>
<p>La postguerra, con el estancamiento económico y la represión de cualquier expresión de sociedad civil, conlleva la decadencia de estas romerías. Hasta que, en 1945, una cuadrilla de jóvenes nacionalistas organiza misa y bacalada en el <em>chacolí </em>anejo en 1945, regresando al son del txistu. Este semiclandestino revival comienza a atraer más gente cada año, consolidándose la repetición, que ya diez años después actúa como catalizador de la recuperación del 5 de febrero. Los romeros, tras oir misa, dedican el resto de la mañana a bailar al son del txistu y a saborear un bocadillo regado con la jarra de <em>chacolí</em>. La profusión de cuadrillas ataviadas con <em>kaikus </em>y txapelas, signos diacríticos de identidad vasquista, contribuyen a convertir Santa Águeda en un ritual de afirmación nacionalista.</p>
<p>Con la década de los sesenta, los numerosos inmigrantes asentados en Barakaldo y su entorno se suman a esta ya masiva romería de 15.000 asistentes, imprimiendo a la misma un estilo alternativo. Se oponen una idiosincracia articulada en torno al movimiento folklórico, montañero y scout vasco y otra <em>ye-yé </em>definida como subcultura juvenil de masas. Guitarras, canciones <em>modernas </em>y atuendos exóticos predominan sobre los referentes emblemáticos. Y serán inútiles los intentos -entre 1966 y 1968- de la federación de grupos de cultura vasca <em>Barakaldotarrak </em>para tratar de devolverla su impronta de antaño. Para los romeros tradicionales quedan el acogedor espacio de Zubileta y la romería del 5 de febrero. Al finalizar la década cesa la confrontación entre los dos estilos de referencia, saldándose con un cierto desapego de los autóctonos, cuya juventud se orienta hacia el radicalismo <em>abertzale</em>. De las restantes festividades apenas quedan sus misas, a las que acude un puña- do de vecinos del entorno (Kastrexana,Basatxu) y de Uribe Kosta, y así hasta el presente.</p>
<p>Durante la nueva etapa se añade otra jornada festiva, ya que hay gente que acude el domingo precedente. El día de Santa Águeda acuden entre 1.500 y 3.000 romeros, con predominio de jubilados, prejubilados y alumnos de algún colegio de Barakaldo, su barrio de Cruces o Zorroza (Bilbao). En su mayor parte acuden a misa, para reconfortarse después con el consabido refrigerio. Les acompaña una verdadera legión de puestos de venta, situados entre Basatxu y Santa Águeda, que ofertan rosquillas, chucherías, bebidas y productos alimentarios. Se trata de romeros asiduos, nativos más del 75 % del ámbito comarcal y residentes en el mismo. Esta jornada expresa la adhesión a una identidad colectiva local con raíces étnicas, mediante el anual reencuentro festivo de “hijos del pueblo” dispersos geográfica y socialmente; en torno a un santuario que actúa como cronotopos, conjunción de la memoria colectiva y de un espacio cargado de sentido. Algunos completan la jornada con una marcha por los cercanos montes de Sasiburu, o reforzando sus vínculos amicales con una comida en El Regato.</p>
<p>La multitudinaria romería del domingo siguiente, que atrae hasta Santa Águeda a unas 30.000 personas, convierte los caminos de acceso en una incesante comitiva de gentes que van y vienen del santuario, especialmente a través de Basatxu. Entre este lugar y la ermita se sitúan unos 50 puestos de venta. El perfil romero es muy diferente al del día precedente, puesto que un 40 % son inmigrantes. Proceden del barrio de Cruces, del resto del municipio de Barakaldo, de Bilbao, Zorroza, Alonsotegi y otras poblaciones del entorno. Las campas próximas no bastan para dar cabida a los romeros, cuyo atuendo se ha estandardizado, con neto predominio de prendas deportivas.</p>
<p>Estas romerías, secularizadas y profanas en buena medida, actúan como ritual que reactiva las identidades étnica y nacional; aunque también las dimensión locales de lo colectivo, desde el barrio de Kastrexana hasta un municipio extenso y heterogéneo como Barakaldo. Dinamizadas por cuadrillas y grupos familiares, que reactivan también sus vínculos intragrupales mediante la sociabilidad festiva y un código cultural compartido. Articuladas en torno al santuario, cuya permanencia fundamenta la pretensión de fidelidad a las raíces. El entorno de montaña, asiento del hábitat arquetípicamente vasco, y el <em>chacolí </em>cultivado en torno al propio santuario potencian este significado.</p>
<p>5. Coros de Santa Águeda. La víspera festiva</p>
<p>En toda Bizkaia y en buena parte de Gipuzkoa, así como también en algunas comarcas alavesas y navarras, resuenan durante el 4 de febrero las canciones de las rondas corales que rememoran la vida y el martirio de Santa Águeda. Esta víspera corresponde a los quintos o <em>plaza mutillak </em>(mozos), que efectuaban una cuestación de viandas en los caseríos y de dinero en zonas urbanas -entrelazando casas y familias- para celebrar una merienda con el producto de la misma.</p>
<p>La temática de las estrofas se irá centrando en la cuestación, recurriendo a la adulación o la ironía para obtener el efecto apetecido. Si bien lo más frecuente es que en cada pueblo se cantase una versión local, en la zona euskaldun también se recurría a la improvisación de <em>bertsos</em>. En las comarcas castellanófonas los coros interpretaban un repertorio más tipificado, básicamente coincidente en zonas tan distantes como Karrantza, Barakaldo o Zuia. Algunas de sus estrofas explicitan el significado tradicional del ritual:</p>
<p>“Esta noche es noche buena, víspera de Santa Águeda”</p>
<p>“Hemos salido de ronda por no dejarlo olvidar, como los antepasados<br />
solían acostumbrar”.</p>
<p>“No venimos por ver chicasni tampoco por bailar; que venimos por longanizas de la lata descolgar”.</p>
<p>En 1913 el escritor Evaristo Bustintza (a) <em>Kirikiño</em>, colaborador del diario <em>Euzkadi</em>, elaboró una versión estandardizada del <em>Agate Deuna</em>, más acorde con el ideario nacionalista que las letras tradicionales y que paulatinamente irá imponiéndose como versión única -también en Barakaldo- desplazando a las demás, que no resurgirán hasta la década de los ochenta.</p>
<p>En Barakaldo, y hasta 1913, salieron una media de cinco coros por año, correspondientes a las barriadas de su periferia rural y minera. El Ayuntamiento concede un único permiso por barrio -para evitar expresiones de antagonismo- a las cuadrillas de mozos y a los quintos en Irauregi-Alonsotegi. La prescripción de destinar parte de la recaudación de cada coro a celebrar una misa en Santa Águeda, incardina la sociabilidad moceril y vecinal en los actos del santuario de referencia. Con el declive de la sociedad tradicional esta costumbre -ya secularizada- se irá transfiriendo a agregados más complejos: cuadrillas, grupos parroquiales, asociaciones deportivas y agrupaciones nacionalistas; otros cambios significativos son la introducción de los coros en el casco urbano, con participación de mujeres y de adultos, y el destino de la recaudación a fines benéficos o asociativos.</p>
<p>Con la postguerra, desaparecidas las asociaciones no afectas al régimen, el ritual se transfiere a diversos grupos parroquiales. Será preciso esperar a los años cincuenta para que nuevos coros vecinales y de ex-alumnos vuelvan a interpretar el <em>Deun Agate </em>por calles y barrios de Barakaldo. Diez años más tarde se incorporan grupos de danzas vascas, de tipo criptonacionalista. El tardofranquismo y la transición implican una verdadera proliferación de coros, de diferente tipología: asociaciones culturales, políticas, recreativas o de vecinos, grupos de estudiantes, <em>txokos</em>, grupos de tiempo libre, AEK, etc.</p>
<p>6. Fiestas de Kastrexana</p>
<p>Para el vecindario del barrio próximo al santuario, Santa Águeda constituye además su fiesta patronal, de la que se dota a medida que los dos núcleos separados por el río Cadagua: Santa Águeda-Larrazabal (Barakaldo) y Kastrexana (Bilbao) se vayan integrando en una única barriada con esta última denominación; y cuyas estrechas relaciones ignoran las delimitaciones municipales, compartiendo una identidad propia e indisoluble. Como factores aglutinadores de esta integración progresiva actuaron la <em>Fábrica de Santa Águeda</em> (1882), después <em>S.A. Echevarría</em>; y la construcción de una capilla bajo la advocación de Santa Águeda (1919), consolidada como parroquia en 1956. También servicios compartidos, como la cooperativa de consumo, y asociaciones como el <em>batzoki </em>(1908 / 1933) o la más reciente sociedad gastronómica. Si las romerías, vinculadas a un ámbito mucho más extenso, no posibilitan la identificación exclusiva de Santa Águeda con el barrio, esta fiesta patronal -actuando de forma compensatoria- le permite una apropiación del símbolo sagrado y de sus celebraciones.</p>
<p>Ya desde antiguo, la festividad de Santa Águeda congrega en torno a la mesa de cada familia a sus componentes e invitados, reforzando sus vínculos mediante la comensalidad. Al menos desde 1932, Kastrexana organizaba un sencillo programa festivo, a base de festejos populares y baile. A partir de los sesenta se formaliza una comisión de festejos, que obtiene subvención del Ayuntamiento de Barakaldo desde 1973 y del de Bilbao quince años más tarde. El programa comprende tres o cuatro jornadas, incluyendo tanto los festejos celebrados en el barrio como las romerías del santuario, así como la tradicional cuestación de los coros de Santa Águeda.</p>
<p>7. <em>Jiras </em>al santuario</p>
<p>Otra expresión de sociabilidad vinculada a Santa Águeda, son las <em>jiras </em>estivales que diversos colectivos de Barakaldo y su entorno organizaron al santuario durante el primer tercio del siglo XX, y desvinculadas del calendario festivo. Las hubo de asociaciones cooperativas, deportivas y tradicionalistas, pero las más recurrentes corresponden al movimiento nacionalista. Acuden las agrupaciones de Barakaldo y sus barrios, e incluso de Bilbao en ocasiones. Los participantes, acompañados por txistularis y espatadantzaris asisten a misa, celebrando después mitin de afirmación patriótica, comida campestre y animada romería vespertina. Desaparecidas tras la guerra civil, serán recuperadas como <em>Alderdi Eguna </em>local a partir de 1987. Al igual que los coros, y en buena medida las romerías, estas <em>jiras </em>son una expresión de la religión civil nacionalista, construida mediante transferencia de sacralidad a partir de la cultura y de la religiosidad tradicionales.</p>
<h5 style="text-align: right;">Escrito por José Ignacio Homobono</h5>
</div>
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		<title>La Ferrería de Urdandeguieta</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Mar 2009 06:21:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<div class="storycontent">
<p><em><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/urdandeguieta-2.jpg" class="floatbox" rev="group:177 caption:`urdandeguieta-2`"><img class="alignright size-medium wp-image-364" title="urdandeguieta-2" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/urdandeguieta-2-300x208.jpg" alt="urdandeguieta-2" width="300" height="208" /></a></em>La existencia de mineral férrico en las inmediaciones de Barakaldo es conocida desde épocas muy antiguas. Si a ello sumamos la abundancia de bosques y regatos (elementos básicos para su transformación) y la proximidad del mar -puertos de Huarte, Causo y Galindo- (posibilidad de exportación) nada tiene de extraño la instalación en su término de abundantes ingenios dedicados a su elaboración. Sin duda que a esta abundancia ayudó enormemente la prohibición impuesta por doña María Díaz de Haro a la villa de Portugalete y su término de instalar en ella ferrería alguna. De este modo las cuencas del Cadagua y del Castaños quedaron como los lugares privilegiados para la instalación de las ferrrerías.</p>
<p>Según Goyo Bañales en la cuenca del Castaños existieron, al menos, “<em>las del entorno de Loiola y Olabarrieta y la masuquera de Saratxu. Cercanas al lugar de Agirza, estaban las de Urdandeguieta y Tellitu y, en el valle de Eskauritza, se hallaban las ferrrerías de Eskauritza y de Ragoa y las ferrrerías mayor y menor de Urkullu. Más adelante, siguiendo el cauce del río Castaños, se encontraba la tiradera de Aranguren y, finalmente, a la entrada del valle, la ferrería de Bengolea</em>”</p>
<p><strong>I.- <span style="text-decoration: underline;">HISTORIA</span></strong></p>
<p>La primera referencia de esta ferrería nos la da LOPE GARCIA DE SALAZAR cuando indica que: “<em><span style="text-decoration: underline;">E [compró] las ferrerías de los Vados, e molinos, e la ferrería de <strong>Urdudogieta</strong> comprola, e fiso la ferrería de Achuriaga e el camino de Pucheta</span></em>“. Teniendo en cuenta que el cronista escribe a finales del siglo XV es de suponer que la ferrería ya existía para entonces. Posteriormente pasó a ser propiedad de sus sucesores, los Salazar de Galindo, una de las familias más poderosas de Barakaldo en el pasado. Estos fueron dueños no sólo de la ferrería sino también de los montes que la rodeaban, Frados y Burzako (de donde se servía la ferrrería), y de los lugares comprendidos entre Loiola, Olabarrieta (Las Barrietas), Lugorriaga y el pico de Mendíbil. Es decir, de toda la franja de terreno que limita a Barakaldo con Galdames y también una parte del límite con Trapagaran.</p>
<p>También queda constancia documental, según G. Bañales, de que “<em>a comienzos del siglo XVI en esta zona se encontraba la que llamaban ferrería masuquera de Urdandeguieta, propiedad de la familia Tellitu. En el año 1536 Martín de Tellitu y su mujer Catalina de Tapia son dueños de la masuquera del lugar de Urdandeguieta, con lo ejidos de Aguirça y los arbolares que están junto de dicha masuquera</em>” Esta debe ser la “arrayera” que en 1597 es propiedad, en parte, de Domingo de Eskauriza Telllitu.</p>
<p>La permanencia de la misma es difícil de determinar pero la existencia del topónimo ‘Las Mazuqueras’, que aun pervive en El Regato, no hace sino subrayar la importancia de estos ingenios para la obtención del hierro y su permanencia hasta muy avanzado el Antiguo Régimen. La referencia documental más tardía que conocemos de esta actividad data de 1666, y procede de la zona más escarpada de Güeñes, donde los vecinos de los barrios de Saratxo y Tellitu (Barakaldo) encendían regularmente el horno de la mazuquera de Urdandeguieta, según afirma Mayte Ibáñez.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>II.-<span style="text-decoration: underline;"> LA FERRERÍA</span></strong></p>
<p><strong>1.- Ubicación</strong></p>
<p>El conjunto de elementos que conforman la ferrería de Urdandeguieta se encuentra ubicado a unos doscientos cincuenta metros aguas arriba del puente Perines en el que se inicia el pantano Echebarría, sito en el barrio de El Regato (Barakaldo). El acceso a la instalación puede hacerse bien bordeando el citado pantano o bien por el camino que lleva a Tellitu (tomando posteriormente alguno de los senderos que bajan al Aguirza). En ambos casos deberá cruzarse algunas veces el río Castaños.</p>
<p>La plataforma donde se encuentran los edificios de la ferrería está en el término municipal de Galdames  y la presa superior, que conformaba un pequeño aljibe, en el de Barakaldo. Es precisamente el arroyo Frades el que hace de línea divisoria de los términos municipales. Nada tiene de extraño que en 1597 sea denominada “arrayera”. El actual “mojón delimitador” se encuentra frente a la desembocadura del Frades en el Castaños.</p>
<p>Esta ferrería ocupa un lugar estratégico : la confluencia del río CASTAÑOS y el arroyo FRADES (por su izquierda).  El río CASTAÑOS en realidad es la resultante de la suma de las aguas de los Barrancos AGUIRZA (origen en el Eretza y que aporta más del 90% del caudal) y AGUA FRÍA (falda sur  del Apuko). Confluyen unos doscientos metros aguas arriba de Urdandeguieta. Además es una zona boscosa (donde el roble es abundante) y con posibilidades de acceso para el mineral. Por último no tiene excesivos problemas para la exportación tanto del mineral obtenido como de las pequeñas manufacturas resultantes. POR TANTO : parece un lugar idóneo (mineral, madera y agua) para la instalación de una ferrería.</p>
<p>La llegada del mineral, dada la ubicación de los yacimientos mineros más próximos, seguramente se realizaría en caballerías siguiendo el curso de los riachuelos (Aguirza o Agua Fría) o el viejo camino semicarretil de Tellitu a El Regato.  Una vez transformado saldría bien por el citado camino o bordeando el río Castaños. En este sentido parecen existir restos de muros de contención de un camino que saliendo de la misma Ferrería saldría hasta el mismo EL REGATO siguiendo el curso del Río Castaños. Quedan algunos de estos restos junto al Puente Perines prolongándose por la derecha del actual Pantano. De la misma hechura son algunos de ellos en la orilla izquierda por lo que es posible que el camino atravesara el actual pantano en su parte alta.</p>
<p><strong>2.-  Asentamiento</strong></p>
<p>El establecimiento está asentado sobre una <strong><span style="text-decoration: underline;">pequeña plataforma semirectangular</span></strong> junto al cauce del Castaños. Esta plataforma queda actualmente limitada por su derecha por el Río Castaños, por su izquierda por un empinado talud y por el lado Norte por el arroyo Frades. En su lado Sur confluyen el talud y el río Castaños.</p>
<p>El arroyo Frades seguramente no tenía originalmente su salida donde ahora lo hace sino unos cuantos metros más abajo. Su actual salida es claramente artificial y motivada por su uso en la ferrería.</p>
<p>La plataforma, aún aprovechando un curso fluvial remansado, ha sido muy retocada a fin de lograr espacio suficiente. El talud es resultado de un fuerte trabajo de explanación que ha servido para obtener los metros cuadrados necesarios y, con sus materiales, se ha levantado la parte limítrofe con el río Castaños. A fin de lograr un cierta uniformidad y proteger la plataforma de la erosión fluvial se construyó en una gran parte del tramo limítrofe con el río un pequeño muro de contención que ha levantado la plataforma aproximadamente un metro respecto al río.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>3.-  El establecimiento</strong></p>
<p>3.1. <span style="text-decoration: underline;">Elementos generales de una ferrería</span></p>
<p><strong>Hasta principios del siglo XIII</strong>, según Joaquín Almunia, <strong>la ferrería</strong> <strong>primitiva era</strong> una instalación muy sen­cilla y de escasa importancia, pues solamente constaba de un <span style="text-decoration: underline;">pequeño horno de calcinación</span> de la vena o minera y <span style="text-decoration: underline;">otro para la reducción del mismo</span>. En este último, mediante una combustión activada por fuelles de cuero y madera se obtenía una pequeña masa semi-metálica, de la que, mediante un enérgico martillado, se separaba la escoria obteniéndose una barra de metal. La escasa importancia y complicación de estas instalaciones permitía un fácil traslado al lugar más conveniente para un mayor suministro del combustible y del mineral.</p>
<p>La <span style="text-decoration: underline;">aplicación de la rueda hidráulica</span> a los barquines o fuelles se hace en las Vascongadas probablemente en la <strong>primera mitad del siglo XIV</strong> pues la primera referencia documental sobre el particular la encontramos en el Fuero de Oyarzun, dado por el Rey Al­fonso Xl en el año 1366. Comienza con ello a hacerse necesario el traslado de las «ferrerías de ladera», como se las suele denominar, a lugares inmediatos a los cauces de los ríos o regatos que dispusieran de suficiente cantidad de agua para poder accionar las ruedas.</p>
<p><strong>A</strong> <strong>principios del siglo XVI </strong>tenemos ya<strong> </strong>la<strong> </strong>ferrería completa, que habría de mantenerse invariable en su disposición general hasta principios del siglo XIX cuando comienza a utilizarse en Vizcaya el horno alto. Esta ferrería clásica consta de 4 elementos principales, que son:</p>
<p>1.-<strong><span style="text-decoration: underline;">Un horno de calcinación de la vena</span></strong>, que solía ser de forma muy<em> </em>similar a la de un horno de cal, aunque quizá de menor altura. En algunas ocasiones no se calcinaba la vena en un horno sino simplemente en un montón de troncos y ramaje al que se daba fuego.</p>
<p>2.-<strong><span style="text-decoration: underline;">Una soplante</span></strong>, que solía ser un juego de dos fuelles, movido por una rueda hidráulica. Estos fuelles eran de madera y cuero, o de madera solamente, y trabajaban alternativamente mediante un dispositivo de ci­güeñal o de balancín, para suministrar un soplado continuo en la tobera, que por lo general era un tubo en forma cónica, hecho con chapa de hierro y dirigido con una ligera inclinación hacia el fondo del hogar.</p>
<p>3.-<strong><span style="text-decoration: underline;">El “fogal” u hogar</span></strong>, que consistía en una cavidad de profundidad relativamente reducida y recubierta parcialmente con chapas de hierro. Era de forma de tronco de pirámide invertido y cada una de sus caras tenía su denominación particular. [...] La masa de hierro semi-fundido, mezclado con escorias, que se sacaba del hogar una vez terminada la operación, se llamaba en cas­tellano <em>«zamarra» </em>y en vascuence, <em>«agoa».</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>4.-<strong><span style="text-decoration: underline;">El martinete</span></strong>, que era todo de madera, excepto la maza, el yunque y algunos aros y zunchos con que se reforzaban algunos de sus componentes.</p>
<p>5.- Además de estos cuatro elementos principales, existía <strong><span style="text-decoration: underline;">también un local para el almacenaje del carbón vegetal</span></strong>, generalmente adosado al edi­ficio de la ferrería.</p>
<p>3.2. <span style="text-decoration: underline;">Elementos de la ferrería de Urdandeguieta</span></p>
<p>La ferrería o ferrerías de Urdandeguieta se componía de varios elementos que, en la actualidad, se encuentran en estado ruinoso y difícilmente reconocible. En apariencia está compuesta por dos espacios : una zona elevada lateralmente cuya función está relacionada con el estancamiento y aprovechamiento del agua del arroyo Frades ; y la plataforma limítrofe con el río Castaños, sobre la que se asientan tres edificios y un horno.</p>
<p>3.2.1.- <span style="text-decoration: underline;">El embalse</span></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"> </span></p>
<p>El arroyo Frades hoy día desagua perpendicularmente al Castaños por su margen izquierda y limita por el Norte la plataforma sobre la que se asientan los restos de las edificaciones. Sin embargo este cauce pensamos que no es el original sino que el citado arroyo realizaba un giro por encima del talud y desaguaba unos metros aguas abajo. Así, al menos, parece sugerirlo la vaguada sobre la que se asienta la presa artificial allí construida. El actual desagüe viene motivado por esta presa, oculta desde la plataforma, que seguramente servía bien para retener el agua a modo de pequeño embalse o bien para elevar el nivel del agua y, de este modo, disponer sin problema de agua en los edificios inferiores.</p>
<p>El agua embalsada se haría caer mediante un conducto de madera directamente sobre alguna rueda situada encima del actual arroyo Frades o bien, mediante un estrecho canal de mampostería habilitado por encima del talud, se la haría discurrir hacia los primeros edificios. Incluso cabe la posibilidad de la existencia de otro muro de contención en el actual desplome del arroto Frades (al menos eso parece deducirse de los arranques de muro que aún  pueden observarse).</p>
<p>En la actualidad el “embalse” está totalmente colmatado de sedimentos formando una pequeña explanada que no permite el paso del agua aunque pueden observarse filtraciones por el antiguo cauce. La presa, hoy en seco, se conserva en bastante buen estado. Construida a base de mampostería aparece firmemente asentada sobre la roca del cauce aunque en su basamento comienza a notarse los efectos del paso del tiempo. En la mitad de su borde superior tiene una apertura de un metro, aproximadamente, que posibilitó el rebase del agua y su continuidad por el arroyo hasta su encauce en el Castaños. La presa tiene una altura máxima de 5,70 metros ; en su parte alta una altura de 11 metros y en la base de 7 metros. La anchura es, aproximadamente un metro. Actualmente se encuentra a unos 50 metros del arroyo Frades, lo cual nos indica la extensión que debía tener el aljibe.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"> </span></p>
<p>Del conducto que dirigiría el agua por encima del actual arroyo para hacerla caer en una rueda vertical no se conserva nada, salvo el lugar de la embocadura ; del posible canal, sin embargo, pueden observarse unos cuantos metros sobre el citado talud. Como hemos señalado anteriormente, cabe la posibilidad de que existiese otra pequeña presa en el punto más alto del talud. Por la longitud del canal (37 metros) podemos deducir que llevaba el agua hasta uno de los edificios iniciales. Restos de este desagüe pueden aún observarse en la plataforma</p>
<p>3.2.2.-<span style="text-decoration: underline;"> La plataforma</span></p>
<p>Esta plataforma, situada paralela al río Castaños, tiene unos 1000 metros  cuadrados y, en ella, podemos distinguir cuatro construcciones : tres edificios y un horno. Todo ello en un deplorable estado de conservación. Uno de los edificios se encuentra junto al actual desemboque del arroyo Frades. Los otros al fondo de la explanada. Entre ambos extremos (aunque más próximo al segundo bloque de edificios) se ubica el horno.</p>
<p>n <strong>Edificio junto al FRADES</strong>: parece un edificio rectangular con un anexo difícilmente reconocible. Bastante amplio (aproximadamente 133 metros cuadrados, sin contar el anexo). Los resto de construcción nos muestra un paramento de piedra bien organizado. Ocupa el ángulo formado por el talud y el actual cauce del arroyo Frades. Es muy posible que el cauce no lo fuese entonces y sólo hubiese sobre él un largo conducto de madera sustentado mediante algún armazón que condujese el agua desde el aljibe superior hacia este edificio. Tras ser utilizada iría a parar al inmediato Castaños. En este caso serviría para mover alguna rueda de eje horizontal. De este edificio se conserva un pequeño lienzo junto al Frades (sobre el que posiblemente apoyase la rueda) y una angulosa y baja pared frente a este lienzo que cerraría el edificio. En ambos, y dispersas por el suelo, pueden verse abundantes piedras calcinadas reutilizadas como elementos constructivos. En el mismo cauce del río se encuentran restos muy significativos de primitivas coladas.</p>
<p>n <strong>Edificios del fondo</strong>: aparentemente son dos edificaciones ligeramente separadas una de otra. Cerrando la plataforma (aún se conserva parte del muro junto al río Castaños) puede observarse un recinto de unos 80 metros cuadrados que, posiblemente, sirviese de almacén). Junto a él una segunda edificación de unos 110 metros cuadrados que ocupa la plataforma desde el talud hasta el río. Hacia esta edificación parece discurrir el canal que proviene del aljibe y, por tanto, en ella debieron existir algunos mecanismos (fuelles?) que necesitasen dicha energía. El edificio serviría para trabajar el hierro fundido en el cercano horno. Muros construidos en piedra sin labrar. Los edificios (como el anterior) posiblemente tuvieron cubiertas de madera y, sobre él, teja (de la que se puede encontrar abundantes fragmentos en los alrededores).</p>
<p>n <strong>El horno</strong>: como hemos indicado se encuentra próximo a este último edificio. Tiene forma circular con un diámetro interno de unos 4 metros. Sus paredes (de piedra bien comprensada) tienen un grosor mínimo de 50 centímetros aunque es variable. Posiblemente asientan sobre la plataforma aunque hoy día el fondo del horno se encuentra parcialmente colmatado de materiales y tiene una profundidad de 1,20 metros. Exteriormente no se aprecian estas paredes por estar revestidas de tierra a modo de túmulo. En su origen levantaría algunos metros sobre la actual superficie. En la parte orientada hacia el río se aprecia otro muro envolvente que, seguramente, contendrá la salida.</p>
<h5 style="text-align: right;">Escrito por Mitxel Olabuenaga</h5>
</div>
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		<title>La industria del hierro y las primeras ferrerías</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Mar 2009 06:20:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Se perdió al correr del tiempo, la historia de nuestras Ferrerías y con ellas perdimos la posibili­dad de escribir una historia de Vizcaya, cuyos primeros capítulos nos refirieran vicisitudes y epi­sodios acaecidos mucho antes de la época de la cristianización del país. Mas a pesar de todo, vamos a ver ahora cómo a fuerza de [...]]]></description>
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<p><strong> </strong></p>
<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/el-regato-3.jpg" class="floatbox" rev="group:174 caption:`el-regato-3`"><img class="alignright size-medium wp-image-366" title="el-regato-3" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/el-regato-3-300x193.jpg" alt="el-regato-3" width="300" height="193" /></a>Se perdió al correr del tiempo, la historia de nuestras Ferrerías y con ellas perdimos la posibili­dad de escribir una historia de Vizcaya, cuyos primeros capítulos nos refirieran vicisitudes y epi­sodios acaecidos mucho antes de la época de la cristianización del país.</p>
<p>Mas a pesar de todo, vamos a ver ahora cómo a fuerza de intuición y buen sentido, podemos re­sucitar, imaginativamente, algo de aquel pretérito del que no poseemos ni datos positivos ni noticias ciertas ni informaciones y referencias que puedan tenerse por indubitadas.</p>
<p>Y para ello, para que reviva ante nosotros el pasado, digamos algo de las viejas Ferrerías, (remito a los lectores a mi ensayo titulado de las Ferrerías a los Altos Hornos), sin perder de vista ni a los tres ríos que riegan la vega de Baracaldo, ni a los montes de Somorrostro y Galdames.</p>
<p>Se puede dar por cierto, aunque el hecho no esté confirmado documentalmente, que ya en tiem­po remotísimo, antes de la penetración romana en nuestro país, se explotaban sus yacimientos ferrugíneos, y se elaboraba el hierro, aunque toscamen­te y por procedimientos rudimentarios. De que la zona minera de la provincia era conocida desde hace más de dos mil años, adquirimos convicción íntima en cuanto se lee a Estrabón, Plinio el mayor y Ptolomeo.</p>
<p>A través de sus textos y de los de otros historia­dores de la antigüedad, se puede asegurar que todos ¡os invasores de España, después de los griegos, (cartagineses, romanos, visigodos y árabes), se surtieron de armas y útiles elaborados en las Ferre­rías vascongadas.</p>
<p>Empero, lo interesante sería poder contestar con exactitud a las siguientes preguntas: ¿Cuándo empezó a extraerse, a fundirse y a elaborarse el hierro en Vizcaya? ¿Cuándo, dónde, y cómo, se instalaron las primeras Ferrerías? ¿Cuál fue el pro­ceso de su evolución en el País Vasco-Navarro?</p>
<p>Para poder responder con posibilidades de acierto no tenemos más remedio que intuir y con­jurar, pues sobre este tema no puede ser mayor nuestra penuria de informaciones.</p>
<p>La explotación del hierro no fue actividad ge­nuinamente indígena de nuestro país, ni surgió espontáneamente entre los primitivos pobladores de la región vasco-cantábrica, ocupada por Bardu­los, Caristios, Autrigones y Cántabros.</p>
<p>Estas tribus llegaron a conocer la fundición y elaboración del hierro por habérselo enseñado los Griegos, en las comunicaciones y relaciones directas con ellas entabladas, o las que pudieron soste­ner por mediación de las tribus celtíberas que se escalonaban a lo largo del curso del Ebro desde la Rioja, ocupada en los tiempos de la llegada de los griegos a España, por los Berones.</p>
<p>Los Griegos, fueron en efecto, los que propa­garon por toda la cuenca mediterránea la industria del hierro intensamente, si bien los Fenicios ya lo habían hecho antes en menor escala. El hierro fue estimado como metal precioso al comenzar su uti­lización, y se le destinaba a la fabricación de obje­tos de adorno. Esta industria tuvo su cuna en Asia Menor, de donde pasó a Egipto, transmitiéndose a través del Mediterráneo, muchos siglos antes de nuestra Era.</p>
<p>La abundancia de venas en la zona occidental de la actual Vizcaya, zona que en los albores de la historia peninsular perteneció seguramente a Can­tabria, ó estuvo dominada alternativamente por Cántabros y Autrigones, y la fácil obtención del carbón vegetal en las mismas montañas que ocul­taban el precioso metal, impulsaron e1 rápido desarrollo de la industria del hierro en la región poblada por aquellos pueblos organizados tribal­mente, y que conservaron tal organización mucho después de la penetración de los romanos en su abrupto territorio.</p>
<p>El hierro se elaboraba rudimentariamente en las Ferrerías primigenias, que estaban dotadas de ho­gar bajo, barquines y forja, y en las que trabajaban cuatro operarios, el tirador, llamado en vascuence «ifelía», dos fundidores denominados “urrallak” y el desmenuzador de la vena llamado «gazamalbía».</p>
<p>Estas primeras Ferrerías fueron emplazadas en las montañas, a la altura de los criaderos y lo más cerca posible de los bosques que suministraban combustible. Seguramente que se las instalaría en saledizos del terreno próximos a las vaguadas, por­que los arroyos se utilizaban para limpieza y temple.</p>
<p>Este tipo de Ferrerías, diseminadas en unos dos mil kilómetros cuadrados de territorio, existía ya cuando los romanos llegaron al litoral cantábrico, pero por ellos, precisamente, por haber introducido aquí los molinos de agua, se produjo la primera evolución, o más propiamente hablando, revolu­ción, en la industria ferrera; las Ferrerías empeza­ron a instalarse ew las orillas de los ríos, pero no a mucha distancia de los yacimientos, para servirse del agua plenamente como medio de transporte y como fuerza motriz para mover los barquines o fuelles, pues !a utilización del agua para mover los martinetes no comenzó hasta fines del siglo XV y comienzos del XVI.</p>
<p>Aquella primera transformación de la industria ferrera se debió producir seguramente en el siglo I de nuestra Era, al amparo de la Paz Octaviana, que no dejaría de influir también benéficamente en estas apartadas tierras que quizá entonces disfrutaran de una tranquilidad edénica. Ya en el siglo primero de nuestra Era, los molinos de agua estaban disemi­nados por todo el territorio italiano.</p>
<p>Recuérdese aquí, la que antes he dicho sobre el emplazamiento de esta vega, próximos a la cual se encuentran los montes más ricos en mineral de todo el norte de España, en los que el hierro -se encontraba entonces a flor de tierra; que son tres los ríos aprovechables en una extensión de muy pocos kilómetros cuadrados, que la salida al mar está cercana, y comprenderán los lectores que es natural y lógico colegir que las mejores Ferrerías vascas tuvieron que ser ubicadas, desde tiempo inmemorial, en el espacio comprendido entre el Cadagua, el Nervión y el Galindo, y que las riberas de cada uno de estos ríos sirvió de base a los em­plazamientos de sendas instalaciones ferreras.</p>
<p>Continuación de ellas puede considerarse que son, no sólo las fábricas del Carmen y de Santa Águeda, sino todo lo que crepita y llamea desde Burceña hasta Portugalete e ilumina la cuenca del Nervión y el Puerto del Abra, con ese fastuoso res­plandor que atrae todas las noches la atención de propios y extraños, y es un perenne testimonio de la laboriosidad baracaldesa, que tanto viene contri­buyendo a la recuperación y al engrandecimiento de la Nación desde hace veinte años.</p>
<p>Las Ferrerías, por conveniencias de su propia instalación y de la índole de su trabajo, se constru­yeron muy distanciadas unas de otras, y sin tener en sus proximidades núcleos de población impor­tantes. El mayor de toda la vega debió ser el for­mado en la desembocadura del Galindo, por las causas apuntadas por mí, de ser esta base, al pie de la «Punta», un centro de producción, comercial y portuario, de actividad extraordinaria.</p>
<p>Este núcleo de población más considerable de la Vega, que no contaba con más de cincuenta casas, se convirtió en Anteiglesia, al establecerse la organización eclesiástica del territorio, después de la evangelización del país, organización que tuvo como base, las jurisdicciones respectivas de los conventos jurídicos romanos.</p>
<p>El primer período de la historia de Baracaldo, de cuyo comienzo nunca podremos tener noticia, cuenta más de un milenio; el segundo comienza con la fundación de la Anteiglesia, y el tercero, que empieza al separarse la Anteiglesia de las En­cartaciones, por privilegio que le concedió el conde don Tello, podríamos decir que dura todavía, sino fuera tan importante para Baracaldo, como hito histórica y punto de partida de una época, la fun­dación de los Altos Hornos y la creación de la industria siderúrgica.</p>
<p>Antes y durante muchos siglos, la historia de Baracaldo es la de sus Ferrerías, las cuales alcan­zaron su máximo esplendor en los siglos XVII y XVIII, en los que le Anteiglesia estuvo también llena de fragores, de afanes, y de inquietudes.</p>
<p>Aunque las Ferrerías baracaldesas no tuvieran un origen tan remoto como el que por lo anterior­mente dicho pueda atribuírseles, aunque las más antiguas no contaran un milenio en la época de su desaparición, pudieron dar nombre al lugar de su emplazamiento, conforme a la etimología por mí aventurada, porque del nombre y origen de Bara­caldo no se supo nada de cierto hasta la época de la cristianización de Vizcaya, y en ella, antes o después de la creación de la anteiglesia, pudo muy bien formarse el vocablo designativo, por aglutina­ción de los términos que le forman: vascuence el uno y románico el otro.</p>
<h5 style="text-align: right;">Escrito por E. Calle Iturrino</h5>
</div>
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		<title>La Organización del territorio a través de las Ordenanzas de 1614</title>
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		<pubDate>Tue, 24 Mar 2009 06:20:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Si ya en los inicios del s. XV la ordenación territo­rial del concejo barakaldés aparece muy bien definida, lo mismo podemos afirmar del desarrollo demográfi­co, económico y urbano: una población escasa, con dedicación fundamental a la agricultura y urbanísticamente dispersa. Esta situación podemos prolongarla hasta mediados del siglo XIX cuando, en la zona del “Desierto”, [...]]]></description>
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<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/cartografia-5.jpg" class="floatbox" rev="group:172 caption:`cartografia-5`"><img class="alignright size-medium wp-image-369" title="cartografia-5" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/cartografia-5-300x251.jpg" alt="cartografia-5" width="300" height="251" /></a>Si ya en los inicios del s. XV la ordenación territo­rial del concejo barakaldés aparece muy bien definida, lo mismo podemos afirmar del desarrollo demográfi­co, económico y urbano: una población escasa, con dedicación fundamental a la agricultura y urbanísticamente dispersa. Esta situación podemos prolongarla hasta mediados del siglo XIX cuando, en la zona del “Desierto”, se ubique la primera siderurgia moderna.</p>
<p>Paralela a esta “ocupa­ción” del territorio debemos situar su “organización”. Organizar, entre otras acepciones, significa “regula­rizar” y tiene por objetivo establecer las normas bási­cas de funcionamiento de una comunidad tanto en sus relaciones internas (ordenanzas) como en lo con­cerniente a las comunidades vecinas (fueros). En nuestro caso nos referiremos al primero de los  objetivos basán­donos en las Ordenanzas que los vecinos de la Antei­glesia aprobaron y publicaron el 3 de Septiembre de 1614. Estas Ordenanzas fueron confirmadas el once de febrero de 1715 y, posiblemente, estuvieron vigentes hasta 1887 en que, siendo Alcalde D. Tomás Begoña Garay, se redactaron otras que en nada se parecen a las que comentamos ya que corresponden a otra problemática muy diferente a la recogida en siglos anteriores.</p>
<p>La importancia que tienen las Ordenanzas municipales es fundamental para acceder a la realidad social, económica y política del municipio afectado no sólo por lo que tienen de presentación de dicha realidad sino por las soluciones que aporta a la misma. En el caso de Barakaldo no son una excepción. Una anteiglesia cuya principal preocupación es el abastecimiento de los productos básicos (pan y vino), la protección de su escasa producción y con un fuerte contenido cristiano. En este sentido su problemática está muy alejada de la reflejada en las Ordenanzas de las próximas villas de Portugalete<a name="_ftnref1" href="http://www.mitxel.paulesbarakaldo.com/barakaldo/la-organizacion-del-territorio-a-traves-de-las-ordenanzas-de-1614/#_ftn1">[1]</a> o Bilbao.</p>
<p>El texto<a name="_ftnref2" href="http://www.mitxel.paulesbarakaldo.com/barakaldo/la-organizacion-del-territorio-a-traves-de-las-ordenanzas-de-1614/#_ftn2">[2]</a> que nos ha servido de referencia, íntegra­mente en castellano, es una copia mecanografiada en 1927 ante Notario. Contiene las Ordenanzas procla­madas en Regimiento Público (Justicia, Fieles, Regi­dores y vecinos) el 3 de Septiembre de 1614. Ellos mismos indican el motivo: “<em>por cuanto las Ordenanzas con que hasta al presente se había gobernado la Anteiglesia estaban tan rotas que no se podían ni leer, tenían necesidad de hacer ordenanzas nuevas</em>“. Se compone de dos párrafos (a modo de Introducción)  y 64 normas que no vienen organizadas temáticamente. En realidad son 62 porque los números 54 y 55 no figuran en el texto.</p>
<p>Difícil resulta determinar si estas ordenanzas son “nuevas” o son “trascripción” de las ya existentes. Nuestra opinión es que son originarias del primer tercio del siglo XVI, tras la publicación del Fuero Nuevo de Bizkaia. Por tanto, las de 1614 serían una “puesta a limpio” de las ya existentes desde entonces.</p>
<p>Las Ordenanzas, junto a la documentación principal de la anteiglesia, se guardaban en la Parroquia de San Vicente depositadas en un arca de doble llave en manos de los fieles y del secretario.</p>
<p>Señaladas estas cuestiones, vayamos al texto que, como he indicado con anterioridad, no tiene un orden estrictamente temático. Por ello, el conjunto de las ordenanzas las hemos agrupado en seis gran­des apartados que hacen referencia a los problemas que tratan de paliar y las sanciones que conlleva su incumplimiento: 1) Reglas para la elección de las autoridades y sus obligaciones, 2) Reglas para evitar abusos en el ejercicio de algunos oficios o desempe­ñarlos mejor, 3) Reglas para prevenir robos o malos usos, 4) Reglas para preservar la salud pública, 5) Reglas para mantener la religiosidad y 6) Sanciones.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Preámbulo</span></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong></p>
<p>Ya hemos indicado que consta de dos párrafos. En el primero se “hace público y notorio” el objetivo del texto (”Ordenanzas”), el lugar donde se hacen públicas (”Casa del Ayuntamiento de la anteiglesia de San Vicente de Barakaldo”), la fecha (”tres días del mes de septiembre de mil seiscientos y catorce”), quiénes lo hacen (”después de haber llamado a Regimiento Público”) y el procedimiento de la convocatoria (”tocado la campana”).</p>
<p>En el segundo párrafo se perfilan los componentes del Regimiento Público y el motivo por el que se redactan estas nuevas Ordenanzas. Los apellidos de los fieles, regidores y vecinos asistentes son una muestra del poder “fáctico” de la anteiglesia: Landaburu, Zaballa, Estrada, Palacios, Escauriza, Beurco, Retuerto, Uriarte… El motivo de la nueva redacción es claro: “Las Ordenanzas con que hasta el presente se había gobernado la anteiglesia estaban tan rotas que no se podían ni leer, tenían necesidad de hacer ordenanzas nuevas”.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">1.         Reglas para la elección de las Autoridades y sus obligaciones </span></strong></p>
<p>La Anteiglesia, en principio, se rige bien a través del REGIMIENTO PÚBLICO (asisten la Justicia, el Ayuntamiento o Regi­miento y los vecinos que lo deseen) o del REGIMIEN­TO RESTRINGIDO (Ayuntamiento y algunos vecinos). Para la elaboración de estas Ordenanzas, por ejem­plo, se convoca “a toque de campana” a Regimiento Público (Art. 2). Para la elección de las autoridades, sin embargo, se convoca el Regimiento Restringido. Esta situación nos muestra que la realidad de la gestión munici­pal está en manos de unos pocos apellidos que vie­nen a coincidir plenamente con los viejos linajes medievales. Vayamos por partes:</p>
<p>1.1. <span style="text-decoration: underline;">Forma de elección</span>: tras ser convocados a “toque de campana”, se reúnen el día 1 de Ene­ro las autoridades del año anterior con algunos veci­nos importantes. Los regidores salientes escriben los nombres de los candidatos en sendos papelitos que se introducen en un cántaro. Sin indicar quién hace la extracción (en 1840 será un niño de tierna edad) se dice que los tres que primero salen son nombrados regidores primeros y los tres siguientes, regidores se­gundos. La elección queda confirmada cuando juran el cargo en el pórtico<a name="_ftnref3" href="http://www.mitxel.paulesbarakaldo.com/barakaldo/la-organizacion-del-territorio-a-traves-de-las-ordenanzas-de-1614/#_ftn3">[3]</a> de la Iglesia de San Vicente (Art. 1).</p>
<p>1.2. <span style="text-decoration: underline;">Duración del cargo</span>: un año. Para poder ser propuesto o salir elegido de nuevo deberán pasar, al menos, tres años (Art. 53).</p>
<p>1.3. <span style="text-decoration: underline;">Obligaciones</span>: debemos suponer que estos cargos no eran, en principio, remunerados o, al menos, nada se dice de ello en las Ordenanzas. Por tanto, los elegidos debían ser personas que dispusie­sen de tiempo y bienes. Nada tiene, pues, de extraño que los apellidos que aparecen para desempeñar los cargos públicos fuesen de personas “pudientes” que, de forma directa o indirecta, presentarían candidatos “afectos”.</p>
<p>Porque las obligaciones que tenían no eran pocas: asistir al regimiento o asamblea, si están presentes en el pueblo (Art. 2); llevar bien cumpli­mentados dos libros de registros vecinales a fin de poder cobrar los impuestos correspondientes: uno con las personas nacidas en el Señorío y otro con quienes no lo eran (Art. 3); afinar bien las medidas y balanzas de la anteiglesia de acuerdo con el afinador del Señorío para que se pudiesen cotejar con las que utilizaban los taberneros, molineros,  panaderos y carniceros (Arts.4 y 28); marcar debidamente las medidas de medio azumbre, cuartillo y medio cuartillo  que utilizan los taberneros y taberneras (Art.6); tener medidas oficiales de media fanega, emina, celemín y medio celemín para cotejarlos con los utilizados por los asoqueros y asoqueras para medir el trigo; igualmente un cuévano (cesto grande) para la medida de manzanas (Arts. 19 y 25); fijar los pre­cios del vino (Arts.5 y 10), de la sidra (Art. 18) y del trigo (Art. 31) de acuerdo con lo usado en las anteiglesias del entorno; ver, revisar y arreglar los caminos reales; comprobar que el peso del pan es el correcto y que los panaderos ponen en él su marca (31); ver, revisar, levantar acta y arreglar los caminos reales de la anteiglesia (Art. 30); visitar las presas de los molinos, ver correción de sus pesas y balanzas (Art. 31); atender las denuncias por robos, hacer la correspondiente investigación y comunicarlo al señor Corregidor (Art.39); controlar que todos los vecinos tengan una huerta de berzas, puerros y hortalizas (Art.40) y, por último, guardar una de las dos llaves del arca donde están depositados diversos documentos (Art. 63).</p>
<p>1.4. <span style="text-decoration: underline;">Custodia de documentación</span>: las Ordenanzas se debían guardar en un arca junto con las hidalguías y naturalezas de los vecinos, así como los decretos, recados y papeles correspondientes a la anteiglesia (Art. 63).</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">2.         Reglas para evitar abusos en el ejercicio de algunos oficios o desemplearlos mejor</span></strong></p>
<p>Si tenemos en cuenta el número de ordenan­zas relativas a este asunto debemos pensar que ésta es la preocupación central de los vecinos barakaldeses. Y de entre estos oficios, dos sobresalen extraordinariamente: los taberneros y los vendedores de trigo o asoqueros o, lo que es lo mismo, los relacionados con la base alimentaria de la población: el trigo y el vino<a name="_ftnref4" href="http://www.mitxel.paulesbarakaldo.com/barakaldo/la-organizacion-del-territorio-a-traves-de-las-ordenanzas-de-1614/#_ftn4">[4]</a>. Como primera referencia indicaremos los oficios y el número de ordenanzas que hacen referencia a cada uno de ellos: taberneros/as (18), asoqueros/as (7), carniceros (2), panaderos (3), carboneros (1), carreteros (1) y mujeres “mundanas” (sic) (1).</p>
<p>Veamos lo que se nos dice de cada uno de ellos, los abusos más frecuentes y las medidas que se toman para paliarlos.</p>
<p>2.1. <span style="text-decoration: underline;">Respecto a los taberneros y taberneras</span> (18 ordenanzas)<a name="_ftnref5" href="http://www.mitxel.paulesbarakaldo.com/barakaldo/la-organizacion-del-territorio-a-traves-de-las-ordenanzas-de-1614/#_ftn5">[5]</a>.</p>
<p>Las preocupaciones que reflejan las ordenanzas se refieren, sobre todo, a tres cuestiones: proteger la producción local de la competencia de los vinos foráneos, vigilar las medidas que utilizan los taberneros y controlar los precios. A estas preocupaciones se añaden otras relacionadas con la evitación de abusos (mezclas, horarios…). El tema de las tabernas es de suma importancia y así se refleja en el número de ordenanzas que contienen las Ordenanzas. Para lograr lo propuesto, se establecen las siguientes normas:</p>
<p>►Cualquier vecino o vecina puede com­prar y vender vino, sidra, grasa, aceite, pescado o cualquier otro mantenimiento siempre que lo haga al precio marcado por los regidores (Arts. 5, 10 y 18);</p>
<p>► Las únicas medidas que tendrán, debi­damente marcadas, serán las de media azumbre, cuartillo y medio cuartillo y no podrán ser otras (Arts. 6, 7 y 8);</p>
<p>► Están obligados a tener vino, pan y demás mantenimientos para el consumo de los compradores (no para que éstos lo reven­dan) (Art. 9); si comprasen pan a los panaderos para sus tabernas debe­rán venderlo al mismo precio de coste (Art.60);</p>
<p>► Para comprar vinos (se cita los de Rivadavia) que vengan de fuera por la ría hasta la Torre de Lutxana deberán esperar tres días para dar opción de compra a cualquier vecino de la Anteiglesia o de las de Erandio, Deusto, Begoña y Abando (Art.11); desde el día de San Martín (11 de noviembre) en adelante no se pueden vender vinos foráneos (se citan los de Riva­davia, blanco de Castilla y tinto de Toro y Rioja) hasta que no se haya vendido el cosechado en la anteiglesia “<em>porque </em><em>en ella se produce mucha cantidad de vinos” </em>(Art.12);</p>
<p>► El día de San Martín en el pórtico de la iglesia de San Vicente se pondrán los precios al vino de la cosecha de la antei­glesia a tenor de los precios puestos en Sestao, el Valle, Abando y Deusto (Art.13);</p>
<p>► Para un mayor control y una mejor distribución se determina que existan cuatro tabernas en la anteiglesia correspondiendo cada una a varios “barrios”. La distribución realizada es la siguiente: una sola taberna para los barrios de Landaburu, Zaballa, Rájeta, Ugarte, Arteagabieta y Vitoricha, otra para Retuerto, Amézaga, Herrería de Abajo y Labrostegui; otra en el barrio de Parcheta por ser camino real; y otra para los lugares de Yrauregui, Sasia y Goicoechea (Art.14);</p>
<p>► El vino que no se venda en la anteiglesia podrá venderse fuera, previa licencia (Art.15); los taberneros, una vez que hayan comprado el vino a los dueños locales, si necesitasen más y estos no tuvieren, podrán traerlo de fuera y venderlo (Art.16);</p>
<p>►Prohibido tener dos recipientes abiertos al mismo tiempo ni echar agua, ni sidra ni otro vino encima (Art.17);</p>
<p>►No se puede servir vino ni otros mantenimientos por la noche ni antes de oír misa los días de Pascua, Domingos o festivos (Art. 27);</p>
<p>►Además se indica que los dueños de vinos o arrendatarios deben enviar, después de Nuestra Señora de Agosto (día 15), su “hombre apreciador” o “diezmero” para ver y apreciar la cosecha de manzana (Art.43). El objetivo de esta medida no es otro que reservar el diezmo, “<em>aunque luego se pudra</em>“; los diezmeros deben hacer esta tarea delante de dos testigos (Art. 44).</p>
<p>2.2. <span style="text-decoration: underline;">Respecto a los vendedores y vendedoras de trigo</span> (7 ordenanzas)<a name="_ftnref6" href="http://www.mitxel.paulesbarakaldo.com/barakaldo/la-organizacion-del-territorio-a-traves-de-las-ordenanzas-de-1614/#_ftn6">[6]</a>.</p>
<p>Es el segundo “oficio” al que más ordenanzas se le dedican. El término que se emplea en las Ordenanzas es el de “asoqueros-as”. Estos “asoqueros” compran el trigo a los mulateros y luego lo venden a los vecinos y a los panaderos. Las varias ordenanzas hacen referencia a los precios (dependiendo de su origen pues no hay producción en la anteiglesia) y a las medidas que se deben utilizar.</p>
<p>►Las más importantes hacen referencia a que cuando un asoquero negocia el precio del trigo con un mulatero no puede entrometerse un tercero (Art. 20); si el trigo se compra en Orduña puede revenderse cargando tres maravedíes por fanage y si se compra en Valmaseda únicamente dos y medio (Art. 24); deben com­prar el trigo a los mulateros delante de dos testigos para que vean el precio de compra momento en el que no puede otro entrometerse (Art. 26).</p>
<p>►Estaba terminantemente prohibido mezclar dos tipos de trigo para revenderlo posteriormente (Art.21); se prohíbe revender­lo cargando más de ocho maravedíes al precio paga­do por cada fanega de trigo, salvo si en el momento de la negociación lo desee comprar directamente algún vecino (en este caso sólo se puede cargar cuatro meravedíes) aplicándose lo mismo si la compra se hace en algún mercado circundante (Arts. 22 y 23);</p>
<p>►Todos ellos debían tener varias medidas (a “cuenta del erario público”) compulsadas con las oficiales y debidamente sella­das. Respecto al trigo se señalan la media fanega, la emina, el celemín y el medio celemín. Para las manza­nas únicamente se indica la obligación de tener un cuévano (cesto grande) (Art. 25).</p>
<p>2.3. <span style="text-decoration: underline;">Respecto a los carniceros</span> (2)<a name="_ftnref7" href="http://www.mitxel.paulesbarakaldo.com/barakaldo/la-organizacion-del-territorio-a-traves-de-las-ordenanzas-de-1614/#_ftn7">[7]</a> <span style="text-decoration: underline;">y panaderos</span> (3)<a name="_ftnref8" href="http://www.mitxel.paulesbarakaldo.com/barakaldo/la-organizacion-del-territorio-a-traves-de-las-ordenanzas-de-1614/#_ftn8">[8]</a>.</p>
<p>►De los carniceros, se indica que debía haber una carnicería en el lugar más adecuado, con balanza y pesas afinadas y cotejadas por el afinador del Seño­río (Art.28) y que se debe dar carne “<em>antes a los vecinos que a los de fuera</em>” (Art.29).</p>
<p>►De los panaderos únicamente se indi­ca que deben hacer pan con sus señales y peso correspondiente (Arts.31 y 64) y que no se amase en días de fiesta o domingos (Art.33). En los hornos de la anteiglesia está prohibido “asar manzanas” intentando con ello que “<em>los vecinos no se dediquen a robarlas</em>” (Art. 34).</p>
<p>2.4. <span style="text-decoration: underline;">Respecto a los carboneros</span> (1), <span style="text-decoration: underline;">carreteros</span> (1), <span style="text-decoration: underline;">viticultores</span> (1) y <span style="text-decoration: underline;">mujeres “mundanas”</span> (1).</p>
<p>►Respecto al trabajo de los carboneros úni­camente se indica que dejen las cenizas en agujeros y cuevas para que no se los lleven los ganados ni el agua (Art.52). El trabajo de estos carboneros está directamente relacionado con las ferrerías asentadas en las riberas del Cadagua y Galindo. Sorprende la inexistencia de ninguna Ordenanza relacionada directamente con la actividad de las ferrerías y molinos cuando esta actividad estaba suficientemente consolidada.</p>
<p>►A los carreteros (vecinos o extranjeros) se les obligaba a transitar con sus carros o tablas por fuera de las calzadas para que no se estropeen y dejen tranquilos a los vecinos (Art.62). Para ellos tenían sus propios caminos que, por lo que se ve en Actas posteriores municipales, estaban en bastan­te mal estado.</p>
<p>►Los viticultores (o “quienes se dediquen a robar uva”) deben vender la uva en la propia anteiglesia siéndoles prohibido hacerlo en Bilbao y otras partes (Art. 35).</p>
<p>►Por último aparece una ordenanza rela­tiva a las llamadas mujeres mundanas (sic) en la que se indica textualmente que aquellas “<em>que no sean vecinas y naturales de la anteiglesia sean echadas </em><em>de ella para evitar escándalo y otros inconvenientes</em>” (Art.61).</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">3.         Reglas para prevenir robos o malos usos</span></strong></p>
<p>El conjunto de ordenanzas que hacen referencia al tema de los robos es bastante importan­te. Partiendo del hecho de que, normalmente, nadie “roba por robar” debemos suponer que si se hace es, más bien, por necesidad. A través, pues, de algunas de estas ordenanzas podemos calibrar las principales necesidades que incidían en la vida diaria de los veci­nos de la anteiglesia o de concejos próximos. Agru­pamos estos hechos en unos cuantos ámbitos:</p>
<p>3.1. <span style="text-decoration: underline;">Apropiación de tierras</span>. Por lo indicado en una de las ordenanzas existían muchas tierras del común que estaban sin labrar y muchos dicen que son suyas no permitiendo trabajarlas. Para solucionar el problema se da un año para que cualquier vecino las pueda cercar y labrar sin impedi­mento alguno (Art.36). Todavía a mediados del siglo XIX la solicitud de tierras para labrar es un tema que con bastante frecuencia se encuentra en las Actas Munici­pales, lo cual nos muestra que el asunto no había quedado suficientemente solucionado aún cuando las razones sean diferentes (en este caso “concesiones mineras o relacionadas con ello”. En otra orde­nanza se hace referencia a los vecinos de Saracho a quienes se prohibe cerrar tierras de labrantío ni bal­días. En este caso, además de la multa correspon­diente, se permite a cualquier vecino de Barakaldo quitar las cercas (Art. 49).</p>
<p>3.2. <span style="text-decoration: underline;">Apropiación de forrajes para el ganado</span>: pas­tos, hierba. Costumbre que en lo referente a la hier­ba, según la ordenanza 38°, afecta a los mozos y mozas de Somorrostro a quienes se prohíbe tajante­mente seguir con la práctica de llevarsela tanto de las huertas como de los terrenos cercados sin autorización de sus dueños. El tema de los pastos es más complejo y está mucho más protegido, lo cual nos muestra la cierta importancia que tenía la gana­dería: de momento se prohíbe a los vecinos de Saracho (Güe­ñes) y Somorrostro echar ganado a los montes de la anteiglesia bajo la amenaza de una buena multa y la apropiación de los ganados (Art.50). Con ello se intenta pro­teger la zona más alta de los montes circundantes para el ganado propio. Más aún, se permite dar fuego a los montes y sierras, cuando fuese necesario, para obtener más pastos (Art.51).</p>
<p>3.3. <span style="text-decoration: underline;">Apropiación de materiales varios</span>: juncos y leña. Relativo a la junquera de Ansio (muy amplia en el momento) se indica que ningún vecino puede cortar juncos hasta que no pase el día de San Juan de junio. El infractor, además de la multa correspondiente, perderá la carga (Art. 48). El tema de la tala de leña tiene otras connota­ciones de suma importancia y que nos muestran otras actividades no citadas en ningún otro lugar. Las Orde­nanzas 46 y 47 nos hablan de ello. En principio se permite cortar leña de los montes bortales (madroños) a los vecinos para sus casas, cierres, caleros y artícu­los necesarios. Sin embargo, se prohíbe su tala para venderla en Bilbao o Portugalete bien recién cortada o bien trasformada en <em>“palanquiellas, palancas y </em><em>ramo­</em><em>nas”. </em>La multa no sólo afecta al cortador de la made­ra sino incluso al batelero que la transporta (Art.46). Lo más curioso es la razón de tal prohibición: “<em>porque pierden mucho los montes y su madera está </em><em>arrendada </em><em>a los dueños de las herrerías de la anteiglesia</em>“. Más aún, la Ordenanza 37 indica que los meses de Diciembre, Enero y Febrero se deben dedicar a plantar árboles cumpliendo las órdenes del Rey y de su capitán responsable de conservarlos D. Agustín de Ojeda. Se trata de proteger, por tanto, dos actividades: los caleros y las ferrerías que, como bien es sabido, precisaban de esta fuente de energía para su funcionamiento (Art.37).</p>
<p>3.4. <span style="text-decoration: underline;">Apropiación de alimentos</span>: se señalan: man­zanas (para que no se roben se prohíbe que se asen en los hornos de la Anteiglesia) (Art.34), uvas (se prohíbe ven­der uva en Bilbao tanto de quienes la obtengan de su viña como de quienes la roben) (Art.35) y castañas (para que no se roben se prohíbe ir por debajo de los castaños ajenos con picachos ni pértigas hasta que los dueños no lo hayan hecho) (Art.42).</p>
<p>También aparecen, de forma conjunta (Art. 40), higos, hortalizas, manzanas, car­neros, cabritos, gallinas, lechones y otras cosas: todo esto, se señala de golpe, es materia de robo de los mozos y mozas de noche y de día.  Para solucionar­lo se sugieren dos remedios: uno es que los fieles regidores atiendan las denuncias, hagan las corres­pondientes investigaciones y lo pongan en conoci­miento del Corregidor. En segundo lugar, citado textualmente “<em>que todos los vecinos </em><em>deben </em><em>tener para su consumo una huerta de berzas, puerros y otras hortalizas</em>“.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">4.         Reglas para preservar la Salud Pública</span></strong></p>
<p>Existen referencias a dos únicos aspectos que hemos querido englobar bajo este epígrafe. La inexistencia de un núcleo urbano, la dispersión del caserío y las actividades humanas quedan, no obstante, bien refle­jadas.</p>
<p>►Preocupa la existencia de lobos en los alrede­dores y por ello se obliga a los vecinos a asistir a las batidas cuando hubiese sospecha de su presencia (Art. 32) y se prohíbe tener lobos o lobillos, vivos o muertos, en las casas (Art. 45).</p>
<p>►Igualmente se refleja determinada enfermedad de los ganados que, por lo visto, debía ser peligrosa para el resto de los ani­males: “los <em>ganados </em>que mueran de la enfermedad <em>de Punson sean quemados y enterrados inmediata­mente”</em> (Art.41)<em>. </em>Seguramente se trata de una enfermedad que afecta a los intestinos de los ganados y, por tanto, les imposibilita para el consumo humano.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">5.         Reglas para mantener la Religiosidad</span></strong></p>
<p>No ocupa demasiado espacio en las ordenanzas pero no por ello deja de ser significativo de la mentalidad y de los problemas. Sería absurdo negar la importancia que la práctica religiosa desem­peñaba en aquellos tiempos no sólo como expresión de la relación personal y grupal con Dios sino como marco social en el que se desarrollaba la vida diaria. El término anteiglesia no indica únicamente un espa­cio de reunión sino toda una simbología mítico-religio­sa: las gentes no sólo ocupaban un espacio útil para sus reuniones sino que lo hacían después de haber celebrado algún acto religioso; es decir que, cuando necesitaban tomar decisiones, además de encontrar cobijo físico buscaban el amparo de Dios. Las mismas ordenanzas nos indican que la toma de posesión de las autoridades se hace en el (cimiterio) pórtico de la Iglesia de San Vicente tocando la cruz mayor de la dicha Iglesia.</p>
<p>Además de esta referencia tres son las Ordenanzas que hablan del tema y lo hacen en aspectos suma­mente significativos: la misa, las procesiones y el tra­bajo festivo. La obligación de oír misa todos los Domingos y festivos afecta a todos los vecinos, que deben no sólo asistir personalmente sino también enviar a sus hijos y criados mayores de catorce años (Art.56). La misma obligación tiene cada casa de enviar para las procesiones a un mayor de doce años (Art.57). Cabe suponer que se refiere a las procesiones de las fiestas patronales, semana santa, cofradías de las diversas ermitas… Resaltar que la obligación de asistir a las procesiones atañe no a las personas (como el ir a misa) sino a las casas u fogueras. La última de las obligaciones se refiere a determinado trabajo porque no se citan otros sino el de “cargar o echar <em>albarda </em>a <em>ninguna </em>bestia en <em>Domingo o </em>festivo” (Art.58).</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">6.-        Sanciones</span></strong></p>
<p>Señalábamos en algún momento anterior que nuestro punto de partida era considerar esta regla­mentación como una forma práctica de salir al paso de los abusos frecuentes en la anteiglesia. Lo que hemos visto no es otra cosa que intentar dar solución a dichos abusos. Sin embargo, los legisladores no se quedaron con formular buenos deseos. Prácticamente todas las Ordenanzas vienen acompañadas de las correspondientes sanciones. Por eso vamos a detenernos brevemente en este punto. Las sanciones podemos agruparlas en “pecuniarias”, “en especie” y “otras”.</p>
<p>6.1. <span style="text-decoration: underline;">Sanciones pecuniarias</span>: las multas pecuniarias son normalmente de 204, 408 ó 612 maravedíes, aunque existen algunas otras cantidades. En el siglo XVII el maravedí equivalía a unas 2 pesetas de 1972 y el sueldo medio de un trabajador era de unos 162 maravedíes. Si tenemos esto en cuenta la más corriente de las multas (408) equivalía a algo más del jornal de dos días.</p>
<p>Más en concreto se seña­lan las siguientes sanciones pecuniarias:</p>
<p>► 2 ducados: para quien tenga en casa lobo o lobillo, vivo o muerto (Art. 45).</p>
<p>► 1 real: para quien no plante los árboles que debe (Art. 37).</p>
<p>► 6 reales: para quien no asistiese a la batida de lobos o mandase un criado en su nombre (Art. 32).</p>
<p>► 110 maravedíes: para los mozos y mozas de Somorrostro que se lleven hierba de la anteiglesia para sus ganados (Art. 38).</p>
<p>► 204 marave­díes: para los fieles y regidores que no asistan al Regimiento público (Art. 2); para los asoqueros o asoqueras que se entrometan en la compra de trigo a los mulateros cuando lo está haciendo otro (Art. 20); para los asoqueros o asoqueras que mezclen dos trigos para revenderlos (Art. 21); para los asoqueros y asoqueras que no permitan a un vecino comprar directamente el trigo a los mulateros a un precio inferior (Art. 22); para los carniceros que no vendan carne antes a los de casa que a los foráneos (Art. 29); para quienes asen manzanas en los hornos de la anteiglesia (Art. 34); para quienes vendan uva en Bilbao (Art. 35); para quienes no tengan un huerta de berzas, puerros y otras hortalizas (Art. 40); para quienes anden con pértigas por debajo de los castaños antes de que el dueño los haya vareado (Art. 42); para los vecinos que no vayan a misa los días de precepto o no envíen a sus hijos o criados (Art. 56); para las casas que no envíen a una persona mayor de doce años a las procesiones (Art. 57); para los vecinos que carguen caballerías en días de fiesta (Art. 58); para los taberneros o tabeneras que vendan pan a más precio que el de coste (Art. 60).</p>
<p>► 208 maravedíes: para quienes amasen en domingos o días de fiesta (Art. 33).</p>
<p>► 300 maravedíes: para los carreteros que pasen por las calzadas (Art. 62).</p>
<p>► 400 maravedíes: para los vecinos de Saracho o Somorrostro que echen ganado en los montes y ejidos de la anteiglesia (Art. 50).</p>
<p>► 408 maravedíes: para los taberneros o taberneras que vendan vino sin solicitar el precio o lo vendan más caro del prescrito (Art. 5); para los taberneros o taberneras que no tengan las medidas ordenadas (Art. 6); para los taberneros o taberneras que no usen exclusivamente dichas medidas (Art. 7); para los taberneros o taberneras que tengan otras medidas (Art. 8); para los taberneros o taberneras que no tengan a la venta vino, pan y otros mantenimientos (Art. 9); para los taberneros o taberneras que no vendan el vino al precio fijado por los fieles regidores (Art. 10); para los taberneros o taberneras que no respeten tres días antes de comprar vino procedente de Rivadavia (Art.11); para los taberneros o taberneras que vendan vino foráneo antes de San Martín (Art.12); para los taberneros o taberneras que tengan dos recipientes de vino abiertos o lo mezcle con agua, sidra u otro vino (Art. 17); para quien venda sidra a otro precio que el marcado por los regidores (Art. 18); para los vecinos de la tierra o Somorrostro que que corten leña para llevar fuera de la Anteiglesia (Art. 47); para los vecinos que corten juncos en la junquera de Ansio con anterioridad al día de san Juan (Art. 48); para los carboneros que no dejen las cenizas en agujeros y cuevas (Art. 52); para quien sea propuesto o acepte ser regidor si no han transcurrido tres años desde que lo fue (Art. 53).</p>
<p>► 412 maravedíes: para quien no cargue al precio del trigo comprado en Orduña o Balmaseda lo prescrito (Art. 24); para los asoqueros y asoqueras que no tengan las medidas ordenadas (Art. 25); para los asoqueros o asoqueras que no compren el trigo delante de dos testigos (Art. 26); para los taberneros y taberneras que trabajen los días de Pascua, domingos, festivos o por la noche (Art. 27); para los carniceros que no tengan las medidas adecuadas y bien afinadas (Art. 28).</p>
<p>► 600 maravedíes: para las mujeres mundanas que no siendo de la Anteiglesia permanezcan en ella (Art. 61).</p>
<p>► 612 maravedíes: para quienes apliquen al trigo un precio superior al permitido traído de los mercados circundan­tes (Art. 23); para los Regidores que no revisen la situación de los caminos reales y no tomen las medidas oportunas para su reparación (Art. 30); para los panaderos que no hagan el pan con el peso adecuado y sin su marca (Art. 31); para el Regidor si no atiende las denuncias por robos (Art.39); para quienes no entierren los animales muertos de Punson (Art. 41); para quienes vendan productos por encima de lo mar­cado por los regidores (Art. 59).</p>
<p>► 1.000 maravedíes: para quien venda vino fuera de la anteiglesia habiendo compradores o sin licencia (Art. 15); para quienes corten leña para venderla en Bilbao o Portugalete (Art. 46); para los bateleros que transporten leña a Bilbao o Portugalete (Art. 46); para los vecinos de Saracho que cerquen tierras (Art. 49).</p>
<p>►10.000 maravedíes: para el Regidor que no comprobase que todos los vecinos tengan una huerta de berzas, puerros y otras hortali­zas (Art. 40).</p>
<p>6.2. <span style="text-decoration: underline;">Sanciones en especie</span>: las sanciones se refieren a</p>
<p>► perder los vinos y subastarlos (Art.12).</p>
<p>► perder la leña cortada (Art. 46).</p>
<p>► perder la carga de juncos cortados en Ansio antes de San Juan de Junio (Art.48).</p>
<p>► quitar las cercas que se han colocado ilegalmente (Art. 49).</p>
<p>► quedarse sin ganado los vecinos de Güeñes y Somorrostro si lo echan a los montes de la anteiglesia (Art. 50).</p>
<p>► perder el pan que se haga sin el peso oportuno o sin las señales correspondientes y dado a los pobres (Art. 31).</p>
<p>6. 3. <span style="text-decoration: underline;">Otras sanciones</span>:</p>
<p>► privar al tabernero del ejercicio del oficio por mezclar vinos, echar agua o sidra al vino (Art. 17).</p>
<p>►sancionar al infractor a tenor del Fuero por dar fuego al monte o sierras excepto si es para lograr pastos (Art. 51).</p>
<p>►pagar los daños hechos a terceros por el contagio de ganado enfermo de Punson (Art. 41).</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">7.-        Aplicación de las sanciones</span></strong></p>
<p>¿Qué se hacía con el importe de las multas? Las Ordenanzas marcan en cada caso su aplicación. Lo más frecuente es dividirlo en tres partes para lo cual las cifras más frecuentes (204, 408 y 612 maravedíes) eran muy adecuadas. El reparte ordinario era dedicar un tercio para reparar caminos, otro tercio para el acusador y otro tercio para el regidor que ejecutase la sentencia. En RESUMEN: los dineros provenientes de las multas iban a parar al arreglo de caminos, al denunciante, al justicia y, en algunos casos, a la iglesia de San Vicente.</p>
<p>► Un tercio para reparar caminos, otro tercio para el acusador y otro tercio para el regidor que ejecutase la sentencia (Art. 5) (Art. 6) (Art. 7) (Art. <img src='http://www.ezagutubarakaldo.net/es/wp-includes/images/smilies/icon_cool.gif' alt='8)' class='wp-smiley' /> (Art. 9) (Art. 10) (Art. 11) (Art. 12) (Art. 14) (Art. 15) (Art. 18) (Art. 20) (Art. 22) (Art. 23) (Art. 24) (Art. 25) (Art. 26) (Art. 27) (Art. 28) (Art. 29) (Art. 30) (Art. 31) (Art. 33) (Art. 34) (Art. 35) (Art. 38) (Art. 39) (Art. 41) (Art. 42) (Art. 46) (Art. 47) (Art. 48) (Art. 49) (Art. 50) (Art. 53) (Art. 59) (Art. 60) (Art. 61)</p>
<p>► Dos tercios para reparar caminos y un tercio para los regidores que asistiesen al Regimiento público (Art. 2)</p>
<p>► El pan requisado (sin peso establecido o sin la señal correspondiente) irá a las personas pobres necesitadas de la anteiglesia (Art. 31) (Art. 64)</p>
<p>► La suma total irá para la obra de San Vicente (casos relativos al cumplimiento de asistir a misa, procesiones o trabajar en festivo) (Art. 56) (Art. 57) (Art. 58)</p>
<p>► La suma total (10.000 maravedíes) va a parar a reparar caminos. Está relacionado con el no cumplimiento por parte de un regidor de la obligación de procurar que cada vecino tenga huerta (Art. 40)</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Conclusiones</span></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong></p>
<p>Tras el análisis de las Orde­nanzas de 1614, que permanecen vigentes segura­mente unos dos siglos, finalizamos con una serie serie de puntos a modo de conclusión.</p>
<p>1. Partiendo del hecho de la proximidad de las villas de Bilbao y Portugalete (con privilegios recogi­dos en sus cartas de población), el desarrollo de la anteigle­sia viene muy mediatizado por la territorialidad, el poderío e intereses de ambas. Todo intento de crear espacios intermedios similares se verá rápidamente frustrado, incluso mediante la violencia.</p>
<p>2. Como consecuencia se irá configurando una sociedad de índole rural, y en cierta medida, supeditada a paliar los problemas de abastecimiento de las citadas villas.</p>
<p>3. Por ello, la organización del territorio seguirá unas pautas derivadas de dicha situación que pode­mos resumir en las siguientes: influjo profundo de los poderosos intereses de la nobleza castellana, primero los Ayala y luego los Fernández de Velasco. Control de los mecanismos de poder locales por parte de los linajes “fundadores” o de sus descendientes (Landa­buru, Zaballa, Tellitu, Escauriza, Beurco, Retuerto, Larrea, Salcedo, Aranguren…). Una organización municipal controlada férreamente por los “fieles regi­dores” elegidos permanentemente por los linajes anteriores y entre fieles suyos. Una reglamentación interna que nos muestra una sociedad eminentemente rural, con problemas graves de autoabastecimiento, religiosa y muy jerarquizada.</p>
<p>4. Por último, indicar que todos estos mecanismos y realidades se vendrán abajo de forma bastante repentina cuando en el último tercio del siglo XIX se inicie la explotación masiva del mineral de hierro y, con ello, la exportación, los ferrocarriles, la implanta­ción de fábricas, la inmigración…; estamos ante una nueva realidad que llegará intacta hasta tiempos bien recientes. Sólo entonces la anteiglesia sufrirá una trasformación tan profunda que todo lo indicado en estas páginas pasará a ser patrimonio exclusivo de la historia.</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">A modo de Epílogo</span></strong></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong></p>
<p>Un espacio bordeado por las aguas del Nervión, Cadagua y Castaños-Galindo, acunado por los Mon­tes de Triano. Un territorio de origen autrigón sobre el que van dejando sus huellas celtas y romanos, tenen­tes navarros y feudales castellanos. Una sociedad adicta a la devoción de San Vicente y Santa Águeda, acostumbrada al paso de peregrinos camino de San­tiago, al silencio Carmelitano del Convento del Desier­to y a la mano recaudadora de los Mercedarios de Burceña. Una economía agraria y ferrona controlada, desde sus casas-torre, por los intereses de los pode­rosos señores castellanos y los linajes del lugar…</p>
<p>No hay que llegar a los procesos industriales de finales del s. XIX para observar las múltiples inciden­cias que han ayudado a conformar el espacio del con­cejo y a modelar la forma de ser del barakaldés y de la barakaldesa.</p>
<p>Esta anteiglesia ha sido, desde sus orígenes, un territorio de acogida, de tolerancia, de convivencia… Continuar con esta trayectoria es lo que a nosotros, hombres y mujeres de Barakaldo, nos encomienda hoy la historia.</p>
<hr size="1" /><a name="_ftn1" href="http://www.mitxel.paulesbarakaldo.com/barakaldo/la-organizacion-del-territorio-a-traves-de-las-ordenanzas-de-1614/#_ftnref1">[1]</a> Un estudio de las Ordenanzas de Portugalete en el siglo XV puede verse en “Lope García de Salazar: banderizo y cronista” pp.200 y ss. de la mano de Olga ARENILLAS.<a name="_ftn2" href="http://www.mitxel.paulesbarakaldo.com/barakaldo/la-organizacion-del-territorio-a-traves-de-las-ordenanzas-de-1614/#_ftnref2">[2]</a> La copia se haya depositada en la Fundación Sancho X el Sabio de Vitoria.</p>
<p><a name="_ftn3" href="http://www.mitxel.paulesbarakaldo.com/barakaldo/la-organizacion-del-territorio-a-traves-de-las-ordenanzas-de-1614/#_ftnref3">[3]</a> El texto dice “cementerio”. Entendemos que es una incorrecta trascripción del término “cimiterio” que equivale más exactamente a “pórtico”.</p>
<p><a name="_ftn4" href="http://www.mitxel.paulesbarakaldo.com/barakaldo/la-organizacion-del-territorio-a-traves-de-las-ordenanzas-de-1614/#_ftnref4">[4]</a> Preocupaciones que se repiten en las ordenanzas de varios municipios de la misma época.</p>
<p><a name="_ftn5" href="http://www.mitxel.paulesbarakaldo.com/barakaldo/la-organizacion-del-territorio-a-traves-de-las-ordenanzas-de-1614/#_ftnref5">[5]</a> Ordenanzas número 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13, 14, 15, 16, 17, 18, 27, 43, 44 y 60.</p>
<p><a name="_ftn6" href="http://www.mitxel.paulesbarakaldo.com/barakaldo/la-organizacion-del-territorio-a-traves-de-las-ordenanzas-de-1614/#_ftnref6">[6]</a> Ordenanzas número 20, 21, 22, 23, 24, 25 y 26.</p>
<p><a name="_ftn7" href="http://www.mitxel.paulesbarakaldo.com/barakaldo/la-organizacion-del-territorio-a-traves-de-las-ordenanzas-de-1614/#_ftnref7">[7]</a> Ordenanzas número 28 y 29.</p>
<p><a name="_ftn8" href="http://www.mitxel.paulesbarakaldo.com/barakaldo/la-organizacion-del-territorio-a-traves-de-las-ordenanzas-de-1614/#_ftnref8">[8]</a> Ordenanzas número 31, 33 y 64.</p>
<h5 style="text-align: right;">Escrito por Mitxel Olabuenaga</h5>
</div>
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		<title>Una fortaleza única: las Torres de Lutxana</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Mar 2009 06:20:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/guerra-carlista-burcena-31.jpg" class="floatbox" rev="group:170 caption:`guerra-carlista-burcena-31`"><img class="alignright size-medium wp-image-511" title="guerra-carlista-burcena-31" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/guerra-carlista-burcena-31-300x192.jpg" alt="guerra-carlista-burcena-31" width="300" height="192" /></a>1.- <span style="text-decoration: underline;">Historia</span></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>A mediados del siglo Xl, concretamente en 1040 y 1051, los hermanos Lope Galindo Velázquez aparecen como tenentes -algo así como gobernadores- de Barakaldo en nombre del rey García Sánchez III de Navarra. Estos personajes pertenecían a una familia de probable procedencia alavesa, aunque de origen incierto. La leyenda los hace descendientes de un mítico conde don Vela, hijo bastardo de un rey de Aragón, que ganaría el señorío de Ayala del monarca castellano Alfonso VI (1072-1109), pero resulta evidente que las fechas no concuerdan. En cualquier caso durante el siglo XI, y gracias a su apoyo a diferentes monarcas -navarros primero, castellanos después-, los Velázquez lograron hacerse con el importante señorío de Ayala (incluyendo Orozko), al que se unirían varias tenencias en el Norte de Burgos y Las Encartaciones de Bizkaia. Entre estas últimas se hallaba Barakaldo, por entonces integrado en el valle de Somo­rrostro.</p>
<p>¿Cuáles eran las funciones de los tenentes? Básicamente la defensa del territorio, el manteni­miento de la paz pública, la administración de justicia y la recaudación de impuestos. En pago por estos servicios los monarcas que les habían otorgado la tenencia les cedían ciertas rentas (diezmos, peajes…), las confiscaciones, indemnizaciones y penas aplicadas a los delincuentes, y unos derechos que pagaban los litigantes de los pleitos. Pero al margen de estos beneficios «legales» era frecuente que los tenentes se apoderasen de los bienes colectivos: montes y aguas fundamentalmente, y tam­bién tierras de cultivo no ocupadas. Así, parte del territorio que en principio sólo tenían que adminis­trar en nombre de la corona acababa por convertirse en su propiedad. Esta forma de abuso señorial sería de particular trascendencia en el caso de Barakaldo.</p>
<p>Los Velázquez-Ayala debieron mantenerse al frente de la tenencia de Barakaldo hasta el segun­do tercio del siglo XII, cuando Garci Galíndez de Ayala repartió entre sus tres herederos todas sus posesiones -con excepción del señorío de Ayala, que se mantuvo unido-. Así, cada uno de los hermanos recibiría un tercio de las tierras y derechos familiares en el municipio. Pero poco después la tenencia de Barakaldo pasó a manos de los Haro, señores de Bizkaia.</p>
<p>Este hecho supuso la pérdida de poder en la zona por parte de las dos líneas secundarias de la casa de Ayala. Sin embargo, la rama principal logró anticiparse al cambio de tenente y transformar parte del territorio bajo su gobierno en una propiedad de hecho, propiedad que además consiguió hacer extensiva a su condición de administradora de justicia. Es decir, que lo<strong> </strong>que hasta ese momento había sido un señorío por delegación, en representación del monarca, se transformó en un señorío pleno, en el que el señor aunaba la condición de propietario del suelo y la de administrador de la justicia sobre los hombres que lo ocupaban. Dicho de otra forma, se creó un señorío típicamente feudal.</p>
<p>Ello explica el que los señores de Ayala fueran dueños hasta el siglo XVI de un tercio de los diezmos de la parroquia de San Vicente y un tercio de los montes del concejo, además de mantener su poder jurisdiccional -con merino propio- sobre 46 <em>«casas censuarias» </em>(es decir, caseríos construidos sobre tierras de su propiedad).</p>
<p>El centro neurálgico de este pequeño señorío de los Ayala debía situarse en Burceña. Al menos allí poseía la familia un palacio en 1328, que para 1384 había sido transformado -signo de los tiempos- en una casa torre. Pero en esta última fecha la «capital» de las posesiones ayalesas había pasado ya a las torres de Luchana : su alcaide era a la vez merino de las “<em>tierras et montes et pasaje  de Tapia  et otros bienes e casas foreras</em>» que los Ayala poseían «<em>en la dicha tierra et valles del dicho pueblo (de Barakaldo) et en sus comarcas et sus terminos</em>».</p>
<p>Este cambio estaría relacionado con la estratégica disposición de Luchana, en la confluencia de los ríos Cadagua y Nervión, dos cursos fluviales sobre los que discurría buena parte del comercio terrestre y fluvial-marítimo vizcaíno -sobre todo desde la fundación de Bilbao en 1300-. Por otro lado, el lugar era uno de los puntos más estrechos del cauce del Nervión, con lo que desde la torre era fácil controlar el tránsito de cualquier tipo de embarcación.</p>
<p>Además, aguas abajo las riberas -especialmente la derecha- eran unas extensas marismas de límites indefinidos, con la excepción del puerto de Portugalete y la cala de Santurtzi. De hecho, el entorno de Luchana era el primer punto en el que ambas orillas adquirían suficiente solidez como para asentar unos embarcaderos paralelos. Es por ello que cerca de las torres, en Tapia, se situaba el primer «pasage» o lugar por donde se podía cruzar la ría en un bote trasbordador. Como cabría esperar, este «pasage de Tapia» era propiedad de los señores de las torres de Luchana. Como contrapartida a esta excelente posición, la fortaleza se hallaba expuesta a las avenidas, a los embates de la mar y a los vientos dominantes en la zona, lo que obligó a realizar periódicas labores de mantenimiento, cuando no verdaderas reconstrucciones.</p>
<p>Si las razones del emplazamiento de las torres de Luchana -la documentación casi siempre las menciona en plural- parecen evidentes, más difícil resulta averiguar su origen. Delmas las lleva hasta el siglo XI y las atribuye al mítico conde don Vela. Este autor asegura además que «poseemos documentos anteriores al siglo XIII que a ellas se refieren», aunque no especifica de que documentos se trata. Señala también -en esta ocasión basándose en una incierta tradición oral- que desde las torres se cobraban impuestos a los barcos que subían al puerto de Bilbao cargados de aceite de ballena, y que para evitar evasiones los alcaides de la fortaleza tendían una cadena entre ambas orillas del Nervión.</p>
<p>En realidad, estas exacciones irían expresamente en contra de los privilegios de la villa de Bilbao, cuya carta puebla prohibía el cobro de peajes «en el nuestro puerto de Portugalete ni en la barra ni en toda la canal», lo que nos hace dudar de que esta noticia sea cierta. Cabe la posibilidad de que antes del año 1300, y dada la ubicación de Luchana, se impusiera desde allí algún tipo de tasa, pero adelantemos ya que no hay noticias de la existencia por aquel tiempo de las torres de Luchana. En cuanto a la cadena, tampoco hay dato alguno sobre su existencia -que, por otra parte, hubiera generado constantes pleitos con las anteiglesias de la margen derecha, como sucediera a Portugalete con motivo de sus derechos sobre la ría-.</p>
<p>Pese a estos intentos de Delmas por alargar su antigüedad, lo cierto es que la primera mención fidedigna de la existencia de las torres es de 1384. En el documento fundacional del convento de Santa María de Burceña, Fernán Pérez de Ayala se refiere a «las mis torres de Luchana», cuyo alcaide era Juan Cruz de Burceña. Por nuestra parte, creemos que las torres no existían en 1328, cuando los cabezaleros -albaceas testamentarios- del recientemente fallecido señor de Ayala vendieron las posesiones familiares en la zona, ni en 1349, cuando Fernán Pérez de Ayala las recuperó, pues en ninguno de los documentos correspondientes se mencionan. Por tanto, pensamos que las torres de Luchana se alzarían entre 1349 y 1384.</p>
<p>Sin embargo poco después debieron de realizarse importantes reformas en la fortaleza estando Pedro López de Ayala preso en Portugal tras la batalla de Aljubarrota (1385): <em>«labro su muger (Leonor) la casa fuerte de Baracaldo, e estorvandolo algunos vizcaynos, seña­ladamente el solar de Butron e de Muxica, vinieron en aiuda de Doña Leonor los de Avendaño e todos los de Gamboa».</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>Parece, por tanto, que los Mújica-Butrón, cabeza del bando oñacino en Bizkaia, no veían con buenos ojos la creciente presencia de los Ayala, también oñacinos, en un municipio sobre el que por entonces estaban extendiendo su influencia -de hecho, parece que fueron ellos los que indujeron a parte del vecindario de Barakaldo a solicitar en 1366 la separación del municipio de Somorrostro y su inclusión en la merindad de Uribe-. Curiosamente, la reacción inmediata de la mujer de Pedro López de Ayala fue solicitar la ayuda de los Avendaño, jefes de los gamboinos vizcaínos. No sabemos si esta situación llegó a provocar algún enfrentamiento armado, pero adelantemos ya que fue la única vez en la que las torres de Luchana tuvieron algo que ver con las guerras de bandos.</p>
<p>Según Floranes, el fin perseguido por los Ayala al levantar la fortaleza era «dar comunicación a sus vasallos para el comercio del mar» que tenían tan a la mano, y fijar allí un importante almacén para las cargas y descargas. Posiblemente no andaba descaminado este autor, ya que en este punto pretendería Bernardino de Velasco fundar una villa en 1498, y aquí intentarían una y otra vez los vecinos de Barakaldo establecer un puerto cuando menos desde 1506.</p>
<p>En 1447 Luchana y el resto de las posesiones y derechos de los Ayala en Barakaldo pasaron a manos de los Velasco, condes de Haro y condestables de Castilla. La causa de esta transferencia fue, según se recordaba en 1500, «por trueco y cambio de las torres de Luchana que hizo el conde de Haro con Pedro López de Ayala por un juro y fanegas de pan en renta en la merindad de la Bureba».</p>
<p><strong>2.-</strong> <strong><span style="text-decoration: underline;">Descripción de las Torres</span></strong></p>
<p>Contamos con tres descripciones parciales de las torres de Luchana, que corresponden a las condiciones de las obras de restauración redactadas en 1604, al apeo de las posesiones de los Velasco realizado en 1621 y al peritaje de los daños causados por una avenida en 1752. Pero sobre todo tenemos un testimonio gráfico de gran valor: la Vista de Luchana dibujada por Luis Paret y Alcázar en<strong> 1785</strong>.</p>
<p>Estos documentos nos presentan un verdadero castillo, con un desarrollo muy superior al habi­tual en las torres fuertes vizcaínas. Su núcleo era una voluminosa torre. El piso bajo, que resulta invisible en el dibujo, serviría de bodega. El primero sería el nivel residencial, muy elevado, del que solo pueden apreciarse<strong> </strong>unos luceros altos que servirían para iluminar la parte superior de la estancia. Inmediatamente por encima de éstos una amplia ventana geminada (¿adintelada?) correspondería al segundo piso, posiblemente un amplio salón. Finalmente, varios vanos adintelados delatan la existencia de un camarote, bastante inusual en este tipo de construcciones. Se cubría todo mediante un tejado piramidal.</p>
<p>Esta torre estaba rodeada por una muralla «con sus dos barbacanas del lado del mediodía, y su fosa a puente levadizo por el dicho lado, que es por el lado principal donde entran a la dicha fortaleza por tierra». Además de estas «barbacanas», tal vez dos torres semicirculares flanqueando el puente, existía otro acceso al castillo: un portillo con «su escala, y su embarcadero por la parte de la mar, con su puerta a escudo de armas en un cubo que está sobre la dicha escala». Es decir, una poterna hacia la ría, defendida posiblemente por una ladronera muy desarrollada o por una torrecilla, ya que estaba dotada de ventanas y almenado.</p>
<p>Pero el elemento más original de esta fortaleza era la segunda torre, a la que sin duda se debe el plural que casi siempre incluye el nombre del conjunto: una torre albarrana (separada del resto del castillo), aunque por lo que se aprecia en el dibujo de Paret no era totalmente exenta, ya que se adosaba al muro exterior al lado de la poterna. De volumen muy vertical, con tres alturas en corres­pondencia con las de la torre principal y un remate en matacán almenado y cubierto a cuatro aguas. Pueden verse sendas ventanas abiertas en los pisos primero y segundo -el bajo parece hermético-, y sabemos que contaba con otras «dos ventanas principales» hacia la ría. El acceso a esta torre se realizaba a través de un «pasadizo» sostenido por un arco escarzano.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> La reforma de 1604</strong> no supuso muchos cambios en este peculiar conjunto, centrándose en la albarrana y la poterna. La torre se recalzó en dos de sus fachadas hasta la altura de 20 pies (+- 5,<em>57 </em>metros), se repararon algunas «quiebras», se añadieron dos arcos ciegos de descarga en el lado de la ría y se desmontó y reinstaló el almacenaje. Las condiciones especificaban que cada piedra de las de la primera hilada de los nuevos cimientos había de tener «dos pies y medio (+-0,75) de lecho o más, e de cinco en cinco pies (+-1,50) sus tizones suficientes que tengan a tres pies y medio (+-1) de largo y el ancho necesario».</p>
<p>La escalera y su defensa fueron también desmantelados y repuestos, exigiéndose que aquella tuviera «<em>el mismo círculo (¿era redonda?) y planta que agora tiene</em>», y que las piezas de sus primeras gradas tuvieran un mínimo de una vara (+-0,83) de largo.</p>
<p>Toda la obra tenía que ser realizada con sillería, pero en concreto la aplicada en los 12 pies (+-3,65) inferiores del recalce «<em>ha de ser piedra de los términos de Ganguren o Galdácano, que es piedra recia e no gastadiza, y no ha de tener salitre ni otra calidad gastadiza para el agua, sol e aire</em>». Es decir, se exigía el uso de piedra caliza de la sierra de Ganguren, situada a unos 12 kilómetros de Luchana, que al parecer resultaba la más resistente a los embates de los agentes erosivos. Mucho más importante debió de ser la reforma del interior del edificio: si la cantería se remató en 9.900 reales, la carpintería alcanzó los 16.280. Según Delmas, que no transcribe las condiciones de esta parte de la obra pese a considerarlas de mayor importancia que las de la cantería, se estipula­ba «<em>la elaboración de hermosas entablaciones de madera de castaño bien seco, para el suelo del salón y cuartos destinados a S.E., las de aforro para las paredes, algunas vigas de los techos artesonados para suplir a las viejas y dañadas por la carcoma; una puerta de roble enchapada y sujeta con barras de hierro y otras obras de mayor coste en la escalera principal</em>».</p>
<p>Parece, por tanto, que se trató de dotar a la fortaleza de ciertas comodidades -incluso se forraron de madera algunas paredes-, pero con una información tan escueta nos es imposible concretar nada, excepto el hecho de que la estructura interior era lígnea, como era usual en todas las construcciones del momento. Con posterioridad, las torres de Luchana no debieron de sufrir grandes transformaciones hasta llegado el siglo XIX. La única obra importante que conocemos, la de <strong>1752</strong>, fue en realidad una recuperación mimética de la parte derruida por una avenida, aunque engrosando ligeramente la ci­mentación.</p>
<p><strong>3.- <span style="text-decoration: underline;">Últimos avatares</span></strong></p>
<p>Poco después, en <strong>1778,</strong> eran descritas como «<em>un castillejo llamado el fuerte de Luchana, que antes pertenecía a la casa de los Marqueses de Solana, los que por un descuido han privado a su casa de este privilegio o posesión (?</em>)».</p>
<p>Pero las torres fueron incendiadas durante la Guerra de la Independencia, tras la que fueron abandonadas. Con la promulgación de la ley de vinculaciones de 1820 los Velasco decidieron venderlas: las adquirió por 56.931 reales y 2 maravedíes un vecino de Barakaldo, Felipe de Murga, que las convirtió en una explotación agropecuaria. En 1821 fueron utilizadas como cuartel, lo mismo que en 1836, durante la Primera Guerra Carlista, fecha en la que sufrieron también los efectos de la batalla de Luchana, que hicieron desaparecer definitivamente la torre albarrana.</p>
<p>Finalmente, en 1871 los restos de las torres de Luchana fueron adquiridos por la <em>Luchiana Mining Company, </em>que las derribó para instalar en aquel asentamiento un cargadero de mineral.</p>
<p>De esta forma desaparecía una fortaleza que por su tipología y por algunos de sus elementos formales, como las «barbacanas» y sobre todo, la torre albarrana, era único en Bizkaia. Pero además este edificio presentaba otra característica bastante excepcional en el Señorío: no era una torre residencial, sino un castillo de guarnición destinado a proteger/dominar un pequeño señorío -con su alcaide-merino, cárcel…- y quizás a servir de base a ciertas actividades comerciales.</p>
<p>De hecho, las torres de Luchana nunca tuvieron nada que ver con las guerras de bandos, excepción hecha de la agitación que motivó su construcción, lo que nos lleva a pensar que su guarnición se hallaba al margen de estas luchas. Las tierras bajo su control estaban sometidas a un régimen jurídico y econó­mico perfectamente definido y cerrado, que no admitía la intromisión de alguien ajeno a ellas, como eran los banderizos. Así, y al margen de la violencia que les rodeaba, los ocupantes de las torres de Luchana se limitaban a controlar el señorío de los Ayala -luego los Velasco- en Barakaldo.</p>
<h5 style="text-align: right;">Escrito por Juan M. González Cembellín</h5>
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		<title>La Torre de Susunaga</title>
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		<pubDate>Sun, 22 Mar 2009 06:19:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Se alza el caserío de Susunaga en la ladera del monte Argalario, sobre la vega conformada por el curso bajo del río Regato. En el centro de la barriada se sitúa la torre del mismo nombre, domi­nando desde su posición la tradicional ruta Bilbao-Castro Urdiales en su recorrido entre Retuerto y Ugarte, ruta cuya importancia [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="storycontent">
<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/susunaga-6.gif" class="floatbox" rev="group:167 caption:`susunaga-6`"><img class="alignright size-medium wp-image-514" title="susunaga-6" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/susunaga-6-300x215.gif" alt="susunaga-6" width="300" height="215" /></a>Se alza el caserío de Susunaga en la ladera del monte Argalario, sobre la vega conformada por el curso bajo del río Regato. En el centro de la barriada se sitúa la torre del mismo nombre, domi­nando desde su posición la tradicional ruta Bilbao-Castro Urdiales en su recorrido entre Retuerto y Ugarte, ruta cuya importancia queda señalada por la existencia en su entorno de otras casas fuertes (Zuazo, Careaga, Retuerto) hoy desaparecidas.</p>
<p>Actualmente el en otro tiempo fértil y rico valle, por cuyo control no dudaron en enfrentarse los linajes banderizos durante la Edad Media, apare­ce saturado por grandes bloques de viviendas y una sucesión, sin solución de continuidad, de naves industriales. La privilegiada situación de Susunaga ha salvado a la torre de ser destruida por los embates del descontrolado proceso industrializador de los últimos años, y a la vez la ha convenido en uno de los últimos y marginales reductos del mundo rural en Barakaldo.</p>
<p><strong>1.- <span style="text-decoration: underline;">Origen de las Casas-Torre</span></strong></p>
<p>Desde el siglo X hasta cerca del año 1300 Europa conoció una larga etapa de crecimiento que desembocó en una relativa superpoblación, cuyo precario equilibrio se rompió durante un siglo XIV caracterizado por constantes crisis de subsisten­cias, hambres y epidemias, culminadas por la Peste Negra (1348-50). El consiguiente descenso demo­gráfico afectó a la producción, a los ingresos fisca­les, a los tributos y a la renta del suelo. Para luchar contra estas dificultades los monarcas optaron por devaluar la moneda, lo que afecté a los ingresos fijos percibidos en metálico: soldadas de los hidal­gos, tributos en dinero, etc.</p>
<p>Los señores, los nobles, que se vieron directa­mente afectados por esta crisis, no tardaron en reaccionar. Y esta reacción consistió en el recurso a la violencia, tratando de imponer o de reactualizar viejas cargas sobre los labradores, usurpando tie­rras, apropiándose de los diezmos de las Iglesias, asaltando los caminos; dedicándose, en fin, al des­pojo de labradores, clérigos y comerciantes. Pero estas actividades no solucionaron todos los proble­mas económicos de los señores, que acabaron por verse así implicados en una serie de conflictos internos entre ellos, agrupados, en el País Vasco, en dos bandos oñacinos y gamboinos- de límites no siempre precisos. Estas «luchas de bandos» tenían pues, como causa última, lo que Lope García de Salazar denominó «valer más», esto es, poseer más rentas, hombres y honor; se combatía por defender el nivel socioeconómico del linaje, por resolver una situación crítica, sin detenerse en los medios que para ello fueran necesarios. Los clanes hidalgos de cada comarca, capitaneados por sus «parientes mayores», se enfrentaban entre sí por conseguir el pleno dominio sobre su entorno.</p>
<p>Este constante estado de guerra obligó a la pequeña nobleza rural a reforzar sus viviendas, a convertirlas en reducidas fortalezas en las que po­der resistir los embates de las familias enemigas: nacían así las torres que aún hoy, perdida su función y, en muchos casos, buena parte de sus característi­cas definitorias, alzan su peculiar volumen distribui­das por toda la geografía vizcaína. La torre o casa fuerte es un edificio levantado sin ningún tipo de cimentación sobre una planta cuadrangular y, al menos en origen, de gran desa­rrollo vertical. Sus muros, de un gran grosor que habitualmente supera el metro y en alguna ocasión alcanza los tres, son cerrados, sin apenas ventanas o puertas; estas últimas suelen estar bien protegidas, situándose a veces la principal en la segunda planta, a la que se accede mediante un patín o escalera exterior en piedra fácilmente defendible desde el interior de la construcción. En sus fachadas es frecuente ver hileras de canes o ménsulas destina­das al soporte de cadalsos o voladizos en madera, que eran armados en los momentos de peligro a fin de aumentar las posibilidades defensivas de la forta­leza. En los modelos más desarrollados este torreón era rodeado por una cerca, un recinto amurallado exterior como en Butrón, la Quadra o Muñatones, ésta dotada de doble muro y foso.</p>
<p>Pero estas construcciones no han de ser enten­didas tan solo desde un punto de vista castrense: habitualmente aparecen asociadas a una ermita, un molino y/o ferrería, una vía de comunicación, etc. Se constituían así como auténticas células de poder y dominio, no solo desde el punto de vista militar, sino también desde el económico y religioso.</p>
<p><strong>2.- <span style="text-decoration: underline;">Los señores de la Torre durante la Edad Media</span></strong></p>
<p>El linaje de Susunaga nació a fines del siglo XIII, al poblar un segundón de los Zamudio en el lugar del mismo nombre, en el Txoriherri. Alguno de sus miembros debió de pasar a Artecona, en Galdames, desde donde más tarde se trasladaron a Barakaldo, emparentando allí con la familia de este apellido, a través de la que heredaron parte del patronato del templo de San Vicente. Este largo periplo hasta llegar a su asentamien­to definitivo quizás pueda ser puesto en relación con la expansión de los Zamudio y sus afines, quienes, mediante una hábil política matrimonial y militar, alcanzaron una de las más altas posiciones entre los linajes hidalgos vizcaínos, posición perdida al dis­gregar Ordoño de Zamudio su amplio patrimonio repartiéndolo entre sus numerosos hijos.</p>
<p>Lope García de Salazar nos dice de los Susuna­ga que <em>«fueron omes para mucho, e del que ay mas memoria que mas valio de ellos fue Martin Sanches de Susunaga, el Viejo»,</em> que tuvo por hijos a Martín Sánchez, su sucesor, Sancho Ortíz y Juan Negrete. Estos son los únicos representantes conocidos del clan, y prácticamente nada sabemos sobre sus acti­vidades, salvo las escuetas notas que a ellos dedica el cronista de Muñatones: vinculados habitualmente al bando gamboino, se iniciaron en las luchas entre estos y los oñacinos a mediados del siglo XIV, si bien fue a partir de 1370 cuando sus enfrentamientos con los Retuerto, <em>«oviendo sus yntençiones como vesinos, a qual valería mas en la tierra»,</em> se hicieron habituales, prolongándose durante todo el siglo XV. Fue posiblemente tras finalizar este período de conflictos cuando la torre que nos ocupa adoptó su forma definitiva</p>
<p><strong>3.- <span style="text-decoration: underline;">Evolución histórica</span></strong></p>
<p>Levantada originalmente en el siglo XIV, como sede de un linaje directamente implicado en las luchas banderizas, es posible que no fuese en un primer momento más que una sólida construcción en madera para, más tarde, ser sustituida por una torre fuerte aparejada en piedra, único material capaz de hacer frente a las cada vez más difundidas armas de fuego. Sin duda tuvo entonces una mayor altura de la que hoy muestra y que pudo perder como consecuencia de la orden dictada en 1458 por Enrique IV a fin de derribar la parte alta de las casas torre vizcaínas.</p>
<p>Tras el conflictivo período bajomedieval, a fines del siglo XV se produjo un cambio de sentido de la coyuntura económica: la crisis cedió paso progresivamente a una nueva fase expansiva. A este hecho, que suponía la desaparición de las causas que habían generado las guerras de bandos, hemos de unir la directa intervención de la monarquía como poder pacificador, por un lado, y como fuente de nuevas posibilidades de encumbramiento para la nobleza (participación en las guerras de conquista, adjudicación de puestos en la recién creada estruc­tura administrativa del Estado, etc,…) por otro. La unión de todos estos factores, íntimamente relacio­nados entre sí, abriría  un extenso período de tranquilidad social en el mundo vasco.</p>
<p>Como consecuencia de esta situación, muchas torres fueron abandonadas al resultar inadecuadas a los nuevos modos de vida de la nobleza rural vizcaína, alejada ya de las violencias medievales y deseosa de una vivienda de carácter más residen­cial, apropiada a la condición de cortesanos, funcio­narios o rentistas adquirida habitualmente por sus moradores.</p>
<p>En otros casos, no obstante, las casas fuertes fueron reconvertidas en función de las nuevas nece­sidades, a base generalmente de abrir abundantes ventanas en los gruesos y herméticos muros del edificio, a fin de favorecer sus posibilidades habita­cionales. Así se hizo, por ejemplo, en las torres de Ariz, en Basauri, La Puente, en Sopuerta, Muxika, en el municipio del mismo nombre, o en la que ahora nos ocupa: Susunaga, en Barakaldo. En ella se rasgaron las fachadas por medio de artísticos vanos y se le añadieron elementos ornamentales de gran calidad que le hicieron perder su primitivo aspecto castrense transformándola en un modesto palacete rural.</p>
<p>Desde la realización de estas reformas, a princi­pios del XVI, el edificio parece haber sufrido pocos cambios, salvo la apertura de algunos nuevos hue­cos. Por tanto, la casa fuerte de Susunaga se nos presenta hoy en día como uno de los edificios gótico-renacentistas residenciales -más que milita­res- que mejor ha conservado hasta nuestros días su imagen original.</p>
<p><strong>4.- <span style="text-decoration: underline;">Descripción</span></strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>La torre de Susunaga es una construcción cúbica, de dimensiones más pequeñas de lo habitual en las casas fuertes (9 x 9 x 8 m. aproximadamente), contando tan sólo con dos plantas y un pequeño camarote alzados directamente sobre una parcela previamente abancalada, formando un basamento o pedestal delimitado por sillares poco trabajados.</p>
<p>Las paredes alcanzan una anchura de poco más de 80 cm. en su planta inferior, perdiendo unos 20 cm. en cada altura.  Sus muros se aparejan en mampuesto (que en la fachada delantera aparece algo trabajado) empleándose sillería tan sólo en el recerco de los vanos y las esquinas del edificio. A excepción de estos sillares, en arenisca, el material empleado es caliza de no muy buena calidad.<strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>La primera planta es la más hermética de las dos principales que levanta la torre. Tan sólo vemos en ella un hueco importante, el único ingreso de la casa: un arco de medio punto nacelado, con sus aristas ligeramente rebajadas, de grandes dimensio­nes (1,05 m. de luz por 2,15 de altura total) formado por cinco dovelas de gran radio (1,60 m.) perfectamente trazadas, la central de las cuales luce un escuson o escudo sin labrar. Este acceso se abre paso a través del muro en cañón escarzano. Se sitúa este vano a ras del suelo y lateralizado, como es habitual en las construcciones góticas y renacentistas, y dispuesto en función de la escalera que comunica las tres alturas, y que más adelante describiremos.</p>
<p>Completa la fachada principal un ventanillo cuadrado de factura moderna. Al Norte cuenta este primer piso con una aspillera (hoy oculta por la chimenea de una estufa, que debiera ser retirada) y otras dos al Sur, siendo ciego el muro Oeste. Mientras esta planta debió servir, como lo hace aún, de almacén, bodega o cuadra -pese a su vocación residencialista, Susunaga probablemente fue siempre sede de una célula de producción agro­pecuaria- el piso superior, más iluminado, fue el propiamente de habitación. Se abre hacia el Este un vano moderno y una ventana ajimezada conformada por dos arcos gemelos de medio punto rematados en su arista por una doble moldura cóncava rellena con bolas. Hoy, sin embargo, le falta el mainel o parteluz, y el hueco ha sido prolongado hacia abajo, convirtiéndolo en un balcón.</p>
<p>La torre de Susunaga jerarquiza claramente sus fachadas, bonificando ornamentalmente a la princi­pal, en la que además del acceso y la referida ventana podemos ver los elementos decorativos de mayor interés del edificio: se trata de una serie de relieves, tallados en la zona superior de esta segun­da altura, en los que aparecen representados un cazador -o más bien un montero soplando un cuerno de caza (en el ángulo izquierdo), una especie de serpiente con dos cabezas, una por cada extre­mo, un perro de caza (en un guardapolvos situado sobre la ventana) y un cerdo o un jabalí (en el ángulo derecho). El conjunto parece formar una escena -cazador, perro, jabalí-, aunque interrumpida por la presencia de la serpiente. Estas excepcionales imágenes -Susunaga es la única casa fuerte que cuenta con este tipo de decoración- se encuentran en un variado estado de conservación: bueno para el cazador, algo peor para el jabalí, y deficiente para las figuras situadas sobre el vano.</p>
<p>Hacia el Norte, y siguiendo en el segundo piso, se abre un pequeño vano en arco conopial complejo y otro de semejantes dimensiones, trilobulado, se orienta al Sur. Al Oeste debió de existir una ventana de carac­terísticas similares que no ha llegado hasta noso­tros, aunque se conserva el cañón, escarzano, a través del que penetraba el muro. Junto a él se puede ver un nuevo vano moderno, adintelado.</p>
<p>Tanto el acceso como estos huecos de la segun­da planta y los relieves responden estilísticamente al renacimiento, siendo datables en la primera mitad del XVI -probablemente durante la tercera década de la centuria, momento en el que la torre debió de ser rehecha, aunque aprovechando los muros pre­viamente existentes.</p>
<p>Sin embargo, y pese a esta tardía datación, algunos de estos elementos pueden considerarse como arcaizantes, retardatarios, como el vano en arco conopial, que responde aún a un espíritu gótico, y el friso de imágenes de la cara principal, cuya temática -una cacería- nos vuelve al mundo y la mentalidad medievales, en las que los señores consideraban las actividades venatorias tanto un deporte o distracción como una forma de entrena­miento para la guerra, en contraste con el desdén que por ellas sentía el hombre renacentista; pero además la práctica de la caza era en la Vizcaya de los siglos XIV y XV, a juzgar por lo que sobre ella disponen el Capitulado de Juan Nuñez de Lara y el Fuero Viejo, un derecho reservado exclusiva­mente a los hidalgos, por lo que la escena de Susunaga podría entenderse como una referencia a los privilegios de los que en otro tiempo gozaron sus moradores y como un reflejo de su poder y su noble cuna.  Una tercera planta, ciega al exterior y de escasa altura, constituye el camarote y sirve de apoyo a la cubierta a cuatro vertientes que remata el edificio.</p>
<p>Interiormente Susunaga se estructura a base de pisos holladeros, de vigas de madera trabadas entre las fachadas Sur y Norte en la primera planta y Este y Oeste en la segunda, tratando posiblemente con estas alternancias de equilibrar las presiones y los pesos sobre los muros; estas vigas se apean funda­mentalmente en los rebajes escalonados del muro, aunque refuerzan este armazón, que prácticamente se alza independientemente de las paredes perime­trales, tres pies derechos en la altura inferior y dos en las superiores, algunos de los cuales están dota­dos de brazos o tornapuntas.</p>
<p>La comunicación entre las plantas se realiza a través de una escalera de madera, de único tramo, situada prácticamente en línea con el acceso y que sube, adosada al muro Norte, directamente desde el suelo del edificio hasta el sobrado, descansando tan sólo en un leve rellano desde el que se accede a la planta noble, la puramente residencial.</p>
<p>De su descripción se deduce que, más que una torre fuerte, Susunaga es un pequeño palacio rural, un edificio residencial de calidad en el que posible­mente lo único conservado de su primitiva fábrica gótica, alzada en el siglo XV con motivo de las guerras de linajes, sean los muros perimetrales, mantenidos en la reforma que a principios del XVI le dio su definitivo aspecto, y que proporcionó a la casa sus más destacables elementos: el acceso, los vanos de la segunda altura y, sobre todo, los relie­ves; ellos son, gracias a su calidad artística, los que definen y caracterizan a esta torre como una de las construcciones más reseñables de su época.</p>
<p><strong>5.- <span style="text-decoration: underline;"> Estado actual</span></strong></p>
<p>Susunaga, como muchas otras casas fuertes, se halla convertida hoy en sede de una explotación agrícola. Sin embargo, y este es un caso poco frecuente, la adaptación para tal función apenas le ha perjudicado: salvo la presencia de algunas tejava­nas al Este y al Sur, el edificio se mantiene total­mente exento, libre de los habituales y antiestéticos añadidos modernos; por otro lado, se han respetado casi en su totalidad los huecos originales, abriéndo­se en sus muros tan sólo aquellos estrictamente necesarios.</p>
<p>En consecuencia, el estado de conservación de esta construcción es más que aceptable, a excep­ción de los desperfectos en el vano geminado de la fachada Este y en parte de los relieves.</p>
<p>Favorece esta situación la decidida intención de sus actuales habitantes, la familia Saracho, de conservar y, en la medida de sus posibilidades, consolidar el edifi­cio, actitud poco frecuente y por ello más destaca­ble.</p>
<p>Sin embargo, la reciente creación de un gigan­tesco vertedero en sus inmediaciones amenaza con destruir no solo la torre, sino toda la barriada de Susunaga. Se hace por ello urgente, cuando menos, la limitación de la expansión del citado vertedero, que a estas alturas ya ha deteriorado irremediable­mente la calidad ambiental del entorno.</p>
<p>La protección de la casa resulta tanto más necesaria por cuanto se halla enclavada en un área escasa en edificios monumentales, lo que revaloriza aún más sus ya señaladas características históricas, arquitectónicas y decorativas.</p>
<p>——————————</p>
<p>NOTA: en torno al año 1990 la familia Saracho, efectivamente, remodeló toda la torre respetando lo más significativo de la misma. Hoy aparece con toda su mampostería raseada y pintada de color “fucsia”. Se han respetado las sillerías esquineras, ventanales y relieves citados.</p>
<p>En los inicios del año 2000 el temido vertedero ha comenzado a ser “sellado”. Aprovechando la oportunidad se está construyendo una “celda para almacenar lindane”. Las profundas reformas del entorno han respetado únicamente la Torre y un caserío posterior. Todos los alrededores, incluidos los accesos, sufrirán una profunda reforma.</p>
<h5 style="text-align: right;">Escrito por Juan M. Glez. Cembellín</h5>
</div>
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		<title>Los Altos Hornos y la Industria Siderúrgica</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Mar 2009 06:19:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ezagutu Barakaldo</dc:creator>
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		<description><![CDATA[De más de  treinta Ferrerías Vizcaínas tenemos alguna noticia, pero no su historial completo, ni datos para reconstituirlo. Entre esas Ferrerías figuran, la de Iráuregui, convertida más tarde en fábrica de hilados, situada en jurisdicción de Baracaldo, y la de Aldanondo, en Alonsótegui, que en 1878 aportó su propietario don José Barra, a la Sociedad [...]]]></description>
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<p><a href="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/el-carmen.jpg" class="floatbox" rev="group:164 caption:`el-carmen`"><img class="alignright size-medium wp-image-374" title="el-carmen" src="http://ezagutubarakaldo.net/es/wp-content/uploads/2009/03/el-carmen-300x215.jpg" alt="el-carmen" width="300" height="215" /></a>De más de  treinta Ferrerías Vizcaínas tenemos alguna noticia, pero no su historial completo, ni datos para reconstituirlo. Entre esas Ferrerías figuran, la de Iráuregui, convertida más tarde en fábrica de hilados, situada en jurisdicción de Baracaldo, y la de Aldanondo, en Alonsótegui, que en 1878 aportó su propietario don José Barra, a la Sociedad denominada «Nuestra Señora de Guadalupe», Ferrerías ambas de la zona baracaldesa, mas, su preexistencia no puede bastar a informarnos de lo que pudo ser la vega en tiempo remoto, con rela­ción a la típica y tradicional industria vascongada.</p>
<p>Carentes de fuentes de conocimiento copiosas y exactas, para historiar sintética o ampliamente el desenvolvimiento industrial de Baracaldo, tenemos que partir de la creación de una factoría emplazada en lugar no distante de los límites de Vizcaya, pero fuera de su jurisdicción; la que en 1847 fundó la Sociedad «Ibarra, Mier y Cía.» para explotar un alto-horno en Guriezo, provincia de Santander, partido judicial de Castro Urdiales.</p>
<p>No deja de ser curioso que sea el primer ante­cedente de la gran industria siderúrgica de nuestra provincia, tal explotación primigenia, ubicada en terreno bañado por el río Agüera, pero como la iniciativa y el capital fueron vizcaínos, hay que ver en este antecedente un presagio del explayo indus­trial y económico del capitalismo vizcaíno que ha sabido alumbrar fuentes de riqueza v trabajo en todo el ámbito nacional.</p>
<p>La Sociedad «Ibarra, Mier y Cia.» de la que fueron fundadores, don José Antonio de la Mier, don Nicolás María de Llano, don José de Echévarri y don José Antonio de Ibarra y de los Santos, fue escriturada en 1827, y tras de algunas vicisitudes y prórrogas, modificada en 1846.</p>
<p>Explotadora de las Minas de Somorrostro, enta­bló relaciones comerciales con los Ibarra, de Bilbao, y con la familia Villalonga, de Cataluña, que empleaba aquel mineral en su fábrica de hierro del sistema de forjas catalanas denominada «La Cata­lana», y esas relaciones comerciales constituyeron el germen de la poderosa industria siderúrgica de nuestra provincia de la cual ha sido, y continúa siendo fundamento cardinal, la Sociedad «Altos Hornos de Vizcaya».</p>
<p>En Guriezo fundaron los Ibarra la «Fábrica de Hierro de Nuestra Señora de la Merced» por escri­tura pública otorgada en 1845, fábrica que estaba dotada de un horno alto que trabajaba con carbón vegetal y vientos fríos y estaba dotada de cinco hornos pare pudelar y recalentar, y de tres trenes pequeños de laminación</p>
<p>En I854, a raíz del fallecimiento de don José Antonio de la Mier, se constituyó la Sociedad «Ibarra, Hermanos y Compañía», y en 27 de enero de 1860, una Sociedad comanditaria «Ibarra y Compañía» que fue, la que vendió la «Fábrica de Nuestra Señora de la Merced», de Guriezo, a la Sociedad «Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero de Bilbao».</p>
<p>Tras estas primeras iniciativas, vino la de crear ya en Vizcaya el núcleo fabril que había de ser el principal fundamento de ja industria siderúrgica de nuestra provincia, la «Fábrica de Nuestra Señora del Carmen”, que los Ibarra, con certera orientación y concienzudo estudio de emplazamiento y posibi­lidades comerciales, construyeron en la confluencia del río Galindo con la ría de Bilbao, a ocho kilóme­tros de la Villa, en el lugar denominado «El De­sierto», del cual me he ocupado anteriormente.</p>
<p>Allí, al pie del cenobio, existieron antiguamente un puntal y desembarcadero próximo a un islote llamado San Nicolás de Ugarte, destinado a carga­dero de venas.</p>
<p>Desde que los activos promotores vizcaínos de­cidieron establecer la fabricación del hierro proce­dente de las minas de Somorrostro, con arreglo a las innovaciones técnicas del primer tercio del siglo XIX, el principal problema que tuvieron que resol­ver fué el del abastecimiento de carbón mineral, puesto que a la producción proyectada no bastaba ya el carbón vegetal con que se alimentaban las viejas Ferrerías.</p>
<p>Afortunadamente la ría bilbaína y los pequeños puertos del litoral vasco~ montañés, constituían ba­ses de aprovisionamiento inmejorables, y sobre ellas desarrollaron unos v otros fundadores, los de Guriezo y Baracaldo, una prolífica labor, a la que no fue ajena una acertada política proteccionista, y se establecieron las líneas de transporte marítimo necesarias, singularmente después de la fundación de la Fábrica de Nuestra Señora del Carmen, a la que abastecieron los barcos de tina flotilla que car­gaba en puertos de Asturias. Estas pequeñas naves carboneras se denominaban con el nombre genéri­co de Ibarra, y la numeración correspondiente a cada una, y fueron sustituidas por bergantines de más porte.</p>
<p>Con ellos quedó proyectada en un futuro más o menos lejano, la creación de la flota de la Sociedad Altos Hornos de Vizcaya, cuyas primeras unidades fueron adquiridas en 1916; aquellos cinco buques denominados «José Villalonga», “Jaime Girona», «Faustino R. San Pedro», «Marqués de Urquijo» y «Víctor Chávarri».</p>
<p>En los pertenecidos de la finca de recreo cono­cida con la designación de «La Punta», adquirida por don Juan María de Ibarra y Gutiérrez de Caviedes, en 1855 se instaló la «Fábrica de Nuestra Señora del Carmen», que trabajó intensamente desde su puesta en marcha, produciendo hierro dulce de gran calidad, obteniendo la Medalla de oro de la Exposición de París en 1855, primer galardón de los muchos que ha llegado a ostentar la industria siderúrgica vizcaína.</p>
<p>Llegó a poseer la primitiva Fábrica de Baracaldo hasta ocho hornos del sistema Chenot, pero como este procedimiento resultara costoso, los Ibarra implantaron el pudelaje de hierro, método del me­talúrgico inglés Cort, que consistía en lograr cola­das de hierro dulce, quemando parte de su carbo­nato en hornos de reverbero.</p>
<p>Después de la construcción del ferrocarril mine­ro de la Orconera, hubo de ser ampliada la Fábrica por terrenos ganados a la ría, y se fueron perfec­cionando los procedimientos de fabricación, introduciéndose los del ingeniero Enrique Bessemer­ que implicaban toda una revolución en la siderurgia. La Sociedad «Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero de Bilbao», fue fundada en 2 de diciembre de 1882, y esta nueva entidad, impuesta por la necesidad de robustecer financieramente a la in­dustria que ya era el punto de partida, para elevar a grados de poderío insospechado la economía vizcaína y una de las aportaciones más importantes para el desenvolvimiento y prosperidad de la eco­nomía nacional, adquirió las fábricas de hierro «Carmen», de Bsracaldo, y «Merced», de Guriezo. El capital de la nueva Sociedad era de doce millones quinientas mil pesetas, en acciones, po­niéndose al mismo tiempo en circulación otros doce millones quinientas mil pesetas en obligaciones; y el Activo fundacional lo constituían, además de las Fábricas «Carmen» y «Merced», y los molinos «Mingolea» y Retuerto», adquiridos con la prime­ra, las seis minas llamadas «San Juan», «San José», «Porvenir», «Casualidad», «Primavera» e «Industria»; los terrenos ganados a la ría del Nervión y al río Galindo; el aprovechamiento de las aguas de «IvIingolea» y Regato, con la servidumbre de acue­ducto para llevarlas a la Fábrica de Baracaldo, y los derechos concedidos por R. O. de G de mayo de 1882, para sanear la pequeña dársena de Portu en el barrio del Desierto.</p>
<p>Además, constituyeron importantísimas aporta­ciones las siguientes cesiones de suministro de mineral de hierro: el de la Compañía «Orconera», sobre el cual se había establecido contrato en 1º de julio de 1873, y que fue cedido por los señores don Juan María, don Gabriel María de Ibarra y don Cosme de Zubiría; y el de la Sociedad «Franco­Belga de las Minas de Somorrostro», contrato ce­dido a la nueva Sociedad por los señores «Ibarra Hermanos y Compañía».</p>
<p>Fué encomendado el estudio de las nuevas instalaciones de la Fábrica de Baracaldo al inge­niero inglés Windsor Richard, quien realizó sus trabajos rápidamente, produciéndose el primer lin­gote de acero Bessemer el 8 de octubre de 1885. La propugnación y defensa de una política pro­teccionista y el desarrollo de una eficiente labor social en pro del mejoramiento moral y material de sus productores, preocuparon a los dirigentes de la Empresa desde los días fundacionales.</p>
<p>En el año I 882, que puede ser considerado el más memorable de la época en que el ímpetu creador bilbaíno se manifestó más fecundo y eficiente que nunca, se constituyó también la Com­pañía Anónima «Vizcaya<sup>,</sup>&gt;, que implantó sus insta­laciones en Sestao, para dedicarlas, como las de Baracaldo, a la fabricación de hierro y acero, en todos sus ramos.</p>
<p>La creación de «La Vizcaya» tuvo además, para la industria vizcaína y para la economía nacional, trascendencia extraordinaria, porque por ella, apareció situado en el primer plano de la vida social y política de España un hombre de asombrosa valía, figura cumbre de la historia de nuestra provincia, inteligente, culto, dinámico, valeroso y audaz como ninguno de los propulsores industriales de su tiem­po, cerebro potente y generoso corazón, carácter enterizo, un verdadero mágico prodigioso que, en menos de veinte años (falleció repentinamente a los 45 años de su edad), alumbró fuentes de rique­za inagotables, puesto que todavía perduran, flu­yendo abundantemente; ese hombre excepcional se llamaba don Víctor Chávarri y Salazar.</p>
<p>Alma y vida de la nueva factoría siderúrgica, en la que, desde su creación, ejerció los cargos de Secretario v Gerente, impulsó con brío inusitado la actividad de todas las Empresas en las que por sus propios méritos ocupó posiciones privilegiadas, y supo encauzar la política arancelaria nacional hacia un proteccionismo necesario para que las creaciones industriales vizcaínas entonces en flor, dieran, como dieron, óptimas cosechas, en solos tres lustros de iniciativas v trabajos que revolucionaron por completo la vida de Vizcaya y dieron s la Na­ción perspectivas de esplendor insospechadas.</p>
<p>Falleció don Víctor<sup> </sup> en el año 1900, y el 26 de junio del año siguiente, la «Vizcaya», fusionándose con «Altos Hornos y Fábricas de Hierro y Acero de Bilbao», y con la «Iberia», constituyeron la Sociedad «Altos Hornos de Vizcaya».</p>
<p>La Compañía «Iberia» se había constituido en 1890, al transformarse en Sociedad Anónima una Compañía regular ordinaria colectiva denominada «Goitia y Cía.» que instalara una fábrica de hojalata en terrenos de Sestao en 1888, y de la que fueron socios colectivos don Federico y don José de Eche­varría y Rotaeche, don Francisco Goitia y Ostolaza y don Cosme Palacio y Bermejillo. Su capital social era de dos millones quinientas mil pesetas.</p>
<p>Fusionadas las tres Empresas, comenzó a tra­bajar con intensidad y ambiciosos planes «Altos Hornos de Vizcaya», que en sus cincuenta años de existencia ha sido, y no dejará de ser nunca, uno de los máximos exponentes de la economía indus­trial española.</p>
<p>Hacer historia detallada de sus vicisitudes, de su evolución, del desarrollo progresivo de sus mag­níficas instalaciones y de su producción, rebasaría los límites de este ensayo, y sería además ocioso el intentarlo, puesto que en el libro publicado por la Sociedad al celebrarse en 1952, el cincuente­nario de su vida social puede decirse que quedó agotado el tema; y a ese libro hay que añadir, como fuente de información técnica, la Monografía que se publicó en 1909.</p>
<p>En ella se detallaban las instalaciones de los convertidores de acero «Bessemer» de la fábrica de Baracaldo; los hornos de recalentar sistema Bockum; el Bloming o desbastador; las calderas de tipo Lancashire; la Central Eléctrica; las bombas hidráulicas; central de vapor; talleres de forja, fun­dición, calderería, reparación, etc.; instalaciones de la fábrica de Sestao; departamentos de laminación y sección de movimiento, y las de la fábrica de hojalata.</p>
<p>Todas estas instalaciones que podemos estimar ya primitivas han sido renovadas, ampliadas y perfeccionadas en el curso del tiempo y siempre teniendo en cuenta, y adaptando a ellas, ‘as noví­simas creaciones de la industria siderúrgica europea y americana.</p>
<p>Como gestores de 1a gran factoría vizcaína se destacaron hombres excepcionales a los cuales tanto deben Biibao y Vizcaya: don Pablo Aizola y Mínondo; don Benigno y don Félix de Chávarri y Salazar; don Federico de Echevarría Rotaeche; don Juan Tomás Gandarias; don Fernando Ibarra y de la Revilla; don José María de Chávarri; el Marqués de Urquijo; el Conde de Villalonga; el Conde de Zubiría y cuantos con los mencionados, compartie­ron los trabajos administrativos y técnicos que fra­guaron el poderío y esplendor de la Sociedad.</p>
<p>En la vida de la Sociedad «Altos Hornos de Vizcaya», tan influenciada por las vicisitudes nacionales, los episodios más sobresalientes han coincidido con aquellas páginas de nuestra historia contemporánea de más recordación por sucesos fastos o nefastos y con aquellos acontecimientos internacionales cuyas «salpicaduras» alcanzaron a nuestro país.</p>
<p>Así, se puede señalar corno momento de crisis y al par de renovación, la guerra europea de 1914. La falta de primeras materias estuvo a punto de paralizar ¡os trabajos, pero salvadas las dificultades, las mismas necesidades de la guerra hicieron que se prestase atención preferente a la fabricación de aceros especiales con destino a la defensa nacional, y a la instalación en Sestao de un gran taller de forja para obtener grandes masas de acero, de hasta sesenta toneladas de peso, singularmente cañones y piezas de montaje de los mismos.</p>
<p>Por el incremento de fletes y falta de tonelaje en el mercado, la Sociedad, adquirió los cinco buques de su primera flota, que anteriormente he mencionado.</p>
<p>A causa de la interrupción del tráfico marítimo con Estados Unidos y de las restricciones impues­tas a los carbones importados de Inglaterra, disminuyó considerablemente el suministro de carbón a la factoría, y para paliar la penuria, se adquirió la mayoría de las acciones de “Hulleras del Turón”, cuyos carbones son muy apropiados para la fabri­cación de cock, y las disponibilidades con que pudo contar hicieron que la producción de cock aumen­tase en poco tiempo considerablemente.</p>
<p>El incremento progresivo dé la producción y las nuevas instalaciones revalorizaron el Activo de la Sociedad, y en 19I8 fue elevado el capital social a cien millones de pesetas. En 1920 fueron ad­quiridas las acciones de las factorías «San Francis­co del Desierto» y «Astilleros del Nervión».</p>
<p>Repercutieron intensamente en «Altos Hornos de Vizcaya» los anárquicos desmanes que entene­brecieron v ensangrentaron a España desde 191 8 hasta 1925, y la criminal acción de los elementos subversivos culminó en el vil asesinato del compe­tente v laborioso Jefe Administrativo de la Sociedad don Manuel Gómez Canales, que había realizado una gestión ejemplar en todos los órdenes de acti­vidad de la Empresa.</p>
<p>La crisis en el mercado de hierro y acero que se produjo a la terminación de la guerra europea y que tuvo su período más grave entre los años 1921 y 1923, fue salvada tras grandes esfuerzos, y en los días de paz y bienandanza de la Dictadura, «Altos Hornos de Vizcaya» acertó a dar gran ex­pansión a sus negocios por medio de Sociedades Filiales.</p>
<p>En 5 de julio de 1921 fueron adquiridos el ferrocarril, minas, fincas y terrenos de la Compañía Inglesa «Luchana Mining», y el 9 de febrero de 1929 se firmó la escritura de adquisición de las fábricas «Bur Boulton Haywood» y «Bilbaína de Maderas y Alquitranes». En ese mismo año 1929, por iniciativa del señor Merello, que venía rigiendo administrativamente la Sociedad desde la muerte de don Manuel Gómez, propuso la adquisición de la «Compañía Minera DICIDO», y por la política de creación de filiales, de las cuales cuenta en la actualidad con más de treinta, «Altos Hornos de Vizcaya» ha podido sistematizar y aumentar su mercado.</p>
<p>Vinieron los días angustiosos de los años de 193 1 a 1936, que lo fueron en grado sumo para toda la economía nacional, y singularmente para la industria siderúrgica vizcaína. En esa época de triste recordación, la crisis por que atravesó «Altos Hornos de Vizcaya» fue tan grave, que, según los datos de las Memorias sociales, el pedido para ma­terial de ferrocarriles en todo el año 1932 no re­basó la cifra de 8.500 toneladas, que era el corres­pondiente a las necesidades de un mes en épocas normales.</p>
<p>Durante los meses del invierno de 1936 a 1937, hasta que el Ejército Nacional entró en Bilbao, las fábricas de Baracaldo y Sestao llegaron al paro absoluto, mas a raíz de la liberación de la Villa, el panorama varió por completo; las pers­pectivas para la Empresa empezaron a ser halagüe­ñas y se abrió para ella una época de afianzamiento y expansión que perdura todavía, con fundadas esperanzas de que sea superada en lo futuro, aun­que, naturalmente, se reflejen de cuando en vez en su producción las oscilaciones que sufra el mercado nacional y las fluctuaciones del extranjero.</p>
<p>De esta última época en la que el ritmo de producción de la Empresa, aunque en general progresivo, se ha visto a veces retardado a causa, singularmente, de la escasez de carbón o de irre­gularidades en su suministro, son acontecimientos capitales de la vida social, la constitución en 26 de septiembre de 1941 de la «Sociedad Española de Fabricación Nitrogenada» (Sefanitro), industria que fue declarada de interés nacional aquel mismo año, la absorción de la «Siderúrgica del Mediterrá­neo», la construcción del «Salto del Zadorra», la puesta en marha del nuevo pantano del Regato, y la adquisición de las acciones de «Orconera Iron Ore».</p>
<h5 style="text-align: right;">Escrito por E. Calle Iturrino</h5>
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